Disclaimer: Digimon no me pertenece. Este fic es para el cumpleaños de Genee, ¡felicidades!

Advertencias: AU. Algo de lenguaje coloquial y malsonante. La inspiración llegó cuando leí la traducción de la canción Here's to us, de Halestorm.


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Brindemos

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Cuando somos niños las cosas son más sencillas. Crecer es terrible, quien diga lo contrario es que todavía no lo ha hecho o que se miente a sí mismo. Cuando te das cuenta de que has dejado la infancia atrás, que no la podrás recuperar, también ves que una parte de ti ha quedado encerrada. Cuantos más años pasan, más guardamos de nosotros mismos. De niños decimos lo que pensamos, gritamos cuando queremos, lloramos si nos apetece, comemos todas las porquerías que pillamos sin pensar que nos estamos pasando. Somos nosotros mismos, sin filtros sociales que corten nuestras alas. Hay algo especial en ello. Algo que estaba harto de haber perdido.

Doy un trago a mi cerveza. Miro alrededor, en este cochambroso bar solo hay un par de tipos aparte de mí. No, ahora tres más, porque acaba de entrar un pelirrojo por la puerta. Me llama la atención por su pinta. Muy intelectual, con una camisa bien planchada y flacucho. No es la típica clientela de lugares así.

A mi derecha, en la barra, hay otro que sí cumple el prototipo de tío que se encierra a beber para olvidar. Tiene el pelo rubio y largo y viste de negro, parece un intento de rockero venido a menos. Bebe más rápido que yo, ya tiene tres botellines vacíos a su lado.

El recién llegado acaba sentado a mi izquierda. Se retuerce las manos con algo de nerviosismo, acaba pidiendo un whisky. Le miro atentamente cuando da un trago, está claro que no suele beber. Creo que los tres hemos venido a intentar no pensar. El problema está en que cuanto más te esfuerzas en apartar algo de tu cabeza, más persistencia parece tener.

La regordeta camarera flirtea con un par de tipos que llegan en un grupo bastante grande, se sientan en unas mesas del fondo. Me pregunto cómo he acabado aquí solo en lugar de rodeado de amigos. Los viejos tiempos me han abandonado.

¡Pero no estoy aquí para amargarme! Ya es hora de cambiar de actitud. Las cosas solo irán a mejor si pienso que puede ser así.

—Brindo por vosotros, rubio y pelirrojo —digo en voz alta y termino lo que me queda de cerveza.

El primero arquea una ceja, después gira la cara hacia otro lado, como si le molestara. El segundo me sonríe un poco con cierta timidez mezclada con amargura.

—Qué caras tan largas, ¡dejad esa actitud! Aquí se viene a olvidar, no a hundirse en la miseria, ¿verdad?

La camarera, que ha vuelto a la barra, ríe ante mis palabras y asiente con la cabeza. Le pido tres cervezas y las comparto con mis dos desconocidos compañeros de soledad. Les cojo por los hombros para acercarlos a mí, no me importa que el rubio intente soltarse. Cuanto menos se resista, mejor. Antes empezaremos a divertirnos.

—Quitad esas caras y brindemos. Por nosotros. Por todas las veces que la hemos cagado. Por cuando nos han pateado el culo.

A los dos se les escapa una carcajada. Al final he conseguido convencerles. Cogemos nuestros botellines y brindamos por todos los marrones en los que estamos metidos. Por lo que tenga que venir, nos da igual, vamos a brindar por ello.

—Soy Taichi, por cierto. Aunque mejor llamadme Tai. ¿Vosotros?

—Me llamo Koushiro, mucho gusto —responde el pelirrojo con una leve inclinación de la cabeza.

—Yo Yamato —dice el rubio dando otro trago.

—¿Matt?

—No, idiota. Yamato.

—Matt suena mejor, es un buen mote.

—Cállate.

—Y a ti te va bien Kou, ¿te parece?

El pelirrojo asiente con la cabeza y sonrío. Mientras tanto el rubio me fulmina con la mirada. Esto va a ser más divertido de lo que pensaba.

Pasamos las siguientes horas tragando una bebida tras otra, aunque no llegamos a emborracharnos del todo, solo vamos un poco más contentos de la cuenta. Bueno, Koushiro sí que está peor. Vomita en cuanto salimos por la puerta. Yamato y yo le sostenemos, después acabamos los tres riendo.

Corremos por la ciudad sin saber la razón, creo que he sido yo el que ha empezado pero no me acuerdo. Vamos a toda velocidad por calles y más calles oscuras, saltando cubos de basura, dando vueltas a farolas y riendo como locos. Paramos al llegar a un puente sobre la autopista. No hay mucho tráfico a estas horas, aunque de vez en cuando pasa un coche. Me siento en la valla, asustando a mis nuevos amigos, y los rodeo con los brazos.

—A partir de esta noche todo va a ser distinto. ¡Porque no importa la mierda en la que estemos metidos! ¡Que le den al mundo!

Se ríen mientras sigo gritando improperios. Matt no tarda en unírseme y al final, tal vez debido al alcohol, Kou suma su voz a las nuestras.

Sé que mañana estaré ronco, pero habrá merecido la pena.

~ · ~

Abrir los ojos es una tarea difícil. Lo intento primero con el derecho pero empieza a picarme por la claridad. Resoplo un poco y me incorporo. Froto mis párpados y uso las manos como viseras para parpadear. Al final consigo acostumbrarme. Recuerdo de golpe la noche anterior y casi puedo sentir la adrenalina volver a recorrerme entero.

Mi pequeño, feo y viejo apartamento está más desastroso de lo normal. He deshecho la cama entera durante la noche. Yamato duerme en el sofá y Koushiro se aovilla a su lado en el pequeño hueco que le deja. Lo bueno es que no hay padres que regañen por la peste a alcohol o el desorden que siempre tengo.

Miro la hora, si no me levanto voy a llegar tarde. Me cambio de pantalones y camiseta, poniéndome una equipación de fútbol que se me ha quedado un poco pequeña. Cojo un envase de zumo y bebo a morro hasta que lo termino. Aunque he intentado no hacer ruido, al tirar de la cadena despierto a los "bellos durmientes".

—¡Buenos días!

Kou hace un gesto de dolor, seguramente tiene una fuerte resaca. Matt me tira un cojín gritando que todavía es temprano. Después de incordiarles un rato meto una muda limpia en la bolsa de deporte y cojo las llaves.

—Me tengo que ir, ¡hasta luego!

—¡Espera, Taichi! —El grito de Koushiro me hace darme la vuelta antes de cerrar la puerta—. ¿Nos vas a dejar en tu casa? No nos conoces casi…

—Bah, no hay nada de valor en este cuchitril. Además, tengo buen ojo para calar a la gente. Y somos amigos. Si hacéis cosas indecentes en mi cama cambiad las sábanas.

—¡Imbécil!

El grito de Yamato me llega a través de la puerta ya cerrada. Corro escaleras abajo, nunca he visto el ascensor arreglado. Después subo en mi moto a la carrera. Es casi un milagro que solo tenga diez minutos de retraso al entrar en la Universidad.

Voy hasta el pabellón de deportes. Me extraño al ver a una pelirroja regañando a los niños por estar en el campo de fútbol.

—¿Vuestros padres saben que estáis aquí?

—¿Quieres jugar con nosotros? —preguntan varios al unísono—. ¡Somos muy buenos!

La chica se rinde al ver que no van a contestar a sus preguntas. Se da la vuelta para marcharse pero los críos la retan hasta que su expresión cambia. Acaba corriendo con ellos y marcando un par de goles francamente buenos. Está claro que ha practicado antes ese deporte, su técnica la delata. Aunque su ropa es de tenis.

Me acerco a ellos cuando la pelirroja empieza a despedirse. Los niños vienen corriendo a mi encuentro muy entusiasmados.

—Entrenador, esa chica es muy buena, cógela para el equipo —me pide uno.

—Puede ser delantera suplente —dice otro.

—Creo que soy un poco mayor para jugar con vosotros —replica ella divertida.

Los pequeños ponen cara de decepción. Pero no tardan más de diez segundos en volver corriendo al campo de fútbol. Qué energía tienen, siempre me la contagian.

—Oye, no deberías jugar con esa ropa de tenis —susurro, para que los niños no me escuchen—. Con esa faldita… Menos mal que son pequeños todavía.

Su gesto es de absoluta indignación. Parece que tiene ganas de pegarme, aunque se contiene. Se da la vuelta para marcharse pero repentinamente se para. La miro por encima del hombro con curiosidad.

—¿Los entrenas tú?

—Sí. —Vuelvo los ojos hacia los niños, sonrío sin poder evitarlo—. Me los encontré en un parque cercano hace un tiempo, por aquel entonces todavía iba a la Universidad, ahora la he dejado. Les di unos consejos y al final me contrataron. Me pagan un caramelo por entrenamiento y dos por partido, es un gran sueldo.

Ella ríe. Se pone otra vez a mi lado y de reojo veo que mira con nostalgia el balón. Seguramente hay una larga historia tras ese gesto.

—¿Te dejan usar este campo? —pregunta de pronto—. Podría hablar con mi entrenadora, es amiga del que lleva el pabellón…

—No te preocupes, pedí permiso. Si hubiera sido para mí me colaría y ya está, pero no quería que los niños se quedaran sin sitio donde entrenar. Así que pedí que me dejaran usarlo cuando estuviera vacío, uno de ellos es hijo del rector de la Facultad donde yo estudiaba así que me dieron permiso.

Asiente con la cabeza. Después dice que se le hace tarde y se marcha. Miro más tiempo de lo "socialmente permitido" el movimiento de su falda. Acabo de decidir que la ropa de tenis está bastante bien.

El entrenamiento de hoy es fructífero. Koushiro me explicó esa palabra anoche, en medio de un monólogo de borracho, y creo que voy a empezar a usarla. Así que eso, es fructífero. Los niños se lo pasan bien y consigo que hagan perfecta una jugada bastante difícil. Lo único malo es que empieza a llover. No quiero que se pongan malos, ya me gané una reprimenda de una madre enfadada la última vez, así que los mando a casa. Todos viven por aquí cerca.

Me doy una ducha en el vestuario. Hay una ventana que cierra mal, así que siempre me cuelo por ahí. No me esmero mucho en secarme el pelo, de todas formas se me va a mojar cuando salga. Me pongo la cazadora de cuero, un regalo de Hikari en mi reciente cumpleaños, y el casco. Cuando ya he arrancado, veo a la pelirroja de antes.

—¡Ey! ¡Oye! ¿Quieres que te lleve?

Ella tarda en ubicarme entre la lluvia. Lleva su bolsa de deporte sobre la cabeza, en un intento de mojarse menos, aunque ya tiene la ropa calada. Lleva otra faldita. Yo me pregunto si no serían más cómodos unos pantalones.

—No, gracias.

Empieza a andar por la acera. O es muy cabezota o sigue a pies juntillas lo de "no vayas con desconocidos". Acelero un poco y después llevo la moto despacio, al mismo ritmo que sus pasos.

—Te vas a resfriar si estás mucho rato mojada.

—Estoy bien, gracias.

Le cambia el gesto y miro hacia delante. Un autobús acaba de salir de la parada. Corre para intentar alcanzarlo pero se queda con la ganas. No puedo evitar reírme, tiene cara de humillación.

—Venga, deja de ser orgullosa y sube —digo cuando paro la moto a su lado.

Me quito la cazadora y se la tiendo. Me mira mordiéndose el interior de la mejilla, pero acaba cediendo. Le queda enorme mi chaqueta y aguanto la risa cuando intenta subir de forma elegante a pesar de su falda. Veo más carne de la que debería, aunque finjo mirar a otro lado. Le digo que se ponga mi casco pero se niega en rotundo a pesar de mi insistencia.

Se aferra con fuerza a mi cintura cuando acelero. Creo que no le hace mucha gracia ir en moto, tal vez sea su primera vez. Así que voy más despacio de lo normal, para que luego digan que no soy cuidadoso...

Con sus indicaciones no tardamos más de diez minutos en llegar hasta un portal. El edificio parece un poco pijo, aunque no me extraño. Siempre he pensado que el tenis es un deporte de pijos.

—Hemos llegado a su destino, señorita.

Baja a trompicones de la moto. Me tiende la chaqueta y huele a colonia de mujer cuando me la pongo. Es agradable, un perfume algo más fresco que el que suele llevar mi hermana. Me gusta.

—Muchas gracias, has sido muy amable.

—No es molestia. Ya nos veremos, pelirroja.

Arranco la moto pero me detengo un par de metros más adelante. Me parece que se ruboriza cuando me doy cuenta de que sigue mirándome, aunque no podría asegurarlo con esta lluvia.

—¡Por cierto, me llamo Taichi! ¡Mejor dicho, Tai! ¡¿Y tú?!

—¡Sora! —grita, antes de correr hacia el interior de su portal.

Vuelvo a mirar al frente y acelero. No soy muy consciente del trayecto hasta casa, porque tengo la cabeza en otras cosas. Sora. Bonito nombre.

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Tenía en mente usar a Tai como narrador principal en algún momento. Escuché la canción que he dicho arriba y todo conectó. Tendrá algunos capítulos más, no creo que demasiados. No debería meterme a otro fic pero qué le voy a hacer, soy así.

Genee, qué mejor momento para publicar el principio que en tu cumpleaños. Hace tiempo dijiste que te debía un Taiora, esto es solo ponerte la miel en los labios, habrá bastante de ellos en esta historia. ¡Feliz cumpleaños! :D