HOLA!

Ayer bueno más bien en la madrugada subí el penúltimo capítulo de esta historia y como lo prometido es deuda (para los que no recuerden, dije que esta semana subiría el final del fic) les traigo el final de "A todos los chicos de los que me enamore"

No os pondré aquí un choro mareador porque sé que la mayoría se salta los mega discursos de los escritores y se van directo a lo que van "Leer la continuación XD"….prefiero poner mi discurso al final (Aunque tampoco sea leído u.u) vale.

Disclaimer; El título y la trama pertenecen a Jenny Han, Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto.

Disfruten la lectura.

Nota: Iseki-chan este capítulo está dedicado especialmente para ti…por tus largos y hermosos reviews que siempre me sacan una sonrisa… ¡disfrútalo!


Capítulo 13

Una carta de amor

Shion y Hana me recogen en el instituto. Me preguntan cómo ha ido el viaje, y si me quedé todo el tiempo en la pista de principiantes. Intento mostrarme animada; incluso me invento una historia sobre cómo bajé por la pista azul. En voz baja, Shion me pregunta:

— ¿Va todo bien?

Me siento flaquear. Shion siempre sabe cuándo estoy diciendo una mentira.

—Sí. Estoy cansada. Ino y yo nos quedamos hablando hasta tarde.

—Échate una siesta cuando lleguemos a casa— me aconseja. Me suena el móvil. Es un mensaje de Naruto.

¿Podemos hablar?

Apago el móvil.

—Creo que me pasaré las vacaciones de Navidad durmiendo— respondo.

Gracias a Dios y al niño Jesús por las vacaciones de Navidad. Al menos tendré diez días antes de regresar a clase y de enfrentarme a todo el mundo. O quizá no regrese nunca más. Quizá pueda convencer a papá para que me deje estudiar desde casa.

Cuando papá y Hana se van a la cama, Shion y yo envolvemos regalos en el salón. A la mitad, Shion decide que deberíamos celebrar la fiesta recital el día después de Navidad. Tenía la esperanza de que hubiese olvidado la fantástica idea de la fiesta, pero la memoria de Shion siempre ha sido infalible.

—Será una fiesta post Navidad y pre Año Nuevo— dice, haciendo un lazo en uno de los regalos de papá para Hana.

—Es muy justo de tiempo. No vendrá nadie— respondo, cortando con mucho cuidado un trozo de papel de envolver estampado con mecedoras en forma de caballito. Lo estoy haciendo con sumo cuidado: quiero guardar un poco para el fondo de página del libro de recortes de Shion, que ya está casi terminado.

— ¡Sí que vendrán! Hace años que no la celebramos. Antes venía un montón de gente— Shion se levanta y empieza a sacar libros de cocina de mamá y a colocarlos en una pila encima de la mesilla del café —No seas como el Grinch. Creo que deberíamos recuperar la tradición para Hana.

Corto un trozo de lazo verde. Puede que esta fiesta me ayude a distraerme.

—Busca el plato de pollo mediterráneo que preparaba mamá. Con la salsa de yogur y miel.

— ¡Sí! ¿Y te acuerdas de la salsa de caviar? A la gente le encantaba la salsa de caviar. También tenemos que prepararla. ¿Qué hacemos, pajitas de queso o bombas de queso?

—Bombas de queso.

Shion está tan entusiasmada con la fiesta que incluso en mi estado actual de autocompasión no se lo puedo reprochar.

Saca un boli y un papel de la cocina, y empieza a anotar cosas.

—Hemos dicho el pollo, la salsa de caviar, las bombas de queso, ponche... Podemos preparar galletas o brownies. Invitaremos a todos los vecinos: a Sumaru y a sus padres, a los Ama y a la señora Mei Terumi ¿A qué amigos quieres invitar? ¿A Ino?

Sacudo la cabeza.

—Ino va a visitar a su familia a Boca Ratón.

— ¿Y qué me dices de Naruto? Podría traer a su madre, y ¿no tiene un hermano pequeño?

Se nota que se está esforzando.

—Deja fuera a Naruto.

Se le arruga la frente y levanta la vista de la lista.

— ¿Ocurrió algo durante el viaje?

—No. No pasó nada— me apresuro a responder.

—Pues entonces ¿por qué no? Me gustaría conocerle mejor, Hinata.

—Creo que también se va de viaje.

Se nota que Shion no me cree, pero no insiste.

Envía las invitaciones por correo electrónico esa misma noche, y al momento recibe cinco confirmaciones. En los comentarios, la tía K. (que no es nuestra tía de verdad, sino una de las mejores amigas de mamá) escribe: «Shion, ¡estoy impaciente por oírte cantar con tu padre Baby, It's Cold Outside!». Otra tradición de la fiesta recital. Shion y papá cantan Baby,It's Cold Outside, y a mí siempre me toca cantar Santa Baby. Lo hacía tumbada sobre el piano con los zapatos de tacón de mamá y la estola de zorro de la abuela. Este año no pienso hacerlo. Ni loca.

Al día siguiente, cuando Shion intenta convencerme de que la acompañe a ella y a Hana a entregarles las cestas de galletas a los vecinos, me disculpo y digo que estoy cansada. Subo a mi habitación para hacer los últimos retoques en el álbum de recortes de Shion y escucho las canciones lentas de Dirty Dancing y no paro de comprobar el móvil para ver si Naruto me ha enviado otro mensaje. Naruto no me ha enviado nada, pero Sumaru sí.

Me he enterado de lo que pasó. ¿Estásbien?

¿Hasta Sumaru lo sabe? No va ni a nuestra clase. ¿Lo sabe todo el instituto? Respondo:

No es verdad.

Y él escribe:

No hace falta que lo digas. No lo he creído ni por un momento.

Hace que me entren ganas de llorar.

Shion y él se han visto una vez desde que regresó, pero no han hecho el viaje a Washington que mencionó Sumaru. Quizá sea mejor que arranque la página de Maru y Shion del álbum de recortes.

Me quedo despierta hasta tarde por si Naruto vuelve a escribir. Me digo a mí misma que, si Naruto llama o escribe esta noche, sabré que también piensa en mí y le perdonaré. Pero no escribe ni llama.

Hacia las tres de la madrugada tiro a la basura las notas de Naruto. Borro su foto de mi móvil; borro su número de teléfono. Pienso que si le borro lo suficiente, será como si nada de esto hubiese ocurrido, y no me dolerá tanto el corazón.


La mañana de Navidad, Hana nos despierta a todos cuando todavía está oscuro, una de las tradiciones de Hana, y papá prepara gofres, una de las tradiciones de papá. Sólo comemos gofres por Navidad porque todos estamos de acuerdo en que es un fastidio cargar con la gofrera y tener que limpiarla y volver a guardarla en lo alto del armario. De paso, esto hace que comer gofres sea algo especial.

Abrimos los regalos por turnos para que dure más. Yo le regalo una bufanda a Shion y el álbum de recortes, que le encanta. Lee atentamente todas las páginas, soltando exclamaciones sobre mis manualidades, maravillándose ante mi elección de fuentes y de retales de papel. Abrazándoselo al pecho, concluye:

—Es el regalo perfecto— y siento que toda la tensión y los malos sentimientos se evaporan. El regalo de Shion para mí es un jersey de lana de cachemira de color rosa pálido que ha comprado en Escocia. Me lo pruebo por encima del camisón y es suave y suntuoso.

El regalo de Shion para Hana es un kit de pintura con ceras pastel, acuarelas y rotuladores. Hana rompe a chillar como un cochinillo. A cambio, Hana le regala calcetines con monos estampados. Yo le regalo a Hana una nueva cesta para su bici y la granja de hormigas que me pidió hace meses, y Hana me da un libro sobre cómo hacer punto.

—Para que puedas mejorar— dice.

Las tres hemos colaborado en el regalo de papá, un grueso jersey escandinavo que hace que parezca un pescador noruego. Le va un poco grande, pero papá insiste en que le gusta así. Le regala a Shion un nuevo e-reader; a Hana, un casco con su nombre (Hanabi, no Hana), y a mí, un vale de regalo para Linden & White.

—Quería comprarte el relicario que tanto te gusta, pero ya no estaba. Aunque seguro que encuentras algo igual de bonito.

Me levanto de un salto y me lanzo a sus brazos. Podría ponerme a llorar.

Santa Claus, también conocido como papá, suele traer regalos tontos como sacos de carbón, pistolas de agua con tinta que desaparece, y también cosas prácticas como calcetines de deporte, tinta para la impresora y mi marca favorita de bolis. Supongo que Santa también compra en Costco.

Cuando terminamos de abrir los regalos, se nota que Hana está decepcionada de que no haya ningún cachorro, pero no dice nada. Le doy un abrazo y le susurró al oído:

—Siempre te quedará tu cumpleaños, el mes que viene— y Hana se limita a asentir. Papá va a la cocina a comprobar si la gofrera está caliente y entonces suena el timbre.

—Hana, ¿puedes abrir tú?— dice desde la cocina.

Hana va a abrir y, al cabo de unos segundos, oímos un chillido agudo. Shion y yo vamos corriendo a la puerta, y encima de la alfombrilla de la entrada hay una cesta con un cachorro de color caramelo con un lazo en torno al cuello. Las tres nos ponemos a saltar y a chillar.

Hana coge en brazos al cachorro y corre con él al salón, donde la está esperando papá, con una sonrisa de oreja a oreja.

— ¡Papá, papá, papá! ¡Gracias, gracias, gracias!— grita Hana.

Según papá, recogió al cachorro de la perrera hace dos noches, y nuestra vecina, la señorita Mei, lo ha estado escondiendo en su casa. Es un chico, por cierto. Lo descubrimos enseguida porque hace pis por todo el suelo de la cocina. Es una mezcla de wheaten terrier, y Hana declara que es mucho mejor que un akita o un pastor alemán.

—Siempre he querido un perro con flequillo— comento, y me lo abrazo a la mejilla.

— ¿Cómo lo llamaremos?— pregunta Shion. Todos miramos a Hana, quien se mordisquea el labio inferior con expresión pensativa.

—No sé— dice.

— ¿Qué tal Sandy?— sugiero.

—Poco original— se burla Hana.

— ¿Qué tal François? Podemos llamarlo Frankierespondo.

—No, gracias— dice Hana. Ladeando la cabeza, aventura—: ¿Qué tal Jamie?

Jamierepite papá —Me gusta. Shion asiente.

—Suena bien.

— ¿Cuál es su nombre completo?— pregunto, depositándolo en el suelo. Hana responde de inmediato:

Jamie Fox-Pickle, pero sólo lo llamaremos así cuando se porte mal— Hana da una palmada y dice con voz de arrullo — ¡Ven aquí, Jamie!

Y Jamie acude corriendo, meneando la cola como loco. Nunca la había visto tan feliz ni tan paciente. Dedica todo el día de Navidad a enseñarle trucos y a pasearlo. Los ojos le hacen chiribitas. Me hace desear volver a ser pequeña para que todo pueda solucionarse con un cachorro.

Sólo compruebo el móvil una vez para ver si Naruto ha llamado. No lo ha hecho.


La mañana de la fiesta, bajo la escalera a las diez pasadas, y los demás ya llevan horas trabajando. Shion es el chef y papá es su ayudante de cocina. Le tiene cortando cebollas y apio y lavando ollas.

—Hinata, necesito que limpies el baño de abajo y que friegues y ordenes el salón. Hana, tú te ocupas de la decoración.

— ¿Podemos desayunar primero?— pregunto yo.

—Sí, pero daos prisa— contesta mientras amasa las galletas.

—Yo ni siquiera quería celebrar la fiesta y ahora me tiene limpiando el lavabo. ¿Cómo es que te ha tocado el trabajo bueno?— le susurro a Hana.

—Porque soy la pequeña— contesta, y se sube al banco de la barra del desayuno. Shion se vuelve y dice:

— ¡Había que limpiar el baño de todos modos! Además, valdrá la pena. Hace mucho que no celebramos una fiesta recital. Papá, necesito que vayas pronto a la tienda. Necesitamos crema agria y una bolsa grande de hielo.

—A sus órdenes, mi capitán— se cuadra papá.

El único de nosotros al que no pone a trabajar es a Jamie Fox-Pickle, que está echándose una siesta bajo el árbol de Navidad.


Llevo una pajarita de cuadros escoceses con una blusa blanca y una falda tartán. Leí en un blog de moda que mezclar estampados de cuadros se lleva mucho. Voy a la habitación de Hana para suplicarle que me trence el pelo, pero cuando me ve, arruga los labios y dice:

—Eso no es muy atractivo. Frunzo el ceño.

— ¿Perdona? ¡No intentaba parecer atractiva! Intentaba parecer festiva.

—Bueno... pareces una camarera escocesa, o puede que un barman en un bar de Brooklyn.

— ¿Tú qué sabes de los bármanes de Brooklyn, Hanabi?— replico.

Me lanza una mirada fulminante.

— ¿Es que no ves la HBO, tonta?

Mmm. Parece que tendremos que poner algunas restricciones paternas en la tele. Hana va a mi armario y saca mi vestido rojo de punto con la falda de vuelo.

—Ponte éste. Es navideño, pero no te hace parecer un elfo.

—Vale, pero me pondré un broche de bastón de caramelo.

—Vale, ponte el broche. Pero déjate el pelo suelto. Sin trenzas— Le ofrezco mi mejor cara de pena, pero Hana sacude la cabeza —Te rizaré las puntas para darle un poco de volumen, pero nada de trenzas.

Enchufo el rizador y me siento en el suelo con Jamieen el regazo, y Hana se sienta en la cama y me divide el pelo en secciones. Enrolla el pelo en el rizador como una verdadera profesional.

— ¿Va a venir Sumaru a la fiesta?— me pregunta.

—No estoy segura.

— ¿Y Naruto?

—No viene.

— ¿Por qué no?

—No puede.


Shion está al piano tocando Blue Inotmas y nuestro antiguo profesor de piano, el señor Choi, está sentado a su lado cantando. Al otro lado de la habitación, papá les está enseñando nuestro nuevo cactus a los Ama del final de la calle, y Hana y Sumaru y algunos de los niños están intentando enseñar a Jamiea sentarse. Yo estoy sorbiendo un ginger ale de arándano y hablando con la tía K. de su divorcio cuando entra Naruto Uzumaki con un jersey de color verde, una camisa de vestir por debajo y con un bote en las manos. Casi me atraganto con el ponche.

Hana lo divisa a la vez que yo.

— ¡Has venido!— chilla.

Hana salta en sus brazos, y Naruto deja el bote de galletas en el suelo y la levanta en brazos. Cuando la suelta, le conduce de la mano a la mesa del bufet donde me dedico a reordenar la bandeja de galletas.

—Mira lo que ha traído Naruto— dice Hana dándole un empujoncito. Naruto me sonríe y me entrega el bote de galletas.

—Toma. Galletas de pastel de fruta preparadas por mi madre.

— ¿Qué haces aquí?— susurro en tono acusador.

—Hana me ha invitado— Señala con la cabeza a Hana, quien, casualmente, ha vuelto corriendo a su cachorro. Sumaru está de pie con el ceño fruncido —Tenemos que hablar.

Así que ahora quiere hablar. Demasiado tarde.

—No tenemos nada de qué hablar.

—Claro que sí. Hay mucho de qué hablar.

—Yo no tengo nada que hablar contigo— Hago el ademan de marcharme pero Naruto me coge del codo, intento desembarazarme de él, pero no me suelta. Me conduce hasta la cocina.

—Quiero que te inventes una excusa para Hana y te vayas. Y puedes llevarte tus galletas.

—Dime primero por qué estás tan cabreada conmigo.

— ¡Porque sí! ¡Todo el mundo dice que lo hicimos en el jacuzzi y que soy una zorra y a ti te da igual!

— ¡Les dije que no era verdad!

— ¿De verdad? ¿Les dijiste que sólo nos habíamos besado y que eso es lo único que hemos hecho?

Naruto titubea, así que continúo:

— ¿O dijiste: ""Tíos, no lo hicimos en el jacuzzi"", guiño, guiño, sonrisa autosuficiente?

Naruto me taladra con la mirada.

—Confía un poco en mí, Hinata.

— ¿Como? Si parece que todo esto te importa un comino

—Claro que no…por dios Hinata estás haciendo una tormenta en un vaso de agua.

Me quedo boquiabierta. Está diciendo que lo que están hablando de mí no es más que un simple chisme al que no debo tomarle importancia.

—Entonces que… ¿debo dejar que todo el mundo piense que soy una facilona que tiene reacciones en cualquier lugar?

Naruto no me responde.

—Yo no soy esa clase de chica Naruto, pensé que lo tenías bien claro.

—Lo se Hinata, pero escondiéndote como lo haces, lo único que estas generando es que todos piensen que es cierto.

— ¡Yo no me escondo! ¿Crees que es fácil? ¿Crees que solo con fingir que no pasa nada todo se arreglará? Tú no sabes nada de lo que estoy sintiendo, no lo sabes porque no te importa lo que pase conmigo.

—Estas equivocada. Por supuesto que me importas, por eso estoy aquí.

—Si te importara de verdad, más que tu estúpida reputación, hubieras desmentido a todos los que estaban diciendo esas cosas de mí…pero no lo hiciste, ni siquiera tuviste el tiempo para venir a buscarme en estos días.

—Vamos Hinata…solo por una vez confía en mi ¿quieres?

—Eres un montón de escoria, Uzumaki.

Me vuelvo de golpe. Ahí está Sumaru, en el umbral, lanzándole una mirada asesina a Naruto.

—Tú tienes la culpa de que estén diciendo toda esta mierda sobre Hinata— Sumaru sacude la cabeza, asqueado —Hinata nunca haría algo así.

—Baja la voz— susurro, y miro a un lado y a otro para comprobar que no nos oye nadie. No me puedo creer que esto esté pasando justo ahora. En la fiesta recital, con todas las personas a quienes conozco en la habitación de al lado.

A Naruto le tiembla la mandíbula.

—Sumaru, ésta es una conversación privada entre mi novia y yo. ¿Por qué no vas a jugar al World of Warcraft o algo así? O puede que echen una maratón de ElSeñorde los Anillosen la tele.

—Que te den, Uzumaki— dice Sumaru. Se me escapa un jadeo entrecortado —Hinata, de esto es de lo que he estado intentando protegerte. No es digno de ti. Sólo conseguirá hundirte.

A mi lado, Naruto se pone rígido.

— ¿Y tú sí?

—Por supuesto. Soy mejor que tú.

Miro de uno a otro. Naruto está molesto lo noto en su rostro y su mirada.

— ¡Supéralo de una vez! Ya no le gustas. Se ha acabado. Pasa página.

—No tienes ni idea de lo que hablas— dice Sumaru.

—Lo que tú digas, Samidare. Me dijo que intentaste besarla. Si lo vuelves a intentar, te partiré la cara.

—Adelante— dice Sumaru, y deja escapar una carcajada.

Me invade el pánico cuando Naruto camina con determinación hacia Sumaru. Naruto echa atrás el brazo.

— ¡Basta ya!

Entonces la veo. Shion, de pie detrás de Sumaru, la mano en la boca. La música de piano se ha detenido. El mundo ha dejado de girar porque Shion lo ha escuchado todo.

—No es cierto, ¿a qué no? Por favor, dime que no es cierto.

Abro y cierro la boca. No me hace falta decir nada porque ya lo sabe. Shion me conoce muy bien.

— ¿Cómo has podido?— pregunta, y le tiembla la voz. El sufrimiento que veo en su mirada hace que desee estar muerta. Nunca la había visto así.

—Shion— empieza Sumaru, pero Shion sacude la cabeza y retrocede.

—Fuera— le ordena, y se le está quebrando la voz. Entonces me mira —Eres mi hermana. La persona en la que más confío.

—Neko, espera.

Pero ya se ha ido. Oigo sus pasos escalera arriba, y cómo se cierra la puerta sin dar ningún portazo.

Entonces rompo a llorar.

—Lo siento mucho— se disculpa Sumaru —Todo esto es por mi culpa. Y se marcha por la puerta de atrás.

Naruto se dispone a abrazarme, pero le detengo.

— ¿Te importaría... te importaría irte?

Su expresión denota sorpresa y angustia al mismo tiempo.

—Sí, ya me voy— se resigna, y sale de la cocina.

Voy al baño que está al lado de la cocina y me siento en el retrete a llorar. Alguien llama a la puerta. Dejo de llorar y digo:

—Un momento.

Suena la voz jovial de la señora Ama:

— ¡Lo siento, cariño!— y la oigo alejarse taconeando.

Me pongo de pie y me mojo la cara con agua fría. Tengo los ojos rojos e hinchados. Mojo una toalla y me humedezco un poco la cara. Mi madre acostumbraba a hacerlo cuando me encontraba mal. Me ponía un trapo frío como el hielo en la frente y lo cambiaba por uno nuevo cuando ya no estaba frío. Ojalá mi madre estuviese aquí.

Cuando regreso a la fiesta, el señor Choi está sentado al piano, tocando HaveYourselfaMerry LittleInotmas, y la señorita Mei tiene a mi padre arrinconado en el sofá. Está bebiendo champán y tiene una expresión medio azorada en la cara. En cuanto me ve, papá salta del sofá y se me acerca.

—Gracias a Dios. ¿Dónde está Neko? Todavía no hemos interpretado nuestro número.

—No se encuentra bien.

—Iré a ver cómo está.

—Creo que prefiere estar sola.

Papá arruga el ceño.

— ¿Se ha peleado con Sumaru? He visto que se acaba de marchar.

Trago saliva.

—Puede ser. Iré a hablar con ella.

Me da una palmadita en el hombro.

—Eres una buena hermana, cariño.

—Gracias, papá— respondo con una sonrisa forzada.

Subo hasta la habitación de Shion. La puerta está cerrada con pestillo. Desde fuera pregunto:

— ¿Puedo entrar?

Sin respuesta.

—Por favor, Shion. Por favor, déjame que te lo explique...

Nada de nada.

Me siento delante de la puerta y empiezo a llorar. Mi hermana mayor sabe cómo hacerme daño mejor que nadie. Su silencio, que me haga el vacío, es el peor castigo que podría ocurrírsele.


Antes de que mamá muriese, Shion y yo éramos enemigas. Nos peleábamos a todas horas porque yo siempre rompía sus cosas, sus juegos, sus juguetes.

Shion tenía una muñeca que le encantaba que se llamaba Rochelle. Rochelle tenía una sedosa melena cobriza y llevaba gafas como Shion. Mamá y papá se la habían regalado el día en que cumplió siete años. Rochelle era la única muñeca de Shion. La adoraba. Yo le suplicaba que me dejase sostenerla, aunque sólo fuese un segundo, pero Shion siempre decía que no. En una ocasión, estaba resfriada, así que me quedé en casa en vez de ir a la escuela. Me colé en la habitación de Shion y cogí a Rochelle. Me pasé toda la tarde jugando con ella. Fingía que la muñeca y yo éramos amigas íntimas. Se me ocurrió que Rochelle no era muy guapa, y que sería más hermosa con un poco de pintalabios. Si la ponía más guapa, le estaría haciendo un favor a Shion. Saqué uno de los pintalabios del cajón del baño de mamá y se lo apliqué a Rochelle. Enseguida comprendí que había cometido un error. Había pintado por encima de la línea de sus labios, así que parecía un payaso en vez de una dama sofisticada. Intenté limpiar el pintalabios con pasta de dientes, pero sólo sirvió para que pareciese que tenía una enfermedad en los labios. Me escondí bajó las mantas hasta que Shion llegó a casa. Cuando descubrió en qué estado se encontraba Rochelle, oí a Shion soltar un chillido.

Después de la muerte de mamá, tuvimos que reorganizarnos. Todos teníamos papeles nuevos. Shion y yo ya no estábamos enfrentadas porque las dos comprendíamos que teníamos que cuidar de Hana.

—Cuidad de vuestra hermana— decía siempre mamá. Cuando estaba viva, lo hacíamos a regañadientes. Después de perderla, lo hicimos porque lo deseábamos.


Pasan los días, y nada. Evita mirarme, y sólo me dirige la palabra cuando es estrictamente necesario. Hana nos observa con gesto preocupado. Papá está desconcertado y nos pregunta qué ha ocurrido, pero no insiste en obtener respuesta.

Se ha levantado un muro entre las dos, y siento cómo se aleja más y más de mí. Se supone que las hermanas se pelean y después se reconcilian porque son hermanas, y una hermana siempre encuentra el camino de regreso a la otra. Pero lo que más me aterroriza es la perspectiva de que quizá no lo consigamos.

La nieve está cayendo en montones que parecen de algodón. El jardín está empezando a parecer un campo de algodón. Espero que nieve todo el día y toda la noche. Espero que haya una tormenta de nieve.

Llaman a la puerta de mi habitación. Levanto la cabeza de la almohada.

—Adelante.

Mi padre entra y se sienta al escritorio.

—Tenemos que hablar — dice, rascándose la barbilla como hace siempre que se siente incómodo.

Me da un vuelco el estómago. Me incorporo y me abrazo las rodillas.

— ¿Shion te lo ha contado?

Mi padre se aclara la garganta.

No puedo ni mirarle.

—Sí. Esto resulta muy embarazoso. No tuve que hacer nada de esto con Shion, así que...— Papá vuelve a aclararse la garganta —Cabría esperar que se me diese mejor, teniendo en cuenta que soy un profesional de la salud. Sólo te diré que creo que eres demasiado joven para tener relaciones sexuales, Hinata. No creo que estés preparada. ¿Cabe la posibilidad de que Naruto te presionara?

Siento que toda la sangre me sube a la cara.

—Papá, no nos acostamos.

Mi padre asiente, pero no me cree.

—Soy tu padre, así que, como es lógico, preferiría que esperases hasta que tuvieras cincuenta años— Carraspea una vez más —Quiero que tomes precauciones. Pediré cita con el doctor Danzou el lunes.

Empiezo a llorar.

— ¡No necesito ninguna cita porque no hice nada! ¡No tuve relaciones sexuales! Ni en el jacuzzi ni en ningún lado. Alguien se lo inventó. Tienes que creerme.

Mi padre tiene una expresión angustiada.

—Hinata, sé que no es fácil hablar de esto con tu padre, en vez de hacerlo con tu madre. Desearía que tu madre estuviese aquí para guiarnos.

—Yo también, porque ella me creería.

Lloro sin parar. Bastante tengo con que los desconocidos tengan mala opinión de mí, pero nunca me habría imaginado que mi padre y mi hermana se lo hubiesen creído.

—Lo siento— se disculpa mi padre, y me abraza —Lo siento. Te creo. Si me dices que no has tenido relaciones sexuales es que no las has tenido. No quiero que crezcas demasiado deprisa, ¿sabes? Cuando te miro, me pareces tan joven como Hana. Eres mi niñita, Hinata.

Me hundo en sus brazos. No hay lugar más seguro.

—Esto es un desastre. Tú ya no confías en mí, Naruto y yo hemos roto, y Shion me odia.

—Confío en ti. Claro que confío en ti. Y desde luego que te reconciliarás con Shion, igual que haces siempre. Estaba preocupada por ti, y por eso acudió a mí.

No lo estaba. Lo hizo por despecho. Ella tiene la culpa de que papá pensase eso de mí, aunque fuese sólo por un segundo.

Papá me levanta la barbilla y me seca las lágrimas de la cara.

—Naruto debe de gustarte mucho, ¿verdad?

—No. Quizá. No lo sé— sollozo.

—Te gusta no puedes negarlo, lo noto en tu mirada y en la de él también, el también te quiere.

—Ya no sé qué pensar.

Papá me coloca un mechón de pelo detrás de la oreja.

—Todo se arreglará.

Eso espero, es lo que me repito en mi mente, que todo esto se arregle porque no quiero vivir con este dolor el resto de mi vida. Esto no es lo que deseo para mí. Y sé que yo sola me lo he buscado, pero jamás pensé que algo así pudiera pasar.

Papa me abraza y yo me acurruco contra su pecho, ahora lo único que deseo es sentirme segura y protegida.


Existe un tipo específico de pelea que sólo puedes tener con tu hermana. Es el tipo de pelea durante la que dices cosas que no puedes retirar. Las dices porque no puedes evitarlo, porque estás tan enfadada que la furia te mana de los ojos y de la garganta; estás tan enfadada que no ves ni por dónde vas. Sólo ves sangre.

En cuanto papá se marcha y oigo que entra en su habitación para irse a dormir, irrumpo en la habitación de Shion sin llamar. Shion está en su escritorio con su portátil. Levanta la vista sorprendida.

Secándome los ojos, digo:

—Puedes enfadarte conmigo cuanto quieras, pero no tienes ningún derecho a hablar con papá a mis espaldas.

—No lo hice para vengarme— responde, con la voz tensa como la cuerda de un piano —Lo hice porque es evidente que no tienes ni idea de lo que estás haciendo y, si no tienes cuidado, acabarás convertida en una estadística adolescente— Con frialdad, como si hablase con un desconocido, prosigue —: Has cambiado, Hinata. Para serte sincera, ya ni te conozco.

— ¡No, definitivamente no me conoces si crees por un solo segundo que me acostaría con alguien en un viaje escolar! ¿En un jacuzzi, a plena vista de cualquiera que pasase por casualidad? ¡No me conoces en absoluto!— Y entonces juego el as que me he estado guardando en la manga —El hecho de que te hayas acostado con Sumaru no significa que yo me vaya a acostar con Naruto.

Shion se queda sin aliento.

—Baja la voz.

Me alegro de haberle hecho tanto daño como ella me ha hecho a mí.

—Ahora que papá está decepcionado conmigo, ya no podrá estarlo contigo, ¿verdad?— digo en voz bien alta.

Me doy la vuelta para regresar a mi habitación, pero Shion me sigue de cerca.

— ¡Vuelve aquí!— chilla.

— ¡No!— Intento cerrarle la puerta en la cara, pero la detiene con el pie — ¡Fuera!

Apoyo todo mi peso en la puerta, pero Shion es más fuerte que yo. Abre la puerta a la fuerza, y la cierra detrás de ella.

Avanza hacia mí y yo me limito a retroceder. Sus ojos tienen un brillo peligroso. Ahora es ella la que tiene la superioridad moral, y siento que empiezo a encogerme, a achicarme.

— ¿Cómo sabes que Sumaru y yo nos acostamos, Hinata? ¿Te lo contó él mientras os veíais a mis espaldas?

— ¡No nos veíamos a tus espaldas! No ocurrió así.

—Entonces ¿cómo ocurrió?— me apremia Shion. Se me escapa un sollozo.

—A mí me gustó primero. Me gustó todo el verano de antes de noveno. Pensé... pensé que yo también le gustaba. Pero un día dijiste que estabais saliendo, de modo que me lo callé. Le escribí una carta de despedida.

— ¿De verdad esperas que me compadezca de ti?

La expresión de Shion se retuerce en una mueca de desdén.

—No. Estoy intentando contarte lo que ocurrió. Dejó de gustarme, te lo juro. No volví a pensar en él de esa manera, pero entonces, después de que te marchases, me di cuenta de que en el fondo seguía sintiendo algo por él. Y entonces alguien envió mi carta y Sumaru lo descubrió, así que empecé a fingir que salía con Naruto...

Shion sacude la cabeza.

—Basta ya, no quiero oírlo. No sé ni de qué estás hablando.

—Sumaru y yo sólo nos besamos una vez. Una vez. Y fue un error terrible... ¡y ni siquiera quería hacerlo! Es a ti a la que quiere, no a mí.

— ¿Cómo voy a creerme nada de lo que digas de ahora en adelante?

—Porque es la verdad. No tienes ni idea del poder que ejerces sobre mí. De lo mucho que me importa tu opinión. Lo mucho que te admiro— me sincero, temblando.

El gesto de Shion se contrae. Está conteniendo las lágrimas.

— ¿Sabes lo que me decía siempre mamá? «Cuida de tus hermanas.» Y eso es lo que hice. Siempre intenté anteponeros a Hana y a ti. ¿Tienes idea de lo duro que ha sido estar tan lejos de vosotros? ¿Y de lo sola que me sentía? Lo único que quería era regresar a casa, pero no podía, porque tengo que ser fuerte. Tengo que... Tengo que ser un buen ejemplo. No puedo ser débil. Tengo que enseñaros a ser fuertes. Porque... porque mamá no está aquí para hacerlo— zanja Shion con respiración entrecortada.

Me brotan lágrimas de los ojos.

—Lo sé. No tienes que decírmelo, Neko. Sé lo mucho que haces por nosotras.

—Pero entonces me marché y parecía que ya no me necesitabais tanto como creía— Se le quiebra la voz —Os iba bien sin mí.

— ¡Sólo porque tú me enseñaste todo lo que sé!

Shion se desmorona.

—Lo siento. Lo siento mucho— sollozo.

—Te necesitaba, Hinata.

Shion da un paso adelante y yo otro, y caemos en brazos la una de la otra, llorando, y el alivio que siento es inconmensurable. Somos hermanas, y eso no lo cambiará nada de lo que ella o yo podamos decir o hacer.

Papá llama a la puerta.

— ¿Chicas? ¿Todo bien ahí dentro?

Intercambiamos miradas y decimos a la vez:

—Estamos bien, papá.


Es Nochevieja. Siempre la celebramos en casa. Preparamos palomitas de maíz, bebemos sidra espumosa y, a medianoche, salimos al jardín y encendemos bengalas.

Unos amigos de Shion celebran una fiesta en la montaña y dijo que no iría, que prefería quedarse con nosotras, pero Hana y yo la obligamos a asistir. Espero que Sumaru vaya también, y que hablen, y que pase lo que tenga que pasar. Es Nochevieja. La noche en la que todo vuelve a comenzar.

Enviamos a papá a una fiesta que celebra alguien del hospital. Hana planchó su camisa favorita y yo escogí la corbata, y lo empujamos por la puerta. Creo que la abuela tiene razón: no es bueno estar solo.

— ¿Por qué sigues estando triste?— me pregunta Hana mientras sirvo las palomitas en un bol. Estamos en la cocina. Ella se sienta en un banco a la barra del desayuno con las piernas colgando. El cachorro está hecho un ovillo como si fuera un ciempiés debajo del banco, y mira a Hana con ojos esperanzados —Shion y tú os habéis reconciliado. ¿Por qué estás triste?

Estoy a punto de negar que no estoy triste, pero al final me limito a suspirar y reconozco:

—No lo sé.

Hana toma un puñado de palomitas y suelta unas cuantas en el suelo. Jamielas devora.

— ¿Cómo es que no lo sabes?

—Porque a veces estás triste y no sabes por qué. Hana ladea la cabeza.

— ¿Síndrome premenstrual?

Cuento los días que han pasado desde mi última regla.

—No. No es síndrome premenstrual. El hecho de que una chica esté triste no significa que tenga el síndrome premenstrual.

—Entonces ¿por qué?— insiste.

— ¡No lo sé! Quizá echo de menos a alguien.

— ¿Echas de menos a Naruto? ¿O a Sumaru?

—A Naruto— concluyo, después de vacilar un poco. A pesar de todo, a Naruto.

—Pues llámale.

—No puedo.

— ¿Por qué no?

No sé cómo responder. Todo esto es muy embarazoso, y quiero ser alguien a quien pueda admirar. Pero está esperando, con el ceño fruncido, y sé que debo contarle la verdad.

—Hana, todo fue de mentira. Nunca estuvimos juntos. Nunca le gusté.

— ¿Qué quieres decir con que fue de mentira?

—Empezó con las cartas. ¿Te acuerdas de la sombrerera que desapareció? Dentro tenía cartas, cartas que les escribí a los chicos que me gustaban. Se suponía que eran privadas, no pensaba enviarlas, pero alguien lo hizo y se montó un lío. Sumaru recibió una, y Naruto recibió otra, y me sentía tan humillada... Naruto y yo decidimos fingir que salíamos juntos para que yo pudiese guardar las apariencias ante Sumaru y Naruto pudiese poner celosa a su ex novia, y al final todo se salió de control.

Hana se está mordisqueando el labio, nerviosa.

—Hinata... Si te digo algo, ¿me prometes que no te enfadarás?

— ¿Qué es? Dímelo y ya está.

—Promételo primero.

—Vale, te prometo que no me enfadaré— Siento un cosquilleo por la columna.

—Las cartas las envié yo— dice Hana a toda prisa.

— ¡¿Qué?!— chillo.

— ¡Me has prometido que no te ibas a enfadar!

— ¡¿Qué?!— Chillo otra vez, pero no tan alto —Hana, ¿cómo pudiste hacerme esto a mí?

Hana deja caer la cabeza.

—Porque estaba enfadada contigo. Te estabas burlando de mí porque me gustaba Sumaru; dijiste que iba a bautizar a mi perro con su nombre. Estaba muy enfadada contigo. Así que mientras dormías...me colé en tu habitación y te robé la sombrerera y leí todas las cartas y las envié. Me arrepentí enseguida, pero ya era demasiado tarde.

— ¿Cómo sabías lo de las cartas?

Hana entorna los ojos.

—Porque a veces husmeo entre tus cosas cuando no estás en casa.

Estoy a punto de chillarle un poco más, pero entonces me acuerdo de que leí la carta de Sumaru a Shion y me muerdo la lengua. Con toda la calma de la que soy capaz, digo:

— ¿Eres consciente de los problemas que has provocado? ¿Cómo puedes ser tan rencorosa?

—Lo siento— musita Hana. En la comisura de los ojos se le forman unas lágrimas regordetas, y una de ellas cae con un plaf, como si fuera una gota de lluvia.

Quiero abrazarla y consolarla, pero sigo enfadada.

—Está bien— digo, con un tono de voz que suena a exactamente lo contrario. Nada de esto habría ocurrido si no hubiera enviado esas cartas.

Hana se levanta de un salto y corre escalera arriba. Lo más seguro es que haya subido a su habitación, a llorar en privado. Sé lo que debería hacer. Debería ir a consolarla, perdonarla de verdad. Ahora me toca a mí dar buen ejemplo. La buena hermana mayor.

Estoy a punto de subir cuando regresa corriendo a la cocina. Con mi sombrerera en las manos.


Cuando sólo estábamos Shion y yo, mi madre acostumbraba a comprarnos dos ejemplares de cada cosa, una azul para Shion y otra rosa para mí. La misma colcha, el mismo peluche o la misma cesta de Pascua, pero en dos colores distintos. Todo tenía que ser equitativo: teníamos la misma cantidad exacta de palitos de zanahoria o de patatas fritas o de canicas o de gomas de borrar con forma de magdalena. Excepto por el hecho de que yo siempre perdía mis gomas o devoraba mis palitos de zanahoria demasiado rápido, y le acababa pidiendo uno a Shion. A veces, mamá obligaba a Shion a compartir los suyos. Incluso por aquel entonces, yo comprendía que era injusto, que Shion no tenía por qué recibir una penalización por tomarse su tiempo para comer o por no perder sus gomas. Cuando nació Hana, mamá intentó seguir haciéndolo con azul, rosa y amarillo, pero era mucho más difícil encontrar el mismo objeto en tres colores diferentes. Además, nos llevábamos tantos años con Hana que ya no queríamos el mismo tipo de juguetes que ella.

Es posible que la sombrerera fuese el único regalo que mamá me hizo sólo a mí. No tuve que compartirlo: era mío y sólo mío.

Cuando lo abrí, esperaba encontrar un sombrero, quizá uno de paja con el ala flexible, o puede que una gorra, pero estaba vacío.

—Es para tus objetos especiales. Aquí puedes guardar tus cosas favoritas, las más valiosas y las más secretas— me dijo.

— ¿Cómo qué?

—Todo lo que quepa. Todo lo que quieras que sea tuyo y nada más que tuyo.


La barbilla puntiaguda de Hana tiembla cuando dice:

—Lo siento mucho, Hinata.

Cuando la veo, con la barbilla temblando, ya no puedo seguir enfadada. No puedo, ni siquiera un poco. Así que me acerco a ella y la abrazo con fuerza.

—No pasa nada— la disculpo, y Hana se hunde en mis brazos del alivio —Puedes quedarte con la caja. Guarda todos tus secretos dentro.

Hana niega con un gesto.

—No, es tuya. No la quiero. He guardado una cosa dentro para ti— dice, y me entrega la caja.

La abro y está llena de notas. Notas y más notas. Las notas de Naruto. Las notas de Naruto que tiré a la basura.

—Las encontré mientras vaciaba la papelera. Sólo he leído un par. Y las guardé porque sabía que eran importantes.

Acaricio una que Naruto dobló en forma de avión.

—Hana... Sabes que Naruto y yo no volveremos a estar juntos, ¿verdad?

Hana coge el bol de palomitas y me urge:

—Léelas.

Entonces se dirige al salón y enciende la tele. Cierro la sombrerera y me la llevo arriba.

En mi habitación, me siento en el suelo y las extiendo en torno a mí.

Muchas de las notas dicen cosas como:

Nos vemos en tu taquilla después de clase

Y

¿Me prestas tus apuntes de química de ayer?

Encuentro la de la telaraña de Halloween y me arranca una sonrisa. Otra dice

¿Hoy puedes ir en autobús? Quiero sorprender a Hana recogiéndola en la escuela para que pueda presumir del coche y de mí delante de sus amigos.

Gracias por acompañarme a la venta este fin de semana.

Conseguiste que el día fuese divertido.Te debo una.

¡No te olvides de traerme un yogur!

Me encantaron las bolitas de arroz ¿Cómo es que se llamaban? Bueno no importa, prepárame más ¿Si? Pero solo para mí.

Si preparas las estúpidas galletas de chocolate blanco y arándanos de Sumaru y no las mías de pastel de fruta, habremos terminado. Lo digo en serio

Me río en voz alta. Y entonces, las que leo y releo una y otra vez.

Hoy estás guapa.

Me gustas vestida de lila.

Me gusta cómo te vez cuando traes el cabello suelto

Nunca había recibido una carta de amor. Pero al leer sus notas de esta manera, una después de otra, siento que he recibido una. Es como... Es como si sólo hubiese existido Naruto. Como si todos los que vinieron antes que él, me hubiesen preparado para esto. Creo que ahora comprendo la diferencia entre querer a alguien de lejos y querer a alguien de cerca. Cuando los ves de cerca, ves su verdadero yo, pero también consigues ver tu verdadero tú. Y Naruto lo ve. Me ve y yo le veo a él.

El amor da miedo: cambia; puede desaparecer. Eso es parte del riesgo. No quiero seguir estando asustada. Quiero ser valiente, como Shion. Al fin y al cabo, casi es Año Nuevo.

Casi a medianoche, reúno a Hana, al cachorro y las bengalas. Nos ponemos los abrigos y obligo a Hana a ponerse un gorro.

— ¿Le ponemos un gorro a Jamie?— me pregunta.

—No lo necesita. Ya tiene un abrigo de pieles— le explico.

Hay docenas de estrellas; parecen gemas lejanas. Somos afortunadas de vivir cerca de las montañas. Te sientes más cerca de las estrellas. Del cielo.

Enciendo bengalas para las dos, y Hana empieza a bailar en círculos dibujando un anillo de fuego con la suya. Intenta convencer a Jamiepara que salte a través del círculo, pero Jamieno está por la labor. Sólo quiere hacer pis por el jardín. Es una suerte que tengamos una valla porque, de lo contrario, seguro que se haría pis por todo el vecindario.

Las luces de la habitación de Sumaru están encendidas. Le veo en la ventana justo cuando la abre y grita:

— ¡Las chicas Song!

— ¡¿Quieres encender una bengala?!— brama Hana.

—Quizá el año que viene— responde Sumaru. Le miro y agito mi bengala, y él sonríe y compartimos un momento perfecto.

De un modo u otro, Sumaru seguirá en nuestras vidas. Y estoy segura, de repente estoy tan segura de que todo es como debería ser, de que no debo temer el adiós, porque el adiós no tiene que ser para siempre.

Cuando estoy en mi habitación con mi camisón de franela, saco mi pluma especial y el papel de carta grueso y empiezo a escribir. No es una carta de despedida. Es una simple carta de amor. Mi primera carta de amor.

Querido Naruto...

Continuara…

.

.

.

.

.

"P.D Aun te amo"

Hinata no esperaba realmente caer ante Naruto. ¡Ella y Naruto solo estaban fingiendo! A excepción de algunas ocasiones en que no lo hacían.

Ahora Hinata está más confundida que nunca.

Pero cuando otro chico de su pasado, vuelve a su vida, los sentimientos que Hinata sentía por él, regresan.

¿Puede una chica estar enamorada de dos chicos a la vez?

El amor nunca es fácil, pero tal vez eso es parte del que lo hace tan increíble.


Tan Tan Tan Taaaaaannnnnn

A que nadie se esperaba un final así ¿Verdad? Sé que muchos se quedaron con un mal sabor de boca, otros tantos aún no se recuperan de la impresión y algunos otros están impacientes por leer la continuación (yo me considero del último grupo…me moriré si no sé qué pasara entre los protagonistas).

Espero de todo corazón que les haya gustado esta historia de principio a fin, que hayan amado a cada uno de sus personajes y todo lo que conlleva. Y bueno que más les puedo decir si no GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS, por su tiempo, por su dedicación, por sus palabras, tengo ganas de llorar y reír al mismo tiempo porque, he terminado una historia y eso me pone feliz pero no me gusta hacerlos esperar tanto tiempo por una continuación (Y me siento mal porque tengo un fic inconcluso u.u pero algún día lo terminare n.n) y pues como lo he venido diciendo desde hace varios capítulos atrás, aun no sé cuándo pueda tener en mi poder el libro pero tengan por seguro que este fic no se quedara asi! Como dijo Naruto-kun ¡Es una promesa! Y yo siempre cumplo mis promesas ¡De veras!

Estoy muy contenta por todos los reviews, favorites y followers que me habéis dejado a lo largo de todo el fic. Fueron mi motor para seguir adaptando esta historia, en verdad se los agradezco muchísimo.

Quiero agradecer los Favorites y Followers a:

1toquedecerezas-smitchie

Aithussa

Cami-shama

Carlo Uzumaki

Chibi-lady

Hanabi Inuzuka

Hina-Hinata Hyuga

Iseki Higuatari

Jnatan1395

Kaguya Moom

Meybell Clay

Mitchel-Love

Mizakinyan

Pau-0806

Uzumaki Tsuki-chan

Yanahi U.

Hanasho

Kei-chan123

Luz253

Nowoedsfornow

Orlando loaisiga tellez

Pychodelica20

Swetusagi-chan

Ariatne Namizake

Chamoos

Ligh hodel

Mare-1998

Nahi Shite

Nekiri-chan

SofiiiNa

Stella T. Whiteney

Y por supuesto los Reviews a:

Iseki Higuatari

Crayola94

Eluiska20

Lucy

Nahi Shite

Caro Uzumaki

Hinata Uzumaki

Orlando loaisiga tellez

Chamoos

Hina-Hinata Hyuga

Mare-1998

Ariatne Namizake

Uzumaki Tsuki-chan

Nova por siempre

Ako Nya

Mitchelove

Hydra Delphine

Elena

Nowordsfurnow

Vanie-chan

Chibik

Luz123

Carmen

Kei-chan123

Stella T. Whiteney

Galita-san

Cami-shama

Nota:Aun tengo reviews que contestar así que no se desanimen mis lectores os contestare a todos los reviews! Es lo menos que puedo hacer verdad.

Y también agradezco a todas las demás personas que dedicaron un poco de su tiempo en leer esta humilde historia.


Los amo a todos, y les deseo un bonito inicio de semana, que el NaruHina los acompañe y proteja hoy y siempre. Amen

Saludos a todos, y nos estamos leyendo (Tengo pensado hacer otra adaptación de un hermoso libro que me fascina…espérenlo n.n)

ATTE.

JANE