Prologo


Correr, eso era lo que hacía siempre con mis amigos, que durante 7 años habíamos sido inseparables. Harry y Ron mis hermanos, mas no por sangre si no por lazos de amistad, por elección.

Acabábamos de salir de la Sala de los Menesteres, un paso más hacia la victoria dábamos, acabábamos de destruir un horrocrux, la legendaria diadema de Rowena Ravenclaw. Ahora nos encontrábamos corriendo por estos pasillos llenos de memoria y recuerdos que ahora eran destrozados en una lucha por el dominio, por el poder. Salíamos por la entrada principal a toda velocidad hacia los terrenos, la mano de Harry bloqueo mi camino cuando un hechizo paso rozando mi cara, el mortifago fue rápidamente aturdido por mi amigo.

Devastación, es lo que veía por doquier en medio de la Batalla de Hogwarts. Hechizos de ambos bandos destruían el lugar que fue un hogar para todos aquellos magos y brujas que pasaron por esas puertas.

Mis amigos batiéndose a duelo con malditos dementes, algunos heridos y hasta muertos, luchando por la vida, por un ideal de libertad, en el medio del desastre criaturas espeluznantes se alzaban contra nosotros trolls, acromantulas, hombres lobo y dementores. De pronto una maniática figura apareció entre los combatientes, riendo con una risa fría que me hizo recordar el dolor que me hizo experimentar hace tan solo unos días, Bellatrix Lestrange.

-Mira que tenemos aquí pero si es el traidor a la sangre, la asquerosa sangre sucia y el chico Potter que cree que es capaz de derrotar a mi señor – rió con esa risa que era capaz de dar escalofríos a cualquier persona – Mi señor dijo que quería matarte personalmente pero creo que le ahorraré el trabajo ¡Avada Kedavra! – una luz verde se dirigió hacia mi mejor amigo, no mi hermano y no lo dude corrí hacia él y lo empuje fuera del camino pero antes de alcanzar a moverme el hechizo logro golpearme en la espalda.

-¡Hermione, no! – oí la voz de mis mejores amigos llamarme, pero oscuridad era lo único que veía y sentía.

De pronto todo se volvió blanco, oía murmullos que no comprendía, hasta que una voz me hablo fuerte y claramente:

-Has peleado con valor y sacrificio, las virtudes de un líder, has aprendido todo lo que podías de ese mundo, ahora es tiempo de regresar a donde perteneces – declaro solemnemente la voz, dejándome confundida preguntándome a que se refería – Brillaras como la Luna y como ella dominaras las aguas, se tan hermosa como la Luna, pero tan fiera e indomable en batalla como el mar, como tu padre se te honrara con el don de la previsión – volvió a declarar dejándome aun mas confundida – Es hora de volver a casa Arien Ehiztari, Estrella de la Mañana – y volví a sumirme en la oscuridad se volvió negro.


Nota de la autora:

He elegido el nombre de Arien es la sierva de Vána, un espíritu de fuego de considerable poder que al contrario de sus semejantes los Barlogs resistió las tentaciones de Morgoth y se mantuvo fiel a Eru.

Los Valar escogieron a Arien para que guiara a Anar por el cielo. Así, la Llama Dorada abandonó su resplandeciente forma y partió hacia el cielo para conducir a la Estrella del Día. La fuerza de Arien es tal que le permite soportar el peso de su misión sin fin, y su ardiente esencia le otorga inmunidad frente al gran calor. Es capaz de dominar cualquier fuego.

A la estrella cazadora le di el nombre de Ehiztari me gusto en una historia que leí, ademas como su hermana le di el titulo de estrella pero sera aun mas hermosa que ella, tanto como la Luna.

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