Humo

La noche se llenaba de susurros.

En aquella habitación tan ordenada, con estantes que acomodaban y contenían libros; con un escritorio a un lado, sobre el que estaban depositados un par de audífonos y un reproductor, parecía extraño que un adolescente de preparatoria viviera en una habitación así, su madre varias veces le había agradecido por ser un hijo tan considerado y ahorrarle el trabajo de limpiar aquella alcoba…pero esas divagaciones no tenían importancia frente a lo que estaba sucediendo en la cama de aquel a quien llamaban "Tsukishima" aunque, a sus oídos, el "Tsukki" le gustaba más, pero le gustaba solo si ciertos labios lo pronunciaban.

El cuarto se sentía caliente, no, no caliente de sexualidad; caliente de comodidad. Una calidez que solo se encuentra con pocas personas y en pocas situaciones. Habían dejado las maletas a los pies de la cama, sobre el suelo. La puerta estaba asegurada, su familia estaría fuera, pero más valía tener precaución.

Estaban sentados sobre el colchón uno al lado del otro, uno movía sus pies nerviosamente y desviaba la mirada tanto como le fuera posible, el otro lo miraba de una manera que casi parecía gélida…pero él sabía que no podía mirar de esa manera a su "Tadashi" y mucho menos en un momento así, pero no era propio de Tsukishima mostrar muchos sentimientos o ser al menos un poco más expresivo.

—T-Tsukki…—los labios ajenos lograron articular luego de un pequeño lapso de tartamudeo inducido por los nervios. Por alguna razón a Tsukishima le gustaba verlo asi. —Te quiero…q-quiero decir, me gustas. — por fin logró articular Tadashi con un sonrojo tan fuerte en el rostro que Tsukishima no habría sabido si estaba escuchando esa declaración de Tadashi o de un tomate.

No atinó a responder nada, sus manos se levantaron y se posaron sobre los hombros de Yamaguchi el cual solo le dirigió una mirada de… ¿confusión? ¿felicidad?. No habría sabido decirlo, pero estaba seguro de que esa mirada le encantaba. Se acercó suave y lentamente al rostro del más bajo y con toda delicadeza rozó sus labios con los ajenos, Yamaguchi estaba tan nervioso que sus labios estaban apretados.

—Tsk. —Tsukishima se separó unos milímetros y miro a Yamaguchi a los ojos, como reprochando algo, lo volvió a intentar y se rozó con los labios del otro, que ya estaba menos tenso, sonrío un poco al sentirlo más relajado, pero algo más llamo su atención…sus labios, sabían a fresa y adoraba ese sabor.

«Más, más, más» decía el rubio para sus adentros y entonces empezó a besarlo de nuevo…suave, lento. Yamaguchi solo pudo dejarse llevar y relajarse un poco a cada beso, cuando el más alto lo empezó a recostar en la cama solo pudo cerrar los ojos y dejarse hacer.

Se recostaron los 2, uno frente al otro…se miraban, se dedicaban pequeñas sonrisitas, el silencio entonces reinó sobre la habitación pero solo duró unos minutos hasta que Yamaguchi decidió hablar primero.

—Yo siempre quise estar asi contigo, Tsukki. — Tsukishima entonces sintió una sensación en el estómago y un poco más abajo…eran como cosquilleos, si lo pusiera en términos melosos, diría que sentía "mariposas en el estómago". Se sentía feliz, estrechó a su "amigo" entre sus brazos, como si lo fuera a perder en cualquier instante y algo muy dentro de sí le decía que efectivamente ese momento no duraría por mucho.

De pronto pudo sentir como su Yamaguchi se esfumaba como el humo y como su habitación se caía a pedazos lentamente…cerró los ojos y de pronto estaba parado en medio de un páramo desierto, sentía ganas de llorar. Una gran campana resonaba a lo lejos.

Despertó agitado.

—Otro maldito sueño. —susurró para sí mientras dejaba que el sentimiento de vacío lo consumiera.