-¡Demonios! ¡Ya para, mujer loca!

Con agilidad evadió los proyectiles y aseguró su persona detrás de una pared. Valientemente asomó su cabeza y vio a su mujer blandiendo una espátula hacia él. -¡Deberías hacerle caso a la perra de tu prima y largarte de una buena vez!

Rápidamente volvió a asomarse, -¡Oye, más respeto con Karin! Porque ella sol…. ¡Hey! ¡No, no, no HINATA!

-¡Eres un maldito embustero, un vil rastrero, nunca te perdonaré Uzumaki!

-¡Eso es una vil acusación, señora…! ¡OYE! ¡Casi me das en el ojo!

¡¿Qué rayos le pasaba a su esposa?!

Porque esta no era la tierna mujer con la que se casó hacía más de diez años.

Observó el desolador panorama; ollas, sartenes, platos y vasos rotos por doquier. Solo se salvaba una carísima fuente de vidrio, regalo de bodas de su amiga y compañera de trabajo Shion. Como si pudiera leerle la mente, la mirada de Hinata siguió la suya.

Últimamente a su mujer no le estaba fallando el pulso y si esa pesada fuente le atinaba, tal vez podría cumplir el recién descubierto sueño de la señora Uzumaki de matarle.

-Ay, no. V-Vamos Hina, es una fuente muy bonita. No vayas a arruinarla por un estúpido como yo. Es tu favorita, te la dio Shion ¿Recuerdas? Fue un gesto muy..

-¡¿Tienes el descaro de mencionar el nombre de esa mujer delante de mis narices?! ¡Eres un cínico, sinvergüenza! ¡Já, pues espero que sientas cuánto me gusta esta fuente!

Y antes de que todo oscureciera solo pudo divisar el borrón de la figura de Hinata corriendo hacia la puerta.

….

Estaba sola, desarreglada y vuelta un mar de lágrimas. Solo tenía dos mil yenes en los bolsillos y escasamente le alcanzaría para un almuerzo decente. Se regañó por su inconciencia al recordar que comía ahora por dos. Tocó su vientre y las lágrimas se derramaron con más fuerza. ¿Qué haría ahora?

Hasta hace unos días todo iba bien, perfecto. Esa misma semana se había enterado que estaba embarazada de tres meses, y había llorado como una niña. Les había tomado dos horas completas a las enfermeras de turno en calmarla y felicitarla por la noticia.

¡Iba a ser mamá!

Después de dos pérdidas Naruto y ella habían quedado desbastados y resignados a no tener más bebés, reconociendo que su cuerpo no estaba hecho para la maternidad. Los que habían sido frutos de sus primeros intentos, no alcanzaban hasta las pocas semanas. Pero ese bebé había sido concebido para ser parte de sus vidas. Fue totalmente inesperado enterarse la tarde anterior la causa de las llegadas tardes y desvelos de su marido.

Tenía una amante.

Y no cualquiera, sino la súper-modelo-empresaria-fotógrafa del momento, una tal Shion cuyo apellido no le interesaba recordar. Esa misma que fue a su boda. Esa que tuvo el descaro de presentarse en su hogar con sus clarísimos ojos lavanda llenos de pretensión y una arrogante sonrisilla en sus labios cincelados de bermellón.

Lo había confesado todo.

Ya tenía unas ligeras sospechas al detectar una noche de domingo el sensual olor de un Channel No. 5 en la camisa de trabajo de Naruto. Odiaba haberse dejado engañar con las patéticas excusas que le balbuceaba un rubio adormilado. Había sido tan ciega. No podía criar a su hijo o hija junto a un padre adúltero que ni siquiera tenía los pantalones para admitirlo, por mucho que lo amara. Ya estaba, iba a pedir el divorcio.

Su estómago protestó y por un momento le remordió la conciencia al imaginarse a Naruto inconsciente, tirado en su impoluto suelo de mármol. Despertaría con hambre, desorientado y aturdido. Cuando lo hiciera, ¿La buscaría? ¿Llamaría a la policía para que la encontrasen? O ¿Se reuniría con su amante en busca de consuelo entre sus níveos brazos, acariciando aquel sedoso cabello rubio platino?

Limpió sus lágrimas con brusquedad porque la avergonzó la forma en la que todos la quedaron mirando cuando una niña la señaló con su dedito y ojitos curiosos. Escabulléndose, decidió irse hacia un supermercado, cerca de la avenida Hashirama. Era enorme, casi dos mil hectáreas dispuestas a cubrir las necesidades de los consumidores. Llegó al pasillo de los enlatados y casi se pone a llorar cuando vio una bolsita de ramen instantáneo.

Eligió la sopa de la abuela Kaoru y se tomó un tiempo leyendo los componentes, pero en realidad tenía la mirada perdida en el paquete de ramen. Alguien la llamó y su corazón dio un salto en su pecho.

-¡Hinata, qué alegría verte!

Dio una vuelta y se encontró con su amiga Sakura.

-¡Sakura! ¿Cómo has estado? Hace tiempo que no hablamos.

-Sí, estuve muy atareada estas navidades, pero Mikoto-san fue un amor al ayudarme con los preparativos.

-¡Oh, qué alegría! Es bueno saber que Uchiha-san esté más saludable para su familia. Apropósito, ¿Cómo están ellos?

-De maravilla. Fugaku-san y Mikoto-san se fueron hace dos días en un crucero hacia las Bahamas, y les dolió mucho separarse de sus nietos. Especialmente con los gemelos.

-Ya veo.

Un niño conduciendo un carrito con otros tres dentro de el, llegó presentándose ante ellas con el porte de un general.

-Madre, ya tengo los tomates. Solo que Ryu y Dai quieren llevar más de la cuenta.

-Gracias, Ita-chan.-el muchachito se sonrojó y desvió la mirada. Sakura se dirigió a sus hijos menores.-Niños, no podemos. Solo lo justo y lo necesario. No quiero a su padre celando la nevera durante la madrugada por los tomates.

Los niños se resignaron.-Sí, madre. Pero, ¿Podemos llevar ositos de goma?

-Ah, muy bien. Itachi-chan, cuídalos y espérenme en el pasillo de los cereales.-Sakura se acercó y les besó las mejillas a sus tres hombrecitos, y la frente al niño que dormitaba en la sillita para bebés.

-Sí, señora.-educadamente se despidió de Hinata, que absorta contemplaba la escena familiar.

-Ahora sí, cuéntame. ¿Le has dicho?

-¿Q-Que? ¿Decir qué? ¿A quien?

-Hinata, no soy tonta. Estás embarazada. No puedes engañar a una mujer que tiene cuatro hijos y que va por su quinto embarazo. Además, vengo siguiéndote desde hace dos pasillos y te acariciabas el vientre como solo una mujer en este estado puede hacerlo.

-Vaya, me…descubriste. Enhorabuena, Saku. Ya van cinco, me sorprendes.

-S-sí, bueno un día Sasuke-kun y yo nos quedamos solos y..-se mordió el labio al ver como Hinata enrojecía.-¡Bueno, esa no es la cuestión! En fin, ¿Naruto lo sabe?

Hinata palideció y para su desgracia lágrimas cayeron como cascadas furiosas. Sakura agrandó los ojos y la auxilió.

-No. N-No puede s-saber-lo.

-¿Qué pasa, Hina?

-Él me engaña.

Y le confió todo a su amiga, en ese pasillo negligentemente limpiado, pero con cierto agradable olor a limón. Empezó por el principio, sobre sus retrasos en el período, y las horripilantes náuseas matutinas hasta los ácidos comentarios de Karin, las faltas de Naruto y la indeseable visita de Shion.

-¡Maldito sea! Oh, Hina. Ven a casa conmigo.

-Ay, Saku. Y-Yo no sé.

-Vamos, y allá me cuentas cómo fue que tardaste tres meses en darte cuenta de tu embarazo. ¡Qué despistada!

Hinata carcajeó un poco junto con su amiga. Ambas fueron a buscar a los niños para pagar e irse hacia el ornamentado domicilio Uchiha. Agradeció a Dios el no pasar sola esta situación, e internamente pidió el bienestar de su esposo.

FIN

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Mentiraaaaa, continuará pero no sé cuando. Si les gustó o no, depende de ustedes. Haganmelo saber mediante un review si valió la pena, o si al menos les pareció interesante, o les ayudó a matar el aburrimiento.