Renuncia de derechos: Harry Potter y todo su universo son de J. K. Rowling. Tomo prestado parte de eso en el presente fanfic sin fines de lucro. Por otro lado, trama y algunos personajes sí son míos, por lo que me reservo su uso.

Advertencia:el presente fanfic insinúa detalles que no siguen el canon debido a que está ligado a la Saga HHP, escrita por su servidora antes de leer HP6 y HP7, así que no se admiten reclamos por la ausencia y/o presencia de personajes y situaciones que Rowling jamás escribió.

Este fanfic es para los "Desafíos 2.0" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".


FM1: Comienzos.

El lugar era tal como le habían descrito, una maravilla. Desde pequeño, Sirius Black sabía que iría allí, aprendería las cosas más estupendas y, lo mejor, saldría por fin de su sombría casa. Que un niño de once años deseara dejar atrás el sitio donde creció no era nada alentador, pero en su caso era la verdad.

El Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería lo tenía encandilado.

—¡Eh, mira allí! ¡Arriba!

A la derecha de Sirius, su compañero de viaje (y quizá su primer amigo) señaló con la mano por encima de sus cabezas, donde el techo encantado del Gran Comedor se veía salpicado de estrellas. Sirius no pudo menos que maravillarse con semejante espectáculo, aunque conocía otras cosas extraordinarias… y también siniestras.

—Yo supe del techo por un libro —se oyó una voz a sus espaldas.

Los dos chicos de pelo negro se volvieron y se hallaron con un niño castaño de ojos claros y aspecto un tanto enfermizo, que les dirigió una tímida mirada antes de agachar la cabeza. Sirius hizo una mueca, sin comprender aquel gesto.

—¿En serio? ¿Lo del techo viene en un libro? —indagó el otro de pelo negro, ajustándose los anteojos en la nariz, abriendo desmesuradamente los ojos castaños.

—Ah… Sí, viene en Historia de Hogwarts —respondió el castaño con timidez.

—Con razón. Nunca leo algo que tenga un título tan aburrido —desdeñó el de anteojos, antes de estirar la mano derecha —Soy James Potter.

El otro, según observó Sirius, contemplaba la diestra tendida como si jamás le hubieran dedicado semejante gesto, aunque terminó correspondiendo con su propia mano, con la cual dio un apretón a la de James.

—Remus —musitó, sonriendo apenas —Remus Lupin.

Un carraspeo en el inicio de la fila hizo que dejaran las presentaciones de lado. La profesora que los había llevado al Gran Comedor les explicaba que la Selección consistía en ponerse un viejo y ajado sombrero, llamado precisamente Sombrero Seleccionador (qué nombre tan original, pensó Sirius con sarcasmo), que les diría en qué casa iban a estar. A continuación, colocó el dichoso sombrero en un taburete y este entonó una canción que decía algo sobre cada casa del colegio (el valor para Gryffindor, la astucia para Slytherin, la inteligencia para Ravenclaw y la lealtad para Hufflepuff), al tiempo que los invitaba a ser unidos y protegerse unos a otros. ¿Tendría que ver con esas cosas tan extrañas que últimamente estaban pasando? Esperaba que no, aunque no adivinaba qué otra cosa podría ser. Ese sombrero sí que era raro.

Al acabar la canción, la profesora desenrolló un largo pergamino, se aclaró la garganta y comenzó a leer nombres, aunque no tardó nada en pronunciar…

—¡Black, Sirius!

Cuando el niño se quiso abrir paso, los demás comenzaron a mirarlo mal. No creía estarlos empujando tan fuerte, así que los ignoró y llegó al taburete, donde se sentó con decisión. De verdad, de verdad no quería ir a…

—¿Qué tenemos aquí? —musitó una voz en su oído, al menos eso parecía —Otro Black, ¿eh? Pues eres bastante fácil, siendo sincero…

—No te atrevas a… —comenzó a decir Sirius para sus adentros.

—¿A qué, jovencito? ¿A mandarte a la casa que encaja mejor contigo? Lamento decirlo, pero eso es lo que voy a hacer, porque como dije, eres fácil… ¡Gryffindor!

Eso no se lo esperaba. Por un segundo, Sirius no supo qué hacer, hasta que sintió que le quitaban el sombrero mágico, que todavía alcanzó a susurrarle algo.

—Allí encajarán tus agallas, te lo aseguro.

"Espero que sí", pensó el chiquillo, notando cómo todo el mundo se le quedaba viendo por unos segundos, antes que una de las mesas comenzara a aplaudir de forma notoriamente tardía.

Seguro creían que iría a Slytherin, como todos en su familia. Pues bien, que siguieran esperando. Sirius fue a la mesa que le aplaudía caminando con la espalda recta y sin expresión, aunque por dentro saltaba de gusto. Ahora solo debía poner atención a los demás en la fila, a saber con quiénes compartiría el dormitorio.

La atención no le duró mucho, eso lo notó al intentar hacer memoria en un momento dado y solo recordar nombres saltados en el orden alfabético junto con la casa a la que habían sido asignados. Y cuando menos se lo esperó…

—¡Lupin, Remus!

Sirius fijó la vista en el chiquillo castaño y pálido que había conocido poco antes en la fila de la Selección. ¡El sombrero le quedaba enorme! Quiso reírse, pero como lo más probable era que él mismo se viera igual de ridículo poco antes, se contuvo.

—¡Gryffindor!

Con cara de no poder creer en su buena suerte, Lupin dejó que le quitaran el sombrero, se levantó del taburete y fue a paso lento hasta su mesa, de donde provenía un fuerte aplauso en su honor. Sirius, en cuanto se sentó, agitó la mano en su dirección, queriendo llamar su atención, pero Lupin seguía con cara de asombro, como ido, así que lo dejó para después.

Después de Lupin, parecía que no quedaban muchos por seleccionar. Quizá por esas cosas raras que estaban sucediendo, los magos no habían mandado a sus hijos al colegio. Aunque Sirius no se imaginaba un lugar menos probable para una desgracia como Hogwarts. Se encogió de hombros, uno nunca sabe.

Y finalmente la lista llegó a la "P". Unos cuantos nombres se dijeron antes de…

—¡Potter, James!

James debía quedar allí, debía quedar… Sirius cruzó los dedos con fuerza.

—¡Gryffindor!

El jovencito de pelo negro y ojos grisáceos fue uno de los que más aplaudió. Por lo visto, los Potter eran famosos por ir a Gryffindor.

—¡Eh, Sirius, amigo, sí quedé aquí! —soltó James al colarse a un lado del recién nombrado, en el banco —Ya verás, lo pasaremos genial.

Sirius asintió con la cabeza, porque no le salía la voz.

Era la primera vez, que él recordara, que alguien lo llamaba "amigo".

–&–

—¿Cómo es tu familia?

—¿Te refieres a si son magos? Bueno, mi padre es mago, pero mi madre no. Y se la pasan peleando cuando mi padre quiere hacer cosas de la casa con magia. Nunca le salen bien, deja todo hecho un desastre…

Un chiquillo de pelo oscuro con ojos verdes y melancólicos hizo reír a todos los recién elegidos Gryffindor's con semejante anécdota, consumiendo de tanto en tanto alguno de los platillos ante él con verdadero apetito.

La cena estaba en su apogeo después de terminada la Selección. Los de primer año platicaban de cualquier cosa después de presentarse, esperando haber quedado en la casa que les convenía. En ese momento, por ejemplo, en la mesa de la casa del león hablaban de las familias y casi todos tenían al menos un padre mago.

—¿Cómo es que quedaste aquí, Black? —preguntó entonces una chica de cara delgada y largo pelo castaño recogido en dos trenzas —Oí que todos los de tu familia iban a Slytherin, ¿es verdad?

—Bueno, sí, es verdad —reconoció Sirius, encogiéndose de hombros mientras se servía más pastel de carne —Pero no me gustan todas las cosas que dicen de esa casa, así que me alegra que el sombrero no me enviara allí.

—Y mira que eres sangre limpia y todo…—apuntó el chico de ojos verdes con tal gesto bromista, que todos rieron.

—¿Qué es eso de "sangre limpia"? —inquirió una niña pelirroja de ojos verdes.

—Así le dicen a alguien que solo ha tenido parientes magos, desde hace mucho tiempo —contestó una rubia que usaba unos anteojos ovalados de armazón grueso, que no ocultaban muy bien sus brillantes ojos violetas —He oído que los Black nunca se casan con muggles, ni con mestizos, ni siquiera con squibs.

—¿Qué es un squib? —preguntó la pelirroja con curiosidad.

—Es una persona que nació en una familia de magos pero no tiene nada, nada de magia —apuntó una chiquilla de abundantes rizos castaños, sonriendo y mostrando apenas sus ojos, de un tono azul algo gris, que recordaba al cielo a medio nublar por la mañana —Son rarísimos. En mi clan no ha habido ninguno desde hace tres siglos.

—¿Tu clan? —se extrañó la castaña de trenzas.

—Mi familia. Soy irlandesa. ¿Has oído de los O'Campbell, no?

—¡Ah, sí! Verás, mi madre es una bruja, pero solo me contó lo que le convenía. No dijo nada de clanes irlandeses.

—¿Y tú, Evans? —quiso saber el niño de ojos verdes, mirando a la pelirroja.

—¿Yo? Bueno… Mis padres no son magos. Se sorprendieron mucho cuando llegó un mago del Ministerio a decirles que podía venir a Hogwarts. Aunque tengo un amigo mago que me contó muchas cosas…

Sirius intentó no hacer muecas. Se acordaba de Evans, por el viaje en tren, pero quitando al esperpento que tenía por amigo, no le parecía mala. A lo mejor su madre, si sabía que era hija de muggles, le haría mala cara, pero como eso no le importaba…

—Potter, lo que no puedo creer es que estés aquí y tu primo fuera a otra casa. O eso me contó mi hermano —soltó de repente Mary MacDonald, la de trenzas, dejando escapar una carcajada —¿No le dio un infarto a alguien de tu familia cuando se supo?

—¿Qué, por lo de Darius? ¡Nah! Tía Dorea fue a Slytherin, no les sorprendió.

—¿Dorea? —a Sirius el nombre le sonaba, así que reflexionó por unos segundos, sin fijarse que todos lo veían —¡Ah, sí! ¿Es hermana de Pollux Black, verdad?

—Eso creo, de soltera era Black. A mí me agrada, no sé por qué mi padre le hace tantas bromas a tío Charlus por haberse casado con ella. ¿Por qué?

—Es que Pollux es mi abuelo. ¡Sabía que te parecías a alguien! ¿Tu padre es Magnus Potter, el que fue buscador de los Murciélagos de Ballycastle?

James asintió y Sirius puso una sonrisa todavía más grande. Le encantaba el quidditch, aunque hasta la fecha no había podido jugar. Para el siguiente año, una de las cosas que quería era hacer pruebas para el equipo.

—¿Y tú, Pettigrew? —preguntó el de ojos verdes con curiosidad a un regordete niño sentado a su izquierda, quien en toda la conversación se la había pasado probando cuanto platillo tenía enfrente.

—¿Qué cosa? —dejó escapar el aludido, confundido.

—Graham pregunta cómo es tu familia —le ayudó Remus Lupin con voz serena, aunque seguía mostrándose muy tímido, y eso Sirius no lo comprendía.

—¡Ah, eso! Uno de mis bisabuelos, de parte de mi madre, era muggle. De allí en más, todos son magos. Al menos eso sé. ¿Y tú, Lupin?

—Eh… Mis padres son magos, pero mi madre es como Evans —contestó.

—¿Como yo? —se extrañó la pelirroja, frunciendo el ceño.

—Sí, como tú. Es una bruja, pero sus padres son muggles.

—¡Ah, eso!

La conversación sobre familias terminó allí, pues todos habían hablando un poco de sus respectivos parientes. Y justo en ese momento desapareció lo que quedaba de comida, dando paso a los postres, cosa que Sirius estaba esperando. No es como si en casa lo dejaran comer todo el pastel que quisiera…

—¿Qué materia les interesa más? —oyó el pequeño Black que preguntaba Evans, con un tono de voz más alegre que cuando dijo que sus padres no tenían magia —Antes de venir miré un poco los libros del colegio y todas parecen geniales.

—A mí Transformaciones. Ya sabes, cambiar algo en otra cosa —contestó la rubia de anteojos, que si Sirius no recordaba mal, se llamaba Magnolia Ferguson.

—¿Transformaciones? ¡Pan comido! —soltó la niña O'Campbell sin previo aviso, aunque pronto los demás a su alrededor dejaron escapar exclamaciones de asombro, ya que los rizos castaños de la niña habían desaparecido, dejando ver una mata de cabello rubio que se alzaba en todas direcciones.

—¿Eso es magia? —preguntó Evans, maravillada.

—Algo así. Nací metamorfomaga. Puedo cambiar de aspecto a como yo quiera. Mis padres querían que estudiara en casa porque creían que era demasiado rara para venir, pero insistí tanto que no les quedó remedio. Eso y que me puse el pelo azul por un mes, les daba tanta vergüenza que me vieran…

Varios rieron ante la imagen de O'Campbell con el pelo azul, Sirius entre ellos.

—A mí también me interesa Transformaciones —dijo de pronto James, con una gran sonrisa —Suena divertido eso de cambiar unas cosas en otras.

—¿Hay asignaturas donde no se use mucho la varita? Es que siento que seré un desastre —musitó Evans, un poco afligida.

—Pociones, creo —le indicó el niño de ojos verdes, Graham —Mi padre dice que si mi madre fuera bruja, quizá se le daría bien. Tiene mucho tino a la hora de mezclar ingredientes cuando cocina. Pociones es un poco así.

—¡Yo quiero aprender Encantamientos! —saltó de pronto Pettigrew, con la cara un poco manchada de chocolate.

Eso ocasionó todavía más risas.

Finalmente, el banquete acabó, tras lo cual el director dio unos cuantos anuncios antes de mandarlos a todos a dormir. Los de primer año debían seguir a un prefecto y, debido a la somnolencia, pocos prestaron la debida atención al camino, pero al menos los nuevos de Gryffindor sintieron que subían y subían cada vez más, hasta que llegaron delante de un cuadro con una dama grande vestida de rosa, que después de oír unas palabras del prefecto, les dejó pasar a una sala decorada en tonos rojos y dorados, con la chimenea encendida y butacas por doquier que parecían cómodas.

—Las niñas por un lado, los niños por el otro —indicó el prefecto —Verán que ya están allí sus cosas. Duerman bien, las clases los esperan.

Así, el grupo se separó y los niños, tras subir una escalera de caracol, llegaron a la puerta que decía "Primer Año", donde de verdad hallaron sus baúles, cada uno al pie de una de las camas con dosel y cortinas rojas.

Sirius, por alguna razón, sintió algo agradable que en absoluto le recordaba a su hogar en Londres. En el momento no lo supo, pero era algo que lo acompañaría a partir de ese momento en sus recuerdos, haciéndolo cada vez más consciente de que había llegado a un lugar del que no querría salir.

Aquello era calor de hogar. Sirius Black, por primera vez, se sentía en casa.

–&–

Sean bienvenidos a lo que, de no ser por un reto (últimamente los retos tienen la culpa de todo lo nuevo que escribe Bell), no me habría atrevido a desarrollar: mi propia versión de los años de escuela de los Merodeadores. ¿A que soy genial? (Bell se anda sintiendo Rowling de nuevo, pueden ignorarla). Además de los personajes canon que todos conocemos de esa época, aparecerán algunos de OC's, espero no les importe.

Ahora, un aviso importante: la especificación de mi Desafío es que este fic es de una modalidad llamada "Bifurcaciones". ¿Conocen esos libros infantiles donde, al final de cada capítulo, te dan dos opciones y debes ir a tal o cual página según lo que elijas? Este fic será más o menos así: dependiendo del género que quieran leer (se otorgan dos por sorteo), será el capítulo al que deben ir hasta llegar al final. Como pueden leer en las especificaciones del fic, a mí me tocaron "Family" y "Mistery", teniendo ambos géneros el mismo capítulo de inicio (es decir, el presente). Así que pido encarecidamente que antes de pasar a lo que sigue, vayan al menú de capítulos y fíjense en los títulos, pues allí está debidamente indicado qué capítulo es de cuál género (la "F" es para "Family" y la "M", para "Mistery"), así como su respectiva numeración. Lo sé, suena complicado, pero si no me quebrara la cabeza escribiendo, no sería yo (Bell rueda los ojos).

Dato aparte: mis lectores habituales de la Saga HHP reconocerán algunos OC's, aunque la novedad es el que tiene el apellido Graham: es el apellido de Henry, uno de los protagonistas de la saga antes mencionada, que es Gryffindor, tiene los ojos verdes y posee un carácter un tanto especial (¿serán parientes? Probablemente).

Cuídense mucho, cualquier duda pregúntenla con confianza y nos leemos pronto.