No tienen idea de cuántas veces he escrito y reescrito este capítulo. He escrito sobre Jane, una amiga nueva de Haruhi en la universidad, sobre la preparatoria, sobre Hikaru llegando a la mitad de la plática de Haruhi con sus amigas… es decir… he escrito mil y un cosas que no aparecerán.

Pido disculpas por tardarme tanto en traer algo nuevo a ustedes. Pensé que el siguiente capítulo de "Pierrot" tardaría menos, pero no he podido hilvanar bien una idea. Quería debelar un secreto en el siguiente capítulo, el cual tendría mucho peso para el final de la historia, pero no sé si con el avance actual es una buena decisión. De todas formas me seguiré esforzando para acortar mis tiempos de publicación.

Espero disfruten este pequeño drabble, ¡muchos abrazos desde este lado del monitor!


COMO UN MANGA SHOUJO

–Ya dime, Haruhi, ¿tú y Hikaru están saliendo?

La insistencia de Sarah no se hizo esperar. Había conocido a la francesa tras iniciar el primer año de universidad, compartiendo la mayoría de las clases de Derecho. Aunque podía considerarla una amiga, no le gustaba cuando el Hitachiin era el tema de conversación, quizá porque ella misma no sabía muchas de las respuestas que su amiga buscaba.

¿Hikaru y ella estaban saliendo? Cuando se mudaron a Estados Unidos para iniciar la universidad juntos parecía que la respuesta sería clara: con el tiempo. Desde el pequeño lío en el Ouran tras mentir por meses, una ex novia aparecida de la nada, los sentimientos de Tamaki por ella y la confusión de los suyos propios, Haruhi tomó la decisión que creía correcta: esperar. Darse un tiempo para sí misma, conocerse, cumplir sus sueños poco a poco y, sólo entonces, decidir si quería compartir el camino con alguien.

Así, sólo como amigos, ella y Hikaru habían iniciado la universidad en Harvard y Berklee, ambas en Massachusetts. Viéndolo más como algo práctico que sentimental, Haruhi se había engañado pensando que era útil tener a alguien conocido a sólo 11 minutos en auto. Además, Ranka se sentía más tranquilo al saber que él estaría cerca en caso de presentarse una emergencia.

Al principio Hikaru buscaba mil y un pretextos para verse en cada oportunidad libre que tuvieran, incluyendo pasar por ella para buscar un lugar dónde comer udon. Sin embargo, poco a poco el Hitachiin se había alejado. Lo entendía, él tenía su propia vida, sus amigos, sus deberes… entonces, ¿por qué se había sentido tan vacía el primer sábado que no se presentó temprano a las puertas de su departamento para pedirle que preparara el desayuno para ambos?

No supo de él en todo el día, tampoco se presentó al siguiente, ni siquiera le llamó. Tal vez era tonto, pero ver cómo volaba Hikaru, cómo el pequeño mundo que compartiera con Kaoru había sido sacudido hasta los cimientos y parecía reconstruirse con nuevos horizontes… le hacía sentir innecesaria.

Contempló a Sarah del otro de la mesa de la cafetería, tomando de su jugo de naranja mientras esbozaba una amplia sonrisa. Se tomó el tiempo para meditar lo siguiente que diría, no queriendo darle mayor importancia al asunto y, al mismo tiempo, sabiendo que en gran medida, era por lo cual habían terminado los dos al otro lado del mundo.

–Somos buenos amigos, sólo eso.

Fue lo más sincero que pudo decir pero, por una extraña razón, se sentía vacía al decirlo. Sólo entonces, al escucharse a sí misma en alta voz, la realidad la golpeó de pronto. Sólo amigos. Ella había sido quien le pidiera tiempo al azabache, quien deseaba que él estirase sus alas por sí mismo y, sólo después de probar mil experiencias nuevas, decidiera si realmente quería estar con ella.

Haruhi, me gustas.

Recordó la vez en el Ouran que Hikaru se lo dijera, sin poder aceptarlo. Porque temía que ese cariño fuese una costumbre y no un sentimiento más profundo. Tanto tiempo conviviendo en la preparatoria, en el Club de anfitriones, fuera de la escuela… no deseaba que el chico le pidiese salir "porque era lo más cómodo", sino porque realmente lo deseara.

La pregunta de Sarah repercutió el resto del día, impidiéndole concentrarse en sus actividades cotidianas. Incluso por la noche, cuando las estrellas ya cubrían el cielo, no podía quitarse dicha idea de la mente, escribiéndole un mensaje al Hitachiin. Minutos después él tocaba a las puertas del pequeño apartamento que rentase en Massachusetts, abriéndole de inmediato.

–¿Todo bien? –en su voz se notaba la preocupación– Recibí tu mensaje, ¿qué es tan importante para hacerme venir aquí entre semana?

–Hola, Hikaru –se envolvió en su pequeño suéter, la noche era fresca. Cerró la puerta detrás de sí–. Sí, todo está bien, perdón por traerte hasta aquí.

–¿Qué sucede? Me dejaste con la angustia.

Sólo entonces notó que su saco tenía el cuello doblado, algo que un heredero de la moda jamás permitiría en público. Por instinto colocó las manos alrededor de su cuello, poniéndose de puntillas.

–¡¿Q-Qué haces?! –se sonrojó el chico.

–Perdona, en un momento lo arreglo –se excusó mientras su cabeza trataba de poner sus ideas en orden.

–No… No es eso… –desvió la mirada incómodo.

Por un instante recordó esa ocasión atrapados en la red, fue como si de pronto el joven frente a él volviese a tener 16 años, pareciéndole lo más tierno del mundo. Y entonces lo supo: lo quería en su vida.

–Hikaru, me gustas –se escuchó decir.

–También me gustas –cruzó su mirada con la suya, encontrándose sus ojos a la mitad de la noche.

–¿Como amigos? –tuvo que preguntar.

–¡De la manera romántica! ¡Me gustas de la manera de un manga shoujo! –tartamudeó nervioso y un poco más fuerte de lo que hubiese querido.

Ahora fue el turno de sonrojarse de ella mientras que él desviaba nuevamente la vista.

–Pensé que ya lo sabías… –le escuchó decir casi en un susurro.

–Creo que sólo necesitaba escucharlo –se sinceró.

Se besaron, no había nada más qué decir. Era 8 de agosto.


Si leyeron un drabble anterior, notarán que el 8 de agosto es el día en que los seiyuus de estos personajes se casaron, por ello mismo quería honrarlos de esta forma. Además, como me he leído el manga, quería agregar la frase del manga shoujo, algo que Hikaru le dice a Haruhi en su primer confesión amorosa, sorprendiéndola por completo.