Epílogo

Siempre he conocido mis límites, mis escrúpulos, pero no mis metas. Tenía claro cuán lejos era capaz de llegar, sin embargo, nunca tuve definido dónde quería detenerme. Y era complicado pensar en ello, sentarme en la silla frente a la mesita plegable del comedor e imaginar qué quería hacer de ahora en adelante con mi vida, qué era tener sueños y aspiraciones, porque no recuerdo haberlas tenido antes.

Antes de Eren, claro.

Mi vida, mi entera persona, se basaba en Farlan; o más bien los recuerdos que compartía con él eran los que me mantenían en movimiento constante. Mi mundo, por mucho tiempo, se había cerrado alrededor de él, y en el mundo de Farlan estaba Izzy. Ahora es tan distinto que parece abrumador, irreal, y me da cierto aire de inseguridad, porque es lo bastante desconocido para no ver dónde estoy pisando.

Mi vida, ahora, se basa en Eren... y en mí. No es simplemente él, no soy solo yo, sino que es un Levi y Eren; juntos; algo que había olvidado poner en práctica cuando mi relación con Church seguía en pie, y después de ella.

Han sido los primeros dos años de mi vida en los que realmente quise tener un futuro amplio y concreto al cual enfrentar. Las cosas ya no son tan nebulosas y poco visibles, ya no estoy luchando contra mí mismo tratando de comprender lo que hago y porqué lo hago, sino que hay un trasfondo, una razón detrás que alimenta y repone mis energías.

Ese es Eren.

El mocoso drogadicto y afamado artista que acaba de cumplir veinte años la semana pasada, y no tuvo otra mejor manera de celebrarlo que viendo una maratón de películas en el diván de la sala conmigo, abusando de las palomitas de queso, la soda de limón y quizás qué otra porquería alta en calorías y colesterol.

Me quedé dormido luego de las primeras dos películas.

Me enorgullece saber que Eren a permanecido sobrio y limpio de drogas desde hace un año y medio.

—¿Estás listo? —le oigo decir desde el cuarto matrimonial, mientras me enjuago la cara en el lavabo.

—No. —contesto. —Me falta cepillarme los dientes.

—No me refería a eso, viejo —le fulmino con la mirada al verlo aparecer por la puerta del baño, haciendo un débil intento por esconder una sonrisilla que le va floreciendo por la comisura de los labios. —Hablo de Mikasa.

Me lo imaginaba.

Fue hace poco menos de un par de meses en que Eren, sacando cálculos y comprobando fechas, me dijo que su hermana adoptiva, Mikasa Jaeger, era el pequeño renacuajo con el que viví en sus primeros siete años de vida en el Wings of Freedom. Me lo hizo saber justo después de que me convenciera para que abandonara el departamento en Beleram y compráramos una casa en un vecindario tranquilo en Siracusa, uno de los distritos más aceptados socialmente en Sina.

Por supuesto, nadie sabe que hemos comenzado a vivir juntos.

—Ah, eso. —me seco el rostro con un paño, cerrando la llave del agua de paso.

Eren se me acerca, cruzando los brazos sobre el pecho, y me atisba fijamente a través del espejo del baño. Conozco esos ojos y la forma en que me están mirando ahora, y sé que no está nada contento con mi respuesta. Su personalidad impulsiva y de carácter fuerte se ha ido acentuando desde que ha comenzado las terapias con Erwin, y honestamente es una de las cosas que me agradan de todo el asunto.

No se intimida por una mirada muerta.

—¿Qué sucede, Levi? —me pregunta, tirando suavemente de mi camiseta con los dedos. —Venimos preparando esto durante semanas. No estarás planeando olvidarlo así nada más, ¿verdad?

—No, no lo estoy pensando. —le digo, tomando su mano y jalándolo hacia mí. Él marca un poco más el ceño fruncido, sin embargo, no hace nada para apartarse. —Y no, tampoco voy a hacerlo.

—¿Estás seguro?

—Sí, con un poco de suerte la mocosa apenas va a reconocerme.

—Bien. —esboza una ligera sonrisa, y se inclina hasta que nuestros labios se tocan. Le muerdo la boca con cuidado, y Eren ríe enredando los dedos en mi cabello. Si no fuera porque acababa de ducharme, le hubiera hecho el amor ahí mismo. —Un detalle; solo sabe que tengo una pareja, no tiene idea que eres tú.

Le miro de reojo; eso no era parte del plan. La idea era reunirnos a conciencia, no que yo apareciera de la nada luego de ¿Cuánto? ¿Trece años? Siquiera Eren está seguro de si ella realmente me recuerda; apenas era una mocosa de siete años cuando el Servicio Social se la llevó, y nunca volví a saber de ella desde entonces. Cuando fui a renovar mis papeles al cumplir la mayoría de edad, no había nada sobre "Mikasa Ackerman" en el registro civil.

No tenía manera de encontrarla, ni el dinero para cuidarla.

Debería estar enojado, pero no lo estoy. En contraparte, vierto pasta dental sobre el pelo del cepillo de dientes.

—Como el resto del mundo; omitiendo la parte en que tampoco saben que estás en una relación.

Veo a Eren jugar con sus dedos, y sé que algo quiere decir; su expresión nerviosa me aclara el hecho de que está debatiéndose entre soltarlo o no. Me he aprendido de memoria sus gestos, y para mí ahora el mocoso es un perfecto libro abierto.

Le miro a través del espejo, esperando. Al final se acerca a mi lado.

—Sobre eso... pensaba hacerlo público. —empieza, y detengo por un momento el cepillo, sabiendo a dónde iba a parar el tema. —Nosotros, quiero decir.

—Eren...

—¡Van dos años, Levi! No hemos tenido una cita normal nunca. Quiero ir a ver una mala película contigo sin tener que ponerme lentes de contacto, unas ridículas gafas y un sombrero estúpido.

Veo sus voraces ojos turquesa brillar bajo la luz blanca del baño, sus cejas fruncidas y una de sus manos agarrando dudoso su propio antebrazo. Y me cuesta oírle suplicar algo como eso, porque el mocoso aún no entiende que nuestra vida amorosa nunca será como la de una pareja normal. Jamás podré llevarlo a tomar un helado a una tienda del mercado, o pasar por un cappuccino en la cafetería de la avenida para luego llegar a casa y hacer el amor tres veces seguidas, porque estará agotado por firmar autógrafos, tomarse fotos con mocosas de quince o grabar videos de él cantando a capela como para hacerlo.

Escupo los restos de pasta dental al interior del lavabo, y me limpio la boca con algo de agua de la llave.

—¿Sabes lo que esto puede hacerle a tu carrera? No conozco a ningún cantante joven homosexual que haya llegado muy lejos.

—No he hecho escándalos con mujeres, no he tenido una novia pública ni tampoco he mostrado interés en tenerlas. —pasa una mano por mi cabello, jugando con un par de mechones sueltos. —Creo que el público sabe que no estoy realmente interesado en las chicas.

Estoy a punto de responderle, cuando el timbre suena y el celular de Eren vibra al interior de su pantalón. Cuando revisa el aparato y sale disparado hacia la primera planta, sé que ha llegado el momento.

Mikasa está aquí.

Peino el cabello que Jaeger ha desordenado con una mano y bajo las escaleras con una extraña sensación en la boca del estómago. No sé muy bien cómo definirla, no sé si es ansiedad o nerviosismo, solo sé que, quizás, no estoy realmente listo para enfrentarlo ahora.

Mikasa es parte de lo que era el recuerdo de mi perfecta familia en un derruido edificio arrendatario de Stohess.

Y cuando estoy al pie de las escaleras, la veo.

Arrimada a Eren en un abrazo necesitado, con un bufanda roja rodeándole el cuello y un vestido negro ciñéndosele a la cintura. Demonios, tiene cintura, mucha cintura. ¿Dónde carajo quedó el cuerpo con forma de saco que recuerdo y la cara llena de babosos mocos de bebé?

Se gira a verme con una mirada completamente fría y asesina; la mirada característica de los Ackerman. Sin duda es ella, porque sus finos y estrechos ojos azules siguen profesando Oriental por todos lados.

Eren la arrastra hacia mí.

—Mikasa, él es Levi. —me presenta, y yo alargo la mano con intenciones de estrecharla. —Levi Ackerman.

Y ella se congela, abriendo los ojos tan grandes que temo que vayan a salírsele de las cuencas. Duda un segundo, analizando mi rostro con rapidez, llegando incluso a tocar mi cara con sus dedos delgados. Es alta, tanto como lo es Eren, y tiene que inclinarse un poco para atisbarme bien.

Se para en seco, y sé que finalmente me ha reconocido.

—Tú... —le oigo susurrar, clavándome los ojos con desconcierto puro, señalándome, incrédula. Sé que está emocionada, porque me echa los brazos encima y me abraza con tanto afecto como lo hace Eren. —Trece años sin saber de ti, enano estúpido.

—Cuida el tono, mocosa.

—Incluso para tu edad siempre fuiste enano.

Es extraño escuchar su voz madura, más grave, más potente que cuando era una niña que se escondía en las faldas de Anabelle. Y recordé todo; los paseos clandestinos en Stohess que dábamos junto con Farlan a un parque cercano, las veces en que tenía que recogerla del cuarto vecino cuando se hacía demasiado tarde y mamá todavía no estaba allí para preparar la cena. Con el tiempo fui acostumbrándome a cocinar a diario.

Rememoré, también, el día en que se la llevaron, con la cara manchada con polvo de los viejos estantes que teníamos para los medicamentos, porque había estado intentando encontrar algo que le aliviara el dolor a mamá.

Anabelle se fue de repente, tendida en su cama, solo un par de semanas luego de que se le diagnosticara el cáncer. No tuvo un tratamiento por falta de dinero, y ahora, observando a Mikasa, pienso que en verdad no lo necesitó, que se marchó en su justo momento. ¿Dónde estaríamos ahora si a ella no se la hubiera llevado el Servicio Social y Protección de menores? Aunque fuera posible, no hubiera sido capaz de mantenerla alejada del mundo que teníamos que recorrer obligadamente para subsistir.

Haber sido acogida por la familia de Eren fue lo mejor.

Es raro comprenderlo justamente hoy.

Y cenamos juntos, los tres, mientras compartíamos el tipo de anécdotas que solo recuerdas en momentos como ese, rodeado de comida deliciosa, una aroma dulzón y un ambiente cálido, justo como en los viejos tiempos.

Mikasa se retiró alrededor de las dos de la madrugada, y Eren y yo nos tumbamos en la cama, de cara al cielo, intentando descifrar si todo había valido la pena.

Eren Jaeger había sido el mocoso que me abrió los ojos de mil y un maneras, y me mostró el tipo de mundo que no quise conocer por aferrarme a Farlan tan ávidamente. Nunca olvidé la existencia de Mikasa, sencillamente no quería recordarla.

Hoy es diferente.

—¿Te sientes satisfecho? —preguntó Eren, buscando enredar sus dedos con los míos, mientras la luz natural de la noche se colaba por la ventana.

Veía sombras y formas en el cielo de la habitación.

—Creo que sí. —contesté. —¿Tú?

Voltea la cabeza, mirándome a través de la oscuridad y la penumbra que se cernía alrededor de nosotros. Le veo sonreír ampliamente, girando su cuerpo y apegándose más al mío.

—Mi adorada hermana y mi amado novio son felices. Sí, estoy realmente satisfecho.

—Te amo. Lo sabes, ¿verdad?

—Lo sé. —siento sus dedos acariciar mi mejilla y recorrer mi cuello, y me besa tan delicada y tiernamente que me veo tentado a desvestirlo ahí mismo. —Lo veo cuando preparas el desayuno, cuando me acompañas siempre a los conciertos, cuando me regañas, cuando compones música conmigo. Incluso cuando me miras, Levi. Nunca me he sentido tan amado en mi vida desde que estoy contigo.

Esbozo un intento de sonrisa; nunca fui muy bueno para ello.

—Es bueno que esté claro.

Y Eren escala la cama y se sienta sobre mis caderas, rosando mi cabello con la yema de sus dedos en lo que mis manos viajan a su cintura. La temperatura sube con solo un par de miradas, con solo pequeños toques nimios entre ambos, y ataco sus labios tan profundamente que siento que podría llegar a su corazón solo con besarlo.

—¿Quieres hacerlo? —le pregunto, y él solo rodea mi cuello con sus brazos como respuesta.

Pueden decírmelo abiertamente. Pueden ocultarlo tanto como quieran. Pueden intentar hacerme creer que esta vida no estaba hecha para mí.

Como sea, al diablo.

Para mí todo había valido la pena.


Superestrellas de papel

Fin

"De todas formas no tenemos todo el tiempo del mundo".


¡Y...! Listo. Terminado. Finiquitado. Otro proyecto finalizado en la bolsa.

Quiero decir que me entretuve mucho con SDP; fue mi primera historia escrita desde el punto de vista tan complicado que tiene Levi. Intentar pensar como él no fue fácil, agregar groserías relacionadas a las heces fecales en oraciones donde ni iba al caso me costó su cuota de esfuerzo. ¡Hablar sin tacto no es lo mío! Siempre siendo muy profunda y con palabras más delicadas, cosa que le pega más a Eren que a Levi. De todas maneras me siento muy satisfecha con el resultado obtenido, y espero que aquellos que leyeron SDP hasta su final también. Me tomó más de un mes terminarlo, y creo que la cantidad de capítulos en él cumple con mis expectativas de un fic largo.

Agradecimientos

A Carol Sáez, por ser mi incondicional Betareader, siempre alentándome a escribir el siguiente capítulo. A Jocelyn Candia, que de alguna manera terminó inspirándome a escribir sobre artistas y sus problemas gracias a su amor a la música. A Benjamín Chacón, que cree en mí como un modelo a seguir y a puesto su fe en esto. Y, por supuesto, a todos quienes le dieron una oportunidad a esta historia. De corazón, muchísimas gracias.

Nos leemos en la siguiente actualización.

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