Disclaimer: Esta historia no es mía los personajes son propiedad de Stephanie Meyer y la autora es Drotuno, yo solo la traduzco.

Disclaimer: This story is not mine, the characters are property of Sthephanie Meyer and the autor is Drotuno, I just translate.


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Blood and Glory

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PRÓLOGO…

BELLA

Tenía doce años cuando conocí al chico más hermoso que jamás había visto. Él era dulce, amable, divertido, y tenía el más adorable trastorno del habla. Él tartamudeaba. Mucho. Era tímido- muy tímido- con cabello alocado y una sonrisa torcida, pero eran sus ojos los que más recordaba.

Verdes. Eran de un penetrante verde, enmarcados con largas y oscuras pestañas por las cuales las mujeres darían un brazo. Tenía una cara redonda - todavía en alguna parte entre infantil y adolescente- piel pálida y suave.

Fue en el verano justo antes de que cumpliera trece años, y mi papá, Charlie, estaba trabajando en su viejo Camaro que había estado restaurando en los últimos meses. Estaba en mi casa del árbol, huyendo de ser su ayudante de herramientas.

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"Bells, ¿dónde estás?"

"Justo aquí, papá," grité, rodando los ojos y arrojando a un lado el libro que estaba leyendo. Bajé de mi casa del árbol, echando un vistazo a nuestro patio trasero.

"Ven aquí, munchkin(1), y conoce a un viejo amigo mío." Charlie sonrió, haciéndome un gesto para que me acercara.

Arrugué mi nariz al escuchar cómo me llamó, pero lo había hecho desde que me volví loca con el Mago de Oz la primera vez que la vi. Había sido cuando tenía cuatro años, y ya me estaba cansando de la palabra.

De pie junto a mi padre, al otro lado del patio, estaba un hombre alto en alguna especie de elegante atuendo militar. Tenía su sombrero bajo su brazo, y su postura era de orgullo. Su cabello rubio brillaba bajo el sol como el oro y su sonrisa era cálida mientras yo corría para encontrarlos.

Justo cuando estaba a punto de alcanzarlos, mis pies se enredaron con los de alguien más y mis rodillas golpearon el suelo.

-"¡Oh, cielos! Lo sss-ii-ento," escuché por encima de mí, y una mano apareció frente a mi rostro así que la tomé.

-"Está bien, porque mi papá dice que soy torpe hasta el punto de quedar discapacitada." Suspiré, sacudiendo mis rodillas, y finalmente levanté la vista, quedándome sin aliento.

-"N-N-No, e-e-estaba viendo p-por donde i-i-ba," el chico más lindo que jamás había visto balbuceó, pasándose una mano por su pelo rebelde.

"Bells," mi papá se rio entre dientes, "te presento a Edward. Edward, esta es mi hija, Isabella."

"Bella," dije con timidez.

Edward me dio una sonrisa torcida, asintiendo y sonrojándose, y pasando su otra mano por su cabello. Era de un tono maravilloso- marrón oscuro con combinaciones de bronce en él - pero eran sus ojos los que eran tan bonitos, tan verdes, como los árboles de hoja perenne en el verano.

"Y este es Carlisle Cullen," mi papá dijo, atrayendo mi atención hacia el muy guapo, muy alto y rubio hombre en uniforme. "Ustedes no saben esto, niños, pero nosotros nos conocemos desde que teníamos más o menos su edad."

"Wow, ¿tanto?" Me burlé de mi padre, esquivando sus dedos.

"Sí, hasta tuvimos dinosaurios de mascotas," agregó Carlisle sonriendo, Edward y yo soltamos unas risitas, rodando los ojos.

"¿Por qué no llevas a Edward adentro y ves si Jane terminó ese pie de manzana en el que había estado trabajando?" Charlie sugirió.

"Sí, está bien," dije asintiendo con la cabeza. "Ven, Edward. Jane hace los mejores pies, del mundo."

"E-e-s-sta bien," accedió en voz baja, pero miró a su padre nervioso.

Pude ver que Edward era tímido y se sentía inseguro de estar en nuestra casa y me pareció que estaba inquieto por dejar a Carlisle.

"Adelante, hijo. El Sr. Swan y yo tenemos que discutir unas cuantas cosas," Carlisle lo tranquilizó dándole un apretón en el hombro.

Esperé hasta que Edward finalmente accediera, y entramos por la puerta trasera de mi casa.

"Señorita Bella, ¿es usted?"

"Sí, tía Jane," grité, llevando a Edward por nuestra sala de estar y a la cocina.

"Bueno, ¿y quién es él?" La anciana que vivía con nosotros preguntó.

Ella era una dulce mujer que mi padre había contratado después de la muerte de mi madre. Ella cocinaba, limpiaba, y cuidaba de mí. La quería mucho porque era lo más cercano a una figura materna que podía tener, pero ella también era dulce, amorosa y gentil.

"Él es Edward..."

"C-Cullen," dijo él en voz baja, mirando a Jane.

"Sí," dije asintiendo. "Su papá está afuera con Charlie. Él nos envió por pie, Jane..." Le sonreí, soltándole la indirecta.

Ella se rio, negando con la cabeza. "Justo a tiempo, como siempre, Señorita Bella, porque justo ahora está listo. Siéntense, entonces. Veamos que podemos encontrar para ustedes dos."

Edward y yo nos sentamos en los bancos frente a la encimera de la cocina, y dos platos aparecieron frente a nosotros, cargados con calientes pedazos de pie de manzana y helado.

"Empiecen a comer, chicos. Voy a ver si Charlie necesita algo y luego a terminar de lavar la ropa," Jane dijo con una cálida sonrisa antes de salir por la puerta trasera.

"¿Vives en Seattle?" Le pregunté, notando que los dos estábamos balanceando las piernas frente a la encimera.

"Ac-c-cabamos de mudarnos desde C-Cali-f-forn..." Se esforzó por hablar arrugando su frente.

"¿California?"

"Sí," suspiró, sacudiendo su cabeza avergonzado. Dio un profundo suspiro y comenzó de nuevo. "M-Mi papá se acaba de retirar de la Fuerza Aérea. ¿Nos a-acabamos de mudar a F-Forks?" Dijo, pero lo dijo como una pregunta.

"Nunca escuché de ese lugar," le dije con una bocado de pie y me encogí de hombros. "¿Dónde está tu mamá?" Le pregunté sin pensar.

"M-Murió," respondió, poniéndose de otro tono de rojo, totalmente.

"Oh, lo siento. La mía también," susurré, sonrojándome profusamente.

"E-E-Es…." Él resopló, sacudiendo la cabeza como muestra de frustración. "M-Maldita sea…"

Le sonreí, pero mi intención es que se viera amigable. Tenía un amigo con un ceceo que evitaba decir palabras específicas… como específicas.

"N-No te rías. N-No p-puedo evitarlo," gruñó.

"No me estoy riendo, lo juro," le dije. "Si yo puedo tropezarme sobre suelo plano, entonces, ¿quién soy yo para juzgarte?"

"¿Sí?" Se rio entre dientes, mirándome.

"El suelo del gimnasio de la escuela es mi enemigo," le dije con un resoplido.

Los dos levantamos la vista cuando nuestros padres entraron por la puerta trasera. Apenas si miraron en nuestra dirección mientras entraban a la oficina de mi padre en casa, mi papá hablando mientras caminaban.

"Hay algunas nuevas tecnologías en las que estamos trabajando, Carl. Déjame mostrarte…" Dijo, cerrando la puerta detrás de ellos.

"¡Caramba!" Suspiré. "Trabajo. Será mejor que te pongas cómodo, Edward. Una vez que mi papá empieza a hablar de trabajo, se lleva un buen rato." Rodé mis ojos, cogiendo mi plato y llevándolo al fregadero.

Edward se echó a reír, dejando su tenedor en el plato. "¿Q-Qué es lo que hace?"

"Él hace… Dios mío, todo tipo de cosas," le dije, tomando su plato vacío. "Todo desde software hasta armas. Tu padre no es el primer uniforme militar que he visto." Lo miré y él estaba asintiendo pero mirando alrededor de mi casa. "Déjame enseñarte el lugar, y podemos decidir que queremos hacer. Te lo digo, van a tardar más de un minuto."

Él sonrió de nuevo y asintió. Me di cuenta que cuando no tenía que decir nada, no lo hacía. Pero también me pregunté si todavía se sentía incómodo. Yo era demasiado extrovertida para eso. Edward necesitaba relajarse.

"Hey, no me estaba riendo de ti… ¿de acuerdo?" Asegurándome de que me escuchara. "Todos mis amigos tienen algo que los hace diferentes. Trish tiene un ceceo. Jake se mete en problemas por su temperamento. Y yo me puedo caer solo parada aquí… si todos fuéramos iguales, seríamos aburridos."

Edward se rio, una risa real y relajada. "E-Entiendo, gracias."

Se relajó después de eso, siguiéndome por la casa. Le enseñé la sala de entretenimiento y la piscina, pero terminamos pasando el resto de la tarde en la casa del árbol.

"Espera, si eres t-tan t-torpe, ¿por qué tienes un fuerte en un árbol?" Preguntó con una sonrisa mientras subíamos por la escalera.

Me eché a reír. "No creas que no me he caído de esta cosa. Ya estaba aquí cuando nos mudamos. Apenas el año pasado comprobé que podía subir esos escalones."

Mi casa del árbol era mi escape. Era bastante grande y completamente cerrada. Había sido construida profesionalmente, mi padre me lo había dicho, incluyendo ventanas funcionales y electricidad. Me encantaba. De hecho, si pudiera dormir ahí arriba, lo hubiera hecho.

Encendí el estéreo, y nos sentamos. Él miró alrededor hacia todos mis posters, asimilando en silencio mi mundo privado.

"Quiero viajar," susurré, sintiéndome un poco expuesta ahora que él estaba allí. "Esos son los lugares que me gustaría ver."

"Nueva York… Londres… París… Italia…" Murmuró, y noté que cuando estaba calmado y cómodo, el tartamudeó desaparecía. "He estado allí," dijo, señalando el póster detrás de mí. "San Francisco."

"Quiero ver Alcatraz," dije efusivamente, sonriendo cuando él se rio.

"Es genial, un poco e-espeluznante."

Miramos revistas, hablando de todo y nada. Le conté que quería unirme al FBI, para resolver misterios y atrapar a los tipos malos. Él me contó que quería unirse a la Fuerza Aérea, como su padre. Quería ser un piloto, volar helicópteros. Teníamos tanto en común que era ridículo. Ambos íbamos a empezar la escuela intermedia el próximo año, a los dos nos gustaban y leíamos los mismos libros, y a los dos nos gustaba la música.

Era una lástima que él iba a estar viviendo en otra ciudad. Hubiera sido agradable presentarlo a mis amigos. Hubiera sido agradable llegar a conocerlo mejor. Era dulce y divertido una vez que bajaba la guardia. Y era tan lindo. Estaba de verdad sintiendo algo por él para cuando escuchamos…

"Niños, ¿dónde están?"

"Aquí arriba, papá," grité, rodándole los ojos a Edward. "Él sabe dónde desaparezco," murmuré. "No es un secreto de estado…"

"Cierto," se rio entre dientes, dejando a un lado su revista. "¿Tienes una pluma?"

Asentí y le di una.

"Mi correo electrónico y número de celular. Te enviaré unas fotos de Alcatraz," me dijo, entregándome un trozo de papel antes de moverse hacia la puerta. Se detuvo, girándose hacia mí. "Gracias por no reírte. La m-mayoría de la g-gente lo hace."

"Gracias por ayudarme a levantarme."

"¡Te t-tire primero!" Se echó a reír, abriendo la escotilla que conducía a la escalera. "Es lo justo, B-Bella."

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Y así como así, se había ido. Fue la primera y última vez que nos encontramos. Nos escribimos correos y mandamos textos casi a diario todo el verano y los primeros meses al empezar el año escolar. Intercambiamos fotos y música, y títulos de libros que nos interesaban pero al igual que la mayoría de las amistades a larga distancia entre jóvenes, poco a poco nos convertimos en personas diferentes. Para cuando había llegado al primer año de secundaria, ya no nos hablábamos en lo absoluto.

La siguiente ocasión que vi a Edward Cullen, él me estaba salvando la vida.

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CAPÍTULO 1

n., pl., soldados de fortuna: Uno que servirá en cualquier ejército o realizará tareas riesgosas para su beneficio personal o amor a la aventura.

No dejes que el vínculo sea mercenario, aunque el servicio sea determinado por dinero. Hazte necesario a alguien. No le dificultes la vida a nadie.- Ralph Waldo Emerson

EDWARD

"Edward, alguien está a tus seis," escuché en mi auricular cuando di la vuelta en la siguiente esquina de la aldea incendiada.

"Lo sé, lo sé," gruñí, buscando el siguiente nicho en la pared para esconderme. Esperé, conteniendo la respiración, hasta que el crujido de unos pasos detrás de mí rompió el silencio de la noche.

Quitando el seguro de mi arma. Cerré los ojos con fuerza, enviando una silenciosa plegaria antes de dar la vuelta en la esquina. Tuve que mirar hacia abajo para ver la cara de mi enemigo, pero me quedé sin aliento.

"Mierda, joder…. es solo una niña," susurré al micrófono. "¡Una jodida niñita!"

Levanté el arma de su frente, tomando un profundo respiro, pero me relajé demasiado pronto—al igual que el resto de mi equipo, porque se nos unieron en la destrozada casucha en el desierto.

"Maldita sea, Ed," Emmett se rio, bajando su arma, pero todos nos paralizamos cuando la niñita sacó su mano de detrás de su espalda.

"Oh, demonios," Jasper gimió. "Oye, ¿cariño?" Canturreó, poniéndose de rodillas frente a ella. "Por qué no me das eso, ¿eh?"

"Oh, que me jodan," Newton dijo en voz baja, colocándose detrás de la temblorosa niña y poniéndose su arma al hombro.

La pequeña niña iraní de menos de seis años se limitó a sacudir su cabeza y lo más probable es que no tenía idea de lo que él le estaba diciendo. Su pequeño dedo enroscado en la clavija de lo que parecía ser una granada estadounidense.

"Jazz, muévete," gruñí, dando un paso hacia atrás y asegurándome que mi francotirador se estaba alejando de la niña. "Todos ustedes… cúbranse. ¡Ahora!"

Emmett, Jasper y yo nos lanzamos detrás de lo que sea que pudimos encontrar al mismo tiempo que la niñita dejó caer la granada y Newton le tomó la mano. Una explosión irrumpió la noche en el desierto. Me zumbaban los oídos, mi rostro estaba cubierto de polvo, y la pierna me dolía, pero estaba vivo.

"¿Ed?" Escuché en mi oído, la comunicación por la radio volvía a funcionar.

"Joder," gruñí, agarrando mi pierna cuando traté de moverme. "Repórtense… todos. ¡Ahora!"

Había una enorme pieza de metralla que salía de mi pierna, justo en mi rodilla.

"Estoy bien, Ed," Emmett gimió aterrizando a mi lado.

"¿Jazz?" Pregunté, sentado y recargándome contra la pared de piedra.

"Estoy bien, hermano. Pero tenemos que sacarte de aquí," dijo, ayudándome a levantarme con Emmett del otro lado.

Cuando dimos vuelta a la esquina, el desastre que era la pequeña niña era nauseabundo porque Newton había caído sobre ella para salvarnos a todos. Fue la tercera persona, el tercer amigo, que había perdido en este lugar olvidado de Dios.

¿Qué demonios estábamos haciendo? ¿Qué demonios estaban pensando los padres que usaban a su propia hija como un arma?¿Y cómo demonios regresamos a casa?

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Escapé de ese recuerdo con una bocanada de aire porque golpeé mi pulgar con el martillo.

"Maldita sea," gruñí, cogiendo el trapo a mi lado y limpiando mi cara.

Me apoyé en mi mesa de trabajo, bebiendo el resto de mi cerveza y saqué otra de mi hielera.

Los recuerdos nunca se desvanecían. El dolor en mi pierna se había ido, y la cojera apenas si era visible, pero todavía llevaba la cicatriz. Se necesitaron dos largas cirugías antes de que decidieran que no era apto para el servicio militar, lo que estaba bien para mí porque ese último viaje había sido un maldito infierno. Mi helicóptero había caído a mitad de la noche, en un pequeño y silencioso pueblo que probó no ser seguro en lo absoluto.

Me volví hacia mi último proyecto, deslizando ligeramente mi mano sobre la superficie de la mesa. El roble era una madera difícil de trabajar, pero el resultado final siempre era hermoso. Lo que comenzó como una clase en el Instituto se había convertido en mi forma de liberarme, mi pasión. Nunca hice nada que no necesitara, y nunca le cobré a mis amigos o mi familia por algo que quisieran. Construir muebles era la única cosa buena que hacía.

Mi otro trabajo… me convertía en un monstruo.

Suspiré de nuevo, cogiendo la lijadora para suavizar la superficie de lo que iba a ser mi mesa de cocina. Compré mi cabaña en lo recóndito de los bosques de Washington solo para alejarme de… bueno, de todos. Necesitaba espacio cuando no estaba… viajando. Necesitaba total y completo silencio porque los ruidos en mi propia mente eran suficientes.

Cuando escuché un coche en mi muy largo camino de entrada, levanté la vista, agarrando el arma que se encontraba en la parte baja de mi espalda dentro de la cintura de mis jeans. La dejé bajo mi trapo, mirando el BMW 750i color negro que se detenía frente a mí, pero me relajé al instante cuando vi quién era.

"¿Un nuevo coche, papá?" Le pregunté, mostrándole mi arma y guardándola de nuevo en mi cinturón.

"Ella estaba cansada del otro," se rio entre dientes y sacudió la cabeza. "Dijo que solo estaba esperando a que se desmantelara. Bueno, eso, y que podía escucharme a un kilómetro de distancia."

"Dime que no te deshiciste de ese viejo Camaro. Estás loco si lo hiciste," le dije, ofreciéndole una cerveza de mi hielera.

"No, mi viejo amigo lo está cuidando," me dijo, tomando un largo trago. "Esta está bonita," dijo, señalando mi nueva mesa. "¿Roble?"

"Sí, y ya casi está terminada. Solo tengo que mancharla… tal vez mañana, si el clima mejora," suspiré, mirando hacia el cielo de Washington. Al parecer, siempre estaba lloviendo.

"Necesito que revises algo por mí." Arrojó una carpeta de manila en mi regazo, mientras estaba sentado en mi tumbona.

"Estoy de vacaciones, papá. No voy a tomar otro trabajo ahora," gruñí, entregándole de vuelta el archivo. "Demonios, el equipo completo está esparcido por todo el país. Em está en Las Vegas, Jasper en Texas. No hay forma de saber para donde echó a correr Mickey. Conoció a alguien," me reí entre dientes, negando con la cabeza.

"Solo…" Él suspiró, sus ojos tenían una oscuridad que no había visto en mucho tiempo. "Solo échale un vistazo. Dime lo que ves."

Abrí la carpeta, hojeando la inteligencia reunida frente a mí.

"Él no es un objetivo, ¿cierto?" Le pregunté. "Es tu amigo, ¿verdad?"

"También es mi socio. ¿Qué más ves?"

"Veo que tiene clientes despreciables." Fruncí el ceño, viendo algunas fotos. "¿Le está proveyendo a King? Esa mierda es parte de la mafia."

"Él no le provee a King," dijo mi padre, negando con la cabeza. "Y por eso, tiene un problema."

"Oh."

Repasé las páginas de nuevo, cerrando finalmente el archivo y entregándoselo a él.

"Quédatelo," me dijo, deteniéndome con su mano. "Vas a necesitarlo."

"No, no lo voy a necesitar. No estoy aceptando ningún trabajo ahora. Lo sabes," gruñí, azotando el archivo en mi mesa sin terminar, y paseándome en la puerta del garaje abierta de mi taller.

"Esto es personal, Edward," rogó. "Cheney me llamó. King ordenó que lo asesinaran."

"King no elimina una sola persona," reflexioné, apoyándome en mi banco y cruzando mis brazos sobre mi pecho.

"Elimina a toda la familia, cualquier persona asociada con el objetivo y se adueña de la empresa que lo ha… ofendido," finalizó.

"Exactamente," gemí, pellizcando el puente de mi nariz. "¡Lo que quiere decir que a ti también y a mí…. y… joder, todos nosotros, papá!"

"Swan pensó que estaba haciendo lo correcto negándose con King, hijo." Mi padre suspiró, dejándose caer pesadamente en una tumbona. "No quería tener nada que ver con lo ilegal, pero King puede ser… persuasivo. Mira el archivo de nuevo… la última página."

Estudié a mi papá con una ceja levantada y lentamente tomé la carpeta. Pasé a la página de atrás, la cual tenía una foto ocho por diez en blanco y negro de una mujer joven.

"¿Quién es ella?" Pregunté, levantándola en el aire.

"La conociste una vez," me dijo, su boca curveándose un poco en las esquinas. "Isabella Swan."

"¿Ella?" Pregunté, esbozando una sonrisa. "¿Ella es Bella?"

Miré la imagen de nuevo, sacudiendo la cabeza. La pequeña niña de doce años, de rodillas deformes había desaparecido por completo, dejando a una mujer morena muy bonita.

Parecía una foto de investigación—una tomada sin su permiso. Ella estaba metiendo su cabello detrás de la oreja mientras se reía al teléfono.

Había conocido a Bella Swan una sola vez, cuando éramos unos niños, cayéndome bien al instante. Me había hecho sentir cómodo y tenía mucho en común con ella. Fue amable conmigo cuando más había necesitado un amigo, porque estábamos dejando atrás todo lo que había conocido, y acababa de perder a mi madre. Habíamos perdido el contacto conforme íbamos creciendo, pero en ocasiones había escuchado de ella por mi padre y su conexión con Charles Swan.

"¿Quién tomó esta?" Pregunté, temiendo la respuesta.

"Riley Miller," reveló, sus ojos oscureciéndose aún más.

"Joder," suspiré, poniendo la foto encima de la carpeta, apartando la mirada de su ingenuo rostro. "Eso es… mierda, papá…" Sacudí mi cabeza, pensando en que esto era más grande que solo King. "King no está a cargo. He escuchado que tiene conexiones con Columbia…."

"Correcto, pero Cheney dice que la orden se dio. Bella tiene suerte de que no la han encontrado todavía," murmuró, frotándose la cara en señal de frustración.

"¿Qué quieres decir con que no pueden encontrarla?"

"Exactamente eso, Edward. Ella no… ya no tiene una buena relación con Charlie," me dijo, mirándome mientras descansaba los codos en sus rodillas. "Vivía con Jacob Black, pero se mudó desde entonces. Mi… fuente dice que no se sabe a dónde se mudó. Y con su trabajo, sale mucho de la ciudad."

"Bueno, ¿qué demonios hace ella?" Refunfuñé, sacando mi teléfono.

"Es Investigador Privado."

"Van a odiarme por esto," suspiré al mismo tiempo que buscaba entre mis contactos, marcándole a Jasper y poniendo el teléfono en mi oído.

"¡Eh! Eddie," Jasper canturreó al teléfono.

Pude escuchar todo tipo de ruidos en el fondo, pero le dije, "Llama a todos. Carlisle necesita que nos reunamos. Ahora."

"Oh, maldición, ¿qué pasa?"

"Te lo diré cuando lleguen aquí."

"Aw, Ed… ¿qué hay de las vacaciones?" Se quejó. "Pensé…"

"Yo también. Traigan sus traseros aquí. ¡Ahora!" Dije con brusquedad, finalmente perdiendo la paciencia, que para empezar apenas tenía porque no quería otro trabajo y vaya que no quería un maldito trabajo donde el riesgo sea tan elevado, trabajos personales era igual a trabajos peligrosos.

"Sí, señor. Estaremos allí en veinticuatro horas," me dijo con un suspiro, colgando el teléfono.

Mi padre se estaba riendo para cuando guardé el teléfono en mi bolsillo. "¿Por qué les hablas así?"

"Porque todos son unos niños llorones," resoplé, luchando por no sonreír. "Nunca harían nada si no lo hiciera."

Él asintió, sin dejar de reír. "En veinticuatro horas, en la casa. Mientras tanto voy a ver si podemos encontrar a Bella, pero no te hagas las ilusiones. Parece que se está ocultando por alguna razón."

"Está bien," accedí, pasando la mano por mi cabello y miré de nuevo la mesa en la que había estado trabajando.

"Hey, Edward," mi papá me habló justo antes de meterse en el coche. "Para que sepas, mi chica va a querer una de esas."

"Ya veremos," me reí, diciéndole adiós con la mano. "Dale mi amor…"

"Claro. Nos vemos mañana," me dijo antes de alejarse.

BELLA

Una flor captó mi atención cuando me senté en la banca del parque en San Francisco, esperando que mi objetivo finalmente se moviera. Giré mi cámara, capturándola a la perfección con la luz de las primeras horas de la tarde cuando mi Bluetooth pitó en mi oído.

"Sí," respondí, después de presionar el botón.

"Isabella Marie," Rosalie gruñó al teléfono. "¿Por qué no le dijiste a Esme a dónde te habías ido?"

"Porque ella habla con Jake, Ro," suspiré, negando con la cabeza pero manteniendo la vista fija en el idiota al otro lado del parque. "No puedo permitir que sepa a dónde he ido. Es un imbécil. Solo se aparecerá en la puerta y rogará y suplicará a todas horas. No… joder, simplemente no.

Rose era prácticamente mi hermana, mi mejor amiga, y mi contacto con la empresa de mi padre, y por el momento, me estaba ocultando en su departamento en Seattle. Después de dejar a mi novio de muchos años para reflexionar, Rose me abrió su puerta, jurando ocultarle a todos dónde me encontraba.

"Me está llamando al trabajo, Bells."

"Seguro que sí. ¿Le dijiste que estoy bien y que solo me diera tiempo?"

"Sí, eso fue exactamente lo que le dije," se rio entre dientes. "Y tu papá—"

"No, Rose," dije bruscamente. "Estoy segura que… está lleno de preocupación," le dije sarcásticamente y rodando los ojos.

"En realidad, sí, lo está. Algo está sucediendo aquí, Izzy."

"Bueno, lo que sea que es, seguro es el karma. Él sobrevivirá, lo prometo. Es bueno para cuidar de sí mismo." Suspiré, levantando la vista hacia mi objetivo. "Tengo que irme, Ro. Estoy siguiendo a un senador infiel, y su esposa le está pagando una buena cantidad a su abogado para atraparlo antes de que el divorcio finalice."

"Ten cuidado, Bells. Y mantente en contacto… tengo un presentimiento, ¿de acuerdo?"

Terminé la llamada y miré a mi objetivo, el senador Álvarez, se levantó de su posición en el parque, revisó su móvil y caminó hacia el muy costoso hotel al otro lado de la calle. Marqué un número rápidamente.

"La morgue de Ali, usted los mata nosotros los enterramos," mi otra mejor amiga, y la más increíble hacker y experta en computadoras que alguna vez he conocido, dijo al contestar su teléfono.

"Ali, por favor, busca la lista de huéspedes del Hotel Clipper. Tengo que saber en qué habitación va a entrar," le dije, poniéndome de pie y siguiendo despacio a ese cerdo senador.

Habíamos sido contratadas por la firma legal representando a la señora Álvarez, porque ella sabía que él estaba viendo a otras mujeres, mujeres más jóvenes, la mayoría con algún talento con la fusta. Al parecer, el senador Álvarez era un chico malo que necesitaba que lo golpearan, algo en lo que estaría dispuesta a ayudarle después de haber visto las fotos de su última novia, pero al senador no le gustaría el uso que yo le daría a la fusta.

"Las ruedas de los autobuses 'van girando van' … 'girando van'," cantaba por el teléfono, lo que significaba que le había pedido una tarea demasiado fácil.

"Silencio, duende," me reí entre dientes, pero sus risitas podían escucharse junto el golpeteo frenético sobre el teclado. "Está bien," me dijo, alargando las palabras. "No hay Álvarez, pero hay un Montoya. ¿No es ese el apellido de soltera de la madre del senador?"

"Sip, ese es," dije con una sonrisa. "¿Qué habitación, mi pequeña genio?"

"Cuatrocientos cincuenta y tres," dijo ella. "Y trae las fotos. Estoy ansiosa por ver como golpean a ese hombre."

Me reí, terminando la llamada y entrando al hotel. Me aseguré de que Álvarez estuviera en el bar del hotel antes de caminar a los ascensores. Salí en el cuarto piso, pasándole a la chica en el carrito de servicio una enorme propina para que me dejara entrar en la habitación. Me metí sigilosamente en el armario, dejando la puerta lo suficientemente abierta que permitiera al lente de mi cámara que captara la vista de la cama.

No pasó mucho tiempo antes de que el idiota pasara por la puerta, una vivaz jovencita a su lado. Podría haberme vomitado, y sentía total simpatía por la señora Álvarez porque no era como si su esposa no fuera atractiva, lo era, extremadamente atractiva. Pero un cerdo era un cerdo. Afortunadamente para mí, este cerdo significaba un gran cheque.

Había ganado el premio gordo, o el caso gordo, en esta situación, la foto gorda, tirada en el piso esperando a que los perturbadores sonidos se escucharan a través de la puerta.

Le envié un mensaje de texto a Ali, que las fotos estaban en mi posesión, y luego otro mensaje de texto a Rose, diciéndole que estaría en casa mañana y que la llamaría una vez que estuviera de camino a casa.

A casa, mi hogar. Suspiré profundamente, recostando mi cabeza en la pared mientras esperaba en la oscuridad. Hogar solía ser una casa pequeña en una tranquila calle. Hogar solía ser un hombre alto, guapo con una hermosa sonrisa y cabello oscuro, pero ya no.

Conocía a Jake de toda mi vida, o eso parecía. Su padre trabajaba con mi padre. Habíamos asistido a escuelas, fiestas y funciones de la empresa Twilight Tech juntos. Cuando Jake había decidido trabajar para mi padre, tenía que haber sido algo bueno. No lo fue. Al principio, fueron viajes y trabajar hasta tarde lo que impidió que Jake estuviera en casa. Finalmente, fue su asistente personal, Lauren, quién lo hizo.

Arrugué mi nariz mientras pensaba en ella. Jake y yo habíamos hablado de matrimonio, niños, y del futuro, pero dejamos de hacerlo cuando empecé a sospechar. Mensajes de texto nocturnos, llamadas por teléfono y correos electrónicos dirigidos a mi novio de toda una vida tiende a hacer eso. ¡Y yo perseguía infieles para ganarme la vida! Pensarías que tendría más cuidado, pero en el fondo, creo que Jake había querido que lo atrapara. Necesitaba una salida.

Le di una… en la forma de una foto de tamaño póster de él tomando a Lauren sobre el escritorio de su oficina—estilo perrito, debo añadir. Lo colgué justo encima del escritorio de la perra al frente, en el lobby de la empresa de mi padre, Twilight Technology.

Mi padre la había despedido, pero Jacob estaba furioso, diciéndome que lo que había visto no era de mi incumbencia. Sí, estuvo en el hospital por dos días. Le había roto la clavícula y le había provocado una conmoción cerebral.

Con mi padre fue diferente. Su actitud con relación a la infidelidad de Jake había sido desalentadora para mí. No solo había permitido que el bastardo infiel de mi ex siguiera trabajando en TT, sino que trató de convencerme de reconciliarme con él, diciéndome que tenía suerte de que Jake no hubiera presentado cargos por asalto. Eso había resultado en una pelea que hacía tiempo se veía venir.

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"Joder, estás bromeando, ¿cierto?" Espeté, paseándome de un lado a otro de la bastante grande oficina de mi padre en TT. "¿Crees que está bien que estuviera como un perro en celo con una chica en su escritorio, solo para volver a casa conmigo?"

"No, Bells, no es eso lo que estoy diciendo. Para nada," Charlie respondió con brusquedad. "Pero los hombres… cometen errores. No pueden pensar con claridad cuando una mujer bonita está interesada."

Mi boca se abrió ante esa declaración, y de pronto, uní unas piezas del rompecabezas que me había molestado desde que era una niña.

"¡Tú bastardo!" Gruñí, señalando a mi padre. "Engañaste a mamá, ¿verdad? Es por eso que ella estaba triste todo el tiempo. Es por eso que está muerta. ¡Tú la destrozaste!"

"Isabella, eso era algo entre tu madre y yo."

"¡Y yo, pendejo! Ella prácticamente se consumió frente a mí. Perdí a mi madre a los ocho años, Charlie. ¿Y piensas que está bien?"

"Bella—"Suspiró atrapado y tan culpable que quería golpearlo.

"¡No, no lo hagas! No te quedes allí y dime que fue un error. No te quedes allí y dime que lo que Jake hizo estuvo bien. Tienes libre albedrío, tienes una conciencia y tienes un corazón. ¡Pero al parecer, la posición de Jake aquí significa más para ti que yo!"

Con eso, salí por la puerta, deteniéndome frente al escritorio de Rose. "Él es tu jefe, pero yo soy tu mejor amiga. ¿Cómo estamos entre nosotras?"

Ella me miró con una ceja levantada. "Así que, ¿tú llevas la piza a casa o lo hago yo?"

Le sonreí asintiendo. "Yo lo haré. Justo después de cambiar mi número de teléfono y agarrar algo de mierda de la casa… sin mencionar el decirle a Alice que me oculte en el sistema."

"Bien," canturreó con una sonrisa exageradamente cursi. "Te veré en casa, entonces."

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Mis ojos se abrieron cuando la puerta del hotel lo hizo. Asomándome a la habitación, me di cuenta que la retorcida cita había terminado. Recogí mis pertenencias y me dirigí de vuelta a mi coche.

Me dejé caer en el asiento del conductor, marcando al número de mi oficina.

"Investigaciones Gravity, Makenna al habla," mi secretaria contestó.

"Hey, Mack," dije con un suspiro. "Está hecho. Llama al abogado de la señora Alvarez…."

"Spencer."

"Correcto. Llama a Marshall Spencer y dile que tendrá sus pruebas para antes de terminar la jornada laboral de mañana."

"Lo tengo, Bells. ¿Algo más?"

"Sí, tú y Ali comienzan temprano su fin de semana está noche. Estoy cansada, y sé que ustedes también lo están. Vamos a hacerlo un fin de semana largo," le dije, frotándome los ojos.

"Gracias," se rio entre dientes. "Sin embargo, debes de saber que hay gente buscándote."

"¿Cómo quién? ¿Charlie? ¿Jake?"

"Entre muchos," dijo ella, y podía escucharla golpeando las teclas de la computadora. "Un… Carlisle Cullen ha estado preguntando por ti. Él no es—"

"De hecho, sí lo es," le dije, sonriendo a pesar de mí misma.

Carlisle era la razón por la que mi empresa existía. Él era un socio silencioso que no era tan silencioso como creía que era. Alice lo había averiguado de inmediato. Era la firma de Carlisle la que estaba en el papeleo de mi empresa, no la de mi padre. Él había convencido a Charlie que ser el dueño de un servicio de investigación privado serviría para hacer dinero y que tenerlo a su disposición sería beneficioso, pero mi padre se había estancado el tiempo suficiente como para que Carlisle interviniera para terminarlo conmigo por larga distancia, ya que siempre estaba viajando y nunca estaba en la oficina. Creo que podría contar con una mano el número de veces que había visto a Carlisle en persona, pero había hablado con él por teléfono muchas, muchas veces.

Una razón más por lo que la relación con mi padre había caído en una bañera llena de mierda. Su vacilación en ayudarme a iniciar mi propio negocio, aun cuando él su hubiera beneficiado monetariamente por ello, fue otra señal de que él y yo nos estábamos separando.

"¿Quién más?" Le pregunté a Mack.

"Esme Platt," dijo con un profundo suspiro. "Y probablemente deberías de llamarla primero, Bells. Estaba llorando."

"Mierda, está bien," gemí, sacudiendo la cabeza y finalmente, encendiendo mi coche. "¿Alguien más?"

"Umm, ¿un Riley Miller?" Dijo, haciendo que sonara como una pregunta. "No dejó su número, y se portó grosero por teléfono, demandando saber en dónde estabas, pero no le dije nada."

"Pero tienes su número," me reí entre dientes.

"Cierto. ¿Lo quieres?"

"No… no conozco ese nombre. Lo veré más tarde."

"Bien, adiós."

Cuando salí a la autopista, con la idea de conducir hacia el norte tanto como mis ojos permanecieran abiertos, llamé a mi dulce vecina de cuando vivía con Jacob.

"Isabella Marie," contestó, un profundo suspiro de alivio en su voz.

"¿Sabes? Esta es la segunda vez que hoy alguien me llama por mi nombre completo. No tengo diez años."

Ella se echó a reír, un hermoso y musical sonido. "Entonces, tal vez te lo merezcas."

"Tal vez," me reí entre dientes. "Siento haberme desaparecido. Mi trabajo y Jake y…"

"Lo sé, cariño. Solo estaba preocupada. Jake vino a casa luciendo como si hubiera sido atropellado por una manada de elefantes, y luego me explicó por qué se veía así. No hace falta decir que le di otra cachetada, ¡pero eso fue hace tres semanas, señorita!"

"Lo sé, Esme, lo siento. Yo solo… tenía que irme. No me estoy hablando con Jake o mi padre."

"Lo sé, Bella. Hoy hablé con Rose. Y todo va a estar bien, lo prometo. Jake no era el elegido, eso es todo."

Di un profundo suspiro, asintiendo con estupidez al teléfono como si ella pudiera verme. "Gracias, Esme."

Si le hubiera pedido a Dios un remplazo para mi madre, hubiera sido mi ahora exvecina, Esme Platt. Era tranquila, dulce, reconfortante. Era hermosa y desinteresada. Se había apoderado de mi corazón en el minuto que nos mudamos en la pequeña casa de los suburbios.

"¿Estás a salvo? Eso es todo lo que necesito saber, cariño," me suplicó, haciéndome sentir amada y cuidada.

"Sí, señora," respondí sorbiéndome la nariz, limpiando una lágrima que había caído. "Prometo mantenerte informada, pero no puedo hasta que las cosas se hayan calmado. Sé que Jake y Charlie están tratando de encontrarme, y yo solo—"

"No quieres que te encuentren," terminó por mí. "Es comprensible, Bella. De verdad. Lo que hizo Jake… bueno, es la mayor traición entre un hombre y una mujer. Y ni siquiera sé qué decir sobre tu padre, Isabella. No sé cómo un padre puede tomar partido como él lo hizo. Debería decirle lo que pienso."

Me reí de su actitud protectora. "No vale la pena."

"De acuerdo," suspiró. "Mantente en contacto, cariño. Me preocupo por ti. Mucho. ¿Está bien?"

"Sí, señora," le dije, terminando la llamada.

Tomé otra autopista, todavía dirigiéndome hacia el norte y suspirando con absoluto y total cansancio. No iba a lograr salir del estado de California, iba a tener que detenerme pronto. Permanecer despierta toda la noche para seguir a Álvarez después de conducir cinco horas para llegar a California, sin mencionar el tener que esperar durante su repugnante encuentro… estaba mental y físicamente exhausta.

Encontré un hotel bastante seguro después de pasar por un restaurante para llevar en busca de algo que comer, y luego me registré y subí mis cosas. Dejé todo en la cama, haciendo finalmente una última llamada.

"Bella," Carlisle dijo, escuchándose bastante ansioso.

"Mira, sé que papá probablemente te molestó para buscarme, pero—"

"No, no lo hizo, lo prometo. ¿Es esta una línea segura, Bells?"

"Sí, señor," le dije mientras sacaba mi laptop. "Mi técnico en computadoras se aseguró que no pudiera rastrearse."

"Entonces, usa una señal móvil," supuso.

"Supongo. Dijo que mi señal sale de múltiples torres, y que mis mensajes de texto y correos electrónicos no pueden ser rastreados."

"Suena como si fuera muy inteligente."

"Ella tiene un IQ de noventa," le dije riendo. "La mitad del tiempo, no tengo idea de lo que está diciendo. Pero Carlisle, realmente no quiero hablar con mi padre."

Él se rio entre dientes y dijo, "Estoy seguro de eso, Bella. Es un viejo tonto, de verdad. Pero no te estoy llamando por él. Necesito hablar contigo, pero preferiría que fuera en persona."

"Se escucha como algo de intriga y misterio, Carlisle." Reí, rodando los ojos. "Sé que en un tiempo fuiste militar, pero—"

"Estoy hablando en serio, Bells. ¿Estás en algún lugar seguro donde puedas quedarte por unos días?"

"Supongo que sí, pero Rose me está esperando para mañana…"

"Le enviaré un mensaje… sin que tu padre lo sepa, ¿está bien?" Me dijo, escuchándose más y más ansioso.

"¿De qué se trata?"

"De verdad, preferiría mejor decírtelo en persona, y prometo decirte lo que pueda. Demonios, conociéndote, probablemente ya sabes algo de ello. Dime tu ubicación, y allí estaré mañana."

"Bien," le dije con cautela, diciéndole el nombre del hotel, sin saber por qué un hombre con el que rara vez hablo, necesita verme con tanta urgencia. "Carlisle. Me estás preocupando. ¿Se trata de Gravity?"

"Para nada, cariño. Tú manejas esa empresa con puño de hierro. Sobresale," dijo con orgullo, sonando más como un padre, sonando más como un padre que el mío propio. "¿Confiarías en mí por favor y harías lo que te pido?"

"Sí, claro."

"Bien. Cuando cuelgues, apaga el teléfono. No envíes correos electrónicos ni mensajes de texto. Ni siquiera contestes el teléfono del hotel, o abras la puerta, de hecho. Hasta que no veas mi cara por la mirilla, no le abras a nadie, ni siquiera al servicio a la habitación. ¿Me entiendes?"

"Sí, sí… claro."

"Bien. Te veo mañana."

No tenía razón para desconfiar del amigo de la infancia de mi padre, así es que cuando terminamos la llamada, apagué mi teléfono, guardé mi laptop, y deslicé la cadena en la puerta. Con todos mis medios de comunicación apagados, decidí tomar una ducha. Estaba demasiado cansada para pensar en las cosas que Carlisle había dicho, demasiado cansada para preguntarme que había querido decir con que probablemente yo sabía algo de ello. Emocionalmente, me había sentido vacía por las últimas tres semanas desde que me había mudado de con Jake. Físicamente, había estado trabajando por las últimas cuarenta y ocho horas de corrido.

Todas mis preguntas y reflexiones tendrían que esperar hasta que Carlisle se presentara el siguiente día, hasta después de eso iba a tener una decente noche de descanso.

(1)Los Munchkins son ciudadanos del país Munchkin (o Munchkinlandia), el cuadrante este de la Tierra de Oz.

Hola, estoy emocionada de que Drotuno me diera la oportunidad de traducir esta emocionante y hermosa historia, espero que ustedes, al igual que yo, se enamoren de ella y este Edward que está para comérselo. Muchas gracias también a mi amiga y beta Erica Castelo por ayudarme con esta historia 3 Ya tengo varios capítulos traducidos y pienso seguir hasta terminarlo, a ver si después puedo darle actualizaciones más constantes, por lo pronto actualizaré solo por semana, los viernes Gracias por leer y ya saben, nada anima más a seguir con una historia que sus comentarios, así que háganme saber que les pareció.