Resumen: Lana descubre por casualidad los fanfic y decide hacer una historia de SwanQueen. Jennifer descubre por casualidad los fanfic y decide empezar a leer historias de SwanQueen. El destino hará que lea el fic de Lana y le envíe un PM... ¿Se podrán juntar ambos mundos? Historia basada en MORRILLA y SWANQUEEN

Descargo responsabilidad: Ninguno de los personajes que aparezcan a lo largo de los capítulos me pertenecen, al igual que sus historias.

Nota de la autora: Creo que la vida privada de una persona es muy importante, por ese motivo todas las personas que no trabajen en Once Upon a Time, y que rodeen a las actrices Lana Parrilla y Jennifer Morrison serán inventadas, al igual que sus historias, y cualquier otro dato que se pueda divulgar en esta historia sobre dichas actrices.


CAPÍTULO 1: DESCUBRIENDO LOS FANFIC

La casualidad no es, ni puede ser más que una causa ignorada de un efecto desconocido.

(Voltaire)

13 de octubre de 2013 – En alguna cafetería perdida (Los Ángeles)

- ¿Lana?... ¡Lana!

- Si… si, perdón, lo siento – La voz de Lana se pudo escuchar envuelta entre el ruido de aquella cafetería tan pintoresca con decoración estilo Art Déco– Estaba absorta en mis pensamientos… ¿Qué decías?

- Te preguntaba qué harías después de la serie… Supongo que no durará más de una o dos temporada más – Martha, su amiga del colegio, siempre estaba pendiente de la morena. Incluso cuando la fama le sorprendió de repente hace dos años.

- No sé… Tengo varios proyectos sobre la mesa – Lana cogió la cucharita de su café y empezó a hacer un remolino dentro de él. Últimamente pensaba mucho sobre su futuro y sobre si este tenía una definición clara, pero lo único claro que tenía era que su vida pronto cambiaría y debía elegir bien su camino – Aunque…

- No te quedes callada… ¿Aunque?

- Llevo años metida en el mundo de la interpretación me gustaría probar algo nuevo…

- ¿Algo nuevo como qué? – Martha la miró expectante mientras se colocaba un mechón de su cabellera larga y pelirroja detrás de su oreja. A veces tenía la sensación de tener que sacar la información a Lana con sacacorchos.

- No sé... Había pensado… Tal vez… - Lana seguía mirando como la cucharita removía su cappuccino.

- Me duermo

- Había pensado intentar dirigir algo… o escribir algo… - Lana levantó su mirada perdida al mismo tiempo que decía esas palabras – Aún no lo tengo muy claro.

- Ya lo veo… Tus elocuentes palabras me lo habían indicado.

- Eres muy graciosa ¿Lo sabes?.. – El silencio se hizo entre aquellas mujeres durante unos segundos - Me gustaría por un tiempo alejarme de las pantallas. Aunque sé que ahora es el peor momento pues, como dicen en Hollywood, estoy en la pequeña cima de la televisión – Lana sonrió tristemente. Llevaba tanto tiempo deseando lo que le estaba pasando. Ser, de cierta manera, valorada por su trabajo, que ya había olvidado que la llevó a elegir ser actriz.

- Es fácil… No te alejes… Intenta llevar las dos cosas a la vez… - Los ojos marrones de Martha no dejaban de observar cada movimiento de Lana.

- No creo que sea tan fácil… Actuar me sale casi por instinto, pero escribir… Escribir es diferente… Nunca he escrito de seguido… Bueno sin contar en las redes sociales – Lana esbozó una tierna sonrisa.

- Por ese motivo… Sigue actuando, y aprovéchate de ser una magnifica actriz – El tono de Martha se volvió más pijo al decir este último apelativo. – Y en tu tiempo libre escribe… Ve entrenando… Poco a poco… Da algún curso o algo parecido.

- Me parece buena idea – Lana se dio cuenta que en la última mesa de la cafetería había dos chicas que no paraban de mirarla y reírse. Miró su reloj, e intentó adivinar cuánto tiempo pasaría hasta que le viniesen a pedir un autógrafo. No es que ella fuera creída, sino más bien lo miraba como una simple diversión para no agobiarse por estar siempre en el punto de mira de los demás. Se sentía observada a todas horas, y de esta manera esa sensación disminuía un poco. - ¿Y qué quieres que escriba?

- Historias… No te veo de periodista de noticias querida – Dijo Martha sacando la lengua.

- Muy bien… Las escribo y ¿Las dejo sobre mi escritorio? – Lana se colocó un poco el pelo - ¿Cómo se si serán buenas? ¿Me lo indicarás tú?

- Pero que dices… No tengo tiempo ni para leer mi horóscopo…. Lo mejor es que las publiques – Martha absorbió la última parte que le quedaba de su café.

- Llamo a un editor, y le digo: hola Soy Lana Parrilla, publícame esto porque tengo ganas de experimentar con mi vida… ¿En serio crees que las cosas funcionan así?

- Me refiero a publicarlo en internet, y saber qué tal escribes y cómo son tus historias.

- ¡Ah! – Lana decidió no hablar, ahora mismo se encontraba muy perdida. Podía tener conocimientos de muchas otras cosas, pero saber cómo publicar no era una de ella, aún estaba un poco pez, y sabía que su amiga en este sentido estaba muy avanzada, y sobre todo teniendo en cuenta que era publicista.

- ¿Te acuerdas cuándo estuve mala y tuve que quedarme en casa tres meses?

- Si… Fue una tortura para todos – Lana mostró su hermosa sonrisa al ver el ceño fruncido de su amiga.

- Pues después de leer mil libros, decidí que lo mejor sería engancharme a una serie

- ¿Qué serie?

- No es importante en esta historia

- ¿Qué serie? – Lana se rió aún más. Sabía muy bien que si su amiga no había especificado serie porque algo tenía que ocultar. Conocía esa evasión muy bien.

- Farscape… ¿Contenta?

- No… Hasta que no lo busque en internet y sepa qué narices es no estaré contenta. ¿Cómo se escribe?

- Como te decía… Me enganché a esa serie… Y empecé a buscar cosas de ellas para no aburrirme… En mi búsqueda encontré una página en la que la gente publicaba sus historias que hacían referencia a la serie pero que cambiaban el desarrollo de esta.

- No entiendo...– Lana estaba perdiendo el hilo de la conversación.

- De acuerdo… A ti te gusta la serie Friends… ¿No? – Lana afirmó con la cabeza - Y te hubiera gustado que Joey se hubiese liado con Phoebe ¿No?- Lana volvió a confirmar con la cabeza. – Pues en este sitio, basándote en cosas de la serie escribirías una historia sobre estos dos. Y la gente puede leer esta historia y comentar si le gusta o no.

- ¿En serio?… ¿Y a quién le gusta ese tipo de historias?

- A muchísimas personas… De todas formas, es solo para que escribas historias… Te desarrolles y la gente pueda opinar para que te ayude… Además, nadie te ve, es algo anónimo. Te puedes poner el nombre de un usuario.

- No lo veo yo muy claro- Lana terminó también su último trago de café.

- ¿Has leído 50 sombras de Grey? – Lana sintió cómo un calor de repente emanaba desde su interior. Sus mejillas se tornaron de un color rojizo. – Veo que si… Pues su autora lo había publicado antes cómo un fic.

- Me pierdo… ¿Qué es un fic?

- Lo que te estoy contando… ¿Me estas escuchando?.- El suspiro de Martha casi se oyó en toda la cafetería.

- Claro que sí… Pero antes me estabas hablando de historias y en un segundo me hablas de no sé qué fic… Y….Es la primera vez que oigo ese nombre.. ¿Fic?... ¿Qué es un fic?

- Está bien, está bien – Martha levantó las manos en señal de rendición - Viene de FanFiction…

- No sé si me convence la idea... – Lana puso cara de absoluta duda. Aquello no terminaba de convencerla.

- Está bien… Tú solo búscalo en internet e investiga… Déjate llevar un poco Lana... conociéndote como te conozco sé que te gustarán los Fanfic.

- De acuerdo, de acuerdo – Lana imitando a su amiga movió sus manos en señal de rendición. – Y ahora dime, ¿Qué tal van esos nervios? ¿Tienes ya el traje?

- Estoy nerviosa, encantada, asustada… - Martha sonrió cómo una niña pequeña ante un helado gigante – No puedo creer que solo falten tres meses.

- Me hace mucha ilusión que por fin hayáis tomado esa decisión… Carol y tú habéis pasado por mucho, y las dos os merecéis una pizca de felicidad – Lana acercó su mano y la depositó encima de la de Martha ofreciéndola una sonrisa tranquilizadora.

- Lo sé… Pero no puedo creerlo… Aún creo que vivo en un seño, un bonito sueño.

- Perdona Lana – Las dos chicas que antes estaban mirando se habían acercado hasta la mesa de las dos mujeres. Una de ella llevaba un boli y un lápiz que acercó a la vez que preguntaba con voz muy tímida - ¿Podrías firmarnos un autógrafo?

- Si claro – Lana retiró su mano de la de su amiga, cogió el bolígrafo y el papel, y esbozó una gran firma en él. Luego sonrió y devolvió ambos objetos. – Aquí tenéis.

Martha se había quedado mirando la escena sin inmutarse. Ya estaba acostumbrada a todo esto, y no le importaba en absoluto. Era parte inseparable de la fama de su amiga, y por lo tanto, también formaba parte de ellas cuando quedaban en un lugar público

Lana, dejó de mirar a las dos chicas y después dirigió su mirada al reloj. Cinco minutos habían tardado. Sonrió, y miró de nuevo a su amiga que se volvía a colocar un mechón detrás de la oreja.

- Y ahora… no escapas Señorita, cuéntame todo lo de la boda y dime en qué puedo ayudar

La conversación giró en torno a la boda los quince minutos restantes que estuvieron en el local, pero en la cabeza de Lana de vez en colaba la palabra Fanfiction. Así que se hizo una nota mental. Navegar por aquella página, y ver si merecía la pena llevar a cabo la idea que había tenido su mejor amiga.

15 de octubre de 2013 – Casa de los Morrison - Smith (Los Ángeles)

- ¿Qué haces?

- Leo

- ¿Qué lees?

- Nada interesante… Cosas – Jennifer no pudo estudiar el rubor que apareció en las mejillas de su sobrina, ya que estaba concentrado observando algunos cuadros de aquella habitación.

- ¿Y qué es ese nada interesante? – Volvió a mirar a su sobrina. Pero esta ya había controlado un poco la sensación que había aparecido segundos atrás debido a las preguntas de su tía.

- Realmente te aburres, ¿Verdad tía?

- No… Simplemente me preocupo por mi sobrina favorita – Dijo Jennifer con una gran sonrisa

- Soy tu sobrina favorita porque no tienes otra más. –Alexandra, que así se llamaba la sobrina de Jennifer, miró con expectación que contestaría su tía. Pues sabía muy bien que casi siempre tenía salidas ingeniosas. Por eso le encantaba que una vez a la semana les hiciese una visita.

- Una cosa no quita la otra – Jennifer sacó la lengua – Venga dime, ¿Qué lees?

- ¿Sabes que es muy extraño que un adulto se lo pase mejor con una niña de 13 años que con los demás adultos? – Alexandra había improvisado su propio despacho en la habitación dedicada a la lectura. Había cogido una mesa y la había puesto de tal forma que Jennifer no pudiese leer que estaba viendo en su ordenador portátil. Estaban una frente a la otra.

- No es que me lo pase mejor… Es que no quiero que tu padre me eche el sermón de todos las semanas…. Jen ¿Ya sabes qué harás después de esta serie? – Jennifer puso la voz más grave para imitar a su hermano – Jen, conozco a un amigo de mi trabajo qué está soltero… Jen…Bla...Bla

- Vale, vale – Alexandra interrumpió aquel discurso de su tía, aunque, en el fondo, le encantaba como esta imitaba a su padre en gestos y voz – Entonces ¿Por qué vienes a cenar si no te gusta que te dé el sermón?

- Porque mi nevera está vacía… Tiene anorexia… – Aclaró Jennifer con cara triste. Ciertamente, debido a los últimos días de rodaje no había podido ir a la compra, y tampoco le apetecía comer sola en algún restaurante de su barrio.

- Cuéntame cosas de la serie – La sonrisa pícara de Alexandra salió nada más pronunciar esa frase.

- Ha… ha… si tú no cuentas yo tampoco. – Jennifer cruzó los brazos imitando a un niño pequeño.

- Eso no vale… ¿Sabes lo popular que sería si supiese las cosas que pasaran en la serie?

- Alex… ¡Pon la mesa! – Una voz femenina que sonaba desde la sala de al lado interrumpió la conversación. Por los pelos, pensó Jennifer. Ya se estaba quedando un poco acorralada. Digamos que le costaba mucho negarse a su sobrina.

- ¡Ya voy mama! – Alexandra miró a su tía mientras se levantaba de la silla, y puso cara triste – El deber me llama… Vuelvo en tres minutos. – Alexandra minimizó la página de internet antes de salir, y entornó la pantalla del ordenador portátil unos centímetros antes de salir corriendo.

- Aquí te espero – Jennifer, que aún seguía, posó los codos encima de la mesa, y reposó su cara en la palma de sus manos. Observó como su sobrina salía rápidamente por la puerta, y sonrío. Parecía mentira que aquella niña castaña, no muy alta y de ojos verdes, fuera a cumplir la semana que viene 13 años. Un pensamiento pasó por su mente ¿Qué podía regalarle? Quizás una colección de libros. A ella le gustaba leer mucho. Pero ¿De qué tipo? Sin pensárselo dos veces se incorporó de su postura, y giró el ordenador de mano que estaba frente a ella. Abrió la pantalla del todo. No había ningún pdf, tan solo una página de internet minimizada. Así que decidió maximizarla. Era una página un tanto extraña en su formato. Miró la barra del navegador ¿ ? Nunca había hablado de esta página. Ojeó esta rápidamente, parecía el capítulo de alguna historia. Ya no le parecía tan extraña. En una lectura rápida divisó la palaba Belle, Gold y sexo. Volvía a considerar aquello una página rara ¿Qué era aquello? ¿Qué estaba leyendo su sobrina y por qué lo había ocultado con evasiones? Porque ciertamente, por muy tonta que se hiciera, su sobrina había disimulando antes cuando le había preguntado por su lectura.

Se trataba de los personajes de Once Upon a Time, pero no parecía el resumen de ningún capítulo. Siguió leyendo un poco más, no mucho más ya que un ruido del pasillo hizo que volviese a girar de nuevo el ordenador dejándolo como estaba minuto atrás. No apareció nadie pero su nombre se escuchó bien claro y bien fuerte indicándola que debía dirigirse también al comedor con el resto de la familia. Y así lo hizo. Se levantó y se dirigió al comedor.

Al llegar, vio que su sobrina aún seguía poniendo la mesa, aunque parecía que estaba a punto de terminar. Para no molestarla, se asomó sutilmente a la cocina. Y vio que su hermano y su cuñada estaban también ultimando la comida. Tampoco quiso interrumpir intentando salir sin hacer ruido, pero fue su hermano Thomas quien se dio cuenta de su presencia, siendo de esta manera el primero en hablar:

- Bueno. Bueno… Si Jen ha venido a ayudar. ¿Estás bien? ¿Tienes fiebre?

- Ha... ha… Muy gracioso, el sentido del humor debe heredarse– Jennifer dijo sonriendo – Pero que sepas que solo he venido a ver si estabais intentando meter veneno en mi comida

- Poco me falta.

- ¡Chicos! – Raquel Smith, la cuñada de Jennifer, interrumpió aquel pequeño pique entre hermanos – Id al comedor. En breve, saldrá el pollo.

- Te has librado de una buena – Susurró Thomas a su hermana, a la vez que dejaba el mandil colgado cerca de la puerta, y le indicaba a esta que era hora de salir en dirección al comedor. Conocía bastante bien a Raquel y sabía que faltaba menos de un minuto para que se pusiera histérica si veía más gente en la cocina.

Enseguida llegaron al comedor, ya que entre la cocina y esta habitación solo había un pasillo de dos metros. La casa no era muy grande. Pero si muy cómoda en su distribución.

Alexandra ya había terminado de colocar la mesa, y fue la primera en sentarse para esperar la comida. La segunda fue Jennifer, que se sitúo al lado de su sobrina. Posteriormente lo hizo Thomas que se sitúo enfrente de Alexandra. No pasaron muchos minutos hasta que Raquel apareció con un enorme pollo.

- Thomas, porfi, córtalo… Voy a ver si sigue dormido Adrian – Adrian era el hijo recién nacido de Thomas y de Raquel. Ya casi se habían olvidado de los cuidados que necesitaba un bebe. Y Jennifer que digamos no era de gran ayuda en este sentido. Según sus palabras, los bebes eran aburridos, no hacían nada más que comer y dormir.

- De acuerdo… Allá voy – Thomas cogió un cuchillo de trinchar y empezó a hacer tonterías con él como si fue un samurái. Alexandra y Jennifer no tardaron en soltar las primeras carcajadas.

- Como te vea mama, ella será la que te trinche a ti…. Con la comida no se juega.

- Muy graciosa, tu madre no haría eso… Pero, por si acaso, no le cuentes nada – La sonrisa cómplice de Thomas fue correspondida con la sonrisa cómplice de Alexandra – Por cierto, ¿Has traído la cuchara para servir la salsa?

- Ups… Se me olvidó – Alexandra hizo amago de levantarse, pero enseguida fue parada por su padre.

- No te preocupes… Ya voy yo

Thomas dejó depositado en la mesa el cuchillo de trinchar y el tenedor con el que se estaba intentando ayudar. Y se dirigió a la cocina dejando a la sobrina y a la tía solas en el comedor. Este momento fue aprovechado por Jennifer para intentar hablar con su sobrina. El texto que había leído antes en el improvisado despacho la había dejado un poco inquieta. No era que su sobrina de casi 13 años no pudiera leer ese tipo de lecturas; le preocupaba saber por qué la leía. ¿A qué edad empezaba ahora la sexualidad? ¿Ese tipo de texto tendría algún control? Un momento ¿Saldría también su personaje? El miedo empezó a invadir cada uno de sus sentidos. No había leído mucho antes, por lo que el desconocimiento le estaba haciendo imaginar miles de cosas, y ninguna de ellas era buena.

- Bueno… Al final no me has dicho que estaba leyendo – Jennifer preguntó como si se tratase de una pregunta casual, no meditada.

- Nada… Unos apuntes de clase. – Alexandra no levantó la cabeza ante esta respuesta, seguía mirando hacia la puerta.

- ¿Apuntes de clase? – Jennifer frunció el ceño, e intentó recordar cuando su sobrina le había mentido. Pero no encontró respuesta. Nunca había pillado una mentida de Alex, esta era la primera vez. ¿Por qué lo estaba haciendo? ¿Qué escondía aquel texto que no se podía contar?

- Sí, esas cosas que los profes suelen mandar, y que son un coñazo.

- Esa boca Alexandra – La voz de Raquel se hizo presente en el comedor.

- Lo siento mama – Alexandra se disculpó, y acto seguido se acercó un poco más a su tía y con un sutil susurro siguió hablando- A veces creo que mi madre es Dios… siempre está en todas partes.

La sonrisa de Jennifer no pudo ser disimulada, y por un breve momento se olvidó de la mentira, y de lo que su sobrina se traía entre manos. Pero este olvido no tardó mucho. Veinte minutos después, cuando ya habían comenzado la cena, y la escena en la mesa se había hecho más que rutinaria. Jennifer miró de reojo a su sobrina, y se hizo una nota mental, averiguar en casa qué era esa página Fanfiction en la que había aquel escrito subidito de tono, e investigar por qué su sobrina quería ocultarlo.


¿Continuará?

¿Qué os ha parecido este primer episodio? ¿Merece una continuación la historia? Espero vuestros comentarios.