Capítulo 11

CONFÍA Y ACLARA

Realmente no quería meterse en problemas. En serio que no. Todo cuanto quería y pensaba hacer era volver a casa, tumbarse en el mullido césped del jardín posterior y escuchar las monosilábicas protestas de Sasuke tras el incidente de la mañana o divertidamente verle desquitar su frustración con alguno de esos estruendosos juegos de Xbox.

También el crujido en su estómago le había estado remitiendo que lo más sensato era volver a casa, así terminase engullendo otra desabrida ración de alimento para perro. El cielo de la tarde había empezado a oscurecer y estaba en un territorio que no era ni suyo ni siquiera parte de su ruta cotidiana.

Sin embargo esto último no terminó recordándolo él sino que dos no tan amables desconocidos remitieron la no tan amable oportunidad de permitirle una llana explicación… o una decorosa disculpa.

Dos inmensos perros, uno de tono grisáceo casi platinado y otro atigrado y atezado, ambos con la fisionomía de un toro en miniatura y la misma mal encarada expresión de uno. Itachi rehuyó a la idea de siquiera contestar el gruñido reverberante de éstos; un gesto de advertencia y que él había aprendido a las malas a ignorar. Con el rabo en una sosegada y pacífica postura descendida y la cabeza hacia abajo con las orejas gachas pretendió lo más digno que se podía hacer; una retirada silenciosa.

Trató de eludir los histéricos clamores de "¡lárgate de aquí, pedazo de basura!" procedentes del par de brutos y ni siquiera hizo contacto visual… pero la medida de retirada flanqueó y retrocedió tan de repente que sus patas traseras chocaron contra una escalera plegadiza, arrinconada contra una barda y ésta fue a dar al lugar menos propicio en el momento... justo sobre la cabeza molosoide del perro atigrado. Itachi fintó hacia un lado, hacia la seguridad de la otra calle y fue derribado contra la pared por el otro can como si una bola de demolición hubiese caído sobre él.

Adiós a una evasiva silenciosa y discreta. Invariablemente del factor de dos contra uno, no tenía oportunidad. Aun como humano no era tan hábil en cuestiones de combate, la única actividad deportiva "real" fue en sus años de secundaria y los primeros de preparatoria cuando estuvo en el equipo de atletismo; ahora con un cuerpo transmutado en cuadrúpedo había conseguido mantener suficiente agilidad. El fútil intento de escapar quedó frustrado cuando una mandíbula se cerró contra uno de sus flancos y un diestro juego de afiladas zarpas pasaron cortando tajos de pelo sobre un hombro. Arrinconado y tratando instintivamente de mantener a salvo los órganos vitales, sobretodo el cuello, Itachi no tuvo otra alternativa que arremeter una patética e inútil maniobra de defensa.

Desfavorablemente, la mordida de un labrador no ejercía ni la tercera parte de fuerza de empuje y sujeción que tenía en comparativa la "mordida de tijera" de un enfurecido tosa-inu de cien kilos.

Notó algo cálido y rojizo en la tierra bajo él, mientras el cuerpo se encogía en un ovillo, como natural impulso no de defensa sino de superviviencia. Estaba sofocado y eso le llevó a perder el conocimiento. Oía otras voces… inclusive le pareció reconocer el aguardentoso y profundo gruñido de Buru o los ladridos ásperos de Urushi o a algunos de los otros perros propiedad de Kakashi Hatake…

No… Hatake-sempai no estaría ni cerca…

Y con esa idea, Itachi se sumió en una bruma.

Quería quedarse allí, inmerso en esa nada. Se estaba a salvo, aunque el dolor escocía horriblemente. Había un aire tibio y olía bien. Era un aroma cálido, recientemente descubierto y tranquilizador…

¿Flores de cerezo? Aun no es temporada… ni siquiera ha pasado el invierno…

Se sentía momentáneamente tranquilo… si no fuera por unos lejanos gritos histéricos y agudos. ¿Quién gritaba de esa manera? Era desesperante…

No tenía fuerza ni intensiones de averiguarlo. La penumbra…

…y ese aroma cálido era tan apacible y dulce…

0—

Akamaru, el pequeño cachorro blanco y orejón, había despertado de pronto ante el barullo armado en los alrededores, todavía hecho un ovillo, sobre la cama y a los pies del muchacho, quien roncaba como un motor fuera de borda. Y el propio Akamaru pretendía volver a dormirse, ignorando el escándalo de los otros canes que clamaban que había ocurrido un pleito no muy lejos de allí. Tenía curiosidad y como todo cachorro, enterarse del suceso –exagerado o no- era un instinto difícil de dejar de lado. Aunque Kuromaru, el viejo gruñón de la manada le habría reñido al momento si lo hubiera intentado.
Sin embargo, el escándalo afuera se volvió más cercano, y Akamaru en curioso afán terminó bajándose de la cama, corriendo en torpes saltos hacia la ventana en cuanto escuchó la aterrada voz alarmada de Sakura. No había palabras en ese grito desesperado, no hacía falta ser un genio para comprenderlo… al menos no para cualquier perro.

Y recordaba esa voz, de aquel día en el parque… y el aroma, ahora acompañado de otro igualmente familiar.

Debido a su reducido tamaño, Akamaru tuvo que subirse a la silla junto a la ventana para comprobarlo y bajó de un salto, echando a correr por la alcoba y en afán de despertar a "su persona".

¡Kibaaa-saama! –clamó correteando sobre la duela de la alcoba de Kiba Inuzuka.— ¡Kibaaa-samaaa!

Éste no se movía.

Akamaru saltó a la cama de nuevo, empujándole torpemente y tirando de la sábana.

¡Kiba-saaa…!

El muchacho se irguió, aun con los ojos casi cerrados y le tomó del pellejo del cuello, alzándolo.

—Akamaru, deja dormir. –reprendió con la voz en un profundo bostezo. Echando las sábanas hacia un lado y sin soltar al cachorro, se levantó—¡qué escándalo! ¿Quieres salir? Ok, vamos afuera…

Se detuvo –mientras Akamaru pataleaba inquieto- y miró distraídamente hacia la ventana, específicamente el manchón rosa que aullaba intermitentemente tras el cancel. Había algo negro inerte sobre su lomo.

—¡¿Qué rayos?! –parpadeó repetidas veces para quitarse el sopor y asegurarse de que no seguía inmerso en algún sueño.—¿Saku-chan?

Bajó a Akamaru y este echó a correr a su alrededor mientras Kiba salía al pasillo para despertar a su madre y a su hermana.

Las luces del piso superior, proveniente del complejo habitacional que se hallaba sobre la clínica veterinaria, se encendieron. Tsume Inuzuka, ataviada con una deshilachada franela sobre el camisón para dormir, entreabrió levemente el portón de la entrada, asomándose y profiriendo la misma exclamación que su hijo menor.

Alguien había saludado escuetamente y tan de repente que casi le hace saltar.

—Tsume-sama. –la sombra emergió de algún lado entre la penumbra, plantándose a un lado de la escandalosa husky rosácea. Saludó escuetamente, como en cualquier situación perniciosamente normal.

Sakura también se sobresaltó.

¡Sensei…! ¡Qué bueno que esta aquí! ¡Es Itachi! ¡Él…!

Kakashi hizo una discreta seña con el dedo, en gesto de silencio.

—¡Por la calva de Buda! –la voz de Tsume Inuzuka se elevó en una exclamación ronca— ¡¿Qué diantres ocurre, Hatake?!

Kakashi tomó el cuerpo del inconsciente perro negro, como quien alza un inerte y espeso abrigo de piel.

—Pues, sólo un pequeño problema con este… muchacho.

—¡Son las dos de la madrugada! Sólo a ti se te ocurre venir a deshoras de la noche y trayendo animales que no te pertenecen…–Tsume clamó inútilmente. Abrió la reja y contempló lo que Kakashi alzaba con ambos brazos—¡Carajo! ¡¿Éste otra vez él?! —pasó una mano por debajo del cuerpo, ayudándole al sensei. Sangre caliente cubrió las manos desnudas de Tsume—¡¿Qué le pasó ahora?! Parece que lo embistió un tren de carga.

Kakashi suspiró, andando hacia el interior del precinto.

—No propiamente un tren. Podría resumirse a terminar en el territorio menos indicado…—musitó.

—¿Y qué haces tú con él? Se suponía que ése cabeza hueca de Obito estaba a cargo.

—Ah, no. Obito lo dejó al cuidado de su primo… el hermano de Itachi-san.

Tsume espetó un resoplido ligeramente molesto. Encendió la lámpara fluorescente del consultorio y sacó el material de curación.

—Sigo pensando que los Uchiha no son de fiar. Y menos en cuanto a la tenencia de animales.

—Bueno –Kakashi se alzó de hombros—…si de tenencia responsable de mascotas hablamos, el problema aquí es con Bee-sama. Sus tosa-inu fueron los causantes de esto…

—Madre, ¿qué…? –Hana bajó, todavía en pijama. Se quedó inmóvil junto al marco de la puerta del consultorio—¡"Comadreja-chan"! ¿Qué le pasó?

—Parece que unos grandulones lo usaron como saco de golpeo–respondió Tsume escuetamente. Colocó al maltrecho animal sobre la mesa de revisión y éste profirió un gruñido bajo; una mera respuesta instintiva. La mujer le dirigió una mirada de entendimiento a su hija—Supongo que querrás encargarte del "paciente".

Esta asintió, tomando una de las batas de la repisa. Miró de reojo a Sakura, todavía quieta en la entrada. Kakashi alzó ambas manos en gesto sosegado.

—Viene conmigo. –susurró y volvió su atención a la mancha negra sobre la metálica mesa—…y si no fuera por ella, podría haber sido demasiado tarde…

Hana se caló el estetoscopio revisando el exánime ritmo cardiaco. Palpó las heridas; cortes profundos como los de un cuchillo aserrado y desigual; sin duda eran las marcas bruscas que solían quedar tras una riña entre cánidos, y éstas eran más toscas y profundas cuando uno (o en este caso dos) llevaban ventaja de tamaño.

—Perdió demasiada sangre… —musitó Hana. Le dirigió una mirada fugaz a su madre, antes de que ésta pensase siquiera volver a mencionarle la opción de "dormirlo", como lo hiciera anteriormente meses atrás, cuando coincidencialmente el mismo animal terminó bajo su cuidado momentáneo en una situación un poco más precaria que ésta—Pero sobrevivirá.—se giró a Kakashi, quien se había sentado en una de las sillas de la minúscula sala de espera—¿viste a los atacantes?

Éste respondió resueltamente que había escuchado el escándalo cuando regresaba de pasear a sus perros y vio como dos gigantescas siluetas corrían calle abajo. Pudo reconocerles ya que no era la primera vez que rondaban por el tranquilo complejo apartamental.
Una sutil y discreta mentira a medias.

Sakura, había conseguido salir de aquel amedrentado estado de shock, sin embargo todavía su respiración era un resuello bajo. Se sentó contra la pared frente al portón del consultorio, mientras que la plática acortada entre las Inuzuka y Kakashi había pasado a ser un ruido de fondo y el tic tac del reloj ubicado al lado de la recepción ahondaba en sus oídos haciéndole pensar que el tiempo pasaba muy lentamente. Los escasos vestigios de la pesadilla seguían allí, pero el centro de su preocupación estaba clavada en Itachi; la pérdida de sangre había sido mucha. El olor del antiséptico le escoció la nariz, además de que le provocaba una mala sensación.

—No esperaba verte aquí, jovencita…—la voz de Kakashi era un susurro bajo. Estaba a su izquierda. Parecía sonreír debajo del cuello alto de su gabardina—…pero es bueno que poco a poco aprendas a considerar más a otros que a ti misma.

Sakura no se atrevió a mirarlo, aun había cierto recuerdo, vago y estremecedor en el sueño que había precedido a esta inquietante noche. Había bajado la cabeza, con las orejas gachas en obvia expresión consternada.

El escándalo me despertó, inclusive Naruto insistía… y yo no esperaba que él dijese algo así, suponía que aun estaría molesto y era obvio que Itachi no le agradaba.

El sensei pareció expresar una risa corta e imperceptible.

—Los perros, los caninos en general al igual que muchas otras especies animales. Son solidarias entre sí.

Sakura ladeó una oreja y entrecerró la mirada.

Si… y también fueron simples perros los que lo dejaron como coladera. ¿Cómo explica eso?

—Bueno, algunos animales responden más a sus instintos territoriales. Por desgracia, eso también es parte de la naturaleza, como todo, tiene que haber un balance… y no sabemos tampoco la situación completa.

Itachi no les provocó, eso es obvio. Es un presuntuoso y fastidia con ese aire serio y poco expresivo pero no es un buscapleitos…–deliberó ella. Notó la mirada fija, casi curiosa, de Kakashi—¡¿Qué tanto mira?!

Ignorando entretenidamente el repentino cambio de carácter de Sakura, pasando de una agónica preocupación a ese gesto de molesta timidez, Kakashi posó su mano sobre la cabeza de ésta, en gesto alentador.

—Parece que en pocos días has llegado a saber bastante de él.

Tuvo el impulso de repelar algo más, sin embargo con el cansancio físico y mental del momento, la incipiente incertidumbre en cuanto al estado de Itachi, por no decir lo incómodo que comenzaba a resultarle estar en un consultorio veterinario, prefirió no decir nada más.

Mucho menos respecto al hecho de que el aroma del aludido labrador negro nunca le había inspirado desconfianza…

"Aroma… ¿ahora había un aroma de por medio? ¡¿En serio, Sakura?!", se reprendió mentalmente.

Olvídelo –resolló cortante.

Kakashi no dijo nada más. Éste se había levantado, yendo nuevamente al interior del consultorio para ayudarle a Hana a mover a Itachi. Seguía inconsciente, Sakura sin moverse de su lugar arqueó el cuerpo hacia delante, viéndolo aun inmóvil sobre la mesa de revisión, con un vendaje completo alrededor del torso y una férula temporal en la pata delantera izquierda. Un par de surcos carmesíes de apreciaban alrededor del cuello, la herida estaba desinfectada y alrededor se veía el enrojecido cuero debajo del pelaje.

"¿En qué lio te metiste, Itachi?"

Se quedó por fracción de segundos, en preocupada contemplación cuando lo pasaron a una de esas jaulas para observación. De algo estaba segura, esa noche ella no se movería ni un ápice de allí, a pesar de que el aroma de medicamento y desinfectante no le tranquilizaban mucho. Empujando el cuerpo hacia delante, con las patas delanteras todavía temblorosas por el esfuerzo, se tumbó pesadamente sobre el vientre. Entrecerró la mirada, mientras el cansancio y el sueño le vencían.

0—

Bip bip biip

El timbre resonó en su cabeza. Ino Yamanaka entreabrió un ojo, mientras el sol matinal entraba entre las comisuras de la cortina. Volvió a echarse la sábana al rostro y se giró de lado, dándole la espalda a la molesta luz.

Nuevamente el molesto e intermitente pitido del celular irrumpió en la apacible calma. Sacó una mano por debajo del bulto formado por la sábana y el edredón y tomó el teléfono de la mesita de noche. La pantalla brillaba con la intermitente ventanita de llamada entrante, justo debajo del reloj que marcaba las nueve menos quince minutos.

"¡Es sábado!", aquejó mentalmente. "¡¿Quién se le ocurre llamar a las nueve de la madrugada en SABADO?!"

Estuvo a punto de apagar el aparato y dejarlo nuevamente sobre la mesa, cuando éste empezó a vibrar nuevamente. Ahora la programación de llamada emergente a modo "silencio" le había parecido el invento más estúpido en la historia. Vio un número desconocido en la pantalla y quizá eso le hizo dudar. Respondió hasta el segundo intento.

"Si es de esos fulanos con encuestas, voy a recordarle el verdadero significado de fin de semana de una manera no muy elegante"

—¡¿Diga?!

—Oh, Ino-chan… —la voz de Kiba Inuzuka le sacó completamente de balance.—B-buenos días… ahm…

¿Le había dado su teléfono? No. No recordaba eso. Una cosa era su perfil en la red social y otra muy distinta era darle su número.

—¿Cómo conseguiste mi número de celular?

—Ah… oh… —se le oía nervioso. Eso tampoco le agradó mucho a la chica. Pareció carraspear un poco, exhalar y —…perdona que no lo mencionara… está en el reverso de la placa de Saku-chan y…

"Sakura… ah bueno. Ella puede arreglárselas sola." Su mente le apremió a colgarle a Kiba y volver a terminar su sueño reparador. Se irguió de repente.

—¡¿Sakura?! –el grito agudo obligó a que Kiba al otro lado de la línea se apartase el auricular momentáneamente. Ino tropezó con la sabana enrollada en los pies y corrió hacia la ventana, escudriñando aterrada hacia el jardín.—¡¿Qué pasó con ella?! ¿Está bien?

—Si… descuida… —Kiba resolló nerviosamente.—No es nada… ¡Realmente no vas a creerlo…! ¡Llegó a media madrugada con otro perro que parecía muerto, llevándolo sobre el lomo y…

El resto de la explicación le pareció una completa locura y al mismo tiempo un escenario de lo más acertado. A pesar de los entrecortados balbuceos del chico, que posiblemente se debían a que no sabía cómo explicarlo sin que ella le tomara por un chiflado, ella asintió, haciendo su mejor esfuerzo por no oírse tan alterada… y tampoco para no llamar la atención de su padre, sentado ya en la sala, con su acostumbrada taza de café.

Memorizó la dirección, mientras, sin soltar el teléfono, se enfundó en una muda de ropa –primero muerta que salir en pijama- y colgó resueltamente. Pasó corriendo por las escaleras y detrás del sofá de su padre. Éste preguntó respecto al histórico hecho de que su hija decidiese levantarse antes de las diez de la mañana en un simple y ordinario fin de semana.

Ino, quien no quería llamar mucho más la atención, se limitó a responder que quería salir a correr con Sakura. Y salió, así sin más, con la correa en la mano y sin dejarle a su padre opción de más preguntas.

0—

El aroma a cerezos había menguado. Seguía allí, sólo que más lejano, opacado por la agria peste a lysol, betadine, alcohol quirúrgico y demás enseres médicos. Aquello le picó tanto la nariz que estornudó ruidosamente… provocando con esto un gemido ronco cuando sintió que algo le pinchaba dolorosamente el costado.

Itachi entreabrió levemente los ojos y se encontró con la rejilla metálica de una jaula. Reconoció el lugar, a pesar de la poca visibilidad. Metros delante estaba una mesa de metal, seguida de un dispensario apenas lleno de frascos y cajitas diversas, una pantalla de luz para radiografías y un cartel ya envejecido pegado contra la puerta.

"De vuelta con los Inuzuka… ¿no había pasado eso ya?"

¿Qué hora era? ¿Había amanecido? Lo dudaba, pero su mente y su actual concepto del tiempo no era más que una maraña de ideas revueltas. Quería dormir… necesitaba recuperar fuerzas. Escuchó abrirse la puerta, el rechinido de ésta fue como si lo hubiese intensificado un altavoz. Itachi aun tenía los sentidos embotados.

Alguien entró, y otra voz resonó desde lejos.

—Asegúrate de que no haya tratado de morderse el yeso, Kakashi-kun. –era la voz de Hana, enérgica y jovial como siempre.

Escucharla nuevamente le arrancó un suspiro frustrado. Si, esta era una ocasión repetida, al menos no tenía esa cosa alrededor del cuello. Ironías de la vida, aunque no quería imaginarse lo que sería terminar en otra clínica o en la perrera.

Su mente perezosa y confundida se detuvo en un nombre.

¿Kakashi?

Una mano abrió la rejilla y se posó en su cabeza.

—Parece que solo aprendes por las malas, Uchiha –la voz era ominosa, pero había cierto tono sereno.

¡Sempai! —Itachi sintió que cada palabra le costaba bastante. Bufó, emulando una risa corta que no fue otra cosa que un patético jadeo—…¿finalmente vas a arreglar esto?

—¿Ah? –el aludido pareció sobresaltarse levemente, luego rió por lo bajo—Ah, arreglar algo en lo que tú sólo te metiste. No lo creo, Itachi-san. Es tú responsabilidad.

Aun con el ardor en el costado y la punzación en la pata rota, alzó el cuerpo como pudo.

¡¿Qué?!... pero si he tratado de mejorar… he estado pendiente de Sasuke… y…

Kakashi pasó la mano de la cabeza hacia el hocico, en ademán severo.

—No es suficiente, Itachi-san. Fueron muchos errores, y no solo es que hayas relegado a tu hermano cuando más te necesitaba, sino a los otros a quienes defraudaste…

Itachi resopló, haciendo esfuerzos por no volver a sumirse en el sopor.

Pues disculparme con Hana será imposible estando así.

—Ingéniatelas… Tienes que evitar caer en los mismos errores. Esto que pasó fue una advertencia.

La voz de Hana irrumpió nuevamente.

—Menos mal, el yeso sigue completo. –miró de reojo a Itachi, con ese mismo gesto amable que tanto le había agradado y que tantas veces había ignorado estúpidamente. Le dedicó una sonrisa fugaz para luego dirigirse al dispensario—Kakashi-kun, ¿Llamaste a Obito?

Este afirmó y la conversación cambió de rumbo. Salió dejando a Itachi nuevamente solo, agobiado y molesto. Más molesto consigo mismo que con la frustrante conversación con Kakashi que no resolvía nada. Bostezó, sintiendo nuevamente que los párpados le pesaban como concreto. Tal vez dormir le aclarase la mente… y dejase de punzarle la cabeza y las heridas.

Afuera había un barullo casi imperceptible y entre la bruma del sueño seguía escuchándoles. Una chica de voz aguda hablaba con Kiba, éste alzaba la voz en intervalos enérgicos como si estuviese narrando algo inverosímil. Las voces de Hana y su madre arguyendo por los suministros de medicinas. Y alguien más.

Nuevamente aquel aroma a cerezos. Más fuerte y cercano. Itachi se giró, notando la puerta nuevamente abierta y a alguien contemplándole desde el otro extremo de la jaula.

Sakura…

Ésta emuló una casi imperceptible sonrisa. Sus orbes verdes todavía denotaban todavía preocupación.

¿Qué fue lo que pasó, Itachi…?

0—

Obito volvió a guardar su teléfono celular en el bolsillo del desgastado pantalón que acostumbraba llevarse para sus horas de trabajo con la manada. Resopló levemente preocupado por la noticia, y también levemente molesto por haber sido Kakashi quien se la diese.

No es que hubiese una marcada rivalidad, eran buenos amigos y las rencillas de adolescentes habían quedado atrás. Era un buen amigo, después de todo, él había contribuido mucho a sobrellevar las secuelas del accidente automovilístico culpa del viejo Madara… y le había enseñado lo básico como adiestrador canino. Esto mas que hobbie se tornó un medio de sustento útil, moderado pero útil a pesar de la opinión del resto de la bien ponderada familia Uchiha.

…y esto le llevó a pensárselo repetidas veces antes de enfilar el vehículo en dirección al barrio Uchiha. Suficiente era con que el tio Fugaku le viese como el fracasado de la familia. Ahora que, "Comadreja" era responsabilidad de Sasuke, aunque el muchacho era serio y esquivo, también era responsable y si llegaba con semejante noticia, toda buena intención sería en balde.

Bah, él podía encargarse y luego hablar con Sasuke nuevamente respecto a las responsabilidades de tener una mascota. No había necesidad de meter un drama exagerado en casa de sus tíos en un sábado tan tranquilo como éste.

Una mano lava la otra… al menos en un contexto totalmente opuesto al corrupto sentido que Madara Uchiha espetaba cuando usaba esa frase.

0—

No tenías por qué hacerlo –Itachi dijo finalmente.

De haber podido –al menos en una manera obvia como cualquier humano- Sakura se habría encogido de hombros.

—Tampoco iba a dejarte allí como esos animales arrollados en la calle. –hizo una pausa y luego elevó más la voz, en actitud solazada—Y no es por lo de las buenas acciones… creí que debía hacer algo para enmendar el estropicio que causamos en la mañana…

Él arqueó una ceja.

—Eso tú lo empezaste.

Sakura bajó la mirada, asintiendo retraídamente y maldiciendo que Kakashi tuviese tanta razón en algo; un perro no puede mentir.

Alguien le llamó desde el otro lado de la sala de espera, reconoció la voz aguda de la otra chica. Sakura asintió con un gruñido.

—Sakura… —Itachi murmuró, antes de que ésta se girase. Se acercó a la jaula.

Quedando ambos frente a frente, el sutil contacto estaba separado por la rejilla.

Sin saber porque, al Uchiha se le ocurrió hacer algo. Fue un impulso sutil y vago, casi inhóspito pero lo suficientemente claro como para percibir la cálida lengua de Itachi rozando el dorso de su hocico. Un susurro bajo escapó de entre su aliento.

—Gracias.


CONTINUARA


N/A:
y... ¿habemus shipping? Creo que si xDD
¿Que depara el futuro ahora?... pues sigan sintonizándonos, mismo canal misma hora xDD
Ya saben, todo comentario es bien recibido!