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Miraron con pánico la enorme grieta que recubría el cielo, detrás de este solo veía un cosmos negro, con llamas rojas y purpureas que te llevarían a la desgracia. Entonces, la tierra dejo de temblar, pero los destrozos quedaron al descubierto de inmediato. Parte de los integrantes de la tierra se miraron entre sí, con dolor y devastación. Con la tristeza dibujarse en sus rostros.

Los humanos no tenían de otra que observar con cierto temor y con deje de tristeza, el maravilloso lugar.

—Me voy. —Anunció Suzuno y se colocó una capucha que cubrió parte de su rostro. Sin decir más, las almas de los sueños lo vieron retirarse a paso lento sobre los vidrios rotos de la tierra de los sueños.

—Está cada vez peor. —Dijo en un susurro Laura.

—¿Los demás, estarán bien? —Preguntó Lisa, y entonces todos alzaron la vista y observaron el lejano lugar destrozado de la Tierra de los Sueños. La preocupación atacó ferozmente a los que se hallaban y relampagueó furiosa sobre cada par de ojos.

—Vayan. —Dijo una voz. Todos giraron a ver a Haruna quien se hallaba cubierta de numerosos rasguños, a consecuencia, tal vez, de todos los fragmentos que se derribaron del palacio. Todos asintieron y dejaron al grupo de humanos con la mujer de cabellos azules. Está misma lanzó un suspiro. —Por lo menos los restantes no tuvieron que ver esto. —Dijo con tristeza la joven de cabellera azul. Alzó su vista poco después, enfocándolos en su verde mirar. —Venid conmigo, la mensajera quiere hablar con ustedes. —Todos giraron a verse ¿Quién era la mensajera?

Cuando ingresaron por los pasillos amplios de aquel castillo, Haruna los llevó de nuevo ante la sala que habían asistido. Donde las tres puertas adornaban cada pared del lugar. La joven de cabellos azulados les giro a ver con una leve sonrisa y apuntó hacía la puerta tallada en plata, a la izquierda. Todos giraron a verle con cierta incertidumbre, pero avanzaron a paso lento, cuidadoso. Y su mano se entornó alrededor del pomo, e ingresaron.

...

El lugar era silencioso, y había grandes pilares que sostenían un techo de cristal puro, allá donde el cielo yace oscuro envuelto en una pacífica brisa, con sus estrellas titilando. Las orillas de la playa eran suaves, el mar de un color idéntico a la aguamarina bañaba la arena. Una enorme luna yacía al lado de ellos, tan enorme que juraban poder tocarla con sus dedos. Otra luna más pequeña y apartada brillaba en el cielo, con una extraña línea flotante que la envolvía, similar a la aurora boreal. El lugar se hallaba cubierto de dibujos flotantes y resplandecientes, como si estuvieran hechos de polvo lumínico. En el centro del mar había un kiosco de mármol blanco y con detalles de zafiro; una enredadera verde pastel lo rodeaba y en su interior resguardaba, postrada en una columna incompleta justo en el medio, una hermosa esfera donde había estrellas y diminutos puntos oscilantes y relucientes, inclusive también había algo entre agua y vapor de color celeste y revoloteaban en él, unas extrañas alas purpúreas, volátiles que se esfumaban y reaparecían.

—Hermoso, ¿No creéis?

Los chicos giraron a ver hacía atrás y Haruna sonrío y se apartó del lugar. La mujer de cabellos azulados y ojos de igual tono se acercó hacía ellos, con dos enormes blancas alas que surgían de su espalda. Todos giraron a verse entre sí y avanzaron hacía esta, quien miro con sus azules ocelos a Haruna y se retiró de inmediato, desapareciendo de la nada.

Una vez giró su rostro a ellos, realizó una inclinación.

—Mi nombre es Yagami. —Se presentó.

Ellos le miraron detenidamente. Parecía una mezcla de hada entre ángel.

—¿Yagami? Entonces tú debes ser la mensajera de la reina.

Ella sonrió amablemente ante la suposición de Midorikawa y comenzó a andar hacía la marea de las aguas. Se postró ante la aguamarina de aquel lugar y les hizo una seña, invitándolos a andar. Ryuuji fue el primero en caminar, Himeko dudó un poco pero le siguió el paso, seguida de Hiroto y posteriormente Uchiha. Kurayami fue hasta el último.

—La luna…—Pronunció mientras apuntaba con su dedo índice a la misma. —Es el hogar de la Reina de los Sueños. —Explicó. —Ella es la más poderosa, la que rige aquí. —Dijo. —La esfera, es el modo con el que puedo comunicarme con la reina, pero también para ver el mundo. —Se volvió a detener. —Las alas violetas que revolotean son las intermediarias y contacto con el mundo. Pero…—Hizo otra pausa. —La esfera se está rompiendo y las alas y plumas son demasiado volátiles. —Esta vez señaló la esfera, que como ella decía, estaba dividida por un profundo corte. —Y las pesadillas escaparon de su prisión. —Cerró sus ojos. —Eso solo significa un gran presagio. —Concluyó, girándose a verles. Con sus ojos azules, profundos, misteriosos.

—¿Y nosotros que tenemos que ver aquí?—Tetsuya se cruzó de brazos, dispuesto a saber una respuesta.

—Aún faltan más de ustedes. —Dijo mientras comienza a rodearlos, ignorando la pregunta anterior realizada por el moreno, quien frunce el ceño ante esa acción. —Tenemos que salvar el mundo de los sueños, o todo rastro de esperanza y alegría se extinguirá. Entonces, necesitamos de ustedes.

—¿¡Ah?! ¿Qué clase de enferma broma es esta? ¡Es un sueño! Producto de nuestra imaginación, no tiene sentido. —Gruñe Tetsuya por lo bajo, haciendo que Yagami giré a verlos.

—No es una broma.

—Claro que lo es. Uchiha tiene razón; esto desparecerá cuando despertemos, cuando abramos los ojos ya estaremos en el mundo real. —Kurayami se cruza de brazos, con los ojos rojos oscurecidos bajo la luz de la luna.

—Esta es la realidad. —Vuelve a insistir la de cabello azulado.

—No, esto es un sueño.

—Entonces es un sueño real. —Replica.

—Es completamente ilógico. Un sueño no puede ser real. —Apoya Hiroto, quien se había mantenido callado durante todo ese rato.

—Pero se puede convertir en realidad.

—No uno como este. —Dice esta vez Tetsuya.

—Claro que sí. Tú eres un sueño, el mundo es un sueño, todo lo que a ustedes les rodea fue alguna vez un sueño. Todo es un sueño de otro sueño. —El silencio reinó sobre el lugar. —Piénsenlo bien. —Anuncia. —Pronto vendrán los demás. —Dice ella mientras extiende sus alas y comienza a flotar, alejándose del mar, y vuela, y se aleja sobre el cielo recubierto de cristal, desvaneciéndose en una luz cuando su mano toca el cristal.

Y entonces, un extraño círculo recubierto de símbolos surgió bajo sus pies y sin previo aviso, rayos de luces comenzaron a rodearlos y desaparecieron del lugar.


—Bueno, ¿Dónde están los demás?—Shin se acercó hacía el grupo de chicos y chicas que se hallaban casi al borde de un acantilado. Lisa, la joven de cabellera negruzca se levantó del suelo, siendo acompañada de Laura y Nagumo que seguían observando hacía el suelo.

—Llegó otra más. —Explicó ella.

Shin, a pesar de no ser ningún miembro de la corte, tenía curiosidad para conocer a los humanos capaces de llegar a ese mundo. Sus ojos verdes pasaron observando al grupo pero se dio cuenta de que no había nadie más que ellos. Laura levantó su mano y apuntó hasta el otro extremo. Y la vio.

La joven de cabellera cobriza caminaba por la orilla del mismo, claramente perdida sin saber a dónde ir.

—En cualquier caso, Sakuma la encontrará, es un mensajero, ya le explicara.

—¡Hey, Sumira!

Los cuatro se giraron a ver la sombra que corría hacía ellos. Para cuando Shin se dio cuenta, descubrió quien corría era Fudou, un hechicero que formaba parte de la corte.

Ella alza la cabeza en una palabra silenciosa, y Fudou se detiene cansado, llevándose sus manos a las rodillas, para tratar de articular palabras.

—Hay alguien a quien probablemente conozcas.

Ella le mira, mientras frunce el ceño, tratando de pensar en esas palabras.

—Se hace llamar Hyuuga.


Cuando Himeko abrió los ojos de manera pausada para observar el lugar donde se encontraba, se observó tendida en un castillo de cristal. De enormes pilares de hielo cubiertos de escarcha, como enredaderas hechas de nieve blanca, de escaleras fabricadas en zafiro. Un castillo enteramente azulado y cristalino.

Ella se hallaba sobre el suelo, donde tallado en medio, se dibujaba un enorme copo de nieve. Por debajo de todo el cristal, solo se veía un fondo azul profundo, profundo, profundo.

—Maravilloso. —Dice una voz emocionada detrás de ella, y se da la vuelta de forma repentina para captar al dueño.

Había una chica y un chico ahí. Uno de ellos se sentaba sobre una repisa de vidrio que antes no estaba, y la joven admiraba unos diseños esculpidos sobre uno de los pilares del castillo, casi unidos a la pared. La chica tenía una larga cabellera plateada con mechas rosa chicle sobre todo su cabello y el otro tenía un par de ojos grisáceos que se le hicieron demasiado familiares.

Ya los había visto. ¿Pero dónde?

La chica giro a verle con una sonrisa emocionada, mientras entrecerraba sus ojos violetas y caminaba dando saltitos. Cuando se paró justo al frente de ella, le tendió la mano.

—Soy Atsumi. —Se presentó, y al ver que Himeko no reaccionaba, tomo sus manos entre las suyas y la sacudió con fuerza.

—No estamos en la sala principal ¿No? —Pregunta la castaña en un susurro tenue y asustado.

—No. —Sonríe levemente.

Himeko les mira atenta como si les escrutara y se ladea de lado a lado, algo temerosa.

—U-ustedes son...

—No, no somos almas sí es lo que piensas. —Le interrumpió el chico, quien saltó hacía el suelo, bajando de aquella repisa. Himeko retrocedió unos pasos, y dio una mirada rápida hacía el suelo, como si temiera que este se rompiera con el más leve movimiento.

—Sí…b-bueno…s-sí no son…

—Somos essences. —Volvió a cortar el chico y ella le miro directamente, y nuevamente aseguro que ya lo había visto antes.

—Sí, como dice Atsuya.

Por lo menos ahora sabía el nombre de ambos, y por más que rebuscaba en su cabeza, ambos nombres solo le sonaban conocidos. —Somos almas que que quedamos en este mundo. —Dice ella mientras gesticula con las manos en un tono dramático y actuado.

—¿Almas? —Himeko parpadea consecutivamente.

—¡Sí! —Dice emocionada. —Ya estamos muertos.

Y Himeko se asusta, y le recorre un escalofrío. —¿M-muertos? —Y entonces todo se le torna borroso.

Las imágenes distorsionadas se movían una y otra vez, y los sonidos apenas le llegaban, distorsionados, como si estuviera debajo del agua. Comenzó a ver en tonos oscuros, y sus piernas casi le fallan. Alza un poco la vista para poder recuperarse pero solo se topa con los ojos violetas de ella. No sabía si le estaba hablando o no, o si le veía o no. Todo era como un zumbido lejano.

Observó nuevamente los ojos violetas, que se tornan marrones. Y una voz le susurra. Parpadea tratando de apartar todo tipo de cosas, y se siente aliviada, escuchando mejor, pero no reaccionaba.

Atsumi apoyó sus manos sobre los hombros de ella, extrañada, y al no obtener reacción por su parte, Atsuya se le acercó para comprobarlo, pasándole una mano frente a su rostro, esperando espantar alguna cosa.

Entonces un potente chirrido se oyó. Ambos alzaron su vista y todo crujió.

El cristal se quebró.

Miles de pedazos de hielo y zafiro salieron despedidos por todo el sitio, volando. Las columnas se dividen y caen a pedazos, dejando tumbar al techo en pedazos pequeños. Ambos se ven alarmados, y tiene que empujarse a un lado para evitar los pedazos más grandes. Himeko reacciona al fin poco después, con la muñeca izquierda rojiza del fuerte agarre que Atsumi le proporciona. Se ve confundida, así que alza la vista, y es entonces cuando toda emoción se suplanta por el miedo.

Antes de que los tres puedan hacer algo, el piso bajo sus pies cruje.

Y se rompe.


—Yo pienso ayudar. —Midorikawa observó a través de la enorme ventana del palacio.

Hace poco habían despertado en el pasillo de las puertas, y después de que Haruna los encontrara y los llevara a una pequeña sala, Midorikawa se había quedado pensando en las cosas que la de cabellos azules había mencionada.

Sus ojos veían todo el paisaje cubierto de nieve blanca, arremolinada por el suelo. Solo había hielo congelando las hojas de los árboles, haciéndolas de cristal, y que reflejaran la luz de un sol que los humanos no podían ver. Había montañas y caudales enteros de cellisca, tintada alguna de suaves colores pálidos que a simple vista no se notaba, inclusive formaban dos muros bajos a lo lejos, y en el fondo en su interior, transcurría un río congelado.

Kurayami se hallaba sentada sobre una mesa hecha de madera que estaba colocada en medio, y se divertía sujetando las hojas de una planta que formaban objetos. Frunce el ceño cuando escucha a Ryuuji y gira a verle.

—Es solo un sueño. —Murmulla más para ella misma que para él.

—Esto no parece solo un sueño. Si no, ¿porque todos estamos aquí?—Pregunta apoyándose sobre el alfeizar de la ventana, observando la brisa fría que recorre el lugar.

—Son puras tonterías. —Replica, gruñendo por lo bajo, mientras sus dedos pellizcan su brazo. Nada.

—Ellos dijeron que se está extinguiendo.

—¿Y quién me asegura qué es real? Mírame, estoy discutiendo contigo, producto de mi imaginación. —Vuelve a protestar por lo bajo, mientras se levanta del lugar, dirigiéndose a paso lento hacía la puerta.

Midorikawa analiza sus palabras y frunce el ceño. Gira para objetarle.

Pero ella ya no está.

...

Abrió sus ojos. Se había quedado dormida en el andén del subterráneo, con su guitarra en sus manos. Qué raro, recordaba estar en la plazuela cubierta de nieve, frente a la Laguna, en compañía de Midorikawa.

¡Espera un momento! ¡Midorikawa!

Sus cabellos negros le golpearon el rostro consecutivamente por su rapidez al girarse a cada lado. Pero no había absolutamente nadie cerca de allí.

Masajeó el puente de su nariz, pensando en las palabras, en los sueños, en todo y a la vez en nada. No sabía si todo aquello era real o no, verdadero o no. Ya no sabía en que creer.

—Estúpido Midorikawa. —Y se colgó al hombro el estuche de guitarra.


—¡Oye, Brittany! ¡Brittany!

Y la chica despertó. Lanzó un bostezo y parpadeo consecutivamente, adaptándose a la luz de la lámpara del aula. Ahí estaba Luka, mirándola de forma persistente.

—Te has quedado dormida durante clases. —Le menciona él.

—¿Enserio? —Se exaltó. —¿El profesor se enteró?

—Tranquilízate, no. Pero es nuestra hora libre. —Dijo mientras colgaba a su hombro su bolso.

Brittany se levantó, aventando hacía el fondo todas sus cosas que regadas sobre el pupitre se hallaban, y se colgó la mochila de forma natural. Aún tenía las imágenes del sueño grabadas en su mente.

—¿Noticias? —Preguntó Brittany caminando a un lado de él.

—Sí, llegó un nuevo estudiante. Genda Kojiro, creo. —Ambos doblaron a la izquierda del pasillo, a paso lento. —Es más, es ese de ahí. —Luka apuntó hacía los casilleros de adelante con su lápiz, hacía un chico castaño de extraños ojos grises que seguía observando el tablón de anuncios.

Brittany le prestó suma atención mientras caminaban, hasta que escuchó el sonido de las teclas del teléfono.

—Ahh. —Laznó un suspiro mientras seguía observando la pantalla del móvil. —An me habla. —Es entonces que Brittany gira a verle con una mueca de enfado, deteniéndose abruptamente. Luka le miró, contrarrestando ambas miradas.

—La odio.

—No empieces Brittany. —Le interrumpe él mientras guarda el celular en su bolsillo izquierdo de su chaqueta.

—Es que no puedo creerlo. —Gruñe ella por lo bajo, dejando en silencio a ambos.

Pero ninguno se presta atención. Luka se detiene frente al pasillo que se dirige hacía las afueras del campus.

—Tengo que ir al club. —Dice él y comienza a alejarse sin darle tiempo a contestar.

Lanza un suspiro cansino, zapateando con fuerza sobre el perfecto e impoluto piso. Ella quería lo mejor para su hermano, y An había actuado sospechosa desde tiempos inmemorables. No negaba que la relación entre ella, su hermano y la chica era estable cuando todos estaban en el trabajo temporal, pero las cosas comenzaron a desmoronarse.

Negó con la cabeza.

Siguió andando, pasando a un lado de un chico que venía periódicos locales. El accidente enmarcado en las páginas anunciaba el accidente automovilístico que sucedió ayer en la tarde [Y el cual retrasó varias horas cuando Brittany quiso regresar temprano a su casa] En la primera plana también anunciaba el terrible presagio de un chico primogénito universitario de un empresario que murió en el mismo. Brittany tomo un ejemplar del puesto, y leyó la parte de atrás del mismo.

Dentro de poco también cancelarían la feria que se colocaba en la calle principal de Hokkaido debido a otro accidente. Después del incidente que ocurrió hace unos años, se había corrido el rumor de que la cerrarían porque le siguieron varias tragedias. Así que finalmente lo habían hecho.

Pero eso no importaba ahora. Guardo el diario en la bolsa de su mochila y se detuvo frente al tablón de anuncios donde el castaño seguía viéndolo.

—Tu eres Genda ¿No es así?

—¿Eh? —El de ojos grisáceos giró a verle, viéndola detenidamente, y poco después asiente, sosteniéndole la mirada a la de ojos celestes.

—¿Quieres que te dé un recorrido por la Universidad?

—Claro.

Brittany tenía la oportunidad de olvidar un poco todas aquellas situaciones extrañas que en sueños la aquejaba.

—Entonces…—Comenzó el chico. —¿Decidiste estudiar Dibujo Técnico?

—Sí. Aunque en realidad quisiera patinar. —Ese era su más grande sueño. Convertirse en una patinadora profesional.

—Ya veo. —Asiente él de forma pensativa, mientras sigue observando las cosas de cada aula de la universidad.

—¿Vienes de intercambio?

—¿Eh?, ah, sí. De Canadá. —Explicó.

—¿Enserio? Yo también soy de Canadá. —Brittany giro a verle, pero se le cruzó en su camino un niño pequeño de cabellos castaños, que sostenía en sus manos un balón blanco.

Parpadeó.

—¿Estás bien? —Brittany alzó la vista, encontrándose con Genda, y frunció levemente el ceño, confundida.

Pero asintió. —Emm, cuéntame de tu vida. —Trato de ignorar lo anterior y decidió preguntarle algunas cosas.

—Ah…eh, umm. Bueno, no recuerdo mucho.


—Tú no eres mi hermana. Ella está muerta. —Dijo él de forma brusca. Sus ojos verdes le vieron amenazantes, furibundos, molestos. Ambos tonos de verde se enfrentaron, mezclando emociones chispeantes.

¿Este no era tú sueño?

Le murmuraba una voz, una voz lejana, profunda. Él se negaba.

Jamás. Nada ni nadie le devolverían a su hermana. Nada podía traerla a su lada. Nadie podía decirle solamente que era ella. No era posible. No lo era.

Shin estaba muerta y no regresaría a su lado.

La morena parpadeo consecutivamente con algo de tristeza. El lugar era tan frío como el hielo y solo había una oscuridad profunda que pintada cualquier lado. La nada en la que estaban parados era negra. Ni paredes, ni suelo, solo una oscuridad infinita.

—Escucha Hyuuga. —Shin trató de acercársele y colocar una mano sobre su hombro, pero él se aparta de inmediato.

—No. Tú no eres Shin.

Ella le mira expectante, con tristeza. —Sí me dejaras explicarte.

—No. —La interrumpe, al borde de estallar.

—Basta ustedes dos. —Sayori se interpone entre ambos, con los cabellos azules algo empapados. Hace poco los había encontrado, y atraída por la curiosidad fue a asomarse.

Pero lo que veía no auguraba na tranquilo.

—Necesitamos que estén calmados. —Kyoka camina un poco a paso lento. Hyuuga mira a la morena y suspira rendido, sin borrar la expresión de enfado de su cara.

Cuando la tensión se disipo, la profunda oscuridad se apartó cual nubes en un día de tormenta, y se vieron rodeados en una mezcla móvil de colores. Como si se tratara de nubes lisas que se movían.

Y plumas, y copos comenzaron a caer.


—Están alterados. —Explica Kyoka con preocupación, mirando hacia el cielo. —Que Haruna reúna a los recién llegados, debido al estado de la Tierra de los Sueños, ellos terminaran por invocar más pesadillas.

—¿Y los qué se fueron? —Pregunta Aya a su lado. El viento sopla más fuerte y le ondea sus cabellos, levantando una pequeña capa de tierra que le pica en sus ojos.

—¿Los primeros en llegar? —Pregunta una joven.

Aya asiente.

—Ya les informaron, Alicia. —Las tres giran a ver hacía atrás, donde Haruna esta de pie, tratando de que el viento no le sople en su rostro. —Kyoka, tu que eres una esencia buscaras a unos que todavía no están ni aquí ni en su mundo. Alicia, acompáñala, por favor.

Amas asintieron y desaparecieron del lugar mientras unían sus manos. Haruna gira a ver a Aya y ambas asienten al unísono sin necesidad de palabras.

Y la piedra que está en las manos de Haruna brilla, iluminando el gris.


Abrió sus ojos y ya no se encontraba donde quería que estuviera.

Recordaba repisas amontonadas de lomos, y cubiertas de polvo. Atrapasueños (1) y botellas de cristal. Unos ojos azules y sus dos amigos.

—¿Dónde estamos? —Atsuishi giró a ver al lado izquierdo esperando encontrarse con Afuro, pero no había nadie, y del otro lado, Kira Murasaki se tallaba un ojo con incertidumbre.

Se hallaban en un campo de trigo, castaño almendrado que se notaba a kilómetros. Las espigas se ondeaban gracias a una brisa delicada, pero parecía que aquel lugar no tenía fin. Era vasto. —¿Y Afuro?

Murasaki alza sus hombros sin saber, y se trata de acomodar sus cabellos violetas que ahora están desaliñados.

—Si ven hacía acá se darán cuenta de que he estado a su lado todo este tiempo. —Ambos giraron hacía atrás para cerciorarse de que el rubio se hallaba tendido en el suelo, cubierto de miles de semillas que el trigo había soltado.

Afuro se levantó del lugar, mientras sacudía su atuendo, y los tres giraron al mismo tiempo hacía un mismo sitio. Más allá, el campo se desvanecía, se difuminaba. Hasta que el blanco rodeaba de forma circular el páramo. Allá donde la nada blanca estaba, plumas delicadas caían suavemente y se esfumaban de repente, porque no tocaban el suelo.

—Parece un sueño ¿no? —Shigueto trató de aliviar un poco la sorpresa que los había abrumado.

Murasaki caminó un poco más para colocarse a un costado de Afuro, y observar más de cerca el lugar.

—¿Pero entonces porqué estamos todos aquí? —Pregunta ella sin verlos.

Los chicos giran a verse y alzan los hombros.

—¡Eh!

Los tres forman muecas de desagrado y se cubren en vano. Ha comenzado a llover con fuerza, golpeándolos con gotas saladas de agua grisácea. Donde las plumas blancas caían en la lejanía, comienzan a tornarse negras, y comienzan a caer con fuerza, formando tumultos y muros altísimos de estas, remojadas por la lluvia, despidiendo un olor nada agradable. El trigo se marchita, y ahora solo es una masa ocre que cubre sus pies, y que se enredan alrededor de sus tobillos, y no pueden huir, ni moverse, solo gritar y tratar de cubrirse.

Entonces, con el graznar de un ave, surgen millones de cuervos. Comienzan a volar en parvada, veloces, furibundos, entre unas llamaradas de chillidos y plumas negras. Comienzan a picotearlos, rodearlos. Abre sus gruesas alas, salpicándolos de lodo. Y no se detienen.

—¡Demonios, traten de correr! —Grita Afuro como si fuera la única solución.

Patean las ramas de trigo, y las pisotean hasta romperlas, y corren. Corren, y corren. Corren a trompicones. Corren casi cayéndose porque las espigas de trigo se les enredan, porque no quieren dejarlos ir. Los amarran del tobillo. Y ellos no se dejan.

La lluvia comenzó a arreciar con mucha más violencia, hace un turbulento frio que los arrastra. Los cabellos se les adhieren a su cráneo, y ven borroso gracias a las gotas.

Y entonces…del suelo, de la nada, surge y se expande un agujero, abriéndose paso, de color negro. Y los tres caen al vacío.

—¡Cuidado! —Dicen un par de voces femeninas a los lejos, pero todo es oscuro y no ven nada.


¡Hola! Después de durar horas tratando de escribir esto, aquí les traigo este capítulo xD Aún no salen todos los Oc's, me faltan dos nada más por salir ewe xD Pero si los colocaba aquí, saldrían muy forzados.

Atrapasueños: Curioso artefacto que se utiliza con la creencia de espantar pesadillas.

Y buano. Creo que estoy seca de palabras [y del cerebro, de ideas, de todo xD]

Ahora…review time