EL VEREDICTO DEL CALIZ.

Buenas a todos y todas! Sigo sin tener acceso a internet regularmente, asi que esto va a ser un trabajo lento.

Gracias por los rws, son una gran motivación.

EL VEREDICTO DEL CALIZ.

Albus se sentó en la salita de reuniones mascullando y contemplando la pila de papeles. Su despacho era prácticamente zona de guerra. Las demandas del bufete de abogados de Lucius Mafoy alcanzaban en tamaño de una enciclopedia. Sus preciosos artefactos…muchos estaban arruinados más allá de sus intentos de reparación. Y los cuadros…parecían estar desquitándose de años de moderación forzada. La serpiente que campaba ahora a sus anchas en el cuadro de Phineas tenía un carácter tan complaciente como el del altivo mago. ... ¡Y encima, Severus le había robado a Fawkes! ¡Necesitaba al fénix! Él era el líder de la Luz, Fawkes era el complemento perfecto para su imagen pública. Y el poder que podía extraer sin que nadie lo supiese de la criatura no era nada despreciable tampoco… Sin su ayuda mantener calmados y cooperantes los cuadros de los antiguos directores estaba probando ser una tarea imposible. ¡Ninguno de sus habituales hechizos de control estaba funcionando, ni siquiera podía ponerlos a dormir por más de unos minutos! Las orejeras se habían convertido de repente en una necesidad vital. Su varita tampoco estaba colaborando plenamente, podía notar la irónica reticencia vibrando en cada fibra de la madera.

Muchos de sus profesores estaban claramente en contra de la celebración del Torneo. No entendían que era una oportunidad perfecta para entrenar adecuadamente a Harry. Severus estaba consintiendo al chico, dejándole hacer su voluntad. Volviéndole blando y mimado. Y esa ridiculez de estudiar sanación… ¿Cómo iba a enfrentarse a Voldemort con eso? ¿Amenazándole con un vendaje? ¡Tenía que afrontar su destino! Tantos planes dependían de la voluble y caprichosa mente de un crio… ¿Dónde habían quedado la buena crianza de los niños de antaño? Escuchando siempre a sus mayores, tan respetuosos y educados…tan dóciles y obedientes…Una lástima que la mayoría de padres ya no aprobaban los castigos corporales. Una buena ración de vara hacía auténticos milagros para enderezar hasta el más rebelde tunante.

Se consoló pensando en la disensión que la Profesora Springs parecía estar provocando. Era desde luego poco más que una salvaje, apenas civilizada, pero tenía un don inusual… Proporcionarle toda clase de animales para que los adiestrara era parte del contrato. ¡Y desde luego, conocía sus bestias, y como las manejaba! ¡Eso era un arte! Que provocase las hormonas de la población masculina…era un bonus. Desde luego, La Profesora Springs tenía una idea un tanto…sesgada de la relación entre Harry y Severus. Ya se había encargado él de insinuar que Harry había forzado el matrimonio... Pero ahora tenían que centrarse en el Torneo… ¡Desde luego, iba a ser un éxito! La fiesta de Halloween era el momento perfecto para que el cáliz de fuego hiciera su elección, con la ventaja añadida de forzar a todos los alumnos a asistir. Estaba cansado de que Evans desapareciera de sus magníficas fiestas. Severus y los Slytherin podían irse todos a tomar % & Ç#/ . Esta vez, Severus no iba a poder hacerle marcharse.

Con mucha pompa y boato, y entre fuentes de la más extravagante comida y una bochornosa decoración festiva repleta de brillantes linternas de calabaza animadas, arañas de goma colgando de falsas telas de los candelabros, gatos negros de papel que deambulaban por las mesas y falsos murciélagos que arrojaban lluvias de peladillas con inoportuna puntería, el largo y ostentoso festín llegó a su fin. Albus estaba tan contento, que había sido capaz de ignorar los sonidos masticatorios de los lobos de Tasmania un poco más allá. El representante del Ministerio, Bartemius Crouch quizás estaba algo pálido, e ignoraba casi por igual los intentos de conversación de Madam Máxime y de Dumbledore. Ludo Bagman gesticulaba y hablaba por los codos con el representante Búlgaro, dedicando furtivas miradas emocionadas a Evans. En el rincón Weasley de la mesa de Griffindor, un ufano Percy comía con absoluta propiedad, saboreando el pastel de ruibarbo…ajeno al disconfort de sus hermanos e ignorando por completo la existencia de Ron y Ginny.

La mayoría de alumnos hacía tiempo que habían llegado al límite de su capacidad de ingesta de grasas y azúcar…y lo habían rebasado, para asombro de las delegaciones de Beauxbatons y Drumstrang, acostumbrados a una dieta mucho más equilibrada. Al menos en la mesa de Slytherin habia platos que parecían destinados a la alimentación humana y no a la lubricación industrial. Con un hosco gesto, Krum murmuró:

-Parrecer historria kase de chokolat…Hansel y Gretel…

Las mesas estaban abarrotadas. En Hufflepuff se sentaban algunos empleados ministeriales y un par de reporteros, en Griffindor otros colaboradores necesarios para el Torneo. Y la paciencia de adultos y alumnos estaba desvaneciéndose. Haciendo sonar su copa Dumbledore llamó la atención de todos y exclamó visiblemente entusiasmado:

-Estamos a punto de ser espectadores ¡Y algunos protagonistas! de un hecho histórico. ¡La celebración del Torneo de los Tres Magos después de su suspensión!

A un gesto de su varita, el comedor quedó sumido en danzarinas sombras provocadas por las linternas de calabazas, con las elegantes y serenas llamas azules del Cáliz de fuego iluminando con su resplandor el comedor desde su lugar de honor delante de la Mesa de profesores. Empezó a llamear, cada vez más virulentamente, las lenguas de fuego alzándose y agitándose con furia, oscilando entre el azul, el naranja y el amarillo. Albus boqueó por unos segundos y retrocedió instintivamente un par de pasos cuando las llamas –que a esas alturas ya habían pasado por todos los colores del arcoíris- se tornaron de un venenoso color verde y se desbordaron por completo, con un espeso humo negruzco y pesado que empezó a ascender de ellas. Retumbando súbitamente como una tormenta; y haciendo que el Director tuviera que apagar a palmetadas unos cuantos conatos de incendios en mechones de barba y pelo, entre la virulenta explosión de centellas y espectaculares llamaradas sucesivas; el cáliz continuó expeliendo torrentes de aceitoso humo acre y escupiendo pedazos de pergamino churruscado en una vorágine de cenizas demasiado caliente. Filius puso un escudo protector delante de las mesas y Severus creó una forzada corriente helada para alejar el humo de los pulmones de todos, mientras procedía a la renovación de aire del comedor. En un inusual gesto público, Evans convirtió un puñado de grajeas en enormes y multicolores hormigas que marcharon diligentes en busca de su botín de pergamino churruscado diseminados por el suelo. Con aire de resignación, Minerva transformó un plato en una bandeja para recoger los fragmentos y Pomona hizo brotar una enredadera que comenzó a cepillar con sus hojas y zarcillos los restos de ceniza.

No era lo que estaban esperando, pero al parecer el cáliz tenía sus propias ideas. Una hormiga roja y verde del tamaño de un canario trepó con presteza por la encenizada túnica y barba de Albus y con sus afiladas mandíbulas tironeó de una especialmente grande pavesa chamuscada que el anciano mago tenía enredada en la barba. Saliendo de su estupor Albus espantó a la hormiga, sacó la varita y procedió a liberar su persona de la capa de ceniza que lo cubría. Tras tomar un buen trago de agua con aire despreocupado, ignorando el insecto de caramelo que correteaba por su túnica chascando las mandíbulas, murmuró como si nada hubiera pasado:

-Bueno queridos míos, parece que el Cáliz está un poco temperamental después de tantos años de retiro…

Con tan solo una ligera pausa, las llamas crecieron de nuevo, chisporroteando como si gotease grasa en ellas y desprendiendo un ligero humo. Viraron de color, oscilando entre el azul verdoso y un feo amarillo sucio. Entre resonar de chispas una llamarada de un particularmente feo tono verde se alzó en casi un abanico amenazante y escupió un pedazo de pergamino. Albus lo cogió al vuelo con una ostentosa floritura, esquivando las danzarinas lenguas de fuego y empezó a desdoblarlo con parsimonia y pompa, envuelto en un aire jovialmente benévolo, todas las miradas fijas en él.

A Ludo Bagman le escurría por la mano la melaza de la cucharada de postre que sostenía precariamente en ella, mientras miraba boquiabierto. Jane Alice Springs se removió en la silla, incomodada por la presencia de los insectos que todavía estaban recolectando trozos del suelo. La copa restalló y emitió una colorida nube de chispas y otra nubecilla de ceniza. Retrocediendo prudentemente otro paso, Albus abrió finalmente el pedazo de pergamino y tras parpadear un par de veces leyó casi con recato:

-Por Beauxbatons….¡la Stra. Isabeau Florit!

(NA: Isabeau el nombre de la protagonista de la película Lady Halcón, pronunciado Isabo)

Una agraciada joven de cabello castaño claro cuidadosamente peinado en un elaborado semirecogido trenzado y ojos cervunos, se alzó con una radiante sonrisa maquillada entre los tibios aplausos de algunos de los presentes. Al dirigirse al encuentro de Madame Maxima, dedicó un gesto de jactanciosa satisfacción a Fleur, - que tan solo la ignoró- y trotando sobre altos tacones, fue a situarse al lado de su directora; relativamente cerca pero a distancia segura del cáliz. A Sirius su pose le recordó la de un pavo de corral intentando darse aires y haciendo la rueda con la cola. Por mucho que lo intentara…nunca sería un pavo real.

Con más chispas y una nueva y alborotada llamarada roja, el cáliz lanzó un nuevo pedazo de pergamino. Tras abrirlo y con cierta decepción, Albus anunció:

-Por Hogwarts… nuestra brillante promesa ¡la Srta. Hermione Granger!

Minerva se puso pálida, sus alumnos estallaron en una mezcla de aplausos y gritos entrecortados. Mientras Severus empezó mentalmente a redactar una carta de condolencia: "Estimados Sr y Sra. Granger. Con profundo pesar, es mi deber informarles… Reciban mi más sincero pésame. Atentamente, Severus Selen Prince", apretando levemente la mano de Evans bajo la mesa e inclinándose leve e inconscientemente hacia el joven que habia exhalado bruscamente el aire de sus pulmones. Con la barbilla bien alta, Hermione se aproximó a la mesa de profesores. Le temblaban las rodillas, y le sudaban las manos, pero se mantenía en pie. Tras unos momentos, el cáliz enrojeció y eructó - o algo parecido- y escupió otro pergamino. Con cierta sorprendida emoción, el Director leyó:

-Por Drumstrang… ¡Ronald Weasley!

La mesa de Griffindor estalló en pandemónium. Ivanof Volga se levantó y empezó a maldecir en búlgaro, dedicando miradas asesinas a Albus. En Slytherin sus compañeros murmuraron rápidamente algo y Krum simplemente denegó en silencio. A su gesto, los búlgaros simplemente dedicaron miradas recelosas al pecoso pelirrojo que parecía estar aislado incluso de la mayoría de su propia familia. Severus apretó la mano de Evans. Minerva se tomó de un trago la taza que de repente habia aparecido a su lado…y por su gesto, no era té. Con los ojos llenos de codicia, Ronald se aproximó con falsa bravuconería a la mesa, ignorando las miradas de sus hermanos o el gesto de enfado del representante de Drumstrang.

Mientras Crouch, Ludo y los otros se retiraban a dar las instrucciones para la primera prueba a los campeones, Albus comenzó a hablar sobre las supuestas maravillas que les esperaban. Charlie Weasley estaba tan pálido que sus numerosas pecas destacaban vívidamente sobre su piel. Los gemelos cuchicheaban entre ellos y Ginny suspiraba con aire aburrido. En la mesa de Ravenclaw, Cho Chang hablaba en voz baja con Cedric Diggory, con creciente enojo. Albus no habia siquiera terminado de anunciar la fecha de la primera prueba cuando el cáliz centelleó a sus espaldas, se iluminó majestuosamente y alzó sus ahora nuevamente límpidas y elegantes llamas azules, produciendo una única lengua de fuego, que se alzó y alzó…hasta extinguirse bruscamente, dejando tras de sí una pequeña y compacta bola de pergamino. Severus la capturó con un pequeño hechizo y con un carraspeó la tendió a Filius. El silencio en el comedor era absoluto. Dumbledore se giró, buscando la causa de que todas las miradas se hubiesen apartado de él. Subido a su silla, y deshaciendo la apretada bola semi churruscada de pergamino en sus manos, Filius frunció el ceño al ver los nombres. Cuadrando los diminutos hombros y haciendo de tripas corazón, murmuró:

- Segundos de los campeones, Fleur Delacourt, Viktor Krum y …Hadrian Peverell.

Los ojos de Albus chispearon con entusiasmo y aplaudió sin recato mientras los flashes de las cámaras saltaban de nuevo y los gritos y exclamaciones convertían el comedor en un gallinero. Remus tenía las mandíbulas tan apretadas que le dolían, en un intento de contener el salvaje gruñido que le brotaba en la garganta. Sus ojos relucían con fiereza, y solo la mano de Sirius apretando su mano bajo la mesa impedía que saltara sobre el inconsciente del Director. Semiocultos, unos ojos espiaron la reacción de varios de los presentes, incluido un aparentemente hierático Severus. Solo sus ojos dejaban entrever el torbellino de emociones detrás de la impasible fachada. Los furiosos, pero igualmente acongojados ojos de azabache se giraron hacia los sorprendidos, casi espantados orbes esmeralda de su joven esposo. Solo fue un segundo; una mirada, pero suficiente para saber que Severus le respaldaba por completo; y tras un minúsculo gesto de asentimiento, cubriéndose de una casi perfecta capa de solemne compostura, Evans se levantó, sacando su varita.

-Ni quiero ni tengo el permiso de mi esposo para participar y ni siquiera soy un estudiante. Yo, Hadrian Evans Peverell juro por mi magia que no he puesto ni ordenado a nadie poner mi nombre en el cáliz para entrar en el torneo.

Alzando la varita, lanzó chispas al aire. Fleur se levantó, imitando su juramento, y añadió con una ligera sacudida de la larguísima melena, tras lanzar una pequeña bandada de canarios revoloteando por el comedor:

-Soy la hegedega de mi famiglia. Solo heg vegnigdo pogue egst pogible gue enguengt paggega…¿Pogque habgía de aggiesgagme?

Seguida de inmediato por Krum que añadió tras su juramento y convertir una pasta en un pez de colores que saltó a una jarra de agua:

-Mi kontrrato prroibe ke parrticipe en actividadez de rriesgo. Soy famoso y mi eskoba kuesta mas ke este premio.

Esbozando una sonrisa beatifica, Albus murmuró jovialmente:

-Y, sin embargo, todos habéis sido elegidos y debéis participar. La decisión del cáliz es irrefutable e inapelable.

En esos momentos, los primeros campeones emergieron de la sala adyacente, con la Srta. Florit empolvándose la nariz y sacando pecho. Ron ni siquiera intentó adecentarse, pero Hermione al menos se había peinado el pelo. El Sr. Crouch deslizó los ojos de unos a otros y murmuro receloso:

- ¿Qué ocurre aquí Dumbledore?

- ¡Ah, Barty! …un suceso realmente remarcable…El cáliz ha elegido un segundo juego de campeones. Fantástico, ¿verdad?

Con aire levemente agitado y retorciéndose las sudorosas manos, Crouch murmuró asintiendo:

-Extraño, pero perfectamente posible…Antes de tener reglas propias, el Torneo era eso…un mero torneo entre escuelas. Para no anular las posibilidades de una escuela por la incapacitación de su campeón electo, y aunque técnicamente solo hay un campeón por cada escuela… en los orígenes un segundo participante podía ocupar su lugar, exactamente como el segundo en un duelo...

Madam Maxime miraba con ojos descompuestos a Dumbledore, e Ivanof continuaba mascullando entre dientes con aire enfadado. Sin poder contenerse más, Sirius exclamó:

-¡Pero ninguno ha entrado voluntariamente en el torneo! ¡Lo han jurado públicamente por su magia!

Con un parpadeo y retorciéndose de nuevo las manos, el Sr. Crouch murmuró:

-Iii...irrelevante…el Cáliz constituye un contrato mágico vinculante… una vez elegidos, están obligados a competir.

-El kontrato de Viktor con la Selección le prohíbe actividades de riesgo en su tiempo libre. Es anterior y también es legalmente vinkulante.

Bagman asintió, mirando a uno y a otro, los ojos salientes como pelotas de tenis. Bartemius Crouch parecía un poco pálido, y unas gotas de transpiración comenzaban a brotar en su frente. Sus ojos no cesaban de moverse febrilmente pero cuando abrió la boca, pareció recobrar su aplomo.

-No hay excepción. Como ya he informado a los otros participantes, la primera prueba es un test de valor y se celebrará el veinticuatro de noviembre. La decisión del Cáliz supera e invalida cualquier otra restricción o contrato. Si no participan, serán castigados por la magia del cáliz…se arriesgan a convertirse en squibs.

Madam Maxime parecía haberse tragado un limón. O varios. El empleado del ministerio búlgaro continuaba lanzando miradas asesinas a Dumbledore. Y un sordo gruñido ronco emergió del fondo de la garganta de Remus, con un centelleo ámbar en sus ojos, semi oculto entre los flashes de la cámara de Colins. Evans puso una mano en el antebrazo de Severus y detuvo su movimiento. Severus escrutó los grandes ojos verdes y asintió minúsculamente.

-Necesito un momento en privado con mi esposo…y sus padres.

Remus y Sirius avanzaron situándose detrás de Evans, desafiando silenciosamente a que cualquiera discutiera su derecho. Fleur parpadeó rápidamente, agitó la melena y murmuro:

-Gegiero la pgesencia de Monsieur Gagonis Malfoi, êtes de la famille.

Con toda propiedad, Draco saltó sobre sus pies y recorrió -lo mas velozmente posible, pero sin correr- la distancia hasta la joven semiveela y le ofreció galantemente el brazo. Krum frunció el ceño levemente, inclinó apenas la cabeza en dirección a los adultos y masculló tendiendo una mano:

-Lorrd Prrince. Lorrd Black. Mi-lli-cent…

La joven se levantó ocultando casi por entero su nerviosismo y enlazó su mano en el brazo de su prometido, entre las miradas asesinas de muchas féminas adolescentes.

El grupo se retiró a la misma salita y tras un buen rato de contemplar como Ron miraba despectivamente y por encima del hombro a sus hermanos; a Hermione murmurando para si con aire de concentración mientras ojeaba el libro que habia sacado del bolsillo, o como la Srta. Florit rehacía su maquillaje y peinado; Sirius se asomó demandando la presencia de Madam Maxime e Ivanof Volga. Albus tarareó y tamborileó los dedos disimulando. Tras una tensa espera, los campeones supernumerarios regresaron. Colin sacó fotos de los primeros campeones con su Director o representante, de los tres juntos, y otras más, incluyendo a Crouch y Bagman. Cuando Colin miró expectante hacia Evans, Fleur y Krum ante la entusiasta propuesta de Dumbledore; suspirando levemente, y avanzando un poco; Evans tendió la mano a Fleur, que con fluidez depositó su mano sobre su antebrazo. Krum ocupó en silencio el otro flanco de la joven y Colin sacó su foto. Tragó saliva ante la agresiva mirada de Remus y todos ignoraron la decepción de Albus cuando su petición de una foto conjunta de los seis participantes y sus directores no fue tomada en cuenta muy evidentemente.

Apenas habían pasado unos días desde que el Profeta hubiera publicado en primera plana la noticia de la elección de los participantes del Torneo. Si bien la historia en el periódico dejaba mucho que desear, El Quisquilloso habia publicado un relato ciertamente fiel y preciso y con todas las fotografías posibles.

Slytherin apoyaba elegante y discretamente a los campeones suplentes. A todos; en público al menos a todos por igual, aunque cada miembro de la casa de la serpiente tuviera una u otra preferencia personal. Incluso para un ciego era claro que pese a que no participaban voluntariamente eran los reales representantes de las tres escuelas. A los otros tres…la indiferencia era un cálido abrazo comparado con la gelidez que les ofrecían. También condenaban abiertamente a quien quiera que hubiese interferido con el cáliz. Era una cuestión prácticamente política después de todo.

Con su naturaleza amigable y conciliadora, a la casa del tejón le parecía apropiado respaldar a los campeones de Hogwarts, por simple lealtad. Pero incluso los tejones veían que las posibilidades de Ron eran mínimas. Hermione era un tal vez, y la mejor opción de la escuela era el Profesor Peverell. De todas maneras, en Hufflepuff andaban bastante alterados por discordias internas. Cedric Diggory se habia peleado bastante calurosamente con su novia Cho en la sala de estudio. Las continuas demandas de la joven asiática recriminando a su novio por no haberse presentado al Torneo, alcanzaron niveles intolerables. El guapo muchacho de rasgos clásicos, moreno y de ojos grises, usualmente amable y moderado estalló.

-¡Ya basta Cho!

Cho, con una mueca de ira retorciéndole las facciones, dio un palmetazo en la mesa con ambas manos y exclamó exasperada:

- ¡Era la oportunidad perfecta para demostrarle a mi familia que eres un novio aceptable!

Cedric recogió con calma sus libros, levantándose. Intentando mantener la compostura susurró tratando de contener la irritación de su voz:

-Sabes de sobra donde trabaja mi padre, Cho. Después de oírle durante todo el verano, de ninguna manera iba a presentarme para el Torneo.

Cho sacudió la larga melena negra mascullando entre dientes con una mirada torva que era un cobarde. Dedicando una larga mirada decepcionada a la que hasta ese momento consideraba su novia, murmuró:

-Lo siento, pero no soy un suicida.

Ravenclaw con el raciocinio y el intelecto por delante, era partidaria de los campeones con más posibilidades sobre el papel. Es decir, los segundos de los campeones oficiales. Y el debate intelectual sobre cuál de los tres podía alzarse con la victoria llenaba los momentos de ocio extra curricular de la casa del águila, comparando los temarios y puntos fuertes de las enseñanzas de cada una de las dos escuelas, las estadísticas y resultados históricos con los resultados académicos de su más joven profesor.

Griffindor por supuesto, estaba con Ron y Hermione. Al menos aparentemente la casa de los leones estaba encantada de tener dos campeones. Les importaba poco que fueran alumnos de cuarto con solo tres años de educación mágica. La inexistente popularidad de Hermione en el seno del cubil de los leones subió como la espuma. Ni siquiera contemplaban que Ron competía oficialmente por Drumstrang. La bronca de Charlie cuando cogió a Ron a solas le resbaló como agua por las plumas de un pato. A Ron solo le preocupaba que en ese momento él era un héroe, el campeón, por encima de cualquiera de sus hermanos…Técnicamente por Drumstang, pero eso no importaba. De por sí ya era una victoria, un triunfo porque el cáliz le habia elegido a él, descartando a los otros. Ni la espátula de madera de Molly consiguió hacer mella en su ego.

H&S

Severus Prince dedicó un perezoso flic de su varita a la pizarra y esta se llenó de la estilizada caligrafía de Evans, con las notas de la lección de día.

—¡Antídotos!

El silencio se hizo absoluto mientras sus ojos casi negros escrutaban la clase lentamente.

-La lección de hoy será preparar la receta asignada muy cuidadosamente…

Con cara de malas pulgas, y dedicando una mirada más que asesina a cierto grupo de alumnos, añadió:

- …veremos quienes son los afortunados elegidos para probarlas...

Severus no supo si lamentar la ausencia de Ronald Weasley del aula. Al menos el Consejo Escolar concedió a los Malfoy el privilegio de vetar su presencia en cualquiera de las clases de Draco, y en todas las clases de Pociones. Un par de golpes en la puerta del aula interrumpieron las explicaciones de Evans sobre las adecuadas técnicas de elaboración en momentos críticos de las recetas. Todos los ojos se giraron cuando Colin Creevey entró con aire tímido y se dirigió casi dubitativamente hacia Severus.

—¿Sí?

—Disculpe, profesor. El director me envía a buscar a Hermione...

Severus apretó los puños y contó mentalmente hasta diez. Las gotas de sudor que habían aparecido en la frente de la castaña se incrementaron. Evans sonrió y murmuró:

-La clase acaba de comenzar…La Srta. Granger puede ir cuando acabe.

Colin se removió sobre sus pies y murmuró casi inaudiblemente:

-Y a Ud. también, profesor Peverell… están reuniendo a todos los campeones…es alguna ceremonia oficial con una sesión de fotos.

Severus se mordió la lengua, y Evans asintió con suavidad, dando una ligera mirada cargada de intenciones a Severus.

-Muy bien…la clase queda cancelada. Tres pergaminos para pasado mañana sobre la elaboración de antídotos y los medios para identificar venenos.

Los alumnos gruñeron, pero recogieron sus cosas y evacuaron el laboratorio. Escoltado por su esposo y con una casi frenética Hermione cargando con su pesada mochila trotando detrás de ellos, mientras Colin platicaba casi incansablemente, llegaron al lugar donde habían reunido a los campeones.

El aula en desuso parecía…una pequeña aula en desuso, y Fleur arrugó la nariz ante el evidente olor a polvo y cerrado. Luna, con un bloc de notas y una pluma de múltiples colores detrás de la oreja canturreo suavemente mirando a su alrededor. Hasta Olivanders parecía sorprendido. Con la llegada del resto de campeones, y un par de periodistas, el lugar estaba atestado. Minerva apretó los labios con determinación y murmuró:

-Te dije que este lugar no era apropiado, Albus. Señores, disculpen las molestias, pero vamos a trasladarnos al Salón de Trofeos. Creo que todos estaremos muchos más cómodos.

Tras un breve paseo; en el que Rita Skeeter intentaba acorralar a solas a alguno de los campeones, con el aire de un buitre rubio y codicioso; llegaron al salón de trofeos, con un pequeño podio cubierto por un rico brocado con los escudos de las tres escuelas. Bagman rebosaba juvenil entusiasmo y enseguida, Olivander procedió a examinar las varitas de los campeones electos. Tras refunfuñar y regañar a Ron por el estado de la que era su segunda varita, murmuró que en cuanto le diera un buen ajuste y pulido, quedaría en estado de uso. Colocó a un lado envuelta en un paño de franela negra la varita arañada y miró con gran curiosidad a los segundos. Tras una inspección rápida, declaró que las tres varitas estaban en perfecto estado y comenzó la sesión de fotos.

Con Colin como único fotógrafo oficial autorizado para el evento, la cosa fue bastante rápida. Fotos individuales de los campeones y otras en grupo. Para desespero de Dumbledore, Evans se las ingenió para que nunca posaran los seis juntos. Cuando el Director y Rita insistieron en entrevistas personales, Evans murmuró con irónica complacencia:

-Claro, Director. Ya hemos suspendido las clases de la mañana…¿Por qué no las de todo el día? ¿Significa eso que este año estoy exento de impartir mis clases?

Boqueando, Albus contempló como Evans inclinaba la cabeza y abandonaba el salón, escoltado por Severus y los otros dos segundos mientras murmuraba: "El evento oficial terminó con la revisión de la última varita, Director."

HP&SS

Casi sin darse cuenta, el 24 de noviembre estaba ahí. Las clases de la tarde se habían cancelado por supuesto, pero mantener al alumnado centrado ese día fue realmente casi imposible. Evans comió poco, pero al menos estaba en el comedor. A Ron tuvo que ir a buscarlo la Profesora MacGonagall y a Hermione la echó de la biblioteca la Sra. Pince. La Srta. Isabeau se pavoneaba con su ajustado conjunto estilo patinadora color celeste ribeteado en oro, arrancando más de una mirada de incredulidad. Hermione llevaba un peto dividido en cuarterones amarillo, verde, rojo y azul sobre un uniforme masculino adaptado. Ron simplemente se habia puesto parte de uno de los uniformes de quidditch de los gemelos. Krum llevaba botas altas marrón oscuro con franja negra y un pesado conjunto de duelo en negro con adornos dorados, con un peto de piel de dragón de color verde hierba y las cabezas de un águila bicéfala sobre el corazón. Fleur también optó por algo similar, pero con un aire más deportivo; más ligero, sin peto y de color azulina con dos varitas cruzadas sobre el pecho y pequeños adornos dorados, con unos botines de media caña. Evans llevaba un conjunto de duelo completo, de pies a cabeza hecho con piel de basilisco, incluida una capa corta. Todo era negro, excepto el frontal del peto, con un dragón enroscado color plata vieja sobre fondo esmeralda con gruesos ribetes de trenzado de plata.

Severus permanecía aparentemente calmado, aunque tenso. Sirius y Remus habían dado rienda suelta a sus emociones y parecían visiblemente compungidos Los Malfoy caminaban con austera dignidad, Draco al lado de sus padres. Todos escoltados de una protectora mini manada, y precedidos por la mole humana de Jacob, se abrieron paso entre una marea de excitados alumnos en ruidosa procesión hacia un claro cerca del linde del bosque. Mientras los alumnos, profesores, algunos padres y empleados ministeriales se acomodaban en las gradas del anfiteatro creado de la nada; los campeones, todos los campeones fueron desviados y conducidos hacia una tienda de aspecto estrafalario, mientras los periodistas escribían furiosamente en sus blocs de notas. Evans desvió la mirada hacia su familia, esbozó una semisonrisa y continuó caminando.

Bagman rebotaba sobre los pies, mientras que el Sr. Crouch parecía estar enfermo, a juzgar por el tinte levemente verdoso de su piel. Fleur, Viktor y Evans mantenían la distancia con los "campeones oficiales", quedándose en segundo plano. Hermione estaba pálida como la nieve, a Ron le brotaban goterones de sudor de la frente y Isabeau parecía finalmente darse cuenta de que la prueba no consistía en un pase de modelitos. Con más parafernalia de la necesaria y mientras Colin sacaba fotos, los campeones metieron la mano en la bolsa roja.

A Hermione le tocó el galés verde con el número «dos». Tanto le temblaban las manos que la miniatura rugió irritada y procedió a revolotear y engancharse en su pelo. Isabeau se quedó con el hocicorto sueco de color azul plateado con el número «uno», que procedió a morderle un dedo cuando le llamó "cosita linda". Ron sacó el bola de fuego chino con el número «tres» por la cola, y en justa represalia le lanzó una casi inofensiva llamarada a la cara. Farfullando sobre que no habían contado con tener tantos participantes, Bagman tendió la bolsa a los segundos con cierta vacilación. Todos –o casi todos, porque la Srta. Florit no parecía tener más uso para su cabeza que ser soporte de su preciada mata de pelo- sabían lo que quedaba. Evans suspiró y cuando sacó la mano de la bolsa de seda el colacuerno húngaro con el número «cuatro» reposaba en su palma. La miniatura lo miró, Evans alzó una ceja, y la criaturita desplegó las alas y rugió amenazante, haciendo retroceder a Bagman. Con un resoplido de humo, revoloteó hasta aposentarse en un hombro, aferrándose con las diminutas garras a una trenza de pelo.

Todos se sentaron en incomodo silencio en la tienda, hasta que sonó un silbato. Con una sonrisa tensa e ignorando la chispita de irónica condescendencia de Fleur, Ia Srta. Florit abandonó la tienda mientras la voz amplificada de Ludo Bagman anunciaba su inminente entrada. Los vítores pronto se convirtieron en gritos, y los chorros de sudor de Ron comenzaron a pegarle el pelo al cráneo y rostro y Hermione murmuraba mientras apretaba su varita con los nudillos blancos.

—¡Ah, no estoy muy seguro de que eso fuera una buena idea! —gritó con entusiasmo Bagman, mientras el bramido de furia de la dragona ahogaba los sonidos de la multitud.

Evans bloqueó los sonidos y las emociones, concentrándose en sus ejercicios de oclumencia para mantener el control.

—¡Uno que ya está, y quedan tres! —gritó Bagman cuando volvió a sonar el

silbato—. ¡Señorita Granger, si tiene usted la bondad!

Hermione se levantó casi vacilante cuando anunciaron su nombre y desapareció. Los rugidos de la multitud se mezclaron a los del galés. Cuando llegó su turno Ron les miró con lo que pretendía ser afectada suficiencia, deslucida por su patente cobardía. Apenas salió de la tienda, Fleur ejecutó un hechizo de desodorización.

—¡Eso ha sido todo por ahora!

El silbato volvió a sonar, y la aumentada voz de Bagman llamó con una jovialidad que hubiera quedado bien en un partido de Quidditch, pero que era casi surrealista en una competición famosa por su letalidad. Los tres segundos se levantaron, Evans ofreció el brazo a la joven semiveela y los tres caminaron en una único frente con las cabezas bien erguidas hacia el anfiteatro, siguiendo las banderolas decorativas. Los tres directores aguardaban en la entrada con Crouch, que parecía ansioso y habia recobrado cierto color.

-Caballeros…y damas, por supuesto. Parece que tenemos un pequeño…problema logístico. Ninguno de los campeones ha logrado recuperar el huevo dorado que es la pista para la próxima tarea del torneo. La Srta. Flor logró sacarlo del nido con una variante del encantamiento permutador bastante ingeniosa, pero lo perdió antes de alcanzar la salida del recinto. La Srta. Ranger intentó aplicar una combinación de múltiples Confundus y Somnus, después de aplicarse un encantamiento camaleón a sí misma. Pero la dragona se quedó dormida enroscada sobre su nido. Y el Sr. Westy enfureció de tal modo a su dragona con una maldición de Conjuntivitis, que achicharró todo el recinto. Sin esta pista, es imposible que los campeones puedan prepararse para la segunda prueba, pero solo tenemos una dragona más…

Fleur agitó levemente la cabeza, y murmuró con suavidad:

-Puegen poneg log tgegs guevogs…lo haggemos a lag vegz.

-Es justo.

Murmuró Krum. Madam Maxime asintió, y con cierta reticencia de Dumbledore, se acordó esa solución. La multitud gritaba, pero en cuanto entraron al recinto, los sonidos desaparecieron. La colacuerno estaba protegiendo su nido, y volvió sus recelosos ojos amarillos hacia la entrada, pese a que estaban aun semiocultos acechándoles con sus ojos amarillos, venteando y agitando la peligrosa cola. Una sorda mezcla entre gruñido y chorro de vapor brotaba de las temibles fauces y Evans lamentó profundamente el estrés que todo aquello estaba ocasionando a tan magnificas criaturas. La colacuerno insultaba muy coloridamente a los estúpidos que habían osado mover su nido a una ubicación tan absolutamente desprotegida, yerma e infestada de humanos. Desde el momento en que Charley Weasley apareció en la escuela, una de las pruebas quedó clara. Con su irregular elección, esa era al menos una estrategia que los tres involuntarios campeones habían discutido y perfeccionado para diferentes escenarios. Evans camufló sus olores y cualquier sonido, y procedieron a desilusionarse unos a otros. Krum comenzó con un Aguamenti, lanzando un potente chorro de agua por entre las piedras. Fleur aplicó una maldición Gemino, y Evans congeló parcialmente las borboteantes aguas que salían de todas las grietas, creando un torrente cubierto de caóticos témpanos de hielo que comenzaron a cubrir el recinto. La dragona ojeó con desconfianza la súbita inundación, removiéndose inquieta cuando el nivel comenzó a subir cada vez más rápidamente con la reiteración de los hechizos. Un oleaje que empezó a arrojar agua helada y fragmentos de hielo a una distancia demasiado próxima, y la dragona empezó a trasladar sus huevos a la parte más elevada del recinto. Ignorando los metálicos objetos entre su nidada, la dragona se acurrucó sobre el nuevo nido, tras calentarlo con un chorro de fuego, su cuerpo entre la fría masa de agua e hielo y sus preciosos huevos.

Con toda comodidad y avanzando por una plataforma de hielo surgida de un nuevo chorro inmediatamente congelado, tres figuras apenas visibles más que como reflejos de luz, alcanzaron los abandonados huevos de oro, los recogieron con rapidez dentro de sus vestimentas, haciéndolos desaparecer de la vista y regresaron a la puerta de entrada. Apenas cruzaron el límite, el clamor ensordecedor de la multitud le asaltó, acentuado por los exultantes comentarios de Bagman.

-¡Increíble señores! ¡Ha sido completamente IN-CRE-Í-BLE!

Los aplausos y los gritos eran atronadores y Bagman tuvo que emplearse a fondo para hacerse oir.

-¡Y ahora podemos tener la puntuación definitiva de los jueces!

Evans se giró y le vio venir entre la multitud, con un brillo en los ojos que bien valía todo el esfuerzo. Avanzando a su encuentro e ignorando llamadas y voces, Evans saltó impulsivamente a los brazos de Severus que tras darle un giro en el aire que le hizo reír, le atrapó entre ellos acomodándole posesivamente.

-Perfecto, ha sido perfecto.

Murmuraron los labios de Severus en su oído, antes de depositar un beso en el pliegue del cuello que hizo vacilar las rodillas de Evans con un leve jadeo. La llegada de Jacob rompió el encanto del momento, y Evans sonrió al jovial berseker que le hizo una floreada reverencia con un imaginario sombrero. Renesme le dio un palmetazo en la cabeza a su nada arrepentido compañero. Seth le hizo un gesto de victoria y Leha giñó un ojo. Pero hasta que sus padres no llegaron, Evans no se separó del cálido abrazo de Severus.

—¡Excelente! Creo que ninguno de los tres necesita de las atenciones médicas de Poppy y Seldom, pero el protocolo es el protocolo.

Exclamó jovialmente la profesora MacGonagall, añadiendo en tono más apagado:

-Creo que ya están terminando con Ron…

Con la escolta de su familia y los Malfoy manteniendo a raya a la histérica muchedumbre, llegaron a la tienda médica.

La usualmente dulce enfermera Pomfrey, que salía de detrás de una cortina afanada con una atiborrada bandeja parecía indignada.

—¡Dragones! ¡Ja! Un troll, dementores, y este año dragones... ¿Qué traerán al colegio el año que viene?

Tras dejar destempladamente la bandeja en una mesita, la enfermera ordenó con cierta brusquedad indicando una camilla:

-Siéntense un momento y déjenme verificar su estado.

La varita se agitó y la enfermera hizo diagnósticos básicos de sus tres nuevos pacientes, mientras desde detrás de la cortina se escuchaban lloriqueos y la voz de uno de los asistentes de Hilton, murmurando: "Deja que te ponga la pasta y espera que actúe Ron. No puedo darte más calmantes hasta que pase al menos una hora".

Con un suspiro aliviado, y alzando con cierta sorpresa una ceja Poppy murmuro tomando rápidas notas en sus fichas:

-Al menos ustedes tres no están heridos…Muy bien, vamos, fuera, fuera…solo necesitan un zumo o una bebida ligeramente azucarada para hidratarse.

Millicent se les unió a la salida, rebosante de orgullo y nervios. Firenze se habia acercado permitiendo que muchos de los Slytherins avanzaran en apretada piña detrás de él. Su presencia y la de su eterna escolta fueron suficientes para abrir la multitud a su paso. Durante casi veinte minutos la gente continuó esperando a que todos los campeones reaparecieran, mientras los tres que habían sido declarados sanos aguardaban en la tienda de los campeones con sus allegados. De alguna manera, Leha tropezó al salir de la tienda médica, unas manos callosas sujetándola por detrás por un brazo con fuerza. La joven se sorprendió, girándose parcialmente; y alzó la mirada, encontrando los ojos más azules que hubiera visto nunca. Pese a que estaba con los pies bien plantados en el suelo y aun frenada por las manos del desconocido, Leha sintió como si cayera por un precipicio. Sus ojos cafés se dilataron y una cierta sorpresa y confusión se reflejó en la mirada del otro. Con un carraspeo, Charlie Weasley terminó de erguirse por completo aun sujetando el antebrazo de la exótica chica y murmuró:

-¡Que me lleven los demonios! Pensé que eras un chico…con ese pelo…

Leha se estiró por completo, su busto marcándose bajo la tradicional túnica de gamuza y ladeó levemente la cabeza.

-… obviamente un error...

Murmuró el pelirrojo dedicando una mirada apreciativa a Leha. Tras un instante de pausa, tendió la mano esbozando una franca sonrisa.

-Encantado señorita. Soy Charlie Weasley.

-Leha Clearwather.

Aun estrechándole la mano, con un suspiro y dedicando una mirada de reojo a la tienda de primeros auxilios de la que la joven acababa de salir, Charlie añadió, rascándose levemente la nuca con la otra mano:

-Emhh…por casualidad… ¿no habrás visto ahí dentro al botarate de mi hermano Ron?

Leha denegó:

-No, pero le he oído…le exigía mas calmantes a uno de los sanadores. Bastante rudamente, por cierto.

Leha sonrió, dejando ver su blanca dentadura y agregó:

-Dentro hay una antesala…la enfermera no se molestará si esperamos ahí…

Charlie parpadeó, y tras mirar de nuevo la colorida lona murmuró, sonriendo a su vez:

-Supongo que…puedo esperar un poco más…

Y le ofreció el musculoso brazo a la joven nativa. Leha rio suavemente, aceptando abiertamente el galante gesto, una chispa de innegable delicia suavizando sus ojos.