CAPÍTULO 2

Christian se sentó en el taburete delante de su nuevo piano. Deslizó los dedos desordenadamente por el teclado, escapándose primero un conjunto de sonidos huérfanos, que después se convirtieron en las dulces notas de Clair de Lune llenando el espacio a su alrededor. La imaginó a su lado, observándole. Sonriéndole. ¿Qué pasaba con esa chica? Parecía tan inocente, tan pura. 'Cautivadora y llena de esperanza.' Christian sonrió ante ese pensamiento.

Se dio una ducha antes de ir a dormir. Había sido un día realmente extraño. La sensación del agua caliente cayendo sobre su piel era calmante y relajante. Pero, a pesar de eso, lo único que podía ver al cerrar los ojos más tarde, era ella. Esos dos pozos cristalinos penetrando en su alma. De hecho, su mirada también le calmaba, de una manera extraña, como si alguien ahí afuera se preocupara por él. ¿Realmente estará pensando en mí? Él pensó.

Christian se despertó en medio de la noche, completamente bañado en sudor y respirando con dificultad. No se trataba de otra de sus pesadillas; había estado soñando con ella. Podía incluso oler su dulce esencia… Notar la sensación de su piel suave rozándose contra la suya. Sus brazos alrededor de su pequeño cuerpo, apretándolo fuertemente contra el suyo. Sus suaves gemidos en su oído. Sus labios gruesos besando sus cicatrices, una por una. Ese pensamiento hizo que un escalofrío recorriera su espina dorsal, pero no le asustaba. Era extraño, porque nadie podía tocarle ahí, y mucho menos besarle. Pero imaginarle a ella haciéndolo era reconfortante. Ni siquiera la había imaginado en su Sala de Juegos; ella sólo merecía amor y cariño, no varazos o latigazos. Entonces, la realidad le golpeó certeramente, como un manotazo en la cara; ella era sólo una niña, y él era incapaz de amar a nadie, y ni mucho menos merecía ser amado. Se avalanzó hacia el lavabo y vomitó todo lo que había en su estómago. Después, caminó hacia su sala de estar para perderse en su música, entre la bruma de su tristeza.

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Pasaron dos semanas desde ese fortuito encuentro, en las cuales Christian intentó permanecer centrado en su trabajo. Pero ninguna de sus grandes fusiones y ninguna de sus multimillonarias compras fue suficiente para borrarla de su mente. Incluso podía notar la suavidad de sus labios en la punta de sus dedos. Así que, una tarde, decidió volver a la tienda de pianos.

El melodioso sonido de la campanilla al abrirse la puerta alertó al Sr. Harris, quien sonrió al ver a Christian vistiendo un traje.

"¿Sr. Grey? ¡Qué bueno verle de nuevo!"

"Buenas tardes, Sr. Harris." Christian dijo con una expresión seria, mientras luchaba por combatir la idea de dar media vuelta e irse de allí.

"¿Hay algún problema con el piano, Sr. Grey?" Dijo el Sr. Harris, preocupado por la expresión de Christian.

"No, en absoluto." Replicó Christian con un gesto de su mano. "Ese piano es una magnífica obra de arte, y estoy disfrutando muchísimo con él."

"¿Cuál es el problema entonces?"

" Yo… me preguntaba… me gustaría saber…" Christian balbuceó intentando encontrar las palabras que había estado repitiendo una y otra vez en su cabeza durante todo el día. Se pasó las dos manos por la cara y el pelo, y entonces, su expresión se tornó en una de determinación, con su habitual máscara de hombre de negocios. "¿Sabe, Sr. Harris, esta chica, Annie, la que estaba aquí en la tienda el otro día?" El Sr. Harris afirmó con la cabeza, frunciendo el ceño. "Ella me comentó que estaba tomando clases de piano, y, bueno… pensé que yo podría pagar por ellas. Tocar el piano me ayudó muchísimo de pequeño, y el otro día me pareció que quizás ella podría tener ciertos apuros económicos, así que…" 'Bien hecho, Grey' pensó, satisfecho de su coartada.

"Bueno, está en lo cierto, Sr. Grey." El ceño fruncido del Sr. Harris desapareció. "Esta chica tiene algunos problemas en casa, no sólo financieros." Dijo el Sr. Harris señalando con un dedo. "Esa es la razón por la que le dejo pasar las tardes aquí. Pero no tiene que preocuparse por sus clases de piano. Le enseño gratis. De hecho, es un placer tener a una chiquilla tan encantadora por aquí. Me recuerda a mis nietas, que ahora ya son mayores."

Christian sólo se pudo centrar en el hecho de que Annie tenía problemas en casa. "¿Qué quiere decir? ¿Qué tipo de problemas tiene, Sr. Harris?" Preguntó sin poder ocultar la tensión en su voz.

"Bueno… no conozco los detalles, Sr. Grey. Sólo sé que estaba teniendo ciertas desaveniencias con el nuevo marido de su madre, así que se quedaba aquí hasta que su madre llegaba a casa. Creo que a Annie no le gustaba estar a solas con él."

Christian notó una oleada de rabia subiendo hasta su garganta, que le urgía a gritar, pero logró contenerse y tan sólo apretó su mandíbula cerrando fuertemente los puños a lado y lado de sus caderas. El simple pensamiento de alguien haciéndole daño era abominable.

"Le pregunté a su madre una vez, pero no me quiso explicar demasiado… así que pensé que lo mejor que podía hacer era dejarle estar por aquí. Al principio, ella tan sólo caminaba por los pasillos, contemplaba los instrumentos y tocaba su guitarra de vez en cuando. Todavía recuerdo su encantadora voz mientras cantaba. Después, decidí darle lo mejor que tengo, y comenzamos sus lecciones de piano. Es una buena alumna, muy centrada y talentosa. Al menos, pensé que así podría olvidar sus problemas mientras estaba aquí." El Sr. Harris dijo encogiéndose de hombros.

"Aprecio muchísimo su esfuerzo, Sr. Harris. Es usted un buen hombre. Yo tuve una infancia difícil, y la música me ayudó mucho también." Christian respondió con sinceridad.

"¿Puedo preguntarle algo, Sr. Grey?" Christian asintió y el Sr. Harris prosiguió. "No quiero parecer indiscreto, y mucho menos paternalista… pero ¿su infancia no debe quedar tan lejos, no? Quiero decir… ¿cuántos años tienes, hijo?"

"Tengo 21 años. Puedo parecer joven, pero soy un adulto, y le puedo asegurar que mi niñez quedó atrás hace mucho tiempo." Christian dijo con dureza. El Sr. Harris le miró con preocupación y Christian volvió a sentirse culpable de nuevo. "No pretendía…" Christian intentó disculparse, pero no acabó la frase. Suspiró profundamente tirando de su pelo con su mano derecha. "Sea como sea, quiero ayudarle."

"Bueno, creo que estará mejor ahora. Ya no tenemos que preocuparnos más por ella."

"¿A qué se refiere, Sr. Harris?"

"Se ha mudado con su padre adoptivo, fuera de Seattle. Es un buen hombre, le conocí hace un tiempo, y sé que la adora. Ha estado luchando por estar con su hija mucho tiempo, y la actual situación hizo que al fin su madre cambiara de idea y le dejara marchar."

Christian notó que todo a su alrededor comenzaba a dar vueltas y que sus piernas flaqueaban. Su visión se volvió borrosa y tuvo que agarrarse fuertemente con las dos manos al mostrador para evitar caer.

"¿Sr. Grey, está usted bien?" El Sr. Harris percibió la mirada de dolor en la cara de Christian. Le miró a los ojos, y le condujo a una de las sillas. Christian se sentó sin darse cuenta, sintiéndose paralizado y entumecido. Tan sólo era consciente del ruido ensordecedor de su propia sangre circulando pesadamente zumbando en sus oídos.

"Se ha ido." Dijo sin aliento mientras miraba fijamente sus manos en su regazo.

El Sr. Harris exhaló profundamente, aliviado de que Christian estuviera hablando por fin. "Sr. Grey, Christian… ¿estás bien?" Christian cerró los ojos con fuerza y se cubrió la cara con las manos. Tocó su boca con la punta de los dedos, manteniendo los ojos cerrados, imitando la forma en que él había rozado los labios de ella el día en que se habían visto. "Se ha ido, pero estará bien, ¿no?" Christian le rogó a Mr. Harris con la mirada, que dirigió directamente a sus ojos.

"Así lo creo, Sr. Grey." El Sr. Harris dijo cariñosamente. Cogió otra silla y se sentó delante de Christian. Delante suyo había un hombre perdido; un niño perdido en realidad. Entonces, escogió cuidadosamente las palabras para expresar lo que quería decir a continuación: "Sr. Grey, no sé lo que está pasando. Supongo que ustedes se encontraron el otro día y… y conectaron de alguna manera. Quizás tienen varias cosas en común, como la música, o esas dificultades en la vida que me comentó antes." Christian tragó saliva. "Sé que es una chica brillante y encantadora, pero usted también es un joven inteligente. Lo suficientemente inteligente como para saber cómo tratarla adecuadamente." Christian se enderezó en su silla, sintiéndose avergonzado. "No se preocupe, sé que se preocupa por ella, es fácil verlo en sus ojos."

"Gracias, Sr. Harris." El Sr. Harris asintió, entendiendo todo lo que Christian no podía expresar con palabras.

Christian se levantó de su silla, y estaba a punto de irse cuando el Sr. Harris comenzó a hablar de nuevo. "Sr. Grey, Annie se marchó hace una semana. Ella vino a la tienda todas las tardes hasta entonces, como siempre, pero se comportaba de diferente manera." Christian se dio media vuelta y miró al Sr. Harris. "El último día que vino, me pidió que le dijera algo, si algún día usted volvía por aquí…" Christian contuvo el aliento. "Me dijo que le dijera que tuviera fe en sí mismo, y que nunca abandonara. Creo que ella también se preocupaba por usted."

"Gracias otra vez, Sr. Harris." Christian salió de la tienda. De pie en medio de la acera, cerró los ojos e inhaló profundamente. Una sola lágrima rodó por sus mejillas, mientras se alejaba con una sonrisa triste en los labios.

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Ana llegó a casa después de la llamada de su madre a la tienda del Sr. Harris, como siempre. Había pasado casi una semana desde su encuentro con el chico de ojos grises. Esperaba que, de alguna manera, volviera a la tienda. Ella sabía que no había hecho nada para merecer la atención de ese hombre increíble, pero no podía dejar de pensar en él. En sus preciosos ojos, llenos de pasión y tristeza, en los cuales era tan fácil perderse. En sus labios perfilados, que parecían tan suaves… ¿Cómo sería la sensación de notar el roce de esos labios y de esa barba de dos días en su cara? Ana se sonrojó ante ese pensamiento. Sólo le habían besado una vez, y no había estado mal, pero pensó que probablemente no sería comparable en absoluto. Su pelo también parecía suave. Pensó que le gustaría pasar sus manos por su cabellera, hundiendo los dedos en ella. Podía incluso recordar su olor, a jabón y a algo más que no podía descifrar. Dulce y masculino, deliciosamente mezclado. ¿Y cómo sería estar en sus brazos?

"Ana, cariño, tienes la cabeza en las nubes últimamente." Carla, su madre, dijo con un aspaviento.

"Lo siento, mamá." Ana respondió sonrojándose, y rogando para que su madre fuera incapaz de saber en lo que estaba pensando.

"De todas maneras… ¡tengo algo muy importante que decirte!" Carla se acercó a su hija y le cogió ambas manos, apretándolas entre las suyas. "Ana, cariño, he decidido darle a Ray tu custodia. Sé que aquí no estás a gusto… y quiero que seas feliz."

"¡Mamá!" Ana saltó a los brazos de su madre, con lágrimas de alegría en sus ojos. "Te quiero mamá. ¿Lo sabes, verdad?"

"Lo sé, cariño. Lo sé."

"Pero, ¿tú estarás bien, mamá?" Ana dijo sin poder ocultar su preocupación.

"Estaré bien, cariño. Tenemos que arreglar algunas cosas entre nosotros, nada más." Carla respondió con una sonrisa tranquilizadora. "Ray está esperando tu llamada. Ve arriba y habla con él."

Ana besó a su madre en la mejilla y subió corriendo las escaleras. Entonces, paró en seco. Esto era lo que llevaba tanto tiempo esperando, pero ahora… simplemente ahora no era el momento apropiado. ¿Volvería a verle algún día? Un dolor sordo se instaló en su pecho, como una pesada carga, oprimiéndolo. Se dirigió a su habitación y llamó a su padre adoptivo.

El día anterior a su mudanza con Ray, Ana esperó pacientemente en la tienda de pianos. Cada vez que sonaba la campanita de la entrada, perdía la calma. Esta vez, esperó hasta que el Sr. Harris cerró la tienda. Pero él no apareció. Después de abrazar al Sr. Harris y agradecerle toda su ayuda, le pidió un último favor.

"Por favor, si algún día le vuelve a ver, dígale que él vale la pena. Que ha de creer en sí mismo y nunca darse por vencido."


Bueno, ¡espero que os haya gustado!

A continuación, os pongo las piezas musicales del primer y de este segundo capítulo:

Primer capítulo:

Preludio en E menor, Opus 28, nº 4. Chopin.

Movimiento Scarvo de Gaspard de la Nuit. Ravel.

Segundo capítulo:

Clair de Lune. Debussy.

¡Gracias por leerme!