¡Hola! ¡Gracias por sus reviews!

Como más o menos pusieron lo mismo, será una respuesta general: qué bueno que les haya gustado y, quien haya conseguido el 100% del juego, sabrá bien lo que va a pasar.

Entre otras cosas más tendrá este capítulo.

¡Gracias por leer!


Capítulo quince: El fin de la estación espacial

Durmiendo en una silla de oficina, con sus piernas apoyadas en el borde de una consola, estaba el doctor Nefarious Tropy. Hacía rato que no pasaba nada interesante que involucrara el uso de su invento, la cámara de tiempo, así que estaba más que aburrido. Pero la quietud en la sala de control fue interrumpida repentinamente gracias a uno de sus colegas del N Team: el doctor N. Gin. Fue por eso que casi se cayó al suelo al tratar de reincorporarse.

—Lamento haberlo asustado, doctor —dijo el joven de cabello anaranjado luego de ser teletransportado.

—No, no me asustaste —respondió mientras se tallaba uno de sus ojos—. Lo que sí, es que fue inesperado y, además, ¿por qué tienes esa caja?

—¿No lo supo? El doctor Brio amenazó con destruir la estación espacial en una hora, así que estoy salvando lo que puedo.

—¿Así que una amenaza? … Seguramente se trata de una broma.

—Sí, puede ser… —contestó mientras dejaba la caja a un costado—. Pero no iba a quedarme allí para averiguarlo.

—Sí, tienes razón. ¿Necesitas ayuda? Bien me haría ocuparme en algo.

Fue así que ambos cyborg fueron a la estación espacial y, una vez allí, tomaron distintos caminos para apresurar la mudanza…

Por otro lado, luego de que Crash Bandicoot venciera al doctor Cortex en esa carrera algo injusta, él junto con su guardián, la máscara mágica Aku Aku, lograron salir de ese sector para volver a encontrarse con su aliado Polar. Eso fue una sorpresa pero se alegró al verlo bien, por ello, el anaranjado fue a abrazarlo. Ahora se sentía más tranquilo: había ganado y con eso, pudo mantener los cristales que tanto había conseguido y así frustrar los planes de ese científico.

—Lo logramos, Polar —avisó el hechicero aunque el osito ya lo suponía—. Pero aún no sabemos algo…

Eso interrumpió el momento grato en el ambiente, con lo que los chicos lo miraron con temor y "diciéndole" "¿qué?".

—No sabemos cómo regresar a casa. Y Cortex debía decirnos eso pero desapareció.

Por un momento se habían olvidado de ese tema y ahora se encontraban en un gran aprieto. No sabían qué hacer y recorrer todo el lugar buscando la salida no era buena idea, después de encontrarse con tantos peligros. Ellos se mantuvieron pensativos tratando de encontrar una buena solución hasta que al blanquecino se le ocurrió una idea aunque mucho no le gustaba.

"Podríamos preguntarle a N. Gin", comunicó no muy convencido.

—Supongo que… está bien —opinó el ser de madera también no muy de acuerdo con la idea—. A pesar de todo, no nos ha mentido, aún. Creo que no tenemos otra opción.

Luego de comunicar las nuevas al bandicut, ellos caminaron despacio tratando de encontrarse con ese científico. El osezno les indicó el lugar donde lo vio por última vez, pero allí no estaba. Al trasladarse por esos lugares, ellos tres observaron que estaba algo vacío. Esto les pareció raro pero tenían en mente otra cosa, algo más importante.

Afortunadamente, o quién sabe, los tres lograron dar con el cyborg, quien estaba guardando objetos en una caja.

—Tal vez están aquí para que les diga dónde está la salida, ¿no es así? —comenzó diciendo el doctor del misil en la cabeza.

—Sí, si no es mucha molestia —contestó la máscara secamente.

—Bien… Por aquí —dijo mientras llevaba la caja y comenzó a irse por un pasillo.

El marsupial, el oso y la máscara no tenían otra alternativa que seguirlo aunque les resultó extraño que al principio aquel científico parecía tener miedo y, ahora, no. Con algo de desconfianza, ellos caminaron hasta que llegaron a una plataforma circular. N. Gin hizo un gesto que indicaba que tenían que subir a la misma. Los tres, al principio, no querían hacerlo ya que no sabía qué les deparaba, pero cambiaron de idea cuando vieron que el cyborg se subió a esta.

—… La caja tendrá que esperar —comentó cuando notó que no viajarían bien todos.

Después de que el experto en robótica apretara un botón, los animales y el médico brujo cerraron sus ojos al ver que comenzaban a aparecer luces. Cuando los abrieron, notaron que estaban en otro lugar, pero no en casa.

—Esto no es la isla N. Sanity —habló con cierto enfado el ser de madera.

—Todo a su tiempo… —respondió mientras que tecleaba en una consola—. Listo, suban.

—¿Por qué nos ayudas? —preguntó de repente la máscara, una vez que ellos subieron.

—… Porque… —comenzó diciendo pero aprovechó para accionar la máquina.

Los tres se quedaron sin la respuesta, sin embargo, ellos aparecieron en el mismo lugar donde Crash fue transportado por primera vez hacia la cámara de tiempo. Sonrieron instintivamente al reconocer a la selva propia de su hogar y permanecieron un rato observándola. Pero el bandicut no tenía tiempo que perder: quería ver a su hermanita. Fue así que, a pesar de no contar con buena energía, pudo correr hasta su casa.

Luego de un tramo de camino, Crash abrió la puerta circular de su hogar y fue rápidamente a buscar a su hermana. Al principio, no la encontraba hasta que él escuchó algo.

—¡Crash! —gritó Coco con una voz quebrada—. Por fin regresas.

La chica rubia llegó de un salto a su hermano para abrazarlo. Ambos hermanos comenzaron a llorar y, de a poco, entraron a la sala su guardián y su amigo. Por tanto tiempo que los hermanos estuvieron alejados uno del otro, ambos no querían deshacer el abrazo pero difícilmente tuvieron que hacerlo. Luego de secar sus lágrimas, la chica notó la presencia del blanquecino.

—¡Bienvenido a casa, Polar! —dijo la anaranjada mientras abrazaba al osito y luego dirigió su mirada al hechicero—. Y, Aku Aku, gracias por cuidarlos.

—No fue nada… —contestó algo avergonzado—. Pero, ¿cómo sabes de Polar y de que se quedará aquí?

—Porque los estuve siguiendo por las cámaras de Cortex. Vengan, les mostraré.

Fue así que ella abrió la tapa de su laptop pero lo que no esperaba era que tenía un nuevo correo. Al pensar que era algo importante, ella se puso a leerlo. "Coco, debes ir junto con tu hermano y Aku Aku a la plataforma en unos minutos. Así se podrá poner fin a la estación espacial."

—¡Tenemos que irnos, Crash! ¿Crash? ¿A dónde se fue ahora?

—Se fue a bañar y bien que lo necesitaba —respondió la máscara mágica.

—Entonces tendremos que esperar…

Por otro lado, en la estación espacial, N. Gin ya había retomado su tarea y, al poco tiempo, se reencontró con el cyborg de los relojes.

—Mira lo que me encontré por ahí… —comentó y cuando el experto en robótica levantó la vista, vio que él tenía en brazos a un desmayado Neo Cortex—. Ya es la segunda vez que me lo encuentro así.

—Qué bueno que lo halló porque faltan tan sólo unos minutos para que todo esto explote.

—Entonces salgamos de aquí de una buena vez.

Así fue que los tres científicos salieron de aquel lugar para regresar a la casa del hombre de piel azulada. Rápidamente atendieron al líder del N Team, aunque sólo se trataba de acomodarlo en un sillón. Mientras que el dueño de casa estaba ocupado en sus cosas, el cyborg del misil en la cabeza avisó a su colega inventor del Evolvo-Ray que todo estaba listo para que el rayo láser fuera disparado. Luego de esto, fue a escondidas a la sala de control de la cámara de tiempo.

Mientras tanto, en la isla N. Sanity, Crash, Coco y Aku Aku fueron hacia dónde el mail les indicó. Ellos llegaron a donde estaba la plataforma y dudaron un momento antes de subirse a esta. Cuando les pasó el efecto de ser teletransportado, vieron que aparecieron en un lugar que no conocían. Era un espacio amplio, al aire libre, y con el cielo cubierto de estrellas. Había una pequeña casa a lo lejos así como también un granero.

Pero lo que más llamaba la atención era que había una enorme máquina, apuntando al cielo, y, cerca de esta, estaba una cara conocida: la del doctor Brio. Este último se iba aproximando poco a poco a los bandicuts y a su guardián, con lo que ellos tres se mantuvieron a la defensiva.

—Ya está todo listo, sólo necesito que me entreguen las g-g-gemas de colores.

—¿De verdad que las usarás para acabar con la estación espacial? —preguntó la máscara con desconfianza.

—Sólo dale lo que pide y ya —comentó algo enfadada la chica rubia.

El mutante de los guantes de motociclista también estaba de acuerdo con lo que dijo su hermana, y fue por ello que le hizo un gesto al ser flotante para que se apresure.

—Está bien —respondió de mala gana y, de a una, la gema azul, roja, amarilla, verde y morada aparecieron a su alrededor.

—N-N-No tienen por qué preocuparse —dijo y luego se fue llevando las piedras flotantes hacia su máquina.

El proceso fue rápido: como tan sólo faltaban las piedras, el doctor de los tornillos en la cabeza accionó un botón, con lo que permitió que estas fueran absorbidas, y así fueron desapareciendo de la vista de todos. Acto seguido, el científico hizo señas de que se aproximaran más y nuevamente habló.

—Ya estamos listos, Crash. ¿Nos harías los ho-ho-honores? —preguntó y señaló un botón.

El bandicut no lo dudó ni un momento y lo presionó sin más. Aquel aparato comenzó a emitir un sonido y comenzó a iluminarse. De repente, un rayo de luz de color cálido surgió de este y se dirigía hacia el cielo. Los evolucionados y el hechicero se preguntaron si eso llegaría hasta aquella construcción que estaba fuera de la Tierra. El rayo de energía finalizó y, al cabo de unos minutos, ellos cuatro observaron que algo explotaba y varias veces.

—¿Se acabó? —interrogó Coco al hombre.

Por su parte, el calvo le indicó que lo comprobara con el telescopio que ya estaba cerca de allí. La chica se aproximó y logró ver a una construcción hecha pedazos. Ella notó que se trataba de la estación espacial ya que, en una de tantas partes, una de estas tenía la insignia de la letra N. La rubia sonrió y comunicó las buenas noticias. Su hermano saltó de alegría y luego ella se sumó. Por fin habían acabado con esta pesadilla y, lo más importante, fue que la Tierra estaba a salvo.

—Lamento interrumpir esto, pero me gustaría que, si no les molesta, si podrían darme unos cuantos c-c-cristales para realizar unos favores —pidió Brio de repente—. Ah, y tranquilos, es para algo bueno.

Los tres se reunieron para hablar en privado y, luego de negociarlo, acordaron en acceder. Con este acto, concordaron en que ese hombre tal vez había abandonado el lado del mal al separarse de Cortex y de ayudar a salvar al mundo. A ellos les pareció que era una buena forma de recompensarlo. Luego de la reunión secreta, los tres se acercaron al calvo para hablar con él.

—Está bien, te daremos los cristales pero, si nos enteramos que los usaste para el mal… —amenazó el medicó brujo y después hizo aparecer cuatro de esas piedras.

—Gracias —dijo simplemente y se llevó esos objetos.

Como sintieron que ya no tenían nada qué hacer en ese lugar, los tres decidieron volver a la plataforma transportadora. En un santiamén llegaron a la isla y, de allí, a su casa. Ya era tarde, con lo que se prepararon para descansar…

Un tiempo después, todo volvió a la normalidad: todo era paz y tranquilidad en esas tierras, con lo que los cuatro aprovechaban para pasear y descansar en la playa. De a poco, los golpes de aquellos viajes por conseguir cristales y de enfrentarse con algún que otro enemigo fueron desapareciendo, a tal punto que parecía que nunca se lo habían hecho.

Pero no todo se desvanece, el bandicut todavía tenía en mente aquellas palabras de Cortex, así que supuso que su descanso tendría fin algún día. Así que, por ello, debía aprovechar este momento, pasando tiempo de calidad junto con su hermana, su guardián y su nuevo amigo, quien parecía que había vuelto a vivir después de aquel trágico hecho. Todo estaba bien en el hogar Bandicoot…

Pero, ¿qué sucedió con el N Team? Días después de aquella destrucción, el doctor Neo Cortex estaba deprimido, apenas hablaba y comía. Sus colegas trataban de animarlo sin resultados positivos, pero la llegada de Nina hizo que mejorara un poco sus ánimos. Pero aún no tenía su típico humor el cual parecía que era normal en él. Sin embargo, Tropy fue quien se cansó de esta situación y compartió un plan con el resto del N Team.

—Mira, Neo. Ya deja de pensar en el pasado y pongámonos a pensar en algo, por favor.

—¿Cómo qué? —preguntó el amarillento con mal humor pero con pocos ánimos.

—Bueno, había pensado en mejorar la cámara de tiempo para viajar por el tiempo y, así, podríamos cambiar un poco la historia —explicó con una sonrisa siniestra al final.

—¿Pero eso no sería algo peligroso? —comentó N. Gin.

—¡¿Otra vez con tu pesimismo?! —gritó el casi calvo con furia—. ¿No vez que es un plan perfecto? Podemos tener todo lo que quisiéramos incluso esos cristales para volver a construir el Cortex Vortex. Ahora nada nos detendrá.

—¿Y qué hacemos con Crash Bandicoot? —preguntó el joven de cabello anaranjado.

—Ni me lo menciones… —respondió Cortex con desprecio—. Pues… Nada. Mientras esté más lejos de nuestro camino, mejor. No quiero que se entrometa en nuestros planes.

—Tíos… —interrumpió Nina aquella junta—. Alguien está en la puerta.

Fue así que los tres científicos y la niña fueron hacia la puerta. La visita fue totalmente inesperada y para nada agradable por parte del líder del N Team.

—¿Cómo te atreves a venir después de destruir mi estación espacial? ¿Y cómo… diantres has podido llegar hasta acá? —gruñó el hombre de la marca en la frente.

—Primero, lamento haberlo destruido, C-C-Cortex. Por ello, te traje un regalo —dijo Nitrus Brio y se hizo a un lado para dejar a la vista al "obsequio" —. Su nombre es D-D-Dingodile.

El híbrido parecía molesto ya que tenía sobre su cabeza un listón de regalo. Eso fue algo extraño para ellos cuatro, quienes no salieron del asombro.

—¿Y yo para qué quiero este mutante? —interrogó el amarillento con agresión.

—Es que oí por ahí que tus m-m-mutantes no fueron muy buenos que digamos. Y además, a caballo regalado no se le miran los dientes —luego se dirigió al evolucionado—. Te portas bien, D-D-Dingodile. ¿Sí?

Y con eso, el calvo se retiró del lugar y los demás regresaron al interior del hogar del cyborg de brazo mecánico. Los científicos no sabían qué hacer con el dingo-cocodrilo, pero Nina le fue mostrando la casa. Mientras que sucedía eso, el N Team fue a reunirse nuevamente para ponerse de acuerdo con el nuevo plan.

—Creo que ya podemos empezar —decidió Cortex con una risa maligna.


Otro fic terminado, aunque ya saben que esto continuará...

Muchísimas gracias a ustedes, lectores, por animarme con sus reviews a seguir con esto ya que, en los últimos capítulos, me costó hacerlos.

Ahora voy a ausentarme un poco de acá ya que voy a estar trabajando en el siguiente fic que por ahora se va a llamar "Teletransportados", que se tratará de Crash 3.

Así que, si no actualizo antes, les deseo una feliz Navidad a todos ustedes y que pasen un buen Año Nuevo.

¡Gracias por todo! ^_^