CAPÍTULO 7

José salió del estudio sin esperar a Ana. Se fue corriendo hasta casi llegar al coche, y condujo hasta casa sin mirar atrás. Más tarde, se arrepintió de haberle dejado sola en ese aparcamiento oscuro a esas altas horas de la noche, pero simplemente no podía mirarle a la cara. Estaba realmente cabreado. ¿Por qué Ana no se daba cuenta de lo que tenía delante suyo? Durante los últimos años, había tolerado a todos esos chicos con los que Ana salía de vez en cuando porque sabía que en el fondo ella no estaba interesada en ellos, pero ahora… Ahora ella sentía algo realmente intenso por alguien; era claro como el agua. El fantasma de ese chico triste que Ana había conocido en el pasado, o como fuera que ella le llamaba, siempre había estado suspendido en el aire, pero era más bien un enamoramiento adolescente, o al menos eso parecía, y José siempre había tenido la esperanza de que Ana algún día dejara esa historia atrás. SE había estado engañando. ¿Quién demonios era ese tipo misterioso que le escribía? ¿Realmente le conocía? Y si no era así, ¿cómo era posible enamorarse de alguien a quien no conoces? Cuando ellos dos comenzaron a trabajar juntos en el programa de radio, José pensó que quizás era posible que su relación de amistad cambiara; trabajando mano a mano, a esas horas de la noche, con la música de fondo, con la intimidad de estar aislados en el estudio… pero Ana había seguido tratándole como siempre. Era un simple tonto. Ana estaba enamorada de otro tipo, y él se sentía perdido y decepcionado.

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Ana se levantó de la cama y fue a la cocina a prepararse algo de desayuno. Kate estaba muy ocupada tecleando furiosamente en su portátil, con una expresión de gran concentración, mientras bebía de su café.

"Buenos días, Kate. ¿Quieres que te prepare algo para comer, ya que pareces tan ocupada a pesar de ser tan temprano?" Le preguntó Ana bostezando.

"Gracias, cariño. Estoy bien. ¡Estoy tan nerviosa que no puedo comer nada en absoluto!" Kate contestó con una amplia sonrisa.

"¿Por qué estás tan nerviosa?" Ana le preguntó mientras se preparaba un té. Cogió una barra de cereales y le dio un bocado mientras observaba a su feliz amiga. Si a Kate no le apetecía nada, no se iba a poner a preparar nada para ella misma. "Por cierto, ¿me puedes prestar un segundo tu ordenador?" Se moría por ver sus e-mails. Se había pasado toda la noche soñando con todos los posibles escenarios derivados del programa de ayer, y todos ellos acababan de dos maneras bien distintas; o en un apasionado beso con Cincuenta, cualquiera que fuera su cara, o bien con ella misma tirada en el suelo llorando desesperadamente.

"Lo siento, no te lo puedo dejar. Estoy dándole los últimos retoques a esto, e investigando un poco más. Quiero que esta entrevista se convierta en un punto de inflexión en mi carrera… bueno, ya sabes, ¡en mi futura carrera profesional!" Kate hablaba muy deprisa, eufórica y muy ilusionada por aquello a lo que se estaba refiriendo. En fin, como siempre. Ana frunció el ceño y entonces Kate paró en seco su monólogo, lanzándole una mirada acusadora. "No tienes ni idea de lo que te estoy hablando, ¿verdad?" Ana intentó cambiar su expresión facial, pero no pudo engañar a Kate. "¡Madre mía, Ana! Toda tu atención está focalizada en una sola cosa últimamente…" Kate negó con la cabeza mientras sonreía y Ana se sonrojó levemente. "No te preocupes, no te culpo. Por cierto, me tienes que explicar de qué iba todo eso que hiciste ayer en el programa… Tu audiencia debe estar encantadísima; fue como escuchar a la perfecta enamorada… muy romántico, pero un poco raro también."

Ana esta vez se sonrojó furiosamente y le dio otro mordisco a su barra de cereales, evitando la mirada de su amiga. Este gesto hizo que Kate se riera. Avergonzada, Ana se mordió el interior de su mejilla.

"Bueno, gracias." Ana respondió levantando las manos y haciendo un gesto para entrecomillar sus palabras. "Te prometo que te explicaré toda la situación esta noche. Es verdad que he estado un poco distraída últimamente, y lo siento. De todas maneras, ¿me dirás ahora de qué se trata este proyecto que te traes entre manos? ¡Parece algo muy importante!"

"¡Sí! Se trata de esa entrevista que estuve intentando conseguir meses y meses. Hoy entrevistaré a Christian Grey, el magnate más poderoso de la costa oeste. Es una magnífica oportunidad. Concede muy pocas entrevistas, y sólo a medios de cierta relevancia, ¡así que estoy realmente contenta!"

"¡Oh, Kate, estoy muy orgullosa de ti!" Ana abrazó a su amiga afectuosamente. "¿Y por qué crees que te concedió la entrevista?"

"Bueno, ya sabes lo persistente que puedo llegar a ser…" Ana resopló ante el eufemismo. ¡Kate era la persona más persistente del planeta! "Además, el tipo tiene muchas relaciones con la universidad. Es el principal inversor del proyecto de agricultura ecológicamente sostenible del departamento de ciencias ambientales."

"Espera un momento. Este Christian Grey también es el inversor principal de la banda de música, ¿no?" Dijo Ana al recordar ese nombre.

"Sí, lo es. Y además será quien nos entregue los diplomas dentro de dos semanas."

"¡Guau, Kate! Debe ser un hombre de negocios muy importante, y un filántropo también. Parece un buen hombre."

"No sé, Ana. Hay muchísimas entradas sobre él en la red; también parece un desalmado hombre de negocios. Ya te diré una vez que le conozca."

"Vamos, Kate. Dale una oportunidad. ¡No puede ser tan malo!"

Terminaron su desayuno y Ana se preparó para sus clases. Tendría que esperar hasta la tarde para comprobar si Cincuenta Sombras había contestado; ahora la pelota estaba en su tejado.

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Christian corría por las calles vacías como si su vida dependiera de ello, siguiendo un ritmo castigador. Tenía el pelo pegado a su frente a causa del sudor, el cual también cubría su espalda y su pecho, haciendo que su camiseta se pegara a su cuerpo. Taylor intentaba seguirle de cerca. Una vez que llegaron al pequeño edificio, Christian paró en seco y entró. El portero les recibió con una sonrisa de complicidad y Christian se dirigió directamente hacia las escaleras. Necesitaba quemar el exceso de energía que estaba a punto de hacerle explotar. Esa pasada noche, se había quedado dormido con la dulce nana de Sol de Medianoche. Después, había soñado con todas las posibilidades que se le presentaban. Pero de hecho, no tenía opción; necesitaba conocerla, de la misma manera que necesitaba el aire para respirar. Fuera como fuera, tenía que hacerlo. Pero estaba asustado hasta la médula. Por suerte, su loquero tenía un hueco a primera hora de la mañana. Tenía que explicarle a Flynn toda la historia desde el principio.

John Flynn llegó a su oficina tras alertarle su secretaria de que un realmente alterado Sr. Grey le estaba esperando ya. Recorrió el pasillo de entrada y reconoció a Taylor sentado en una de las sillas de la sala de espera, ojeando una revista. El hombre le saludó brevemente con un golpe de su barbilla y prosiguió con su lectura. El Sr. Grey ya se encontraba dentro del despacho. Cogió aire y abrió la puerta. Christian caminaba de un lado a otro de la habitación, con los puños apretados a ambos lados de su cuerpo. Se giró rápidamente sobre sus talones cuando se dio cuenta de que alguien había entrado, y suspiró aliviado. Su cara mostraba un millón de emociones a la vez; esperanza, pérdida, quizás felicidad, pero el miedo era la más palpable de todas.

"Buenos días, Sr. Grey. Hoy se ha levantado más temprano que de costumbre, ¿no es así?" Flynn tomó asiento en su sillón e invitó a Christian a hacer lo mismo con un gesto de su mano.

"Necesitaba hablar contigo urgentemente, John. Siento haberte importunado." Dijo Christian sentándose en la butaca mientras se frotaba la cara con ambas manos.

John Flynn se sorprendió con el comportamiento de Christian. ¿De verdad se estaba disculpando? Tenía que tratarse de algo realmente serio comportándose de esa manera.

"Bueno, Christian, no te preocupes por eso. Por favor, cuéntame qué te pasa." Dijo él con cara de póker mientras cogía su libreta y su bolígrafo.

"He conocido a alguien, John." Christian no sabía cómo empezar a explicarle todo el lío que tenía en su cabeza.

"¿Te refieres a otra sumisa, Christian? Si no me equivoco, rompiste el contrato con Susannah hace ya algunos meses." Dijo Flynn mientras cogía algunas notas.

"No, no me refiero a ninguna sumisa, John. Quiero decir que he conocido a una mujer, pero no a una sumisa." Christian miró a Flynn directamente a los ojos. El doctor no podía creer lo que estaba oyendo.

"Eso es muy interesante, Christian. ¿Me podrías explicar entonces qué interés tienes en esta mujer?"

"Es inteligente, divertida y encantadora. También pienso que se debe tratar de una persona generosa, con un gran corazón. Estoy seguro de que podríamos pasar horas y horas hablando de cualquier cosa. ¿Sabes a lo que me refiero?" Christian miró al doctor con ojos de súplica.

"Creo que sí, Christian. Así que, ¿estás interesado en la amistad de esta mujer? Esto es una novedad…"

"¡Ni de coña! Me refiero a que creo que podríamos ser amigos, estoy seguro de que tenemos muchas cosas en común… y quizás ella me entendería. Pero quiero mucho más. No paro de pensar en ella. Ella me calma. Es como un ángel; tiene la voz más dulce que jamás he oído, y terriblemente sexy. Me he imaginado teniendo sexo con ella, de muchas maneras distintas," Christian cerró sus ojos por un segundo mordiéndose el labio inferior e inhalando profundamente "pero no en mi sala de juegos, y no como mi sumisa. Así que puedo asegurar que no estoy interesado en ella sólo como una amiga."

"¿Me estás diciendo que intentarías tener una relación estándar con esta mujer?"

Christian asintió con la cabeza lentamente. "Al menos lo intentaría."

"De acuerdo. ¿Has pensado en tu hafefobia? ¿Ella conoce de su existencia?"

"No todavía. Pero le he imaginado tocándome y no me he asustado demasiado." Christian dijo encogiéndose de hombros.

"Bueno, algo es algo. Pero es muy importante que habléis de ello." John estaba realmente contento por el cambio en el comportamiento de Christian. Había notado algún pequeño cambio hacía algunos meses, pero este era un gran paso hacia una vida mejor, más normal. "Así que, ¿hace cuánto que os conocéis? ¿Cómo es ella?"

"Le conozco desde las pasadas Navidades, pero no sé qué apariencia tiene. Es hermosa por dentro, y estoy seguro de que también lo es por fuera, pero no me importa. El problema soy yo; no estoy seguro de que le vaya a gustar una vez que me conozca. Me refiero al verdadero yo, no a mi apariencia. No cesa en su intento de asegurarme que no debo preocuparme por ello… bueno, a su manera, pero sé que soy un monstruo, y estoy muerto de miedo."

"Perdona, creo que no te he entendido." Dijo Flynn con una extraña expresión en su cara.

Christian repasó mentalmente todo lo que había dicho y se dio cuenta de lo absurdo que parecía. Empezó a reírse descontroladamente, con las dos manos sobre su abdomen; una risa catártica que duró varios minutos. Cuando acabó, se limpió las lágrimas que habían escapado de sus ojos y suspiró profundamente. "Perdona, John. Creo que me estoy volviendo loco."

John fruncía el ceño, sentado en su sillón con la espalda apoyada en el respaldo y las piernas cruzadas. "Bueno, te preguntaré algunas cuestiones simples primero, y después ya me darás más explicaciones." Christian asintió de nuevo. "De acuerdo; antes de nada, tú no eres un monstruo, Christian. No sé quién es esta mujer, pero tiene razón. Segundo, parece que conoces a esta mujer, pero no físicamente, así que ¿puedes decirme qué clase de interacción tenéis?"

"Ella lleva un programa de radio sobre música. Empecé a escucharle justo antes de Navidad."

Flynn asintió con la cabeza y tomó algunas notas en su libreta. "¿Ella sabe de ti?"

"Sí. Le he estado escribiendo mediante correo electrónico."

"¿Te ha contestado en alguna ocasión?" Flynn quería saber si toda esa relación que le contaba Christian era real o si por el contrario sólo se trataba de un enamoramiento ilusorio por parte de su paciente.

"Sí, de alguna manera, sí."

"¿A qué te refieres?"

"No le he dado mi dirección de correo electrónico, así que ha estado contestándome con sus palabras y sus canciones durante el programa de radio." John estaba a punto de hablar cuando Christian le interrumpió. "Quizás me equivoco, pero no estoy delirando; ella ha mencionado mi nombre y me ha hablado directamente. Puedes escuchar los programas, se quedan grabados en el archivo de la página web. Es la radio web de la Universidad de Washington. No paro de escucharlos una y otra vez."

"¿Le has dado tu nombre?" Flynn preguntó con sorpresa en su voz.

"No mi nombre real; un pseudónimo. Ella tampoco usa su nombre real. Creo que debe ser bastante tímida."

"¿Qué pseudónimo escogiste, y cuál es el suyo?" Flynn se moría de curiosidad.

"Yo soy Cincuenta Sombras y ella es Sol de Medianoche." Christian se encogió de hombros de nuevo.

"Interesante…" El doctor anotó algo más en su libreta y después colocó sus manos sobre sus piernas cruzadas. "Déjame hacer un breve resumen de la situación… Sientes una fuerte atracción por esta mujer, la cual conoces desde hace unos meses. Ahora, quieres dar un paso más y conocerla de verdad, y quizás construir una relación con ella. Ella parece ser que también presenta ciertos sentimientos por ti… ¿estoy en lo cierto?"

"Sí, creo que es un buen resumen de la situación." Christian dijo frotándose la barbilla con los dedos.

"Bien." Flynn sonrió satisfecho consigo mismo. "Entonces, ¿qué vas a hacer ahora, y qué es lo que te preocupa?"

"Ayer ella pidió que quedáramos, y estoy muy asustado." Christian pasó ambas manos por su pelo y tiró de él.

"Bueno, Christian, el inicio de una relación puede ser difícil a veces, y también puede dar un poco de miedo, pero creo que podrías intentarlo. Siempre teniendo en cuenta que puede ser duro y resultar que no sea lo que tú esperabas." De repente, un sentimiento paternal hacia Christian invadió a John. A veces se comportaba como un niño perdido.

"Me he dado cuenta de que no me queda otra opción, John; necesito conocerle y decirle todo lo que estoy sintiendo, si no me volveré loco."

"Bueno, Christian, tendríamos que ir acabando la sesión, pero quiero preguntarte otra cosa antes. Has dicho que no conoces su apariencia física, pero sin embargo sí que has pensado en el sexo con ella. ¿Le has imaginado cómo alguien que conoces?"

"Sí, John. De hecho, no puedo evitar ponerle siempre la misma cara, desde el primer momento en que escuché su voz. No sólo su cara, sino también el olor, y la atracción que sentí hacia una mujer que conocí en una ocasión. No sé la razón, pero cuando escucho su voz me siento de la misma manera que aquel día en el que conocí a esa chica; seguro, querido, y terriblemente atraído por ella. Aunque ella era sólo una niña, demasiado joven."

"¿Te refieres a esa chica de la tienda de pianos? ¿Annie? Bueno, creo que le has puesto esa cara a Sol de Medianoche porque ella te transmite la misma sensación de calma y seguridad. Creo que es bueno, Christian."

"Gracias por tu ayuda, John. Nos vemos en nuestra siguiente cita programada." Christian se levantó y ofreció su mano al doctor.

"Perfecto, Christian. Nos vemos el viernes que viene."

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Christian pasó toda la mañana pernsando en Sol de Medianoche. Estaba a punto de escribirle un correo electrónico, cuando alguien llamó a su puerta discretamente. Era Andrea, su asistente personal.

"Perdone, Sr. Grey. Su siguiente cita, la señorita Kavanagh, acaba de llegar al edificio."

Christian frunció el ceño. Había olvidado por completo esa entrevista con la persistente señorita Kavanagh. ¿En qué momento y por qué había accedido a ello? Ah, sí, era una especie de favor hacia su padre, el presidente de Kavanagh Media. Además, era otra oportunidad para hacer publicidad de su relación con la Universidad; primero el departamento de ciencias ambientales, después la banda de música, y ahora el periódico. Aunque los dos primeros realmente sí que eran proyectos importantes para él. Cerró su ordenador portátil y centró su atención en Andrea.

"De acuerdo, Andrea. Dirígela hacia mi despacho cuando llegue. No es necesario que vuelvas a llamar a la puerta."

Kate llegó puntualmente a Grey Enterprises Holdings, o casa Grey, como le llamaban. Era un impresionante edificio que se erigía como un gigante de vidrio y acero. El vestíbulo era tan impresionante como la parte exterior, básicamente hecho de piedra de arena y enormes ventanales, todo impecablemente limpio. La recepcionista anunció su llegada, le dio una identificación de visitante y le dirigió hacia el ascensor de la derecha. Apretó el botón de la vigésima planta y estiró sus ropas. Se sentía completamente preparada.

Christian se levantó de su silla cuando la señorita Kavanagh entró en su despacho. Claramente era una mezcla de su padre y de su madre. Estudió a la mujer que había delante suyo: curvas exuberantes, cabello rubio rojizo, unos profundos ojos verdes y un aura femenina pero dominante. Era bonita, pero de una manera convencional que no atrajo su atención especialmente.

"Buenos días, Srta. Kavanagh. Pase, por favor."

"Buenos días, Sr. Grey. Es agradable conocerle al fin. Sé que usted es un hombre muy ocupado." Dijo Kate recordando palabra por palabra el discurso que había practicado algunas horas antes mientras se daban la mano.

"Bienvenida, Srta. Kavanagh. Por favor, tome asiento."

La entrevista fue bien. Kate era más lista y más tolerable de lo que Christian había imaginado, y Christian era menos arrogante de lo que Kate esperaba. Él, de hecho, parecía un buen hombre, aunque en ocasiones un poco extraño. Hablaron sobre el mundo de los negocios, la crisis financiera y las oportunidades que esta crisis podía ofrecer a los nuevos emprendedores. También hablaron de la relación de Christian con la Universidad de Washington en Vancouver.

"Bueno, Sr. Grey. Usted es uno de los inversores más importantes de la Universidad de Washington en vancouver. ¿Puede decirme por qué está interesado en las secciones que usted apoya actualmente, y si estaría interesado en apoyar alguna más?" Preguntó Kate con seguridad.

"Bueno, invierto en el departamento de ciencias ambientales porque creo que su proyecto de agricultura ecológicamente sostenible es una de las mejores iniciativas relacionadas con esa área en la actual escena tecnológica. Los países del tercer mundo necesitan que ese tipo de proyectos se hagan posibles; será la manera de que algún día consigan ser autosuficientes." Kate asintió impresionada por su respuesta. "Por otro lado, me encanta la música; me ayudó en mi niñez y creo que es un importante método de educación y también de comunicación. Como dicen, la música expresa aquello que no se puede decir con palabras y aquello con lo que no se puede permanecer callado."

"Vaya, esa es una cita de Victor Hugo, ¿no?" Dijo Kate.

"Sí, lo es." Christian contestó sin ocultar su sorpresa. "¿Cómo es que conoce esa cita?"

"Bueno, mi compañera de piso la utiliza sin parar. Ella es músico." Dijo Kate encogiéndose de hombros. "¿Toca usted algún instrumento, Sr. Grey?"

"Sí, toco el piano desde que era un niño."

"Vaya, de hecho mi amiga es la pianista principal de la banda de la Universidad. Es un músico increíble." Dijo Kate con su voz llena de orgullo.

"No he tenido la oportunidad de oírles tocar, pero su reputación les precede. Parecen realmente buenos."

"Bueno, tocarán al final de la graduación, así que allí mismo tendrá la oportunidad de disfrutar de ellos."

La cara de Christian se iluminó por un instante. Había encontrado el momento ideal para encontrarse con su querida Sol de Medianoche.

"Por cierto, Srta. Kavanagh… ¿puedo preguntarle algo?" Christian dijo con esperanza.

"Por supuesto, Sr. Grey." Kate contestó educadamente.

"Un colega del trabajo me habló el otro día de un interesante programa de la radio de la Universidad, sobre de música…" Christian dejó caer las palabras.

"¿Está hablando del programa de Sol de Medianoche?" Christian asintió a las palabras de Kate, con los ojos abiertos como platos. "Es increíble, ¿verdad? Es una chica tan inteligente… me refiero a que es una gran profesional, y ha multiplicado la tasa de audiencia por diez, ni más ni menos." Kate estaba entusiasmada con que la fama de Ana hubiera traspasado las fronteras de la Universidad de Washington y llegara a los oídos de alguien tan importante como el magnate Christian Grey. No podía esperar a decírselo en persona.

"¿La conoce?" Christian contuvo el aliento.

"Oh, lo siento. Conozco a alguien que conoce su identidad, pero eso es todo. ¿Está pensando en invertir en la radio?" Kate preguntó extasiada. Se moría por decirle que sí que le conocía, que Sol de Medianoche era Ana Steele, y que ella era la mejor en su campo.

"Bueno, quizás sí. Y también estoy pensando en invertir en el periódico." Christian sonrió, intentando ocultar su decepción. Tendría que esperar hasta el día de la graduación. Quizás era lo mejor; si Sol de Medianoche también estaba a punto de graduarse tendría que estudiar para sus últimos exámenes, y él no quería interferir de manera negativa en algo tan importante.

Se levantaron de sus respectivos asientos para despedirse.

"Muchísimas gracias por la entrevista, Sr. Grey. Espero que nos encontremos de nuevo en la graduación; seré la encargada del discurso de clausura."

"Espero verle ese día, Srta. Kavanagh. Y quizás también pueda presentarme a esa fantástica pianista que es su compañera de piso." Christian dijo sonriendo.

"Por supuesto que lo haré. Hasta entonces, Sr. Grey."

Inmediatamente después de que Kate abandonara el despacho, Christian cogió su portátil. Finalmente se había decidido. Tenía que verle, y ahora ya sabía cómo. Tomando una gran bocanada de aire, empezó a escribir…

Querida Sol de Medianoche,

Eres una mujer realmente valiente, y estoy impresionado contigo. Eres la chispa que enciende mi alma oscura, y la única persona capaz de transformar a esta sombra gris en alguien lo suficientemente fuerte como para traspasar sus miedos. Será un honor si aceptas quedar conmigo en la Universidad de Washington el día de la graduación. Quiero que me mires a los ojos y mostrarte quién soy en realidad. Mi verdadero yo. Ahora sé que puedo confiar en ti. Te estaré esperando en la fuente de la familia Firstenburg después del concierto de clausura. Llevaré una rosa blanca en la solapa de mi chaqueta.

Hasta entonces, contaré impacientemente los minutos que queden para verte, escuchando tu dulce voz a través de mi ordenador e imaginando que me susurras al oído.

Sinceramente tuyo,

Cincuenta Sombras.

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Kate se dirigía hacia la planta baja en el ascensor. Se encontraba sola, con la mirada fija en la puerta, repasando mentalmente la entrevista. Había ido bien. Nunca pensó que ese gran magnate pudiera ser tan 'cercano'. Era algo raro en ocasiones, pero bastante agradable en realidad. Y la verdad es que era realmente atractivo y sexy, algo parecido a un súper modelo. Pero tenía esa aura dominante escondida debajo de esa sonrisa de escándalo que Kate encontró sospechosa. Había algo feo, algo oscuro en las entrañas de ese Christian Grey.

Las puertas del ascensor se abrieron y salió de él sin mirar. De repente, chocó con toda su fuerza contra alguien. Su bolso cayó al suelo estrepitosamente y sus manos se apoyaron instintivamente sobre un pecho ancho y muscular.

Elliot entró en Casa Grey silbando. Había convencido a Christian para comer juntos; su hermano pequeño necesitaba un respiro. Guiñó juguetonamente a la recepcionista, ganando una tímida sonrisa de la muchacha, y se dirigió hacia el ascensor. Cuando oyó el sonido que indicaba la apertura automática de las puertas, continuó caminando hacia ellas, sin darse cuenta de que alguien salía del ascensor. No pudo evitar chocar contra ella, con tal fuerza que tuvo que agarrarle por la cintura para evitar perder el equilibrio.

Cuando Kate sintió esas fuertes manos alrededor de su cintura, levantó su cabeza para encontrarse con una mirada intensamente azul en la cara más bonita que jamás había visto, enmarcada con unos rizos rubios y suaves, y la sonrisa más increíble de la faz de la tierra. Sintió que se derretía. Elliot no podía creer que el ángel que tenía entre sus brazos fuera real. Tenía los ojos más verdes que jamás había visto, la cara más dulce, y su cálido y exquisito cuerpo parecía simplemente estar hecho para su abrazo.

"Hola, ángel. Soy Elliot." Dijo él con una amplia sonrisa.

"Hola, preciosidad. Soy Kate." Dijo ella sonriendo de forma seductora.

Permanecieron durante un buen rato mirándose a los ojos con una sonrisa tonta en los labios.

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Ana entró en la biblioteca y se sentó de forma tosca delante de uno de los ordenadores que estaban situados en fila. Eran casi las cuatro de la tarde y todavía no había podido mirar sus e-mails. Estaba al borde de la locura; necesitaba una respuesta. Mientras la máquina se encendía, se preguntó acerca de Kate y se dio cuenta de que ella ya tendría que estar de vuelta. ¿Tenía que preocuparse? Echó un vistazo a su teléfono móvil y vio un breve mensaje de texto de su amiga diciéndole que llegaría tarde y que no se preocupara. Se encogió de hombros, y cuando la bandeja de recibidos apareció en la pantalla, toda su atención se centró en aquello, olvidándose por completo de todo lo demás. Contuvo el aliento y leyó su e-mail. Lo releyó, y después otra vez más. Cerrando sus ojos fuertemente con sus manos delante de su barbilla en dos puños apretados, siseó un fuerte 'sí', enfadando a la bibliotecaria. Articuló sus silenciosas disculpas a la mujer y, ocultando su risa, salió corriendo de la biblioteca.

Condujo hasta su apartamento con una gran sonrisa gravada en su cara. Por fin iban a conocerse. Sintió algo caliente expandiéndose en su pecho, como un globo haciéndose cada vez más grande, a punto de explotar. No podía respirar normalmente, pero se sentía genial. Más que genial; estaba llena de alegría. Aparcó el coche a unas calles de su apartamento e hizo todo el camino saltando como una quinceañera. Después, se dio una larga ducha y pasó el resto de la tarde hasta bien entrada la noche preparando su próximo programa. Le envió un mensaje de texto a Kate para comprobar que estuviera bien y ella le contestó que estaba a punto de volver hacia Vancouver.

Cuando estaba a punto de irse a la cama, Kate llegó. Tenía una gran sonrisa dibujada en su cara, sólo comparable con la de Ana.

"¡Oh, Ana, ha pasado algo increíble!" Dijo Kate cogiendo las manos de Ana con las suyas.

"Yo también tengo algo que contarte, pero tú primero." Contestó Ana con una sonrisa incluso mayor.

"¡Creo que estoy enamorada, Ana!" Kate soltó las manos de su amiga y puso las suyas en su pecho.

"¡Guau! ¿Con ese Christian Grey? ¿Cuántos años tiene?" Ana preguntó frunciendo el ceño.

"No, no es tan mayor, pero no estoy hablando de él. A ver, él es realmente un sueño; podría ser modelo, pero he conocido a su hermano Elliot y él es… ¡maravilloso! ¡Podría tratarse del hombre de mis sueños!"

"¡Ven aquí inmediatamente! ¡Tienes que contármelo todo!" Se sentaron las dos en el sofá y pasaron las horas siguientes hablando, comiendo pizza y bebiendo vino rosado del barato.

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Al día siguiente, José envió un mensaje de texto a Ana diciéndole que no se encontraba bien, y que habría otro técnico de sonido con ella. Ella intentó hablar con él, pero no contestó a ninguna de sus múltiples llamadas. Tenían planeado hacer un descanso antes de los exámenes finales y no habría otro programa hasta después de la graduación.

El programa comenzó a las once en punto. Ana estaba feliz. Ahora sabía a ciencia cierta que el programa constituía una línea directa con él, y lo sentía casi como una conversación convencional.

"Hola chicos, ¿cómo lo lleváis? ¡Yo me siento genial! Soy Sol de Medianoche y nos complace llenaros de buena música, ¡de la cabeza a los pies!"

Ana se rió, y Christian hizo lo mismo al escucharle. Tomó un sorbo de su vino y dejó la copa en la mesita de noche. Estaba echado en la cama, con la espalda apoyada en el cabecero, llevando sólo los pantalones del pijama, después de una ducha relajante. Su mente viajó hacia su hermano por un momento. Le había llamado en el último momento para cancelar su cita para comer juntos, y más tarde le había vuelto a llamar para contarle que había conocido a la mujer más increíble en la faz de la tierra. Elliot siempre estaba con chicas guapas; se había tirado al menos a la mitad de Seattle, y siempre estaba dispuesto a contarle todos los sórdidos detalles, pero esta vez no sólo le hablaba de la belleza de esa mujer, sino también de sus otras innumerables cualidades. Al final, resultó que esa mujer no era otra que la persistente Srta. Kavanagh. ¡Qué mundo más pequeño!

"Bueno, quiero comenzar hoy con una canción que me encanta: Rocketeer, de Far East Movement con Ryan Tedder de One Republic. Me llena de una especie de alegría, me transporta a un lugar mejor, lleno de esperanza. Sólo quería compartirla contigo. Y darte las gracias por dejarme acompañarte en este nuevo viaje. Gracias, Cincuenta."

Christian casi saltó de la cama, gritando de alegría mientras alzaba sus puños en el aire. Se arrodilló en la cama y cogió el portátil con ambas manos, elevándolo hasta que la pantalla quedó delante de su hermoso rostro. Sentía una emoción desconocida subiendo por su garganta. Deseó que ella estuviera allí para besarle con fuerza.

Here we go, come with me / Aquí estamos, ven conmigo

There's a world out there that we should see / Hay todo un mundo ahí afuera que debemos ver

Take my hand, close your eyes / Coge mi mano, cierra los ojos

With you right here, I'm a rocketeer. Let's fly / Contigo aquí soy capaz de pilotar un cohete. Vamos a volar

Ana se levantó de la silla y comenzó a bailar. Michael, el chico que sustituía a José, se rio divertido.

Where we go, we don't need roads / A donde vamos no necesitamos carreteras
And where we stop nobody knows / Y nadie sabe hasta donde llegaremos
To the stars if you really want it / Hasta las estrellas, si realmente lo quieres
Got a jetpack with your name on it / Tengo un propulsor con tu nombre en él
Above the clouds and the atmosphere / Por encima de las nubes y de la atmósfera
Say the words and we outta here / Sólo dilo y nos iremos de aquí
Hold my hand if you feeling scared / Coge mi mano si tienes miedo
We're flying up, up outta here / Volaremos, lejos de aquí

Los dos aceptaban esa nueva oportunidad que tenían, abrazándola con ambas manos. Tenían la oportunidad de caminar hacia delante, juntos.

Ana llenó el programa con diferentes tipos de música; desde Snow Patrol pidiéndote que abrieras los ojos hasta Terrorvision preguntándose si había vida en Marte. A Christian le encantaron todas, y no podía esperar a verle en persona.

"Bueno, estamos llegando al final del programa. Recordad que haremos un parón hasta después de la graduación. Después, ¡será nuestro último programa! Hoy no voy a cantar, quiero reservar mi voz para un momento muy especial en el futuro inmediato…" Ana suspiró y Christian contuvo el aliento. "Pero quiero compartir con vosotros, contigo, una última canción. Esta melodía tan especial se llama Cuatro Elementos, y es de un grupo español llamado La Musicalité. Sé que te encantará. Soy Sol de medianoche y este ha sido nuestro programa de hoy. Cuídate. Nos vemos en dos semanas."

Un melodioso riff de guitarra acompañado de una suave percusión en el fondo llenó los oídos de Christian. Después, una calmada voz de barítono comenzó a cantar en español.

Siento paz en tu cuerpo

Y siento el viento por ti

Vuelo hacia tus besos

Te quiero siempre aquí.

No puedes decir que no

No puedes decir jamás

No debes pedir perdón

Tan sólo: te quiero más.

Dolor que no puedo ver

Ni siento cuando te vas

No puedes decirme adiós

Te llevo en mi caminar.

Gritando que no me ves

Rezando por que tú vuelvas otra vez

Nunca le decepcionaba. Estaba seguro de que la letra de esa canción era tan increíble como el resto de las que ella había elegido para él. Una vez que la canción acabó, entró en Google y envontró la letra de esa canción. Tendría que pedirle a Elliot que le ayudase con la traducción. Sus padres siempre habían pensado en que estudiar un segundo idioma era importante. Mia, su hermana pequeña, y él hablaban francés, y Elliot había aprendido español.

Suspiró profundamente. ¡Vaya mujer, no podía esperar a conocerle!

Canciones del capítulo:

Rocketeer. Far East Movement feat. Ryan Tedder.

Open your eyes. Snow Patrol.

Swings and roundabouts. Terrorvision.

Cuatro elementos. La Musicalité.