Esta historia aún no está finalizada pero así como Planetarium, Secreto en Auschwitz y Lotus in Bloom serán continuadas en Wattpad por cuestiones de Copyright. Actualmente anda en proceso de edición. Les saldré con más sorpresas por ahi. Gracias por su comprensión :) les dejo algunos capítulos aquí ;D y no me he muerto, sigo aquí para felicidad de mis pequeñas.


Anonyme.

1: Fire angel.

El día que conocí a Levi, pensé en un cuervo danzando al ritmo del "ángel de fuego", una danza que consiste en girar algún artefacto embebido en alcohol ardiendo en llamas. El chiste es verse letal, retador, seductor... y no quemarse. Es decir, lo comparé con una de las danzas más peligrosas, intensas, interesantes y hermosas de la historia.

No lo sabía, o quizás una parte de mí sí.
Iba a quemarme con él, estaba destinado al hombre más peligroso, rebelde y tentador del mundo. Llevaría su nombre tatuado con fuego en mi alma.

-x-

Sucedió hace unos 100 años. Ya sea que Dios se enfadara por tantos dramas y tonterías en nombre del "amor" o que los científicos buscaran bajar las altas tasas de divorcios y niños no deseados, se desarrolló un marcador genético poderoso y delator: el gen NAME X-4, capaz de codificar el nombre de una persona en el cuerpo de otra, como un tatuaje. Esto quería decir que nacerías con el nombre de quien estaba destinado a ti en tu cuerpo.

No, no era una linda casualidad del destino. En realidad era el resultado de múltiples exámenes, genes modificados y estudios de compatibilidad genética y emocional. Los científicos habían reducido el término "amor" a una simple combinación de casualidades y genes, algo con base científica y nada mágico.

Pero esto no lo es todo. El proyecto no era perfecto. Al nacer, tendrías el nombre de alguien destinado a ti sin otro dato más que eso. El apellido aparecería al encontrarse ambos y tocar el nombre propio en la piel ajena. Yo nací con el nombre "Levi" grabado en cursiva justo bajo el ombligo. El día que él me tocara, aparecería su apellido y viceversa.

Parece perfecto, ¿no? Saber que llegas a este mundo con el nombre de tu destino y quien, en teoría, va a corresponderte... sin embargo, ¿tienes idea de cuántos hombres llamados Levi existen?

Ya, en serio, yo también creí que el asunto terminaba ahí.

Lo cierto es que nadie nos dice que las cosas no pasan tal cual se proyectan en nuestra propia sala de cine mental: las cosas son un poquito más jodidas.

Mucha gente terminaba enamorada de la persona equivocada y al tocarse y notar que su apellido no aparecía, no les quedaba de otra que resignarse a una pérdida. Algunos optaban por quedar juntos contra toda lógica, condenando a sus verdaderas parejas a vivir una vida en soledad, buscándoles. Otros, simplemente lo veían como una vivencia más para recordar u olvidar.

Los seres humanos somos caprichosos. También somos muy egoístas.

La pareja que te corresponde no deja de ser humano, ni mucho menos deja de ser prejuicioso y por lo mismo, nadie se atrevería a meterse con una persona que lleve un nombre que no es el suyo en su cuerpo. ¿Te imaginas andar por ahí con alguien que ya fue "usado" por otra persona?

Mucho menos... con alguien que lleva más de cien nombres.

Es a esto a lo que quería llegar: ese era el defecto maldito y acusador de ese gen. Si acaso te atrevías a pasar las reglas y tener relaciones sexuales con alguien, fuesen por pura diversión o un amor literalmente prohibido, su nombre se tatuaría, unos tonos más oscuros, en tu piel y los llevarías de por vida.

Tu pasado estaría ahí, persiguiéndote y exponiéndose a la persona destinada para ti a cada momento. ¿Ya sientes la culpa y moral removerse? Bueno, no negaré que fue un buen método para controlar la natalidad y evitar muchos embarazos no deseados pero también fue el origen de millones de prejuicios.

Básicamente vivirías forzado a ser fiel toda una vida, desde el nacimiento. Mi madre pasó cada día de su vida en matrimonio reclamándole a mi padre por el "Kushel" que llevaba escrito en el torso justo por encima del "Carla", y ese nombre perteneciente a una persona cuya existencia se reducía a letras tatuadas en la piel de mi padre fue el motivo principal para que mi madre optara por suicidarse cuando yo apenas tenía cinco años.

Sí, los prejuicios de algunas personas pueden ser una cuestión de vida o muerte.

Pero dejémonos de recuerdos tristes. Así llego a lo que quería llegar, el principio de esta historia.

Mi nombre es Eren Jaeger, un nombre ahora muy conocido, pero hasta antes de conocer a Levi, nadie lo había escuchado.

Como provengo de una familia muy adinerada y respetada, por mucho mi padre se esforzó en proteger mi nombre mas no podía hacer nada con mi apellido. Fui llamado por mucho tiempo "Evan Jaeger".

¿Por qué esta medida? Para evitarme muchos problemas, que miles de personas aparecían con el "Evan" en el cuerpo, tatuado de forma tan realista que cualquiera, incluso yo, creía que podría ser la persona para mí. Pero por nada olvidé mi verdadero nombre. Claro, ellos querían algo del dinero de mi familia y a pesar de que al tocarles mi apellido nunca apareciera, nada perdían intentándolo.

Aunque era en principio divertido y pasé la infancia tomándolo como un juego, me forzaba a recordar mi verdadera identidad. Esto de tener dos nombres me llevaba a disociar emociones entre un Eren y un Evan. Entonces: Eren era el chico soñador que pensaba en su persona especial, la imaginaba y acariciaba el nombre tatuado bajo el ombligo con los dedos. Pasaba tardes enteras con mis amigos, pensando en ese nombre tan bonito escrito en mi piel. Con el tiempo, ellos encontraron a la persona que les correspondía, pero yo esperaba, esperaba y esperaba.

Y luego estaba Evan, mi alterego para el mundo; el joven adinerado, arrogante, inalcanzable, indiferente, independiente, autosuficiente... y esa personalidad perduró hasta que alcancé la mayoría de edad. El ego puede ser un escudo tan poderoso y bueno que a veces no necesitarás ni mostrarlo para alejar a la gente de ti. Claro, no siempre es bueno, pero en ese entonces no quería nada más que protegerme.

Muy cercano a cumplir dieciocho, como era de esperarse, toda la responsabilidad de los negocios familiares cayó sobre mí. Me vi como copiloto, dirigiendo la empresa de mi padre.

Es así que empiezo esta historia, en esta noche en la que termino el papeleo habitual en la oficina. Me pongo el abrigo y el sombrero para que nadie me reconozca, enfilando por los pasillos grises hacia mi casa. Es tarde, más de lo debido y viernes. Todo me invita a darme una escapada a algún local o algo así, o también en quedarme en mi departamento con un buen café.

Sin embargo, ese día algo sucede. En un segundo decisivo mi pié derecho apunta hacia un extraño café. Ese lugar goza de mala fama, las personas con "muchos nombres" acudían a este a aumentarse algunos más. Ellos eran llamados "Anonyme" o anónimos, personas cuya identidad de pareja ya se había perdido bajo muchos otros nombres de amantes ocasionales.

Las personas con "muchos nombres" no tienen buena reputación. Era un sinónimo de libertinaje, de prostitución, de una vida llena de prejuicios ajenos y poco amor propio.

¿Por qué fui?
Él me estaba llamando.

Yo no lo sabía, creo que ni siquiera él lo sabía. Pero, unos pasos más tarde, me encontraba a 27 minutos lejano de toda posibilidad de cambiar mi destino.

Llego al café, tanto hombres como mujeres entran y salen del lugar con ropas estrafalarias en total desahogo sexual. Me recuerdan a esos desfiles de orgullo gay, solo que esto es algo que limita con lo grotesco, vulgar y bajo. Mujeres con los senos al aire, hombres que usan pantalones aprietos y seres cuyo género no puedo definir. Todos, todos ellos, con un promedio de cuarenta nombres en el cuerpo y uno que brilla en medio de todos esos, solitario y reclamando respeto: el de esa pareja que los dejó, murió o nunca llegó.

Me acerco a la barra, ignorando el espectáculo que se desarrolla frente a mí. Pido un trago ligero, más para usarlo como lipstick que para beberlo. En realidad eso hago, lo llevo a los labios, no tomo nada y bajo el contenedor dejando un extraño brillo sobre mi boca.

Es cuando el mundo se calla como suele pasar cuando alguien grita. Me giro para ver donde todos ven y un grupo de chicos igual de extraños pero extremadamente atractivos entra al escenario.

-¡Hora del evento que todos esperaban! - anuncia un hombre barbudo y algo mayor, trayendo a uno de los chicos a su lado.- ¡La subasta!

El silencio es cortado con un grupo de improperios que estoy seguro no escucharé repetirse nunca más en mi vida. Como animales, como bestias desesperadas por atacar a una víctima, se lanzan hacia el escenario.

El hombre expone al primer chico, un joven rubio, delgado y de grandes ojos cafés. Su mirada es triste y sólo en los brazos puedo contar más de doce nombres.

-Este es Jefrey, 19 años, estudia fotografía profesional en el día y de noche...- entorna los ojos y alza las cejas repetidas veces dando a entender un par de cosas-. Empecemos por 20 dólares. ¿Alguien da más?

Las manos se elevan una tras otra, y al final el tal Jefrey fue vendido por 50 dólares. Algo similar pasa con otros 5 chicos. Entonces, tenemos el valor monetario de la dignidad.

Juego con el borde del vaso, pensando en retirarme y en cómo demonios he terminado aquí.

Entonces, sucede. Él.

El silencio es inclusive más prolongado y sentido que el anterior. Dirijo la mirada y quedo anonadado. Sobre el escenario está un chico; blanco y frío como la porcelana. No como la nieve, la nieve no lastima. Pero él, se ve frágil. Siento que si cae, se rompería en miles de pedacitos que destrozarían a quien intentase reunirlos. Es de quienes esconde sus heridas tras una mirada afilada.

A diferencia de los otros chicos lleva el cuerpo casi completamente cubierto. Sus ojos celestinos se cuelan por entre los cabellos azabaches y me miran en la distancia. Lo escucho, juro que escucho su corazón. Sé su nombre incluso antes de que lo digan, lo tengo escrito en mi cuerpo. El mundo avanza en cámara lenta en ese momento.

-Y este es Levi, el favorito.- señala el hombre en medio de las voces desesperadas.

Sé que es él. Acaricio su nombre escrito en mi abdomen con los dedos índice y medio. Oh, no lo llamen así. Su verdadero nombre es Levi.

-La oferta empieza con... ¡trescientos dólares!

Me levanto, dejando el trago completo en la barra.

-¿Alguien ofrece más?

De nuevo, enfrento una jungla de manos. En menos de ocho segundos llega a quinientos dólares.

-¿Quinientos? ¿Levi se va con quinientos dólares esta noche?

Camino entre la gente. En un punto dado, me quito el sombrero y al notarme se apartan. Murmuran algunas cosas, les cuesta creer que el niño rico de la ciudad esté ahí entre ellos, más aún que al parecer, acaba de encontrar a su pareja en ese antro.

-¿Seiscientos? ¿Escuché seiscientos? - grita el presentador.

Levi deja de mirarlos y se delata llevando la mano al mismo lugar donde yo tengo su nombre.

-¿Setecientos? ¿Levi se nos va con setecientos?

El silencio regresa y escucho mis pasos resonando por todo el lugar, subiendo las gradas de madera hasta el escenario, llegando a su lado. Él me mira como si estuviese reconociéndome. Llevo mi mano a su abdomen y acaricio con cuidado mi nombre por encima de su ropa.

-¡Mil! - grita un hombre en medio de la multitud haciendo que todos murmuren de nuevo. Es un tipo gordo, sudoroso, calvo y viejo, de esos que no son capaces de perder fácilmente. Sus ojos centellan con profundo odio.

-¿Mil por Levi? - pregunta el anunciador con los ojos iluminados por la ambición. Entonces me doy cuenta de que el dinero no va a los bolsillos de Levi.

Observo a Levi y él me enfrenta con sus hermosos y pequeños ojos color del cielo. Él es pequeño, yo le llevo con bastantes centímetros en estatura y masa muscular. Es mi pequeño salvaje pidiendo ayuda.

-¡Mil dólares a la una!

-Sácame de aquí...- gruñe bajito. Me río.
En realidad me pide salvarlo.
-Mi nombre es...
-Eren...- contesta confirmando mi sospecha, era él.

-¡Mil dólares a las dos!

Tomo sus dedos, los acaricio y cierra su bonita mano de porcelana contra la mía, de barro. Me cuenta su vida en un parpadeo. Me enamora en un suspiro.

-¡Y mil dólares a las...

-Dos millones. -ofrezco. El hombre queda con el brazo arriba, a punto de vender a Levi-. Dos millones de dólares por la completa libertad de Levi. Él no va a regresar aquí.

Sus ojos centellan tenues, como si le costara creer que ese sueño de dejar una vida en la miseria ahora fuese realidad. Le obsequio una sonrisa, pero no me contesta ni da el mínimo gesto de agradecimiento.

No lo supe, pero había hecho algo que pocos ricos logran: que su dinero valga la pena.

-x-

Quien nos viese pensaría que somos una de esas parejas amorosas y con una larga historia. Nadie creería que acabo de conocerle y que llevaba una vida esperándole, extrañándole, deseándole.

Llevo a Levi de la mano por las calles oscuras y frías, apreciando la extraña fogata en mi pecho que pone a mi corazón en marcha. Caen las últimas gotas de lluvia y al salir hallamos el pavimento mojado y las luces amarillas de algunos faroles reflejados en ellas, pintando el piso de piedra con colores amarillentos como en una antigua película de detectives.

Me detengo frente a la plaza principal a dos cuadras de mi casa y vemos las luces danzantes en el cielo. Nos encontramos en vísperas de la celebración de la ciudad pero pienso que él es más hermoso que todo ese espectáculo y brilla más. Levi incluso podría opacar a las estrellas.

-Es hermoso, ¿no crees?- le digo. Evalúa el cielo y nada más. Sabe que me refiero a él, pero lo ha escuchado de tantas personas que le parece algo tan común para iniciar la noche. Ignora que yo lo he esperado tanto, a diferencia de quienes lo veían un segundo y le juraban amor eterno para dejarle a la mañana siguiente.

Y entonces caigo en cuenta. En un segundo en el que veo nuestras siluetas en el suelo mojado, ambos tomados de la mano, yo sonriente y él mirando a algún lugar perdido entre los colores de la noche; y nosotros estamos en dos butacas bien lejos.

De repente, un automóvil pasa cercano, arrollando el charco de agua a nuestro lado y aunque intento cubrirlo, ambos quedamos irremediablemente mojados.

-Vaya... ¡qué mala suerte! - digo y abro los ojos. Estamos mojados, las gotas de agua caen por sus cabellos oscuros y se estampan en mi brazo. Tengo ambos brazos rodeándolo y las manos apoyadas en la pared con el cuerpo inclinado sobre él. Lo ideal en esta situación sería besarlo, digo, pagué dos millones por él. Pero no puedo. No me dejan. Sus ojos no me lo permiten.

Sus ojos, lejos de agradecerme, me miran con profundo rencor. Su mirada me aterra.

-¿Por qué apareces ahora? - reclama en tono retador.

-¿Ah?

Guarda silencio. Con el tiempo yo sabría que esa era su forma de esconder su dolor, tristeza, enojo e incluso felicidad. El silencio era el estado anímico habitual de ese cuervo de dos millones de dólares e infinita amargura.

Caminamos el trecho que nos faltaba y llegamos a mi casa. Él se queda evaluándola desde afuera mientras yo abro la reja para entrar.

-Es demasiado modesta para alguien como tú - me dice.

-Las casas grandes son un problema para alguien que vive solo.

Avanza sin darme importancia alguna, arrogante y déspota como sólo él puede ser. Por algún motivo, lo entiendo... o me esforzo en hacerlo. Se para bajo el pórtico de la casa para mirar a un lado, la maceta donde una rosa oscura se alza tan orgullosa como él y a su lado una humilde flor sin nombre y blanca le acompañaba. Me río por la ironía, así me siento yo. Él me declararía más tarde que en ese instante pensó que se estaba revelando nuestra situación actual y que la rosa no se vería tan perfecta sin esa pequeña flor al lado.

Abro la puerta con una mano mientras la otra acaricia la cintura de mi acompañante y se detiene en su cadera. Le invito a pasar y al entrar aspira el olor a piso y muebles de madera. Antes de que avance me adelanto y tomo sus hombros por la espalda.

-Tu abrigo.- le pedo. Encoge los hombros y logro quitarle el negro y largo sobretodo con la esperanza de ver un poco más de esa piel blanquecina. Nada, sólo sus bonitas manos. Usa un pantalón de mezclilla negro y un polo de cuello alto y mangas largas también negro. Se sienta frente a la chimenea que arde y el fuego parece ofenderse frente a la intensidad de sus contrastada piel blanca y cabellos negros.

Camino a mi habitación para buscarle algo y elijo un pijama azul marino para él. Al girarme, la luz se apaga y noto que lo tengo frente a mí, acercándose y haciendo que yo retroceda hasta que halle la cama tras mis rodillas y caiga sentado en ésta. Él me toma el rostro y veo sus afilados ojos refulgiendo en la oscuridad.

-Así que quieres una noche de dos millones de dólares.- suelta. Aunque su tono es atrevido, puedo percibir algo de odio y costumbre en sus palabras.

-No...- susurro con calma. Se sorprende, no sé si por mi negativa o porque tuviese ese tono para él-. Quiero dos millones de noches contigo.

Se aparta parpadeando dos veces. Es el momento oportuno, le tomo por la cintura lanzándole hacia la cama para abrazarlo.

-Aún estás mojado.- digo y se asusta al notar mis intenciones de levantarle el polo. Sujeta mi muñeca con fuerza, buscando lastimarme.- ¡Hey! ¡No voy a hacerte nada! Sólo quiero que te quites la ropa mojada.

-Lo haré, pero sal afuera. - ordena.

-¿En qué momento te has sentido con el derecho de mandonearme?

-¡Sal afuera o me voy! - forcejea contra mi cuerpo. A pesar de su delgadez tiene mucha fuerza, la que posee alguien que se ve forzado a defenderse desde temprana edad.

Mi orgullo me manda a ser fuerte y no dejarlo. Peleamos un poco más, intenta golpearme y sujeto su puño a un lado de mi cara.

-No es forma de tratar a alguien que te cuida.- le digo con toda razón, y él usa la mano libre para darme un golpe. Me enojo y le tomo ambas muñecas por encima de la cabeza y contra la cama. Se enfada y empieza a dar patadas al aire. No importa, no me duele. Levanto su polo en busca de mi nombre y noto un tatuaje que se superpone. La tinta negra esconde mi nombre y al acariciarle el vientre aparece mi apellido a un lado. Es al verlo que caigo en cuenta: hay más marcas. -Levi... ¿por qué? ¿Qué pasa?

Silencio. Un corto y pesaroso silencio.

-¿Quieres saberlo? - gruñe y se quita el polo. No puedo verlo muy bien, pero al acariciarle la delgada cintura noto que tiene un montón de cicatrices sobresalidas, demasiado curvas y pequeñas para hacérselas él. El cielo se enciende con un rayo que cruza de un canto a otro y en un segundo la verdad me es revelada.

Yo, he pasado todos estos años esperándolo, pensando inocentemente en entregarle todo a él, en protegerlo, en amarlo y ser felices como nuestro destino manda. Pero él... él ha pasado estos años permitiéndoles a otros tatuarles su nombre con la esperanza de que yo sufra al verlo.

Levi no tiene un centímetro de piel libre de nombres de personas. No los cuento, pero sé que tiene más de cien cuando yo solamente lo esperaba a él.

Estoy entendiendo una cosa: esta relación va a costarme mis sueños, prejuicios y tranquilidad. Pero si es así, no importa. Voy a esforzarme por él.

Él es uno de los anonyme más promiscuos sobre la faz de la tierra.
Él me odia, por algún motivo incierto.
Y yo, yo sólo tengo el impulso de amarlo como esperé hacerlo toda una vida.