Capitulo 1

Dejo el portafolio en el piso y se tiró en el sofá, ¡Maldición! Este día sí que había sido largo, tedioso y estresante, la editorial era un caos con el cierre de ciclo y sus subordinados no hacían más que desmallarse en cualquier lado y como todo buen jefe, tenía que patearlos para que reaccionaran.

Podría preparar la cena pero lo ahora lo único que quería es dormir un poco y si es posible caer en estado vegetativo. Estaba a punto de quedarse dormido el timbre sonó, decidió ignorarlo… Pero este volvió a sonar, con un suspiro y murmullos entre dientes se levantó del sofá.

-¡Ya va!-con pasos lentos se encamino al gekan-¿Quién es?-miro por la lentilla de la puerta pero no había nadie-Porque habrá niños haciendo bromas a estas horas-se volvía de vuelta a la sala pero el timbre volvió a sonar-¿Pero qué…?-abrió de golpe pero como antes no había nada del otro lado, iba a cerrar pero no en el piso una caja, como de regalo no tan grande y con hoja debajo-¿Y esto…?-miro hacia ambos buscando al responsable pero no vio nada, se agacho tomando el paquete-que no pesaba tanto- y la nota; el paquete era como esos regalos que se le levanta la tapa, de color blanco con un moño y cintas rosadas suaves. Antes de disponerse a abrirlo tomo la nota para leerla:

"Hola,

Te he estado observando y he notado que te falta algo en tu vida, algo que amar, pero antes de que continúe te pido que habrás la caja, y tú decidirás qué hacer con lo que hay dentro…."

No entendía que quería decir exactamente pero la curiosidad le había quitado el sueño. Antes de abrirla se dio cuenta de que aún estaba en la puerta por lo que entro y se sentó en el suelo con la espalda apoyada en el sofá, dejo la nota en la mesa de té y aun lado el paquete que abrió con cuidado, dejando caer con sorpresa la tapa una vez vio lo que había dentro.

Dentro de esta-sobre un mullido colchoncito bordo-se encontraba un….un…. ¿Neko? Este era pequeño, muy pequeño, era como una personita no más grande que su mano; de cabello castaño, vestía un suéter negro y pantalones blancos; entonces vio que su cola se movía graciosamente de un lado a otro, se fijó en su rostro y este lucia apacible, respiraba por la boca sin esfuerzo, sus orejas a lo alto de su cabeza se encontraban relajadas. Noto en su cuello un listón rojo formando un moño que lo hacía lucir más adorable aun y ahora que se lo planteaba, ¡¿Cómo demonios había llegado un neko a su puerta?! Ni siquiera sabía que existiesen, solo los veía en el departamento de manga de fantasía ¿Y ahora tenía uno en su mesa? Al ver que este no se movía más que para respirar, tomo la nota para seguir leyéndola.

"¿Tierno, no? No existen muchos como él y la verdad es que no muchas personas los tratan bien, ya que siempre terminan en el mercado negro o en lugares peores, por eso me tomo a la tarea de decidir sus hogares, no estoy segura si lo cuidaras o no pero sé que no eres una mala persona, si no lo deseas en tú vida puedes dejarlo mañana a las 7 pm en tu puerta y lo recogeré, te pido que si decides dejarlo seas puntual porque así hallan pasado un minuto más tendrás que conservarlo y si decides quedártelo, no te arrepentirás porque él te enseñara eso que te falta; amor hacia otra persona. Con esto me despido y por cierto su nombre es Ritsu, Onodera Ritsu

Hasta nuestro próximo encuentro.

PD: No sabe hablar pero podrías enseñarle, en lo demás es bastante normal."

Se quedó mirando la nota un momento tratando de razonar los hechos, y hasta ahora entendía que:

Uno: alguien lo había estado vigilando

Dos: tenía a un neko sobre la mesa durmiendo plácidamente en su caja.

Y tres: mañana por la tarde podría deshacerse de él fácilmente.

Lo miro unos momentos y acaricio un poco detrás de su oreja ganándose un ronroneo suave acompañado de una sonrisa por parte de ambos, en verdad que era tierno. Alejo su mano pero el minino siguió su ronroneo, apoyo la cabeza entre sus brazos mientras lo miraba; él no podría conservarlo porque simplemente no era capaz de cuidar a nadie, una vez intento tener un gato pero a los pocos días tuvo que dárselo a Yokosawa por el pobre se moría de hambre con él, e incluso ahora está más que gordo aquel felino. Tantos pensamientos lo adormecieron y se dejó caer en brazos de Morfeo en seguida. Sin percatarse de un par de ojos de color verde intenso que se abrían despacio mirando con curiosidad su adormecido rostro…

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Comenzó a abrir los ojos despacio dejando que se acostumbraran la luz, aun sin levantar su cabeza los abrió por completo encontrándose con un par de ojos esmeraldas que lo observaban curioso. Se incorporó haciendo que el pequeño se callera sentado, avellana y jade se encontraron unos momentos hasta que el menor sonrió tiernamente y movía su cola suavemente. Ahora que lo veía despierto notaba que era tierno con aquellos ojos verdes brillantes, era guapo y adorable a la vez, era extraño. Quito esos pensamientos de su mente y recordó la nota tomándola para ver su nombre de nuevo.