Hola Hola, lo siento horrores, estuve mucho tiempo sin internet y por eso no he podido actualizar antes.

Quiero que hagáis una votación sobre las historias que tengo y me digáis cuales preferís que siga primero, un orden. Para centrarme en ellas de dos en dos, aunque puede que escriba algún capi de las otras, pero para ir terminando algunas.

Muchas gracias por los Reviews de ánimo y por seguir ahí pese a mi tardanza. Estoy desde un cibert por eso no respondo a los Reviews, pero estad seguros de que en cuanto tenga internet en casa los contestaré todos.

Historias:

El primer caballero

No Intervendremos

Hija de lo prohibido

Redención

Un Amor inquebrantable

Beso de la Noche

Orgullo y Prejuicios

Erase una vez

Cambios Inesperados

Fuego en el alma

Sin más aquí os dejo el nuevo capítulo de este fic.

NOMBRE DEL RETO:

"¡En el filo de la oscuridad!"

"Fuego en el alma"

1. -Hermione debe morir en la batalla final salvando a Harry de un hechizo a traición de algunos de los mortífagos después de que Harry matara a Voldemort.

2. -Al morir Hermione, Harry se da cuenta de que la amaba pero que hay como una fuerza interna que lo une a Ginny y se casan pero él es muy infeliz.

3. -Al estar casado con Ginny escucha una conversación entre ésta y Ron es lo que hablan de los felices de estar con el dinero de Harry, que solo estaban con él por sus riquezas y que nunca habían sido amigos de verdad.

4. -Al escuchar esto, Harry se da cuenta de que algo raro paso, va a San Mugo y se da cuenta de que tiene varias pociones de amor en su organismo.

5. -Harry después de esta traición se vuelve un poco Dark y decide ir al pasado para vivir su vida tal y como se merece.

6. -Harry debe utilizar un gira-tiempo con una poción especial.

7. -La historia debe ser Harmony.

8. -Podéis elegir en que parte de Hogwarts vuelve

9. -Dumbledore debe ser igual o más manipulador

10. .-Harry debe estar enamorado de Hermione y ser un poco OCC (fuera del CANON)

Prólogo:

Segundas oportunidades, es lo que siempre solicitamos cuando sabemos que algo hemos hecho mal. Casi nunca se nos conceden.

Yo, por otra parte la había conseguido, mi esfuerzo me había costado, pero aquí estaba, repitiendo un momento ya vivido. Sabiendo lo que sucedería, los pasos de cada uno, lo que cada persona podía estar viendo y pensando.

Más, yo mismo debería de haber previsto lo que estaba por pasar.

Me empeñé en cerrarme al mundo entero, en aislarme de todo lo que me rodeaba, pasé años enclaustrado en mi casa, sin ver a nadie, envenenando mi propia alma, desesperado por encontrar la forma de recuperar lo que en alguna ocasión había sido mío.

O lo que deseaba con todas mis fuerzas que lo fuera.

Porque, ¿qué me hacía a mí dueño de algo que nunca me habían dado?, nada.

Incluso fui tan estúpido de no verlo en el momento indicado, de dejarlo escurrirse entre mis dedos y darme cuenta, demasiado tarde, de lo importante que era para mí.

Aun así, cometí errores garrafales que jamás me perdonaré, ¿Quién lo haría?, pero del mismo modo que yo jamás sería perdonado, yo tampoco daría perdón y paz a aquellos que me habían hecho sufrir.

Empero en estos tres años que han pasado, debí comprender una regla básica, yo mismo lo había experimentado en mis propias carnes, el saber que un hecho pasado puede cambiarse y que las repercusiones pueden ser innumerables.

Como en ese momento, en ese lugar, tras todo lo pasado para llegar una vez más a este instante, para no perder lo que ya en una ocasión dejé marchar y había recuperado con mayor fuerza.

Mas para que podáis comprender lo que estoy intentando explicar, debería comenzar desde el principio, hace ya muchos años, ¿o no?, sería mejor decir que debería explicar este mismo momento, pero visto de otra forma.

De la manera que ve un ciego sin ver, visto desde los ojos de un ignorante, de alguien que fue idiota por no divisar lo obvio, por precisar pasar por el infierno para darse cuenta, de que siempre había tenido el cielo al alcance de su mano.

¡Qué injusta es la vida! Y qué cierto el dicho "nunca vemos lo que tenemos hasta que lo perdemos"

Todo había terminado, no había nada de lo que temer, había acabado con Voldemort, si es que lo que hice se podía definir como acabar con él, pues de mi varita jamás salió ningún hechizo asesino. Solo tuve suerte.

Creí, que con su caída, ya estaba todo hecho, ¿qué más podía importarme que buscar entre la multitud a la mujer que más me importaba en esos instantes?

Mis ojos buscaron su pelirroja melena, solo deseaba besarla, dejarle en claro que todo había concluido, que al fin podríamos estar juntos. Ese era el momento que tanto había deseado.

¡Qué idiota podía llegar a ser!, e imbécil, ojalá me hubiese dado cuenta en ese instante, deseé tanto no haber estado tan centrado en esa insignificante y fijarme más en lo que me rodeaba.

Dolohove fue el culpable de acabar con mi mundo, de devastarlo con un simple gesto. ¿Quién le iba a decir a ese indeseable, que sería el causante de mi ruina?

Aunque en esos instantes no le di el valor adecuado a lo que estaba pasando a mí alrededor, estaba tan embotado en mi futura felicidad, que no preste la atención debida a un simple gesto de varita.

Localicé a la mujer de mi vida arrodillada y rodeada de más cabelleras pelirrojas, ¿qué me importaban sus padres y hermanos?, ¿qué importaba el resto de la gente que me rodeaba?

Ron entendería, Hermione también. Después de todo ella siempre lo hacía.

Siempre estaba allí, por lo que después la buscaría y agradecería. En esos instantes, Ginny era la importante.

Me abrí paso como pude entre la gente, decidido a alcanzarla, abrazarla y besarla.

Solo un grito me advirtió de lo que sucedía a mí alrededor. Su última palabra.

—HARRY.

Su último gesto, sentir sus manos en mi espalda, empujándome lejos.

Su última mirada, sus ojos ámbares con reflejos dorados centrados en los míos.

Y su última acción, recibir el rayo verde indudablemente perteneciente al Avara Kedabra.

La última vez que la toqué, cuando su cuerpo inerte cayó sobre mí. Grité, nunca había gritado como lo hice en ese instante, recuerdo el dolor de mi garganta, la quemazón que sentí en ese instante.

Pero lo inexplicable y el dolor mortal lo llevé dentro. Mi mundo ennegreció, acababa de perder algo que sin saberlo era lo que me mantenía con vida.

Mis manos no fueron capaces de abrazarla, no pude acariciar sus rizos desordenados y siempre indomables, solo pude alejarme y negar.

Todo había dejado de importar, ¿qué buscaba hasta ese preciso instante?

Solo podía pensar, que ese siempre, acababa de llegar a su final.

Al mío propio.

Dolohove escapó, ese miserable no dudo un instante en desaparecer y jamás pude cobrarme aquello, aún hoy, deseo tenerlo entre mis manos y juré que sería su asesino.

Cuando unos brazos me hicieron preso de un abrazo cálido y un olor floral inundó mis sentidos, parte de mi vació se fue y lo reemplacé con la obsesión de tenerla cerca y no permitir que ocurriera eso mismo una segunda vez.

No me percaté de que algo embotaba mis sentidos, algo me hacía creer feliz y vivo gracias a que ella había llegado para apoyarme. Sí, Hermione era mi mejor amiga, la que siempre había estado allí, la que me había ayudado y apoyado siempre, pero desde hacía un año, ella ya no era lo más importante para mí.

Ahora ese puesto era para Ginny, como tenía que ser.

Es cierto la muerte de ella era una perdida incalculable para mí, pero si la hubiese perdido a ella, entonces sí que habría muerto en el acto. ¿Cómo podía pensar que mi mundo se había terminado?

Como era normal, lloré por ella, jamás podría no sufrir por su pérdida, delante del mundo era una persona normal, que ahora vivía como debía haberlo hecho desde el principio, pero en la soledad, o cuando estaba en alguna misión. ¡Ah! Ahí las cosas cambiaban. La oscuridad que creí exagerada, regresaba con fuerza, la desesperación y el dolor, la pérdida, en esos instantes me ahogaba, temía alejarme de Ginny y su calor, me aterrorizaba estar lejos de casa más de un día.

Porque en esos instantes, la realidad me golpeaba con mayor fuerza que nunca. Hermione era mi mundo, aunque quisiera negarlo, aunque me hubiese construido uno perfecto y comenzase a pertenecer a la familia Weasley como siempre deseé.

Mas en esos instantes nada importaba, solo un deseo, un simple pensamiento, en cada misión surgía con mayor fuerza, con una endereza y determinación que me asustó.

Deseaba sangre, deseaba muerte, deseaba a Dolohove.

Sabía que si lo tenía delante nada importaría, solo una cosa, que su sangre bañara mis manos. Porque no usaría la magia para matarlo, no, eso sería demasiado piadoso, una muerte muy rápida y sin dolor. Jamás.

Él merecía tortura, una muerte lenta y con mucho sufrimiento y dolor, él había arrebatado un ángel de este mundo, yo lo devolvería a su infierno.

No, mejor, yo sería su infierno personal.

En cada misión enloquecía, mis compañeros comenzaban a asustarse de mí, ¿acaso creían que eso me importaba?, ¿Pensaban que ellos eran algo para mí comparados con ella?

Los mortífagos me temieron, cada vez que sabían que yo iba en su caza, ellos temblaban y yo me excitaba. A todos les hacía la misma pregunta y cada uno que no respondía como a mí me gustaría, lo hacía pagar.

Descargaba mi odio y furia en todos y cada uno de esos desalmados y miserables. En todos menos en mi objetivo, lo que me hacía enloquecer en cada misión un poco más.

Cuando creí que estaba llegando al límite, y tras tres meses sin misión y viendo que mi vida ya era perfecta y que la pérdida de Hermione realmente no era una perdida tan grande, tomé una decisión.

Pedí a Ginny que se casara conmigo, evidentemente ella aceptó y mi felicidad fue absoluta, eso era lo que me faltaba para olvidar lo demás.

Lo sé, lo siento, una risa exagerada acaba de escapar de mí, ¿cómo pude ser tan extremadamente gilipollas?, ni yo mismo me lo creo ahora que os lo estoy contando.

Pero temo que así fue, me casé con ella, fue una celebración exagerada y pomposa, todos los invitados fueron seleccionados por Ginny, ¿A quién iba a invitar yo?, ¿A los Dursley?

Por seguro que a ninguno de mis compañeros, pues ninguno se había acercado a mí ni eran mis amigos, todos éramos mudos ante lo que pasaba en la misiones, y fuera de ellas, eran desconocidos para mí.

Ginny lo anunció a los cuatro vientos, con la ayuda de Skeeter la cosa fue sabida en todo el mundo, mágico y muggle.

La luna de miel fue perfecta, todos los días juntos, debí percatarme en lo que se convertiría mi vida tras ese viaje.

Sí que había sido perfecta, perfecta para los comerciantes, Ginny gastaba más de lo que yo había previsto para aquello.

Más no me importó, ¿qué era el dinero comparado con lo que ella y los suyos me habían dado? El dinero para mí nunca había significado nada, ni siquiera me importaba, era cierto, me hacía la vida más sencilla y no podía quejarme, tenía todo lo que deseaba.

Precisamente por eso, no me percaté de nada, si a mí no me importaba el dinero, ¿a quién podría importarle?, la vida era mucho más que unos simples galeones.

Nunca me paré a pensar que la gente que ha sufrido algunas penurias y faltas no veían la vida como yo.

Tras los primeros meses, me encontré dando dinero a Ginny cada día, siempre tenía gastos, siempre faltaba algo.

La madriguera fue reformada, Molly y Arthur lo merecían, nunca me arrepentí de ello, ni si quiera ahora lo hago.

Pero los gastos de Ginny no tenían fin, cometí el error de preguntar en qué se gastaba tanto dinero.

Allí comenzó mi infierno, me acusó de ser un rácano y de no amarla, de que un hombre que la amase, como yo decía amarla, jamás le cuestionaría nada y le daría lo que ella deseaba.

A la mañana siguiente y tras el desayuno, comprendí que tenía razón en todo, ella valía más que todo el dinero de Gringots, y con una única idea en mente me marché.

Decidido a que ella volviese a mí, regresé al medio día con una carpeta.

La encontré en el salón, sola y enfadada, me acerqué a ella y le entregué la carpeta.

Al principio ni me miró, solo la contempló con indiferencia, hasta que la abrió y descubrió mi regalo para ella.

Era la dueña de todo lo mío, le estaba entregando la llave de Gringots, dándole acceso a mi cuenta personal para que siempre que precisase algo, no tuviese que venir a mí.

Eso la enloqueció de alegría, y yo me sentí conforme, si ella era feliz, ya todo estaba bien. Esa noche hicimos el amor como nunca antes lo habíamos hecho. Debí percatarme de ello.

Mas el idilio no duró mucho, pese a tener el dinero, nuestra relación se fue deteriorando cada vez más, ella no me recibía como los primeros días y yo mismo me comenzaba a sentir más un muñeco vacío que otra cosa.

La vida con Ginny era simplemente vacía, sin ningún aliciente o propósito, pensé en ofrecerle tener hijos. Ella negó rápidamente a esa idea, era muy joven y decía no querer perder su espectacular figura.

Llegó un día en que recibí noticias de un asentimiento de mortífagos. Desde que nos habíamos casado y Ginny me había rogado que no volviera a salir de misión, no me había separado de ella.

Por ello pensé que alejarme un poco lo resolvería todo, si me echaba de menos no habría problema, y casado con ella no había vuelto a pensar en Hermione, así que me había olvidado por completo de lo que me sucedía cada vez que estaba lejos de casa.

O quizás solo es que mi inconsciente fue más listo que yo.

Esa misión fue el final y el comienzo de todo. Cuando decidí ir, jamás pensé que tardaría tanto en regresar, y más aún, nunca pensé que sería la primera pista de Dolohove que tendría.

Cuando solo llevaba una semana de misión y ya todo mi mundo estaba comenzando a sumergirse en el abismo de la desesperanza y el dolor, me llegó el informe con las fotografías de los mortífagos asentados.

Dolohove fue el tercero en aparecer y mi vista se nubló por la ira, el odio y la venganza.

Organicé todo para asaltar el lugar y encontrarlo.

Cinco meses de misión después, cuatro muertes que no suplieron en nada la que no había conseguido, recibí una carta de Gringots informando del estado de mi cuenta.

Ya estaba furioso porque Dolohove se había escapado, por lo que ver lo que quedaba en mi cuenta me hizo enloquecer, ¿qué demonios había estado haciendo Ginny en mi ausencia?

El amor que sentía por ella, no existía en mi interior en esos instantes, solo la incredibilidad de lo que estaba viendo. Y el deseo de terminar con todo ya, mi mente y corazón solo concordaban en una cosa, Ginny no era buena para mí.

Pero cuando llegué a casa y la vi, ella me recibió con besos y caricias, me tenía preparada la cena y no me dejó hablar con ella en esos instantes.

Solo me pidió que lo dejásemos para el día siguiente. Accedí a sus deseos, tal vez era mejor que me calmara antes de encararla y pedir explicaciones.

Tras cenar, solo pude pensar en ella, en hacerla mía una vez más, después de todo, había pasado cinco meses sin estar a su lado, ese quizás fuese el problema. Yo la amaba, ¿cómo había podido pensar un solo instante que no era así?

Hicimos el amor esa noche, más había algo extraño, no sé si en ella o en mí. Pero cuando la tuve entre mis brazos sentí una punzada en mi interior, el dolor de la perdida estaba ahí. No había acabado oculto como siempre que estaba con ella.

Esa noche fue la primera señal de que mi mundo no era tan perfecto como pensé, esa noche fue la primera de mi locura personal.

Fue el primer grito de libertad que mi corazón daba. Decidido a que nadie más lo cegara o a terminar con los engaños.

Cuando Ginny dijo mi nombre, suplicando más placer de mí, su voz tuvo un matiz que me trajo a la mente la voz de Hermione.

Me sorprendí de recordarla con tanta nitidez, pero más aún, al percatarme que mi mente me jugaba una muy mala pasada. Ahora no era Ginny quien me acompañaba y maldito fuera si el cambio no era mil veces más satisfactorio.

Esa noche no le hice el amor a Ginny, esa noche tuve a Hermione por primera vez. Aunque solo fuera en mi mente.

Al despertar, el miedo, la culpa, la satisfacción, la incredibilidad, todo me asaltó de golpe, ¿por qué había pensado en Hermione?, ¿Por qué mi cuerpo gritaba deseando tenerla a mi lado?

Hacía dos años que la había perdido, eso tenía que haber terminado ya.

Pero no, el recuerdo de ella estaba muy vivo en mí, sus abrazos, sus pequeños gestos de aprecio, pero sobre todo su última mirada y su voz diciendo mi nombre.

Cada día su sombra me acompañaba y empañaba mi vida con Ginny, daba igual lo que ella hiciera, podía amarla, pero ya no separaba a Hermione de mí.

Cada noche, no era Ginny mi compañera, ya no más, cada noche, mi corazón y mente se unían en un único delirio, Hermione era mi compañera de cama y vida.

Daba igual lo que hiciera por el día, lo que me torturara por estar pensando en ella así, daba igual todo. Cuando llegaba a casa, mi mente parecía dejarse envolver con esa nueva fantasía que había creado y buscaba a Hermione en Ginny con deseo y desesperación. Cegándome y haciéndome creer que ella estaba allí.

Era tal la tortura y la locura que me embargaba, que Luna Lovegood se percató, fue en mi búsqueda, me instó a explicarle lo que me estaba pasando.

Al principio no quise decirle nada, temí que le contara a Ron algo, después de todo era su mujer. Pero tras una insistencia que comprendí después, se lo conté, le confesé mi traición y delirios.

Fui tan claro que incluso ella se sintió apenada de mi sinceridad. Me instó a ser mi confidente, a convertirse en mi apoyo.

Y la dejé, me dejé manipular una vez más, ella fue la que me ayudó a soportar mi infierno y a estar allí cada vez que estaba llegando al límite y deseaba dejar a Ginny.

Durante tres años más, ella fue mi soporte, aunque yo me convertí en un muñeco vacío que solo vivía para las noches de fantasía y sueño.

Empero la culpa es un arma muy difícil de sostener, y Luna ya no fue capaz de aguantar más. Un día especialmente duro, en el que me derrumbé, o literalmente me rompí en sus brazos, Luna se rompió conmigo.

Ella me confesó que se había enamorado de mí, que en esos tres años, había conseguido comprender lo que ella había visto en mí.

Creí ciegamente que hablaba de Ginny, y pensé en alejarme de ella, pero Luna no me lo permitió.

Ella agarró con fuerza mi rostro, me obligó a mirarla a sus plateados ojos y con lágrimas de tormento me confesó su verdad:

—Hace tres años lo supe, jamás debí ser cómplice, jamás debí ayudar con toda esta locura, pero amo a Ron, lo amo tanto que me dejé manipular y pensé que era lo mejor para ti.

Hermione ya no estaba y quizás Ginny fuese la solución después de todo. Pero verte derrumbarte día tras día, saberte desolado y vacío, ver lo que están haciéndote me ha destruido poco a poco.

Ojalá puedas perdonarme, creí que por estar enamorada de Ron podía justificar mi comportamiento, ¿quién no haría cualquier cosa por amor?, ¿No había incluso muerto mi amiga por ello?

Yo no podía ser menos que eso. Más me convertí en una miserable y aún ahora lo soy, pues si te digo todo esto, es solo por mi propio propósito, porque si bien amo a Ron, maldito seas, ahora me has embrujado, me has hecho perderlo todo.

—Luna, yo no...

No comprendía lo que decía, no podía corresponder a sus palabras y me estaba confundiendo lo indecible. Luna solo posó un dedo en mis labios instándome a callar:

—Te amo, Harry Potter, y por eso quiero otorgarte la libertad, aunque no sé si eso es lo más recomendable. Solo sé que no puedes vivir siempre en tremendo engaño. Deseo ser quien te libere, ese caballero andante de brillante armadura de los cuentos de hadas. Pero antes, quiero hacer algo que jamás me permitirás haces tras mi confesión.

Acortó la distancia entre nosotros y sus rosados labios apresaron los míos, yo me quedé congelado, ¿qué demonios estaba haciendo?, Una cosa era engañar a Ginny en mi mundo de fantasía, pero otra muy diferente era besar a su mejor amiga y mujer de mi mejor amigo.

Luna no me permitió separarme tan fácilmente y me vi atrapado en su beso.

Cuando se separó, ella me miró directamente, había sufrimiento verdadero en sus ojos, y cuando dijo sus siguientes palabras, vi que sabía que ese era nuestro adiós.

—Ginny y Ron te han estado drogando Harry, llevas años bajo la influencia de infinidad de pociones de Amor. Ambos deseaban tu dinero y...

Rompí a reír en ese punto, Luna había enloquecido, tenía que ser eso, o sino, tenía que comenzar a creer en lo que todo el mundo decía. Las mujeres eran capaces de cualquier cosa por conseguir lo que deseaban.

Y Luna me deseaba a mí, ¿qué mejor que inventar tremenda mentira sobre las dos personas más importantes de mi vida?

Me alejé de ella enfadado:

—Nunca vuelvas a acercarte a mí.

Con esas seis palabras la hundí, lo vi en sus ojos, en su pose, en toda ella, una triste sonrisa se formó en sus labios:

—Siempre me tendrás cuando me necesites, no lo olvides Harry. Ahora solo una cosa me importa, que tú puedas ser feliz.

Con esas palabras nos separamos, decidí ir a buscar a Ginny, precisaba verla, besarla, y hacerle el amor, pero esta vez a ella.

Nada de fantasías y tonterías, eso solo me estaba volviendo loco. Llegué a casa temprano, mucho más de lo habitual, escuché voces en el salón y me acerqué, reconocí la voz de Ron.

Y me sentí miserable, repasé mis labios y los limpié con fuerza, no quería que nada en mí tuviera el sabor de la mujer de mi mejor amigo, me acerqué a ellos para hablarles de Luna, prefería que supieran por mí lo que a ella le estaba pasando conmigo.

—Déjala Ron, ella no es importante.

—Eso dices tú, pero yo la amo Ginny.

—Esos son estupideces Ron, el amor no existe realmente, es solo algo que los humanos buscamos como una distracción.

O que los magos embotellamos.

La voz de Ginny sonaba tan fría que me extrañó:

—Estás equivocada Ginny, el amor existe, es posible que el tuyo sea embotellado, pero hay gente que lo siente.

Algo se estrelló en el suelo, un vaso de cristal quizás.

—No vuelvas a decir eso jamás.

La voz de Ginny sonaba amenazante, me acerqué para detener aquello, pero la voz de Ron me detuvo:

—¿No crees que deberíamos parar?, ¿No ha sido ya suficiente de esto?, Tienes todo lo que podías querer, podrías divorciarte de Harry y terminar con esta farsa tuya. Ya tienes incluso una casa a tu nombre. No creo que Harry jamás se negase a legártela, y quizás así él podría volver a ser como era antes.

—¿Te has vuelto loco?, No podemos hacer eso, tenemos que comprar aún la casa que querías.

—No quiero nada más, Ginny, tras esto que ha pasado con Luna, me he dado cuenta de que siempre estuve demasiado cegado por el brillo de los galeones, y quizás tú también.

—Definitivamente Luna te ha lavado el cerebro. ¿No recuerdas las penurias que hemos pasado?, Mama ahora está feliz y a Papa no lo tratan como un arrastrado pobretón, a mí me miran como siempre me debieron mirar, si termino con esto, volveré a ser la pobretona Weasley, y eso jamás.

Me percaté de que había algo que no cuadraba en todo aquello, Ron, le estaba pidiendo que me pidiera el divorcio, y Ginny en ningún momento había mencionado que me amase como un claro impedimento para aquello.

Escuché como Ron suspiraba:

—Ginny, en algún momento esto terminará, sería mejor que lo vieras y fueses tú quien lo acabe. Si Harry se llega a enterar de que lo has mantenido a tu lado con pociones de amor...

Mi mente se detuvo en seco, no había escuchado lo que acababa de escuchar, era imposible, negué y presté atención:

—No sabes lo que me han llegado a contar, Ginny cuando está lejos de ti, en alguna misión, él no es persona, enloquece Ginny. Algunos han llegado a pensar que se está convirtiendo en el próximo Lord Oscuro. Dicen que no ve más allá del sufrimiento de los mortífagos, Kinsgley está asustado y no se atreve a cesarlo.

Luna me ha estado contando durante estos tres años que el cuerpo de Harry está comenzando a resistirse a las pociones, ¿qué harás el día que se resista por completo?

—Eso no pasará, estoy estudiando una poción que será permanente, que lo atará a mí para siempre.

No consentiré que nunca más me desprecien.

Ron, se puso en pie y lo escuché caminar hasta Ginny, oí perdido como le cruzaba la cara a su hermana.

Y no me inmuté, solo podía pensar en cómo descubrir si todo aquello era verdad, pese a que lo estaba escuchando, mi mente se resistía a creerlo, yo amaba a Ginny y era un amor real, no ficticio, ella me amaba a mí:

—Ya basta Ginny, ¿qué te importa a ti eso?, Nunca antes te había importado que te trataran así, no me percaté antes de que había algo extraño en todo esto. Estaba cegado por el dinero de Harry, porque hiciésemos nuestra su fortuna, pero aquí hay algo más.

Qué te tiene tan decidida a no dejar el puesto que tienes.

—Suéltame, tú no entiendes nada. Ahora me ven, ahora él me ve.

¿Él?, me pregunté, ¿De quién estaba hablando Ginny?

—¿Él? —Ron se quedó en absoluto silencio durante un rato, seguidamente su respiración se hizo acelerada y gruñó furioso: —¿Pobretona?, Dime que no es lo que pienso, dime que todo esto no lo hiciste por esa asquerosa serpiente.

Una descarga recorrió mi cuerpo en ese instante, solo existía en este mundo una persona capaz de conseguir que Ron enfureciera sin ni siquiera estar presente, y al que él llamara serpiente.

Draco Malfoy, el único hombre en este mundo, que pese a ser mi esposa, seguía tratando a Ginny por su apellido de Weasley, y la trataba de forma condescendiente.

La madre de Malfoy, Narcisa, siempre le dejaba en claro que por más que ella se vistiese o contase con mi apellido y fortuna, su linaje no iba a cambiar.

Recordé en un instante lo que los comentarios de esa mujer hacían en ella, pero sobre todo, lo que insistía Ginny en que no faltásemos a ningún acto que tuviera que ver con Draco Malfoy.

Los celos y la furia me cegaron, estuve muy tentado a entrar allí y matar a Ginny, pero algo me detuvo, la voz de mi mejor amiga. La que se había convertido en años atrás en la voz de mi consciencia.

Ella me susurró que me calmara, que pensara con claridad, esos celos y esa furia que sentía no eran reales, del mismo modo que el amor por Ginny tampoco lo era si creía en lo que acababa de escuchar.

Decidido a saber la verdad me desaparecí de mi propia casa y partí para San Mungo.

En el más absoluto de los silencios, solicité las pruebas, advertí que quería discreción, solo me faltaba semejante escándalo a mis espaldas si era cierto.

El día de los resultados, y sin saber cómo ella había descubierto mis propósitos, Luna se presentó en la consulta conmigo. La dejé que pasara sin hablarle una palabra.

El veredicto fue claro, debía tomar una infinidad de pociones para eliminar de mi cuerpo la cantidad alarmante de poción amorosa que había en mí.

No solo estaba la amortencia, había otras, y el sanador también me advirtió de otra cosa.

Mis sentidos habían estado nublados durante mucho tiempo, incluidas mis emociones. No le di mucha importancia a eso, estaba más pendiente en ir ante Kinsgley y solicitar la separación de Ginny y obligarla a ella y a Ron a pagar por lo que me habían hecho.

Otro error garrafal, pues debí escuchar sus advertencias, o quizás no escucharlas fue lo que me hizo conseguir mi segunda oportunidad.

No me percaté de que Luna se convirtió en mi sombra, no le hablaba, la ignoraba y odiaba a partes iguales, pero ella jamás se separó de mí.

Estuvo a mi lado cuando me propuse encarar a los Weasley, no lo quise hacer en privado, no, me tomé la molestia de organizar una gran ceremonia, humillaría a esos dos que habían conformado mi todo durante tantos años, delante de todo el mundo.

Los haría caer en una miseria peor a la que habían vivido.

No obstante cuando estuve a punto de hacerlo, ella una vez más me detuvo y en ese instante dejé de existir, estaba a punto de hacerlo, de arruinarlos a ambos, pero la realidad de la pérdida de Hermione me golpeó.

La oscuridad me consumió en cuestión de segundos, caí al suelo horrorizado por la fuerza del dolor que aquello me provocó.

Cuando se me advirtió, no le di importancia, pero cuando se refería a que mis sentimientos habían estado encerrados y mis emociones no habían podido expresarse libremente, me estaba advirtiendo de que cuando me liberase de las pociones, el dolor me asaltaría con toda la fuerza que no había podido expresar en pequeñas cantidades.

Cuando sufrimos una pérdida importante, nuestro cuerpo se va adaptando poco a poco, imaginad que no os permiten hacerlo, que lo van reprimiendo contra su voluntad en tu interior. Y ahora imaginad que sin esperarlo, todo aquello se libera de golpe, junto con la certeza innegable, de que aquello que perdiste, era lo más preciado para ti.

El dolor, la confusión, la desesperación, me enloqueció, durante dos años estuve casi más muerto que vivo, el sanador y Luna fueron los únicos que me ayudaron a superarlo.

No obstante, lo que más me ayudó a salir adelante, fue el odio en mí, ya no necesitaba mi corazón, por lo que lo maté, ese ingrato embustero y ciego, ya no servía para nada, si hubiese hecho su maldito trabajo a tiempo, nunca habría perdido a Hermione.

Ahora que ella no estaba, él no merecía vivir tampoco.

El odio y el deseo de venganza cobraron fuerza. Venganza contra las cinco personas responsables de aquello.

Ron, Ginny, Malfoy, Luna y Dolohove.

Sería Luna la que me presentaría una alternativa cuando la tenía apresada y estaba dispuesto a terminar con ella.

Ron recibió mi venganza un poco después, cuando lo obligué a presenciar a Luna desnuda en mi cama. Él la amaba y yo se la había arrebatado, no la hice mía porque la amase, y eso ella lo sabía, era consciente de que si estaba con ella, era una forma de hacerla sufrir.

Ella me tendría, pero no la parte que amaba, esa ya no existía.

La usaba cuando me convenía y después la dejaba como el trapo que para mí era. Ron perdió todo, lo dejé sin nada, incluso sin la mujer por la que él desesperaba.

Pero no era suficiente, quería verlo sufrir de verdad, descubrí, que desde mi sexto año, ellos habían estado jugando con las malditas pociones, por eso nunca me percaté, de que lo que había sentido en el ministerio cuando vi a Hermione más muerta que viva, era la desesperación por lo mucho que la amaba.

Tras la muerte de Sirius, estaba demasiado obnubilado como para pensar en nada más y cuando pude comenzar a ver, fue el momento que escogieron esos dos Weasley para arruinarme.

Impidiéndome así ver lo que ahora era más que claro para mí. Que amaba a Hermione Granger con un amor que rayaba la locura.

Junto con Luna, me encerré en casa, dejé a los Aurores, mi venganza, todo de lado, para seguir la idea que ella me había dado al borde de su propia muerte. Regresar el tiempo, recuperar lo que había perdido.

Pensamos en el gira tiempo, pero eso no nos serviría, regresaría, sí, podría conseguir que ella no muriera, pero tendría que vivir todo lo vivido desde fuera. Regresar en el tiempo no era la solución que deseaba.

Quería retornar todo, volver a vivirlo.

Fueron treinta años de investigaciones, de acrecentar el odio en mí, de envenenarme a mí mismo, de dejarles disfrutar su vida como más quisieran, centrándome en mi futura, ¿o sería mejor decir pasada?, venganza.

Luna nunca me abandonó, soportó estoicamente estar a mí lado, pese a que mi lado más oscuro era el único vivo.

Tuve a mi lado durante cerca de treinta tres años a una mujer que me amaba y que daría lo que no tenía por mí. Guiada sin duda por la culpabilidad y convencida de que era un justo castigo para ella.

Pero tres años de complicidad, no justificaban mi atrocidad, y solo ahora me doy cuenta de ello.

Hicieron falta solo tres años cerca de Hermione para recordar cómo y quién era yo, y reconocer, que si había un verdadero culpable de mi amargura, ese era yo.

Empero he de retornar a mi relato para que comprendáis mis palabras.

En todos esos años de investigación, al fin logramos dar con lo que precisaba, ella dio con la clave.

Estudiamos magia negra de la más avanzada existente y convinimos la blanca y la negra para nuestros propósitos.

Pero ella se guardó un as bajo la manga. La noche anterior a llevar a cabo el hechizo, ella me pidió que la poseyera, lo hice sin el menor rencor o pudor, quizás esa fue la única noche que la amé como ella deseó siempre que lo hiciera.

Creo que de nuevo mi subconsciente actuó por mí, él comprendió lo que el día siguiente sucedería.

Hicimos los preparativos, colocamos los ingredientes, ella se empeñó en elegir el año de regreso, no le di importancia, me importaba poco el año en que retornara, solo deseaba que Hermione estuviese aún con vida.

Una vez hecha la poción, comenzamos con el conjuro, nos colocamos en el centro de la sala, ella y yo nos pasamos la cadena alrededor del cuello.

Fue ella la que dijo el hechizo, insistía en que yo era quien iba a viajar por lo que era ella la que debía decirlo.

Cuando estaba llegando casi al final, fijó sus ojos plateados y vetados por el sufrimiento soportado en los míos sin vida. Ella sonrió:

—Muchas gracias por perdonarme.

No quise discutirle esa afirmación, era cierta después de todo y si no lo era entonces, un minuto después se convirtió en verdadera por completo.

—Recupera todo lo que amas, y por favor, vuelve a ser tú, el chico del que yo y mi amiga nos enamoramos.

Antes de que pudiera decir cualquier cosa, ella me besó, era un beso de despedida, salió de debajo de la cadena y se separó unos pasos de mí.

No vi venir lo que iba a hacer hasta que fue demasiado tarde, sacó un cuchillo de vete tú a saber dónde y sin dudar un instante lo clavó en su vientre con fuerza.

—Sacrifico el tiempo que me queda, en pos de esta persona, para que pueda retornar y cambiar lo acontecido.

Te dije que haría lo que fuera por verte feliz, hazlo posible.

Y esa fue la primera pérdida de mi segunda oportunidad.

No pude despedirme, cuando abrí los ojos descubrí que todo había salido tal y como habíamos planeado.

Me encontraba en una habitación que hacía décadas que no había visto. Estaba en el número cuatro de Privet Drive. Desperté gritando un nombre que hacía casi el mismo tiempo que no gritaba.

—CEDRIG.

Sudoroso, cansado y asustado, me reincorporó con prisa en la cama, miré a mi alrededor y me sentí desorientado, con cuidado me puse en pie, fui donde mi escritorio y descubrí un profeta.

Al ver la fecha, comprendí donde estaba, era el verano de mi cuarto año. El sacrifico de Luna, me había otorgado la oportunidad de recuperar a Sirius.

Ahí, debí percatarme de que algo andaba mal en mí, pues solo pude sonreír de medio lado, ese año había recibido una oferta, una que quizás sería bueno aceptar.

Más ahora, que mi mayor propósito, era la venganza.