CAPÍTULO 5

"Aquí tienes, el guion del próximo programa." Le dijo Ana a José entregándole un dossier de cartón. "Encontrarás las canciones que he elegido en orden de aparición y un poco de información sobre ellas. Estoy segura de que están todas en nuestros archivos."

José echó un vistazo y silbó. "Guau, Ana, vaya trabajazo que te has pegado con esto. Y… ¿estás segura de esto?" Añadió señalando a la última parte del guion.

"Por supuesto que sí. Tenemos que mantener el interés de nuestra audiencia… y además, es algo que tengo que hacer." Dijo sonriendo. José también sonrió ante la idea de escuchar de nuevo la hermosa voz de Ana.

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Al día siguiente, Christian estaba sentado en el despacho de su ático, delante de su ordenador portátil, bebiendo de una copa de vino blanco. Eran casi las once de la noche. Se levantó de su silla y miró a través del ventanal hacia el iluminado contorno del Seattle nocturno. De repente, una melodía llenó el espacio de la habitación, anunciando el inicio de lo que tanto estaba esperando. Se quitó la chaqueta y se volvió a sentar, agarrando con fuerza ambos reposabrazos.

"Buenas noches chicos, bienvenidos de nuevo a la radio de la Universidad Estatal de Washington. Soy Sol de Medianoche y pretendemos llenar vuestros corazones y vuestras almas con buena música."

Christian cerró los ojos y sintió esa voz envolviéndole como una cálida brisa. Era la voz más sexy que jamás había oído, con un toque dulce y picante harmoniosamente mezclados en un resultado perfecto, que hacía que se derritiera por dentro. ¿Cómo era posible quedar hipnotizado sólo escuchándole, como si se tratara del canto de una sirena? Soltó el aliento que estaba reteniendo sin darse cuenta y se relajó, aflojándose la corbata y reclinándose en la butaca.

"¿Qué tal vuestras vacaciones? Las mías fueron como poco… interesantes." Ana hizo una pausa de efecto. Estaba pensando en ese tipo misterioso. ¿Estaría escuchándole en ese preciso momento? "Bueno, tengo que daros las gracias por vuestra increíble respuesta después del último programa. ¡Jamás hubiéramos esperado tantos e-mails!"

Christian seguía reclinado en la butaca con los ojos cerrados. ¿Se estaría refiriendo al e-mail que él le había mandado como 'interesante'? ¿Y por qué demonios se extrañaba de que la gente se volviera loca escuchando su preciosa voz? Para él era simplemente cautivadora…

"Quiero empezar este nuevo año con un clásico. Ya sabéis que adoro los clásicos. Esta canción fue escrita por Screamin' Jay Hawkins en 1956. Inicialmente, comenzaba como una canción que nos hablaba del amor perdido, para después transformarse en algo más violento, donde Hawkins clamaba la posesión de su esposa. Se convirtió en todo un éxito rápidamente y fue versionada en múltiples ocasiones por diversos artistas. La versión de Nina Simone es una de las más conocidas. Ella transformó esta melodía en una excitante canción de amor, acompañándola con viento y cuerda, y se ha convertido en una de sus canciones más conocidas. Disfrutad de este I put a spell on you… sobretodo tú, Cincuenta.

Christian abrió los ojos abruptamente, mirando a la pantalla del ordenador con los ojos bien abiertos y las palmas de las manos apretadas sobre la mesa, para reafirmarse en lo que acababa de oír. ¿Acababa de mencionarle en ese preciso instante? Sonrió ampliamente, mostrando su perfecta dentadura, y se reclinó de nuevo en la butaca, quitándose la corbata del todo y tirándola sobre la mesa, mientras las notas sexys de la canción llenaban el ambiente, haciéndole sentir sexy también. Suspiró. No sólo estaba dirigiéndose a él, sino que estaba empezando un juego, ¡y a él le encantaba jugar!

Anastasia disfrutó muchísimo con el programa. Adoraba el efecto que la música podía tener sobre las personas; desde calmar tu alma hasta encender tu espíritu. Creía en la idea de que, con sólo una canción, podías ir del infierno al cielo; de estar perdido a encontrar tu camino. Se preparó para la última parte del show, acoplando su teclado al sistema de sonido para permitir que pudiera ser escuchado a través de las ondas, mientras que los gemidos de Radiohead hablaban acerca de querer un cuerpo y un alma perfectos. Se giró hacia José un poco nerviosa, y él le devolvió una sonrisa tranquilizadora, levantando sus pulgares hacia arriba.

Christian disfrutó también con el programa. Le gustaba la música que ella elegía; encajaba perfectamente con él, como si le conociera. También adoraba los comentarios que ella hacía acerca de las canciones. Parecía una mujer tan interesante, alguien con quien poder pasar el rato, hablando de cualquier cosa. Cerró sus ojos de nuevo, y comenzó a imaginarse cómo sería ella. ¿Sería alta o bajita? ¿Delgada o voluptuosa? ¿Cuál sería su color de pelo? ¿De qué color serían sus ojos? No le importaba. Le encantaría sentir su aliento en la piel mientras ella le cantaba suavemente al oído. Sintió un escalofrío recorriéndole la espalda al pensarlo. También estaba seguro de que su olor sería delicioso, como su voz, dulce y picante al mismo tiempo; terriblemente sexy. De repente, el olor de esa chica, Annie, colapsó sus sentidos, haciendo que escapara un suave gemido de su boca. Sacudió la cabeza para recuperarse. ¿De verdad querría encontrarse cara a cara con ella? ¿De verdad estaría dispuesto a mostrarle su verdadero yo? No estaba tan seguro de ello. No era tan valiente.

Ana cerró los ojos y tomó una gran bocanada de aire, para calmar sus nervios. Todas las conversaciones que había tenido con sus padres en las pasadas vacaciones le habían hecho pensar. Y había llegado a una simple conclusión; fuera como fuera, estaba conectada a él, al chico de ojos grises. Estaba segura de que simplemente se había tratado de un encuentro aislado, una de esas cosas que te pasan una vez en la vida y que se quedan grabadas en tu mente y en tu alma para siempre. No esperaba mucho más de ello, pero tampoco sentía la necesidad de pasar de página todavía. Estaba cómoda con su situación. Estaba sensible, pero no triste. Había asumido que eso era todo, y se sentía conforme así. La canción de Radiohead acabó y ella comenzó a hablar.

"Todo el mundo necesita un poco de control, ¿no?" Dijo refiriéndose a la canción que acababa de terminar. "Pero todos tenemos que elegir qué significa control para nosotros. Últimamente he estado pensando… Tú, mi chico perdido, fuiste como una sombra en un sueño, el mejor sueño que nunca haya podido tener. No estoy ni enfadada ni triste. Quizás soy un poco cobarde, pero todavía no quiero que esto acabe. No sé por qué, pero me haces sentir bien, así que… ¿por qué dejar de pensar en ti?"

Anastasia suspiró y tragó saliva. Christian estaba escuchando intensamente, intentando absorber cada palabra como si su vida dependiera de ello.

"Tomaré prestada, pero sin robarla (*), esta maravillosa canción de Gavin DeGraw. Es del álbum Sweeter del 2011 y se llama Spell it out. Prestad atención a la letra, como siempre. Es la mejor manera que tengo de comunicarme contigo." Entonces ella comenzó a tocar el teclado y a cantar, derramando su alma en la música.

With my eyes wide open / Con los ojos bien abiertos

And with words unspoken / Y con palabras no dichas

I still understand / Todavía entiendo

And I'm reading your mind / Y estoy leyendo tu mente

Using every outline usando / cada una de las líneas

You're drawing in my hand / que dibujas en mi mano

Feel your fingers / Siento tus dedos

I'm in way too deep / Estoy demasiado inmerso

To wake up. Step out / Para despertar. Y salir

Cause I'm really getting used / Porque me estoy acostumbrando

to being in this dream / a estar en este sueño

You know what I mean / Sabes a qué me refiero

I can't find / No puedo encontrar

Any reason I would ever wanna turn back now / Ninguna razón para querer volver atrás

Once you spelled it out / Una vez que lo deletrees

Christian sintió de nuevo el abrazo de su dulce voz perfectamente afinada. Sintió una leve opresión en el pecho. No era un dolor agudo; era más parecido a un dulce anhelo. Se miró las manos, que estaban en su regazo, y se tocó la punta de los dedos. Allí estaba Ella de nuevo, atravesando su corazón con esos ojos azules, tan grandes e inocentes. Imaginó que era ella quien estaba cantando para él.

When I first met you / La primera vez que nos vimos

There were things I'd been through / Había cosas por las que había pasado

That I would never tell / Que nunca hubiera confiado a nadie

But it was almost as if / Pero fue casi como si

You already knew my language / Tú conocieras realmente mi lenguaje

Cause you'd been there yourself / Porque también hubieras pasado por lo mismo

'¡Oh, Sol de Medianoche, has vuelto a dar en el clavo!' pensó Christian. Recordó la forma en que Ella le miraba ese día en la tienda de pianos, como si Ella fuera capaz de ver a través de él y darse cuenta de toda su mierda, pero, aun así, aceptándole sin reservas. La canción realmente le iba que ni pintada. Sonrió tristemente, con ese anhelo que sentía agarrado en el pecho. 'Se marchó, pero fue para bien. Fue lo mejor para ella,' pensó. Al menos, ahora podía compartir ese anhelo con Sol de Medianoche. Parecía que ella estaba en la misma situación que él.

Ana derramó toda su nostalgia en la canción. Había demasiadas cosas que decir. Si sólo le estuviera escuchando… ¿Le haría sentir mejor esta canción? ¿Estaría cargando todavía con toda esa ira y esa tristeza? ¿Sería capaz de encontrar el correcto significado en sus palabras? Sintió su ardiente mirada gris abrasando su interior, desatando su alma, acelerando su pulso. Incluso podía sentir su aroma e imaginarle atrapándola en un fuerte abrazo.

Come on, we can leave the world behind / Vamos, podemos dejar el mundo atrás

Close the curtains, shut out the light / Cerrar las cortinas, apagar las luces

Just state the good / Sólo contar lo bueno

Don't let me go / No me dejes ir

Don't tell me I should / No me digas que debería

Wake up / Despertarme

Step out / Salir

Cause I'm really getting used / Porque me estoy acostumbrando

to being in this dream / a estar en este sueño

You know what I mean / Sabes a qué me refiero

I can't find / No puedo encontrar

Any reason I would ever wanna turn back now / Ninguna razón para querer volver atrás

Once you spelled it out / Una vez que lo deletrees

Ana sintió su alma drenada después de acabar la canción, y sonrió mientras una solitaria lágrima se deslizaba por su mejilla. Susurró su despedida.

"Bueno, parece que yo no tengo control en absoluto sobre mí misma," se rió tristemente. "Espero que os haya gustado, que te haya gustado. Estaremos de vuelta en dos días. Sed buenos y sentid la música."

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Grace estaba encantada con el comportamiento de Christian en las últimas semanas. Estaba tan feliz, que no dudó ni un segundo en compartir su alegría con una de sus mejores amigas, Elena.

"Está más tranquilo, y un poco más cariñoso. A veces sonríe... ¡e incluso le vi riéndose en Navidad y en Fin de Año!" Dijo Grace juntando sus manos sobre su pecho.

"Vaya, querida, eso es fantástico." Respondió Elena con una sonrisa falsa. "Y… ¿conoces el origen de este cambio en Christian? ¿Te ha comentado algo él mismo?" Elena estaba muy enfadada con Christian. No había recibido ninguna llamada suya en demasiado tiempo, y además, estaba enterada del fin del contrato con Susannah. Sospechaba que había algo o alguien interfiriendo, y quería conocer quién o qué estaba provocando todos estos cambios.

"No tengo ni idea, Elena. Sabes que mi hijo es una persona muy reservada. Y no tengo ningún interés en molestarle. ¡Para mí, verle feliz es suficiente!"

"Por supuesto, Grace."

En ese momento, Christian entró en la habitación. Grace le recibió cálidamente, mientras que Elena mantuvo su habitual frialdad.

"Aquí está. Desde las vacaciones de Navidad, viene cada domingo para comer." Grace le dijo a Elena con entusiasmo. "¿Cómo estás, cariño? Me alegro de verte." Grace se acercó a Christian y le besó en ambas mejillas.

"Estoy bien, mamá. Elena." Christian contestó con afecto a su madre, y después se dirigió más fríamente hacia Elena.

"Hacía mucho tiempo que no nos veíamos, Christian. Te echo de menos." Elena se acercó a él y le besó en la mejilla.

"Elena, sabes que soy un hombre muy ocupado." Christian percibió algo diferente en Elena. Notaba su habitual arrogancia y frialdad, con ese halo dominante que solía excitarle tanto cuando era más joven, pero en ese momento había algo más; una especie de rabia contenida, sólo visible por un casi imperceptible brillo en sus ojos. Esa mirada probablemente le habría asustado en el pasado, pero en ese momento sólo le cabreaba aún más.

"Sé que estás ocupado, pero necesito hablarte sobre algunos asuntos que tienen que ver con nuestro negocio en común. Quizás podríamos quedar este martes que viene para cenar en el Mile High Club. Me puedes recoger a las 19:00 h." Elena le ordenó con una sonrisa de suficiencia, sintiéndose satisfecha.

"Mis inversiones siempre son una de mis prioridades, Elena. Si tienes cualquier problema referente a nuestro negocio, estaré encantado de echarte una mano, pero ni el martes ni el jueves. Quedaremos el miércoles. Enviaré a alguien a recogerte y quedaremos en el restaurante." La sonrisa de Elena de esfumó en una línea recta y los agujeros de su nariz se ensancharon, mostrando su fustración.

"Por supuesto, Christian. Hasta el miércoles entonces." Elena contestó con una sonrisa de pega.

Christian le dijo adiós con la mano, sonriendo prepotentemente, y se giró hacia su madre, quien era completamente ajena al toma y daca entre ellos dos. Él enredó su brazo con el de su madre y fueron al encuentro del resto de la familia.

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Ana estiró los brazos juntando las manos delante del pecho mientras hacía movimientos de rotación con el cuello. Cuando acabó, agitó las manos para relajar sus músculos y dio un gran suspiro. La atmósfera a su alrededor era cálida, y estaba llena de los sonidos discordantes de los diferentes instrumentos de la orquesta; el sonido agudo de las flautas, el grave murmullo del celo, las dulces y harmoniosas notas del violín y el nostálgico gemido del saxofón, todos juntos formando una especie de melodía selvática en el transfondo.

"No puedo esperar a escuchar el sonido de tu piano, Ana. ¿Estás lista?" Le preguntó el Sr. Clayton con una sonrisa amable.

"¡Sí, por supuesto! Sólo estaba calentando un poco y haciendo ejercicios de relajación." Ana contestó. La última vez que había tocado había sido hacía casi ya un mes, y enfrentarse al público siempre era un reto para ella.

"Me alegro de que estés preparada, Ana… Tengo algo que decirte." Dijo el Sr. Clayton con brillo en sus ojos. "Hoy habrá alguien observándonos desde las gradas. Alguien relacionado con el mundillo musical de Seattle, con un montón de contactos e influencia. He hablado de ti con él."

"¿De verdad?" Ana abrió sus ojos ampliamente y se tocó los labios con la punta de los dedos (esa maldita costumbre otra vez).

"No te pongas nerviosa, Ana. ¡Siempre lo haces bien! Sólo sé tú misma." Le aseguró el Sr. Clayton poniendo sus manos en los hombros de ella.

"Gracias, Sr. Clayton. Lo haré lo mejor posible."

El concierto fue un completo éxito. El Sr. Clayton, como director de la orquesta, estaba encantado y lleno de orgullo por sus discípulos, especialmente por Ana. Ella era una artista tan completa; si sólo pudiera superar su timidez. Se mantenía tozudamente escondida tras su piano, al fondo del escenario, siempre intentando mantenerse en un segundo plano. Pero cuando comenzaba a tocar, no podía evitar crecer, y era imposible no perderse en su grandeza. Se podía sentir su propia alma, su amor, su odio, su tristeza y su felicidad, que se derramaban en cada una de las notas que tocaba con tanta destreza, subyugando a la audiencia a su voluntad.

Ana estaba charlando con sus compañeros al pie del escenario justo después del concierto, todos ellos orgullosos del trabajo bien hecho, cuando el Sr. Clayton se acercó a ella acompañado de otro hombre. Era alto y delgado, con una coleta pelirroja, vestido de manera casual y pendientes de aro en ambas orejas. De hecho, su apariencia era la de un artista bohemio. Lo primero que no le gustó a Ana fue su mirada; esos ojos azul oscuro que brillaban con una maliciosa chispa, y tampoco esa sonrisa prepotente en su cara.

"Ana, este es mi viejo amigo Jack Hyde, la persona de la que te hablé antes. Jack, esta es Anastasia Steele, una increíble músico y cantante, y una de las personas que conozco que más sabe acerca de música. También está en su último año de Literatura Inglesa." El Sr. Clayton conocía el secreto de Ana acerca de su alter ego como Sol de Medianoche, y él no quería que perdiera cualquier oportunidad que ello le pudiera ofrecer. Ana se sonrojó ante sus palabras.

"Encantado de conocerte, Anastasia. Ha sido un verdadero placer escuchar cómo tocabas. Era cautivador…" Hyde dijo con una voz cálida, que tanto se apartaba del frío reflejado en sus ojos.

"Encantada de conocerte, Jack. Muchísimas gracias, el placer ha sido mío. Llámame Ana." Ana percibió la discordancia entre su comportamiento, sus palabras y su mirada. Le pareció extraño, pero apartó ese pensamiento a un lado, quitándole importancia.

"Jack trabaja como editor jefe de la prestigiosa publicación musical 'Posesión universal', que tiene las oficinas centrales en Seattle," dijo el Sr. Clayton dando una palmada en el hombro de Hyde.

"¡Vaya! Así que tú eres ese H.J, ¿no? Ana dijo notando la sonrisa de Jack. Ella conocía su trabajo. "Creo que se trata de una publicación increíble, muy útil e interesante. Soy una lectora regular, especialmente de la edición digital." Ana confesó.

"¿De veras? De acuerdo, dime qué es lo que más te gusta." Dijo Jack cruzando los brazos en el pecho. Quería probar cuánto sabía Ana acerca de su revista.

'Posesión universal' era mucho más que una revista. Era una plataforma utilizada por muchos artistas (músicos, cantantes y escritores), que ofrecía interesantes contactos para hacer colaboraciones y facilitaba a los nuevos artistas la llegada al mundo de la música y que el público los pudiera conocer. También era conocido que los mejores escritores de canciones estaban detrás de los artículos que aparecían en esa publicación.

"Vale. ¿Por dónde empiezo? Primero, me gusta la diversidad de la música relacionada con la publicación, y la honestidad de los artículos. Son mucho más de lo que la gente espera. Estoy segura de que los artistas están deseando ser entrevistados para la revista porque eso significa que son considerados auténticos y genuinos. También me gusta la sección educativa, creo que es muy útil para estudiantes de música. ¡Ah, sí! Y también me encanta el título."

"Buena respuesta, Ana. ¿Qué te gusta del título…?" Preguntó el Sr. Clayton divertido.

"Simplemente me gusta; 'Posesión universal'. Es de una frase de John Lennon, ¿no?"

"La música es una posesión universal. Son las discográficas las que piensan que pertenece a alguien. Tienes razón, Ana. Estoy realmente impresionado." Los ojos de Hyde se oscurecieron ligeramente.

"Creo que soy una fanática de la música." Ana dijo encogiendo los hombros y evitando la mirada de Jack.

"Bueno, Ana. Creo que necesito fanáticos de la música como tú. Estoy seguro de que sabes escribir. Te tengo como lectora; me gustaría tenerte también cómo escritora. Los músicos se sienten más cómodos rodeados de sus colegas cuando tienen que hablar de ciertos temas… Además, trabajar en 'Posesión universal' te proporcionará muy buenos contactos. Envía tu currículum cuando acabes la carrera. Firmaremos un contrato de prueba de 6 meses."

Ana se quedó impresionada con la proposición. "Muchísimas gracias, Sr. Hyde. Lo haré, no le quepa duda. Y no se arrepentirá." Ana ofreció su mano a Hyde y una extraña sensación, un escalofrío, recorrió su espina dorsal cuando tomó contacto con la de él.

Justo al fin de la conversación, Ray, José y Kate aparecieron a los pies del escenario para felicitar a Ana y ella les explicó con todo detalle la inesperada oferta de trabajo con la que se había encontrado.

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Christian esperaba a Elena en su habitual mesa del Mile High Club, que estaba situada en una de las zonas privadas. Estaba sentado con la espalda recta, su brazo izquierdo sobre la mesa y su mano derecha posada de manera relajada en su regazo. Su mirada gris se dirigía a un punto indeterminado de la pared que tenía enfrente y sus labios estaban ligeramente entreabiertos, con una tímida sonrisa asomando en ellos. Estaba pensando en ella. De hecho, pensaba en dos mujeres a la vez; Annie y Sol de Medianoche, las dos mezcladas en un conjunto perfecto que le volvía loco.

"¿Christian? ¿Estás bien?" Preguntó Elena frunciendo el ceño. Llevaba puesto un vestido negro que enmarcaba sus curvas a la perfección.

"Oh, Elena. Estás aquí. Lo siento. Estaba distraído," contestó Christian, todavía sonriendo. Esto puso a Elena muy nerviosa, pero trató de esconderlo. Christian se levantó y retiró la otra silla para que ella se sentara.

"¿Qué te parece que pidamos primero y después hablemos de negocios?" Christian dijo sin esperar a que ella respondiera.

Cuando estaban acabando el plato principal, Elena empezó su interrogatorio.

"Christian, estás muy diferente últimamente… distraído sería el término adecuado."

"Vaya, esa palabra me resulta demasiado familiar últimamente…" Christian bromeó recordando las palabras de Susannah en la Sala de Juegos la última noche que estuvieron juntos.

"¿Hay algo que vaya mal? Estás tan distante… Creo que necesitas otra sumisa inmediatamente. Te enviaré una lista con las posibles candidatas mañana por la mañana sin falta." Christian miró fijamente a Elena con una ceja levantada. "Sí, Christian, lo sé. Sé que terminaste el contrato de Susannah."

"¿Y eso a ti qué te importa?" Dijo Christian con tono beligerante.

"Bueno, querido… Sé que tienes ciertas necesidades."

"¡Tú no sabes nada de mis necesidades! ¡Ya no!" Christian gruñó interrumpiendo a Elena.

"Nadie te conoce como yo. Y lo sabes, Christian."

"No estés tan segura de ello. Métete en tus asuntos, Elena. No te lo repetiré otra vez." Christian se levantó, dejando a Elena estupefacta y enfurecida.

Christian se dirigió directamente a la ducha al llegar a casa. El agua caliente le relajó de manera inmediata. Después de la ducha, se puso los pantalones del pijama y se dirigió a su despacho. Encendió el ordenador e hizo click en el botón de favoritos de la barra del explorador. Había guardado la dirección de la página de la radio hacía ya unos días. Ya era casi una rutina para él. En las últimas semanas, había estado escribiendo regularmente a Sol de Medianoche. Y ella le había estado contestando de la única manera que podía; con sus canciones, en la radio. Siempre eligiéndolas acertadamente, llegándole al alma. Se sentía como un adolescente. Era emocionante, pero en ocasiones también se sentía tonto. ¿Sería capaz de afrontar la realidad? ¿Sería capaz de quedar con ella algún día? Y si quedaban, ¿sería tan perfecto como él imaginaba?

Empezó a escribir:

Querida Sol de Medianoche,

¿Qué estás haciendo conmigo?

(*) En referencia a un verso de una canción de Gavin DeGraw del mismo álbum (Sweeter, 2011) titulada 'I call it stealing, you call it borrow' (yo lo llamo robar, tú lo llamas prestar).


Estas son las canciones de este capítulo:

I put a spell on you. Nina Simone.

Creep. Radiohead. (en la canción dicen: 'I want a perfect body, I want a perfect soul...' Es tan apropiada para Christian...)

Spell it out. Gavin DeGraw (¡Me encanta!)

Espero que os haya gustado este capítulo tanto como a mí escribirlo. ¡Espero vuestro feedback! ¡Besos!