Percy Jackson y los Olímpicos no me pertenece, sino a Rick Riordan; este pequeño trabajo fue creado sin fines de lucro y no obtengo bienes monetarios por el mismo.

Advertencia: A estas alturas supongo suena tonto mencionarlo, pero contiene spoilers ligeros sobre La Casa de Hades, y se sitúa post-BoO


Plato de segunda mesa.

No tenía idea de que hacía en ese sitio, observando silenciosamente el cielo azul que bañaba el cristalino lago del campamento. Con las ondulaciones suaves y la brisa veraniega, con la paz que con sacrificios exponenciales habían logrado recuperar, con la arena cálida cubriendo sus zapatos; sin el miedo a dormir y soñar con una cara momificada susurrando su fracaso.

Un gutural gruñido salió de su boca, recordando el motivo de su pequeña escapada; que ironía tan sínica le ofrecía el destino, al poder sentirse medianamente tranquilo en los dominios de su fuente de molestia.

Quizá era porque sencillamente, en la ligera capa de seguridad que protegía sus pensamientos; no podía echarle la culpa a nadie más que a sí mismo.

Extrañaba el exótico y embriagante aroma a canela en el aire, lo que normalmente podía oler con gusto cada segundo que estaba a su lado; las risas dulces que llevaba el viento a sus oídos, el calor de su presencia que quemaba incluso a él; supuestamente inmune a cualquier fuego.

Suspiró derrotado, anhelando una vez más sus brazos y sus tiernos besos; las miradas brillantes en aquel rostro níveo, el exótico color caramelo de su cabello.

Le dolía más que nada observarla interactuar con Jackson, verla reír tontamente; aquella melancolía en la expresión de su rostro y la naturalidad con la que se comportaban.

Negó con la cabeza, observando de nuevo el lago; comprendiendo por fin el motivo de su calma.

Ogylga la ex prisión de su novia, la isla donde se conocieron, donde eran los únicos alrededor. Sin miradas extrañas de los campistas al verlos juntos, sin chismes que escuchaba sobre ambos cuando caminaban de la mano, sin idiotas tratando de hacer que la deje porque no estaba a la altura de su belleza y encanto; sobretodo, sin Percy. El chico que había robado el corazón de su Calypso un par de años antes de que se conocieran.

Aquel idiota que se olvidó de ella, mientras su dulce ninfa lloraba en silencio por su ausencia.

No podría odiarla, su juramento fue sincero; tanto como el amor que le tenía.

Ella es libre, tanto como su corazón para decidir a quién pertenecer.

Leo caminó lentamente por la playa, resignado; restaurando la sonrisa torcida en su rostro moreno.

Al menos; se decía a sí mismo con una sonrisa afligida.

Había pasado de ser la séptima rueda a un plato de segunda mesa.


Esto es algo que se me ocurrió estos días y hoy, cuando puedo respirar ligeramente y luego de tener la lap un tanto lenta por descargas; decidí escribir este pequeño drabble. Admito que ni yo consideré como quedó, no salió como lo planee pero a veces, dejar que las manos escriban por ti; es mucho más sencillo.