Disclaimer: Naruto, todos sus personajes y lo referente al mundo shinobi es propiedad intelectual de Masashi Kishimoto. Sólo la historia es invención conjunta de Blacklady y Nikko Hyuga.

Advertencias:Presencia de OOc en ciertos personajes y Universo Alterno…


Capítulo 1 – Sueños


"Porque nada es más interesante que perseguir un sueño…

Así sea tan simple como lo es la Libertad…"


—Siguiente… —Escuché decir a la Profesora y me levanté. Con paso agraciado y altivo caminé hasta llegar al frente de la clase. Suspiré y comencé mi ensayo.

"Hawái… Es el más reciente de los cincuenta estados de los Estados Unidos. El estado ocupa la mayor parte del archipiélago de Hawái, el grupo de islas más norteño de la Polinesia, en el océano Pacífico central, al suroeste de los Estados Unidos continentales, al sureste de Japón y el noreste de Australia. El archipiélago de Hawái tiene gran diversidad paisajística, un clima tropical cálido, numerosas playas públicas y varios volcanes activos que lo convierten en un destino muy popular para turistas, surfistas, biólogos o vulcanólogos. Debido a su ubicación en medio del Pacífico, Hawái presenta diversas influencias norteamericanas y asiáticas junto con su cultura nativa. El estado cuenta con un millón de residentes permanentes además de los visitantes ocasionales y el personal de la armada estadounidense. Su capital es Honolulu, en la isla de Oʻahu. El lugar donde yo vivo…

Oahu ,en hawaiano, Oʻahu, es la isla más poblada de Hawái. La ciudad más grande es Honolulú, la capital del estado. Toda la isla está bajo la administración de la Ciudad y Condado de Honolulú, aunque la ciudad en sí sólo ocupa una parte al sureste de la isla. Otros lugares de Oahu con renombre internacional son: Waikiki, Pearl Harbor y Diamond Head. Tiene una población de 876.155 habitantes. Cuéntenme a mí, y tendrán uno más…

Vivo en este lugar desde que tengo memoria. Mis padres, oriundos de Japón, se establecieron hace mucho tiempo en este lugar. Mi padre comenzó siendo un simple empleado en el despacho gubernamental del condado de Honolulu. Gracias a sus estudios incansables y su firmeza de nunca rendirse por muy difícil que sea su meta, ahora es el Gobernador del estado de Hawái, un excelente padre y mi modelo a seguir…

Y yo como su hija, prometo seguir sus pasos, estudiar muy duro hasta lograr ser una excelente administradora y llegar a ser tan importante como Papá… Gracias"

Todos aplaudían a la chica que los veía con la libreta en mano. Si esa era yo, rubia de un hermoso y lacio cabello largo, ojos azules como el cielo y tres singulares marquitas en mis mejillas. Uniforme de falda plisada, camisa blanca con un lazo, medias hasta las rodillas y chaleco de color negro con la insignia del Iolani School. Esa era yo, Naruko Uzumaki.

—Bien hecho, señorita Uzumaki, puede tomar asiento… —escuché decir a la profesora Kurenai.

Asentí y nuevamente comencé a caminar hasta mi asiento, donde me esperaban tres chicas.

—Felicitaciones, Naruko-san… —dijo la que estaba sentada a mi derecha, de largos cabellos azules y mirada perlada. Una chica tímida y a veces un poco lenta. Esta singular chica, la Presidenta de la Clase, además del Consejo Estudiantil, es Hinata Hyuga.

—Seguramente lo copió dos minutos antes de leerlo ante la clase… —se escuchaba la risa de una rubia detrás de mí, molesta, pesada y algo loca. De ojos violetas y con un gran parecido con Hinata, después de todo, eran medio hermanas. Ella era Shion, la Vice-Presidenta del Consejo Estudiantil.

—Se nota que me conoces, Shion… —reímos las tres a excepción de una chica albina a mi lado derecho, de cabello corto, y ojos azules detrás de unos anteojos sin marco. Leía un libro casi que inmersa en él.

—¿No vas a decirle nada, Origami? –le indagaba la rubia.

La chica bajó el libro y miró por sobre los lentes. —Felicitaciones —Soltó a secas y volvió a su libro.

—Siempre tan fría… —exclamó Shion suspirando.

—Bueno, es su forma de ser, Shion-san… —trataba de calmarla Hinata sonriendo. Yo sólo las escuchaba hablar a mi alrededor, aburrida.

Me gustaba compartir con mis amigas, pero a veces eran muy pesadas. Al final éramos el grupo selecto de la Escuela, muchas de las chicas de la clase y de otras más se identificaban con nosotras y otras nos imitaban.

Escuché sonar el timbre finalizando la clase. La señorita Kurenai despidió la clase con su habitual discurso.

—Muy bien chicos y chicas, esto es todo por hoy. No olviden el trabajo de investigación sobre los Poderes Públicos para la semana que viene. Que tengan feliz fin de semana chicas…

"Siiiii" exclamaron alargando la i todos mientras recogían sus útiles y se disponían a marcharse. Imitando a todos, guardé mis cosas y tomé mi maletín para salir del salón. En poco rato estábamos camino a la salida de la escuela, cruzando los jardines de la entrada.

Al ser una escuela privada donde sólo había chicos pudientes de alta clase, era normal que la mayoría viniesen y se fuesen en coche. En la salida de la misma era natural ver una larga fila de coches esperando por sus familiares para irse a casa.

—Hagamos algo divertido chicas… —me tomó del hombro derecho Shion tomando a Hinata del lado izquierdo. —Aún no quiero llegar a casa…

—P-pero Shion-san, Ko-san ya está aquí por nosotras… Además, Otou-sama fue muy estricto con que no nos desviásemos de camino a casa… —exclamaba Hinata en tono bajito.

—Eres una aburrida, Hinata… Como se supone que conoceremos…

—Hazle caso a tu hermana, Shion… Puede que a ti no te importen los regaños de Hiashi pero a Hinata le afectan mucho… —le corté yo. Origami a mi lado asentía.

—Diablos… —soltaba con enfado Shion. Hinata nos sonrió en agradecimiento.

Pronto estábamos en la fachada de la Iolani School. Un Audi A8 del año esperaba con la puerta abierta y Ko, un joven de cabello castaño abrió la puerta al ver a Hinata y Shion.

—Buenos tardes Shion-sama —exclamó Ko, pero Shion estaba molesta y sólo subió al coche sin saludar. —Buenas tardes, Hinata-sama…

—Buenas tardes, Ko-san… ¿Y Hanabi-chan?

—Allá viene… —señaló Ko a Hinata y todas volteamos. A lo lejos venía la menor de las Hyugas, de cabello negro lacio y largo, además de ojos perlados. Venía acompañada de una chica de cabellos como los suyos pero azules y ojos chocolate.

—Origami-san, Naruko-san, Hinata Onee-sama… —saludó Hanabi. La chica peliazul la imitó y tanto Origami como yo solo asentimos sonrientes. Luego Hanabi se dirigió a Ko —Ko-san, ¿Habrá problemas si dejamos a Wendy en su casa? Su madre no podrá venir por ella…

—Ninguno, Hanabi-sama… Suban al auto…

—¿No que no podíamos desviarnos? –soltó molesta Shion dentro del Audi. Yo rodé los ojos y Hinata sólo atino a dar una sonrisa nerviosa.

—No te preocupes por mi hermana… Igual te llevaremos… —exclamó Hanabi.

—Muchas gracias, adiós chicas… —se despidió Wendy al subir con Hanabi al Audi.

Hinata también se despidió de nosotras con un beso en la mejilla y subió al coche. Ko arrancó y salió. El siguiente en llegar fue una Volkswagen Touareg, reconocí en la cabina al Papá de Origami.

—Hasta pronto, Naruko… —exclamó la albina en tono bajo mientras subía a la parte del copiloto de la camioneta.

Yo sólo levanté la mano a modo de despedida y vi marcharse la Suv. Me puse el maletín en las piernas delanteras por unos minutos. Veía irse a muchos de los alumnos de la escuela. Suspiraba aburrida hasta que apareció una camioneta de color negra deportiva. Era la Mercedes Benz ML63 AMG de Papá. Aunque era lógico que no venía él sino Yamato, el chofer de la casa. Una vez se detuvo, Yamato se bajó corriendo de la camioneta para abrirme la puerta. Tarde, yo ya había subido a ella.

—Disculpe la tardanza, señorita Naruko… Hubo un atasco y… —levanté la mano y le dije que callase. Luego me quedé mirándole y él reaccionó —Discúlpeme… —Exclamó y dio vuelta, subió a la camioneta y arrancó de la escuela.

Después de salir al Boulevard Kapiolani, Yamato tomó la Autopista Interestatal Kalanianaole pues vivíamos en las afueras de Honolulu. Íbamos en la autopista cuando sucedió un choque y por ello había un enorme atasco. Ya me di cuenta porque Yamato llegó tarde. Suspiré y quedé mirando por la ventana. El Sol se comenzaba a ocultar dando una imagen de colores ladrillos y arcillas tornando el cielo de anaranjado. El mar lucía tranquilo y las olas retumbaban con fuerza en la costa. Varios surfistas observaban con detenimiento a otro que se movía con gracia en las olas.

—Desearía esa libertad —susurré más para mí que para nadie.

—¿Dijo algo, señorita? —exclamó Yamato.

—Nada… No es nada… —le corte…


Mi vida, depende del lado que lo vean, puede ser lo mejor del mundo o lo más miserable que existe, prefiero creer que vivo una vida privilegiada. Pocos pueden tener la libertad que tengo desde hace tiempo pero eso no vino solo, grandes pérdidas que he tenido en la vida que ensombrecen mi existencia.

Solo que me gusta ver las cosas buenas de la vida, lo malo aunque quisiera se hace presente cada noche, en cada pesadilla, en cada rostro recriminándome lo que he hecho. Soy un ser oscuro cubierto con un falso halo de luz a su alrededor. Hay ciertos aspectos de mi vida que jamás le relataría a nadie, eso es privado y en el baúl de los recuerdos yace ese pasado de mi existencia.

Tengo la capacidad de hacer muchas cosas sin embargo no es lo que quiero, no es lo que deseo. Amo la velocidad, así como a mí amada Black Shadow, mi motocicleta negra, una Honda CBR 1000 SS, en la cual solo subirá una chica si es muy especial. También amo el mar, el olor que proviene de él, las playas de Hawái, su gente, su gastronomía, sus tradiciones y sus grandes olas.

Esas enormes y poderosas olas que ce ciernen con furia en las ricas playas del lugar me hacen estremecer y a la vez respirar, saber que estoy vivo porque al estar sobre ellas, deslizándome en mi tabla de surf, experimentando esa deliciosa adrenalina sé que estoy más vivo que nunca, me siento el rey del mundo, algún día, algún día Shisui Uchiha será el rey de los mares.

Deseo, anhelo competir y ganar la máxima competición internacional de surf, solo que diferentes eventos en mi vida me han impedido cumplirlo.

Se preguntarán ¿de dónde provengo? ¿Como es mi vida? ¿Vivo con mi familia? Pues bien, soy Shisui, mi apellido lo uso en muy pocas ocasiones, de hecho suelo usar el de mi madre en lugar del paterno. Nací y fui criado en Hawái por lo que este es mi hogar, mi condición económica es humilde, no poseo grandes pertenencias materiales pero si una vida bastante aceptable, dentro de lo que cabe.

Mi familia... Puedo decir que mi primo Itachi es mi única familia. Mi padre murió hace años, es mi culpa, lo sé, sus ojos cerrándose y perdiendo la vida asaltan mis sueños cada noche y mi madre, ella no vivió más tiempo aun, un año después ella se fue y me dejó huérfano. Lloré, fue la última vez que lo he hecho, lloré tanto que mis ojos se secaron. Ya no más lágrimas me repetí luego de esa tragedia personal y así ha sido hasta la actualidad.

Tengo 20 años y aunque debería estar en la universidad me he negado rotundamente a asistir. No lo necesito, desde niño siempre he sido llamado genio y si quisiera ya una carrera universitaria ya la habría terminado puesto que la preparatoria la terminé hace tiempo, cuando mis padres estaban vivos, cuando tenían a quien enorgullecer, ahora solo vivo por mí y para mí.

Las mujeres para mí son un gran tesoro, uno que debemos ciudad y tratar de tener siempre más de una. Así es mi vida, siempre me acompañan una o incluso más, ninguna se pelea por mí, ninguna me reprocha nada porque no tienen que hacerlo, disfruto dándoles amos a todas por igual pero mi libertad de elegir es algo que no perderé nunca.

Solo hay una cosa, jamás me involucro con niñas, en la medida de lo posible trato de alejarme de ellas. Su sola presencia solo significan problemas y me gusta la vida libre de ellas. Vivo en un pequeño apartamento junto a mi primo, a quien conocí hace 5 años, las condiciones en las que lo hice son irrelevantes, ahora lo que me preocupa es mi primo, no debería hacerlo porque es bastante maduro, incluso más que yo pero sus nuevas actividades, de las que no le ha dicho nada me preocupan.

—Itachi ¿a dónde vas? — nadie creería jamás que es un rebelde, su cabello largo atado perfectamente en una coleta baja, un impecable traje de corbata ¿de dónde diablos lo sacó?, un maletín pequeño y unas gafas transparentes, el atuendo de un ejecutivo.

—Daré una vuelta — es su única respuesta, no me involucro en su vida pero sé que merodea una escuela de esas donde solo asisten niños ricos, consentidos, seguro es alguna chica... Bufo en mi interior y ruedo los ojos. Me pregunto que planea, hasta ahora solo se había plantado horas y horas cerca de la popular Iolani School. Me encojo de hombros mientras me preparo para salir. Él ya es adulto y sabe lo que hace.

¿Ya he dicho que amo la velocidad? Así es, cuando subo en mi amada motocicleta y voy por la autopista, sintiendo la brisa mover mis azabaches cabellos es la sensación máxima de libertad, una sensación solo superada cuando estoy en el mar.

Solo llegar a la playa las chicas se acercan coquetas y saludo a todas como el caballero que soy.

—¿Como están hermosas? Ya llegué— vocifero mientras me voy acercando y aceptando sus muestras de afecto, un guiño de ojo, un beso desde la distancia, un beso en la boca, un fuerte abrazo, son solo por mencionar las más sutiles.

Me encamino hacia el área que me interesa, donde están los surfistas, saludo y tomo mi tabla para darme ese tiempo entre el mar y yo. Solo las intensas olas y yo tenemos ese placer, ese nivel de intimidad que me hace sentir que puedo tener el mundo en mis manos.

El aire golpeándome el rostro, el agua mojando mi cuerpo y entre ambos siento que vuelo por sobre esta gran ola. Mi rostro es de absoluta felicidad, si pudiera retratar un trozo de mi vida y quedar en la posteridad sería este.


Superado el atasco, Yamato condujo directo a casa. Aún era temprano, más o menos 5 menos cuarto. Salió de la autopista rumbo a un suburbio el cual se encontraba a las afueras de Honolulu. Pasamos el suburbio donde vivía gente de clase media. Miraba por el espejo los niños jugar en las aceras y jardines de sus casas, chicos de mi edad caminando de vuelta a sus hogares, etc.

Al poco rato dejamos de ver casas, era el signo de que comenzamos la empinada hacia la mansión. Papá la había comprado poco después de volverse el Gobernador, tenía una porción de varias hectáreas alrededor de la misma, que permitían explorarse. Claro, como si pudiese hacer eso.

Al poco tiempo llegamos a la gran reja que indicaba el comienzo de las Tierras. Unos guardias las custodian día y noche, así mismo pasa con los linderos y el resto de la mansión. A pesar de que vivimos en una isla pacífica, Papá es muy estricto con la seguridad. Yamato saluda cordialmente al guardia que nos abre, dicho guardia hace lo mismo conmigo y yo sólo asiento como respuesta.

Continuamos hasta llegar a la mansión. La cual la antecede una esplendorosa fuente enorme a modo de plazoleta. El pavimento deja de ser asfalto para volverse de adoquines circundando la fuente. Yamato conduce por ellos hasta detenerse frente a la escalinata de acceso a la casa. Rápidamente se baja y me abre la puerta.

—Hemos llegado, señorita Naruko…

Bajé de la Mercedes y suspiré, con los ojos cerrados exclamé —No vuelvas a llegar tarde, Yamato…

—¡Entendido, Señorita! —exclamó con cierto nerviosismo Yamato.

Subí las escalinatas mientras escuchaba la Mercedes encenderse y arrancar. Era de esperarse, Yamato después de dejarme en casa tenía que volver a Honolulu, a esperar a Papá. Dos guardias que se encontraban en la puerta me sonrieron y abrieron la puerta. Asentí en silencio como agradecimiento y entré. El enorme salón de recibo apareció frente a mí y las puertas se cerraron.

—Estoy en casa… —exclamé, aunque es inútil, nunca recibo un…

—Bienvenida… Señorita Naruko…

Bueno, quizá exagero, nunca los recibo de Papá o Mamá, pero ella siempre está ahí... Bueno, es mi nana, la chica que siempre me acompaño desde que era una niña. La jefa de Sirvientas a mi cuidado, una joven tenaz y aventada, y a veces algo loquita. De cabello violeta largo y unos singulares lentes negros de sol que nunca se quita, Nanami-san.

—Supongo que Mamá aún no llega, ¿cierto?

—Está en lo correcto… La Madame aún no llega… ¿Cómo le fue en la Escuela?

—Lo mismo de siempre Nanami… Bueno, subiré a mi habitación… —comencé a caminar, hoy no estaba de ánimos.

—El Profesor Kisame le espera para sus lecciones de Esgrima, señorita… —me decía con aire maternal.

Me giré en el descanso de las escaleras haciendo un puchero.

—Jooo… ¿No puedes decirle que tengo dolor de estómago o algo?

—No creo que sea necesario… —exclamó ella y miró al final de las escaleras.

Yo bajé la vista y ahí estaba el docente, con su característica sonrisa.

—Pro-¿profesor? —dije pausible al verme descubierta.

—Je… Espero que estés en condiciones muchachita… Hoy trabajaremos duro… —sonrió con malicia él.


Siento el aire dar directo en mi rostro y el rechinar de las ruedas sobre el asfalto una vez más, y una nueva competencia nos abre camino. Participo poco en las de auto porque me gustan más las motocicletas. Subir a una y sentir la brisa correr por todo mi cuerpo, como me abraza y me besa, la adrenalina correr por mis venas dan una sensación única e irrepetible.

Para la mayoría de las personas lo que hacemos dista bastante de la vida decente que deben llevar todos pero no estoy de acuerdo. Competir, correr a altas velocidades e incluso apostar no nos hace merecedores de ser llamados vándalos, somos lo que somos por una u otra razón.

Para mí es un escape, una manera de ver la vida desde otra perspectiva. Por supuesto que me gusta ganar, de hecho cuando compito siempre gano pero la razón de estar presente en estas peculiares reuniones son las nenas, todas ellas, lindas y de esculturales cuerpos, ansiosas de un poco de atención y por supuesto no se las niego a ninguna.

Por una inusual circunstancia mi primo compite hoy, al igual que yo, pocas veces lo hace, es reservado callado y serio, sin dejar de lado la cortesía y amabilidad. He visto como unas cuantas se le acercan pero no suele aceptar su compañía más allá de una mera charla de ratitos. Las chicas vienen a estos lugares a experimentar emociones fuertes. A sentir como la sangre helada se vuelve fuego y las hace sentir vivas. Lo sé, a todos nos sucede.

Estaba sentado al lado de uno de mis amigos cuando escuchamos las sirenas que indicaban la proximidad de la policía, busco con la mirada a Itachi, lo veo en el auto, nos observamos a los ojos, ambos asentimos y de inmediato me subo a mi Black Shadow mientras él se va en el auto que hacía poco había ganado en la competencia, un hermoso Toyota Supra RZ dorado. Pobre de su antiguo dueño, se nota que le puso empeño.

Maldición, de nuevo han encontrado nuestro lugar de encuentro, cada vez sospecho que alguien quiere arruinarnos la diversión "¿a quién diablos hemos hecho mal? Solo somos jóvenes que intentamos vivir la vida sin ataduras, sin formalismos y nos tratan como vulgares delincuentes" Pienso mientras la velocidad de mi moto va rompiendo la armonía de la brisa y dejo atrás a mis perseguidores.

—Sabes que es probable que tengan a un informante sobre nuestras actividades— suelta Itachi solo al cruzar el umbral de la puerta del pequeño apartamento, lo miro a los ojos y asiento.

—Ya lo sé pero será difícil dar con él, además se armará una gran contienda si se descubre quien pueda ser, seguro no saldrá bien librado y no quiero tener nada que ver.

—Tampoco yo— me responde sereno— ahora es mejor descansar, estoy un poco agotado.

—Bueno, si me la pasara el día acosando a quien sabe quien en esa escuela también lo estaría— me mira un tanto adusto, se vuelve y me da la espalda.

—Buenas noches Shisui.

—Si, lo que tú digas Tachi— aventaba la mano en el aire, no tenía sueño, no quería dormir, las pesadillas me perseguían, así que me senté mientras degustaba una copa de whisky, no era lo más fino del mundo pero una buena copa de la bebida me haría bien.


El gimnasio era enorme. Había de todo lo que te pudieras imaginar, desde una simple máquina caminadora hasta un ring de boxeo. Papá tiene de todo para entrenar, y no escatima en recursos cuando le gusta algo.

Estábamos en el centro de la sala. Vestíamos los uniformes de práctica además de las mascarillas de rejilla. Uno de blanco, el otro de Rojo. Ambos enzarzados en un rudo combate. Nanami observaba con detenimiento acompañada de otra sirvienta de aproximadamente mi edad, de cabellos negros largos.

Dos estocadas a la derecha, una a la izquierda, el de Rojo bloqueaba los ataques con gracia y elegancia. Ahora era el turno del de Rojo de atacar, uno al estómago, bloqueado por el de blanco, dos al costado izquierdo, se escucha el sonido de ambos florinetes chocar, un lanzamiento al cuello y se detiene a centímetros de él. Unos aplausos resuenan provenientes del de blanco.

—Excelente, como esperaba de usted… —me quité la rejilla mientras escuchaba a Kisame-sensei aplaudir al mismo tiempo que hablaba, mi cabello surgió de la máscara roja que me protegía la cara —Señorita Naruko… Ha progresado bastante… Un poco más y me rebana el cuello…

Jadeaba un poco y el sudor era notorio en mí. La sirvienta joven se acercó y me extendió unas toallas que tomé para secarme. Al lado en la bandeja había un termo con bebida energizante la cual tomé ávidamente.

—Felicitaciones por su desempeño, Señorita… —me decía la chica, de nombre Natsuki. Yo sólo asentí y miré a Kisame-sensei.

—Oh, es todo por hoy, Señorita… Mañana no asistiré así que puede descansar… —escuché sus palabras.

—Muchas gracias, Sensei… —Hice una reverencia y camine hasta Nanami.

—A este paso ganará el torneo de este año de la Escuela, por tercera vez, Señorita… Su baño está listo, con muchas burbujas como le gusta… —Me dijo ella. Yo le asentí y le dediqué una sonrisa.

Después de un largo baño que me di, me encontraba en mi habitación. Planeaba entrar a Internet desde la tablet cuando unos golpes a la puerta llamaron mi atención. Con un "Adelante" surgido de mi boca, Natsuki hizo acto de presencia.

—Disculpe que la interrumpa, Señorita… Pero Nanami-san me mando a buscarle, la cena está servida…

—No tengo apetito… —solté sin ganas.

—Al menos acompáñame a cenar… Hermanita… —escuché aquella voz y giré la vista.

Aquella chica en la puerta era mi pequeña hermana, Namiko. De 13 años, cabello rubio brillante y ojos tan azules como los míos. Su cara la enmarcan dos flequillos que los sostienen ganchitos de cada lado, uno a la izquierda y dos a la derecha. Al verla sonreí levemente. Namiko era mi preciada hermana, siempre la consentía en lo que quisiese, y esta vez no era la excepción.

—Tú ganas, Namiko… —viré la vista hacia la chica pelinegra –Natsuki, sirvan la cena, bajaremos en unos minutos…

La chica asintió y salió de la habitación, mientras Namiko corría a abrazarme, pero la detuve al mostrarle un cepillo.

—Primero mi cabello… —Le exclamé y ella sonriente lo tomó para cepillar mi largo y dorado cabello.

Como todas las noches, desde que recuerdo, cenábamos solas. Siempre eran Namiko y yo las que cenábamos, bajo el ojo vigilante de Nanami y la compañía de las demás sirvientas. Nunca compartíamos la mesa con Papá o Mamá. Ellos siempre llegaban tarde y se iban al alba.

Las pocas veces que los veíamos siempre era en reuniones sociales o cuando alguna de nosotras cumplía años. Siempre era lo mismo, una enorme fiesta por todo lo alto, invitados de lujo que la gran mayoría no conocíamos, regalos costosísimos imposibles de pagar para una persona promedio, etc. Pero nunca compartíamos con Papá o Mamá. Recuerdo que la última vez que hablé con Papá, donde crucé más de 5 palabras con él, fue cuando me presentó con el antiguo Gobernador de Hawái. Y eso fue hace cuanto, ¿Tres? ¿Cuatro años? No lo recuerdo. Desde entonces siempre han sido "Holas", "Adiós", "Quiero presentarte a alguien", etc.

Yo no le doy importancia a este hecho, pero la que más sufre con ello es Namiko. Durante sus primeros 6 años ella siempre estuvo para arriba y para abajo con Mamá. Pero luego que tuvo edad suficiente para defenderse, fue abandonada a su suerte al igual que yo. Y pues, a ella le afecta mucho. Aunque mantiene la esperanza de que esto algún día cambie y podamos volver a compartir todos juntos. Lástima que yo no soy tan inocente e ingenua como ella.

Esa noche, como todas las demás, alguien tocaba a mi puerta a las 10 de la noche. No tenía necesidad de preguntar, ya sabía de quién se trataba.

—Pasa, Namiko…

—Gracias, Hermanita…

Ella, tímidamente, se adentraba en mi oscura habitación. Se subía a mi cama y se enredaba en mis mantas. A dormir conmigo, como todas las noches desde hace años. Una frente a la otra nos acostábamos en la enorme cama.

—Buenas noches, Hermanita…

—Buenas noches, Namiko…

Namiko era muy apegada a mí. Bueno, era de esperarse. Teníamos de todo, lujos, dinero, ropas, celulares costosos. Teníamos todo el lujo posible, pero hay cosas que el dinero no puede comprar y es lo que Namiko desesperada buscaba todas las noches en mí.

A ambas nos faltaba algo: El Amor de nuestros padres…


Fin del Capítulo 1


Notas de Autor

Blacklady:

Hola, hola...y he aquí de nuevo con otro muy interesante proyecto en parejas. Con una pareja poco o demasiado inusual espero que puedan disfrutarla... Si alguna de mis lectoras lee este fic les aviso que otra de las parejas protagónica será el ItaHina, espero su apoyo así como lo he tenido siempre con mis otros proyectos.

Nikko:

Bueno, quizás a mi me quieran asesinar por nuevamente iniciar otro proyecto sin culminar los otros, pero trataré de hacerlo lo mejor posible, y dedicaré un poco de tiempo a pensar. La situación es que a veces la inspiración te abandona cuando más la necesitas, y llega de a borborotones cuando tienes algo más en mente… Sinceramente este será mi primer proyecto a largo plazo en colaboración con la bella Blacklady. Espero estar a la altura de tan singular escritora y hacerlo lo mejor posible… ¡Aye Sir!

Espero les encante esta nueva apuesta tanto como a nosotros…

"De parte de Blacklady y Nikko Hyuga, agradecemos infinitamente te hayas tomado la molestia de leer"

Nos leemos pronto ¡Dattebayoo!

De Pie, Reverencia, ¡Aye Sir!