Tabla Burn, para Notas oscuras:

2. Te diré algo: no puedes ganar.


La ausencia del engaño


Capítulo 1: Al dar una vuelta


Si alguien le hubiera preguntado a Kano cómo sería su vida adulta, si llegaba a tenerla, habría respondido sin vacilaciones: pudriéndome con el valiente de Seto, luego de que Kido se case con alguna tipa más femenina que ella.

De oírlo, su compañera lo habría pateado. Seto, por otro lado, en su momento, se hubiera sonrojado.

Entonces…Mary.

Mary, Merry, Mery…ni ella sabía escribir su nombre. Y Kano trató de burlarse de esto como si estuviera flirteando con la pobre retardada.

Era digna de lástima.

Porque eso era lo que Seto sentía por ella, ¿verdad? No podía ser nada más. Debía tratarse de algo similar a lo que le ocurría a Kido cuando tenía sus días de soledad y miraba a Kano de reojo como si él tuviera una solución para ella. Que no la tenía ni quería tenerla aunque fueran hermanos y la apreciara.

Si, Seto sentía lástima de la imbécil. Por eso leía con ella. Bebía su té de mierda y comía sus asquerosas pastas. No podía ser otra cosa.

No debía ser otra cosa.

Día a día, Kano fue de la incredulidad a la desesperación.

Una noche, la primera, en la que Seto compartía cama con ella. Ambos vestidos, claro. Ella durmiendo sobre el pecho de él. Kano se burló.

Cuando Seto le clavó la mirada y Kano asintió, tuvieron la conversación silenciosa.

¿Vienes?

No puedo…

Se durmió ya. No es tu novia.

Es que…

¿Qué? No me digas que…

Kano rompió a reír. Por dentro y por fuera. Se mordió la mano hasta que sangró para que las chicas no despertaran.

Me gusta, Kano. Me gusta de verdad. Y…no puedo explicarlo pero siento que debo darle todo lo que tengo.

El gusto metálico llenó la boca de Kano hasta la náusea. Una extraña debilidad, como si le hubieran pegado en la cabeza, lo invadió.

Ya. Como sea. Tú te lo pierdes.

Sí.

Seto sonrió y volvió a acomodarse con los brazos en torno a Mary, Mery, Merry, o lo que fuera.

Kano los observó durante más de lo que hubiera sido diplomático. Contempló la posibilidad de meterse con ellos.

Qué escandaloso. Le ganó el desgano y un amargo dolor en el pecho, que se extendía como comienzos de vómitos hasta su garganta llena de agujas.

Me voy. Adiós.

¿A dónde vas?

A dar una vuelta, no te preocupes.

La puerta se cierra. La de la mente de Kano y la de verdad, haciendo que Mary se sobresalte un instante.

Seto la calma, pensativo. Su primer impulso es correr tras Kano pero no lo hace.

Mary vuelve a dormirse pero Seto no pega un ojo en toda la noche, atento a que los pasos gatunos de Shuuya retornen.

Pero no lo hacen.

¿Y qué si no lo hiciera? Seto se siente culpable por considerarlo. Y descarta la posibilidad como deseada de inmediato. Sólo quiere que su familia esté junta. Por muy extraños que sean todos.