AVISO.

Esta historia comencé a escribirla en 2014, pero era bastante impuntual así que la terminé en el 2016.

Sea como sea, se nota en la narración que mi manera de escribir fue evolucionando. Por eso decidí reescribir los primeros capítulos, así además puedo corregirlos de algunas fallas ortográficas, mala argumentación y cosas por ese estilo.

Espero le den una oportunidad.


Yo hago lo mío y tú haces lo tuyo. No estoy en este mundo para llenar tus expectativas y no estás en este mundo para llenar las mías. Tú eres tú y yo soy yo. Y si por casualidad nos encontramos, es hermoso. Si no, no hay nada que hacer.


Era un viernes por la tarde, Pucca había salido de paseo con Ching. Ambas a sus 15 años lucían espectaculares, a sabiendas de eso, nadie podía entender, y en secreto hasta ellas mismas se recriminaban ¿por qué?, ¿por qué? Con tantos chicos tras ellas, con tantas posibilidades, solo tenían ojos para los quizá únicos que nunca las tomaría enserio, o podrían siquiera pensar en ellas como interés romántico.

Porque la verdad nada había cambiado, Abyo seguía siendo el mismo vanidoso y Garu aún rehuía de sus besos, ellas habían creído que para esta edad ya habrían logrado un avance, pero no. No era así, una parte de Pucca quería aceptar que eso nunca iba a pasar, pero la otra, la más fuerte, se rehusaba a creerlo.

Ambas chicas caminaban hacia el restaurante con paso decidido.

-Se está nublando, hay que apresurarnos Pucca- La pelinegra solo asintió.

-Hola chicas, los tíos se preocupaban porque no llegaban- les dijo Dada, este se había vuelto menos torpe, pero caía en la misma tendencia que ellas (eran cosas de familia), sólo que él por Ring Ring.

Ambas sonrieron, Ching le dijo que habían entrado a una tienda y eso las había demorado.

Luego Pucca y Ching se dirigieron a una mesa, su mesa preferida, ahí ya las esperaban Garu y Abyo. Se podía notar fácilmente que el único contento de verles era este último, pues Garu rodó los ojos al ver a Pucca, y esto la pelinegra no lo pasó desapercibido, pero ya que, así era siempre.

Ya una vez todos reunidos en la mesa, Abyo y Ching se encargaron de la conversación, después de todo, sea como sea, los cuatro no dejaban de ser amigos. Los otros dos por su parte solo podían asentir debido a aquel voto de silencio, que cada vez torturaba más a Pucca. En su momento llego Dada a tomar sus pedidos. Este anoto lo que Ching y Abyo querían, lo de Pucca ya lo sabía y Abyo dijo por Garu su orden.

-Bien chicos, vuelvo pronto

Ring Ring llegó al Chin Dooda con una gran entrada, de esas que ruegan por atención, de verdad la necesitaba su día no había sido bueno y estaba bastante irritable. Cuando volteó, Pucca ya estaba abrazando y atosigando a Garu, este ya tenía la cara morada por estar tan apretado. Rodó los ojos porque sólo le demostraba que nada cambiaba en esa aldea nunca (que era justo el motivo de su molestia). Exhaló con hastía y se acercó más a la mesa.

-¡Por favor! ¿podrías dejarlo? Siempre es la misma maldita cosa con todos ustedes en pueblo quieto. Pucca, comprende, has hecho esto ya por años, y sigue igual, ¿no tienes cabeza para entenderlo?- Había logrado captar la atención de todos en el restaurante, Pucca la miraba enfadada, pero aún con todo eso, se podía ver que sus palabras si le habían llegado, RR aún no tenía suficiente.

-Es obvio que lo cansas, solo hay que verlo para saber que no está, NI ESTUVO o estará alguna vez enamorado de ti. Tienes que desistir, incluso para mí, que no te estimo nada, es penoso verte arrastrarte por él- Ching y Abyo estaban a punto de objetar algo para defender a su amiga, mientras que esta, al menos en algo muy muy oculto en su corazón se comenzaba a preguntar si Ring Ring tendría razón, si era verdad que Garu y todos pensaban eso de ella, pero quería ignorar ese pensamiento, él no pensaba eso... ¿O sí?...

Muy oculto en su lugar Garu pensaba en las palabras de esa engreída, se llenó de rabia, pero lo atribuyo a Pucca y todo lo que hacía, según él llevaba años tratando de sacársela de encima y Ring Ring tenía razón, por más incómodo que fuera aceptarlo.

-Cállate princesa pelos azules, deja de decir esas tonterías y meterte en la vida de los demás- le dijo enfurecida Ching.

-No puedo creerlo, encima piensas que puedes hablar por Garu, tú, de todas las personas que hay en esta aldea, tú- siguió Abyo, incapaz de quedarse sin hacer nada.

-Tienes razón, cualquiera de la aldea ya se habrá dado cuenta.- dijo en seco. -Porque es cierto- Hizo una pausa, miro a los chicos con los que discutía y luego miro a Garu.

Un tanto conmocionado por toda la atención repentina hacia él, no supo muy bien que hacer, levemente empezó a asentir con la cabeza, pero luego, con toda determinación afirmó, dando a entender que sí, que en efecto eso era lo que él pensaba. Todos, incluyendo a Ring Ring estaban bastante impresionados, cualquiera habría creído qué si la aguanto todo ese tiempo sin ponerla en su lugar, en realidad no le molestaba tanto.

La mirada de Pucca y la suya se cruzaron por un instante, pudo ver las lágrimas que amenazaban con salir a raudales de sus ojos y casi podría decirse que se sintió fatal.

Cierto, Ring Ring fastidiaba a Pucca, pero también a los demás, y no era nunca con intenciones de herir de tal manera, sólo había llegado ahí, molesta, usando a todos para descargar su fastidio, y ahora de verdad se le había pasado la mano.

Jamás hubiese imaginado que la respuesta sería afirmativa, incluso se había arrepentido al instante de hacerla, preocupándose por quedar en ridículo. Pero si, Garu había aceptado que Pucca lo hartaba. Y al ver a la pobre niña a punto de desbordarse en lágrimas le partió el corazón.

Pucca no pudo más, se levantó de la mesa, sintiendo que hace mucho tiempo había perdido toda la dignidad y apenas se daba cuenta. En el tiempo que transcurrió desde que Garu dijo que sí, se puso a pensar rápidamente, y se dio cuenta de que entonces ya no tenía caso ese estúpido voto de silencio. Intento decirle algo a Garu, algo que lo hiciera sentir tan mal como ella se sentía, pero no pudo, la rabia y la decepción combinada con tantos años sin hablar aprisionaron a sus cuerdas vocales y costaba mucho articular un sonido. Así que solo se fue lo más rápido que pudo a su habitación.

Ching fue a seguirla, no sin antes fulminar con la mirada a Garu y Ring Ring.

Esta, solo quería irse. Vio a Dada, la miraba con decepción, había llegado lo suficientemente antes para enterarse de lo más importante. Suspiró y el le dio un último vistazo, esta vez fulminante, al haber hecho llorar de esa manera a su prima, era más de lo que podía soportar. A ella eso sólo la hizo sentirse peor.

Ring Ring desapareció, Dada entregó los pedidos a la mesa, no sin antes mandar una mirada asesina a Garu, luego solo se fue. Dejando a Abyo aún si entender que había sucedido y a Garu arrepentido, aún si no estaba dispuesto a demostrarlo.


La destruiste, le dejaste el corazón en pedazos. ¿Estás contento campeón?

Pucca corrió y en lo que le parecieron los segundos más eternos, llego a su habitación, al pasar por la cocina escondió el rostro, no quería que sus tíos la viesen llorar.

Una vez ahí, simplemente se dejó caer boca abajo en su cama, hundió su cabeza en la almohada y lloro, lloro sin reprimirse, saco todo lo que tenía dentro y más, lloro hasta que ya no le quedaban lágrimas, pero lo siguió haciendo. Porque había pasado más de la mitad de su vida persiguiendo a alguien que ya no la volvería a querer. Un amor que hasta ahora se daba cuenta de que era imposible. Porque había pasado tantas horas, tantos días persiguiendo a Garu, el gran Garu, su amigo Garu. Había empleado tanto tiempo y había dejado pasar tantas cosas, tantas oportunidades, se había perdido a sí misma, por él. Por Garu, quien la consideraba poco más que una molestia.

-P-Pucca, me dejas pasar- pregunto un tanto temerosa. Su amiga la había seguido hasta ahí, estaba dispuesta a forzar la puerta si era necesario, pero quería darle su espacio.

Como obviamente no podía recibir una respuesta, se disponía a girar la perilla, algo la detuvo, le había parecido escucharla, leve y un tanto ronca, pero dulce de todas formas, la adorable voz de Pucca. Eso debería ser imposible, aunque ese era el día de los sucesos. Estaba a punto de gritar.

-A-aa- adelante, pasa- Su voz en efecto sonaba ronca y era muy difícil de entender qué decía, porque aparte estaba llorando. Ching abrió, entro y cerró la puerta casi en el mismo segundo, entonces la miro completamente sorprendida y le dijo...

-¡Ahhh!- gritó con emoción. -Sólo escúchate, necesitábamos ya oír esa voz.

La chica solo soltó una leve risita por la reacción de su amiga, pero rápidamente volvió a decaer.

-Oh, Pucca- se acercó a ella y la abrazo -Tranquila amiga, sé que duele ahora, pero podrás superarlo, eres la persona más fuerte de toda Sooga. Y todos te adoramos, no estarás sola en esto.

-Tal vez tengas razón, Ching, pero yo... Yo- comenzó a hiperventilarse y estaba a punto de colapsar otra vez- Ching la abrazó más fuerte, y la dejo continuar, quería que se desahogara.

-Yo di todo por Garu, más de lo que debería, deje de hablar sólo para probarle algo, siempre estuve ahí cuando me necesitó, desde que llegó a la aldea me encargué de que fuera feliz, y a él no le importo, ¡me deshecho y ya!- Al parecer un ataque de furia le sobrevino.

-Anduve como estúpida detrás de él, nunca me enoje por todo lo que me hacía, me vengo a dar cuenta que soy el hazmereír de la aldea. Odio esto, ¿sabes? Yo siempre me repetía "no te preocupes, tu esfuerzo valdrá la pena, volverán a ser unidos, te volverá a querer, y más esta vez" ¡pero no! No sirvió de nada, todo fue una gran pérdida, él me ha lastimado, y me ha herido. Además gracias a él, no he hablado en más de seis años, ¿pero a él le importa? ¡No! Lo único que hay y siempre ha estado en su cabeza es su insana obsesión por el honor- le dijo esta vez sin reprimir su llanto.

Dada miraba Garu con ira reprimida desde años, ¿y así se decía honorable? ningún cretino de esa magnitud podía serlo de verdad, le había hecho un gran daño a su prima, eso lo sabía, y nadie hacia algo, y él seguía comiendo de su plato de fideos tan tranquilamente, aunque ya no estaba ni su amigo junto a él.

-Ahh, ¿en que piensas Dada?

Este se sorprendió, Abyo estaba junto a él con los brazos apoyados a la barra de la cocina, y con la cabeza gacha.

-En que creo que voy a partirle la cara a tu amigo- suspiro -Bueno, lo haría, si no fuera el mejor ninja de la aldea.

-Sabes, ya somos dos- Abyo estaba sinceramente decepcionado de su amigo, no podía creer que hubiera hecho eso, lo comprendía, eso era cierto, Pucca podía ser extremadamente obsesiva, pero a pesar de todo era su amiga, desde siempre. Esa no era la forma de hacerla entender, humillándola así. Ese no era el Garu que él conocía.

-¡¿De verdad?!- Dada estaba sorprendido.

-Sí, no me malinterpretes, no es que este tan enojado que no me vuelva a acercar a él, solo... me impresiona, no pensé que fuera capaz de decirle, bueno, mostrarle a Pucca que le fastidia, de hecho, siempre sentí que sea como sea terminarían juntos, ya sabes, tienen toda una historia. Creí que la quería a pesar de todo y la rechazaba po razón. Después de todo eso, no se veía bien, y lo conozco, le pregunte si quería que lo dejara solo, cuando está mal prefiere despejarse la mente, pero sin compañía. Así que aquí estoy.