Haikyuu! Pertenece a Furudate Haruichi

Este capítulo puede contener spoilers de la situación actual en el manga.

Desmoronamiento

EPÍLOGO

El timbre sonó, dando comienzo a la parte más esperada del día. Recogió sus cosas a máxima velocidad, y salió atropelladamente de la clase, pidiendo algunas disculpas. Corrió por el pasillo y se dirigió a una de las clases vecinas, donde se colocó en la puerta soltando un fuerte grito, para llamar la atención de su compañero de equipo.

-¡KAGEYAMAA! –Gritó a todo pulmón, sin importarle que aún el profesor se encontrara en el aula.

El resto de sus compañeros se rieron, y Kageyama recogió sus cosas lo más rápido que pudo. Al llegar a la puerta agarró a Hinata por la capucha de su sudadera y lo arrastró de allí.

-¿No me puedes venir a buscar como una persona normal? –le increpó mientras lo soltaba y comenzaban a andar tranquilamente.

Hinata soltó una risilla y siguió andando a su lado, dando pequeños saltitos. El colocador lo miró de reojo, arqueando una de sus cejas. ¿Hinata solía estar siempre tan feliz? Vale, puede que sí. Pero aquello era exagerado.

-¿Se puede saber qué te pasa hoy? –preguntó, sin poder aguantarse más.

El pelirrojo inclinó la cabeza y le miró con cara de confusión. ¿Tan rara había sido su pregunta?

-Dentro de unas semanas vamos a Tokyo. ¿No te parece razón suficiente para dar saltos de alegría? –dijo de forma tan convincente, que Kageyama se quedó sin palabras en su sitio.

Unos minutos después de aquella conversación, el tan deseado entrenamiento de voleibol, comenzó. Todo el equipo estaba con el ánimo por las nubes, y la práctica resultó provechosa y gratificante para todos. Kageyama y Hinata estaban coordinados a la perfección y rara vez se les vio fallar un ataque. Por otro lado, los demás seguían entrenando, con gran esfuerzo, los nuevos ataques y combinaciones que usarían en Tokyo. Después de un par de horas, el entrenador les concedió un merecido descanso donde cada uno lo aprovechó del modo que más le convenía.

Hinata cogió su botellín de agua, sin dar antes un par de grandes tragos, y salir del gimnasio para respirar un poco de aire fresco.

Se sentó en las pequeñas escaleras de la entrada y miró al cielo, respirando profundamente.

-Con que ya han pasado dos meses, eh –se dijo a sí mismo.

-¿Qué haces aquí solo? –le preguntó una dulce voz.

Hinata se giró y observó como el albino se sentaba a su lado.

-¡Sugawara-san! –exclamó sorprendido. No habían tenido muchas oportunidades para hablar aquel día.

Suga le sonrió y dirigió la mirada hacia el mismo punto que Hinata.

-¿Estabas pensando otra vez en aquello? –Aunque hubieran pasado dos meses, sentía que aún no podían hablar de aquel tema con la suficiente libertad.

Hinata bajó la cabeza, empezando a jugar con su botellín. Quería decirle exactamente lo que pensaba, pero no encontraba las palabras correctas para explicarlo con claridad.

El pelirrojo arrebujó el ceño, pensando en el método más apropiado para formar aquella frase. No era muy bueno con ese tipo de cosas, así que continuó estrujándose el cerebro hasta que cayó rendido.

El colocador suplente soltó una risilla al ver la cara de Hinata, roja como un tomate, y una expresión de máxima concentración.

-A ver si puedo adivinarlo. Sientes que aún tu relación con Kageyama no es lo suficiente próxima, debido a lo que ocurrió hace dos meses –le dijo con total normalidad, como si le hubiese leído la mente.

Hinata chilló en su sitio, cayendo al suelo de culo mientras miraba a su superior con la cara roja.

-¡Ah! ¡Claro que no es eso! Estamos perfectamente, ¿No lo ves? –le dijo como si estuviera auto-convenciéndose de que lo que el albino le había dicho no era verdad.

-Oye, Hinata… -dijo Kageyama que acababa a aparecer por la puerta.

Hinata inmediatamente gritó, tirándole la botella a la cara. Que Kageyama consiguió coger en el aire.

-¿¡A qué ha venido eso, imbécil!? –le gritó, señalándole con la botella.

-Es tu culpa por aparecer de ese modo –le acusó. Levantándose del suelo mientras se sacudía sus pantalones cortos de deporte.

-¿¡Ah!?

Por suerte para ambos, Suga les dio dos pequeños golpes en la cabeza para que pararan. Se colocaron de rodillas en el suelo y el albino los miró con los brazos cruzados, esperando a que le dieran una explicación.

-¿A qué viene toda esta tensión entre vosotros dos?

El pelirrojo miró a otro lado haciendo aún un puchero con su boca. Y Kageyama miró hacia el lado contrario, manteniendo el ceño fruncido.

-Es culpa de Hinata, que anda tirando cosas a los demás.

Hinata se volvió a encarar a él, antes de que Suga les volviera a dar un golpe a cada uno.

-No lo volveré a preguntar, ¿Qué pasa aquí?

Ninguno respondió. Suga levantó una ceja, al observar el extraño comportamiento que sus juniors estaban mostrando. Las mejillas de ambos estaban rojas y no parecía que quisieran confesar nada. Así que, simplemente, les acarició el pelo a ambos y se fue hacia el gimnasio.

-Será mejor que lleguéis a un acuerdo para solucionarlo –les dijo, guiñando un ojo y desapareciendo finalmente de su campo de visión.

Ambos se quedaron en silencio un par de minutos más hasta que Kageyama se decidió a hablar.

-Hinata… ¿Tú estás preparado para intentarlo?

Hinata apretó sus puños y miró a la tierra.

-No lo sé. Por un lado no quiero que nuestra relación se quede estancada en besos y abrazos…, pero por otro lado tengo miedo de lo que pueda pasar si intentamos llegar más lejos…

Kageyama le tomó de la mano y lo juntó contra su cuerpo, abrazándolo. Sabía que era una situación complicada, a pesar de que esos dos meses hubieran servido a todo el mundo para olvidar lo ocurrido. A Hinata aún le quedaba una prueba más que superar. El único obstáculo en el que nadie podría ayudarles.

El moreno le acarició los rizos naranjas y susurró contra su oído.

-Si hemos llegado hasta aquí, ha sido gracias a que nos hemos arriesgado –Kageyama lo separó y lo miró a los ojos, para hacerle ver que sus palabras iban completamente en serio –Confía en mí.

Hinata lo observó atentamente, viendo la increíble seriedad con la que le había dicho que confiara en él. Le cogió la mano con la que le había tranquilizado antes, y la puso en su propia mejilla. Cerró los ojos y esperó el beso que Kageyama le dio en los labios.

-Intentémoslo –dijo por fin Hinata contra los labios de su compañero.

Kageyama quiso reanudar el beso, pero una voz procedente de la puerta, hizo que se parara en seco.

-Hey, vosotros dos. Ya os liareis cuando estéis solos. Hay que volver al entrenamiento –les soltó Tanaka sin leer la situación en absoluto.

Al moreno se le puso el rostro rojo como un tomate mientras que Hinata estallaba a risas al ver su reacción.

"Si puedes seguir adelante, sigue adelante"

Como era habitual, todos se reunieron en la pequeña tienda de su entrenador para comprar unos cuantos aperitivos y después despedirse, definitivamente. Suga que no se había dejado de preocupar por el revoltoso dúo de primero, los observaba sin que se dieran cuenta. Notando para su buena suerte, que las disputas y tensión entre ellos habían desaparecido.

Unos minutos después de las calurosas despedidas entre compañeros de equipo, cada uno continuó su camino. Kageyama y Hinata habían llegado al acuerdo de que irían a casa del más alto para arreglar las pequeñas secuelas que aún afloraban en su reciente relación.

No dijeron nada durante el camino, ni tampoco se miraron para comprobar la expresión que el otro estaba poniendo.

Al llegar a casa de Kageyama, éste le mando ir al salón mientras él preparaba un par de chocolates calientes, para lograr que la tensión disminuyera y Hinata se consiguiera relajar.

Ambos se sentaron uno al lado del otro en el sofá, sin llegar hacer contacto físico. Sabían que aquello iba a ser difícil; Kageyama estaba terriblemente nervioso y Hinata igual, aunque en este último se podía apreciar el miedo en su rostro.

-¿Estás seguro que quieres hacer esto? Estás temblando de miedo –le dijo Kageyama por fin, después de observar como cogía lentamente su taza y ésta se sacudía levemente en sus manos antes de llegar a sus labios.

Hinata dejó la taza en la mesa y colocó las manos en sus delgadas rodillas.

-Estoy aterrado. Pensaba que lo tenía completamente superado, pero aún puedo notar como algunos malos recuerdos vienen a mi mente cuando hablamos sobre este tema –el pelirrojo miró con unos ojos lastimeros a su colocador.

Kageyama lo miró pasivo, y dirigió su mano hacia la cabeza del pelirrojo. Hinata en un principio se asustó pensando que iba a hacer su típico agarre con el que algún día le dejaría calvo, pero no. En cuanto Kageyama tocó la cabeza de Shouyou, lo único que hizo fue acariciarle con cariño el pelo. Pocas veces sucedía esto –por no decir que era casi imposible-, así que Hinata lo miró con una ceja levantada y una cara de confusión terrible.

-¿Tienes fiebre o algo? –soltó el central, al notar lo extrañamente cariñoso que había empezado a ser –Me estás asustando.

Kageyama apretó sus dedos en la cabeza de Hinata, haciendo que éste le cogiera de las muñecas para que parara.

-¡Solo estoy haciendo que te relajes, idiota!

-Pues más bien parecía que ibas a matar a alguien –comentó, comenzando a reírse estúpidamente por su propio comentario.

Kageyama, inmediatamente, fue hacia él para intentar cogerlo, pero Hinata saltó del sofá y comenzaron a correr por la casa en una especie de burreo estúpido que Hinata había creado sin querer. El pelirrojo se reía a carcajadas mientras el moreno aún seguía con una cara de enfado. Y en algún momento de esa persecución, Hinata acabó acorralado contra una de las paredes del salón.

Kageyama colocó sus dos manos contra la pared, justo a los laterales de la cabeza de Hinata, para evitar que se escabullera.

El ambiente entre ellos había cambiado, radicalmente. Hinata jadeaba, intentando recuperar el aliento después de la carrera y Kageyama hacia lo mismo sin apartar la vista del rostro del pequeño.

Ambos podían sentir el aliento del otro en la cara. Solo podían mantenerse en silencio sin saber qué hacer, ninguno retrocedía ni se acercaba, solo continuaban con esas incesantes miradas que no decían anda, pero a la vez expresaban todo.

En aquellos instantes, Kageyama recordó las palabras que le dijo Sugawara antes de salir del vestuario. No os forcéis, es algo que tiene que salir de forma natural. Posiblemente, era a esto a lo que se refería, ninguno tenía la presión y la incomodidad anterior sobre sus hombros. Simplemente, se dejaban llevar por sus instintos.

Y el colocador fue el primero en percatarse de esto. Así que lentamente, casi con disimulo, se fue acercando a los labios de Hinata. Éste cerró los ojos y ambos labios chocaron en un beso que lentamente se fue haciendo más ardiente y húmedo. Hinata puso sus brazos alrededor del cuello de Kageyama y éste último agarró al pelirrojo por los muslos para hacer que quedara en el aire y así poder dirigirse a la habitación.

Hinata lo rodeó con las piernas y apoyó su mejilla en el hombro de Kageyama mientras subían lentamente las escaleras. El moreno podía sentir el ardiente aliento de Shouyou en su cuello, unos respigos le recorrieron de arriba abajo y acomodó más la posición de Hinata en sus brazos.

Al llegar a la habitación, el más alto dejó a su compañero en el suelo, continuando a una distancia donde ambos podían sentir el calor corporal del otro. Kageyama acunó su rostro con sus grandes manos, haciendo que le mirara fijamente a la cara.

-¿Sigues teniendo miedo? –preguntó casi con un susurró.

-Si –musitó Hinata.

-Voy a sustituir todos los recuerdos que tienes de aquel tipo. ¿Me has oído? Voy a hacer que todo ese miedo, se convierta en nuevas sensaciones que jamás olvidarás –le dijo mientras comenzaba a bajarle la cremallera de la chaqueta.

-Voy a hacer que el único recuerdo que se mantenga en tu mente, sea de nosotros dos –le dio un rápido beso en los labios.

Y la chaqueta lentamente se fue despegando del cuerpo de Hinata, cayendo al suelo. Kageyama hecho una última mirada al rostro de Shouyou antes de proseguir con la siguiente prenda.

-Eres la persona más increíble que he conocido. Gracias a ti pude darme cuenta de muchas de las cosas que me estaba perdiendo.

Fue bajando sus manos con delicadeza por los costados del pelirrojo, acariciando con el máximo cariño posible, antes de llegar a las costuras de la camiseta y empezar a levantarla suavemente de su torso. Hinata tembló un poco, pero Kageyama depositó otro beso en sus labios para tranquilizarlo. La camiseta se deslizó fuera del cuerpo de Hinata y el moreno la tiró en algún lado.

-En estos momentos eres la persona más importante de mi vida.

Las manos del colocador, fueron bajando por la blanca piel del más bajo, acariciando con sus yemas, la textura de la superficie. Esta vez Hinata no tembló.

Con cuidado, Kageyama fue dirigiendo el cuerpo de Hinata hasta la cama, donde ambos se tumbaron, quedando Hinata debajo de él.

En ningún momento, el pequeño apartó los ojos de los de Kageyama, tenía sus blancas mejillas de un parcial color carmín y sus ojos levemente entrecerrados. Su mente no podía pensar, solo sentir. Era completamente distinto a lo que tuvo que sufrir con Kai, en su mente aún no cabía la posibilidad de que la misma acción se pudiera sentir de forma tan distinta.

Kageyama le acarició el torso, empezando a dejar cortos besos en su cuello. Un escalofrió recorrió el cuerpo de Hinata al sentir en algunos puntos la ardiente lengua de Kageyama contra su piel. El chico iba bajando lentamente, dejando besos por toda la superficie.

-Kag… -le quería llamar, pero de su garganta solo pudieron salir suspiros, cuando el chico de ojos azules posó un suave beso en la parte inferior de su ombligo y empezaba a acariciar lentamente la cara interna de los muslos de Shouyou.

-Voy a bajarlos ¿vale? –le dijo, volviendo de nuevo a estar frente a frente.

Hinata tragó saliva y cerró los ojos mientras asentía.

Lentamente los pantalones cortos fueron recorriendo las cortas piernas de Hinata, desapareciendo finalmente.

Pero antes de que Kageyama pudiera hacer ningún movimiento más, Hinata se incorporó mientras lo abrazaba con fuerza. Tobio en un principio no supo cómo reaccionar, pero lentamente se dio cuenta de que no era la situación más indicada para exigir grandes esfuerzos a Hinata.

-Kageyama… prométeme que nuestra relación seguirá siendo igual o mejor a partir de ahora. Por favor –le rogó con un llanto en su voz –Estoy tan asustado ahora mismo que creo que me podría desmayar. Así que prométemelo. Por favor –le agarró con fuerza la camiseta mientras miraba a las sábanas de la cama.

Kageyama se sentó en la cama, colocando a Hinata justo encima de él, a horcajadas. Lo abrazó por la cintura, obligando a Hinata a poner sus dos manos sobre sus hombros.

-Yo te he dicho que eres la persona más importante para mí. Aunque me dejaras de hablar después de esto, yo seguiría queriéndote, idiota –aseveró, mirándole con el ceño fruncido como así aquellas palabras tuvieran que ser obvias a esas alturas.

El pelirrojo hizo un mohín y se colocó de forma más cómoda en las piernas de su compañero, acercando con valentía algo más sus caderas.

-Ya que decir cosas cursis no te queda bien, será mejor que me lo demuestres –los ojos caramelo del muchacho brillaron. Esa fue la señal que necesitaba Kageyama para terminar definitivamente lo que habían comenzado.

Kageyama lo agarró por el trasero, para tener una postura más cómoda mientras le miraba con una pícara sonrisa de lado. De repente, aquello se había convertido en una competición de miradas y caricias. Hinata lo miraba con un semblante frio y serio, el mismo que ponía cuando jugaban un partido. Aunque aquello fuera una situación difícil para él, no se iba a dejar manejar por Kageyama tan fácilmente. Agarró la camiseta de su colocador y comenzó a tirar de ella para quitársela, definitivamente.

-Tener miedo no va a hacer que hagas tú todo el trabajo. Yo también quiero hacer esto contigo ¿sabes? Yo también quiero divertirme. Soñar con esta situación nunca ha sido suficiente –espetó el pelirrojo en un tono que a Kageyama le pareció hasta seductor.

-Entonces no pasa nada porque te quite esto tan molesto ¿verdad? –le dijo metiendo las manos dentro de la ropa interior de su compañero.

Hinata sintió un escalofrió recorrer su espina dorsal, al notar las calientes manos del otro chico en aquella zona.

-¿Es una pregunta trampa? –preguntó dudoso mientras también apartaba lentamente la ropa que aún cubría la entrepierna de su compañero.

El apartar las telas que aun separaban sus pieles en aquella zona, hizo que ambos se estremecieran al tacto. Hinata podía notar la punta del miembro de su compañero en su propia entrada, lo que le hizo soltar un pequeño chillido mientras se abrazaba con fuerza a Kageyama.

-¿Cómo puedes estar ya así solo con besos, maldito pervertido? –le soltó Hinata contra su cuello.

-Yo creo que se debe a que alguien está demasiado sensible hoy –dijo esto último con burla, moviendo un poco su cadera.

Hinata se mordió el labio inferior para no gritar.

-¡Déjate de chorradas y hazlo ya! Por favor… -ordenó, levantando ligeramente su trasero para facilitar las cosas al otro chico.

-Escúchame. Mírame a la cara todo el rato. No quiero que pienses en lo que te hizo el tipo ese mientras estás conmigo ¿me has oído? –dictó, dándole un húmedo beso mientras introducía lentamente el primer dedo en el interior del más pequeño.

El central saltó en su sitio al notar la intrusión, temblando levemente contra los labios de Kageyama. Estaba listo para soportar lo que fuera y no se iba a dejar intimidar por aquellos recuerdos de nuevo.

La última vez que estuvo en una situación así, no experimentó la parte donde preparaban al pasivo para que no le doliese tanto. En cierto modo se extrañó por la sensación, pero luego comprendió que de este modo, las sensaciones que tendría serían muy distintas. Ese dolor tan desgarrador y constante se convertiría, posiblemente, en algo más placentero para él.

Al estar perdido en sus pensamientos, no se dio cuenta de cuando Kageyama introdujo ya su tercer dedo en él. Estaba tan concentrado en sus propios recuerdos que no se percató de los leves gemidos y jadeos que reproducía su boca contra la del otro chico.

¿Podía aquello ser verdad? ¿Estaba siendo tan increíble para su cuerpo que ni siquiera se percató de un posible dolor? En parte, se notaba que el moreno estaba siendo lo más cuidadoso posible, intentando no hacer movimientos bruscos, ni acciones muy precipitadas.

Le estaba gustando de verdad. Quería sentir más, necesitaba saber si aquella increíble sensación se podía amplificar y hacerle gritar verdaderamente de excitación.

-Hazlo. Métela –dijo casi suplicando mientras lo miraba con las mejillas completamente de color carmín y una boca entreabierta que dejaba salir algunos débiles jadeos.

Las mejillas de Kageyama también se tornaron de rojo al oír aquellas palabras de la boca de su novio. Y no lo dudó ni un segundo. Cogió a Hinata del mentón, obligándolo a que le mirara a la cara en todo momento, mientras que con la otra mano dirigía su propio miembro hacia la entrada, para empezar a introducirlo lentamente en el interior del chico.

Hinata lo rodeó por el cuello con sus brazos en cuanto notó la punta entrando en su interior, soltó un pequeño gemido y cayó contra Kageyama haciendo que sus frentes se juntaran y permanecieran el uno en el campo de visión del otro.

El moreno en cambio soltó un zumbido con la garganta, intentando aguantar las ganas de introducirla toda de golpe. La cara del muchacho le estaba provocando demasiado, según iba entrando más y más se podía notar como la expresión del pelirrojo iba cambiando; primero se mordía el labio y cerraba los ojos con fuerza. Y cuando ya toda longitud del colocador estuvo dentro de él se podía apreciar como unas débiles lágrimas salían de sus ojos, posiblemente, las que se había estado aguantando todo el rato.

Kageyama las secó con su dedo pulgar mientras acunaba la cara de Hinata con sus manos, para hacer que le mirara completamente a los ojos, pero sin separar aun sus frentes.

-Soy yo el que está ahora contigo ¿vale? Yo. Kageyama. Tu novio. No pienses en nada más –le susurró cariñosamente.

El pelirrojo abrió sus ojos después de conseguir relajarse un poco y lo miró con unos ojos cristalinos que brillaban como nunca por culpa de las lágrimas.

-Estoy bien. Estoy bien. Es solo… que eres increíble Kageyama. Es lo mismo, pero es tan diferente a la vez. Nunca pensé que fuera tan increíble hacerlo de esta forma –confesó con una voz más apagada de lo normal.

-¿Voy a empezar a moverme vale? Vas a tener que hacerlo tú también.

Empezó con movimientos suaves, lentos, pero que hacían resoplar al otro chico en todo momento. Lentamente, fue aumentando el ritmo, obligando a Hinata a acompasar también su cadera con la del moreno. Unos pequeños gemidos se podían oír salir de la garganta del más bajo, pequeños gemidos que intentaban ser silenciados, pero que cada vez se volvían más violentos y agudos.

Hinata estaba en éxtasis, sus ojos solo miraban a los azules de Kageyama, concentrándose únicamente en la increíble sensación que estaba experimentando su cuerpo. Unos gemidos roncos también escapaban de la garganta del colocador, jamás se habría imaginado que esa situación podría ocurrir de verdad, así que, casi sin pensarlo, aumentó el ritmo y fuerza de las estocadas, haciendo que Hinata gritara, literalmente, de placer al golpear su próstata. Lo que hizo que éste empezara involuntariamente a calmar el dolor que su propio miembro estaba empezando a tener. Esa imagen hizo que Kageyama se relamiera los labios y continuara hasta que su propia lujuria llenara el interior del muchacho. Ese estúpido de Kai tenía razón, los gritos de Hinata eran increíbles. Música para los oídos.

Poco después, Hinata se vino, cayendo junto al cuerpo de Kageyama en la cama.

Ambos respiraron con agitación durante unos segundos hasta que lograron tranquilizarse.

-Hinata, ¿estás bien?

El chico respiraba aun ajetreadamente mientras miraba al techo con los brazos extendidos.

-C-creo que ha sido… lo más increíble de mi vid… -no pudo terminar la frase porque un gran cuerpo lo rodeo, abrazándolo fuertemente.

Kageyama lo abrazó con todas sus fuerzas, con todo el cariño que pudo. Estaba realmente feliz, no podía explicar el sentimiento que recorría por su cuerpo en aquellos instantes. Solo podía juntarlo a su cuerpo para no dejarlo ir nunca.

-¿¡Kageyama!? ¡Me estás ahogando, suéltame! –gritaba contra el pecho del otro chico para intentar que le soltara. Se removía en sus brazos, sin resultado. Estaba demasiado cansado como para oponer resistencia a un simple abrazo.

-Menos mal… -murmuró Kageyama mientras acurrucaba la cabeza de Hinata en el hueco de su cuello.

-¿Kageyama?

-Esto significa que podremos hacerlo más veces ¿verdad? –preguntó casi emocionado, apretujando aún más al pelirrojo.

-N-no puedo respirar…. ¡Sí! Si podremos, suéltame me estás ahogando.

-¿Podre tocarte sin que tiembles de miedo? –Hinata arqueó una ceja ante la pregunta.

-No veo porque no.

Kageyama se separó finalmente de Hinata, dándose rápidamente la vuelta para frotarse los ojos. Hinata inclinó la cabeza, confuso. A veces no entendía para nada a ese chico. Y el tampoco encontraba las palabras correctas para ese momento, así que lo único que hizo fue usar sus instintos, como siempre hacia.

Abrazó a Kageyama por la espalda, juntando su mejilla con la de él.

-No sé a qué te refieres… pero haremos lo que todas las parejas ñoñas hacen ¿te parece?

Kageyama miró a otro lado con las mejillas levemente sonrojadas.

-Vale… idiota.

El pelirrojo sonrió ampliamente y se abalanzó completamente sobre Kageyama, echándose a reír sin parar.

-Te quiero, estúpido.

-Yo a ti también, idiota…

DESMORONAMIENTO. EPILOGO. FIN

Bueno aquí está el prometido Epilogo. No sé si os habrá gustado (posiblemente no lol). En estas notas solo quería deciros que me ha costado muchísimo hacer al Hinata de mi fic en esta situación, así que si algo veis que no os gusta no dudéis en decírmelo.

Y bueno.

Hasta aquí la aventura de Desmoronamiento. Ahora os toca a vosotros soñar por las noches las siguientes aventuras kagehina que vivirán estos dos idiotas.

Podéis matar Kai si queréis. Os lo permito.

En fin. Ha sido un placer teneros como lectores en este fanfic. Nos leemos