1-El dilema

Christine está en medio de una catástrofe: escoger entre el molesto muy cursi vizconde de Chagny, o el magnífico pero también obsesivo ángel Erik.

El silencio explotaba la cabeza de Christine, buscaba en los rincones consuelo u algo que tranquilizara su perturbada mente. Ansiaba escuchar la voz del ángel de la música la música, pero la plática con Raoul la inquieto.

Tenía miedo en seguir a lo que quería, ella quería estar con su maestro, quería sentir el mundo con él, sentir el placer de su presencia y su música. Pero no tenía el carácter para librarse de prejuicios provenientes del joven vizconde, aquel joven Raoul que se moría cada vez más de celos por Christine ahora odiaba a Erik y se había podido colar al corazón de la hermosa soprano. Eso era lo que más torturaba a la Daee, la destrozaba cada hora, buscaba la forma de hablar más tiempo con su ángel musical.

Pero recuerda su infancia con Raoul, ese niño que le devolvió su chal, ese dulce molestoso joven que la seguía todo el tiempo es el Raoul de hoy, ya no era igual que antes con el que compartía sus sueños e ilusiones, con el que escuchaba historias en el ático, ahora actuaba sin sentido quería que solo fuera Christine para él.

En esos momentos Christine quería olvidarlos pero también amar a uno, quería escuchar la voz de su padre, el sonido de su violín, solo eso calmaría su angustia. se sentía aprisiona da en una elección que ella ya había hecho , en su inquieta mente imaginaba como seria su vida después de este momento de clímax doloroso.

Miraba la noche susurrándole que la calmara, tarareaba la música de Erik eso sí que era su medicina, realmente pensaba en mandarlos al carajo a los dos en algunos momentos, pero cuando alguien está enamorado nada se lo quita y a Christine nadie le quitaría su gran amor.