Capítulo 1: Una nueva oportunidad.

-Puede que no todo esté perdido.¿Por qué no piensas un poco? Si consigues traer sus almas a la tierra y una vez aqui resucitan, puede que funcione.-

Así empezó todo, con esa frase pronunciada por Vegeta, el príncipe de los Superguerreros. ¿Cómo no se le había ocurrido a Bulma? La muchacha de pelo azul se consideraba, (y era) una de las más inteligentes de todos los que allí se encontraban. Y aún así a ella no se le había ocurrido eso. Era brillante. Se dio cuenta de que Vegeta no sólo era un superguerrero bruto y dedicado a la batalla, también utilizaba el cerebro.

Bulma no podía decir lo mismo de su mejor amigo Goku, que si bien era una de las mejores personas que había conocido, y uno de los mejores guerreros, no se le daba muy bien eso de pensar.

-Es una idea fantástica, gracias, has demostrado ser muy inteligente.- Respondió la joven de cabellos azules.

El príncipe de los superguerreros bajo la mirada. No estaba acostumbrado a los elogios, al menos no a los elogios sinceros. Normalmente cuando lo elogiaban era bien por miedo, o para obtener algo a cambio.

Bulma fue testigo de como Songoanda se dirigia a darle la mano a Vegeta, y este se la apartaba diciendo que no era para tanto. Desde luego orgulloso era un rato.

-¿Seríais tan amables de poder conducirnos a algún lugar donde podamos vivir mientras tanto?.- Dijeron los namekianos.

-¡Claro!¡Podríais veniros a mi casa!- Dijo Bulma emocionada. La verdad que le pareció una buena idea en ese momento. Su casa era muy amplia, y sus padres no pondrían ningún problema, todo lo contrario. Además a la muchacha le agradaría tener compañía. Con Goku y Yamcha muertos, la joven se sentía muy sola... La verdad que aunque le costase reconocerlo, echaba más de menos a Goku que a Yamcha, a pesar de que este último era su pareja. Pero así eran los sentimientos, no podía controlarlos, pero podía intentar actuar de manera racional.

Decirle a Goku lo que sentía, rompiendo un matrimonio con un hijo, y romper su relación con Yamcha que era un gran amigo de Goku, no era lo que se decía actuar de una manera racional.

Tener a los namekianos en casa le ayudaría a sobrellevar la soledad. Y entonces se dio cuenta de que el otro superguerro, el príncipe se encontraba también allí, sin lugar al que ir. Y sin darse cuenta, Bulma tomó en dos segundos una decisión que cambiaría el resto de su vida para siempre:

-¿ Y tu que haras pequeño?.¿Te llamas Vegeta verdad?-

La cara del príncipe era un poema: ``Me ha dicho pequeño...´´ El sabía que muchas veces cuando trabajaba para Freezer, a las espaldas se habían metido con su estatura, pero nunca habían tenido el valor de decírselo a la cara, pues Vegeta se la hubiese partido. Y sin embargo esa tia se lo había dicho... y además sin ninguna malicia. En otras circunstancias, si se lo hubiese dicho otra persona le hubiese dado una paliza que no hubiera podido andar en meses. Sin embargo se quedó tan cortado ante aquella chica, que no fue capaz ni de contestar.

-También puedes quedarte. A menos que tengas pensado otra cosa.-

Vegeta volvió la cara. Su orgullo no le permitió contestar. Tampoco se esperaba que esa chica le invitase a su casa. O era muy buena persona o era rematadamente tonta.

-Te pondré bien de comer, seguro que comes tanto como Goku.¿ A que tengo razón?. Ahora bien, no quiero que te aproveches de mi hospitalidad, así que no quiero que hagas ninguna de las tuyas.- Aunque la joven había sentido lástima de Vegeta, y le ofreció su hospitalidad como agradecimiento por solucionar lo del alma de Goku, no era tonta. Sabía muy bien que Vegeta era uno de los ``malos´´, aunque la misma Bulma nunca había creído lo de buenos y malos. Mismamente Yamcha cuando lo conocieron era un ladronzuelo.

-Que impertinente, que se habra creido- Vegeta se sintió herido por ese comentario. él era un príncipe, ella no lo conocía, no sabía nada de su vida, no tenía que reprocharle nada ni decirle que no hiciese de las suyas.

Bulma llamó a su padre para informarle de que todo estaba bien y que pasase a recogerlos. En la nave iban el padre de bulma Y Chichi.

Tras los abrazos y presentaciones de rigor llegó el momento de subir a la nave y marcharse. Tras subir los namekianos, Vegeta sin decir nada, subió también. No se dignó a contestar a Bulma, pero decidió que irse a su casa era la decisión más racional. No tenía hogar, no tenía trabajo... su único objetivo era derrotar a Goku, y en casa de Bulma tenía todas las papeletas para volver a verlo cuando resucitara. Además la chica a pesar de ser una descarada ( tampoco se podía esperar mucho de una terrícola) era agradable. Seguramente no tendría problemas con Goku al cortarle la cabeza o matarla porque no pensaba hacerlo. No tenía ganas de hacerlo, podía controlar sus impulsos, y la mejor prueba había sido cuando lo había llamado pequeño... Si en ese momento no había sentido ganas de descuartizarla, dudaba que fuese a hacerlo en ningún momento.

Una vez llegaron a casa de Bulma, tanto los namekianos como Vegeta se quedaron sorprendidos. Aquello era enorme.

Vegeta fue el más sorprendido cuando apareció una mujer rubia, que deducía que sería la madre de Bulma.

-Tu debes ser amigo de Bulma. ¡Eres muy guapo y encantador!.-

Aquello si que descoloco totalmente al príncipe.

-¿Guapo?¿Encantador?.- Jamás nadie le había dicho eso. ¿Era esa la primera impresión que daba o esque esa mujer estaba loca?. Seguramente estaría loca...

Pero otra cosa llamo la atención del superguerrero.

El padre de Bulma se acercó al príncipe, y sin que éste preguntará nada le contestó.

-Es la nave espacial que he reparado. Es la cuarta vez que la reparo, así que está perfecta, pero aún no he decidido donde poner el estereo.-

Vegeta entró a echar un vistazo. No cabía duda, debía ser la nave en la que había venido Goku.

De repente se encendió la pantalla y apareció la mujer rubia...¡que pesadilla!Le ofreció tomarse un refresco con ellos. El principe reprimio un grito y ganas de lanzar una bola de energía. Si Bulma estaba a salvo, y no tenía ninguna intención de hacerle daño, no podía decirse lo mismo de esa mujer tan gritona... tendría que tener cuidado y controlarse. No quería que le echasen de allí antes de tiempo.

Decidió salir a dar una vuelta, no tenía ganas de estar cerca de esa mujer.

-¡Espera!.-

Vegeta se dio la vuelta, la chica de pelo azul lo llamó.¿que querría?

-Si sales te dare el código para que puedas volver a entrar a la casa, así no tienes que llamar al timbre.-

-¿Me vas a dar el codigo de tu casa?.-Esa chica era demasiado confiada. Desde luego nadie en su sano jucio le hubiese dado el codigo de su hogar. Es cierto que el por el momento solo tenía intención de entrenar, convertirse en superguerrero y vencer a Goku, y que no tenía planes de matar a nadie de la casa, pero eso la chica de pelo azul no lo sabía.

-Claro, si vas a vivir aqui tendras que tenerlo.-

Y bulma le dio el codigo, y se marcho al jardin junto con el resto sin preguntarle a Vegeta que donde iba ni pedirle ningun tipo de explicación...

La verdad es que a Bulma le daba igual que Vegeta quisiese salir o dar una vuelta. Y por algún extraño motivo que no alcanzaba a comprender, de alguna manera confiaba en él. Confiaba en que volvería a su casa, en que no haría daño a nadie y que todo saldría bien como siempre. Y cuando volviese Goku todo sería muchísimo mejor. 130 días... 130 días para que las bolas de dragon volviesen. Eso eran 4 meses y medio