"Este fic participa en el minireto de octubre para "La Copa de las Casas 2014-15" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black."

Disclaimer: no, no soy ni seré J.K. Rowling, verdadera creadora de todo el potterverso.

Miedo: pnigofobia (a no poder respirar).

Palabras: 400 sin contar notas de autor (sí, lo sé, me encanta vivir al límite).


Cedric Diggory salió apresuradamente del agua, escuchando las risitas de Myrtle la Llorona más lejanas y amortiguadas de lo que hubiera sido normal.

Se apoyó en el lavamanos, olvidando su desnudez, olvidando el huevo de oro que había caído al fondo de la bañera, olvidando el Torneo, olvidándolo todo. En su cabeza se repetían una y otra vez las mismas palabras entonadas con ágil sensualidad. Voz de sirena. Voz de muerte.

Una hora. Tenía que permanecer una hora bajo la superficie del Lago Negro… o perdería algo realmente importante para él. Y ni siquiera era capaz de pensar qué podría ser. Su mente estaba obnubilada por conceptos más sombríos.

Agua. Agua rodeándolo por completo durante sesenta largos y difíciles minutos. No habría aire. En ningún sitio. No podría respirar.

Cerró los ojos, agobiado, sintiendo que el pulso se le disparaba, como siempre que esa misma situación se recreaba despiadadamente en su cruel imaginación, que le torturaba con imágenes aterradoras.

Jadeó. ¿Qué le ocurría? Estaba bien. En el baño de los prefectos… a salvo. ¿Qué iba mal entonces?

Estaba claro qué era lo que iba mal: el Lago Negro se resistía a abandonar sus pensamientos, regresando constante y persistente, acuciante como un torrente que se desborda, temible como una tormenta que estalla en mil pedazos.

Agitándose incapaz de controlar su propio cuerpo, Cedric dio con sus pálidas rodillas en el duro suelo, trémulo cual hoja a merced del viento.

No podía respirar. Inhalaba con todas sus fuerzas, pero el aire no pasaba, se negaba a entrar en su pecho, le abandonaba en su soledad y su pánico. Algo obstruía sus vías respiratorias. El agua lo llenaba todo, inundaba sus pulmones y los volvía inmensos y pesados. Su campo de visión se arrugó y oscureció en los bordes, y puntos inconexos de luz relampaguearon en un infinito inalcanzable. Se moría. Se moría porque el oxígeno había desaparecido de su mundo. La vida se le escapaba entre los dedos como ese aire que tanto necesitaba y que buscaba a tientas desesperadamente, sin saber que aquel era un final que tan solo ocurría en su mente.

Sus ojos se volvieron blancos un segundo antes de caer, vencido por completo.

Agotado y encadenado en su propia alma.

Muerto en silencio únicamente en los oscuros derroteros de las quimeras que tanto le aterraban.

Abatido por el eterno miedo que le condenaba. Miedo a no poder respirar.


Bueeeeno... Pues esto es lo que ha salido. No sé qué tal estará, pero desde luego, si puede ayudar a mi casa aunque sea un poco, estoy feliz de presentarlo. No sabía muy bien qué hacer con este miedo tan curioso, y al final esto es lo que me he sacado de la chistera. Es la primera vez que escribo sobre Cedric, por cierto... Así que sed clementes, jajaja.

¡Arriba, tejones!

"Familia, deber, honor."