A/N: Otro más! No puedo paraaar. Este es bastante oscuro y turbio (autodestrucción, autolesiones, pero no en mucha medida) Tendrá 3 capítulos (o eso espero si os gusta) de los cuales los dos primeros estarán escritos desde el punto de vista de Raven/Mística. Ocurre justo después de X-Men: Primera Generación.

Disfrutadlo!


La primera noche

Estoy harta de estar aquí encerrada sin hacer nada. Las paredes se cierran sobre mí y siento que no puedo respirar. Echo de menos mi habitación en Westchester, allí al menos estaba tranquila en un ambiente familiar. Aquí, entre muros grises de cemento y una cama incómoda, no puedo evitar dudar si tomé la decisión correcta.

Ha pasado poco menos de un mes desde el incidente de la playa; desde que dejé a mi hermano y tomé la mano de Eri—, Magneto. Ya no quiere que le llame por su nombre real; dice que esa persona ya no existe. Erik y Raven ya no existen. Ahora somos Magneto y Mística, y tenemos que hacernos respetar entre nuestros nuevos amigos. Sin embargo desde que hemos llegado a este odioso lugar al que Azazel nos trajo, no hemos hecho otra cosa que divagar sin ningún rumbo fijo.

Magneto ha marcado los límites y todo el grupo le respeta. El simple hecho de haber sido capaz de matar a Shaw hace que le teman. Si a eso le añadimos que ha decidido rescatar a la telépata, Emma, su posición como líder se asegura aún más. Él se muestra decidido en sus convicciones y a veces siento pánico cuando pronuncia sus discursos llenos de odio ante el resto.

Pese a todos los inconvenientes que le pueda encontrar a esta situación, sé que es la única forma en la que me puedo sentir cómoda.

Ahora, mientras estoy echada en la cama de sábanas negras, en mi forma natural y sin nada de ropa, me doy cuenta de que aunque el lugar no sea el más lujoso o cómodo, al menos aquí puedo ser yo misma. Y eso se lo debo a Erik, no a Magneto. Sé que quiere cambiar y olvidar, lo puedo ver en su mirada, pero yo siempre recordaré aquel beso robado que me ayudó a aceptarme tal y como soy.

Esto, sin embargo, no evita que deje de pensar en Charles. Él ocupa mi mente prácticamente todos los días y en todo momento. Deseo inconscientemente que esté bien y suplico en voz alta que pueda llegar a perdonarme algún día. No tenemos muchas noticias de él, salvo que aquella bala fatídica le impide volver a caminar de momento. La última noticia que tuve hace ya semanas era que estaba haciendo ejercicios de rehabilitación. Hank me lo contó y me pidió que volviera. Por supuesto, y por mucho que me hubiera gustado estar al lado de Charles en esos momentos, rechace su oferta.

De pronto, alguien al otro lado de la puerta interrumpe mis pensamientos con dos golpes secos contra el acero impenetrable. Inmediatamente me extraño y compruebo la hora en el reloj que hay sobre la mesita de metal. Las manecillas marcan las 3 de la madrugada.

Me levanto y camino hasta la puerta. Retiro la única cerradura y abro curiosa por saber quién está al otro lado.

Automáticamente las facciones de mi cara cambian para mostrar ni más ni menos que asombro. Es la segunda vez que le veo a solas desde la primera noche que pasamos aquí, cuando me vino a decir que su nombre ya no era Erik.

"¿Qué estás haciendo aquí?" pregunto extrañada, agarrando aún el pomo de la puerta.

Él, apoyado en el marco con su antebrazo y con una copa en la mano, alza la mirada. No lleva su casco puesto y, no me había dado cuenta antes, quizás porque estaba demasiado asombrada para fijarme en los detalles, pero sus manos están cubiertas en sangre y sus nudillos están en carne viva.

"¿Puedo pasar?" En el momento que abre la boca siento su aliento a alcohol contra mi cara, lo que me arrebata una mueca de aversión. Aun así, asiento y me hago a un lado para permitirle el paso. Él entra con dificultad y yo cierro la puerta tras de sí.

Magneto avanza hasta el escritorio, también de metal, como el resto de muebles en la habitación y, después de dejar el vaso sobre él, descansa ambas manos en el frío latón. Dudo mucho que sienta el dolor de sus heridas con la cantidad de alcohol que debe haber ingerido.

Un par de minutos pasan y aún no ha dicho nada. Me estoy empezando a impacientar.

"¿Qué te ha pasado?" le pregunto ansiosa, dando un par de pasos hacia él. Él no contesta, sólo aprieta sus puños con fuerza haciendo que más sangre brote de sus heridas. "Er— Magneto," rectifico al instante, "necesitas curarte esas heridas. No tienen buena pinta."

Silencio. No contesta y tampoco se mueve. Doy un bufido de impotencia y me doy la vuelta para ir a buscar él botiquín.

"Vuelvo enseguida," digo antes de cerrar la puerta.

Mientras camino por los pasillos del bunker hasta los servicios, dónde se encuentra el botiquín, pienso en que quizás Magneto no sea aún Magneto del todo. Estoy segura que esas heridas se las ha hecho el solo por alguna razón, y creo saber cuál. La culpabilidad le está devorando, pero de ahí a volverse autodestructivo hay un paso aún mayor.

Sé que Erik y Charles eran muy buenos amigos, y mi hermano en especial le ayudó en muchos sentidos, pero pensé que Erik se olvidaría. De hecho, pensé que ya lo había hecho. Ahora sé que todos esos discursos llenos de rabia eran sólo fachada.

Rápidamente localizo el botiquín y vuelvo a la mi habitación. Al abrir la puerta, él ya no está en la mesa. Está acurrucado en una esquina de la habitación, con sus piernas dobladas, su brazo izquierdo sobre la rodilla con la copa en la mano, mientras su otra mano se apoya en su frente. Sus ojos están abiertos y enrojecidos de haber llorado. Su mirada está inmóvil en ninguna parte en particular; ni siquiera parpadea.

Nunca le había visto así. Siempre pensé que era el hombre más fuerte que había conocido, pero después de todo, sólo es un hombre, y, mutante o no, todos tenemos un corazón humano.

Me acerco y me arrodillo ante él, descansando mi cuerpo en mis talones. Dejo el botiquín en el suelo a mi derecha y suavemente cojo la copa de su mano para dejarla en el suelo tras de mí. Le observo con detenimiento, pero él sigue con la mirada perdida.

"Déjame ver," digo tomando su mano izquierda, donde antes tenía el vaso, y acercándola a mí. Él simplemente se deja llevar y no hace afán por detenerme.

Con delicadeza, reposo su mano en mis piernas y cojo alcohol del botiquín y empapo unas gasas. Vuelvo a sujetar su mano sobre la mía y comienzo a limpiar las heridas. Un murmullo de dolor casi inaudible se escabulle entre sus labios, y es entonces cuando por fin su mirada se clava en mí. Le ofrezco una pequeña sonrisa llena de preocupación y vuelvo mi atención a la tarea entre manos.

Mientras limpio las heridas de ambas manos, siento como me mira, como si estuviera analizando en profundidad cada movimiento y cada gesto que hago. No me gusta ser observada de esa manera, y mucho menos cuando no puedo ni siquiera imaginar qué puede estar pasando por su cabeza.

Cuando por fin termino de vendar sus nudillos, me atrevo a mirarle y me doy cuenta de que no ha dicho nada desde que apareció por la puerta. Quizás simplemente necesitara algo de compañía; sentirse a gusto con alguien para compartir su dolor.

"Tienes que centrarte Magneto," le digo convencida. "Eres el líder, y aunque te respetan, aún no confían 100% en nosotros. No puedes mostrar debilidad, tú me lo enseñaste."

De nuevo vuelve el silencio y siento como empiezo a perder la paciencia.

"Ya puedes volver a tu habitación," le digo mientras me levanto y recojo el botiquín. "Descansa."

Sin decir una palabra él se levanta y se apoya en la pared. Continúa mirándome fijamente como si estuviera debatiendo algo internamente. Yo, ilusa y confundida por sus actos, pienso que quizás ya no me vea como una niña, que quizás mi decisión de irme con él y dejar a Charles me haga parecer más madura ante sus ojos. Quizás y sólo quizás me desee tal y como soy.

Me acerco a él lentamente con aires de esperanza, pues nunca he dejado de sentir esa atracción incondicional hacia él. Detengo mis pasos a unos meros centímetros de su rostro y observo sus facciones buscando algo que me diga que me desea.

"Puede que no te quieras ir después de todo," susurro mientras mis ojos viajan hasta sus labios y siento su aliento a alcohol rozándome la piel.

"Raven." Por fin oigo su voz, ronca y resquebrajada.

"Pensé que Raven ya no existía," sugiero, recordándole sus propias palabras y devolviéndole ahora la mirada.

"Quiero que cambies," prácticamente me ordena, aunque yo no entiendo qué quiere decir.

"¿A qué te refieres?" pregunto confundida, pero sin apartarme.

"Necesito verle, aunque no sea real." Con esa simple frase, sé a qué se refiere y entonces entiendo que no es Magneto quien habla, sino Erik. Un Erik atormentado por la culpabilidad que simplemente busca una forma de sentirse mejor.

Doy un paso hacia atrás, dolida, porque sólo ha venido para utilizarme y así poder tranquilizar su mente. No soy un juguete al que pueda manipular.

"Estás borracho. Vuelve a tu habitación," le digo dándome la vuelta y dirigiéndome hacia la puerta.

"Raven," él insiste.

"No Erik," digo abriendo la puerta e invitándole a salir, "vete a tu habitación."

Noto como sus puños se cierran y los vendajes comienzan a empaparse en sangre. El metal en la habitación comienza a vibrar y la puerta se cierra de un portazo seco.

"Erik," le advierto. Sé que está sufriendo, pero lo que me está pidiendo es absurdo.

Él se acerca a mí mientras yo retrocedo hasta quedar acorralada contra la pared. El miedo me invade, pues sus ojos, llenos de ira, me dicen que es capaz de cualquier cosa en este momento.

"Hazlo," repite de nuevo con su cuerpo prácticamente encima del mío.

Respiro profundamente y cedo a sus exigencias. Poco a poco mi piel azul comienza a transformarse hasta que me convierto en mi hermano. Me siento extraña. Nunca me había transformado en él, e inconscientemente siento que de alguna manera le he insultado.

"Los ojos," Erik añade, "quiero sus ojos."

Accedo. Mis ojos amarillos se convierten a un azul claro mientras observo al hombre destrozado frente a mí. Erik suspira profundamente, como si se sintiera aliviado, como si por fin pudiera respirar. Observo una lágrima deslizarse por su mejilla mientras sus ojos se clavan el los de Charles. El metal en la habitación se calma y todo parece volver a la normalidad, salvo porque yo no soy yo misma y Erik parece mirarme con una adoración que nunca había visto.

No sé lo que estoy viendo, pero soy consciente que no es saludable, ni para él, ni para mí. Si se siente culpable debería ir a hablar con Charles y no acudir a una fantasía como un cobarde.

Su mano, temblorosa se acerca a mi rostro y acaricia mi mejilla con suavidad. Yo permanezco inmóvil, observando sus ojos llenos de dolor.

"Lo siento," Erik dice sin apartar su mirada. "Lo siento mucho Charles."

No puedo permitir que esto continúe. Mi forma cambia de inmediato y vuelvo a ser yo. Erik retrocede y me observa como si de una traición se tratara. Me alejo de la puerta para no sentirme acorralada, pero no dejo de mirarle en ningún momento.

Él se limpia las lágrimas y con sus poderes abre de nuevo la puerta y desaparece.

Silenciosamente deseo que esto no se vuelva a repetir, aunque curiosamente siento una extraña excitación ahora que Erik ha abandonado la habitación. Ignoro esa sensación y vuelvo a la cama para intentar descansar.


A/N: Vuestra opinión es bien recibida. Continúo?