Disclaimer: Todos los personajes originales le pertenecen a la gran JKRrowling, yo solo juego con ellos cuando dispongo de algo de tiempo. La imagen de la portada no es de mi creación tampoco, la encontré merodeando por Devianart. Si la reconoces como tuya y quieres que la quite solo tienes que decírmelo.

Aviso: Este fic participa del Reto Normal de Abril "Emociones y Sentimientos" del foro "Provocare Ravenclaw".

Nota de Autora: ¡Hola hola queridos lectores! Esta es una respuesta al reto, y la pareja se apareció ante mí como se supone que lo hizo Jesús esta Semana Santa (?) Chiste fácil, ignoradme. En fin, tenía que escribir viñeta de emociones entre 500 y 1000 palabras cada una, así que si el argumento os parece un poco PWP (Plot? What Plot?) lo siento mucho, porque tampoco tenía mucho más espacio para contar una evolucionada relación entre estos dos. Simplemente situaros en sexto año con mortífagos disfrutando de las vacaciones y retrasándose un año en aparecer y sembrar el caos, ¿de acuerdo? Aquí veremos un caos de otro tipo, un caos emocional. Aunque de todas formas, a mí de momento me está convenciendo el resultado.

¡Espero que os guste! Y... ¡Nos vemos al final!


Tranquilidad, concepto.

Los jardines de Hogwarts se encontraban en su mejor época del año: La primavera.

Ah, sí, le gustaba la primavera. No le aullaba el viento en los oídos, y al mismo tiempo no hacía un calor tan sofocante como para pasarlo mal con tanta ropa encima y en caso de que así fuera, mientras bajara a una hora temprana, siempre podía darse un baño rápido en el lago—. También las aguas se encontraban calmadas, y los tritones, y demás criaturas, no se molestaban en salir a la superficie para molestar a viandantes despistados. Sí, definitivamente tumbarse junto al tronco de un árbol viejo, a esas horas, era lo más maravilloso que podía hacer. Aunque ello significara procrastinar irremediablemente hasta por la noche. Pero no podía evitarlo, la sala común por la tarde estaba atestada del influjo de los gemelos. Habían desarrollado un caramelo que te permitía levitar unos instantes, y aquello se había convertido en un caos absoluto. Tenemos que perfeccionarlo Hermione, habían dicho, con una perversa sonrisa alumbrando su rostro, y si ellos se presentan voluntarios, no podemos rechazarles.

Muy bien. Ya que Ron, en lo que respectaba a sus hermanos, no parecía dispuesto a cumplir con sus labores de prefecto. Ella también haría la vista gorda por una vez: No estaba dispuesta a convocar algún tipo de esencia mullida para evitar múltiples lesiones cerebrales. No señor, ella estaba muy tranquila junto a su árbol.

Y hablando de tranquilidad, ¿hacía cuánto tiempo que no podía disponer de ella?

oOoOoOoOo

—Granger, el polvo de ópalo se llama polvo por un motivo.

Hermione se volvió cuando una voz le sacó de su ensimismamiento. Se sorprendió cuando vio a Malfoy apoyado sobre su mesa y colocando el caldero a su lado.

—¿Cómo dices? —preguntó, desorientada.

Malfoy soltó una bufido exasperante.

—Pues sí que te cuesta. Decía que el polvo es polvo por algo, y que lo tuyo es gravilla mediocre, así no te saldrá.

Hermione contempló su cuenco y comprobó, para su fastidio, que estaba en lo cierto. Había llegado pronto para poder terminar cuanto antes —y para olvidarse del necio de Ronald y su tozudez, para qué engañarse—, y con tanta prisa no había preparado bien los ingredientes. Menos mal que se había dado cuenta antes de echarlo, a saber lo que habría sucedido. Permaneció entonces muy tensa. Ella y Malfoy no eran amigos, ni siquiera se llevaban bien, no tenía por qué cumplir con el protocolo de cortesía.

Y sin embargo no pudo evitar murmurar un débil gracias, que sonó más bien como un susurro al cuello de su camisa. Él le miró enarcando una ceja, divertido.

—Disculpa... ¿Has dicho algo? —preguntó inocentemente. Hermione le miró a los ojos, que esperaban una respuesta. No le daría el placer de parecer cohibida ante su presencia, aquello sería aún más humillante. Se aclaró la garganta y habló con voz clara.

—Sí, Malfoy, he dicho que gracias—Se molestó en recalcar la palabra mágica—, por tu observación.

Él pareció complacido.

—Es lo menos que podía hacer por aquellos menos dotados de la inteligencia y el saber de las pociones —le provocó.

Hermione sabía de que iba ese juego. Sabía que la bravuconería de Malfoy no era más que una estrategia para hostigarla, y hacerle perder el control en medio de clase. Lo sabía y era consciente de que no debía jugar con fuego. Pero al menos así, no se ahogaba, ¿no?

No pudo evitar que su cabeza maquinara algo en un breve instante, y entrar al trapo.

—¿Ah sí? Pues creo que hasta tu poción está harta de ti, Malfoy —respondió sin siquiera mirarle.

Malfoy frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

—Bueno —hizo una pausa, quería saborear su reacción—, tiene aspecto de enferma—enfatizó—. ¿No se te habrá olvidado darle jarabe, por casualidad?

Los ojos de Malfoy se abrieron como platos. El agua del caldero comenzó entonces a hervir fervientemente. Comenzó a mascullar maldiciones varias al tiempo que corría hasta el armario de los ingredientes en busca de una salvación a su humillación. Cuando consiguió remediar el estropicio, Hermione ya había tenido tiempo de masticar y repetir risas a costa suya. Se inclinó sobre él y le susurró, divertida con la situación.

—Jarabe de Eléboro —señaló, divertida—, algo imprescindible para tu Filtro de la Paz sino queréis acabar ambos —Señaló al caldero y a su propia persona—, estresados.

Malfoy le dedicó una mirada que poco tendría que envidiar a la de Voldemort en estado puro. Solo que un par de gotas del antecedente viscoso a su actual poción, aún manchaban su rostro en la frente y en la punta de la nariz. El efecto de animadversión combinado con su ridiculez resultaba bastante jocoso, y Hermione no pudo más que volver a reír ante la imagen.

Pasaron el resto de la clase retando indirectamente al otro y probando sus respectivas habilidades, porque ambos pensaban que podían hacerlo mejor. Slughorn acabó llamándoles la atención por el alboroto, pero al llegar a su posición e inhalar levemente de su Filtro, pudo comprobar que ambos lo llevaban a la perfección, y les mandó preparar juntos una serie de presentaciones a la semana por la calidad de su trabajo. Después se marchó de clase, y por los efectos de la poción, a Hermione no le sorprendería encontrárselo saltando desnudo y tarareando feliz por el jardín creyéndose en el paraíso.

oOoOoOoOo

Sí, a partir de ese día su relación se había enredado considerablemente. Trabajar juntos les había llevado a que sus discusiones aumentaran y se impregnaran de mayor intensidad, pero al mismo tiempo a tolerar más las opiniones del otro. Casi podría decirse que sus discusiones se habían transformado en debates. Casi, podría decirse, que se habían convertido en algo parecido a amigos.

¿Y entonces por qué demonios de repente podía encontrar tranquilidad en vez de tener a Malfoy molestando a su alrededor?

—Aquí pasa algo raro... —murmuró.


¿Y bien os ha gustado? Espero que sí. A ver para cuando puedo tener lista la siguiente viñeta.

No tengo mucho más que decir ya que he soltado un parrafón-nota de autora al principio. Simplemente comunicar que (sin disclaimers y avisos blablabla) este capítulo me marca 986 palabras (al límite, vaya).

Por último, la casilla de reviews no muerde, rellénala y dale a las casillas para mantener interesantes debates con un rubio Slytherin :)

Eléctrica out.