Disclaimer: Frozen y The rise of the Guardians no me pertenecen, crédito a sus respectivos autores.


Capítulo 14: Sueño compartido.

El cielo ya se encontraba en la transición entre el día y la noche para cuando los Guardianes llegaron al Polo Norte. Por otro lado, los fríos vientos del norte resoplaban con tal intensidad que provocaban que el avance del trineo se tornara más lento de lo usual.

Los guardianes casi no habían dicho nada después de lo ocurrido en aquel lejano y olvidado paraje de Florida. Conejo estaba demasiado concentrado en aferrarse del trineo tanto como le fuera posible mientras que Meme cabeceaba a su lado. North manejaba el trineo llevando siempre la mirada al frente aunque, probablemente la razón del por qué se mantenía en silencio se debía a su tan inesperada invitada.

Nadie lo decía pero, la presencia de aquella chica los intrigaba y bastante. En especial a Tooth, después de todo, ella había visto de primera mano el comportamiento tan inusual de su querido amigo en los últimos días y, pese a que Jack no había dicho nada al respecto, Tooth intuía que se debía a aquella chica.

−Cualquiera que la viera en ese estado dudaría que fuese capaz de hacer tanto desastre –dijo Conejo mientras la miraba de reojo. Después de un tiempo largo, fue él quien decidió romper el silencio.

Jack seguía llevando en brazos a Elsa y, por alguna razón, el comentario de Conejo simplemente le sentó mal: –Debe… debe haber una razón del por qué hizo lo que hizo…

−Jack –interrumpió Tooth−, nadie está culpando a nadie. Es sólo que… bueno, sus poderes realmente nos tomaron por sorpresa.

−Sí –asentía Conejo –. Nunca antes había visto a un ser humano poseer tal nivel de poder. Al menos no en un muy largo tiempo.

−Supongo que tienen razón… es sólo que…

−Jack –interrumpió North desde el mando del trineo−, sé que tienes mucho que contarnos. Y sé que ustedes –dirigiéndose a Conejo y Tooth en específico−, quieren saber al igual que yo sobre ello pero, les aconsejo que esperen hasta llegar al taller.

−Claro, North. Perdona, es sólo que-

−Lo entiendo, Toothiana. Pero… − de repente, North puso un semblante de preocupación que inclusive comenzó a notarse en su tono de voz. Quería decirles sobre el mal presentimiento que tenía desde el momento en que llegaron a auxiliar a Jack en las "cálidas" tierra de Florida. Sin embargo, después de reflexionarlo un rato, había decidió guardarse esos presentimientos y no decir nada–. Lo mejor será hablar con calma al taller.

Sin nada más que decir, los guardianes guardaron silencio durante el resto del trayecto al Polo Norte.

Cuando finalmente llegaron al taller, este se encontraba en completa calma, tal cual lo había dejado North. En cuanto el trineo aterrizó, unos duendecillos comenzaron a acercarse y detrás de ellos, un par de yetis.

−Chicos, necesito que preparen la habitación. Tenemos un invitado… inesperado –dijo, volteando a ver a la chica que Jack llevaba en brazos.

Los guardianes comenzaron a descender del trineo poco a poco. Conejo tenía cuidado en no caerse, no importaba qué, él definitivamente odiaba viajar en ese trineo: –La próxima vez deberíamos viajar a través de una de mis madrigueras. Nos ahorraríamos esa horrible entrada que por alguna razón, North no se digna a reparar.

−La entrada no tiene ningún desperfecto. ¿Por qué habría que mandarla a reparar? –cuestionaba North ante las acusaciones de su amigo.

−Bueno, siendo así, realmente no entiendo tu concepto de perfección –refutó Conejo.

−Chicos, cálmense. Tenemos asuntos más importantes que atender que una entrada peligrosa –interrumpió Tooth, interponiéndose entre los dos guardianes.

−¡Oh! Cierto. Ella tiene razón –concordó Conejo, mientras comenzaba a calmarse –alguien nos debe un par de explicaciones.

Los cuatro guardianes voltearon a ver a Jack, quien seguía cargando a Elsa. El susodicho suspiro. Estaba dispuesto a iniciar, o tratar de comenzar a explicar todo cuando de súbito, North le interrumpió.

−Jack, sé que nos tienes mucho que decir pero primero debemos dejar a tu… amiga, en un lugar seguro.

Jack asintió y justo cuando estaba a punto de decir algo, llegaron dos yetis avisando que la habitación estaba lista.

−¡Vaya! Eso sí que fue rápido –exclamó Conejo, algo sorprendido.

−Bien, dejemos a la amiga de Jack en un lugar seguro y luego… hablaremos sobre todo esto.

Los guardianes siguieron a los yetis, quienes se adentraban a zonas que, al menos Jack nunca antes había visto. Pronto, llegaron frente a una puerta completamente decorada con adornos navideños: –Bien, es aquí.

North abrió la puerta para dar lugar a una vista espectacular. Era el cuarto más hermoso que Jack había visto. Se trataba de un cuarto dorado, donde las cortinas tenían colores propios de la época navideña con decorados que parecían moverse al compás de una cálida melodía. De las paredes colgaban varios juguetes y había un tren de juguete que hacía un recorrido por toda la habitación esparciendo nieve que se evaporaba al tacto.

Las cortinas estaban amarradas con unos lazos cuyos nudos formaban la figura de campanas de las cuales emanaba un brillo dorado. El piso estaba cubierto de una alfombra que tenía dibujos de cajas de regalos de varios colores y bastones de caramelo. La cama, por otro lado, tenía dos almohadas y dos cojines a juego con una hermosa colcha cubierta de figuras navideñas y de la cual brillaban noche buenas doradas en los costados.

−¡Woow! –exclamó un sorprendido Jack.

−Impresionante, ¿cierto?

−Sí que lo es…

−No es nada del otro mundo –dijo Conejo, tratando de ocultar un poco el asombro que se reflejaba en su rostro.

Jack se acercó a la cama colocando a Elsa con cuidado. Mientras lo hacía, no apartaba la mirada de ella. Una vez que la había acostado sobre la cama, comenzó a acariciar su cabello con delicadeza.

−Estará bien, Jack. Ahora vamos, tenemos mucho de qué hablar.

Poco a poco los guardianes fueron saliendo de la habitación y comenzaron a seguir a North hacia la sala de juntas. Jack se encontraba distante, o al menos eso le parecía a Tooth, que no dejaba de darle miradas de preocupación.

Una vez que todos entraron a la sala de juntas y se sentaron, North cerró la puerta y pronto, también tomó asiento, sólo que él en el centro de la mesa.

−Bien, ahora sí, ¿qué nos tienes que decir, Jack?

−No sé por dónde empezar exactamente…

−Quizá puedes empezar con los sueños, Jack –animó Tooth.

−Eso podría ser. Cuando Tooth nos contó sobre ellos, nos sorprendió que no nos lo contaras, después de todo estamos acá también para apoyarnos entre nosotros.

−Lo sé… lo siento, chicos. Es solo que… no sabía qué hacer. Además de que no pensé que sería algo tan grave hasta que…

−Lo entendemos, Jack. Pero a la próxima, sabes que cuentas con nosotros –dijo North mientras colocaba una mano sobre su hombro.

−Bien, supongo que debo ir por el principio –comenzó Jack mientras soltaba un suspiro–. Conocí a Elsa cuando aún era un simple mortal. Fuimos amigos por mucho tiempo. Trataba de ayudarla a superar el miedo que tenía sobre sus poderes.

−Alto –interrumpió Conejo −, me estás diciendo que conociste a esa chica… ¿Cuándo eras un simple mortal?

−Sí, eso es básicamente lo que estoy dicien -

−¿Sabes lo loco que suena eso? –cuestionó Conejo totalmente sorprendido.

−¡Conejo! –regañó Tooth −, deja que Jack termine de contar lo que nos tiene que contar.

−¡¿Es que a nadie más se le hace extraño eso?!

−Dejemos que Jack termine de contarnos su historia antes de sacar conclusiones.

Conejo se dejó caer sobre su asiento, sintiéndose abrumado y derrotado mientras hacía un gesto para que Jack siguiera contando su historia.

−Sí, bien. Como iba diciendo, conocí a Elsa por pura casualidad. Ella era la princesa del reino vecino. En ese tiempo, me gustaba escapar de casa por las noches, más que nada para ver las estrellas y… relajarme un rato. La noche que la conocí, estaba recostado sobre la hierba del lugar, viendo lo hermosa que se encontraba la luna. De pronto, comenzó a hacer frío. Mucho frío. Era algo raro, puesto que estábamos en verano. Decidí irme de ahí y entonces la vi. Se veía como una chica cualquiera. Iba a acercarme a preguntarle qué hacía ahí pero de pronto, ¡comenzó a crear nieve! Era increíble, nunca había visto algo así. Y… bueno, pasó lo que tenía que pasar. Pronto nos hicimos buenos amigos hasta que… un día simplemente todo terminó.

Jack puso un semblante triste. El recordar todo aquello había sido difícil, puesto que implicaba el volver a sentir todo lo que Elsa realmente representaba para él. Además de que en parte se sentía culpable por haberla olvidado durante tanto tiempo.

−Mis sueños… comenzaron desde el día que me encontré con Valentín.

−¿El Guardián del amor? –preguntó Tooth, claramente confundida. Si bien sabía sobre los extraños sueños que Jack había tenido, aquello era completamente nuevo para ella.

−Sí –confirmó Jack−. Fue después de encontrarme con él que vi una silueta extraña a través de la nevada que había provocado. Era una chica. En ese momento no supe de quién se trataba, aunque me sorprendió verla caminar en medio de aquella nieve sin que el frío pareciera molestarle en lo más mínimo –hizo una breve pausa antes de continuar. Todos los guardianes le miraban con atención esperando que él prosiguiera, por lo que así lo hizo: −A raíz de esa visión, comencé a sentirme cada vez más y más cansado hasta el punto en que no aguanté más y caía rendido. Posteriormente comencé a tener esos sueños donde la veía. Al principio no entendía su significado, pero ahora…

Jack se llevó ambas manos al rostro. Se notaba agobiado.

−Jack…

−Estoy bien, Tooth. Es solo que… han sido muchas cosas que procesar en tan poco tiempo…

−Entonces, la chica que trajimos, ¿se trata de tu amiga de la infancia?

−Bueno, eso creo –dijo Jack.

−¿Cómo que eso crees? –preguntó Conejo.

−Es cierto que es parecida a ella… inclusive tiene el mismo nombre pero, jamás la había visto actuar así. Es decir, cuando la recuerdo, veo un rostro sonriente… cálido… −Jack se perdió un momento en esa imagen antes de continuar y no pudo evitar sonreír – pero− prosiguió−, cuando la encontré… jamás habría imaginado que ella fuese capaz de mostrar una mirada tan fría. Y no solo eso, estoy seguro de que ella sería incapaz de hacer tanto daño. Es todo muy raro.

−Entonces, en resumidas cuentas no sabes si se trata de tu novia o no –enfatizó Conejo.

−¡No es mi novia! –exclamó rápidamente Frost, poniéndose sumamente rojo −Es solo una amiga de la infancia. Eso es todo.

−Oh, es que como mencionaste a Cupido yo pensé que…

−Es probable que no se trate de tu amiga y más bien sea una reencarnación –interrumpió Tooth al ver que la conversación no llegaba a ningún lado.

−¿Reencarnación?

−¡Sí! No se dan muchos casos, pero suelen haber.

−No sé –comenzó North –suena a demasiada coincidencia para mí.

−Supongo que tienes razón pero, ¿cómo lo averiguamos?

−No sé –dijo Jack−, quizá si la despertamos…

−Claro, hay que despertarla y hacer que congele todo el lugar. Me parece una idea genial.

−¡Conejo!

−Es la verdad, Tooth. No me digas que no lo pensaste y no me mires así, Jack. Sabes que es verdad –. Jack le miraba un poco molesto, en especial porque sabía que en parte tenía razón. No sabían cómo reaccionaría después de todo.

−Si despertarla no es una opción entonces, ¿cómo nos comunicaremos con ella? –se cuestionaba Tooth mientras veía la preocupación de su amigo crecer notoriamente.

Los guardianes comenzaron a pensar en opciones viables hasta que, de pronto, a Meme se le ocurrió una idea. Llamando la atención de Tooth, comenzó a formar figuras con la arena explicando el plan que se le había ocurrido.

−¡Oh! –exclamó una maravillada Tooth −¿Por qué no se nos ocurrió antes?

−Cierto, es un buen plan –concordó Conejo.

−¿El qué? –cuestionó Jack, que aún no lograba entender del todo las figuras con las que se comunicaba Meme para con los demás.

−El plan de Meme es interconectar sueños.

−¿Interconectar sueños?

−Sí. Como guardián de los sueños, tiene la idea de enlazar la mente de… Elsa, con la de alguno de nosotros a través de sueños.

−¿Es eso posible? –preguntó Jack.

−Bueno, ya antes ha podido enlazar sueños. El plan que tiene conlleva algo mucho más complejo. Pero de que puede hacerlo, eso no lo dudes, chico –explicaba brevemente North.

−Siendo así, el más indicado para hablar con ella eres tú, Jack –dijo Tooth mientras le brindaba una mirada triste a su amigo.

−Cierto. Si ella es realmente la Elsa que conociste en el pasado, sus sueños se verán enlazados en base a los recuerdos que tienen juntos.

−Yo… no lo sé. ¿Enlazar sueños mediante recuerdos? Suena algo…

−¿Imposible? No existen imposibles, Jack. Solo improbabilidades y en nuestro caso, eso no aplica.

−Supongo que es verdad…

−Jack –decía Tooth mientras se acercaba a él –sé que has pasado por mucho estos días pero, realmente eres el más indicado para hablar con ella. Sea la chica que conociste o no.

−Sí. Es probable que no sea la misma chica –decía Conejo, esperando el momento oportuno para hablar −. Es decir, estamos hablando de un lapso de tiempo de más de 300 años. Dudo mucho que un humano sea capaz de vivir por tanto tiempo.

−Es verdad… −decía Tooth –pero, aún si ese no es el caso, es algo que Jack debe descubrir por sí mismo.

−¡Entonces, está decidido! –exclamó North–. Bien, supongo que hay que ir a preparar todo.

−¿Preparar todo?

−Sí, bueno, mientras tú estás dentro del sueño, nosotros estaremos vigilando todo desde fuera.

Meme hizo unas cuantas figuras con la arena, explicando lo que había que hacer a continuación. Todos asintieron, incluso Jack, que por fin había logrado entender algo de lo que quería decir.

Meme les pidió a todos a ir a la habitación en donde descansaba Elsa. Jack debía estar cerca de ella para que el lazo pudiera establecerse sin mayor complicación, por lo que debía recostarse a lado de la chica. Aquello lo hizo sonrojar un poco, por alguna razón que ni él mismo comprendía del todo.

−Bueno, entonces… ¿Sólo tengo que recostarme y ya?

Meme asintió mientras comenzaba a juntar arena, la cual comenzó a flotar en dirección a Elsa. Al momento en que la arena se posó sobre la cabeza de la chica, una figura comenzó tomar forma hasta que pronto, se alzó en forma de un hermoso castillo.

Al verlo, Jack se sorprendió. Era el castillo que había visto en aquellos sueños que tuvo días atrás.

−Ese… ese castillo lo conozco. Eso quiere decir que ella si es…

Shhhh –chitó Tooth –Meme necesita concentrarse.

−Probablemente no lo parezca, pero esto requiere una gran concentración por su parte –comenzó a decir North. Justo en el momento en el que éste dejó de hablar, un hilillo de arena comenzó a ir en dirección a Jack.

−Bueno, supongo que es hora… Yo…

−Shhh –chitó Tooth de nuevo–. Relájate, Jack. Todo saldrá bien, ya lo verás. Ahora sólo recuéstate y relájate… ¡Oh! Y Jack, recuerda que todo lo que estas a punto de vivir es un solo un sueño. No es real.

−¿Qué quieres decir con es- −trató de preguntar Jack, sin embargo, dejó la pregunta inconclusa, puesto que sintió como perdía todas las fuerzas de súbito y se dejaba sumir en un profundo sueño.

"Jack… Jack…" Una voz familiar se escuchaba como un eco lejano que poco a poco comenzaba acercarse. Susurraba su nombre con una calidez familiar que el recordaba con claridad de vez en cuando.

La voz aumentó a tal grado que la escuchaba justo al lado de sus oídos, pronunciando su nombre esta vez con mayor fuerza, acompañada de una serie de pequeños empujones que pronto le hicieron abrir los ojos de inmediato y levantarse en señal de alerta.

¡Jack! ¡Despierta de una vez!

−¿Q-Qué pasó? ¿Dónde estoy? Yo…

−¡Jack! –exclamó una pequeña niña con una molestia y preocupación reflejada en su rostro. −¡Será mejor que te levantes y te apures! Papá está esperándote y ya sabes cómo se pone cuando lo hacen esperar demasiado.

Al ver a la niña, no tardó en identificar de quién se trataba. Una mezcla de emociones se revolvieron en su interior, haciendo que la única reacción de Jack fuera abalanzarse sobre la niña y rodearla con un fuerte abrazo: −¡Lena! Realmente eres tú.

La niña le miraba confundida y trató de zafarse del abrazo de Jack varias veces, sin resultado alguno: –Jack –decía entre jadeos–, ya… ¡suéltame!

−Te extrañé tanto…

−He dicho… ¡que me sueltes! –exclamó la pequeña logrando zafarse del agarre de Jack finalmente, después de varios intentos. −¿Qué te pasa?

Jack seguía mirando a la niña con un grado de fascinación indescriptible: –Nada, es solo que estoy muy feliz de verte.

−Pensé que estarías molesto conmigo por lo de ayer… −comentó la niña mostrando un semblante triste.

−¿Por qué habría de molestarme contigo? –preguntó confundido.

−Por lo del lago… tenías razón. Esa nevada no era normal…

Nevada… fue entonces que Jack recordó aquello.

−Oh… cierto. Pero, no estoy molesto. Después de todo eso fue un accidente.

−¡Sí!, pero fue por mi culpa. Por insistir.

Lena se veía completamente apenada y triste por lo que Jack comenzó a alborotarle el cabello mientras le brindaba una sonrisa.

−Eso no importa, Lena. Lo importante es que estás bien.

−Que estamos bien –enfatizó la pequeña−. Por suerte saliste a tiempo de ahí antes de que… ya sabes.

Jack hizo un gesto de dolor al recordar aquello. El momento exacto en el que todo había terminado y comenzado para él. El día en el que sacrificó la vida por su pequeña y amada hermana.

−No te preocupes, Lena. Todo está bien –sonrió una vez más, tratando de ocultar el dolor que aquel recuerdo le había producido.

Lena volteo a verlo y sintió el impulso de abrazarlo una vez más. Ambos permanecieron abrazados un rato hasta que ella recordó algo importante: −¡Papá! –exclamó mientras abría los ojos de forma espontánea−. Jack, será mejor que te apresures. Papá está esperándote desde hace rato.

−Oh, claro. En un momento voy.

Lena se apartó de él y se dirigió a la puerta de la habitación. Antes de salir, se detuvo y volteó en dirección a Jack: −Me alegra ver que no estés molesto conmigo –dijo y sin más, se apresuró a salir.

Jack se quedó sentado en el borde de la cama pensando en lo que acababa de pasar: –Esto… ¿es sólo un sueño, cierto? –Puso ambas manos en los bordes de la cama, sintiendo la textura de la misma–, esto es un sueño pero, se siente tan real…

Así, Jack decidió seguir la corriente de aquel "sueño" y se alistó, como solía hacerlo en aquellos lejanos tiempos en los que solía ser un simple humano más.

Una vez listo, se dispuso a salir de la habitación sin embargo, no estaba preparado para lo que le esperaba. Ahí, recargada en una de las sillas de la esquina, viendo hacia afuera, se encontraba una mujer con un hermoso cabello color castaño que le caía por la espalda. Aquella elegante figura lo dejó petrificado. Se trataba de una persona que no esperaba, o más bien, no estaba listo para ver. La mujer se dio la vuelta y viéndole, le brindó una cálida sonrisa.

−Buenos días, Jack.

−Buenos días, madre.

La mujer se levantó de su asiento y rió mientras caminaba en dirección al chico: −¿Madre? ¿Desde cuándo eres tan formal?

−Eh, yo… −Jack no sabía que decir. Realmente encontrarse con ella, con su madre, era algo que no tenía contemplado en lo más mínimo.

−Oh, Jack –dijo mientras comenzaba a rodearlo entre sus brazos–. Debes estar cansado por lo de ayer. No te lo dije pero, fuiste muy valiente al arriesgar la vida así para salvar a tu hermana.

−Sí…−dijo mientras correspondía aquel afectuoso abrazo.

−Y bien, seguro tienes hambre. Preparé algo sencillo en lo que tu padre y tú van a buscar más leña −. Jack le miraba embelesado. Había olvidado el sentimiento que le producía el estar cerca de aquella mujer −. Jack, ¿estás bien? –pregunto, reflejando un poco de inquietud en el rostro.

−¡Sí! Sí, estoy bien, es sólo que… ya sabes cómo es papá… si no me apuro seguro se molestará.

La mujer suspiró asintiendo levemente: −Cierto. Tu padre y ese temperamento tan especial que tiene. Pero, no importa. Él debe esperar y seguro entiende que su hijo debe comer antes de ir por leña.

−Sí, madr-, mamá. Pero, realmente no tengo mucho apetito hoy.

−Oh. Bueno, supongo que está bien.

−Bien, será mejor que me apure o…

−Está bien, Jack. Vuelvan pronto. Los estaremos esperando– dijo en forma de despedida mientras le brindaba una cálida sonrisa.

Aquel breve encuentro había sido demasiado para él. Su madre le producía sentimientos que creía haber olvidado del todo. Al salir, pudo notar aquel peculiar aroma proveniente de los pinos que tanto le agradaba.

Y entonces lo escuchó, una voz familiar que lo llamaba: −¡Jack, ya era hora! –se trataba de una voz robusta, proveniente de un señor que con solo mirarle de reojo, inspiraría respeto a cualquiera. O al menos, eso es lo que siempre había pensado Jack.

−Oh, padre… yo…

−Está bien, Jack. Entiendo –decía el señor mientras le daba la espalda al chico y comenzaba a avanzar–. Andando.

Jack no puso objeción alguna y comenzó a seguirlo. Comenzaron a alejarse de la casa y del pueblo para dirigirse a una senda que iba en dirección al bosque.

Mientras caminaban, Jack admiraba la belleza propia del lugar al tiempo que aspiraba ese peculiar aire tan puro propio de aquel paraje.

Es un sueño, ¿cierto? –se cuestionaba a si mismo mientras seguía la robusta figura de su padre por detrás.

Estaba tan absorto en sus propios pensamientos, que se sobresaltó al escuchar su nombre. El sujeto delante de él detuvo su caminar y dio la vuelta para quedar frente a frente.

−Jack –comenzó a decir−, no lo demuestro pero, quiero que sepas que yo… que en casa te queremos mucho.

Jack se quedó sorprendido ante tal revelación. No recordaba que su padre le dijera algo similar antes o, al menos no en ese momento en específico.

−Oh… está bien. Lo sé, padre.

−No, no está bien –dijo con una voz que denotaba una ligera frustración–. Ayer… Lena, tú…, ayer ambos pudieron haber muerto. ¿Sabes lo que eso hubiese significado para nuestra familia? ¿Para mí? Nunca te lo he dicho pero, siempre he estado orgulloso de ti.

Unas lágrimas comenzaron a derramarse de los ojos de aquella imponente figura, algo que Jack nunca creyó ser capaz de ver. Sentía como sus ojos también comenzaban a llenarse de lágrimas para finalmente, ceder ante ellas. Sin decir nada más, ambos se abrazaron. Fue un abrazo afectivo, no necesitaron de más palabras para saber lo que ambos sentían en aquel momento.

Y fue entonces que, poco a poco, una idea empezó a surgir de la mente de Jack: −Y si todo lo que viví con los guardianes… y si todo aquello no fue nada más que… ¿un sueño?

Debería serlo, puesto que todo era tan real. La rutina de ir con su padre a recoger leña para la comida y cena, sus chistes ocasionales, las risas de sus padres… todo parecía a volver a ser tal y como se suponía que debía.

−Jack –dijo su madre al ver que comenzaba a anochecer −, ¿podrías traer un poco de leña para la cena?

−Claro −. Y así, Jack salió a buscar un poco de la leña que habían apilado él y su padre horas atrás.

Estaba feliz de estar con su familia, de estar vivo…

Vaya locura –pensó −. Por un momento realmente pensé que todo aquello pasó.

−Te equivocas, Jack. Aquello realmente pasó –dijo una voz conocida a sus espaldas. Jack se quedó quieto. ¿Aquello era real? No, quizá estaba comenzando a alucinar, sí, eso debía ser −. Jack…

Y al voltear, la vio. Ahí, flotando levemente por encima del suelo, estaba su compañera Tooth, la guardiana de los recuerdos.

−No… debo estar alucinando, tú no eres real. Yo…

−Jack –dijo mientras se acercaba a él y colocaba una mano sobre su hombro −, sé que esto es difícil de asimilar.

−¡No! –exclamó molesto−. Esto debe ser sólo mi imaginación.

−¡Jack, debes reaccionar! ¡Esto no es real!

−No… no es posible.

−Jack…

−¡No! –gritó mientras apartaba bruscamente la mano de su amiga−. No, eso… los guardianes… todo lo que pasó fue mentira, ¡no es real! No, no puede serlo…

−Jack, sabes que es verdad.

El chico se encontraba en negación. Ya no estaba seguro de lo que era real y lo que no. De pronto, hubo algo que le hizo reaccionar un poco.

−Tooth te lo dijo antes de que perdieras la conciencia, ¿cierto?

Un momento − pensó−, ¿por qué estaba refiriéndose a ella en tercera persona? ¿Por… por qué te refieres a ti misma con tu nombre?

−Oh, cierto. No soy Tooth.

−¡¿Qué?! ¿A qué te refieres con…?

−Bueno, es que tomé "prestada" su apariencia. En realidad soy yo, Meme.

−No entiendo… ¿qué quieres decir con eso?

−Bueno, Jack. Significa que puedo tomar la forma que me plazca dentro de los sueños, pensé en tomar la forma de North –dijo mientras tomaba la apariencia del antes mencionado −. Aunque la descarté por ser grande. Podría ser Conejo –dijo tomando dicha apariencia –pero, casi siempre discuten y también es demasiado grande, así que opté por tomar la apariencia de Tooth, puesto que es la guardiana con la que mejor relación tienes –dijo volviendo a tomar la forma de la guardiana de los sueños−, todo esto para tener una mejor comunicación contigo.

−Tiene sentido… un momento –dijo el chico al notar algo importante –eso quiere decir que tú puedes… ¿hablar?

−Básicamente, sí.

−Entonces… ¡¿por qué nunca lo haces?! ¿Sabes lo mucho que nos facilitarías el comunicarnos contigo?

−Sí, lo sé. Es solo que, al ser el guardián de los sueños, debo cuidar que ningún ruido se filtre en los sueños de los demás. Si hablo, mi voz podría despertarlos.

−Pero estas hablando justo ahora.

−Sí, dentro de un sueño. Afuera no puedo hacerlo, acá sí.

−Supongo que tiene cierto sentido…

−Es un pequeño sacrificio que debo hacer. No importa en realidad.

−Entonces, ¿por qué no tomas tu figura normal y ya? Podrías hablarme siendo el Meme que conozco.

−Sí, supongo que es verdad. Yo solo me presente ante ti con la forma del guardián en el que más confías de los cuatro –dijo mientras tomaba su forma habitual.

Jack estaba sorprendido de escuchar hablar por primera vez a su tan misterioso amigo. Estaba sorprendido más que nada por la voz que tenía, se trataba de un tono que mostraba realmente una amabilidad innata. Sin embargo, la sorpresa dio paso a la tristeza rápidamente, puesto que se había percatado de algo importante: −El hecho de que tú hables, me confirma que esto si es un sueño después de todo.

−Escucha, Jack. Sé que tienes dudas sobre todo esto. Este sueño, todo esto fue creado en base a ustedes. Los recuerdos de ambos (tuyos y los de Elsa) se juntaron y crearon esto –dijo alzando sus brazos –un mundo en el que aquel "incidente", nunca pasó.

Por supuesto que cuando mencionó la palabra "incidente", Jack supo a lo que Meme se refería. Ahora todo tenía sentido: el sentimiento de culpa de Jena en la mañana, las palabras de su padre y la posterior melancolía de su madre. Todo.

−¡Jack! –Gritaba una voz femenina desde el interior de la casa –Mamá necesita la leña, ¿por qué tardas tanto?

Jack dudaba en contestar. El ver a Meme flotando justo ahí, frente a él, había roto algo en su interior. Ya no le encontraba sentido al mantener aquella ilusión por más tiempo.

−¿Jack? –volvió a cuestionar la voz, esta vez un poco preocupada.

−Jack –esta vez quien hablaba era Meme−, puede que esto sea un sueño pero, para mantenerlo a flote debes seguir la corriente.

−No entiendo, Meme. ¿Por qué seguir con esta farsa? ¿No debería ir a buscar a Elsa y acabar con esto de una vez? –algo en su tono de voz denotaba una molestia que el Guardián de los Sueños detectó rápidamente.

−Sé que esto debe ser difícil para ti. Este es un hechizo que uso pocas veces por lo mismo. Confunde y en muchos casos el poder salir de él y aceptar la realidad es… imposible.

−Puedo entender lo que se siente en estos momentos –dijo Jack sin mucho ánimo.

−Es difícil, pero debes recordar por quién estás haciendo esto.

La respuesta era clara: Elsa. Lo estaba haciendo por ella pero, lo cierto era que no fue sino hasta ese preciso momento que no había pensado en ella para nada. La felicidad que le había ocasionado el estar con su familia y pretender que todo lo que había pasado los últimos 300 años habían sido un mal sueño le habían hecho olvidarla del todo.

−Tienes… tienes razón, Meme. Lo siento, no sé qué es lo que me pasó.

−No tienes por qué disculparte. Es normal. El enfrentarte a un pasado del que no pudiste despedirte…, tu reacción es completamente normal. Por eso estoy aquí. Quiero que sepas que no estás solo en esto.

−Gracias, Meme –respondió el chico, dejando entrever una sonrisa forzada.

−¡Jack!, ¿todo bien? –decía una voz a sus espaldas. Se trataba de Lena, que había salido a ver por qué demoraba tanto.

−¡Sí! –exclamó Jack dando la vuelta para verla −. Me distraje viendo… viendo… −no se le ocurría alguna excusa viable para dar, aunque no fuera realmente necesaria con Lena. Vio al cielo y como este comenzaba a inundarse de estrellas –me distraje viendo las estrellas –dijo finalmente.

−Claro… −respondió la pequeña sin terminar de creerle a su hermano–, bueno, te ayudo a llevar un poco si quieres, mamá necesita la leña ya.

−No es necesario…

−Tardas mucho, hermano. ¡Vamos!, que papá tiene hambre y yo también.

Y sin más, la pequeña cargó un poco de leña y se dirigió al interior de la casa.

−Bien, Jack. Ya sabes lo que debes hacer –dijo una voz atrás de él. El chico volteó rápidamente, aún tenía algunas cosas que hablar con Meme sin embargo, en cuanto volteó, ya no estaba, dejando sólo tras de sí un peculiar brillo proveniente de la arena tan típica de él.

Jack decidió hacer lo que Meme había sugerido: el seguir la corriente. Ayudó en casa, como recordaba que solía hacerlo pero, sin tantos ánimos como antes. Acabada la cena, Jack salió y se sentó un rato sobre una roca que estaba justo de lado de donde solían apilar la leña. Poco después, salió su madre y se sentó a su lado. No dijo nada, solo se quedó ahí, observando la claridad de la luna.

−Es hermosa, ¿no lo crees? –dijo luego de un rato.

−¿Qué? –preguntó confuso el chico.

−La luna. Es hermosa, ¿no lo crees, Jack? –el chico alzó la vista al cielo y la contempló. La impasible luna se cernía sobre el cielo con un brillo peculiar que convocaba a la nostalgia.

−Sí, lo es…

−Jack, has estado actuando raro desde la cena. ¿Sucede algo?

Aquello sorprendió al chico. Era verdad que desde que volvió de recoger leña su ánimo había decaído considerablemente, pero no pensó que alguien lo notaría, sobre todo porque estaba claro para él que nada de lo que ocurría era real.

−No… claro que no.

−Claro que sí, Jack. Como tu madre puedo notarlo.

Solo que en realidad no eres mi madre –pensó el chico sin voltear a verla −. No me pasa nada, en serio.

−Bueno. Entiendo que ya no eres un niño, Jack. Tienes 18 años. Sé que hay cosas que no siempre me dirás. Está bien, lo entiendo. Pero quiero que sepas que nosotros, tu familia –dijo, deteniendo su miraba al interior de la casa por unos segundos y viendo de reojo a su esposo e hija jugando −, estaremos ahí siempre que lo necesites.

Jack volteó a verla. Por alguna razón quiso creer en aquellas palabras, aunque en su interior sabía que no eran reales, puesto que su verdadera familia había muerto muchos años atrás.

−Sí, lo sé.

Y entonces, la mujer a su lado se acercó a él para rodearlo con sus brazos, cosa que lo sorprendió.

−Te queremos, Jack. Nunca lo olvides.

Jack no dijo nada más aquella noche. Decidió entrar de nueva cuenta a la casa y esperar a que anocheciera más para ir a buscar a Elsa. Una vez que todos durmieron, se dispuso a escabullirse por la ventana de su habitación e internarse poco a poco en el bosque a través de un sendero que conocía muy bien. Caminaba tratando de evitar la inercia que lo rodeaba después de su encuentro con Meme. Trataba de recordar el por qué hacía lo que estaba haciendo y encontrar una motivación en ello pero, por alguna razón no lo logró del todo.

Debo concentrarme. Debo buscarla…encontrarla –se decía a si mismo con tal de mantenerse firme. Sin embargo, a medio camino detuvo su caminar.

Fue en ese preciso momento en que una figura familiar se formó frente a él.

−Jack, ¿estás bien?

Una pregunta un tanto absurda, puesto que era obvio que no. Harto de pretender fingir que todo aquello estaba bien, decidió hablar con la verdad.

−No, no estoy bien. Esto fue demasiado para mí. Es sólo que, por un momento, por un breve instante pensé que todo estaba bien, ¿sabes? −guardó unos segundos antes de continuar mientras Meme le miraba impasible −. Es una tontería, lo sé. Después de todo, ya había aceptado mi destino. Estaba bien con ello pero, esto…, me hace sentir débil. No sé cómo explicarlo.

−Jack, lo que sientes es completamente comprensible. Después de todo, a diferencia de la mayoría de nosotros, los demás guardianes, tú tuviste una familia a la que amabas y te amaban. El abandonar todo eso a tan corta edad…, quizá no sentiste esa nostalgia cuando recordaste todo en aquella ocasión en la que enfrentamos a Pitch pero ahora, al revivir todo esto, por supuesto que es duro. Es por eso que estoy acá, para ayudarte en lo que pueda. Es un proceso difícil, Jack.

El chico miró hacia el oscuro sendero levemente iluminado por la luz de la luna que se abría paso frente a él.

−Aparte de todo esto, no estoy seguro de dónde puede estar ella, de cómo hablarle…

No lo había pensado pero, realmente no estaba del todo seguro sobre cómo abordarla. En especial desde que su reciente encuentro no había resultado del todo bien.

−Solo se tú, Jack. Estoy seguro de que todo lo demás se dará naturalmente.

−Sé dónde puede estar –dijo, recordando aquellos viejos encuentros con su amiga en aquel pequeño valle, alejado de todos− pero, ¿y si no está ahí? ¿Qué es lo que debo hacer?

−Bueno, probablemente tendrás que ir a buscarla a su castillo.

−¡¿Qué?! –exclamó Jack.

−Era broma. Recuerda que ella cree que todo esto es real.

Eso era verdad, si Jack, un guardián consiente desde el inicio de que aquello no era más que el resultado de un hechizo, había llegado a creer que lo que había vivido en los últimos 300 años era un sueño, con mucha más razón ella.

−Supongo que tienes razón. Aunque, no estoy seguro… ¿estará ahí? La última vez que la vi yo… le hice una promesa que no pude cumplir.

−Bueno, no estoy seguro de qué clase de promesa habrás hecho pero, si de verdad eran tan amigos como dices, estoy seguro de que ella te perdonará.

Aquello animó a Jack e hizo que recuperara algo de la motivación que creía perdida. Sin más tiempo que perder, siguió adelante. Caminaron por unos cuantos minutos más hasta que finalmente, sintió como su corazón comenzaba a palpitar velozmente, estaban a escasos metros del lugar de encuentro.

−Bien Jack. Si necesitas mi ayuda, estaré cerca.

Jack volteó a ver a su acompañante y entonces se dio cuenta de que tal como había llegado, desapareció.

El chico comenzó a caminar más despacio. La seguridad que instantes atrás había recuperado comenzaba a disiparse. Estaba nervioso y ansioso a la vez pero, ¿por qué? Elsa había sido una parte importante en su vida, sin duda y por ello se sentía culpable de haberla olvidado por tantos años.

Debió sentirse sola durante todo ese tiempo… −pensó mientras se acercaba al despejado campo en donde solía encontrarse con ella. A escasos metros, comenzó a analizar sobre un hecho que no había considerado hasta ese momento: el hecho de que su amiga aún después de más de 300 años por alguna extraña razón, ¡seguía viva!: –¿cómo es posible que haya estado viva todo este tiempo? Eso es muy extraño…

Seguía pensando en ello hasta que finalmente, llegó al hermoso valle en dónde solían encontrarse durante su juventud. Su sorpresa fue enorme en cuanto la vio ahí, sentada, bajo la claridad de la luna y sobre un montículo de nieve. La luz le iluminaba el cabello proporcionándole un brillo especial o, al menos eso es lo que él creía ver. Llevaba puesto un vestido muy hermoso y con un escote que nunca antes le había visto. Aquello lo puso totalmente nervioso.

Se ve… diferente –pensó y así, comenzó a creer que aquello no había sido tan buena idea después de todo. No estaba preparado para encararla, al menos no de esa forma por lo que decidió dar la vuelta y pensar en otro modo de acercársele. Hablaría con Meme y así ambos pensarían en otra manera de hablar con ella. Sí, eso es lo que había pensado hasta que, mientras retrocedía, pisó sin querer una rama.

La chica volteó de inmediato y lo vio. Ambos se miraron un rato sin poder reaccionar. Él le veía con añoranza mientras que ella le miraba con una mezcla singular de emociones: confusión seguida de una fuerte melancolía y finalmente júbilo.

−¡Jack! –Exclamó la chica antes de lanzarse a sus brazos, provocando que ambos cayeran en la nieve –Te eché tanto de menos…

Jack estaba sorprendido y a la vez extasiado ante aquel abrazo inesperado por lo que, dejándose llevar por sus emociones y, permitiéndose olvidar por un breve momento de todo lo demás, sus dudas e inseguridades, la rodeó entre sus brazos correspondiendo el abrazo y fundiendo su rostro entre el cabello dorado de la chica, inhalando ese peculiar aroma a flores que tanto le gustaba.

−También te extrañé –dijo, finalmente mientras prolongaba más el abrazo. Ninguno de los dos quería separarse el uno del otro.

Poco a poco, Elsa levantó el rostro, haciendo que ambos quedaran frente a frente. La miraba incrédula mientras ponía sus manos sobre su rostro. Quería corroborar que aquello fuese real y no solamente un sueño, como los que creía recordar haber tenido alguna vez.

−Oh, Jack. No tienes idea de lo mucho que te extrañé.

El chico la miraba. Verla relucir bajo la luz de la luna había sido demasiado para él. Quería abrazarla una vez más y no soltarla nunca, sentir de nuevo ese calor que emanaba de su cuerpo. Todo aquello despertó en Jack el deseo de protegerla, de mantenerla a salvo de todo y todos.

Jack alargó el brazo y comenzó a acariciar el rostro de la chica, ocasionando que esta se sonrojara levemente. Ella, por su lado, comenzó a acercar su mano con la de Jack y la rodeó levemente.

−Se siente como si hubieran pasado… años.

−Sí, es verdad –corroboró el chico.

–¡Oh, Jack! Tengo tanto que contarte –dijo Elsa, mientras ayudaba a Jack a recuperar la compostura.

–¿En serio? –dijo mientras la miraba sonreír de esa forma tan peculiar en la que solía hacerlo.

–¡Sí!

–Oh, claro –respondió Jack tratando de seguir la conversación de la forma más amena posible –, casi lo olvido. Al fin eres…

–¡Reina de Arendelle, sí! Tenías razón. Todo este tiempo tuviste razón.

Jack comenzó a reír al verla tan contenta, hasta que se detuvo a analizar lo dicho por su amiga: –Cierto, ¿en qué tuve razón? –preguntó un poco confundido.

–En lo de dejarme llevar. Tuviste razón todo este tiempo. No debí preocuparme tanto.

Y así, Elsa comenzó a relatarle todo lo que vivió en los últimos días: la coronación, la pelea con su hermana por un sujeto que acababa de conocer, cómo congeló su reino por accidente y… cómo huyó. En fin, le contó prácticamente todo mientras que él la escuchaba sin interrumpirla en ningún momento.

–Ese Hans era un imbécil –dijo Jack una vez que Elsa terminó de contarle sobre lo que había vivido los últimos días –. En verdad, si hubiera estado ahí, el golpe que tu hermana le dio no sería nada comparado a lo que yo le habría hecho.

Realmente estaba molesto con ese tal Hans. ¿Cómo era posible que se atreviera a hacerle eso a Anna? ¡Y a Elsa! No recordaba haber sentido tanta molestia hacia una persona como la que estaba sintiendo en esos momentos.

Elsa sonrió al ver la reacción de su amigo: –Tranquilo, Jack. No pasó a más…

–Cierto pero, ¿y si hubiera pasado más?

–Pero no pasó a más. Además, él ahora tiene que enfrentarse s las consecuencias de sus actos. Sus hermanos se harán cargo de él.

–Si tú lo dices… –respondió Jack, poco convencido al respecto.

Elsa volvió a sonreír al verlo luego, dirigió la vista al frente, en donde los árboles del bosque se mecían con el suave compás del viento veraniego.

–¿Sabes? Realmente estoy feliz de estar contigo esta noche –soltó después de un breve suspirar.

Esas palabras fueron suficientes para disipar un poco el enojo que Jack sentía instantes atrás y, volteó a ver a su querida amiga. Tenía una mirada nostálgica.

–Yo también estoy feliz de estar aquí –dijo él.

Elsa sonrió levemente. De pronto, un recuerdo no muy agradable surgió en su mente, haciendo que su semblante cambiara notoriamente remplazando la sonrisa que instantes atrás había mantenido por una mueca de profunda tristeza.

–¿Sabes? –Comenzó–, sé que no tiene mucho desde la última vez que nos vimos pero, por alguna razón siento que han pasado años…

Jack no decía nada, sólo se limitaba a escuchar.

–Sé que sonará a locura pero, al despertar esta mañana sentí como si yo… no perteneciera a este lugar.

–¿A qué te refieres con eso?

–Es sólo que, tuve un sueño muy extraño. Un sueño en el que tú…–Elsa se puso tensa por un momento. Parecía como si estuviera recordando algo muy doloroso–, por, por un instante incluso pensé en que tú, no vendrías.

Jack sabía a dónde quería llegar con esa conversación sin embargo, trató de fingir lo más que pudo y actuar como si no supiera a lo que ella se refería.

–Y, ¿por qué no habría de venir?

–Yo…, tuve un sueño muy extraño. Absurdo, en realidad. Yo soñé que tú… que tú habías muerto.

Un aire sepulcral comenzó a invadir el lugar. La luna se ocultó tras unos gruesos nubarrones que parecieron surgir de la aparente nada, haciendo que aquel bello paisaje invernal se tornara oscuro de súbito.

–Sí… –continuó Elsa–, también soñé que mi familia, mi reino… que lo perdía todo porque yo no… porque yo no envejecía como el resto –al decir lo último, comenzó a rodearse con sus brazos, como si estuviera tratando de protegerse de algo, aunque no sabía exactamente de qué.

Jack guardó silencio por un rato. Sabía que ese sería el momento perfecto para hablarle con franqueza, para decirle lo que realmente había pasado pero, se debatía internamente por ello. No quería hacerle daño, puesto que era muy obvio que aquello realmente le estaba afectando. Finalmente, vio un ligero resplandor proveniente de las tan características arenas del guardián de los sueños y supo lo que debía hacer.

–¿Y si te dijera que aquello no fue sólo un sueño?

–¿Qué quieres decir?

–¿Y si aquello realmente pasó?

Elsa soltó una risa nerviosa. Jack siempre se había caracterizado por tener un sentido del humor bastante activo pero, aquello simplemente no daba gracia.

–¿De qué estás hablando, Jack?

–Elsa, sé que esto puede ser difícil de asimilar… créeme, a mí me costó bastante…

Elsa se levantó del suelo abruptamente, alejándose de Jack. Por alguna razón, las palabras que salían de él comenzaron a tener un efecto negativo en ella, comenzó a desconfiar de él.

–Jack, si esto es un chiste, tengo que decirte que no es para nada gracioso…

Jack hizo un gesto de dolor ante las palabras de Elsa. Sabía que el hablar con ella sobre aquello no iba a ser sencillo pero, el verla sufrir de ese modo era demasiado.

–Yo… no, no puedo hacer esto… –susurraba. –No puedo hacerle esto a ella.

–Debes hacerlo, Jack.

Al escuchar aquella voz, volteó a verlo. Justo a su lado, se encontraba Meme: –No puedo hacerlo, Meme. Esto es demasiado…

–Lo sé, pero es la única manera de ayudarla…

Elsa comenzó a alejarse más de él. Algo no iba bien. ¿Con quién demonios estaba hablando Jack, si no había nadie más ahí? Lo mejor sería volver al castillo, sí, eso es lo que haría pero, en el fondo sabía que eso no solucionaría nada. Comenzó a tener un mal presentimiento al respecto, uno que había tenido desde el momento en que había despertado esa mañana.

–No… ¡no!

Y de pronto, una tormenta de nieve comenzó a desatarse teniendo como centro a Elsa.

–Pero qué dem- –fue lo único que Jack pudo exclamar antes de ser aventado por los fuertes vientos que Elsa había provocado. Lo había tomado desprevenido una vez más.

La fuerza de viento era tan fuerte que de no haber sido por los árboles alrededor, Jack estaba seguro de que habría salido volando mucho más allá de las montañas.

–No, no puedo hacer esto. Es inútil –dijo al ver la reacción que había provocado en su vieja amiga.

Justo en ese momento, Meme, que se había materializado a su lado habló: –¡Claro que puedes! –trataba de animar Meme, sin mucho éxito en realidad.

–No, no puedo.

–¡Si puedes! Lo has hecho en el pasado. Haz logrado acercarte a ella antes, puedes volver a hacerlo.

Aquello era verdad. Fue entonces que comenzó a recordar los anteriores encuentros que había tenido con Elsa, que si bien, no había reaccionado de esa forma tan inusual, lo cierto es que acercarse a ella y ganarse su total confianza no había resultado del todo sencillo.

–Es verdad… yo puedo, no. Tengo que hacerlo.

Y así, con una nueva motivación, se impulsó a seguir hacia adelante, a pesar de que la fuerza del viento lo hacía retroceder de vez en cuando. Pese a que Meme le había ofrecido ayuda, esta vez Jack la rechazó puesto que estaba convencido de que era algo que tenía que hacer por sí mismo.

Mientras tanto, Elsa se sumía cada vez más a un estado de negación del cual parecía no querer salir pese a que, muy en el fondo, sabía que todo aquello probablemente se tratara de una treta o pesadilla.

–No, esto es real. ¿Vivir trescientos años? ¡Eso nunca pasó! ¡No!

Mientras más se sumía en aquel estado, los vientos que creaba tomaban mayor fuerza, aunado a la temperatura del lugar, que parecía ir en un notorio descenso, comenzando a congelar todo a su paso.

–Esto es real… –decía, cada vez sin menos ganas.

De pronto, vio una figura saliendo de entre los árboles aproximándose hacia ella. Al principio no era claro de quién o qué se trataba, pero no tardó mucho en averiguarlo.

Con algo de esfuerzo, Jack había logrado llegar hasta donde estaba Elsa. Aquello había supuesto más energía de lo que pensó, por lo que supo que solo tendría una oportunidad para hacer lo que tenía pensado.

Con algo de los últimos vestigios de energía que le quedaban, Jack se impulsó hacia adelante. Por un momento creyó que los vientos tan fuertes que soplaban por el lugar lo lanzarían hacia atrás, llevándose consigo el plan que había ideado, pero no fue así.

Elsa vio como Jack se acercaba peligrosamente hacia ella, como si se tratara de una bala de cañón. Lo último que pudo ver con claridad, fue como Jack caía sobre ella haciendo que ambos cayeran en la nieve. Al caer, los fuertes vientos que soplaban alrededor de ellos, pararon de repentinamente.

El impacto aturdió de sobremanera a Elsa, cosa que Jack aprovechó para llevar a cabo su plan. Recuperando un poco la compostura, se recargó sobre ella y comenzó sujetarle firmemente las manos, imposibilitando su movilidad.

La chica comenzó a forcejear sin éxito, él la tenía acorralada completamente.

–¡Suéltame! –gritaba, sumamente molesta.

–No, no hasta que escuches lo que tengo que decir –contestó Jack, con una clara determinación en el rostro.

Por más que trataba de zafarse del agarre de aquel chico, Elsa no lo lograba, por lo que decidió que lo mejor sería encararlo.

–Bien, ¿qué quieres decirme? –dijo con una mirada molesta, o al menos la más molesta que pudo hacer.

Jack suspiró, aunque no por alivio: –Elsa, sé que esto es difícil. Sé que suena a locura pero, debes recordar. En tu interior tu sabes que esto, que lo que estamos viviendo, no es real.

–No. Esto… esto es ¡real! ¿Por qué haces esto, Jack? Creí que éramos amigos.

–¡Y lo somos! Y porque lo somos es que quiero ayudarte.

–¡No! –Exclamó ella cerrando los ojos con fuerza –No, no y ¡no!

Era demasiado para ella. Quería que Jack dejara de decir esas cosas tan raras, que todo volviera a ser normal por lo que volvió a forcejear y esta vez, con mayor fuerza. Poco a poco, sus esfuerzos rendían fruto, pero no de la forma que realmente deseaba. Los fuertes vientos que instantes atrás habían cesado, se intensificaron haciendo que Jack se aferrara como pudo a la superficie, tratando de evitar el ser arrastrado por ellos.

–¡Elsa, por favor, para! –exclamó él como pudo.

–¡No! Tú no entiendes yo… no quiero…

Algo en el tono de voz de la joven había cambiado. De mostrarse molesta ahora se le veía sumamente triste. Como si estuviera evitando encarar algo que sabía muy bien que le haría daño.

–Elsa…

–¡Yo no quiero estar sola de nuevo! –dijo finalmente, mientras unas gruesas lágrimas resbalaban por su mejilla.

Así que de eso se trataba después de todo. Ella sabía en parte que todo aquello no era más que una vana ilusión pero, se limitaba a creer que era la realidad puesto que en ella lo tenía todo: a su hermana, su reino… a él.

–Pero…, ya no estás sola porque yo... porque yo estaré a tu lado.

Al decir eso, los fuertes vientos que los rodeaban comenzaron a disminuir poco a poco. Elsa lo miraba como si esa fuera la primera vez que lo veía.

–Pero tú, no eres real.

–Lo soy. Ambos lo somos.

–No, no es verdad…

–Elsa, sabes que es cierto. Yo sé que tú sabes…

La chica volvió a cerrar los ojos, concentrándose en las palabras de Jack. Una serie de recuerdos borrosos comenzaron a pasar frente a ella.

–Pero, si de verdad eres real… ¿cómo es posible que…?

–Bueno, eso es algo difícil de explicar en estos momentos –dijo, mientras soltaba poco a poco a Elsa.

Ambos se sentaron, manteniendo una distancia discreta el uno del otro.

–Eh, yo… disculpa lo de hace rato –dijo ella, mostrando un rubor por todo el rostro. Realmente estaba apenada –. No sé qué me pasó.

–Descuida, creo saber lo que se siente –dijo mientras mostraba una sincera sonrisa, provocando una de vuelta por parte de la chica.

–Entonces tú… realmente eres Jack. No puedo creerlo.

–Sí, seguro suena raro…

–Y, ¿eres una especie de fantasma o algo así?

–¿Qué?

–Bueno, ya sabes… tú…

Jack no entendía porque Elsa comenzó a titubear, como si estuviera evitando hablar de algo hasta que, al ver su semblante triste, lo comprendió todo: –Oh. Eso…, bueno, no soy un fantasma. Al menos no del todo. Sonará raro pero, ahora soy algo así como el Guardián del Invierno. Ya sabes…

–Creo… creo recordar algo. Todo es muy confuso realmente –se llevó una mano a la frente, como si estuviera forzándose a recordar algo importante.

–Elsa –comenzó Jack–, sé que todo esto es confuso pero, necesito saber por qué…

–¿Provoqué esa nevada tan terrible? –Culminó la joven antes que él a lo que Jack se limitó a asentir –. Puede parecerte raro. Y es posible que no lo creas pero yo… no recuerdo exactamente como comenzó todo. Yo sólo… iba a visitar a un… a una persona –al decir eso, Jack notó un gesto de dolor por parte de ella, pero no se detuvo. Solo se limitó a continuar –, y de pronto todo se volvió borroso. Sentía como si mi cuerpo se moviera sólo… yo…

Elsa comenzó a temblar, como si estuviera aterrada de tan sólo recordar todo lo que había pasado en los últimos días. Unos brazos comenzaron a rodearla, deteniendo levemente ese temor que había aflorado súbitamente en ella.

–Tranquila, todo estará bien. Yo no te dejaré sola nunca más.

Esas palabras fueron suficientes para llevarse todos los temores de la chica a un lugar lejano. Ambos voltearon a verse el uno al otro y, un sentimiento aparentemente olvidado dentro de Elsa, comenzó a surgir: seguridad.

–Bien, parece que es hora –dijo una voz a sus espaldas. Al voltear, Jack se percató de que se trataba de meme.

–¿Quién es ese? –preguntó Elsa, un tanto desconfiada.

–Es el guardián de los sueños. Verás, ahora soy como una especie de guardián de los niños. Y bueno, del mundo en general.

–Te estás dando demasiado crédito, Jack –dijo bromeando Meme. Jack sonrió.

–Te lo explicaré con calma una vez despertemos.

–¿Des-despertar?

Esas palabras… dichas tan a la ligera. Entonces, ¿eso sería todo? ¿Despertarían y todo estaría arreglado? Pero, y si después de todo… en realidad todo era un sueño, incluyéndolo a él.

–Pero… ¿y si despierto y tú ya no estás?

–Eso no pasará. Te lo prometí, ¿no es así? –dijo mientras sostenía sus delicadas manos entre las suyas –. Te prometo que a partir de ahora, tú ya no estarás sola nunca más.

La chica dudó por un momento. Realmente no quería que aquel sueño terminara. No quería enfrentarse a la realidad de nuevo. Ya no, sería algo demasiado doloroso sin embargo, al ver tanto a Jack, como al singular hombrecillo que flotaba a su lado, Elsa, aun estando temerosa de lo que podría pasar, decidió confiar una vez más.

–Está bien, Jack. Confío en ti –fue lo último que alcanzó a decir antes de que todo comenzara a iluminarse a su alrededor.

Una sensación cálida y confortable fue invadiendo cada fibra de su ser conforme iba recuperando la conciencia poco a poco. Abrió los ojos de la forma más lenta posible que pudo temiendo que al hacerlo, se diera cuenta de la cruel realidad de su soledad.

Vio una luminosa luz que le impedía ver con claridad. Empezó a temer lo peor. Sentía como los latidos de su corazón incrementaban a cada segundo. Todo lo que había pasado no había sido más que un cruel sueño. Eso pensaba hasta que, de repente, sintió una mano fría que comenzó a apretar la suya con fuerza. Volteó de inmediato y lo vio. Ahí, justo a su lado estaba él, tal y como lo había prometido.

–Estoy aquí, Elsa.

Y sin decir nada más, ambos se fundieron en un tierno abrazo. No importaba que los guardianes presentes los miraran con la incógnita reflejada en sus rostros, ni mucho menos los reclamos de Conejo. Ahora todo iría bien porque, después de tantos años al fin estaban juntos. Al fin se habían encontrado.


Casi un mes para actualizar. ¿Por qué eres así?

Perdón. Es sólo que he estado realmente ocupada. Elaborando un pequeño taller que tuve, saliendo con amistades, viendo Jojo's... y bueno, debo decir que si bien el anterior capítulo fue difícil por tener secuencias de pelea, este lo fue en el sentido de estructura "coherente". La idea original de este capítulo era el poner a Tooth como "guía" de Jack, pero la descarté por decisión personal, y por algo que mencionaré más adelante. Luego, pensé en mantener la imagen de Tooth fija (es decir, que Meme tuviera la apariencia de Tooth todo el tiempo), pero la descarté porque no tendría mucho sentido así qué, al final, fue Meme en su forma original.

Al principio, PRINCIPIO de la historia, tenía pensado en hacer de Meme un personaje mudo, pero luego investigué y resulta que él en realidad... ¡Sí puede hablar! pero no lo hace por las razones que puse en el fic. Eso puede decirse que es canon.

Y entonces llegué a la confrontación de Jack con Elsa... esta fue la verdadera parte difícil del capítulo porque, si bien ya tenía pensado confrontarlos, no sabía bien como iniciar dicha confrontación. Y... al final quedó así. Algo apresurado, supongo... pero bueno. No quiero llenar de palabras el fic. Quiero hacerlo ameno. LOL

Sin más que agregar, les mando saludos a todos. Los amo. Tres.