Disclaimer: ni soy rubia ni he sido la creadora del mágico Potterverso que tantas sonrisas y lágrimas nos ha sacado. Pues eso, todos los méritos a J. .

"Este fic participa en el minireto de septiembre para "La Copa de la Casa 2014-15" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black."


Los gritos nerviosos de los alumnos iban de un lado a otro, y el terror se condensaba como escarcha en el ambiente. Era miedo a perder. Miedo a sufrir. Miedo a morir.

Un miedo que yo no estaba dispuesto a soportar.

Silencioso y veloz, me fui junto con el resto de alumnos de cursos inferiores hacia el lugar desde el que nos desapareceríamos. Rumbo a algún sitio seguro, lejos de aquella guerra estúpida.

Los mortífagos iban a vencer. Era una seguridad que me acompañaba, firme e inquebrantable. Un puñado de críos con aires de héroes no sería suficiente para frenar el ataque de Quien-no-debe-ser-nombrado. Nada lo sería. Todos ellos se dirigían a una muerte segura que yo prefería evitar.

Por eso me fui, dejando tras de mí a mis compañeros mientras me quitaba a tirones y con desagrado la corbata amarilla y negra que en esos momentos sentía como una serpiente que, enroscada alrededor de mi cuello, luchaba con ahínco por poder asfixiarme.

Y cuando ya estaba saliendo del Gran Comedor, Hannah Abbott se puso en pie y clavó sus ojos en mí, deteniéndome con la fuerza de su mirada. Había odio titilando en sus ojos claros. Y, diluida en ese profundo desprecio, hallé también decepción.

—Cobarde —siseó. Su voz apenas llegó hasta mi ubicación, pero pude leer en sus labios que se tensaban de pura rabia—. Eres un cobarde, Zacharias Smith.

La contemplé con calma, estudiándola en silencio. No iba a amilanarme por un par de palabras sin sentido.

—Tal vez —murmuré, más para mí mismo que para ella—. Pero yo seguiré vivo.

Y dando media vuelta me fui de aquella gran sala que me había visto crecer, abandonando a su suerte a los que habían sido mis amigos y compañeros. Dejándolos atrás como si nunca los hubiera conocido… como si no me importaran.

Alejándome por última vez de aquellos que aún no habían perdido la esperanza, y firmando así mi terrible sentencia.

Sabiendo, pese a todo, que en el fondo Hannah tenía razón.

Asumiendo en lo que me había convertido.

Conocedor de mi propia debilidad, hoy y siempre.

"Cobarde".