¡Hola de nuevo!

Gracias a toda la gente que ha decidido leer mi historia, y a los que han decidido seguirla o marcarla como favorita. Un especial agradecimiento a los que han perdido parte de su tiempo para hacer un comentario.

Como a partir de ahora la música cobrará todavía más importancia, y en especial la letra de las canciones, he decidido traducir las letras en inglés al español. ¿Os parece bien?


CAPÍTULO 3

Ana contempló con recelo sus zapatillas deportivas, apoyando su barbilla contra el pecho, y seguidamente miró hacia los zapatos de tacón de las chicas que había sentadas a su alrededor. Jugueteaba nerviosamente con los dedos de las manos en su regazo, sin poder evitar arrepentirse de no haberse arreglado un poco más. Llevaba puestos sus vaqueros azules y una camiseta de un grupo de rock. '¿En que narices estaría pensando?' Gimió hacia sus adentros. Miró de reojo a derecha e izquierda. Le rodeaban elegantes mujeres con pantalones de vestir y delicadas blusas. ¡Incluso había quien se había puesto una de esas faldas lápiz tan sexys! Suspiró y, resignada, se palmeó la frente ante su evidente fallo en la elección de su atuendo.

"El siguiente, por favor. ¿Anastasia Rose Steele?" Ana se levantó de la silla y sonrió nerviosamente al hombre que le había llamado. Era el Sr. Clayton, un reconocido director de orquesta, y también un increíble saxofonista. También se encontraban con él el decano de la facultad de Arte y otras personas que Ana no acertaba a identificar. Entró en el auditorio con mariposas en el estómago. Se sentó en la banqueta delante del piano y se colocó debidamente, asegurándose de estar en la correcta posición para estar cómoda con los pedales. Con los ojos cerrados, acarició el teclado, sintiendo inmediatamente la vibración del piano en sus dedos y, automáticamente, se llevó los dedos a los labios. Esta sensación le recordaba a él. Después de cinco años, todavía podía sentir vívidamente ese suave toque. Sus rasgos estaban un poco borrosos, pero su fuerte presencia, esa conexión entre los dos y esos preciosos ojos grises estaban grabados en su memoria. Inhaló profundamente e inició el Momento Scarvo de Gaspard de la Nuit de Ravel. Sus dedos volaban por el teclado, cada vez más rápidos e intrépidos, en un ritmo frenético, liberando toda la pasión que amenazaba con explotar en su pecho. Su pulso se aceleró por momentos, sin dejar de pensar en él, hasta que acabó la pieza. Después, sonrió y abrió los ojos. Entonces observó las caras de asombro a su alrededor. Todas las personas de la sala estaban boquiabiertas, y la puerta del auditorio, antes cerrada, se encontraba abierta de par en par, permitiendo el paso a la gente que antes se encontraba en el pasillo. Todo el mundo le observaba, incluida Kate, su mejor amiga, que permanecía de pie con una gran sonrisa en su cara y un gesto de aprobación de sus pulgares. Entonces, estalló un gran aplauso a su alrededor.

"¡Creo que la nueva banda de música de la Universidad de Washington ha encontrado su pianista!" Dijo el Sr. Clayton mientras aplaudía. ¡Ha sido impresionante, Anastasia. Sería un gran honor si te unieras a nosotros en este proyecto." Ana se ruborizó hasta las orejas y tímidamente aceptó la oferta.

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Esa noche, Ana, Kate y José, otro gran amigo de la universidad, decidieron celebrar el logro de Ana. Estaban en una esquina tranquila del bar, sentados con las piernas cruzadas en unos cómodos sofás, mientras charlaban con unas cervezas. Se podía oír una suave música de fondo.

"Si la hubieras visto, José… ha sido increíble; todo el mundo estaba boquiabierto. ¡Nuestra Ana es tan buena músico!" Kate le dijo a José llena de orgullo, haciendo que Ana se ruborizara.

"Es una auténtica pena que no pudiera ir." Dijo José.

"Bueno, no te preocupes, querido. Podrás disfrutar de mi música en nuestro próximo concierto." Ana dijo haciendo una reverencia mientras le guiñaba el ojo.

"¡Esta es mi Ana!" Kate dijo, proponiendo un brindis. "¡Por nuestro último año en la universidad y por nuestros éxitos futuros!" Chocaron sus botellas entre ellas y bebieron un largo trago de cerveza.

"¿Dónde queréis ir a bailar, chicos?" Dijo Kate entusiasmada.

"Lo siento, chicas, pero hoy tengo trabajo en la radio. Tenemos el programa musical de 23:00 a 1:00, así que no puedo ir a bailar con vosotras." Dijo José haciendo pucheros.

"Me encanta la radio del campus. Es genial." Ana dijo despreocupadamente. "Te gusta mucho trabajar de técnico de audio, ¿verdad?"

"Un montón." Contestó José sonriendo ampliamente. En ese momento, sonó su teléfono y él cogió la llamada inmediatamente. Se levantó del sofá y comenzó a pasearse de un lado al otro con una mano apoyada en su cadera mientras hablaba. "Hola Paul… ¡Oh, no! ¡Dime que estás de broma! ¿Qué narices…? ¿Y entonces, qué hacemos ahora? Mmmm, espera…" Ana y Kate le observaban con curiosidad, dedicándose miradas de complicidad. Entonces, José se acercó a Ana. "Dijiste que la radio del campus es genial, ¿verdad? Ana asintió con la cabeza, frunciendo el ceño. "De acuerdo, Paul. Tengo una solución fantástica. Tenemos una sustituta." Dijo José a la persona al otro lado del teléfono antes de colgar. Después, se quedó mirando a Ana con una sonrisa sospechosa.

"¿Qué pasa?" Preguntó Ana, frunciendo el ceño aún más.

"Tienes que hacerme un favor. De hecho, lo harás, porque eres una amiga de verdad, y eso es lo que hacen los amigos." José le dijo con una mirada suplicante.

"Ohhhh, ¿qué quieres que haga?" Dijo Ana cubriéndose la cara con ambas manos. Estos dos la conocían demasiado bien…

"¡Oh, Ana, sabía que podía contar contigo!" José dijo cogiéndole las manos para dejar ver su cara.

"No juegas limpio…" Kate le dijo a José, intentando ocultar su sonrisa.

"Por el amor de Dios, suéltalo ya José." Ana dijo exasperada.

"Necesito que lleves el programa musical de esta noche. ¡El presentador actual acaba de llamar hace unos minutos diciendo que no vendrá! Necesitamos a alguien que lo haga. ¡Te necesitamos a ti!"

Ana dibujó una expresión de sorpresa y pavor en su cara, negando a la vez con la cabeza. Kate empezó a aplaudir, totalmente encantada.

"Por favor, Ana. ¡Lo harás genial! ¡La música es tu vida! Sabes todo lo que hay que saber acerca del tema, y te encanta. En el programa, la clave consiste en elegir las canciones adecuadas y en hacer los comentarios oportunos sobre ellas, y puedo decir con toda certeza que tú eres la persona que conozco que sabe de más canciones y autores diferentes. Y no olvidemos que tú eres músico también. Un gran músico, por cierto."

"No seas pelota, José. No va contigo." Dijo Ana con un puchero.

"Venga, Ana. Estaré a tu lado ayudándote con los detalles técnicos. No tendrás que preocuparte de nada, ¡tan sólo usa tu magia!" Él se arrodilló en el suelo delante de ella con ambas manos juntas delante de la cara, para el regocijo de Kate y del resto de la gente que les rodeaba, y para la vergüenza de Ana.

"Vale, vale. Lo haré. ¡Lo haré! Pero, por favor, para ya. ¡Para ya!"

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Christian dibujó una falsa sonrisa en su atractivo rostro y dio una apretón de manos a, probablemente, la centésima persona de la noche. Se sentía realmente cansado y cabreado. Estaba exhausto de los hombres aduladores y de las mujeres que se le tiraban encima sin parar. Sentía que todo el mundo a su alrededor quería algo de él. Nadie quería conocerle de verdad. A nadie le importaba en realidad. De hecho, a él tampoco le gustaría conocer al verdadero Christian Grey.

"¡Oh, Sr. Grey! Tiene que decirnos cuál es su secreto; ¿cómo es posible que haya construido un imperio como el suyo siendo tan joven, y sólo en cinco años?" Dijo una mujer de unos cuarenta años pestañeando coquetamente.

"Sra. Gardner, la clave es trabajar duro y rodearte de un buen equipo. La mitad de mi éxito se lo debo a los profesionales que me rodean." Christian contestó, mientras mantenía su falsa sonrisa. No podía aguantar más y necesitaba salir de allí en aquel preciso momento. Sacó su Blackberry del bolsillo simulando un falso mensaje. "Bueno, tendrán que disculparme; me temo que hay algo importante que necesita mi atención." Sonriendo al gentío que le rodeaba, salió de la sala. Con un ligero movimiento de cabeza, Taylor, su jefe de seguridad, le siguió hacia la entrada principal.

"¿A dónde quiere ir, señor?"

"A Grey House."

Christian se relajó en el coche. Se aflojó la corbata y desabrochó los dos primeros botones de su camisa. Sabía que esas fiestas eran parte de su trabajo, especialmente las que se organizaban antes de las Navidades, pero cada vez le resultaba más difícil lidiar con ellas. Lo que sí era cierto es que la gente se volvía más blanda alrededor de estas fechas y era mucho más fácil hacer buenos negocios. De todas maneras, necesitaba relajarse. Podría llamar a su actual sumisa para que hiciera que se sintiera mejor. Sí, podría follarle la boca, y después follarle tan fuerte que le hiciera perder el sentido. Pero era martes y, de hecho, tampoco estaba de humor. Quizás también se estaba cansando de eso. Realmente, había una sola cosa que lograba calmarle. No quería admitirlo, pero sólo pensando en esos ojos azules, los más azules que jamás había visto, lograba calmarse de verdad. Su recuerdo todavía estaba fresco en su mente. Su hermoso rostro. Su mirada hipnotizante. Su preciosa voz. Su maravillosa sonrisa. Sus suaves labios. Pero también recordaba cómo se sintió en el momento en que supo que se había ido. No quería volver a sentirse así jamás. Su corazón se rompió en mil pedazos aquel día, aunque, en el fondo, sabía que era lo mejor para ella.

Llegaron al garaje del impresionante edificio de oficinas que albergaba su empresa y Christian salió del coche sin esperar a Taylor. "Taylor, puedes irte a Escala. Volveré por mi cuenta. El R8 está aparcado aquí." Taylor iba a replicarle cuando la mirada de advertencia de Christian le persuadió de hacerlo. Prefería no cabrear a su jefe. "De acuerdo, señor. Buenas noches," dijo sin más.

Christian se dirigió al ascensor y apretó el botón a la vigésima y última planta, donde se encontraba su oficina. Los pasillos estaban a oscuras, sólo las luces de emergencia brillaban débilmente, dibujando sombras extrañas sobre las paredes y los muebles.

Cuando llegó a su oficina, apretó su frente contra el frío cristal de los enormes ventanales que ofrecían una impresionante vista de Seattle. Dirigió su mirada hacia abajo y observó a las pequeñas figuras que caminaban por las calles en fila india, como hormiguitas. Observó los coches moverse en una extraña carrera donde se le antojó que perseguían a algo o a alguien. Las brillantes ventanas de los edificios colindantes, mostrando vidas privadas; cientos de historias diferentes detrás de ellas, como en un teatrillo de marionetas. Se sintió pequeño y distante ante ese fascinante espectáculo. También se sintió nostálgico. Notaba que algo le faltaba. Y decidió que tampoco estaba de humor para trabajar.

Entonces oyó un ruido parecido a una risita de niño, y música. Comenzó a caminar buscando la fuente de ese sonido y se dio cuenta de que el departamento de informática estaba iluminado. Barney estaba allí, sentado delante de su ordenador, masticando un muffin de arándanos mientras tecleaba, rodeado de múltiples vasos de café vacíos. Estaba escuchando música clásica proveniente de su ordenador.

"Es un poco tarde hoy, Barney." Christian dijo con los brazos cruzados sobre su pecho y una media sonrisa en su cara. Pensó que tendría que aumentarle el sueldo a Barney si éste se quedaba hasta tan tarde tan a menudo. A Christian le gustaba Barney. Era un tío raro, muy peculiar, pero era extremadamente inteligente y eficiente, y siempre pensó en que era alguien en quien se podía confiar. Esa fue la razón por la cual le convirtió en jefe del departamento de informática.

"Oh, buenas noches Sr. Grey." Barney contestó mientras se limpiaba las migas de muffin del pecho con el dorso de la mano. No estaba sorprendido en absoluto de ver al Sr. Grey en la oficina cerca de la media noche; su jefe era un auténtico adicto al trabajo. "Estoy revisando algunos protocolos del sistema de seguridad, y es mejor hacerlo fuera de horas de oficina."

Christian apoyó su espalda en una columna, cruzó sus piernas y metió las manos en los bolsillos de su pantalón. "Nunca imaginé que te gustara este tipo de música. Es la número 5 de las Bachianas Brasileiras, ¿no?" Christian preguntó divertido. Sentía que podía relajarse con este tipo. Ellos eran dos inadaptados; muy diferentes el uno del otro, pero inadaptados al fin y al cabo.

"Oh, creo que sí. Quiero decir… nunca había escuchado esta pieza hasta hace cinco minutos. Pero, realmente me gusta. De hecho, estoy escuchando un programa de radio que me recomendó un amigo mío hace unas semanas. Es un programa donde hay una chica que pone una selección muy ecléctica de diferentes piezas musicales, y después explica algo sobre ellas; sobre el autor, o algo relacionado con la canción. Creo que es interesante."

"Me encanta esta pieza. ¿Cuál es el nombre de la radio?" Algo había llamado la atención de Christian.

"Es la radio del campus de la Universidad de Washington, en Vancouver. La llevan estudiantes del mismo campus. Este amigo mío estudia allí y me contó acerca de este nuevo programa, que empezó hace unas semanas. Dura de las 23:00 a la 1:00 h, cada martes y jueves." Christian asintió con la cabeza en silencio. No sabía que la Universidad de Washington tuviera una radio. Él había invertido en la división de agricultura y también había donado el dinero necesario para la creación de una nueva banda de música al inicio del actual año escolar.

La música acabó y una dulce y acogedora voz femenina volvió a capturar su atención.

"Bueno, chicos, habéis escuchado la maravillosa Aria número 5 de las Bachianas Brasileiras, una mezcla perfecta entre Johan Sebastian Bach y el folclore brasileño creada por el singular Heitor Villa-Lobos." Christian se quedó sin aliento al escuchar esa voz. Le resultaba familiar. "Ahora, quiero mostraros una última canción para acabar el programa de hoy. Prestad atención a la letra, como siempre. Soy Sol de Medianoche y esto es Dark Side de Kelly Clarkson. Dedicada al chico con los ojos más bonitos y tristes que jamás he visto. Para ti."

Sonaron las primeras notas de la canción, con su característico inicio imitando una caja de música, y Christian entró en una especie de estado de trance. 'Para ti…' Su voz era hipnotizante.

"Siempre dedica la última canción a ese tipo. Sol de Medianoche, como en el círculo Polar Ártico… es genial, ¿no?" Barney dijo de forma despreocupada mientras tecleaba. Christian meneó su cabeza y suspiró.

Mientras tanto, en Vancouver, Anastasia se reclinó en su silla de oficina.

"¿Me dirás algún día quién narices es ese tipo?" José le preguntó a través de los auriculares. Ella se giró con la silla y movió su dedo índice de derecha a izquierda de forma repetida en señal de negación con una media sonrisa. Luego, volvió a girarse y comenzó a cantar. Le encantaba esa canción. Para ella, todo el mundo tenía un lado oscuro, y otro brillante y resplandeciente. Como ese chico de los ojos grises…

José disfrutaba de la voz de Ana. Tenía una preciosa voz. Ella era preciosa por fuera y por dentro… pero él sabía que nunca sería suya. Para ella, él era sólo un buen amigo, casi un hermano. Sintió una punzada en el pecho. Luego, con una sonrisa malvada, apretó deprisa los botones necesarios para hacer que los oyentes pudieran escuchar a Ana cantando.

Like a diamond from black dust / Como un diamante que proviene de polvo negro

It's hard to know what can become if you give up / Es duro saber qué es lo que puede pasar si te rindes

So don't give up on me / Así que no te rindas conmigo

Please remind me who I really am / Por favor, recuérdame quién soy en realidad

Everybody's got a dark side / Todo el mundo tiene un lado oscuro

Do you love me? Can you love mine? / ¿Tú me quieres? ¿Podrás querer el mío?

Nobody's a picture perfect / Nadie es un cuadro perfecto

But we're worth it, you know that we're worth it / Pero lo valemos, sabes que lo valemos

Will you love me? Even with my dark side? / ¿Podrás quererme? ¿Incluso con mi lado oscuro?

Don't run away. Don't run away / No te vayas. No te vayas

Just tell me that you will stay. / Sólo dime que te quedarás.

Promise me you will stay / Prométeme que te quedarás

Don't run away. Don't run away / No te vayas. No te vayas

Just promise me you will stay. / Sólo dime que te quedarás

Promise me you will stay. / Prométeme que te quedarás

Will you love me? / ¿Podrás quererme?

Christian tensó su espalda al notar escalofríos recorriendo su espina dorsal. Esa voz tan dulce… Cerró los ojos y se concentró en la voz y en la letra de la canción. "No te rindas conmigo… Recuérdame quién soy en realidad… Todo el mundo tiene un lado oscuro… ¿Me querrás?" Su corazón le latía fuertemente en el pecho, conectando la letra de la canción con las palabras que esa chica le había dicho hacía cinco años… "Sólo tienes que seguir intentándolo." Miró a Barney, con miedo a que él pudiera escuchar los latidos golpeando sus costillas sin piedad.

"Guau, ¿tiene una buena voz, eh?" Dijo Barney de manera casual. Christian asintió y tomó aire. "¿Se encuentra bien, Sr. Grey?"

Christian tomó otra gran bocanada de aire y se sintió extraño. Una mezcla de sentimientos se le acumulaban en el pecho; una extraña sensación de calma con una ligera pincelada de dolor. Pero la soledad había desaparecido. "No estoy seguro Barney, pero creo que estoy bien."

Cuando Ana se dio cuenta de lo que José había hecho ya era tarde. Se sonrojó furiosamente y dibujó con el dedo una línea a través de su cuello mirando a José de manera asesina directamente a los ojos. Él se rió.

"Bueno, chicos; damas y caballeros, este ha sido mi regalo de Navidad para todos ustedes, la maravillosa voz de nuestra encantadora y extremadamente tímida Sol de Medianoche."

Ana suspiró. "Bueno, sí. Esa era yo." Ana cubrió el micrófono con la mano y dijo: "Esta me la pagas, José" pero, a pesar de su gesto, la frase pudo ser oída por la audiencia en una voz ahogada.

Christian, quien estaba escuchando atentamente desde Seattle, automáticamente sintió una sensación que comenzó en su pecho y acabó en su cara… caliente y vibrante… ¿quizás eran celos? Apretó sus labios en una línea fina. ¿Quién era ese José que estaba burlándose de esa encantadora chica?

"De todas maneras, Feliz Navidad a todos," prosiguió Ana. "La radio permanecerá cerrada debido a las vacaciones hasta enero, así que Feliz Año Nuevo también para todo el mundo. Y no os olvidéis de compartir vuestros comentarios, anhelos y preguntas con nosotros. Ya sabéis, escribid al e-mail de la radio con el asunto 'Sol de Medianoche'. Sed buenos y sentid la música."

Después de recoger todo en el estudio, José y Ana se fueron a casa. Se despidieron en el aparcamiento con un abrazo y Ana entró en su coche. Tras varios minutos en blanco, levantó la tapa del espejo del asiento del conductor y se miró a los ojos. ¿Qué probabilidad había de que él la estuviera escuchando? ¿Por qué demonios tenía que hacer lo mismo todas las noches? Era una tonta, pero necesitaba hacerlo. Quizás… quizás algún día le encontrara de nuevo.

Christian entró en el Audi R8 Spyder para ir a casa. Permaneció sentado en el asiento del conductor, y levantó la tapa del espejo. Dos profundos pozos gris oscuro le miraban. Había algo… algo en esa voz, algo en su forma de hablar y en las cosas que había dicho. 'No más soledad' susurró para sí mismo.


Canciones de este capítulo:

Momento Scarvo, Gaspard de la Nuit. Maurice Ravel.

Bachianas Brasileiras nº5, Aria. Heitor Villa-Lobos.

Dark side. Kelly Clarkson.

¡Espero que os haya gustado! Vuestros comentarios son bienvenidos.

Y recordad que tenéis todas las canciones que utilizo en la historia disponibles en Spotify y/o YouTube (echad un ojo a mi perfil).