Capítulo 3: Hogar

1)

A unos pocos metros detrás de él, las voces se unían y dispersaban en un auténtico frenesí. Alguien ladraba instrucciones que apenas y se podían escuchar por sobre el griterío que se había formado, y es que los humanos no conseguían decidirse por completo; algunos trataban de huir empujando y golpeando a quien tuvieran enfrente. Otros intentaban dar instrucciones para que la evacuación no fuese caótica, pero la verdad retumbaba entre todos ellos sin que nadie se atreviera a decirla en voz alta. Todo había terminado.

El perro no pensaba en ello, sin embargo; la cabeza le retumbaba y lo único que lo obligaba a seguir corriendo era un agudo instinto de supervivencia, que empezaba a tornarse en auténtica desesperación a cada instante que se hallaba encerrado –un pasillo tras otro, esquina por esquina, el complejo parecía extenderse sin fin. Ocasionalmente un fuerte temblor sacudía todo, y entonces polvo y fragmentos de roca se desprendían desde lo alto del techo. Pudo evitar la mayor parte de ellos, pero algunos llegaron a herirlo causándole golpes y rasguños, algunos de los cuales empezaron a sangrar. Él lo sentía, pero su cuerpo se presentaba como algo ajeno y extraño; sentía que estaba inmerso en una sucesión de imágenes con apenas una vaga coherencia, mientras su cuerpo corría, se agachaba y resistía por su cuenta los agonizantes minutos que duró la experiencia. No había sido la más dura de su vida, pero le costaba muchísimo pensar; sentía la cabeza palpitar y sus patas temblar fuertemente por momentos, y

el cuarto

entonces parecía que iba a tropezar, que un humano iba a abalanzarse sobre él, que un gran fragmento del techo iba

van a llevarme de vuelta

a cerrar su camino definitivamente o directamente a aplastarlo y entonces todo habría terminado para él. Su intento de escape habría sido tan pleno como su vida hasta entonces –del cuarto a la jaula, de la jaula al estanque, luego las inyecciones y a la jaula otra vez.

Mientras se obligaba a mantener el ritmo pese al dolor en su cabeza (¿por qué le dolía tanto? Algo se deslizaba lentamente por su oreja derecha, ¿qué era, hace cuánto estaba ahí?) de pronto algo capturó su atención: separado apenas por un pasillo transversal a unos metros de sí, los cimientos del techo cedían por completo y se venían abajo causando un nuevo temblor. Esta vez el humo y la polvareda ahogaron por completo al can, y en ese momento todo dejó de existir.

Podía sentir algo dentro de sí que tronaba con fuerza, algo que le indicaba que estaba vivo. Algo lo había hecho volver en sí y despertar del estado autómata en que había entrado hace lo que parecía una eternidad, pero que apenas habían sido unos minutos. No había sido capaz de notarlo, pero en el trayecto hasta aquello que lo obligó a detenerse en seco, había esquivado a varios humanos, tanto soldados como hombres de bata. Algunos habían continuado con su desquiciada persecución, pero la mayoría de ellos, por completa inercia mental, se habían levantado y tambaleado hacia las vías de evacuación.

Mientras Strider contemplaba en abstracción la forma en que los cimientos finalmente colapsaban frente a él, pudo percibir entre el humo que un humano de bata trepaba torpe pero rápidamente por entre los escombros. Strider vio, entre la densa capa de humo negruzco, una luz… y entonces el sonido más potente que había escuchado en su vida hizo que casi se le reventaran los oídos, tanto que volvió a ponerlo en alerta, volvió a ponerlo por completo presente en el más terrible de los momentos que habían constituido su deplorable vida. Alguien detrás de él gritó tan fuerte que la voz humana se convirtió pronto en un alarido ininteligible, y Strider sintió un golpe seco en el suelo: el humano que trepaba de pronto se iba hacia atrás y caía rodando casi junto a él. El humo impidió que Strider viera el rostro de quien había sido uno de los jefes de experimentación genética, pero no precisó hacerlo: una mano, levemente visible, crispaba apenas los dedos. Algo sobre eso le pareció a Strider por completo curioso, como si estuviera viendo algo por primera vez en su vida –lo que en buena medida era cierto. Pero entonces vio que algo rojo se extendía por el frío suelo polvoriento bajo sus patas, y entendió. Era el líquido rojo que había visto antes, y el mismo que le habían sacado a él. Aparentemente los humanos y él estaban hechos de lo mismo.

Pero no por eso eran iguales.

Strider se volvió por un momento, intentando recomponerse tras el fuerte estallido que lo había ensordecido y desorientado por un instante, y fue capaz de ver cómo varios soldados se formaban como podían entre todo ese caos para cubrir el pasillo, todos portando alguna clase de instrumento entre las manos. Lo primero que se le cruzó por la cabeza fue que iban por él, y la idea lo llenó de un terror gélido que lo paralizó. Inmediatamente después, sin embargo, sintió una punzada en lo profundo de sí mismo, una especie de rugido que lo ensordeció otra vez, pero que al mismo tiempo lo llenó de energía. Se giró sobre sí mismo y se lanzó a correr sobre contra la polvareda, apoyando las patas cansadas y adoloridas en rocas y metal fragmentado. La densidad del humo volvió a asfixiarlo, pero lo que sea que lo impulsó antes se había aferrado a su mente y no pretendía dejarlo vacilar por un solo instante: una voz que parecía venir de todos lados le gritó que la muerte estaba tras él. Tras él se encontraba todo lo que él era y había sido: todo el dolor, toda la asfixia en el estanque, toda la hambruna y la sed, todo el calor que lo hizo desesperar, todo el frío que incluso con un pelaje grueso como el suyo lo tuvo al borde de morir. Tras él estaba lo que él había sido hasta ese instante.

Delante de él estaba todo lo demás.

2)

-No vale la pena. –Dijo Hans Bauker, sosteniendo entre los temblorosos dedos un revólver. Estaba medio sentado sobre una camilla sucia, con la mirada perdida y rojo como un tomate. Había pasado por la fase en que la palidez lo hacía verse tan usualmente incoloro como la bata que traía puesta, ahora arremangada y notoriamente sucia con manchas que iban desde un tono marrón hasta un carmesí desgastado. Eso había quedado atrás; ahora lo invadía algo mucho más cercano a una preocupante mezcla de ira e impotencia. Todo se había venido abajo de la nada, tan cerca de conseguir progresos reales… todo por lo que había trabajado en los últimos años, y especialmente los últimos meses, con tanto ahínco. Le había dicho a Amara que hacía algo importante, pero no era sólo algo inocente que decirle a su hija: realmente sentía que estaba haciendo una diferencia. Había dado tanto, y había hecho tantas cosas que no quería hacer para el bien de gente que nunca sabría quién era él… no moriría como alguien famoso, pero tampoco quería hacerlo: quería hacer una diferencia. Tal vez no él solo, pero él y su equipo a menudo se habían visto en dilemas que muchos habrían querido evitar de una o varias formas… mas no ellos. No eran la clase de gente que se asqueaba fácil; no podían serlo porque tenían una misión importante y nadie iba a hacerla por ellos. Nadie iba a venir a decirles "yo lo tomo desde aquí". Habían ganado apoyo del ejército, pero sólo porque la idea de armas biológicas era relevante… o lo había sido hasta ese día. Un chico delgaducho y cubierto de sangre había llegado de quién sabe dónde, sugiriendo que soltaran a los animales. "Si están enfermos, que los muerdan", había dicho. Bauker estaba furioso, pero no era estúpido: soltar a los animales podía haber causado un desastre para su propia gente, más allá del daño que le ocasionara a los invasores.

De modo que él se opuso… lo que no fue suficiente. Schmidt estaba gritando en la mitad del depósito que no había autorización para algo tan extremo, pero un soldado, con los ojos desorbitados y la cara pálida como la de un muerto había empezado a tirar del seguro para ir liberando a los animales. Otros pocos lo apoyaron, y fue todo lo que hizo falta: ellos eran hombres con una bata y la experticia para manejar químicos y sueros… los demás eran soldados armados. La voz de la razón pasó a un segundo plano, y uno de ellos, que sugirió usar la huida de los animales como distracción para salir disparando a los invasores, se vistió de héroe por la idea. El entusiasmo duró hasta que un perro de aspecto enfermizo mordió a uno de los primeros soldados que optó por seguir el plan, y entonces el caos volvió a reinar: los disparos no se hicieron esperar y tampoco los gritos.

-Nada valió la pena, maldita sea… -murmuró mientras se pasaba la mano por la cabeza, decaído. Pese al desastre que se había desatado a pocos metros de él, Bauker no perdió los estribos… lo que de algún modo lo hizo sentir peor. Lo único que había en su mente era la imagen del rostro de su hija. Amara.

Amara, a quien él había decidido enviar lejos para mantenerla a salvo. Nunca se alegró tanto de haber tomado una decisión así en su vida, y de algún modo eso le dio consuelo aún en el lúgubre ambiente en que se hallaba. Le había escrito hace unas semanas, y él había leído todo con una enorme sonrisa hasta el final de la carta, donde ella mencionaba que su madre le había conseguido una mascota para que no se sintieran solas mientras él no estaba. Ese día no realizó ninguna operación pese a que estaban agendadas, porque se sentía culpable. Eventualmente volvió a realizar sus labores usuales, pero no era un secreto que a menudo debió hacer cosas que no le gustaban.

Un grito de advertencia lo hizo reaccionar, saliendo de la sala de operaciones con un suspiro. Ante él uno de los soldados que habían enviado para intentar sacar algunas muestras yacía tirado en el suelo, y por un momento vaciló al verlo inmóvil, pero finalmente volvió en sí cuando escuchó las voces que se acercaban por el pasillo.

-Nos vemos pronto, cariño. –Dijo decidido, tomando el revólver siendo que nunca en su vida había disparado antes, y se abalanzó adelante.

Abrió fuego un par de veces, gritando, completamente enfocado en salir de ahí con vida, pero no había avanzado más que un salto cuando un proyectil impactó de lleno en su cuerpo.

Casi no hubo dolor, y cuando Hans Bauker falleció tendido sobre los escombros, por un momento llegó a imaginarse volviendo a casa.

3)

Y entonces la luz se hizo más fuerte. El aire entró de lleno en sus pulmones y el husky emitió un clamor al respirar algo caliente y asfixiante, que aún así no frenó, y ni siquiera desacelero el paso con el que el perro se movía hacia el misterio, hacia la libertad… hacia todo.

El estruendo se hizo más y más notorio y persistente, al punto en que Strider estuvo completamente sordo durante un larguísimo momento… y entonces vio a los humanos. No eran como los que había visto antes, aunque se parecían a los soldados en las salas de prueba… sostenían instrumentos muy parecidos a los que portaban dichos soldados, y junto a los incesantes estruendos Strider podía apenas escuchar silbidos que lo rodeaban y atravesaban a cada instante… de pronto uno produjo un intenso ardor en una de sus patas, y tan rápido como pudo cambió de dirección, intentando alejarse de esa zona, cuando menos. La luz se hizo más potente y entonces el Siberiano pudo ver algo resplandeciente entre las nubes de humo, algo por completo luminoso… hasta que un estruendo lo sacudió, pudiendo ver por el rabillo del ojo cómo un fragmento entero del suelo desaparecía en una especie de nube rojiza que tronaba con fuerza.

-¿Qué…?... –musitó apenas comprendió que no había sufrido daños, completamente confundido y desorientado. A su alrededor soldados de uno y otro color se desplomaban en una confusión de líquido rojo y denso humo que apenas y permitía una mínima visibilidad… la suficiente para que el perro se deslizara entre metal ardiendo, ropa quemada y vestigios de munición dispersos por todo el terreno. Todo lo que sabía era que la muerte no había quedado atrás; estaba ahí, lo perseguía. La única forma de escapar era yendo hacia el destello en el cielo… en ese destello que parecía guiarlo entre el humo que lo asfixiaba.

De pronto, una idea se clavó en su cabeza con la rapidez en que los silbidos se repetían. ¿Qué había hecho con aquella gata, atrás, cuando estuvo frente a la jaula, y ella le había pedido ayuda? ¿Había estado solo durante el escape? Sacudió la cabeza, aturdido. No tenía idea, y no se sentía en condiciones de recordar o pensar al respecto. Había hecho algo, pero no sabía qué.

Y no podría volver a pensar en ello durante un tiempo, pues mientras su cuerpo en tensión, sin darle reposo alguno mientras corría como un desquiciado a través de un terreno regado de guerra y muerte le dolía muchísimo, lo dio todo de sí para apresurar la agitada marcha, sumido en el miedo y la desesperación pero también en la fuerza para alejarse, para dejar todo eso atrás. Esquivó apenas un trozo de tela que ardía con una figura extraña en el centro, como una especie de "X", dando un salto hacia delante y acelerando el paso, sintiendo a cada paso que la cabeza le iba a estallar. Ni siquiera se percató que había empezado a cojear sino hasta mucho después, pero entonces ya no tenía importancia: los gritos y los estruendos poco a poco iban quedando atrás, y las imágenes empezaban a cobrar sentido; una nueva realidad se estaba dibujando ante sus ojos por primera vez.

Pero aún así, Strider siguió corriendo.


4)

El sol brillaba en lo alto y la brisa refrescante invitaba a pasar el día al aire libre. Un perfecto día domingo en el parque, con la temperatura perfecta para jugar o relajarse… y era precisamente lo que tenían en mente.

-Okey okey, pero quien sea el ganador, puede elegir qué veremos durante, no sé, las siguientes… ¡cuatro semanas!

-¿Qué? De ninguna manera roedor, es demasiado tiempo. –Protestó, con fingida seriedad.

-¿Qué pasa, tienes miedo de perder?

-¿Contra ti? Por favor, he conocido palomas que asustan más que tú.

-No sé si quieras mencionar palomas, gata, porque hasta donde recuerdo, hay historias bastante curiosas de ti que de hecho tienen que ver con palomas. Y con Bolt. O sea, eran historias de palomas contigo, pero como Bolt está en la historia, entonces es una historia de Bolt. –Dijo decidido el hámster, haciendo su mejor esfuerzo por cruzarse de brazos.

-¿En verdad vamos a tener esta discusión otra vez? –Replicó la gata, nuevamente fingiendo molestia, pero de hecho divertida ante el incansable fanatismo de Rhino.

-Hey, sólo si vas a seguir cuestionándome. –Sostuvo con una sonrisa el hámster, sentado junto a la gata sobre el césped recién podado. Se sentía raro, sin duda, pero era… ¿cómo lo había dicho la gata? Un placer culpable. Ella no se estaba tan cómoda, pero tampoco iba a reclamar al respecto. –En fin, ya que parece que vas a darme la razón—

-No es así. ¿Por qué asumes que te doy la razón, roedor? Literalmente cada vez que tenemos una discusión es porque—

-¿Quieres dejar de interrumpir, gata? Apenas vuelva Bolt será mi turno otra vez, así que sólo estás haciendo mérito para convertirte en el objetivo de mi malvado plan, ¡jajaja! –Ahora el hámster se frotaba las manos con entusiasmo, deleitándose ante la idea de que Mittens, como de costumbre, perdiera cuando era su turno. Ambos tenían la extraña manía de intentar hacer perder al otro en cada ocasión posible, lo que a menudo terminaba con Bolt como ganador sin que realmente hiciera nada, lo que regocijaba a Rhino y hacía a Mittens rodar los ojos mucho más frecuentemente de lo que quisiera.

Mittens iba a responder con un comentario sarcástico en la medida que le fuera posible –Rhino no era excepcionalmente bueno comprendiendo- cuando el perro blanco regresó, agitando la cola lleno de energía.

-¡Gien, ej mi tugno! -Dijo al llegar con sus amigos, sosteniendo entre los dientes un palo, con cierta dificultad.

-No todos hablamos idioma "tengo una rama en el hocico", orejón. –Mittens sonrió, asintiendo Bolt y dejando la rama en el suelo- No pretenderás que use la misma, ¿o sí? –Dijo mientras deslizaba un dedo sobre la rama, retirándolo con fingido pero creíble asco al ver un hilillo de saliva pegado en su pata- Eww.

-No tienes que hacerlo si no quieres, Mittens. En ese caso sólo tendrías que aceptar el castigo de Rhino. –El can sonrió astuto, triunfal. Mittens giró los ojos en respuesta, sin decir nada, pero sonriente. De algún modo Bolt había perdido en su propio turno, y su castigo (vaya castigo, pensó ella) consistió en traer dos veces un palo que Mittens arrojaba, lo que por cierto no era para nada el juego favorito de Bolt.

-De acuerdo, esta es fácil, con todo mi respeto por ti.

-Oh, aquí vamos de nuevo. –Dijo ella expectante.

-¿Cuál fue la frase que Cálico le dijo a Penny cuando su padre fue rescatado por Mason en el capítulo 12 de la temporada nueve? –El hámster sonrió, triunfal. De ninguna manera Mittens iba a saberlo; era una gata sin cultruna televisiva, después de todo.

-…¿Este show es malo y nos quedamos sin ideas hace cuatro temporadas por cierto no te ves para nada como Penny?

-¿Qué? ¡No! ¡Perdiste otra vez, ja! Elijo como castigo… ¡que hoy me acompañes en la maratón del programa!

-Oh, esto va a ser bueno. –El perro sonrió, animado. –Vamos Mittens, si te hace sentir mejor, podemos verlo juntos. Será divertido, ¿eh?

-Sí, no puedo esperar. –Dijo ella, no particularmente emocionada, pero también algo aliviada. Una vez Rhino la había hecho decirle a un Bulldog que se encontraba cerca que su cara era tan plana como "la mesa del comedor" –Mittens protestó, pero la idea era de Rhino, así que no tenía más opción. Ella se había preparado para escapar del perro tras decirle eso (muy a pesar de Bolt, quien pensó que era peligroso), pero en lugar de enfadarse el perro se había puesto a llorar, lo que hizo a Rhino disculparse "personalmente". Resulta que el perro conocía a Bolt, charlaron un rato y todo había terminado bien, pero desde entonces acordaron no incluir en los castigos a terceros.

Llevaban ya un rato ahí cuando escucharon a Penny llamarlos. Era hora de irse, pues pronto oscurecería y ella debía ir a la escuela al día siguiente. Los tres amigos fueron rápidamente al auto una vez que Rhino se metió en su esfera, subieron (el último con ayuda de Bolt) y partieron rumbo a casa, dejando atrás el parque. En el trayecto, charlaron un poco, principalmente tratando de adivinar las locuras que verían en televisión. Penny hablaba con su madre sobre el último año de escuela y lo emocionada que estaba por el futuro. Ella compartía completamente el entusiasmo de su hija, y le aseguró que estaba orgullosa del esfuerzo que hacía. Todo iba bien con ellos. Todo iba bien con la familia.

Desgraciadamente, la tragedia ocurrió: los capítulos que Mittens tuvo que ver –al menos con Bolt y Rhino, hurra- eran de los peores que había visto en la serie hasta entonces: eran absurdos y locos, pero, no en el sentido de ¡"hey, qué loco!" Sino en el de "Esto es loco, un loco escribió esto y otro loco quiso que saliera al aire", como ella lo expresaría. A menudo se imaginó haciendo algo más divertido mientras su cuerpo se quedaba sonriendo frente a la pantalla, fingiendo poner atención al ridículo deleite que era el show de Bolt… bueno, el show de Bolt post-Bolt.

El resto de la noche fue más bien breve, pues Penny se quedó estudiando y su madre organizando una reunión. Los tres amigos ("¡Los Tres Mosqueteros!" decía Rhino a veces) se fueron a dormir cerca de las once de la noche, recostándose Bolt y Mittens a los pies de la cama de Penny –que vaya, estaba creciendo rápido, notó Mittens cuando de pronto comenzó a sentirle los pies bajo las sábanas y de hecho empezó a verla más alta en el día a día- mientras que Rhino se quedó a dormir en el pequeño colchón sobre un mueble que nadie en la casa entendía para qué servía (lo que le valió el apodo de "el mueble para el colchón de Rhino"), en la misma habitación.

-Vaya noche, ¿no? –Dijo Bolt en voz baja a la felina, pues ya Penny se había acostado- ¿Es malo si digo que creo que era mejor cuando yo estaba en el programa?

-Hey, al menos tú eras buen actor, dentro de todo. –Respondió ella acurrucándose, sonriendo- El de ahora es un desastre. ¿Dónde aprendió a actuar?

-Eso digo yo. Se requiere un profesional para que el personaje se vea real, ¿no?

-Sí, porque tú sabes de ser profesional. No quita que hacías trampa, eso sí… tú pensabas que todo era real, orejón. –Recordó ella, mirándolo astuta.

-Bueno, sí… ese show era mi vida. Todo. Pero lo mejor de esa vida era Penny, y también la tengo ahora, así que creo que prefiero esta. De algún modo, no es tan simple como la del programa, pero… es mejor.

-Oh… entonces, ¿perseguir y derrotar constantemente a un supervillano es más simple que correr detrás de un palo prácticamente a diario? Sí que tienes las prioridades en orden. –La gata se preparó para dormir, ligeramente cansada, pero contenta.

-Quiero creer que tengo en mente las cosas que importan, jeje, y por eso soy feliz con Penny, su madre, Rhino y tú.

-Ash, ¿acabas de nombrarme después de Rhino? Eso es todo orejón, no más mundo real para ti. –Dijo ella dándole la espalda, con un muy buen actuado resentimiento.

-Oh, creo que acabo de conocer a otra gran actriz. –Sonrió el pastor, acurrucándose. Los ronquidos de Rhino eran audibles incluso para ambos- Buenas noches, Mittens.

-Jm. –Ella no respondió en un buen rato, siguiendo su rol. Sólo tras varios minutos, se dignó a replicar en voz baja- Buenas noches, Bolt.

Tras un breve instante, oyó su voz.

-Jeje, sigo despierto. Yo gano. Buenas noches para ti también.

Mittens sonrió, negando con la cabeza para luego cerrar los ojos, cayendo dormida.

5)

-Bolt, despierta. –Escuchó el perro, sintiendo como lo mecían suavemente. -¡Psst, Bolt!

-¿Eh?... ¿Qué hora…?... –musitó medio dormido.

-Bolt, escucha, no quiero alarmarte, pero creo que escuché algo abajo. Afuera.

-¿A…fuera?... –murmuró interrumpido por un bostezo- ¿Serían palomas… o… zzz…

-¡Bolt, despierta! –Ella le mordió una oreja, jalándola a modo de reprimenda.

-¡Hey, qué…! ¿Alguien afuera? ¿Una persona? –Dijo ya despierto, alerta mientras se levantaba, tratando de no hacer ruido. Por suerte Penny siempre había sido de sueño pesado, pero tampoco iba a mantenerse dormida ante un escándalo.

-No lo sé, me asomé un poco por la ventana, pero no sé qué era… ¿por qué no vamos a echar un vistazo? …Con eso me refiero a que tú vas por delante, claro…

-…Claro. –Reafirmó, asintiendo.

No habían pasado dos minutos cuando los tres animales iban descendiendo por las escaleras, preocupado Bolt de no soltar la esfera de Rhino de su hocico. A Mittens le preocupaba más que el roedor apenas aguantaba la risa de emoción.

-Bien, tenemos que ir rápido. Apenas sepamos qué es, regresamos y despertamos a Penny si es una persona, ¿entendido?

-Entendido. –Dijeron al unísono Bolt y Rhino. Mittens los miró curiosa, indicándoles que pasaría primero por la puerta para perros (qué irónico, pensó), seguida de Bolt y Rhino. Una vez fuera, los tres miraron a lo largo del terreno que era la casa de Penny –que se asemejaba más a una parcela o incluso a una pequeña granja. Del otro lado se hallaba un granero que servía más como una especie de bodega, y los tres alcanzaron a notar cómo la puerta yacía apenas entreabierta. Parecía el momento ideal para que Rhino dijera algo, pero no lo hizo.

-Okey, todos vemos eso, ¿no? –Quiso saber la gata, asintiendo sus compañeros- Bien, entonces sigamos con el plan. ¿Bolt?

-Sí, yo por delante. –Dijo decidido. Una parte de sí era valiente, pero también otra era plenamente responsable, y no pretendía fallarle a sus amigos ni a Penny. Tomó la delantera y avanzó a paso decidido hacia el granero, empujando suavemente con el hocico la puerta antes de meter apenas la cabeza. No vio nada extraño desde ese ángulo, de modo que se hizo necesario entrar a recorrer, seguido de cerca por Mittens y Rhino.

-Tal vez era una ardilla— -empezó Mittens

-¿Una ardilla? –Bolt volvió la cabeza, interesado. Mittens negó con la cabeza a su vez y Bolt bajó las orejas, decepcionado. Era un perro, después de todo.

-¿Y qué pasa si es un agente? –Preguntó Rhino, echando chispas por los ojos- Ah, ¡eso lo quisiera ver! –Ambos lo silenciaron al mismo tiempo.

Bolt avanzó entre la ligera oscuridad dentro del granero, cuando de pronto vio ante él algo en un rincón, alejado de la luz que se colaba por los agujeros en el tejado, algo viejo. Iba a decir algo, sorprendido, pero Mittens se paró junto a él para hacerle entender que lo veía también. Rhino lo vio con la boca abierta, pues aquello tenía una forma extraña. ¿Acaso era…?...

-¿Hola? –Dijo Bolt, con una voz algo tenue. No quería asustar a… aquello, pero también él empezaba a sentir algo inquietante recorrerlo. Tal vez era la oscuridad, la noche, el silencio, o bien una mezcla de todo eso, pero los tres sintieron un golpe de una sensación incómoda invadirlos por completo cuando aquel bulto en la oscuridad empezaba a tomar forma… ese algo se incorporaba lentamente, y mientras lo hacía Bolt supo de inmediato que era más grande que un perro. Aquel ser lentamente se volvió, y entonces Mittens se ocultó tras Bolt, mirando inquieta lo que sucedía. Rhino apretó los puños, sin saber qué decir, pero dispuesto a pelear.

El ser empezó a caminar hacia ellos, acercándose a la luz, y de pronto entró directamente bajo ella… lo primero que vieron fue su rostro, y no fue precisamente alivio lo que el trío sintió: ante ellos se encontraba un perro, o algo parecido a un perro, más grande que uno y más bien similar a un corpulento lobo… el pelaje gris y negro se encontraba algo entierrado, y unos ojos azules y fríos recorrieron lentamente a los tres. Algo en el rostro de ese perro no estaba bien: era como si algo estuviera quebrado en su mirada, porque se sentía… vacía, distante. Los tres se quedaron en silencio durante un momento, sorprendidos por la apariencia del extraño visitante.

-…Hola. –Respondió Strider.

Fin del Capítulo.

Hey, soy yo. Sí, ha pasado tiempo, ¿eh? No tengo mucho que decir, más que transparentar que me da gusto ver que hay nuevos escritores que mantienen activa la página. Si no nos conocemos –o no conocemos los fics del otro- entonces déjame darte la bienvenida :D espero que esta experiencia que es escribir te resulte divertida y constructiva. Por otro lado, sé que es extraño que actualice este escrito en lugar del otro, pero de hecho estoy escribiendo el siguiente capítulo de Destinos Unidos. Sé que es mucho pedir a estas alturas, pero si leíste este fic y te interesó, puedes leer precisamente Destinos Unidos, que es mi fic principal, así como este, que recién empieza. Han sido unos años increíbles y siento que últimamente no he valorado por completo lo que es escribir aquí, así que, sin querer tentar a la suerte, quisiera decir que es probable que empiece a actualizar con más frecuencia. Gracias a quienes aún con todo este tiempo han seguido leyendo, ¡son geniales!

Ahora, con respecto a este fic: sé que tiene una dualidad algo extraña, tal vez. No es un error, sin embargo; así es como lo he imaginado siempre. Ya es mencionar lo obvio, pero este capítulo marca realmente el punto de partida del fic, y aunque hay sorpresas más adelante, no quiero hacer spoiler de nada. Si te gusta este fic y quieres seguir leyendo, ¡buenas noticias! Es… muy probable que de hecho lo termine. Igual para Destinos Unidos, jeje… no me golpeen, por favor.

En fin, eso es todo, y… wow, de hecho sí fue mucho que añadir, ¿no? Bueno, como dicen por ahí, a viejos males… eh, algo algo.

Supongo que sólo puedo cerrar como lo he hecho siempre. Así que, ¡deseándoles como siempre lo mejor, se despide Xixh4n-Cris! (Este apodo tiene su explicación, y voy a darla algún día).

PD: Todos los comentarios son un aporte. Como mencioné antes, ya sea que estés de paso o hayas vuelto para leer esto, los reviews siempre son un gran apoyo y me ayudan a comprender qué sientes al leer. Siéntete más que bienvenido a dejar tu opinión debajo : ) ¡Nos vemos!