UNA PAREJA IMPOSIBLE

Bueno esta historia está aún en pañales…Gracias a Tracy y su reto…otro SNARRY… El reto original era: Totalmente SNARRY
Harry mandado a Slytherin Y el resto a mi libre albedrío! (Qué peligro!)

Tras enviarle a Tracy un avance y tener su aprobación, la trama de esta historia queda como sigue: Harry es un empata, muy inteligente e independiente. Conoce la magia desde siempre. Legalmente pseudoemancipado a los 11 años, y casado antes de entrar en la escuela con Severus. El único de los tutores citados en el testamento disponible. Matrimonio tan solo formal y de conveniencia, para evitar cualquier posible interferencia o influencia de Dumbledore. En principio, un matrimonio platónico. Ambos saben que es algo solo temporal, una manera de proteger mejor a Harry, y hay una clausula que permite disolver la relación tan pronto como Harry tenga 20 años y Severus tenga al menos un heredero.

La dificultad es que no quiero que se parezca demasiado a Aprendiz de Brujo y es casi por completo UA… Dumbledore es excéntrico, manipulador, y egoísta; Voldemort, villano malvado; Draco un encanto…

Toda sugerencia será bien admitida.

UNA LECHUZA DE GRINGOTTS.

Severus Snape estaba disfrutando enormemente del inicio de su primera semana libre de mocosos cabezahuecas, y preparando las largas órdenes de pedido para reponer el stock de ingredientes, tanto para los alumnos como para su propio uso y la elaboración de pociones para el hospital de la escuela. Con un cuidadoso manejo del importe que la escuela destinaba a esos menesteres, una férrea vigilancia y control de las existencias, además de una ardua negociación con los proveedores, lograba disponer de una amplia selección de ingredientes de excelente calidad. Quizás por las circunstancias de su infancia, Severus odiaba el desperdicio. Podía elaborar pociones para su propio beneficio, era un punto que estaba recogido dentro de su contrato; al igual que podía aceptar encargos particulares, aunque no lo hacía demasiado a menudo. El tiempo era escaso, repartido entre sus muy numerosas clases y deberes como Jefe de la Casa de Slytherin. Y por supuesto, mucho antes que dejar que se perdiesen valiosos componentes, Severus prefería utilizarlos para reabastecer el botiquín o vender en las boticas las pociones resultantes. Igualmente, ingredientes en perfecto estado, pero que por estar ya cierto tiempo abiertos, no ser completamente frescos, o cualquier otra causa no eran aptos para la experimentación o la elaboración de las más delicadas pociones para la venta o la enfermería, si que eran perfectamente validos para la realización del trabajo escolar de laboratorio de los primeros cursos. De hecho, la calidad de los horrendos kits de ingredientes preenvasados que usualmente se vendían a los alumnos y principiantes era abismal y Severus había abolido radicalmente su uso nada más empezar a dar clases de Pociones. Primero por seguridad - la suya y la de los alumnos- y segundo porque era inútil intentar enseñar nada con semejante basura. Y si sus experimentos requerían algo muy concreto, siempre podía apelar a Albus, para que elevara una petición a la Junta de Gobierno para solicitar fondos adicionales. Otra cosa es que se lo concedieran…Como último recurso y para ciertos ingredientes "políticamente incorrectos"…podía comprarlos con su propio aunque magro dinero.

Revisando una vez más la estantería repleta de redomas de cristal con diminutos, globulosos ojos facetados, delicadas alas, pequeñas patas y otras partes, además de ejemplares de insectos y arácnidos enteros que estaba comprobando, anotó un par de cruces en su lista de reemplazos y pasó varios frascos con diversos tipos de relucientes escarabajos acuáticos a una cesta para llevarlos a la alacena del aula-laboratorio de Pociones. La citada cesta estaba casi llena…y la siguiente estantería contenía gusanos, orugas y larvas conservados en aguardiente, alcohol, vinagre, formol u otras soluciones preservativas. Era preferible y mucho más seguro terminar secciones enteras del trabajo, así que tomó sus dos cestas –una pequeña con ingredientes para desechar y destruir, otra más grande con elementos aprovechables- y se encaminó con presteza al aula. El aparentemente ingrato trabajo servía para calmar sus nervios y relajar la tensión de su mente, obligándole a concentrarse en la tarea entre manos.

Estaba terminando de reenvasar y etiquetar en frascos más pequeños los últimos ojos de escarabajo, cuando un búho real entró volando por la falsa ventana que el castillo había creado instantes antes junto a su puerta, posándose con un estridente chillido malhumorado y exigente en el respaldo de su silla. Severus dedicó una mirada calculadora a la magnífica ave, que le observaba con penetrantes e irritados ojos anaranjados y esta aleteó, estirando sus enormes alas de casi dos metros de envergadura y haciendo relucir el emblema dorado del saquito que llevaba prendido al cuello. Severus inclinó la cabeza en muda salutación y el ave se aquietó, sus agudos ojos siguiendo todos sus movimientos. Recogiendo con presteza pero con cuidado los utensilios sobre la mesa delante de él, enviando los frascos vacíos al fregadero y guardando todo lo demás, Severus suspiró pesadamente, rompiéndose la cabeza sobre qué asunto podía requerir que Gringotts le enviase un búho oficial certificado exprés. Secándose las manos, cogió el pesado sobre lacrado que la preciosa ave llevaba celosamente guardado y tras darle un par de vueltas entre las manos, se sentó en su silla, rompiendo los lacres; mientras el búho ululaba con aprobación en una esquina de la mesa, comiéndose de un solo bocado el -¿infortunado o tal vez afortunado?- ratón para ensayos que le había tirado.

SS&HP

Severus estaba desconcertado. Pese ha haberla leído varias veces…la carta de Gringotts no tenía ni pies ni cabeza para él, pero sin embargo, le forzaba a acudir al banco, dándole para ello un bastante estrecho margen de tiempo. Meditando y calculando que si se daba un poco de prisa, podía tener lista su revisión de ingredientes para media tarde del día siguiente, y de esa manera, aprovechar para desplazarse a Londres sin tener que dar más explicaciones innecesarias. Después de todo, Severus valoraba en sobremanera su privacidad y no tenía deseos de contestar preguntas, sobre todo preguntas para las cuales no tenía aun respuesta. Tomando pluma y pergamino, garabateó con su enrevesada caligrafía una sucinta respuesta y doblándola, miró a los ojos ambarinos del búho que se acicalaba cuidadosamente las plumas:

-¿Vas a llevar mi respuesta o necesito usar una lechuza de la escuela?

Con un ronco ululato, el búho saltó hacia él, moviendo afirmativamente la cabeza y picoteándole con afecto un mechón del lacio cabello negro. Los búhos y lechuzas le adoraban por lo general, ya que era generoso prodigando los más deliciosos roedores. Rascando al precioso animal detrás de la cabeza, Severus introdujo la carta en el saquito protegido y le tendió sujeto por la cola un nuevo y desventurado ratoncillo. Tras engullir su suculenta y culebreante recompensa, con un último ululato de saludo, el búho real emprendió un silencioso vuelo, desapareciendo de su vista. Tras suspirar de nuevo, Severus llamó a un elfo para que le trajese sopa, unos sándwiches y una taza de café, dispuesto a terminar cuanto antes su inventario y olvidarse de la enigmática carta hasta que lo concluyera.

SS&HP

Como siempre, Albus sonrió paternalmente desde detrás de sus gafas de medialuna cuando anunció que iba a ir a Londres para hacer su encargo anual de ingredientes. Y frunció el ceño infinitesimalmente con desagrado cuando anunció que probablemente pasaría la primera semana de julio realizando sus encargos. Severus era muy estricto con sus proveedores, pero casi semana y media…parecía demasiado. Encogiéndose apenas de hombros, y tras dar un nuevo sorbo a su café, Severus murmuró cabizbajo:

-También necesito hacer algunas reparaciones urgentes en mi casa…

Sonriendo de nuevo, aplacada y satisfecha su curiosidad, Albus se enfrascó en una interminable charla sobre las bondades de algunos hechizos hogareños, ignorando la completa -aunque bien disimulada- indiferencia de su interlocutor.

Con su pequeña maleta reducida de tamaño hasta asemejar una caja de cerillas y metida en el bolsillo de su túnica, Severus caminó hasta las puertas de la escuela, para desaparecerse después. Con la mayoría de sus encargos resueltos, su vieja y aparentemente decrepita casa del callejón de la Hilandera, adecentada y limpia por dentro, renovadas las protecciones antimuggles y el glamour que la hacía parecer semi abandonada por fuera, Severus cruzó el umbral de Gringotts con la extraña carta en el bolsillo interior de su túnica la tarde-noche del domingo 30 de junio de 1991, el último día del plazo mencionado en la misma. La mayoría de tiendas cerraban en domingo, con excepción de la apertura de media jornada de mañana para las tiendas de mascotas mágicas, Zonkos, Honeyduckes, la heladería de Florean, los bares, pubs y algunos otros locales de más que dudosa reputación en Callejón Nocturn. Los últimos clientes hacía horas que había desaparecido del Callejón Diagon y sus aledaños, las tiendas con la excepción de los pubs y cafeterías estaban cerradas, e incluso los últimos dependientes estaban ya marchándose a cenar.

Pero Gringotts no cerraba nunca, jamás; y con la capucha calada para ocultar aun mas su rostro, Severus se detuvo en silencio frente a uno de los mostradores, casi todos desocupados a esas intempestivas horas. El duende tomó la carta que le tendía y tras leerla brevemente, se la devolvió y murmuró con tono impaciente:

-Sígame.

Y comenzó a andar hacia las puertas al fondo del recibidor. Dentro del banco, le condujo a una de las salas de reunión – Severus solo había estado en otra de ellas con la ocasión de la muerte de su madre primero y de su abuelo después – y tras abrir, le dejó con el duende que ya estaba en ella.

El duende se presentó sumariamente a sí mismo como Crowclaw, y comenzó a exponer el delicado y confidencial asunto, poniéndole delante carpetas, copias y extractos de documentos, todos ellos con ciertos datos personales velados y ocultos. Severus releyó una vez más el personalísimo contrato, sin ser capaz de entender porque le ofrecían semejante acuerdo. Miró al hosco duende, que le dedicó una perturbadora mueca llena de dientes que debía ser su versión de una amable sonrisa, y frunció el ceño, contemplando una vez más la estancia, con la incómoda pero certera sensación de estar siendo observado. Espiado. Era lo más probable. Alguna clase de hechizo de escucha y seguimiento, indudablemente habilitado por el propio banco. Los duendes eran muy celosos protegiendo los intereses de sus clientes. Tomó un sorbo del té amablemente ofrecido, para aclararse las ideas y humedecer su reseca boca, apartando a un lado los pergaminos. La idea era tentadora, y mucho…pero aun así, Severus tenía ciertos estándares esenciales…

-Inicialmente…podría estaría interesado, pero antes de dar una respuesta definitiva en ningún sentido, quisiera conocer a su cliente. En persona.

Su seco tono de voz dejo claro que el tema no era negociable. El duende le miró ceñudo y pareció dudar por un instante, como si no hubiese esperado semejante petición; pero entonces, con un suave remolino de una argéntea y sutil tela, una figura se descubrió, surgiendo de debajo de una capa de invisibilidad. Un joven. El extraño estaba vestido de pies a cabeza de negro, encapuchado y se cubría el rostro con una delicada máscara forrada en seda de igual color. Además, había algo… extraño en su apariencia, algo que tal vez solo un ojo entrenado como el suyo podía discernir. Un velado y discreto glamour. Sin duda, un celo increíble para proteger su identidad…y su aspecto. Severus estaba aun más desconcertado y su curiosidad hondamente picada, aunque no lo demostrase aparentemente. La propuesta alcanzaba nuevas cotas de interés, pero el misterio se incrementaba. Por un instante, el joven muchacho sentado en una silla le contempló inmóvil y en silencio, y después, con una leve y cortés inclinación de cabeza murmuró, con voz nítida pero claramente distorsionada:

-Puede llamarme…Noir. (N.A.: por supuesto, negro en francés) Me temo que por mi seguridad no puedo desvelarle ni mi nombre ni mi aspecto, Maestro Experto de Pociones, Ungüentos y Brebajes Snape. Pero gustosamente contestaré a sus preguntas, si es que puedo.

Severus se sorprendió levemente por el uso de su completo título académico –nadie fuera del ámbito de los eruditos en el tema usaba jamás tan larga parrafada- y estudió cada detalle perceptible, pese a que sabía que un glamour disfrazaba la apariencia del otro, también estaba al tanto de cómo mejor funcionaban semejantes disfraces era trabajando sobre la apariencia real, no en su contra. La estructura ósea en conjunto, la constitución y proporciones relativas del cuerpo; cambios muy grandes sobre estos pilares básicos eran muy difíciles de lograr y mantener, y tendían a alterar el equilibrio y la forma de moverse del sujeto, ocasionando una aparente tosquedad o torpeza. Sin embargo, aunque estaba sentado y apenas se había movido, sus gestos eran…fluidos y naturales.

-Severus, mi nombre es Severus.

El extraño inclinó nuevamente la cabeza y Severus murmuró con cierta curiosidad:

-¿Por qué quiere formalizar este acuerdo Sr. … Noir? Simplemente con esperar un poco, podría prescindir de llevar a cabo todo esto…

La figura se movió apenas en su silla, cruzando comedidamente las piernas y tras un breve silencio, contestó suavemente.

-No puedo esperar. Sinceramente, no puedo permitirme ese lujo. Aunque mis padres eran magos, mi custodia está en manos de…una rama muggle de la familia y mi situación es…algo…mh… precaria en estos momentos. Quiero proseguir mi educación formal, pero mi familia no está dispuesta a facilitarme ni el permiso ni el dinero necesario para ello. Esta es la única manera en que puedo eludir la necesidad de pedirles ninguna de las dos cosas.

Severus volvió a repasar los impresionantes logros académicos de su joven interlocutor: educación muggle completa preuniversitaria con notas inmejorables. Reconocimiento de un nivel hablado y escrito de latín, francés, alemán y griego equivalente al de un hablante nativo. Con propuesta de convalidación de Diplomatura múltiple de filología, pendiente de la realización del año de prácticas requerido. Cursos avanzados teóricos de nivel universitario de química y bioquímica, anatomía, fisiología, biología y zoología. Amplios conocimientos de psicología e historia. En cuanto a su educación mágica, exámenes a nivel TIMOS realizados por Gringotts con Sobresaliente en Astronomía, Herbología, Historia de la Magia, Aritmancia, Estudios Muggles Encantamientos, Transformaciones y Runas Antiguas. Defensa Contra las Artes Oscuras y Cuidado de Criaturas Mágicas, Sobresaliente en el examen teórico, Excepcionalmente Sobresaliente en el práctico. Pociones Sobresaliente en la parte teórica, práctico no realizado, nota conjunta No Evaluable. Exámenes a nivel ÉXTASIS realizados por Gringotts: Defensa Contra las Artes Oscuras, Encantamientos, Herbología, Transformaciones, y Cuidado de Criaturas Mágicas, Sobresaliente. Pociones, Sobresaliente en la parte teórica, practico no realizado, nota conjunta No evaluable.

Severus releyó de nuevo las calificaciones de los examinadores independientes de Gringotts, tomando nota esta vez de las fechas. Los exámenes de TIMO se habían realizado en las pasadas Pascuas, y los de ÉXTASIS, hacia menos de una quincena. No era tan extraño que alguien con los recursos necesarios optase por estudiar independientemente, y por sus logros académicos, indudablemente, era un joven muy inteligente. Pero… "¿Por qué tomar los exámenes de ambos niveles con tan escasa diferencia de tiempo? A diferencia del Ministerio, a Gringotts no le importaban los meritos sociales, la edad ni la condición de sus examinados…¿Por qué no hacer directa y simplemente sus exámenes de ÉXTASIS?" Contempló de nuevo su enmascarada silueta, y murmuró:

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-Aun así…¿Por qué yo? Estoy seguro de que no nos conocemos, ya que sin duda recordaría a alguien con una trayectoria tan brillante.

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El joven pareció meditar profundamente su respuesta durante largos segundos y susurró:

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-Aunque no he frecuentado esta sociedad, conozco su reputación…y tengo una buena idea de su carácter. Ud. es un hombre modesto, trabajador, sacrificado, honesto y leal para con los suyos, Severus Snape. Este contrato le beneficia tanto como a mí, y no tengo razones para pensar que va abusar de su posición. Confío en Ud.

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Severus guardó silencio, meditando las palabras del otro mientras el duende les miraba casi boquiabierto alternativamente a ambos. "¿Cómo podía hacer afirmaciones tan acertada y tajantemente sobre él?" Con gesto deliberado se descubrió el antebrazo izquierdo, mostrando la fantasmal silueta de la marca tenebrosa y dirigió la mirada directamente a los ojos de otro. En aquel momento, la máscara cubría cualquier posible gesto facial de respuesta y Severus no supo si lamentarla o agradecerla. El joven no dijo nada, y tras unos momentos de tenso silencio, se levantó. Severus bajó la mirada, ocultando el agudo dolor del rechazo y endureciendo sus facciones, contemplando ceñudo la humillante señal grabada en su pálida piel. Así que cuando unos dedos suaves se cerraron en torno a su muñeca, tirando apenas de su brazo, Severus se sobresaltó levemente y alzó la cabeza con los oscuros, casi negros ojos llenos de preguntas. El joven olía muy suavemente a una curiosa e intrigante mezcla de cítricos: mandarina, bergamota, lima y pomelo, y se había sentado en una silla a su lado, la capucha ocultando su cabello y el lateral de su rostro enmascarado.

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-¿Duele?

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Preguntó con insospechada gentileza la joven voz. Severus denegó, tragando saliva. Albus le daba ocasionales palmaditas paternales en el hombro que le hacían sentir como…como un maldito perrito, Minerva a veces le apretaba suavemente el brazo reconfortándole en discreto silencio y Poppy alborotaba y le curaba cuando tenía algo serio; pero esto era…diferente. Hacía tanto tiempo que nadie le tocaba firme y amigablemente, que su corazón latía algo más rápido de lo normal. Inspiró tratando de calmar sus emociones, respondiendo calladamente con total sinceridad ante la verdadera preocupación por su bienestar –un extraño al que apenas acababa de conocer- que se filtró en la voz y en la tierna presa en su muñeca.

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-Ya no. Pero fue…verdaderamente terrible cuando la recibí… Y cuando estaba activa…

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Severus se estremeció, sus músculos reaccionando con el dolor del sufrimiento recordado. El joven asintió, y deslizó los dedos de la otra mano para rozar delicadamente el tatuaje, dejando erizada a su paso la piel de Severus. Nadie, jamás, había tocado la marca, y con ojos incrédulos, Severus contempló como aquella mano acariciaba sin vacilaciones ni repulsión su contaminado antebrazo una y otra vez. El movimiento se detuvo, y el joven cubrió gentilmente el lugar, creando por instante la bonita ilusión de que en su brazo no anidaba semejante depravación. La marca hormigueó curiosamente bajo el roce, enviando una sensación extraña a su cerebro. Jamás había experimentado más que tormento de una clase u otra de ella. Pero esto…no era doloroso, ni placentero tampoco, no en un sentido sensual, pero era…cálido y reconfortante, a la vez que muy desconcertante. Era casi…absolutorio. El hombre alzó los oscurecidos ojos para cruzar la mirada con el desconocido, fijándola en los brillantes destellos que relucían en la penumbra de su capucha, tras la máscara.

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-Confió en ti, Severus.

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El hombre escuchó aparentemente impasible las suaves palabras, mientras aquella mano permanecía brindándole un insospechado y gentil confort, simplemente reposando sobre su piel mancillada. Dejando que sus ojos se animaran, el hombre asintió, esbozando una levísima sonrisa ladeada y depositó su propia mano, mas grande y curtida por el duro trabajo, sobre la del joven. Y este sonrió; aunque el gesto no fue visible, Severus estaba completamente seguro de que su misterioso interlocutor estaba sonriéndole en ese momento. Con lentitud, el joven se llevó la mano libre al rostro, se quitó la máscara y la depositó en la mesa, para agitar la cabeza y retirar la capucha con la misma mano y girarse hacia él momentos después.

Lo primero que vio Severus fue una barbilla lampiña y de piel delicadamente dorada y pálida. Seguida de una media melena ondulada, negra y brillante. Cuando se giró, el color de sus ojos, imposiblemente grandes, le cautivó, arrancándole un inconsciente jadeo…y haciéndole fruncir levemente el ceño. Elegantes facciones, con sensuales labios rojos y unos ojos hipnóticos, como los de un gato. El joven era toda una belleza y Severus aun lo tuvo menos claro, no comprendía en absoluto porque le había elegido. A él. Que era ciertamente poco atractivo a la vista y tan sociable como un puercoespín irritado. Con un suspiro resignado, el muchacho chascó los dedos y su glamour se deshizo, como si el viento retirase los jirones de un ligero halo de humo o bruma de su figura. Por un instante, Severus no dio crédito a sus ojos, parpadeó y respiró profundamente, contemplando los cada vez más familiares ojos verdes y una reluciente cicatriz en forma de rayo en la frente. Estaba alucinando sin duda…Parpadeó de nuevo, tratando de disipar el engañoso espejismo. El chico era hermoso, pero no era el joven adolescente a punto de entrar en la edad adulta que esperaba… sino un niño. Un niño que aun no había cumplido los 11 años. Inspiró y exhaló de nuevo, controlando su desbocado corazón, hasta que su voz surgió vacilante:

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-¿Harry?¿Harry…Potter?

(N.A. :Según la AROMATERAPIA, estos son los supuestos efectos psicológicos de los aceites esenciales a los que huele Harry :

Relajante: mandarina. Equilibrador: bergamota. Estimulantes: lima, pomelo. Antidepresivos: bergamota, mandarina, lima, pomelo)