-Un duende ha sido encontrado muerto -decía una voz conocida a través de la radio. Era Charlie Evans, quien se hacía llamar 'Cisne' (N/A: Es un juego de palabras, ya que 'Swan' en inglés significa 'cisne'. LOL. En fin xd) en 'Pottervigilancia', un programa de radio dirigido a la resistencia contra Voldemort, aquellos que creían en los gemelos Potter.- Sin embargo, se sabe que Dean Thomas, Ted Tonks y Dirk Cresswell siguen a la carrera junto a otro duende. No todo son buenas noticias, pues al asesinato del duende, se une el de una familia muggle de cinco miembros, que han sido encontrados con evidentes signos de magia oscura. Estaremos informando. Te devuelvo la conexión, Río.

Mientras la voz de Lee Jordan inundaba el interior de la tienda, Harry cerró los ojos, tratando de aislarse de ella, consciente del dolor en la cicatriz... y de la voz de Voldemort en su mente.

Conoces el conjuro, Harry...

La mano del chico pelinegro se cerró en torno al guardapelo que llevaba al cuello y la realidad comenzó a desvanecerse tras sus ojo. Apretó los dientes, tratando de aferrarse a un resquicio de cordura. Cada vez le dolía más la cicatriz, lo abrumaba pensar cuantas cosas desconocían; Lupin había tenido razón cuando les advirtió que se estaban enfrentando a una magia oscura inimaginable con la que nadie antes había tratado. ¿Por qué Dumbledore no les había dado más explicaciones? ¿Había creído que viviría más tiempo, que tenía años, décadas, quizá siglos, como su amigo Nicolas Flamel? Bueno, había estado equivocado: Snape se había encargado de ello; Snape, la serpiente dormida de Hogwarts, que se había abalanzado sobre su presa aquella noche en la torre...

Y Dumbledore se había precipitado al vacío, sin más, como una marioneta desmadejada...

-Dímelo. Dime donde está, Gregorovitch -Harry había hablado con una voz aguda, clara y fría.

El hombre frente a él era un anciano, estaba tirado en el suelo, parecía un juguete roto, y estaba blanco como el papel en contraste con la sangre que manchaba las decenas de cajas que le rodeaban. Varitas rodaban por el suelo. El cabello y la barba blanca le daban el aspecto de un Papá Noel algo desastroso.

-¡Ya no la tengo, me la robaron!

-No mientras a Lord Voldemort, Gregorovitch... él lo sabe. Él siempre lo sabe.

Las pupilas del viejo se dilataron más y más por el miedo y Harry se vio engullido por su negrura... y entonces estaba corriendo por un estrecho pasillo tras el robusto y bajito Gregorovitch. El hombre irrumpió en una habitación que parecía ser un antiguo taller y elevó la mano derecha, en la cual sostenía un farol antiguo de vela.

Un joven rubio estaba encaramado a la ventana como un pájaro gigantesco. Su atractivo rostro estaba encantado, lleno de puro gozo. Miró a Harry, sonriendo con socarronería, antes de desaparecer saltando ágilmente hacia atrás.

De nuevo, miraba a Gregorovitch.

-Él se la llevó... nunca la volví a ver -el viejo temblaba, su voz estaba llena de pánico.- Lo juro por mi vida.

El descendiente de Slytherin -no, lord Voldemort, él no era el Señor Tenebroso, era Harry- sonrió ligeramente, con burla.

-Te creo -y comenzó a levantar una pálida mano con la varita mientras Gregorovitch sollozaba.

-¡No sé su nombre, no lo sé! ¡NUNCA LO SUPE! ¡NO... POR FAVOR! ¡POR FAVOR!

Se oyó un grito que se prolongó y se prolongó y luego hubo un destello de luz verde...

El muchacho abrió los ojos, aturdido y horrorizado a partes iguales; alzó la vista y se encontró con Hermione, cuya espesa melena estaba recogida en un moño en la nuca, aunque algunos mechones sueltos de cabello se le escapaban. Su expresión era de preocupación.

-Pensé que había parado -susurró su amiga, mirándole de hito en hito. Echó un vistazo a Bella, sentada en el otro extremo del lugar, mirando sin ver nada realmente, sus ojos oscuros clavados en la nada, tal y como había hecho los últimos diez días desde que había despertado. Eso hacía que fuese ya casi mes y medio, casi dos, desde la boda de Bill y Fleur. Dos semanas desde la incursión al Ministerio. Dos semanas con aquel maldito horrocrux, y no habían conseguido nada.

Hermione menó la castaña cabeza mientras se dejaba caer al suelo frente a él.

-No podéis dejarle entrar, Harry.

Pero Harry no estaba para que le riñeran; Bella no parecía haber recibido aquella visión, y necesitaba contar a alguien lo que había visto.

-Quién-Tú-Sabes ha encontrado a Gregorovitch -replicó. La expresión de Hermione se llenó de desazón al oír aquello.- Él... quiere algo -Harry sintió un nudo en la garganta; las palabras se le atragantaban.- Algo que Gregorovitch tenía. No sé qué es... -se pasó una mano por el cabello azabache, consiguiendo que se pusiese aún más de punta.- Pero lo quiere, desesperadamente. Casi como... como si su vida dependiera de ello.

De nuevo, la radio subió de volumen mientras Ron trataba de seguir escuchando a la gente de la Orden. Harry se revolvió, dispuesto a ir y tirar el maldito cacharro al río.

-No -le chistó Hermione, frunciendo el ceño en dirección al chico Potter.- Le tranquiliza.

Harry la fulminó con la mirada, como si fuese culpa suya todo lo que estaba ocurriendo.

-Me pone de los nervios -le espetó con voz dura, escupiendo las palabras entre los dientes apretados.- ¿Qué espera oír, buenas noticias?

Hermione cerró los ojos un momento e inspiró hondo, tratando de controlar sus nervios.

-Creo que solo espera no oír malas noticias -reconvino Hermione con voz suave.

Harry se puso de pie y se acercó a ella, los ojos oscurecidos; su expresión, furiosa. Los tendones de los brazos le resaltaron en la pálida piel como si estuviesen esculpidos en piedra.

-¿¡Cuándo podrá moverse!? -la voz salió como si le estuviese reprochando algo.- Tengo que finalizar esto, por si no te has dado cuenta, ya que vosotros no lo hacéis.

Hermione le miró con expresión incrédula, claramente herida. Bella elevó la mirada y la vio. De repente, le recordaba a su amiguita de once años, una Hermione joven y solitaria sin amigos que se pasaba los días llorando. Sintió furia.

-¡NO ES SUFICIENTE! -rugió Harry.

Y, de repente, sintió un dolor en el pecho, un empujón y su hermana tenía los puños apretados alrededor del cuello de su camisa de cuadros.

-¡NO LA GRITES! -tronó Bella, su cabello rojo. La visión de Harry se tornó de color rojo, tan rojo como el pelo de su hermana.

-¡MIRA A QUIEN TENEMOS AQUÍ, LA NIÑA MIMADA! ¿¡QUÉ TAL SI VUELVES A ESA MESA Y HACES LO MISMO QUE LOS ÚLTIMOS DÍAS!? ES DECIR, NADA.

La varita de Bella quedó al descubierto; Harry la sacó también en un ágil movimiento.

-Quítatelo.

Hermione se había interpuesto entre ambos hermanos, delante de Bella, moviendo las manos por sus brazos, tratando de tranquilizarla, y miraba a Harry directamente. El pelinegro la miró sin expresión, aunque con los ojos brillando peligrosamente. La cara de Hermione se llenó de furia homicida, altamente autoritaria.

-¡HE DICHO QUE TE LO QUITES AHORA!

Harry se sacó de mala gana el horrocrux por la cabeza y se lo tiró a Hermione, que lo cogió al vuelo. Al instante, su expresión se llenó de vergüenza por todo lo que había dicho, por lo que casi había hecho... ¡Había estado a punto de atacar a Bella! ¡Y las había gritado a ambas!

-¿Mejor? -inquirió Hermione al ver su expresión. Harry asintió tímidamente, arrepentido.

-Mucho.

La chica Granger miró un momento a Bella, que tras una mirada de reproche a su hermano había vuelto a su posición junto a los troncos caídos en cuanto la situación se había calmado, y luego echó un vistazo al guardapelo en su mano y a Harry.

-Lo llevaremos por turnos -determinó la castaña antes de caminar hacía su mejor amiga, dejando a Harry solo, triste y confuso.

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Hermione hacía la primera guardia, sentada junto a una pequeña hoguerita. Aunque la parcelita de bosque estaba cubierta por numerosos hechizos protectores, era mejor prevenir que curar. Bella y Ron estaban dormidos, el segundo recuperándose de sus heridas aún, y la primera... nadie sabía qué pensar. Y Harry... Bueno, Harry escuchaba la radio, sintiendo sus ojos llenarse de lágrimas.

-Queríamos informar a todos vosotros -decía Fred con voz grave al otro lado del aparato- que el Doctor Carlisle Cullen está desaparecido. Repetimos, Doctor Carlisle Cullen. El médico de piel pálida, ojos dorados, cabello rubio, caballeroso y extremadamente guapo -continuó, añadiendo la última parte de forma innecesaria, aunque probablemente tratando de aligerar el ambiente- padre de la Elegida, alias Bella Potter, alias LilyBells, alias Chica Vampiro, alias 'Wildcat' o leona porque su patronus es una leona-

-Y ella es toda una fiera cuando se cabrea -añadió la voz de George.- Sus amigos fueron muy originales ¿verdad? -Su tono se llenó de burla hacia sí mismo, ya que ellos eran los artífices de aquellos motes.

-Bueno, el caso, mi querido Reidor, es que, aunque aprecio tus esfuerzos para aligerar el ambiente, su padre está DESAPARECIDO. Su esposa e hijos están terriblemente preocupados, y Bella quedará destrozada cuando lo sepa. Así que, por favor, si le veis, tratad de poneros en contacto con alguno de nosotros, amigos de los Potters. Aquí Rejón, informando de la pérdida del patriarca de la familia de nuestra pequeña Bella. Te devolvemos la conexión, Río.

-Deseamos toda la suerte a la familia Cullen. Y ahora más noticias: Severus Snape, el recién nombrado director de Hogwarts -al oír esto los puños de Harry se apretaron en torno al aparato de forma peligrosa. Decidió apagarlo antes de romperlo en miles de trozos, pero el cacharro infernal era complicado de narices- ha decretado que todos los estudiantes deben obedecer las últimas reglas de las casas impuestas por los Slytherin. Hogwarts en poco, o más bien nada, se parece a la escuela de magia que dirigió Dumbledore.

Para este punto, el chico Potter había sacado el mapa del Merodeador del bolsillo trasero de los jeans de Bella, que dormía con una expresión extraña en el rostro. No parecía muy relajada, era la cara de una lunática, pero Harry no tenía tiempo de pensar en ello. Desplegó el mapa y susurrando unas palabras, los corredores de Hogwarts y sus gentes aparecieron, moviéndose por el castillo como hormiguitas. El cartelito que ponía 'Severus Snape' iba de un lado a otro del antiguo despecho de Dumbledore. Harry sintió la sangre hervirle en las venas; la voz de Lee Jordan seguía resonando en la noche.

-El reinado de Snape es estricto conforme a los deseos del Señor Tenebroso y las infracciones son castigadas con dureza por los Mortífagos al cargo, empleando las Maldiciones Prohibidas con aquellos que se oponen a sus deseos.

Harry suspiró, cerrando los ojos y envidiando la bendita paz de espíritu de la gran mayoría de muggles, ignorantes de que todo aquello.

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Hermione había oído una rama romperse. Sabía que no debía, pero era su obligación comprobar que todo marchaba bien. Se levantó y se adentró en el bosque en dirección al sonido, caminando lentamente y sin hacer ruido, apenas atreviéndose a respirar.

De nuevo hubo otro ruido. Hermione abrió sus ojos color avellana como platos, aguantó las respiración y se quedó quieta como una estatua. Sumado a su palidez, habría hecho que pasase por un vampiro.

Un grupo de carroñeros eran los responsables del ruido. En primera línea, uno de ellos, ataviado con un abrigo de pieles y largo pelo oscuro, cargaba a una niña de unos doce o trece años. El cuerpecito parecía minúsculo y frágil en sus enormes brazos. Los ojos de Hermione se llenaron de lágrimas.

De repente, los magos se pararon. El que parecía ser el cabecilla oteó la zona.

-¿Qué ha sido eso? -volvió sobre sus pasos. La cazadora negra quedaba abierta sobre una camisa de botones anchos; llevaba el pelo negro y sucio recogido en una cola de caballo. Su rostro, anguloso, denotaba piedad. No había una sola pizca de misericordia. Se paró justo delante de Hermione, que contuvo un grito.- ¿A qué huele? -inspiró profundamente y la chica Granger rezó en silencio para que los encantamientos funcionasen como debían.

Hermione pudo volver a respirar cuando otro de los carroñeros dejó caer un cuerpo al suelo. Era un muchacho de pelo rubio y pálido y unos diecinueve años que Hermione reconoció por fotos que Angelina y Katie le habían enseñado; había jugado en el equipo de quidditch de Gryffindor con Wood y los demás. Eran mestizos. La otra chica debía de ser su hermana. Y en cuanto a sus padres... Un traidor a la sangre y una muggle. No era difícil de imaginar. Hermione se mordió los labios, tratando de no sollozar.

-¿Qué estás haciendo? -inquirió el jefe, el que estaba parado frente a Hermione, llamado Scabior.

-Pesa mucho -replicó el hombre con un encogimiento de hombros.

Scabior se alejó de ella y Hermione aprovechó para dar marcha atrás, presa del pánico.

-Oh, perdona -oyó que se burlaba Scabior.- ¿Quieres que lo lleve yo? ¡NO SEAS ESTÚPIDO! ¡RECÓGELO!

Scabior soltó una carcajada mientras se marchaban y Hermione sintió las piernas de gelatina. Esos pobres chicos, esa familia...

-Carroñeros -oyó que decía Harry a sus espaldas. Hermione se dio la vuelta para ver a su amigo.- Tus encantamientos funcionan.

Hermione parecía aún consternada. Estaba lívida.

-Lo ha olido... -susurró ahogadamente.- Mi p-perfume...

Y Harry no pudo hacer más que abrazarla.

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-Ya te lo he dicho -replicó Hermione, exasperada.- Ron no está tan fuerte como para aparecerse.

-Bueno, entonces, iremos a pie -reconvino Harry mientras continuaban andando hasta las tiendas. Ninguno de los dos se dio cuenta de la pelirroja cabeza de Ron asomándose y observándoles lleno de resentimiento.- Y la próxima vez, Hermione, aunque me encanta tu perfume, no lo uses.

El solo pensamiento de su mejor amigo y Hermione hizo que Ron se sintiese enfermo. No era difícil de imaginar lo que había ocurrido entre Harry y la chica Granger.

"Aunque me encanta tu perfume, no lo uses".

¿Qué pasa? ¿Le había molestado mientras la abrazaba, mientras la besaba? ¿Le había dado remordimiento de conciencia porque le recordaba al que usaba Ginny, su hermana? No solo le quitaba a la chica, sino que iba a romperle el corazón a su hermana. El rencor comenzó a asentarse en su estómago y sintió los celos bullir a través de él mientras el resentimiento se abría camino hacia su corazón. Y él no hizo nada para impedirlo.

En los siguientes días, siguieron su camino, a través de decenas de sitios diferentes, desde praderas verdes y extensas hasta un camping de caravanas que parecía más bien un cementerio de elefantes. Ron escuchaba la radio, rezando para que no saliera el nombre de ninguno de los miembros de su familia. Y, por primera vez, Harry también la escuchaba, por si había noticias de Carlisle.

La voz de Lee (Río) siempre decía lo mismo al principio: "La lista de magos desaparecidos que han sido confirmados".

Pero eso era lo único que permanecía igual. Cada día, los nombres eran diferentes. Cada día, Voldemort era más poderoso. Pero, sobre todo, cada día, más familias eran destrozadas.

Jason y Alison Denbright.

Bella, Jake, Charlie y Madge Farley.

Joe Laurie.

Eleanor Sarah Gibbs.

Harry y Bronwyn Trigg.

Robb y Ellie Dawson.

Georgia Clark-Day.

Joshua Flexon.

Irené Samuels.

George Coutas.

Gabriella y Emily Mather.

Jacob y Mimi Erland.

William y Brian Gallagher.

Las listas continuaban creciendo... y el resentimiento de Ron también, hasta el punto de que ya no lo ocultaba.

-No saben lo que están haciendo ¿verdad? -inquirió un día entre susurros a Hermione, yendo a ella a espaldas de los mellizos, quienes estaban cada día más y más separados el uno del otro.

-Ninguno lo sabemos -había respondido Hermione con lástima en su voz, mirando a Bella de refilón y sin percibir el tono de Ron.

Y más nombres se iban añadiendo.

Katie y James Killick.

Elsie Valentine Schroeder.

Piper Burgnam.

Jennifer Winston.

Tamsin y Lola Hillicker.

Scarlet and Kitti Sharp.

Bella abrió los ojos sintiendo un extraño impulso. Podía oír a Harry y Hermione hablando, pero sus palabras no importaban. A su lado, Ron estaba tumbado, de espaldas a ella, pero la joven bruja sabía que estaba despierto por la rigidez de sus músculos. Se levantó sin hacer ruido, descalza, avanzando como si fuera una sonámbula, y salió de la tienda aprovechando el descuido de sus amigos.

Se movía con rapidez sobre el suelo del bosque, aplastando ramitas bajo sus pies, vestida solo con un camisón que Hermione había insistido en darle. Tenía el pelo suelto sobre los hombros. Los huesos se le habían empezado a notar bajo la piel debido al peso perdido, pero a la luz de la luna, no se notaba: estaba recubierta por un baño de gris y plata. Parecía una de las novias de Drácula.

Se sentía mareada, confusa, con el cuerpo lleno de deseos incomprensibles. La bestía rugía.

-Hola, Bella.

Se congeló en el sitio. De entre los árboles, o más bien de la nada, salió Cedric Diggory, su mejor amigo. Llevaba el cabello despeinado sobre los ojos. Estaba un poco más alto. Debía ir por el metro ochenta, casi tanto como Edward. Tenía un poco de bello en la barbilla, aunque apenas se notaba. Sus ojos grises chispeaban como nubes de tormenta.

-¿Cedric? -Bella dio un paso atrás al verlo, su voz temblorosa.- ¿Qué haces aquí?

Cedric sonrió, tratando de infundir confianza a su vieja amiga, y a Bella el corazón le saltó en el pecho, comenzando a correr. ¿Era real? ¿O era otro sueño de su subconsciente?

El chico avanzó hasta colocarse a tan solo un par de metros de ella. Bella miró al suelo, tratando de ocultar sus manos, que se sacudían violentamente. Un sonrojo cubrió sus mejillas cuando sintió uno de los dedos de Cedric recorrer lentamente, de forma dulce, uno de sus pómulos. El contacto con su cálida piel le provocaba un hormigueo que comenzaba en la espina dorsal y se anidaba en su estómago en forma de mariposas.

Tenía que dar marcha atrás, tenía que volver. Pero ella no quería eso. ¿O sí? ¿Quería volver? ¿Tenía que hacerlo? ¿Por qué?

Edward. Esme. Carlisle.

Le sonaban aquellos nombres que susurraba su subconsciente, pero no sabía de qué.

Emmett, Jasper, Rosalie, Alice. Harry, Ron, Hermione.

Un pequeño recuerdo se filtró en su mente y ella trató de hacer un esfuerzo para resistirse a Cedric, a su hechizante belleza y su atractivo innegable.

Charlie. Sirius, Remus, Fred, George, Ginny, Tonks, Charlie, Bill, Fleur, Molly, Arthur.

Familia.

El entusiasmo al recordarles hizo que Bella abriese los ojos de per en par. El vínculo que la ataba a los Cullen y la Orden estaba de vuelta, limpio y puro como el día que se creó. Pero justo cuando estaba a punto de liberarse de las extrañas palpitaciones, de recuperarse a sí misma, la bestia volvió a colarse en su interior, tan rápido y tan fuerte que no pudo impedírselo.

El monstruo estaba despierto, exigiendo que le alimenten. El corazón de Isabella Potter palpitó de forma violenta y el collar que descansaba en el hueco de su cuello, aquel que Cedric les había regalado en la boda, palpitó con él. Su cuerpo comenzó a temblar... y todo dejó de tener importancia.

El antiguo Hufflepuff tenía gesto expectante y comedido, como si esperase algo.

-¿Cómo estás, Bella?

La chica se acercó a él sin vacilar. Sus labios susurraron el nombre de su amigo como momentos antes, solo que esta vez no había miedo, sino que estaba acariciando todas y cada una de las letras, y Cedric asintió con la cabeza, sonriendo ligeramente. Parecía estar orgulloso de sí mismo.

-Te ves un poco demacrada ¿no crees?

Bella miró su cuerpo escuálido y se sonrojó. Debería haberse puesto algo más provocativo, peinarse, incluso ponerse corrector para las ojeras. De nuevo, sintió la piel de Cedric contra la suya; uno de sus dedos estaba elevando su mentón.

-No importa, te pondrás bien -susurró. Parecía preocupado.- Además, para mí, eres perfecta.

Las manos de Cedric se cerraron en torno a sus antebrazos, pero ella no estaba asustada.

No podía apartar la vista del innegable amor y deseo en su mirada.

Ni impedir que sus brazos se extendieran hacia él.

Ni tampoco apartarse cuando los labios de Cedric encontraron los suyos, uniéndose tal y como debían deberlo hecho hacía años.

*LUMOS*

*Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas*

A quien todavía me lea: lo siento. Sé que no tengo perdón de Dios y que no hay nada que pueda justificar mi tan prologanda ausencia. Sin embargo, si que puedo explicarla. Me fui de FF un tiempo con muy mal sabor de boca tras enterarme de un plagio de una de mis historias y prometerme a mi misma que no subiría nada hasta que ese tema se solucionase. El problema vino cuando esa solución se prolongó en el tiempo; tardando meses en producirse, teniendo yo mis estudios de vuelta y habiéndome abandonado la inspiración por completo.

En fin. He vuelto, más vale tarde que nunca. Espero que algunos de vosotros sigáis acompañándome a lo largo de este mágico viaje; y si eres nuevo, bienvenido seas amigo o amiga.

Un abrazo,

Ceci.

*Travesura realizada*

*NOX*