Disclaimer: Supernatural pertenece a la CW, porque si fuera mío hace un par de temporadas que le habría dado un perro y una novia a Sam, y una casa con una valla blanca a Cas y Dean. La idea para esta historia fue sacada de un post de mi lugar favorito en el mundo: Tumblr.

Error de ventanas o La historia de cuando Dean metió la pata hasta el fondo y Castiel hizo algo así como un amigo

Hay ciertas preguntas que uno se hace de forma inevitable al despertarse un día domingo antes de las nueve. ¿Por qué a mí? ¿Cómo se me ocurre vivir en un sitio cercano a una iglesia? ¿Por qué mierdas hay tanto sol? ¿Es esto un castigo kármico por no dar de comer a mi tortuga Sheldon en quinto grado? ¿Por qué hay un hombre desconocido y sin camiseta durmiendo en mi sofá?

A veces las preguntas tienen respuesta, a veces no. Pero en lo que se refiere a la última de ellas la explicación es muy simple: Dean Winchester es un gilipollas. No nos equivoquemos, esto no está dicho como un insulto, sino como un hecho real y empírico; el cielo es azul, el mar es salado, el agua moja y Dean Winchester es un gilipollas.

Si Dean Winchester no fuese un gilipollas no habría tenido la brillante idea de salir tres días seguidos con Benny, aun sabiendo que una sola noche con su amigo era suficiente como para sobrepasar la cuota de alcohol en sangre normal para un ser humano. Si Dean Winchester no fuese un gilipollas, no habría acabado, por lo anterior, borracho hasta tal punto de olvidar dónde estaban las llaves de su casa. Si Dean Winchester no fuese un gilipollas, habría pensado que tal vez, y solo tal vez, entrar en el piso de su hermano escalando por la ventana a las cinco de la mañana no era una buena idea (cabe mencionar que el hermano de Dean es un ser humano enorme hecho de músculo y que si Dean Winchester no fuese un gilipollas, habría recordado que le habría dado una paliza por colarse sin avisar). Si Dean Winchester no fuese un gilipollas, al entrar en el piso de su hermano se habría dado cuenta de que 1. Su hermano no tiene una mesilla en el salón, 2. El sofá de su hermano es unas cien veces más incómodo que en el que se duerme y 3. Que su hermano no tiene gatos. Pero como Dean Winchester es un gilipollas de tomo a lomo, sale con Benny durante tres días, olvida dónde está su coche, se encarama a un árbol para entrar por la ventana al piso de su hermano y termina en el sofá de un muy, muy, muy confundido Castiel.

La razón por la que Castiel está tan, tan, tan confundido (bueno, además de la parte obvia en la que hay un hombre semidesnudo en su sofá un a las ocho de la mañana con cuarenta y dos minutos un domingo de mediados de septiembre) es porque, como cualquier otro hijo del vecino, tuvo una época de rebeldía y locura, en la que todo lo que hacía era beber y salir de fiesta y, si había suficiente alcohol en su cuerpo como para olvidarlo al día siguiente, acostarse con alguna que otra chica. Pero, a diferencia de cualquier otro hijo del vecino, terminó siendo apuñalado por una chica llamada April, lo que hizo que dejara esa vida atrás y entrara en lo que podría decirse delicadamente como un periodo de sequía. Tampoco hay que tenerle lástima al pobre Castiel por no haber tenido sexo en los tres últimos años. No mucha al menos. Ya que en ese tiempo descubrió muchas cosas sobre sí mismo, como que le gusta leer hasta no poder más aunque esté cansado al día siguiente, que no le gusta despertarse temprano (independientemente del nivel de alcohol que haya consumido), que es más de Quidditch que de fútbol, que es más de Han que de Obi Wan y, la más importante, que es más de Luke que de Leia (si sabéis a qué me refiero). Tras todas estas grandes epifanías, vino una más: a Castiel le gusta la soledad. Así que, poco a poco, se convirtió en lo que la gente normal llamaría un ermitaño; su vida se resume en ir a clase, ir a la biblioteca, ir a su casa y –de vez en cuando- ir a casa de Gabriel. Y vuelta. El único gran amigo que ha hecho en estos últimos años es Balthazar, que se deja caer de vez en cuando por su piso.

Pero está muy claro que la persona que duerme en el sofá no es Balthazar, ni nadie que conozca porque Castiel no tiene más amigos y el hombre en cuestión es demasiado alto para ser Gabriel. También está muy claro que no debería estar ahí. Y Castiel se pregunta si hay alguna especie de protocolo social para estas situaciones. Así que hace lo que cualquier hombre hecho y derecho haría si se encuentra con otro hombre semidesnudo en su sofá a las ocho de la mañana con cuarenta y dos minutos un domingo de mediados de septiembre. Gritar. Muy jodidamente fuerte.

―¿Pero qué…?― Dean se levanta sobresaltado (cosa de la que se arrepiente inmediatamente) ―¿Quién eres tú?

―¿Quién eres ?

―Yo pregunté antes.― Castiel se siente descolocado con la respuesta. ¿Qué clase de ser humano allana la casa de alguien y se levanta con réplicas sacadas de los niños de preescolar?

―Pe…pero… esta es mi casa.

―¿Qué?― por primera vez Dean se da cuenta de que ese no es el sofá de su hermano, ni el piso de su hermano. ―¿Dónde estoy?

―En el 437 de la calle Green.

―¿En qué piso?

―El 3ºC.

―Eso lo explica. También explica lo de los gatos.― Castiel lo mira como si fuera el primer ser humano que ha visto en años. –Eeeeehh… Sam vive arriba.― Los ojos azules -muy, muy azules, nota Dean- siguen mirándolo con el mayor gesto de extrañeza posible (cosa que, vale, es bastante normal). –Sam; estúpidamente alto y con el pelo como un hippie, es mi hermano pequeño y vive en el piso de arriba, creí que estaba entrando en su salón.

Eso explica mucho piensa Castiel. Claro que sabe quién es Sam, le ha visto muchas veces por el ascensor y alguna vez en la universidad, aunque hasta ese momento solo le conocía como "Culo Mordible". Apodo no puesto por él, sino por Gabriel y Balthazar que aparentemente no tienen nada mejor que hacer que cotillear sobre la gente que vive en su edificio. (Solo como nota aparte, las vecinas de al lado eran "Flequillo A Lo Hitler" y "Ropa Chillona"; los de abajo, "El Hijo Bastardo De Ellen Degeneres y Ken", "Futuro Presidente De Los Estados Unidos", "Risa De Caballo" y "Demasiado Gay Para Cassie"; y enfrente vivían Hael y Judith pero Baltazar se había acostado con las dos y habían terminado por irse del edificio y ser sustituidas por "Pechonalidad", "La Que Siempre Está Cantando" y "La Rubia No Tan Rubia").

―¿Y cómo has entrado?

―Hay un árbol estratégicamente bien colocado bajo vuestra ventana y, por cierto, deberías poner una cerradura mejor.

―Sí, es que no calculaba que alguien estaría suficientemente loco como para escalar el árbol para dormir en mi sofá― Dean se ríe, y a pesar de que instantáneamente la cabeza le duele de forma infernal, vale la pena. Castiel entonces se toma tiempo para ver de verdad al hombre con el que habla; se fija en que se le forman arrugas en la comisura de los ojos cuando se ríe, que tiene pequeñas pecas en el puente de la nariz, que tiene los ojos más verdes que ha visto en su vida y que a pesar de acabar de despertarse y, posiblemente, estar con resaca, era atractivo. No, atractivo no era la palabra. Guapo. Dolorosamente guapo. Tan guapo que debía ser ilegal ser así de guapo.

―Bueno, tío, lo siento mucho, de verdad. Prometo no volver a entrar a tu casa a hurtadillas de noche.― A Castiel, que jamás de los jamases le pasaba nada interesante, le pareció repentinamente inaceptable no tener más desconocidos entrando por la ventana. –Por cierto, soy Dean. Dean Winchester.

―Castiel Novak.

―Un gusto en conocerte, Castiel. Otra vez, siento mucho las molestias. Ahora me iré a despertar a mi hermano para luego asaltar su cocina… ¿Y mi camiseta? No importa. Hasta luego.

Castiel se queda sin moverse, como si le hubiese echado un balde de agua fría.

―Oye, Cas.― Dean lo mira con una sonrisa― ¿Quieres un café? No ahora, ahora me siento como si un tren me hubiese atropellado, pero… Otro día.―Puede que Dean sea un gilipollas, pero cree que es buena idea compensar al pobre chaval al que le ha allanado la casa (aunque no hubiese sido aposta) y que tiene los ojos azules como el mar en calma -¿qué cojones? Vale, sí que necesita dormir con urgencia-. Honestamente, a su cerebro no le da tiempo a pensárselo dos veces antes de hablar. Pero Cas asiente, así que todo está bien. –Guay. Nos vemos, entonces. Y, Cas… bonito lunar.- Antes de que Castiel se dé cuenta de que está hablando del lunar que está justo al lado de su pezón derecho y que, por tanto, ha estado todo este rato sin camiseta y, por consiguiente, se ponga tan rojo como el más rojo de los tomates, Dean-soy-demasiado-atractivo-para-ir-por-la-calle-sin-un-cartel-de-advertencia se ha ido.

Dean sabe que necesita dormir y Cas cree que no va a ser capaz de pegar ojo otra vez en un buen rato. Cas se da cuenta de que no tiene ni su número ni ninguna otra forma de comunicarse con él y Dean piensa que si el destino ha hecho que entrara en la ventana equivocada, seguro que hace que vuelvan a verse.