Agradecimientos: A Fran por ser una manager insuperable, a Camila por el hermoso dibujo ;w; a todas mis lindas lectoras por su paciencia y apoyo ;w; y no puede faltar mi Alesita, sabes que te amo :'3

Dedicatoria: A la linda Sofía Gimenez, por su cumpleaños uwu aún te debo un oneshot :'c espero tuvieses un lindo día :3

NOTA: CAPITULO NARRADO POR LEVI


ANONYME

3: Le Collecteur.
(El coleccionista)

Resulta que ya lo estaba queriendo, antes de siquiera tenerle.
Resulta que ya lo estaba llorando, antes de siquiera perderte.

Así puedo resumir la larga y tediosa historia entre él y yo. El mocoso estúpido cree que todo comenzó ese día en el que nos reconocimos en medio de gente estrafalaria y promiscua. El clásico niño rico que nada sabe de la vida pero camina por ahí como un experto sólo porque se limpia el trasero con la cara de Ben Franklin estampada en un papel verde.

Él ignora por completo cuánto lo he esperado sin saber acaso si aparecería, ni cuánto lo he amado sin siquiera conocerlo. Sin conocerlo, lo necesitaba a mi lado, lo extrañaba, lo amaba…

Una persona mala no nace mala. La maldad es solamente el resultado de mucho dolor, soledad y forzarse a vivir un día más. Ese veneno, un día corroe a su contenedor y escapa de él, poco a poco.

-x-

Me encontraba en el vagón del metro, observado por más de un hombre que seguramente me había contratado antes. Dejé la pesada mochila a un lado; no tenía idea ni me interesaba dónde llegaría hoy en mi escape, pero el destino final era Francia. Luego del espectáculo que hizo este chiquillo no podría regresar al burdel que tanta fama me hizo, así que probaría suerte en mi pais. Estaba siendo un maldito malagradecido y lo sabía, pero estaba recibiendo algo que esperé muy tarde. Demasiado.

-Próxima estación: Leipziger Strasse.- resonó la voz robotizada por los parlantes y me alisté para bajar. Ni bien puse un pie en la estación, reconocí agentes privados preguntando por mi paradero, enseñando un retrato hablado mío.

Escondo la mitad de mi rostro detrás de la bufanda que llevaba anudada y cubro mis ojos con los lentes oscuros que él me compró ayer. Al pasar por su lado reconozco la maldita insignia de la familia Jaeger: un par de alas superpuestas.

Cómo no habría de conocer esa insignia. Ese mocoso no tenía idea alguna de cuánta gente fue marcada en el pasado por ellos ni mucho menos cuánto dolor ocasionaron a otros. Llevar su nombre en mí es un estigma incluso peor que el prejuicio de llevar más de quinientos en mi cuerpo.

-Tsch… - chasqueo la lengua con desagrado al darme cuenta de algo: afuera de la estación hay como quinientos uniformados buscándome. Este maldito crío ha usado todas sus influencias para molestarme.

Tanteo en mis bolsillos. Tengo su billetera y el celular. Puedo deshacerme de la mochila en caso necesario, pero mientras tenga sus tarjetas estaré bien. Él es tan estúpido que estoy casi seguro de que su primer impulso fue salir a buscarme y no pensó en cancelar sus cuentas para evitar que las vaciara. Sólo debo llegar a un cajero y sacar el dinero de a poco. El aparatejo en mi bolsillo vibra seguido de una canción romántica y triste. Seguramente es él intentando llamarme. Desvió la llamada.

Cuando dejé su casa dirigiéndome a la estación, tuve la primera llamada que me ayudaría a decidirme. Sí, aún dudaba si realmente quería dejarlo; una parte mía, la más humana me pedía quedarme e intentarlo.

Al ver en el celular, decía "Papá". Supe que era él. Apreté el botón de contestar y esperé sin decir una palabra.

-Eren, ¿es verdad lo que me dijo Irvin? Ayer te vio con un hombre que estoy seguro, es Rivaille. – apreté los labios en un intento de no contestarle. Continuó-. Quiero que te alejes de él, Eren. Nunca te lo dije pero él viene de la rama francesa de los Ackerman, es decir, él es la oveja negra. ¡Su madre fue una prostituta, Eren! Más bien la gente de su ciudad fuero conscientes y la mataron, debieron deshacerse de Rivaille…

- Yo también creo eso, Grisha Jaeger.- contesté cansado, evitando recordar algunas cosas.

Hizo un corto silencio.

-¿Rivaille? ¿Qué haces? ¿Por qué tienes el teléfono de Eren?

-Lamento no poder contestar eso, pero no te preocupes. No voy a acercarme a tu mocoso, que curiosamente tiene dieciocho años y eso, me deja con una duda existencial que un día iré a preguntarte. Ya nos veremos luego, suegrito.

-¡No te atrevas a acercarte a Eren! –antes de que pueda decir algo más, cuelgo el teléfono. El metro llega y doy el paso definitivo para seguir con mi vida.

Y ahora, ahora avanzo entre los guardias que preguntan por mí. Hay demasiados y eso que yo podría estar en cualquier estación. Otra vez, el teléfono suena y ahora contesto. Sé quién es.

-¿Qué quieres? – pregunto recargándome en la pared, escondido en un resquicio tras los teléfonos de la estación.- Papá va a enojarse con su hijito y castigarlo sin televisión, ni internet y el recreo de mil dólares diarios bajará a sólo ochocientos.

-Levi...- lejos de enfadarse, suena preocupado-. Por favor, vuelve. O dime dónde estás e iré. Papá tiene agentes en todo Frankfort y en menos de una hora tu rostro aparecerá en todas las pantallas de Alemania. No quiero que te lastimen, así que por favor, dame tu ubicación exacta para que vaya por ti.

-Oi, ¿en serio aún crees que esas estupideces de los cuentos de hadas son reales? El mundo no es así, Eren.- de fondo escucho la misma voz de hace rato, pronunciando el nombre de la estación en la que bajé-. ¿Me estás siguiendo?

-¿Entonces sí estás en Leipziger? Pensé que el GPS del celular de Mikasa no funcionaba bien. ¡Espérame, ya voy!

¿Por qué no apagué el puto GPS? ¿Y por qué esa maniática de Mikasa lo mantenía tan vigilado?

-¡Olvídalo! –cuelgo y en un ataque de ira arrojo el celular contra el pavimento para destrozarlo. Como era de esperarse, ese niño rico tiene uno de esos celulares que no mueren fácilmente y mis acciones pueden llamar la atención de los guardias de su familia.

No tardarán en cercarme, aún estoy dentro de la estación y veo que interceptan a cuanta persona entra o sale de ésta. El siguiente metro llega y al abrir sus puertas reconozco inmediatamente al mocoso saliendo a tropezones de éste y buscándome con la mirada.

Dejo el celular en uno de los bolsillos de la mochila y la abandono detrás de los teléfonos, alejándome y optando por esconderme detrás de la boletería. Nunca me he sentido tan nervioso ni acosado, esto me supera y me sorprendo al darme cuenta de lo fácil que él puede echar a perder mi compostura.

Usando un celular, poco a poco logra dar con la mochila y al encontrarla me busca con la mirada. ¿Ha venido sólo? Me parece muy atrevido de su parte. Podría optar por irme con él para evadir a los guardias y en el momento menos esperado escapar o usarlo de rehén para conseguir mi libertad. Podría…

-¿Qué crees que haces? – oh genial. Esa voz, esa odiosa voz-. Como siempre, dando problemas a la familia y a Eren.

-No sé por qué alguien de la rama "noble" de los Ackerman podría decirme algo.- Giro y la enfrento. Está mucho más alta de lo que la recordaba cuando la conocí años atrás.- Mikasa, no has aprendido a meterte en tus propios asuntos, ¿verdad?

-Los Ackerman nacimos sólo con un propósito: servir y proteger a la familia Jaeger pase lo que pase. Le estás dando problemas a Eren y no puedo aceptar algo como eso.

-Si tanto lo quieres, te lo regalo. No me interesa cumplir con la tiranía impuesta a nuestros ancestros, mucho menos me interesa ser la puta personal de un mocoso.

-Pero no te molesta ser un Anonyme, un ser público que se vende por unos centavos.

No quiero darle la contra. Siempre nos han dicho que si dos Ackerman pelean, la misma sangre que nos hace familia nos llevará a matarnos. Ahí un detalle importante: mientras las ramas altas de la familia son lindos adornos de mesa y muñecas de porcelana para los Jaeger, los de la rama baja fuimos vistos como sus defensores personales o sus juguetes.

No obstante, ese no es el problema principal que tengo con Eren. Aunque nadie me crea, yo sí lo amé en algún momento del mismo modo idiota que él dice amarme ahora.

-¡Levi! – me reconoce y se acerca cargando la mochila y arrojándola a un lado antes de abalanzarse sobre mí. Mikasa me mira con algo de tristeza revelando algo que yo ya sabía: ella quería a Eren, ella, de alguna forma, anhelaba mi destino. El abrazo del mocoso es fuerte y energético, como si deseara deshacerse de esta piel que nos separa. Confianzudo como sólo él puede ser, me toma la mano. -Ven, regresemos a casa. ¡Me tenías tan preocupado! ¿Estás bien? ¿Te sientes enfermo? ¿Quieres que te lleve a algún lado?

-Basta.- murmuro. Es todo lo que siempre he querido, y eso me lastima. Odio, detesto saber que él es lo que siempre esperé y no llegó cuando más lo pedí.

Odio saberlo perfecto para mí.

Él no sabe cuánto lo he necesitado, cuántas veces en mi vida he escapado a una de las capillas de mi pueblo para rezar y pedir que él viniese. Dios ni pelota que me daba, por eso dudo que exista. Dudo que alguien sea capaz de ver la desesperación que yo sentía en esos días tan difíciles viviendo solo y juzgado, y simplemente ignorarle.

-¿Qué pasa? ¿Te sientes mal?

Suelto su mano bruscamente. Mando al diablo todo, la gente, los oficiales, a la otra Ackerman y al mismo Eren para salir corriendo de la estación. No he vivido en la calle para no usar eso a mi favor. Esta vez, nadie va a detenerme.

-¡Levi! – viene tras de mí pero no puede alcanzarme. Tenemos una marcada diferencia en habilidades y se las hago notar. La gente me da paso asustados por la velocidad a la que corro, y de repente soy tacleado, caigo al piso y mi tobillo suelta un sonido que no es habitual. El dolor me inmoviliza lo suficiente para que reconozca a la odiosa niña.

-¡No te metas! – gruño en el suelo usando la pierna sana para hacerla tropezar y caer. Aprovecho, me levanto y no miro hacia adelante. La gente suelta una exclamación asustada y por encima de sus voces, sobresale la de Eren. Cuando me doy cuenta, un autobús viene hacia mí.

-x-

No conservo ningún recuerdo de infancia relacionado con mi madre. No sé cómo eran sus ojos, ni cómo se oía el tono de su voz. Tampoco la recuerdo llamándome por mi nombre o arrullándome con ternura. Creo que por eso, por mucho tiempo, deseé esa calidez.

-¡Miren! ¡Es la oveja negra!

En un pueblo pobre como lo era la Picardie perteneciente a un país con fuertes raíces religiosas y prejuicios hacia los extranjeros, no estaba bien visto que un niño naciera con el nombre de otro varón. Yo era el primero en ese lugar que rompía con el esquema de "niño-niña", y como los prejuicios están sujetos a una fuerte ignorancia al igual que la agresividad, no podía esperar más que ataques de otros, niños y no tan niños, hacia mi persona.

Oh no, en esa época no tenía el temperamento de ahora. Para nada, si bien era callado y de vez en cuando agresivo, lo hacía motivado por el miedo y la soledad. Yo no tenía madre que viniese cuando lloraba, ni padre que se enorgulleciese de mí. Lo más que tuve fue, por mucho tiempo, algo como una hermana mayor, la ayudante del orfanato. Su nombre era Hanji Zoe, ella y su esposo, un hombre llamado Moblit, eran una pareja extraña. Ambos eran Oubliés, y decidieron escribirse cada uno el nombre del otro. Lo llevaban en la mano derecha.

-Tu nombre es especial.- me decía cuando alguno de los otros niños se metía conmigo y no me quedaba de otra que esconderme en el baño de niñas. Levanté mi polo para enseñarle la letra cursiva en mi vientre. "Eren".

-¿Por qué Eren no viene? – pregunté un día mientras me curaba las heridas de la última golpiza. Ahora que lo pienso, debía ser algo difícil explicarle a un niño que sabe cuál es el significado de la soledad, que aún debe esperar.

-Porque aún no debe venir. Pero estoy segura de que cuando llegue, serás muy feliz.

-Pero yo quiero que Eren venga. Me siento muy solito.

Antes de seguir con mi capricho, Moblit entró apresurado.

-Hanji, llegaron los Smith. Debemos ir a recibirlos, hoy se decide si apoyarán económicamente al orfanato.

Hanji me bajó de la camilla al suelo.

-No te metas en más problemas, ¿entendiste, Levi? – me dijo antes de irse.

Yo ya sabía lo que haría, y como siempre sin importarme nada iría a la plaza principal y esperaría por Eren.

Está demás decir que nunca vino.

-x-

Me despierto con pesadez en un lugar que sé que no es su casa. Tengo una venda que me inmoviliza la pierna derecha y el brazo enyesado además de llevar una de esas batas para enfermos. Estoy en una clínica, lo sé. Él me ronda con la bravura y amor de un perro a su amo. No necesito abrir los ojos, su colonia impregna el aire a mi alrededor, delatando su cercanía. Poco a poco, salgo del estupor y las palabras se hacen entendibles.

-Como te dije, él es fuerte y no tuvo nada de gravedad además de la fisura en su brazo derecho y algunas contracturas musculares. En unas semanas estará perfecto, pero puedes llevártelo mañana, lo tendremos en observación hoy.

-¿Puedo quedarme? No quiero dejarlo sólo. Él es muy importante para mí.

"No, no, no, no, no, no" pienso, rogando al cielo que el doctor fuese de esos hombres irascibles, soberbios e insensibles. No, a éste la bondad le había sobrevivido a toda la carrera de medicina.

-Por supuesto. Esta clínica le debe todo lo que es a la familia Jaeger.

"Maldición…" gruño internamente.

Cuando el doctor se va, entreabro los ojos para espiar al mocoso. Camina hacia el sillón al fondo de la sala de internación, levanta algo. No recordaba haberle visto con ese bolso y luego leo el nombre de Mikasa en éste. Seguro ella se había llevado de vuelta la mochila robada y demás cosas a la casa del chiquillo, regresando con ropa suficiente para sacarme del hospital. La cercanía de esos dos me molestaba de sobremanera.

Sí, soy un perro del hortelano. No quiero amar a Eren, pero por algún motivo tampoco quiero cederlo.

Eren rebusca entre la ropa, encontrando algo envuelto en papel periódico junto a una caja de almuerzo. Cierro los ojos cuando él se acerca con ambos objetos. Primero, reconozco el olor a chocolate y luego de escuchar el sonido del periódico desenvolviéndose, viene el inconfundible olor a rosas. Abro los ojos para reconocer una rosa blanca que él manejaba con cuidado en un extraño florero de vidrio que apenas cubre parte de su tallo.

-Deberías quitarle las espinas.- digo viéndole sufrir al acomodar la rosa en el buró a mi lado. Entonces dice algo que me dejaría pensando.

-Cuando era pequeño, teníamos un jardín de rosas en casa. Me gustaba mucho, pero un día tropecé y caí entre ellas. –Se aparta el cabello que le cae por la frente y me señala una cicatriz- Papá mandó a quitarlas, y lloré por mucho tiempo. Me gustaban las rosas. Creo que por eso me gustas, eres como una de ellas: precioso, delicado… pero lastimas a quien se acerque.

-Cada nombre en mi cuerpo debe de ser como una espina para ti, ¿no, Eren? Tienes una rosa con seiscientas cuarenta y dos espinas.

Lejos de sentirse dolido, me mira y sonríe pasando los dedos por mi cabello, por mi rostro y acariciando mis labios. Su toque es extraño, diferente, delicioso… contiene la torpeza propia del miedo y la inexperiencia, pero intenta ser cuidadoso conmigo.

-Leí un cuento esa vez. Era sobre un cactus enamorado de una rosa. El pobre y feo cactus, sin nada en especial más que las espinas que le cubrían el cuerpo, siempre supo que no podría abrazar a la rosa, ni mucho menos competir con el fino clavel, el elegante lirio y el valioso tulipán que la seguían siempre. Para variar, la rosa parecía odiarlo, siempre dirigiendo comentarios hirientes al pobre cactus que, aunque no lo creas, tenía corazón. Sin embargo, el día de la primavera pensó en hablar con ella. Se acercaría, le diría "hola". Antes del baile de las flores, mientras el narciso se pavoneaba de un lado a otro y la orquídea cantaba a las estrellas, el cactus encontró a la rosa llorando a la deriva del río.

-¿Qué pasó? ¿Acaso una amapola fue vestida con el mismo vestido que ella?

Sonríe. Es imposible molestarlo.

-La rosa se sentía triste. Todo el mundo la admiraba, todos querían poseerla, pero nadie veía su fragilidad escondida detrás de ese falso orgullo y aparente frialdad que usaba para evitar que jugaran con ella, pero eso la bordeaba a la soledad. Le reveló que ella lo envidiaba, nadie se atrevería a jugar nunca con un cactus y él no parecía tener problemas en hacer amigos. El cactus se quitó unas cuantas espinas, ofreciéndoselas. "Con esto, nunca nadie te lastimará" decía "quien realmente te ame, aprenderá la forma correcta de acercarse a ti para no salir lastimado". Así es como siempre que vemos una rosa, vemos las espinas que el cactus le regaló para protegerla.

-Oh vamos, lo hizo porque es un cactus que además de feo es egoísta. ¿Para evitar que otros se acerquen? Claro, así se deshace de la competencia.

Esta vez, soy yo quien calla. Su mirada es tranquila, intensa y amable. Ese niño no tiene una pizca de maldad en su ser. Toma mi mano izquierda y la lleva hacia su rostro.

-Quitarle a una rosa su única defensa es cruel y la lastimaría más. Por eso, es mejor si me pincho los dedos y aprendo a tomarle delicadamente. Así no le dolerá, podrá seguir creciendo y viéndose tan hermosa como es, sin tapujos ni resguardos. Sin miedo.

Él puede parecer de esos niños enamorados, y sí, soy su primer amor, ese tipo de amor que no necesita una historia ni lógica, sólo pasa y listo. Él no quiere mi cuerpo, el no quiere vengarse por mi decisión… pero él no se ha quedado aquí por bueno. No sé si este chiquito posee una inocencia diabólica o una maldad angelical.

-Eren.- llamo. Él está ocupado acomodando un suéter sobre mis hombros, logra pasar mi brazo izquierdo por la manga, dejando el derecho y asegurando el suéter con los dos últimos botones.

-¿Dime?

-Hoy te quedaste aquí para cuidarme, ¿no?

-Así es.

-Y eso implica vigilarme, ¿no?

Se ríe. Esta vez, él me asusta.

-Sí.

-¿Por qué? ¿Tanto temes que un enfermero venga a verme y juguemos al doctor y al paciente?

Por un momento no responde, limitándose a acercarme el pastel de chocolate con fresas que me trajo, pinchándolo con un tenedor pequeño y acercándolo a mis labios. Sabe que no rechazaré su oferta, así como soy orgulloso, me gusta ser atendido como un rey.

-Vi cómo te miraban. – suelta al fin con un tono oscuro-. Cuando quedaste inconsciente por el golpe y te trajeron para revisarte, te quitaron la ropa. Guardaron silencio… no creían que alguien pudiese tener tal cantidad de nombres en su cuerpo…

-Ya sé que me miraron con asco. No es nuevo.

-No. – Se acerca atrevido, quitándome un resto de chocolate en mi mejilla con un beso-. Te miraban con deseo, como si tuviesen una oportunidad contigo para divertirse sin remordimiento alguno. No entendía lo que pasaba, pero Mikasa me explicó. Sucede algo extraño con los Anonyme, cuando pasan de los cien nombres en su cuerpo, quien se acueste con ellos no llevará el nombre del Anonyme.

-Ah, sí. Pueden tener lo mejor de mí sin que mi nombre los meta en problemas luego. Sexo sin culpas. Pero no es como si mis servicios fuesen gratis, mocoso.

Entonces, pasa algo extraño. Su mirada cambia por completo y no reconozco en sus ojos ni una pisca de sumisión ni debilidad. Me toma por la barbilla y retira el chocolate de mis labios con un dedo. Mirándome fijo, lo lleva hacia él, probando el chocolate de su dedo índice con un gesto que es erótico en proporciones exorbitantes, sin llegar a ser vulgar. Él es un ángel al que la sensualidad le brota del alma, y sólo para una persona. Poco a poco, sin soltarme, aproxima el rostro a mí. Siento su aliento contra mis labios, cada vez más próximo.

No… no otra vez…

Mi corazón se acelera tanto que el golpeteo podría abrirme el pecho. Esa es la verdadera fuerza de su nombre en mi ser y supe que esto pasaría… siempre supe que él sería mi debilidad. Es como si tuviese un terremoto entre mis pulmones y un mar de lava corriéndome por las venas. Sus ojos verdes me aterran, reflejan la intensidad de su espera y amor por mí. Él es peligroso, él puede derrotarme con una sonrisa, con una mirada, es por eso que yo me obligo a actuar de forma déspota y fría con él. Estos años fueron un entrenamiento, yo no podía ni debía ceder a su ternura.

-Te quiero mucho, Levi.- murmura muy próximo, y el temblor en mi cuerpo ya es evidente. Estoy paralizado, y él demasiado cerca para golpearlo. Ya aprendió que si está muy próximo, no me dará el espacio necesario para un golpe, menos ahora que estoy herido.

Finalmente, sus labios llegan y apenas me toca. Siento una fuerte descarga eléctrica en todo mi ser, me debilita tanto que necesito sujetarme de su hombro. Apenas hace eso, deja un beso tan corto como una chispa, pero intenso como el infierno. Me estoy quemando, mis labios saben a cenizas.

-Eres mío. –dice con descaro-. Esta es la prueba más clara de ello.

-Tonterías. Me he acostado con tantos y he hecho cosas más fuertes que un beso, no te creas especial.

-Sí, pero nadie ha estado tan cercano a provocarte un infarto con un simple beso.

-Cuando menos lo esperes, apareceré con otro nombre.

Hace caso omiso de mis palabras y luego de dejar los restos de pastel a un lado me lleva al baño para lavarme los dientes. Él está seguro de esto, es como si viese mi inminente derrota y le divierte de sobremanera ver mis reacciones al acercarse.

Para dormir, logra acomodarse a mi lado sentado en una silla pero con la mitad del cuerpo sobre la cama. Toma mi mano izquierda y de nuevo me roba un beso antes de dormir.

Yo no puedo entender qué sucede. ¿Por qué su toque me quema? ¿Por qué todo ese odio corrosivo parece anularse poco a poco con él? ¿Por qué repelo tanto su compañía y a la vez no quiero que se vaya? Son preguntas que surgen ese día como cualquiera; en el hospital, con una fisura en el brazo derecho, seiscientos cuarenta y dos nombres en mi piel y una cálida herida en mi corazón.

-x-

Dejamos la clínica al día siguiente. Está muy cerca de la casa de Eren y regresamos a paso muy lento y tomados de la mano. De nuevo, él sale con su capricho de llevarme y marcarme como suyo frente a la sociedad. Sonríe victorioso cuando alguien me mira y nota que estoy con él.

Entonces, pasamos por una plaza, y el recuerdo de la espera me golpea. Miro fijo hacia la fuente, el lugar en el que solía esperarlo en esa plaza de la Picardie. Claro, él nunca llegó. Puedo verme sentado, esperando pacientemente…

-¿Sucede algo, Levi? – pregunta.

Suelto un largo y delirante suspiro.

-Cuando era niño, solía esperarte en la plaza de mi pueblo.

-¿Me esperabas? – no puede creerlo. Pero sí, es hora de decírselo.

-Cada día, durante muchos años. Pensaba ilusamente que, como todas las parejas, un día aparecerías, nos miraríamos y en ese instante sabríamos que el uno llevaba el nombre del otro. Así como nos pasó esa noche. Y tú nunca llegaste. Fue por eso que el idiota de Smith…- guardo silencio. Él me mira atento, no es algo que quiera contarle ahora.- Olvídalo. Que te baste con saber que no fue por dinero que tomé esta decisión de coleccionar nombres en mi piel, fue por tu descuido y estupidez.

Era hora de enfrentarle y ver el producto de mi plan. Sin embargo, como siempre, no reacciona como yo lo espero. No veo la tan esperada pena en sus ojos, mucho menos culpa; él estaba decepcionado. Mi plan de los últimos años, al diablo. Mi orgullo, en algún lugar más lejano que el inframundo. Él tenía ese abrumador fuego interno que lo distinguía, esa ternura infinita para regalarme.

-Levi, ¿sabes una cosa? Me subestimas.

-¿Qué?

-Toda la gente tiene problemas, Levi. Un nombre tatuado no significa que esa persona será perfecta para ti, sino que el destino quiso que a esa persona tú aprendieses a amarle con cada uno de sus defectos. –Besa mi mano y me toca el corazón con la mirada.- Levi… yo estoy decidido a amarte. Muy a pesar de que deba explicar por qué mi esposo tiene el cuerpo lleno de nombres, voy a amarte.

Desearía creerle. En serio, lo deseo. Una parte mía está desesperada por corresponderle, la misma parte que soñaba, que me hacía esperarlo tanto y amarlo sin conocerle siquiera. Pero otra está resentida con él, recordándome a cada segundo la soledad a la que fui forzado a vivir por su causa y no estará satisfecha hasta verlo llorar por las marcas que llevo en el cuerpo.

De repente, suelta mi mano. La suelta como la soltó Smith, como me soltó mi madre, como la sueltan todos. La soltó sin pena ni remordimiento alguno, o eso creí yo. Por un breve instante, creí que se iría y me dejaría allí. De nuevo, yo sería libre… y estaría solo.

-Levi, ven.- me pide unos pasos más allá. No sé por qué, pero lo sigo. Es extraño, ya no intenta ni siquiera tocarme en todo el camino por la plaza. A pesar de que muchos me miran y él está notablemente celoso, solo me pide que me acerque un poco y nada más.

No sé si lo sabe, pero de cada diez personas que pasaron, al menos ocho dejaron su firma en mi piel. Creo que lo sospecha…

Y entonces es cuando me doy cuenta. Me toma de la muñeca y me lleva al borde de la fuente.

-¿Es aquí? – me pregunta. Camino unos pasos y me paro en el borde de esta.

-No es como la de la Picardie, pero se parece. En un lugar como éste, te esperé por años.

Se ríe, algo piensa.

Me toma por los brazos, obligándome a tomar asiento en el borde de la fuente de piedra. Sigo sin entender. Se aleja unos pasos en diagonal, avanzando más, y más. De nuevo, me ataca ese sentimiento de pérdida y en un punto se ha alejado bastante, hasta quedar lejos de mi rango de visión. ¿Acaso se ha ido?

Intento no ser obvio al buscarle con la mirada entre la gente que pasa. Lo reconozco de vuelta, pero camina y pasa de mí como si me ignorara. De repente, sus ojos me miran como si me reconociera. Una fingida sorpresa le surca el rostro.

Se acerca con familiaridad y confianza para reclamar a quien le pertenece, como el día que lo conocí.

-Hey… eres muy lindo. Y algo me dice que te llamas Levi y eres la persona que el destino eligió para mí.

Me doy cuenta y algo estruja mi corazón. Él ha planeado esto como simulando nuestro primer encuentro, el que yo tanto anhelaba.

-¿Éste es tu nombre? – pregunta levantando un poco la camisa y revelando mi nombre en su piel. Siento algo como una sonrisa interna cuando le acaricio la piel de esa zona y mi apellido aparece.

-Lo es, Eren.

Tiende la mano derecha y me sonríe. Este mocoso sabe cómo jugar conmigo.

-¿Qué te parece conocernos, Levi? Tal vez… ser felices juntos. Quiero que me dejes enamorarte y a la vez ser mejores amigos. Quiero ser tu todo.

Duele. No es la frustración de un plan arruinado, ni siquiera el recuerdo de la soledad. No, ahora es su bondad la que me lastima. Me duele saberle tan inocente, tan estúpido para intentarlo aunque todo apunte a un fracaso. Tan humano. Tan imperfecto y a la vez perfecto para mí.

–Yo soy un Anonyme, mi cuerpo está lleno de marcas hechas por otros que yo busqué. Yo no respeté el destino, no quise esperarte más.

Hace un esfuerzo por aparentar fuerza y galantería, pero sólo logra verse más tierno y menos masculino de lo que es. Este chiquillo es increíble. Sus manos acarician mis caderas y me envuelve entre sus brazos con calma

-¿De qué hablas? Yo no veo ningún nombre en ti más que el mío, Levi.

Me pregunto si se hace al tonto, pero su afirmación golpea tan fuerte el muro de hielo en mi corazón que creo sentir algo, luego de muchos años viviendo como un ente, como alguien que olvidó que era un ser humano.

Intento descorrer el pañuelo que tengo en el cuello, permitiéndole entrever un nombre. Se adelanta para apartar mi mano, acunando mi mejilla con su mano.

-Seiscientos cuarenta y dos errores, Eren.

-Yo no veo más que mi nombre. –repite-. No veo más que mi nombre en tu alma. El que lleva muchos nombres, soy yo.

-¿Qué? Eren, yo vi sólo mi nombre, ¿acaso tú…- mi mente funciona a mil por hora preguntándose con quién pudo ser. ¿Mikasa? ¿Alguno de los mocosos de su escuela? No, ¿podría ser ese malnacido de Smith?

Antes de que mi ataque de histeria continúe, él sonríe triunfante, calmándome.

-Tienes razón, siempre fui un niño mimado. En el alma se escriben los nombres de la gente que te amó de verdad. Sé que mi padre, mi madre, Mikasa y mis amigos lo hicieron. Pero tú te ves tan solitario y frágil; sin embargo intentas parecer fuerte, indiferente y soberbio… te has apartado de tus emociones, has evitado querer a la gente y confiar en alguien. Por eso, mi nombre es el único en tu alma, porque yo me encargaré de ser la persona que va a amarte como deseas ser amado.

Seré para ti
único en el mundo

La máscara de odio cae de mi rostro, haciéndose trizas en el suelo. Felicidades, Eren, lo has encontrado al fin…

el verdadero yo.

-¿Me permites amarte? –pregunta sin dejarme más opción. Trago en seco, deshaciéndome del molesto nudo en la garganta. Asiento- ¿te parece si empezamos con una cita? ¿Te gusta el helado?

Extrañamente, contra mi voluntad, sonrío. No sé si por sus ideas extrañas, darme cuenta que son producto de su corazón o que estoy renaciendo. Me ha alegrado tanto…

-Me parece una gran idea.-le digo dándole la oportunidad.

Sujeta mi mano, entrelaza mis dedos y me da un beso mitad en la mejilla, mitad en la boca. Quiere besarme, pero sabe que primero debe conquistarme de a poco.

-¿Sabes, Levi? Por algún motivo creo que te gustará el helado de chocolate. –Guiña un ojo.- Algo me lo dice.

-Es como si me conociera una semana, señor Jaeger.- acaricia mis dedos con calma mientras caminamos por las calles de Frankfort. La gente nos mira, a él con lástima y a mí con envidia. Saben que estoy marcado, lo notan, así como notan que él me ama de forma incondicional.

-Es como si hubiese nacido para conocerte y amarte, Levi.

Quizás tiene razón.

Yo colecciono nombres en mi piel, pero él colecciona los restos de mi corazón.

-x-

Transcurren unos días, y me cuesta creer lo fácil que le resulta enamorarme. Conoce mis límites, sabe cuándo puede darme un beso en la mejilla y cuándo es mejor no acercarse. Sí, está yendo de a poquito, tanteando su terreno y mi confianza.

Debido al pequeño accidente, soy víctima de sus cuidados extremos y sobreprotección durante cuatro días. Cuatro días en los que parecemos una pareja casada, con años de vivencia encima. Bueno, nos comparo con una vieja pareja casada porque siempre he creído que las parejas recién casadas se pasan día y noche de los primeros meses juntos teniendo sexo como si no hubiese un mañana, diciéndose cosas que a cualquiera le provocaría diabetes y viviendo pegados como ranas copulando.

No, él me trata con excesiva paciencia, contrario a su impulsiva personalidad, como si supiera que el beso que espera vendrá en algún momento. No sabe cuándo, pero vendrá. Lo que sí sabe es que si se acelera, puede perderme de forma definitiva.

-Eren, ya te dije que estoy bien. Faltaste al trabajo cuatro días, tu padre va a odiarme más de lo que ya lo hace. – Le regaño en el desayuno-. Y tu cumpleaños es mañana, seguro faltarás.

-Pero no quiero dejarte solito. – dice con su tono de mocoso, haciendo un puchero. Estiro una de sus mejillas.

-No, Eren. Debes ser responsable, me enojaré si no vas hoy al menos para dejar organizados a los demás empleados. Si tienes trabajo extra, tráelo y te ayudaré.

Baja la cabeza, sonríe suavemente. Le gusta pensar en nosotros haciendo algo serio juntos.

-Sí, Levi. – se levanta con pesar, dirigiéndose a su habitación y regresa vestido con camisa, corbata, pantalón de tela y zapatos. Se dirige a la salida donde toma su abrigo. Abre la puerta.

-Espera.- le llamo evitando que salga. Voy a él y me cuesta acomodarle la corbata con una mano, más con la izquierda. Al terminar, lo premio como tanto quería: acercándome y dejándole un beso corto en los labios-. Te esperaré.

-¡Sí! – dice mucho más alegre y con las orejas y mejillas rojas.

Quizás un día lamente haberle dado esta oportunidad, pero el futuro es algo que no me preocupa. En mi presente, él se esfuerza por nuestra felicidad. No puedo quedar atrás.

Luego de limpiar la mesa, encuentro sus llaves y celular en ella. Como si lo invocara, tres golpes anuncian a alguien en la puerta.

-Tonto.- Digo saliendo con las llaves y el celular en mi mano, abro la puerta-. Olvidaste tus…

No puedo decir más. Un brazo fuerte que ya conozco me ciñe con fuerza haciendo que suelte los objetos que llevaba. Forcejeo para soltarme al reconocer los ojos azules y el cabello rubio. Él es mi verdadero terror, y eso diezma mi fuerza.

-Vamos a hablar un momento.

Irvin Smith, el primer nombre que se marcó en mi piel además del de Eren. Tenemos mucho de qué hablar, pero no me interesa hacerlo. Odio los problemas adicionales innecesarios.

-Vete de una puta vez, Smith. –digo intentando esconder el miedo que tengo. Él sabe muchas cosas, demasiadas, todas podrían lastimar a Eren. Me suelto de su envolvente brazo, pero logra sujetarme por las muñecas e inmovilizarme.

-Dime que no si puedes hacerlo, Levi.

Le temo por que él puede desequilibrar esto que ya creí estable. Él puede recordarme qué pensaba y sentía esos días. Él puede, definitivamente puede manejarme a su antojo. Él, en algún momento, fue la única persona en la que creí y pensé que era amor.

Su enorme mano se acerca a mi mejilla, me acaricia con el dorso de los dedos. Es como cuando éramos niños, es como ese día en el que le conocí mientras esperaba por Eren.

Ya no peleo. Mi cuerpo deja de reaccionar al recordar. Ha logrado confundirme. Él es ese mal amor al que uno le pone el signo de "peligro" en la frente, y aún años más tarde no puede enfrentar del todo.

-Fuiste muy maleducado conmigo el otro día. – su mano se desliza hacia mi mandíbula, usando el pulgar sobre mi barbilla, presionándola y haciendo que entreabra los labios. Sé lo que sigue… Sé muy bien lo que hará… él siempre hacía eso para besarme.

-No te atrevas…- amenazo en vano; soy incapaz de siquiera mirarle feo. Él me conoce demasiado bien y termina tomándome en un beso como si siempre le hubiese pertenecido. Sus besos no son como los de Eren, estos duelen, son posesivos y amargos. Me levanta con descomunal fuerza y no me queda de otra que pasar mi brazo sano por su cuello si no quiero caer.

Quiero que deje de besarme, quiero alejarme de él, quiero…

-¿Levi?

Oh… mierda…

A unos metros, Eren nos mira. Como esperaba, regresó por sus llaves y ahora se encuentra con su pareja, esa persona reacia y sádica que apenas se atreve a abrazarle; en los brazos de alguien que supuestamente odia, intentando recuperar el aliento que perdió en su beso.

Esta vez, Eren no se ve triste.
No, no está decepcionado.
Tampoco quebrado.

Eren está furioso.


Capítulo 4:Silhouette
La decisión de Eren, la historia detrás del silencio de Levi y el odio de Grisha Jaeger hacia Levi. ¿Cuál es el peligro de amar a un Anonyme? ¿El amor de Eren es tan grande como para cargar con el mayor estigma de su pareja? ¿Qué cosas podría perder Eren por su decisión?


Espero este capítulo valiera la pena por hacerles esperar tanto :'c de nuevo me disculpo, no me gusta fallarles, son un lindo fandom y me han recibido con tanto cariño y calidez que :'c ay... es mucha bondad para mi corazón de Grinch ;w;

Les invito a pasar por mi cuenta en Wattpad y Amor-yaoi (estoy viendo por subir algunas cosillas originales a Wattpad :'3)

Espero el capítulo les gustara :3