Disclaimer: Los personajes y la historia original de Harry Potter pertenecen a JKRowling, yo solo juego con ellos por puro entretenimiento.

Aviso: Este fic participa en el minireto de diciembre para El Torneo de los Tres Magos del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black"

Nota de autora: Bueno, me pone muy melancólica escribir historias como esta, de rencores a través de los siglos y culpas que no mueren. La del Barón Sanguinario y la Dama Gris me parece muy triste, ¿con todo lo que pasó y quedan condenados a coexistir durante toda su muerte en el mismo castillo? Un cruel acto del destino. Os traigo esta historia porque con el personaje y los géneros que me han tocado no se me ocurría otra. Espero que la disfrutéis casi tanto como yo lo he hecho al buscar y escoger con mimo cada palabra.

Y que me deseéis suerte, que nunca está de más :3


Teorías Quebradas.

Hoy, y como cada año en las mismas fechas, las cadenas pesan como un auténtico infierno. El resto de estaciones se acostumbra: Sabe de ellas, pero no lo condicionan. Sin embargo al final del año, su castigo se hace presente acumulando su culpa en toneladas.

Porque la ve.

No coinciden en el banquete de bienvenida, ni en el de Halloween, —ha perfeccionado su estrategia de evasión—, ni siquiera en el de fin de curso. Pero los días de Navidad son los únicos que no lo esquiva, y no porque no quiera.

Desde su esquina en el Gran Comedor, el Barón Sanguinario ve nevar. Y no se estremece porque en teoría no siente, ni padece. Solo observa: Una figura, unos labios, una sonrisa. La Dama Gris embelesada con el paisaje invernal, dejando que el frío la atraviese. Ríe, y cierra los ojos, imaginando lo que sería disfrutar de la sensación.

Pero no dura más que un instante. Hasta que lo mira, y su gesto de felicidad se desvanece. El hielo acapara su mirada. Él ve la sangre gris vistiendo su pecho, rastro del fin que él le propició, y su propia muerte en sus ojos: cristalinos, distantes, melancólicos. Los recuerdos galopan a su alrededor sin que cientos de alumnos se percaten. Para ellos no existen rencores a través de los siglos, esa gélida tensión.

No existe la culpa, ni el remordimiento.

Los fantasmas están condenados. No son humanos; no perciben el frío ni el calor, no padecen enfermedades ni tienen necesidades. No crecen, ni se reproducen. Están muertos. No deberían sentir ni ser capaces de amar.

Y sin embargo, todas las Navidades, en el aniversario de su atrocidad, el Barón Sanguinario cree que muere. Lentamente, sin un ápice de consideración por parte del destino. Quebrando todas las teorías.

Las cadenas pesan, pero su mirada lo hace más.


Pues el conteo de palabras me dice que esta historia tiene 307. Esta vez he ido un poquillo menos justa, así que genial.

¿Algo que decirme? ¡La casilla de comentarios no muerde!

(abrazos eléctricos)