Capítulo 18:

"Así que viniste… de blanco."

Parpadeó. Aquella observación la había tomado desprevenida. Se miró la ropa.

"¡Ah, sí!" exclamó al recordarlo. Severus alzó una ceja. "Es que estaba trabajando en una variación de la poción de la anticoncepción… Y ya sabes lo que solía decir mi maestro sobre la vestimenta blanca. Ayuda a ver efectos adversos de la combinación experimental de ingredientes." Explicó mientras se sentaba en la misma silla de siempre. Ese día tocaba una de sus quincenales citas médicas con Severus para la extracción de la muestra de sangre.

"Sólo es un color muy sucio." Fue el escueto comentario de su ex compañero, habituado a sus túnicas negras.

Lily hizo una mueca. De todas formas, le agradeció que no emitiera opiniones relativas a su estatus de 'novia'. Para muy mala suerte suya y de James, en esa revista de chismes Corazón de Bruja habían surgido rumores sobre una boda, sobretodo porque los habían visto ir y venir a ambos con frecuencia a la tienda de Madame Malkin. Siendo realistas, no todos los días se confeccionaban vestidos de novia en esa tienda. Probablemente la cotilla había salido de alguna de las costureras que trabajaban ahí, aunque Madame Malkin, muy enojada, les había jurado que a ella no se le había salido una palabra, y que no descansaría hasta encontrar al culpable. Cosas más raras se habían visto.

Extendió el brazo sobre el reposabrazos de la silla. El profesor de Pociones le desató el botón del puño de su blusa blanca para levantar la manga y dejar el brazo al descubierto. Esta vez, Snape arqueó ambas cejas.

"Se ha vuelto descuidado." Dijo con frialdad mientras se volteaba a buscar sus utensilios. Lily tragó saliva, sintiendo algo parecido a una mezcla entre vergüenza y enojo. En su antebrazo habían unas marcas visibles –y recientes– de dedos, cuya sombra rojiza destacaba en contraste con su piel pálida. Ni siquiera se había dado cuenta que tenía esas marcas, porque no le dolía.

Ese bastardo de James, ¿qué demonios se creía? Lo que más le molestaba es que estaba casi 100% segura de que el muy imbécil lo había hecho a propósito para fastidiar a Severus. Como si fueran un piño de pendejos. Ya iba a ver lo que obtenía por atreverse a marcarla como si fuese ganado.

"Lo podemos hacer en el otro brazo, no me importa." Se apresuró a decir para salir del paso. Snape le hizo caso sin chistar. "Entonces…" comenzó para cambiar de tema, mientras el profesor buscaba la vena en su brazo. "Ya llevamos casi 5 meses con estas extracciones de sangre, ¿has podido ver o encontrar algo extraño en todo este tiempo?"

Daba la impresión de que Severus no la había escuchado, o simplemente estaba ignorándola, porque no decía una palabra. Pero Lily esperó, paciente, a que el maestro terminara la operación de sacarle sangre, la cual efectuaba con una concentración envidiable.

"Ahora que lo mencionas, quería hablarte sobre eso." Dijo Severus después de colocar el corcho en el vial que contenía su sangre, y cerrar la diminuta herida con una sacudida de su varita. "He revisado minuciosamente todas las muestras de sangre, y no he encontrado nada extraño. Al parecer, el antídoto que preparé en aquella ocasión, y lo rápido que te lo suministramos, fue bastante más eficaz de lo que había pensado."

Pese a que trataba de no sonar demasiado pagado de sí mismo, Lily percibió algo parecido al orgullo entremezclado en sus palabras. Después de todo, había elaborado un antídoto a un veneno que ella había creado, y al hacerlo, se equiparaba a leerle la mente. La había descifrado, en cierto sentido. Esa era una competencia que llevaban en sus días de estudiantes. Le llamaba la atención que Severus haya rememorado aquello, con todo el tiempo que había pasado.

"Así que estaba pensando en aumentar el intervalo a 45 días por un par de meses, para asegurarse por completo que no vaya a ocurrir nada extraño, ni que nos vaya a tomar por sorpresa."

Estaba pletórica, y trató de reprimirlo. Fue como si recuperara un poco de libertad. Las dichosas reuniones cada 15 días limitaban bastante su agenda. Sobretodo si quería tomarse más de 2 semanas para viajar al extranjero y buscar más información sobre los horrocruxes.

"Esa es pero una excelente noticia, Sev—"

Toc, toc.

El semblante del maestro de Pociones se puso aún más serio de lo acostumbrado –y sí, eso era posible–. Nadie además de ellos 2, James, Dumbledore, Sirius y Lupin sabían de aquellas reuniones. Ni siquiera Harry, porque sentía que le darían unas ganas irresistibles de abrazarlo y mimarlo, y terminaría llevándoselo a casa. Esa, claramente, no era la idea.

Snape, por su parte, era extremadamente reservado con respecto a las reuniones. Por eso se veía tan extrañado.

"Adelante." Autorizó con la voz fría.

Primero asomó la rubia platinada cabeza de Draco Malfoy, para luego seguirle su larguirucho cuerpo cubierto en su mayoría por la negra túnica, en la cual destacaba la insignia verde y plateada de la casa Slytherin. El chico parecía estar tan sorprendido de verla a ella, como de Severus el verlo a él.

El pequeño dragón.

"Señor Malfoy…" empezó el profesor, manteniendo el hielo glacial en su voz. "Como puede ver, estamos en medio de un asunto aquí. ¿A qué se debe el honor de su visita?"

Pero el chico no contestó. Se la quedó mirando con escrutinio, para nada conforme con su presencia en un lugar que consideraba 'seguro', donde no esperaba hallarla. Ella lo examinó a su vez, colocando su gesto incólume. Era alarmante y curioso que Draco se pareciera tanto a su padre; apenas y habían vestigios de que la sangre Black corría por sus venas, pero si uno se esforzaba podía apreciar ciertos rasgos de Narcisa, como los pómulos atenuados, la barbilla no tan puntiaguda, los ojos grises menos fríos.

Si se detenía a pensarlo más de 2 segundos, el chico se parecía tanto a Lucius como su Harry se parecía a James. Se preguntó si acaso Draco tendría una personalidad tan rastrera como la de su progenitor. Inmediatamente después, siguiendo sus hipótesis anteriores, eso equivaldría a preguntarse si Harry había heredado algo de la psicopatía de James.

Ahí detuvo tanta conjetura.

De todos modos, Lucius Malfoy continuaba prófugo de la justicia, señalado como uno de los principales responsables de su secuestro y tortura. Tras la interrogación que la Oficina de Aurors había realizado a Narcisa Malfoy para conocer el paradero de su marido, se determinó que era inocente y ni siquiera se le podía catalogar como encubridora, mucho menos como cómplice. Realmente no sabía nada. Su libertad no estaba sujeta a discusión.

Ese chico, aunque no manejara detalles, sabría los cargos que se le imputaban a su padre, y que ese era el motivo por el cual le estaban buscando. Pero Lily no podría saber lo que Draco pensaba a ese respecto.

"Señor, yo…"

"No te preocupes, Sev… Profesor." Interrumpió al muchacho, poniéndose de pie. "Nosotros ya estábamos terminando aquí." Severus arqueó cuidadosamente una ceja. "Podemos hablar sobre este tema otro día, ¿no lo cree, profesor Snape?"

"Si así lo quiere, señorita Evans." Contestó él, sin bajar su ceja interrogativa.

"Ya me pondré en contacto con usted. Muchas gracias, como siempre, por su ayuda, Profesor. Hasta la próxima, señor Malfoy." Se dirigió al adolescente saludándolo con un asentimiento de cabeza. Él le respondió sin cambiar su expresión escrutadora, y Lily salió del despacho.

Apenas hubo cerrado la puerta, tomó un hondo respiro. Comenzó a caminar a paso rápido, casi corriendo, hasta que se dio cuenta de lo que estaba haciendo y disminuyó la velocidad.

Tal vez sí rompería su propia regla e iría a saludar a Harry y darle un abrazo. Recordó que ese era el día en que rendía la MHB de Defensa Contra las Artes Oscuras. Esperaba que le hubiera ido más que bien, dado que, no sólo porque fuera su hijo ni mucho menos, pero Harry tenía un nivel para combatir las Artes Oscuras que sobrepasaba con creces la media. Su habilidad era algo que valía la pena explorar.

O quizás, la mejor opción era que regresara a la Casa Potter. La mudanza había terminado oficialmente hace un par de días, y pese a que quisiera un poco de tiempo para descansar, aún tenía una boda que organizar. En ese mismo instante, James, Sirius y Lupin se habían quedado distribuyendo las mesas para la cena, encargados de que todos los invitados se sintieran a gusto con sus acompañantes. Era una labor delicada, y estaba convencida de que James podría desempeñarla a la perfección. Pero la influencia de Sirius tal vez hiciera un poco más trabajosa esa tarea, y Remus no serviría para lidiar como buen árbitro.

Suspiró. La segunda opción parecía ser la más adecuada.

Apenas terminaba de tomar aquella decisión mentalmente cuando escuchó pasos acelerados a su espalda. Por mero instinto flexionó las rodillas, y su mano rápidamente encontró su varita. Se giró con cautela, preparada para cualquier ataque. Pero mayor fue su sorpresa cuando vio a 2 chicas que iban corriendo hacia ella. A la pelirroja la reconoció como Ginny Weasley, pero la otra chica rubia no le sonaba de nada.

"Ginny, ¿qué está…?"

"¡Lily!" gritó la pelirroja al llegar a su lado, deteniéndose un minuto para recuperar el aliento. Su agitación no presagiaba nada bueno.

"¿Qué sucede, Ginny?"

"¡Se los han llevado!" farfulló la chica con una mano en el pecho. Lily frunció el ceño.

"¿A quién se han llevado?"

"¡A Harry, Ron y Hermione!"

Se quedó callada. Había algo que no tenía sentido, o se estaba perdiendo de algo importante. ¿Cómo –y quién– se iba a llevar a Harry fuera de Hogwarts? ¿Con el permiso de quién?

"No estoy entendiendo nada, Ginny. Dímelo todo desde el principio."

Entonces Ginny comenzó a contarle una historia en donde ella y Luna –la chica rubia– habían descubierto a Ron y Hermione escondidos bajo la Capa de Invisibilidad, apostados afuera del despacho de la profesora Umbridge. En realidad, había sido Luna quien había visto un par de tobillos que aparecían desde la nada, dado que la Capa no había alcanzado a cubrir los pies de Ron. Los dos amigos procedieron a contarles con premura que estaban haciéndole guardia a Harry, quien estaba con Umbridge dentro y tenía sospechas de que la bruja del Ministerio estaba tramando algo. A través de las 'orejas extensibles', un invento bastante cuestionable de los gemelos, habían oído que Umbridge había inmovilizado a Harry con el hechizo Incarcerous. De inmediato, Ron y Hermione echaron la puerta abajo a maldiciones, y sin dudarlo, se lanzaron a rescatar a Harry. En ese instante, Ginny y Luna se habían quedado en el pasillo, cegadas por las luces de los diversos hechizos y maldiciones que volaban en todas direcciones, hasta que de pronto los cuatro desaparecieron del despacho, envueltos en el destello de un traslador.

"Teníamos que dar el aviso." Continuó la chica Weasley. "Luna se acordó que Dumbledore no estaba en el castillo durante el almuerzo, así que nos aseguramos y fuimos a buscar a la profesora McGonagall directamente." Terminó mirando a Luna, quien asintió para darle veracidad a su relato.

Durante medio segundo, dejó a su instinto de madre volverse loco. La desesperación y el pavor se arremolinaron en sus entrañas. Sin embargo, los detuvo antes de que comenzaran a inmovilizarla, pateando a un lado el shock. Tenía que hacer un trabajo muy importante y urgente, y para eso requería tener la mente calmada y conservar la cordura.

"De acuerdo, esto es lo que vamos a hacer." Dijo entonces con la voz muy suave. Ginny lució algo extrañada por su reacción, en cambio Luna sólo la miró atentamente con los ojos saltones y la cabeza ladeada. "Irán donde la profesora McGonagall, y le contarán exactamente lo mismo que me han dicho a mí." Ginny asintió, obediente. "Muy bien. Ella sabe lo que hay que hacer a continuación." Dicho eso, se incorporó y continuó caminando a paso firme en dirección a la salida.

Oyó el grito de la pelirroja cuando se disipó su estupor.

"Pero Lily, ¿tú qué vas a hacer?"

"Voy a buscar a mi hijo." Murmuró sin mirar atrás.


"Mmm, y, ¿qué tal si movemos a la chica Delacour a la mesa con todos los Weasley, y a Hagrid lo dejamos con Rufus Scrimgeour y toda su familia?"

James parpadeó, tapándose la boca con el puño, mientras miraba a Lupin tras la barbaridad que había dicho.

"Mira Lupino," saltó Sirius en su ayuda, porque James no sabía por dónde comenzar a explicarse. "Estoy de acuerdo en que todos adoramos a nuestro querido Hagrid, y para nosotros no representa ningún inconveniente, salvo su enorme tamaño y las dificultades para ubicarlo. Pero, desafortunadamente, existe gente en este mundo, gente idiota a mi parecer, que no piensa igual que nosotros."

Remus miró a Sirius con los párpados caídos.

"Muchas gracias, Canuto, por esta clase de política contemporánea." Le respondió, siguiéndole el juego. Sirius apenas y aguantaba la risa. "Pero lo decía, por ejemplo, porque nunca he escuchado a Scrimgeour quejarse sobre los hombres lobo, ni ningún otro híbrido. Jamás ha apoyado las leyes que buscan restringir sus libertades, ni ha emitido opiniones en su contra."

"Entiendo lo que quieres decir, pero ni Rufus, Anastassia y su marido, ni el propio Hagrid se sentirían a gusto sentados unos con el otro." Lo atajó, antes de que su amigo pudiera continuar con sus argumentos. Se quedó pegado mirando la enorme pizarra que tenía un diagrama a escala de las ubicaciones para la cena de su boda. "Creo que Hagrid quedaría bien y cómodo sentado junto a Dumbledore, McGonagall y Flitwick." Murmuró, agitando su varita para cambiar los nombres. "Sería algo así como la mesa Hogwarts. Slughorn también podría quedar sentado allí."

Sirius bufó.

"Explícame de nuevo por qué invitamos a Horace Slughorn."

James suspiró. Estaba junto a Sirius y Remus sentados en la amplia mesa metálica de la cocina de su nuevo hogar, la Casa Potter, tratando de acomodar a los invitados para el momento del banquete. Cuando se había medio quejado antes de que la organización de su boda era un dolor de cabeza, era porque todavía no le había tocado llegar a esa parte. Se trataba de un trabajo de auténtica relojería suiza.

Se frotó los ojos por debajo de las gafas antes de contestar.

"Lily se sintió con la obligación moral de invitarlo. Ya sabes, ella era una de sus alumnas preferidas, por eso del Club de las Eminencias." Comentó, aleteando una mano en el aire para quitarle importancia. "Además, él le escribió apenas se supo que habíamos despertado del coma, y se mostró preocupado luego del secuestro. Era lo que había que hacer." Acabó su explicación con cierta exasperación. Tampoco lo convencía la idea de invitar a su antiguo profesor de Pociones a la boda, pero podía decir lo mismo de la mitad de los asistentes. Un ramalazo de su pasado aristocrático se había escapado al enviar las invitaciones. Después de todo, había descubierto que había redes que valía la pena mantener.

"De acuerdo, como quieras. Ahora tenemos que ver en dónde poner a Mary McDonald y Lisa Woodhouse."

Remus emitió un ruidito.

"No veo por qué tuviste que invitar a toda nuestra clase de Hogwarts a la boda." Se quejó esta vez el licántropo con aire abatido.

Se encogió de hombros.

"Es lo que hace la gente normal, ¿no? Y es lo justo. Ustedes viven aquí, pero Lily también tiene derecho a invitar a sus amigos." Sirius le pegó un codazo a Lupin entre las costillas.

"¿No estás emocionado por ver a nuestras antiguas compañeritas?"

"La verdad es que no mucho. Cuando la noticia de, ehh… mi pequeño problema peludo se hizo pública, muchos conocidos—"

"Un montón de imbéciles." Lo interrumpió Sirius.

"… Me dieron la espalda o dejaron de hablarme. No creo que estén muy emocionados de reencontrarse con el licántropo que les mintió, y con el cual compartieron aulas durante 7 años." Terminó Lupin, sin hacer caso de la acotación del animago. James podía ver que eso realmente estaba incomodando a su querido amigo.

"Estoy seguro de que si confirmaron sus invitaciones, lo que sí han hecho, no es algo que les complique demasiado. Además, nunca invitaría a nadie que te hiciera sentir molesto, Lunático."

"Gracias, Cornamenta."

"Agradece también que Quejicus no está invitado."

Bufó.

"Sí, claro."

"Bueno, en un momento pensé que podría pasar." Sugirió Sirius. "Es decir, cuando nos dijiste que vendría Carmilla Văduva, y que sería la dama de honor, ni más ni menos…" y la voz se Sirius se calló. También debió haber percibido ese no tal sutil cambio en la atmósfera.

"¿Qué estás tratando de decir?"

"Tú sabes…" Lupin y Sirius intercambiaron una mirada de alerta. Eso significaba que no era la primera vez que hablaban sobre el tema. Respiró hondo.

"Entiendo mucho su preocupación, y gracias por eso. De todas formas, Lily y Carmilla fueron mejores amigas…" Sirius arqueó las cejas hasta la raíz del cabello. "Y no veo por qué no podría ser su dama de honor. Al fin y al cabo, Lily es la madre de mi hijo, y va a casarse conmigo." Hizo un especial énfasis en esa aseveración, asegurándose de que sonara con suficiente propiedad. "Y Carmilla De Large está casada y viene con su marido e hija. Todo está resuelto."

Por la expresión de Lupin, él no parecía encontrarlo todo tan resuelto. Sirius, por otro lado, alzó las manos en el aire, dándole la razón.

"Y si fuera por eso, Canuto, Lily también debería estar alerta respecto a ti." Se echó hacia atrás, recostándose sobre el respaldo de la silla, cruzando los brazos y guiñándole un ojo. Sirius hizo como que se sonrojaba.

"Ay, Cornamenta, delante de Lupino no…" e intentó agarrar a Remus para esconderlo bajo la mesa.

"¡No, de nuevo con eso no…!" bramó Lunático, visiblemente nervioso. James y Sirius explotaron en carcajadas y estuvieron riéndose por casi 2 minutos.

"Entonces…" prosiguió Lupin, tratando de regresar las cosas a la normalidad. "Carmilla y su familia estarán sentados en nuestra mesa." Repitió el movimiento que él había hecho con la varita, para que apareciera escrito el nombre de los De Large en la mesa principal. "¿Dónde se sentará Harry?"

"Pensaba que quizás podría estar entre Lily y yo." Era lo más lógico y lo más simbólico. La unión concreta entre Lily y él.

"Si conozco bien a Harry, y claro que lo conozco, si soy su padrino, el pequeño no va a estar muy cómodo en ese lugar. Va a sentir que está interrumpiendo algo, y no le va a gustar recibir tanta atención, porque ese sí que será un lugar destacado." Lo atajó Sirius, diciendo la primera cosa sensata de la velada.

James se quedó callado, sopesando sus palabras. No lo había considerado desde ese punto de vista.

"¿Qué tal si le preguntamos directamente a Harry en dónde quiere sentarse cuando venga a casa para las vacaciones? Estoy seguro que no será un cambio tan grave como para dejarlo en suspenso. Al menos sabemos en qué mesa va a estar." Propuso Lupin.

"De acuerdo." Accedió en un suspiro.

"Y ahora" continuó Remus, quien al parecer era el que llevaba la voz cantante. "A tu lado irá sentado el padrino de bodas..."

El ambiente volvió a tensarse por segunda vez, y un poco más que antes. Sirius estaba completamente serio, como nunca, y Remus tenía esa expresión de incomodidad de no saber en dónde meterse.

Tragó saliva. Sabía que tarde o temprano iban a tener que llegar a ese punto, el tema del padrino de bodas. Lily y él habían discutido durante horas largo y tendido sobre ese asunto, examinando todas las posturas, los argumentos a favor y en contra, y las posibles reacciones de ambos candidatos. Pero a pesar de que estaba completamente seguro –y no, ya no iba a dudar de nuevo de su decisión– eso no evitaba que se pusiera nervioso por lo que estaba a punto de decir. Siempre pensó que Lily iba a estar a su lado para ese momento, pero bueno, iba a tener que improvisar.

"No sé por qué tanto misterio, jaja." Lo interrumpió Lupin justo cuando pensaba abrir la boca para hablar, con cierto tono de disculpa. Como si pidiera perdón por haberlo puesto en esa encrucijada. "Si ya todos hemos sabido desde siempre que Sirius será el padrino de bodas, tal como fue el padrino de Harry."

El rostro del animago Black se relajó ante esas palabras. Él también parecía haber pensado lo mismo.

"En realidad, Lunático, ahí es donde te equivocas." Lanzó antes de que sus amigos continuaran llevándose impresiones erróneas. "Porque serás tú el padrino de nuestra boda."

Parecía que no había dicho nada. Los dos magos se quedaron estáticos mientras procesaban la noticia. James observó atentamente sus respuestas.

"Oh, pero James… quiero decir, yo, muchas gracias, nunca me lo habría esperado, pero en verdad, yo, quiero decir…" Remus estaba tartamudeando. Era obvio que estaba muy emocionado al respecto, y era esa emoción la que tiraba las sílabas a trompicones.

Por el otro lado, Sirius estaba en completo silencio. Serio.

Suspiró.

"Sirius, no podía escogerte para ser padrino de bodas. No podía." Empezó a explicarse, mientras su mejor amigo asentía de forma desganada. "Porque Lily quiere que seas tú quien la entregue al altar."

"¿Qué?" preguntó Sirius en un hilo de voz. Pero era evidente que su actitud había cambiado diametrialmente.

James sonrió.

"Lo que escuchaste, Sirius. Lily quiere que seas tú quien la entregue en el altar. Dice que eres lo más cercano a un hermano que tiene, y por eso pensó que serías la persona más indicada para hacerlo." Lupin también estaba alegre, tanto por él como por Sirius, de lo que estaba pasando ahí. "Ella quería decírtelo personalmente, pero dado que nos pusimos a hablar de esto…" y se encogió de hombros. Lupin se puso de pie para abrazar a Sirius, quien aún lucía algo aturdido pero feliz.

"Ay, esa mujer tiene unas ideas…"

Se rió.

"Creo que esto debemos celebrarlo con una botella de whisky de fuego." Y se levantó de su silla a buscarla.

Ese sonido sordo que sacudió su cabeza lo puso en alerta. Sirius y Lupin también debieron sentirlo, porque los hechizos protectores de la Casa habían sido modificados para que ellos fueran reconocidos como miembros afines de la familia Potter. Alguien había traspasado las barreras de protección de la Casa, y no había sido Lily.

Alguien con la suficiente prisa como para no esperar a su autorización.

Se puso en guardia, sacando la varita. Sus amigos lo imitaron.

Por la puerta de la cocina apareció una alterada auror de pelo rosa.

"¿Tonks, qué está pasando…?"

"¡Fuga! ¡Fuga en Azkaban! ¡Acaba de llegar el aviso a la Oficina, y vine corriendo a avisar a la Orden!" gritó a voz en cuello, con el rostro rojo y despeinada. "Kingsley dice que Dumbledore está inubicable en estos momentos, al parecer está fuera del país. Tenemos que ir a detenerlos, ¡rápido, rápido!" e hizo el ademán de salir corriendo. Lupin la atajó de un brazo.

"¿James?" le preguntó. Nadie más y nadie menos que Voldemort tendría que estar detrás de ese ataque. Asintió.

"Manden sus Patronus a todos los miembros dando el aviso." Mientras los demás seguían su instrucción, James hizo aparecer las capas y las escobas, y las repartió entre los tres. "Sirius, abrígate." Añadió, al recordar que Azkaban estaba ubicada en una isla en el Mar del Norte. Black asintió sin chistar.

Verificó que todos estuvieran correctamente equipados.

"Andando, ¡vamos!"


"Esto no está bien, no está nada de nada de bien…" decía un nervioso Cornelius Fudge con la voz temblorosa. El sudor frío le caía por la frente y las sienes, y se intentaba limpiar, sin mucho éxito, con un pañuelo.

Harry gimió con todas sus fuerzas mientras se sacudía en el suelo como un gusano sobre la elegante alfombra persa del despacho del Ministro de Magia, atado completamente por el hechizo Incarcerous. También lo habían callado con el Silencius, así que aunque gimiera y abriera la boca para gritar, ningún sonido emergía de su garganta. Le habían quitado su varita, y tenía los brazos apretados contra los riñones. Estaba absolutamente desarmado.

Un par de metros más allá, Ron y Hermione estaban amordazados juntos, espalda con espalda, amarrados, silenciados y desarmados. De alguna forma, Ron se había roto el labio inferior y chorreaba sangre sobre su túnica negra. La expresión de Hermione era de un angustiante pavor.

"Si se llegan a enterar de lo que estamos haciendo, nuestras cabezas rodarán… Oh, oh, por las barbas de Merlín…" lloriqueó Fudge, sentado en su lujosa silla de alto respaldo.

Harry gritó más fuerte, pero como era esperable, no emitió ningún sonido. Desde una de las esquinas, observaba todo el panorama la desquiciada bruja vestida de rosa.

"¡Cornelius! ¡Ya no es momento de echarse para atrás!" le espetó Umbridge, con la voz más chillona de lo habitual. "Debemos aprovechar todo el tiempo que tengamos para seguir adelante con el plan." Y posó los ojos sobre él.

¿Plan? ¿De qué demonios está hablando? Pensó Harry.

"Dolores, tenemos tres estudiantes de Hogwarts retenidos contra su voluntad, sin el permiso de sus padres ni del Director. Esto es una falta gravísima." Insistió sorpresivamente el Ministro. Umbridge chasqueó la lengua.

"Está bien, está bien, tres estudiantes no era lo planeado, pero ya veremos cómo deshacernos de los otros dos." dijo la mujer con tono despreocupado, como si no fuera un asunto relevante. A Harry lo recorrió un escalofrío, y volvió a sacudirse. Necesitaba poner a salvo a Ron y a Hermione. "Además, creo recordar que fuiste tú quien dijo que había que hacer lo imposible para lograr que los Potter colaboren con nosotros, y dado que el ataque de los dementores no funcionó…"

Se quedó quieto. Sintió que ascendía un nivel más en el odio que sentía hacia aquella bruja.

"¿¡Fue usted?!" rugió Harry totalmente iracundo, rompiendo el Silencius. "¿¡Usted envió a esos dementores a atacarnos el verano pasado?!"

Su grito asustó a Fudge, pero Umbridge se quedó mirándolo con sorpresa. Al parecer, no esperaba que fuera lo suficientemente poderoso como para romper alguno de sus hechizos.

"Sí, Potter." Le confirmó su revelación. Estaba muy tranquila, con los ojos bien abiertos, dándole un aspecto de lunática. "Dado que tus padres, los muy engreídos, ignoraron una y otra vez las cartas que les enviamos, y rechazaron las distintas peticiones que les hicimos para unir esfuerzos y así acabar con el enemigo en común." Harry se retorció de nuevo. Sentía que se le estaban entumeciendo las extremidades al enterrarse las cuerdas en las articulaciones y los nervios. "Pensé que si les dábamos un susto, lo reconsiderarían." La bruja comenzó a dar vueltas alrededor suyo. "Y aunque no funcionó, sí sirvió para darnos cuenta de algo: que no habría nada que James Potter no hiciera para mantener a salvo a su inútil y malcriado hijo." Volvió a silenciarlo antes de que pudiera replicar.

"Esa se convirtió en mi misión al ir a Hogwarts: tratar de averiguar todo lo que pudiera sobre ti para usarlo a nuestro beneficio, y así poder atraer a tus padres hacia nuestro bando." Harry vio los zapatos de tacón rosado detenerse justo delante de su nariz. Arrastró la barbilla por la alfombra para poder mirarla fijamente a la cara. Tenía las gafas torcidas sobre el puente de la nariz, así que sólo veía el contorno de la figura borrosa. "Pero puesto que no quisiste colaborar, Potter, tendremos que obligar a tus padres para que trabajen con nosotros."

"Dolores…" masculló Fudge.

"Silencio, Cornelius." Lo mandó a callar Umbridge, rodando los ojos hacia arriba. Luego prosiguió. "Les haremos creer que has sido secuestrado por el Innombrable y sus seguidores."

Dentro de toda la rabia e indignación que Harry estaba sintiendo, no pudo evitar pensar que ese era un plan estúpido. Y lo era principalmente porque estaban ignorando un elemento esencial, y eso era la relación especial que existía entre su padre y Voldemort. No tenían cómo saberlo, por supuesto, pero en el caso de que Voldemort algún día lo llegara a secuestrar, al propio Innombrable le faltaría tiempo para hacérselo saber a James, y así poder torturarlo con ese pensamiento. Si el Ministerio les informaba de eso a sus padres, no tardarían en averiguar que no era cierto.

"Si bien puede que tarde o temprano descubran que el Innombrable no te ha capturado, siempre podremos hacerles creer que manejamos información privilegiada, que tenemos métodos infalibles de búsqueda, y les podremos dar amplio acceso para que usen recursos gubernamentales, como los departamentos de Seguridad Mágica o Cooperación Mágica Internacional. Todo con tal de acabar con esta guerra."

Sí, claro. Porque seguramente el Ministerio había sido vital en el rescate de su madre y Sirius. Mientras más escuchaba, Harry creía que era un plan disparatado y desquiciado, que no tenía ni pies ni cabeza, y no entendía por qué Fudge había dado su venia para la ejecución de una entrategia tan absurda. Es más, Harry estaba más que seguro que podría sancionarse al Ministro por su irresponsabilidad, y despilfarrar recursos públicos en planes ineficientes. Podrían utilizar todo ese tiempo y energía en elaborar planes que sí lleven a acabar la guerra.

"Tranquilo, señor Potter. Mientras esté bajo la custodia del Ministerio estará muy bien cuidado. Y cuando ya no se requiera que esté en esa situación, será puesto en libertad. Con sus recuerdos modificados, por supuesto."

Rodó los ojos. Ese plan rayaba en la estupidez.

"El Ministro ya ha firmado el decreto que lo autoriza." Umbridge acarició un largo pergamino que estaba extendido sobre el escritorio, delante de Fudge. Aunque éste estaba tan pálido que comenzaba a verse verde. "Es confidencial." Añadió con una pequeña sonrisa maniática.

Harry tragó saliva. Esa bruja de verdad creía lo que decía, y que iba a funcionar. Estaba loca de remate, o lo que era peor, no lo estaba, y estaba en pleno uso de sus cabales. Esa clase de gente era muy peligrosa.

"Bien, tenemos que continuar, el tiempo apremia." Tamborileó los dedos sobre la mesa antes de dirigirse hacia Ron y Hermione. Harry volvió a sacudirse. "Ahora hay que deshacerse de estos dos, siempre estorbando… Hasta el último minuto." Umbridge se toqueteó el mentón con la punta de la varita, pensando. "Creo que lo mejor que podemos hacer antes de enviarlos de regreso a Hogwarts será borrarles la memoria. Así no podrán filtrar ninguna información mientras Potter es conducido hacia…"

"¡NO!" saltó entonces Hermione, rompiendo también el hechizo que la mantenía en silencio. "¡No puede hacer eso, profesora! ¡Es ilegal! ¡Va en contra de los derechos humanos!"

La mujer lanzó una falsa carcajada aguda.

"Ay, Granger. Los muggles inventan cada cosa para justificar su naturaleza intrínsicamente inferior… En los últimos años he escuchado eso que llaman derechos humanos, y de sus partidarios pro muggle que quieren introducirlos en la comunidad mágica. Francamente, no son más que tonterías." Umbridge apuntó a Hermione con la varita, lanzando el Silencius otra vez sobre ella. "No me distraigas ahora, niña, que tengo que estar concentrada para poder realizar el hechizo desmemorizador. No queremos que se borren más recuerdos de la cuenta, ¿no?"

Harry giró sobre sí mismo para caer sobre su espalda. Debía haber una forma de romper las cuerdas, lo que sea. Le costaba enfocarse debido al dolor de sus extremidades entumecidas, y ahora que se había dado la vuelta, se estaba enterrando las manos en la baja espalda. Pero no fue hasta ese momento que recordó algo, que le estaba haciendo presión sobre un dedo. El anillo que su padre le había obsequiado para Navidad. Tal vez, y sólo tal vez, si frotaba el anillo contra la soga podría quemarla por la fricción y liberarse.

Pero el tiempo escaseaba cada vez más, y los recuerdos de sus amigos –más que su propia seguridad– estaban en juego, así que empezó a frotar, cuidando que no se percataran que estaba moviéndose.

Alguien tocó la puerta. Umbridge se detuvo en el acto, como si la hubieran inmovilizado. Aguardó un segundo y luego giró la cabeza hacia Fudge, quien ahora estaba morado.

"…¿Sí?" preguntó el Ministro en un hilillo de voz.

"¿Señora Umbridge?" cuestionó un hombre al otro lado de las altas puertas dobles. "Señora Umbridge, está usted ahí? Soy yo, Runcorn." Umbridge suspiró visiblemente aliviada, sacudiendo la varita para abrir una de las puertas. En el umbral había un mago alto de aspecto tosco, de pobladas cejas negras y una expresión para nada agradable. No se sorprendió en absoluto de verlos a los 3 amordazados en el suelo.

"Albert, casi nos matas de un susto. Pasa, pasa." El mago cerró la puerta tras de sí. Enseguida, Umbridge comenzó el interrogatorio. "¿Qué estás haciendo aquí? Creí haberte dicho que vigilaras afuera, en el pasillo."

"Ha sonado la alarma en todo el Ministerio. Parece que se trata de una emergencia." dijo el tipo Runcorn con voz grave. "Escuché decir a unos encargados del departamento de Mantenimiento de que algo sucedió en Azkaban."

"¿Azkaban?" repitió Fudge, recobrando el sentido. Estaba preocupado. El recién llegado se limitó a asentir.

Umbrigde, por otro lado, parecía haber alcanzado el éxtasis.

"¡Oh, por las barbas de Merlín, eso es perfecto! ¡Podemos usar ese caos para trasladar a Potter al lugar de confinamiento sin que haya sospechas!" la bruja retrocedió sobre sus pasos, parándose de nuevo junto a sus amigos. "Runcorn, necesito tu ayuda. Debemos oblivatear a estos dos, y luego…"

Harry dejó de oír. La pequeña ventaja que había obtenido por la irrupción de ese secuaz de Umbridge se había acabado, y debía volver a concentrarse en su plan para liberarse. Esperaba que quizás la urgencia y la desesperación de la situación le jugaran a favor, y pudiera realizar algo de magia sin varita para ayudar a su anillo a quemar la soga.

Arqueó el cuello. Apenas si lograba a ver a Ron y Hermione por entre las piernas de Umbridge y Runcorn, quienes estaban deliberando sobre algo.

"De acuerdo, vamos con Granger primero. ¡Oblivi–"

Se escuchó un estruendo desde afuera, como si se hubiese roto un enorme ventanal. Por segunda vez, su todavía profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras se detuvo.

"¿Y ahora qué?" intercambió una mirada con Runcorn. Volvió a escucharse otro estruendo, y desde mucho más cerca.

"Ve a mirar qué es lo que está pasando afuera." Le ordenó Umbridge al mago alto. Éste se dirigió hacia la entrada, y abrió una de las puertas. Sacó la cabeza, y miró para ambos lados del pasillo. Luego se devolvió, con la mano sobre la manija.

"No hay nada."

Apenas terminaba de decir esas palabras. Todavía no cerraba la puerta.

Entonces un par de piernas aparecieron desde la inexistencia y se cerraron en torno al cuello de Runcorn. El mago se sacudió para todas partes, tratando de quitarse a la persona que lo estaba ahogando, pero parecía una especie de llave china realizada con las extremidades inferiores. Totalmente olvidado del uso de la magia, Runcorn dejó caer la varita al suelo, invirtiendo sus últimos alientos en golpear a su atacante para que desistiera de su agarre, lo que no sucedió.

El mago perdió la consciencia, y solo en ese instante, una figura vestida de blanco se descolgó desde el dintel de la puerta, y dándose impulso como si estuviera realizando una acrobacia circense sobre un trapecio, golpeó la espalda de Runcorn con las piernas juntas, mándandolo a darse de bruces.

Umbridge, Fudge, Harry, Ron y Hermione contemplaron la escena sin respirar. La figura se columpió de nuevo para caer sobre la punta de sus pies en el medio del despacho.

Harry no daba crédito a los que sus ojos veían, borroso o no.

Lily Evans acababa de aterrizar limpiamente sobre la alfombra persa.


James supo que se trataba de una catástrofe apenas aterrizó sobre la arena negra de la playa. A lo lejos, por encima de la pequeña isla que alojaba la prisión de los magos, Azkaban, centelleaba la Marca Tenebrosa. Un millar de manchas negras revoloteaban alrededor del edificio, incólumes a la tormenta que se desataba. Eso no debería estar pasando. James sospechó de inmediato que los dementores tal vez ya no estuvieran respondiendo a las órdenes del Ministerio.

"Impervius." Susurró con la varita sobre sus gafas, para poder frenar aunque fuera un poco ese torrente de agua que le caía encima, como si la estuvieran arrojando con un balde. Su capa corta se sacudía violentamente con el viento que arreciaba.

A su lado estaban Sirius, Lupin y Tonks, el primero con varias capas de ropa. A su orden, los cuatro sacaron las escobas y montaron en dirección a la isla. La formación varió un poco esta vez, siendo Tonks la que se quedaba al medio, dado que al ser más liviana que ellos tres, el viento la desestabilizaba con mayor facilidad.

Durante un segundo James estuvo a punto de avisar a Lily, pero se lo pensó mejor y se abstuvo. Aunque necesitaba a su compañera, la idea de colocarla en peligro lo puso muy nervioso. Prefería poder controlar la situación lo más que pudiera, porque sabía que de todas maneras Lily se iba aparecer allí, cuando hicieran el llamado masivo a los miembros de la Orden.

Algunos aurores estaban tratando de reforzar las protecciones mágicas, mientras otro grupo pequeño permanecía alerta, probablemente vigilando y esperando que nadie intentara escaparse del perímetro que estaban armando. James, Sirius, Lupin y Tonks descendieron ante la entrada de la prisión.

"¡Necesitamos refuerzos en la sección de Alta Seguridad!" exclamó un auror de mediana edad mientras sacaban a los primeros heridos.

Antes de ingresar al edificio, James miró a Sirius. Se dirigían al lugar en donde su hermano había estado confinado durante 12 años, soportando condiciones infrahumanas, inculpado por un crimen que no cometería ni en sus sueños. Pero el animago Black le devolvió una mirada decidida, y asintió. James sólo necesitaba de ese gesto para avanzar.

Ambos entraron primero.

Por todas partes habían pedazos de roca que se desprendían de las paredes y el techo, provocados por las peleas que se estaban librando en los pisos superiores. Apenas habían avanzado un par de pasos cuando, desde las escaleras, cayó un auror muy mal herido.

"¡Swire!" oyó que gritaba Tonks, dirigiéndose a auxiliar a su colega. Lupin la secundó. En ese instante apareció el contrincante del desafortunado auror.

El mortífago tenía puesta la máscara y la capucha, así que no podía ver una mierda. Pero al parecer él (porque no cabía duda que se trataba de un hombre) sí los había reconocido, porque buscaba una forma de escapar. Le hubiera gustado agarrarlo desde atrás para estrangularlo y quitarle la máscara con sus propias manos, pero las barreras antiaparición le impedían utilizar su mejor técnica.

"¡Diffindo!" bramó Sirius. El mortífago no se esperó eso, porque no hizo mucho por contrarrestar el hechizo. La máscara se partió a la mitad, revelando el pálido y largirucho rostro de Lucius Malfoy.

Así que ahí estaba la maldita rata rastrera responsable del secuestro de Sirius y Lily. Después de todo el tiempo, energía y recursos que se habían invertido en su búsqueda, finalmente se aparecía en Azkaban.

Qué apropiado. Les había ahorrado el esfuerzo de llevarlo hasta allí ellos mismos.

Pero por su parte Sirius no parecía tan tranquilo. Había abierto los ojos completamente, y le temblaron los músculos de la cara, sobretodo las mejillas y la barbilla. Se colocó en posición defensiva.

"¡Desmaius!" estaban muy cerca unos del otro, y había poco espacio, pero aún así a Malfoy no le costó repeler el hechizo aturdidor. Tenía esa desagradable sonrisita de arrogante y absurda suficiencia.

"Después de todos estos meses, eso es lo único que−"

"Crucio."

Ni Sirius ni Malfoy lo vieron venir, pero él no tenía tiempo para desperdiciar. La maldición Cruciatus le dio de lleno al patriarca de los Malfoy, quien resbaló por la pared de piedra hasta llegar al suelo. Los gritos no se hicieron esperar, pero no le importó. En alguna ocasión alguien le había comentado que la intensidad con que aplicaba la Cruciatus se comparaba con la de Voldemort mismo. No era de extrañar, dado que él le había enseñado e instado a usarla.

Apenas si pestañó durante los 2 minutos y medio que duró la maldición.

El mortífago quedó desaparramado en la piedra fría, en un atado de cabello y ropas. James le escuchó jadear pero en su concepto, aún no se escuchaba tan cansado.

"Crucio."

Fue implacable. No le temblaron las manos ni la voz. Sirius traducía todos los gestos que él no manifestaba, aunque no eran muchos. Estaba serio y parpadeaba ante cada alarido que desgarraba la garganta del rubio mortífago. Su amigo jamás disfrutaría ante el dolor de nadie, por mucho que lo odiara, o por mucha venganza que tuviera acumulada en su interior.

Era una suerte que James no tuviera esos reparos.

Esta vez la maldición duró solo un minuto y medio. A Malfoy no le quedaban ganas ni de intentar moverse. Sirius aprovechó la oportunidad para amordazarlo, aturdirlo y silenciarlo, además de quitarle la varita. Cuando acabó con esa rutina casi refleja, alzó la vista para mirarlo.

"No hay que perder energía ni tiempo con las ratas." Contestó a su pregunta no formulada. Sirius hizo una mueca y frunció ligeramente el ceño.

"Será mejor que lo entreguemos a los aurores que están recapturando a los prisioneros."

Así lo hicieron. También se habían llevado al amigo herido de Tonks.

Un destello de luz púrpura les pasó por encima de la cabeza.

"Vaya, vaya, Black" dijo una voz desde las derruidas escaleras. "No pensé que nos extrañarías tanto como para hacernos una visita." Otro destello de luz destruyó la mitad de la muralla. La visión de James se empañó por algunos segundos hasta que el polvo levantado por el derrumbe se disipó.

Antonin Dolohov tenía una expresión salvaje en su rostro demacrado y marcado por el paso en Azkaban. A su lado lo acompañaba la imponente figura de Augustus Rookwood. Ambos, vestidos con unas túnicas harapientas y mugrosas, habían recuperado sus varitas y parecían listos para pelear.

"El Señor Tenebroso estará contento al ver que te has unido a la celebración, Potter." Dijo Rookwood.

"¡Desmaius!" bramó James en respuesta. Rookwood soltó una carcajada, al momento en que se enfrascaba de lleno en una batalla con él. A medida que peleaban, el número de mortífagos parecía ir solo en aumento. Continuaban llegando y subiendo por montones, lo que llevaba a James preguntarse si acaso no fue esa la razón por la que Voldemort se mantuvo inactivo y le tomó tanto tiempo efectuar ese ataque; se preocupó de engrosar sus filas y planear cuidadosamente la fuga. Ese enfermo malnacido…

Dos mortífagos recién llegados se unieron a la pelea. El espacio era muy reducido, lo que conducía a que se rozaran unos con otros, y con las otras batallas que se estaban librando. Sirius lo vio en aprietos, así que en cuanto tuvo la oportunidad cogió a uno de los mortífagos pasándole el brazo por el cuello para estrangularlo y rompérselo. El perro podía ser fiero cuando los suyos estaban en peligro. Pero de inmediato, Canuto tuvo que devolver su atención para ayudar a Lupin, quien se estaba batiendo con Dolohov.

Luego de analizarlo un par de minutos mientras peleaban, James llegó a la conclusión de que la única manera de derrotar a los mortífagos, al menos a los que eran prisioneros, era tumbándolos físicamente. Mientras tuvieran las varitas era casi imposible, puesto que la gran mayoría de ellos habían sido duelistas habilidosos durante el reinado de terror de Voldemort –y cómo no lo iba a saber James, si los había visto entrenar e instruirse con sus propios ojos–. Pero su salud física estaba tan deteriorada que había que considerarlo como una ventaja.

Le pegó una patada tan fuerte en la rodilla a ese segundo mortífago aparecido que James oyó cómo se le desprendía la rótula de la tibia y el peroné. Lo sacó del juego y lo aturdió en el acto, pero Rookwood era su adversario fuerte, quien con suerte respiraba entre tanta maldición que le echaba.

"Estás oxidado como un caldero viejo, Rookwood. Desde aquí puedo oír cómo te suena el cuerpo. Y pensar que has tenido todos estos años para descansar…" lo tentó, pensando a toda velocidad. Tonks había terminado con su inexperimentado contrincante e hizo contacto visual.

La auror lo entendió al instante.

"He oído algo parecido respecto a ti. Que sobreviviste a la maldición asesina, como el crío, y estuviste sumido en su sueño bastante laAAA–"

Tonks llegó por atrás y le dio una limpia y fuerte patada en la baja espalda. A James le hizo gracia, porque era del estilo de patadas que Lily solía darle a ella cuando entrenaban juntas.

Tal como había pensado, la maniobra funcionó. Rookwood emitió un alarido de dolor, desconcentrándose de la batalla, sin saber nunca de dónde le llegó el golpe. Era curioso cómo habían ciertos reflejos y percepciones que se desarrollaban solo mediante el entrenamiento de peleas físicas y no con duelos mágicos.

James se acercó rápidamente. Se colocó a su lado, hombro con hombro, y le agarró el brazo que aún aferraba la varita. Cerró ambas manos en torno a su muñeca esquelética, y se la retorció, esperando quebrarle todos los huesos pequeños e incluso el cúbito y el radio. Con éxito, la varita cayó al suelo.

Rookwood continuaba chillando, así que James lo empujó contra la pared, llevándolo a darse un golpe que lo dejó sin aire. Y sin perder tiempo, le pegó un codazo en toda la cara, rompiéndole la nariz.

Tonks volvió a interferir para atarlo y aturdirlo.

"Otro menos." Dijo ella. Tenía signos de que había dado unas batallas terribles, pero lucía ilesa.

"Esa patada estuvo preciosa y precisa, Tonks." Ella asintió, aceptando el cumplido.

Al otro lado, Sirius y Lupin parecían haber llegado a las mismas conclusiones que él, porque Dolohov yacía en el suelo con la pierna torcida en un ángulo anormal.

Nuevamente se oyó una explosión en los pisos superiores. Sin perder más tiempo, James se apresuró por subir, escalando los perdigones en que se había convertido la escalera, seguido por los otros, para dirigirse a la sección de Alta Seguridad. Tuvieron que subir varios pisos, esquivando algunas peleas entre Aurors y mortífagos, e incluso vislumbró a otros miembros de la Orden, como Arthur o Emmeline Vance. Le hubiera gustado echarles una mano, pero su prioridad eran los presos de alta peligrosidad. También vio algunos cuerpos con túnicas púrpuras, y sintió su estómago encogerse por no haber podido ayudarles.

Al llegar a la sección se quedó quieto, escondiéndose en la penumbra para observar con cautela lo que estaba pasando. Sirius, Lupin y Tonks se apretujaron detrás de él, manteniendo la alerta extrema. Sentía la respiración agitada de Sirius sobre su nuca.

Tres figuras se hallaban arrodilladas en el suelo. La más pequeña, adelantada de las otras dos, estaba siendo ungida mediante la entrega de la varita por nadie más y nadie menos que el Diablo en persona.

Lord Voldemort.

La figura pequeña se colocó de pie. Tenía el cabello enmarañado, oscuro y ensortijado. Esa descripción sólo correspondía a una persona que él conocía…

"Mi estimada Bella, tu lealtad férrea será ampliamente recompensada por todas las vejaciones que tuviste que soportar. Pero primero, ve y sale a divertirte un poco. Estoy seguro de que lo has estado anhelando." Le dijo Voldemort a la mujer demacrada. Desde allí no podía verle la cara a ninguno de los dos.

"Mi Señor, estoy completamente honrada por su presencia. Siempre supe que se alzaría de nuevo y volvería a por nosotros. Nunca lo dudé, ni un solo segundo." Dijo ella en un susurro apenas audible.

Entonces James observó algo que muy pocas veces le había visto hacer a Voldemort; alargó una mano, aparentemente, para acariciar el rostro de la bruja.

"Lo sé, Bella." Contestó el Señor Oscuro con un tono de voz neutro.

Una nueva explosión estalló a sus espaldas. Los intentos de Lupin y Tonks por aplacar el Fuego Maldito interrumpieron el afectuoso reencuentro entre Voldemort y sus seguidores más acérrimos.

Ambos giraron en su dirección, y Voldemort lo avistó al instante. Habían pasado meses desde aquella noche maldita, en que su antiguo tutor se atrevió a secuestrar a su hijo para utilizarlo en el conjuro que lo traería de vuelta a un cuerpo semi-humano. Pero entre el ajetreo que siguió a su aparición en esa ocasión, no tuvo mucho tiempo de enfrentarse a él largamente. No como ahora.

La expresión indescifrable en el rostro de Voldemort evolucionó a una malsana sorpresa agradable. Era extraño que, durante su infancia y adolescencia, lo único que recibió de Tom fue un profundo desprecio, mientras que desde que decidió darle la espalda definitivamente, sus reacciones respecto a él se volvieron más 'amables'.

Como en una relación venenosa, en que el agresor despliega todos sus encantos para atraer al abusado a esa interminable red de toxicidad.

Los Lestrange se pusieron en guardia. El Señor Oscuro se acercó a pasos lentos hacia donde Sirius y él permanecían estáticos, casi aguantando la respiración.

"Sabía que con esto podría atraerte al fin." Habló Voldemort con la voz helada. Su túnica negra no se movía, y eso que estaban en un lugar donde las corrientes de aire se sentían con fuerza.

James aferró la varita entre los dedos, enterrándose las uñas en la palma de la mano. El desgraciado estaba burlándose de él, para variar.

"Ha llegado hasta mí la noticia de que has estado muy ocupado organizando… ¿una boda?" Bellatrix largó una risotada burlona. Los hermanos Lestrange también celebraron el comentario irónico de su Señor, como una tropa de bufones. "Lo que no deja de sorprenderme, en serio. Creí que lo ibas a pensar mejor después de lo que pasó con ese asunto. Aunque supongo que la sangresucia siempre estará dispuesta a que la rellenes como un pavo para quedarse encinta de nuevo."

"¡CÁLLATE!" rugió iracundo. La sonrisa de la boca sin labios se ensanchó. Se maldijo por haber cedido ante su provocación, pero no iba a permitírselo. Por Lily, y por esa pequeña niña pelirroja que no llegó a ser.

Su pequeño y adorado bebé que Voldemort le obligó a matar.

"¡Crucio!"


"¿Alguien podría explicarme qué es lo que está pasando aquí?"

Desde el suelo, Harry pudo percibir que su madre estaba encolerizada. Ella no solía inhibir sus emociones, sean cuáles fueran ésas, siendo su padre el que se llevaba el galardón en ese aspecto. Por eso sabía, y se notaba, su furia. Se le notó en la voz cuando hizo aquella pregunta, y en los ojos verdes que echaban chispas, apenas conteniendo el incendio.

La única respuesta de Umbridge fue atacar.

"¡Desmaius!" casi en el mismo momento, Runcorn se incorporó y se abalanzó sobre la espalda de Lily. El hechizo aturdidor los pasó rozando. Ambos comenzaron a forcejear, y Runcorn sólo se valía de su fuerza bruta y de su altura para intentar someter a su madre, encontrándose perdida su varita. Con cualquier otra bruja menuda, esa técnica hubiera sido más que suficiente. Con cualquiera, menos con Lily Evans.

El mago trataba de estrangularla, pero su madre inclinó el cuerpo hacia delante, y empezó a darle repetidos codazos en el estómago y el bajo vientre. De pronto sacó una daga de entre sus ropas y se la enterró en el muslo. Runcorn aulló de dolor y la soltó para poder afirmarse la pierna con ambas manos en una actitud totalmente infructuosa. Situación que su madre aprovechó para aferrarlo de ambos hombros y darle sucesivos rodillazos en la entrepierna, dejándolo otra vez en el suelo. Entonces, como si lo recordara, lo ató y lo aturdió.

Ese fue el fin para Runcorn pero no para Umbridge, quien comenzó a atacar a la bruja pelirroja con una avalancha de hechizos. Fudge, por su parte, continuaba sentado en su silla alta en estado de shock. Más aún ahora, dado que ya había un tercero que los había descubierto.

Harry nunca había visto a su mamá en una pelea real. A lo más había vislumbrado un poco de sus destrezas durante los entrenamientos, pero lo que veían ahora sus ojos no podía catalogarse de otra forma más que increíble. La agilidad y la rapidez de sus movimientos resultaba tan efectiva como armoniosa, como si estuviera realizando alguna especie de danza. Y eso fue sin contar hasta la aparición sucesiva. Harry sabía que eso requería mucha concentración, porque ante cualquier distracción uno podría escindirse. Pero la exactitud de sus apariciones era milimétrica.

Su estilo de pelea no tenía parangón, a menos que fuera con un igual. Claramente, este no era el caso.

Umbridge también debió haberse dado cuenta de eso.

De repente, alguien lo aferró del pelo para levantarlo del suelo, y le enterró la varita en el cuello. Su yugular quedó expuesta y latía con desesperación.

"Ya basta de esta estupidez." Bramó la profesora con su voz chillona. Lily se detuvo. Al ver que Umbridge lo tenía amenazado, lanzó una daga pero no alcanzó a atinarle. La profesora soltó una risita. "Forzar las cosas siempre funciona. Muy bien, señorita Evans…" Harry detectó el sarcasmo en el comentario de su profesora. "Va siendo hora de que detengas todos estos… malabares, y me escuches atentamente."

"Suelta a mi hijo. Ahora." le ordenó su madre con el rostro completamente serio. Aún no bajaba la guardia.

Umbridge volvió a reír. Le tiró el pelo tan fuerte que casi sintió cómo se le desprendían algunos cabellos. Empezaron a lagrimearle los ojos.

"No hasta que entiendas lo que vas a hacer, tú y el padre de este mocoso bastardo." Lily presionó los puños, y su varita soltó chispas rojas.

"No tienes nada con qué extorsionarme. Soy testigo de que secuestraste a mi hijo desde Hogwarts, y de que todo esto cuenta con la aprobación del Ministerio." Dijo entonces su madre, sacudiendo la cabeza mientras señalaba a Fudge, quien continuaba petrificado. En el real sentido, parecía que lo habían encantado con el Petrificus Totalus. "A la gente no le gustará saber que el Ministerio anda secuestrando a los alumnos para parchar su ineptitud."

"¡Silencio!" graznó la bruja de nuevo sobre su oído. "Maldita ramera creída" Lily arqueó una ceja ante el insulto, y Harry se sacudió, tratando de soltarse del agarre. Un subidón de furia le brotó desde las entrañas, no soportaba que nadie le hablara así a su madre. Umbridge lo agarró más fuerte. "¡Nada de esto estaría pasando si ustedes hubieran aceptado nuestras solicitudes de cooperación!"

"Para convertirnos a mi familia y a mí en unos perros al servicio del Ministerio, ¿no?"

"Todo era por el bien mayor de la comunidad."

Su madre se detuvo medio segundo en esa discusión para posar los ojos en ellos, en él, amordazado y desarmado, mientras Umbridge lo amenazaba con la varita. La bruja pelirroja asintió lentamente.

"Claro, el bien mayor. Puedo verlo."

Al principio a Harry se le cerró la garganta al oír a su madre decir esas palabras. Pero luego reparó en la forzada inexpresividad de sus ojos verdes. En el vacío monótono de su voz.

"Así que ahora vas a escuchar lo que harás, o este mocoso desagradable pagará las consecuencias."

Entonces Harry escuchó a Ron decir con la voz potente y grave, la cual resonó por todo el despacho.

"No hoy, sapo viejo."

Hubo un golpe sordo, un alarido de dolor, y las manos que lo soltaron y lo dejaron libre. Al instante, su madre lanzó una rapidísima seguidilla de hechizos tanto a Umbridge como a Fudge. Distinguió el Expelliarmus, Incarcerous, Silencius, y en el caso de Fudge, el Petrificus Totalus.

"Diffindo." Susurró al final y las cuerdas que lo aprisionaban se cortaron todas a la misma altura. Pero apenas si pudo dar una profunda bocanada de aire antes de ser asfixiado por los brazos de Lily.

"Por Merlín, Harry, mi pequeño, ¿estás bien? ¿Te hizo algo esa arpía trastornada?" su madre le pasó las manos por la cara, le levantó el flequillo, le vio el blanco de ambos ojos por debajo de las gafas, y le puso la palma de la mano en la frente para comprobar si acaso tenía fiebre.

Sólo negó con la cabeza.

"Trató de hacerme beber algo pero no lo logró." Masculló. Hermione estaba gritando detrás suyo.

"¡Ron, atacaste a una profesora!"

"No te preocupes por eso, Hermione"

Harry se puso de pie con ayuda de su madre. Ron tenía en la mano un pesado y polvoriento volumen de Principios y Deberes de la Probidad Administrativa Mágica. Umbridge estaba amarrada y desmayada. La cuerda que había atado a sus amigos estaba desparramada por el suelo, rota.

"¿Cómo las rompieron?" les preguntó. Hermione le señaló una navaja. "Es la navaja que tú lanzaste…" murmuró, girándose hacia su madre. Parpadeó, comprendiendo. "No erraste."

Lily negó.

"Se las lancé para que pudieran liberarse y ayudarme, pero no creí…" Ron botó el libro al suelo, el cual hizo un ruido sordo. "Bien pensado, Ron." Su amigo se encogió de hombros. Lily se acercó hacia Hermione, extendiendo la palma para que le devolviera el arma.

"No tienes nada que temer, Hermione. Esa mujer los secuestró y estaba a punto de hacerles daño. Estaban en todo su derecho de defenderse." Y se guardó la navaja dentro de la manga izquierda de su blusa blanca. Era un tanto perturbador que su atuendo, blanco, siguiera tan impoluto como cuando había llegado. "¿Están bien?" sus amigos se miraron y asintieron.

"Intentó borrarnos la memoria, pero no alcanzó. Muchas gracias, Lily" su madre los revisó de igual forma que a él. Luego extrajo desde las mangas de su blusa -¿cuántas cosas podían caber allí dentro?- un par de viales con un líquido transparente. Le tendió uno a cada uno.

"Bébanse esto. Es para el estumecimiento por las ataduras." Mientras le hacían caso, recuperó las varitas y se las devolvió. "¿Cómo se atreven?" bramó entonces, mirando a los 3 adultos amarrados. "James se pondrá hecho una furia cuando se entere. Realmente, esto va a ser un escándalo."

Harry miró a Umbridge. Pese a la imagen lamentable que ofrecía, no le tenía ninguna lástima.

"¿Qué vamos a hacer con ellos?"

Su madre frunció los labios, y se echó hacia atrás el flequillo.

"Tenemos que entregarlos al departamento de Aurores, a Scrimgeour. No se me ocurre otra opción." Hizo levitar a Umbridge, Fudge y Runcorn, y los cuerpos desmayados se detuvieron delante de las puertas dobles, mientras esperando su orden. "Vamos, será mejor que vayamos andando. Había mucho alboroto allá fuera, y quiero saber qué estaba pasando."


Comentarios:

Hola. Ha pasado el tiempo. Les dije que iba a actualizar entre agosto y septiembre, y para variar, el tiempo me alcanzó. Quiero decir que en esos meses pasaron varias cosas, por ejemplo, estuve en un taller literario en el cual escribimos un libro, se publicó y se hizo el lanzamiento. El taller se terminó a fines de julio, y durante agosto estuve trabajando en la edición del libro, publicación, y en la preparación del lanzamiento. También, en septiembre, al fin pude titularme, así que pueden decirme abogada de forma oficial *-*. Y antes que me diera cuenta, había conseguido trabajo de nuevo, y tuve que meterme de lleno en eso. Han sido meses muy caóticos. Y, a pesar de todo, siempre estaba escribiendo un poco.

Como podrán darse cuenta, este capítulo es larguísimo. De hecho, las dos últimas escenas las tuve que sacar porque aún no las tenía bien definidas, y no iba a alargar la actualización solo por esas dos escenas –que son muy importantes, por lo demás– así que decidí dejarlo hasta aquí, y pronto publicaré el "Capítulo 18.1", con esas dos escenas que faltan, para no romper la continuidad con el capítulo 19 y el 20 que, repito, marcarán el fin de la primera parte de esta historia.

Tenía muchas cosas que decir aquí, pero en estos días no he estado de ánimos. Como saben, acá en Chile explotó una revolución social desde el día viernes 18, nos sumieron en estado de emergencia (que es un estado de excepción constitucional en donde se restringen algunos derechos civiles, como el derecho de reunión y el de asociación), y los militares salieron de nuevo a la calle, como en la dictadura militar de Pinochet. He escuchado balazos todas las noches, mientras los helicópteros se pasean casi al lado de la ventana de mi habitación. La situación se agudiza a cada segundo, y el Gobierno es tan inoperante que sólo le echa "más gasolina al fuego", centrándose en reprimir y criminalizar a las pocas personas que han realizado destrozos, en vez de preocuparse por encontrar soluciones a los problemas de fondo. Hay cientos de heridos, detenidos, personas torturadas, muertos incluso, y montajes de parte de la policía; la violación a los derechos humanos ha sido brutal. Ya vamos en el quinto día, y todo es muy incierto aún. No sé qué va a pasar. Ahora me encuentro en "toque de queda", por lo que después de las 20:00 hrs. no puedo salir a la calle, a riesgo de ser arrestada por militares o la policía. Es más, hay tanto desorden e inseguridad, que se ha suspendido el transporte hacia el sector donde trabajo, por lo que me he tenido quedar en casa estos días.

En fin, lamento la lata de esta situación, pero me afecta mucho. Espero que allá de donde leen, puedan informarse sobre lo que realmente pasa, entiendo que la prensa extranjera es más clara que la interna.

Un abrazo muy grande para todos, cuídense, y no bajen los brazos.

Nr.-

LadyLu: Hola! Pues, si eres nueva, bienvenida a este mundo de The Highwaymen jaja. Muchas gracias por lo de la redacción y los personajes, me esfuerzo para que sea todo fluido y verosímil. Ay James… también me atraía la idea del James oscuro y sádico, como si, qué pasaría si se batallaba la oscuridad de Voldemort desde otra oscuridad diferente? En relación a tu primer pedido, tranquila, aún queda mucho por contar, y podremos ver a James haciendo las más variadas cosas… pero por ahora el hombre está feliz porque va a casarse. Sobre lo de los recuerdos, hay unas partes en que tengo pensado incluir memorias de su infancia y adolescencia, así que espero que te gusten. Ey! Me alegra que te haya gustado el recuerdo de James sobre Maddie, creo que nadie lo había mencionado antes. La idea era que Voldemort no asesinó a su padre y la familia de éste apenas salió de Hogwarts, según el canon, sino que se tomó su tiempo, y esperó a que Tom Riddle Sr. formara una familia adorable para poder destruirla. Sobre lo del encuentro de James y Voldemort…

Ahora a la pregunta sobre la naturaleza de la relación entre James y Voldemort, yo también me he estado preguntando y creo que es una mezcla de todas tus opciones jaja. Es claro que Voldemort tiene una obsesión con James, considerando que lo escogió a él, hace una montonera de años, para hacerlo su secuaz, e invirtió tiempo y esfuerzo por hacerlo un seguidor de élite. Voldemort realmente cree que James es lo suficientemente poderoso como para considerarlo su igual, y está convencido de que juntos podrían llegar muy lejos. Por eso le revienta que James lo haya "dejado" por Lily; no se trata de algo romántico, pero quizás podría acercarse a una relación muy extraña entre padre e hijo que desbarata los límites. En fin, muchas gracias de nuevo por tu review n.n, y seguiré escribiendo para que esta historia tenga un desenlace próximo jaja.