PERDIDO

Los supervivientes vuelven a sus casas y comienza la reconstrucción, nuevo gobierno, nuevos distritos... hemos ganado. Pero yo, no puedo evitar pensar en lo que he perdido. Me he perdido a mi mismo.

Los médicos me cuentan cómo era mi vida, y la conocen mejor que yo. Toda mi vida está hecha de sueños y no puedo separar los que son reales de los que no. Porque no pueden ser solo sueños. Sueños sobre una niña de ojos grises cantando en una clase. Sueños sobre mi familia, sobre mi colegio, gente, amigos... sueños sobre pan y una chica de ojos grises apoyada en un manzano.

La gente me ha dicho como soy. Como era... antes. Pero no puedo siquiera recordar sentirme como esa persona que dicen que era... así que lo intento. Intento ser algo, cualquier cosa distinta de lo que soy ahora. Pero la mayoría de las veces lo único que siento es miedo. Ira. Odio. ¿Quién soy? ¿Qué es real? Me estremezco al pensar en lo que he perdido, en todos los recuerdos que aún no he podido encontrar. Ni siquiera sé si están ahí para que los encuentre.

Un buen día los médicos me mandan a casa. ¿A casa? Apenas puedo recordarla. Y cuando llego y veo la desolación que me rodea pienso que quizás sea mejor así. Mi hogar. Un hogar... donde se supone que te sientes seguro. Pero yo jamás me siento seguro. Hogar, familia, no tengo nada. Y entonces, ahí están. Esos ojos grises que me persiguen.

Pero ella está perdida también, por su hermana.

¿Qué es real? Intento bloquear las imágenes brillantes en mi mente, pero es inútil, el terror se abre paso hasta mí. Y aunque al verme su mirada se llena de anhelo, no puedo borrar las visiones que me aterrorizan.

Y su dolor... su dolor me atraviesa como nada que haya sentido jamás.

Una noche la oigo gritar. Y el sonido es tan horrible que no puedo soportar escucharlo y no saber si está bien. En el momento que llego a su lado ella me suplica, "quédate conmigo"... "siempre", mi voz da vida a la palabra como si un resorte se hubiese activado en mi cabeza.

Mis recuerdos me evitan, y los suyos la persiguen. El miedo tortura su mente, y no sé cómo salvarla. No puedo ni salvarme a mi mismo. Aun así me quedo con ella, me tumbo a su lado y la abrazo. Ella apoya sus su cabeza en mi pecho y, por alguna extraña razón, conseguimos dormir tranquilos.

Todas las noches nos enfrentamos juntos a la oscuridad. Pero las pesadillas nunca nos dejan tranquilos durante demasiado tiempo. El futuro parece vacío y la niña pequeña que hechizaba a los sinsajos ha perdido la voz.

Pasan los meses y ella se hunde, se rompe. De alguna manera su dolor me tortura. Ella me necesita. Así que me trago mi miedo, alejo las visiones, y dejo que se aferre a mi. Porque por fin lo comprendo, me doy cuenta de que no quiero vivir sin ella.

Estoy paralizado por el terror mientras los mutos de mis pesadillas nos separan, se la llevan. Y entonces grito. Grito mientras la arrastran lejos de mí. Y ahí estoy de nuevo, perdido en el dolor, perdido en la locura, perdido... pero entonces su voz rasga el velo de mis sueños.

La oigo susurrar, apartándome el pelo de los ojos. Me besa en la frente, en los labios, en el cuello. Me suplica que despierte, que vuelva con ella. Y cuando encuentro el camino de vuelta ella sigue susurrando mi nombre, una y otra vez, una y otra vez. La rodeo con mis brazos sintiendo como el terror desaparece. Estoy con ella.

Las pesadillas siempre vuelven y el pasado nos persigue día tras día. Pero ella está mejor, observo como lucha, y ella me ayuda a luchar... juntos. Y la certeza viene a mí como una revelación: siempre hemos luchado... siempre, juntos.

Ella se burla y se ríe. Me mira con asco y desdén. Su risa cruel me hace pedazos el corazón y sus ojos implacables me arrastran a la locura. Me arrastran... a la locura. Intento luchar. En algún recóndito hueco de mi mente sé que no es real, no es real, no es real...

Cuando vuelvo en mí veo el moratón, el labio roto, la sangre en su pelo y en el suelo. ¿Qué he hecho? Soy un monstruo. El mundo se para y mi pulso se acelera hasta que me doy cuenta de que todavía respira. La cojo en brazos y la llevo a la cama. Limpio las heridas y le vendo la cabeza. Me siento y la acuno en mi regazo. Ahora que esta inconsciente parece tan pequeña, tan menuda, tan... vulnerable. ¿Cómo le he podido hacer esto?

Pasan las horas y mi inquietud crece... no despierta. Pero al final se agita brevemente y abre los ojos. Levanta la vista y me mira, con cautela, con miedo. He conseguido que me tema y es normal, estaba ahí para protegerla de las pesadillas y me he convertido en una de ellas.
"Lo siento", no hay disculpa para lo que he hecho.

Entonces hace algo increíble, levanta los brazos, me rodea el cuello y se aprieta más contra mí. "Te quiero", me dice... está cuidando de mí. Llora pero, a través de las lágrimas, veo determinación en sus ojos. Y entonces me acuerdo.

Me acuerdo del bosque. Recuerdo sus frías manos en mi frente, ardiendo de fiebre. El estofado, el jarabe para dormir...el torniquete. Y más... mucho más. La cosecha, el tren, la selva...todo. Ella siempre ha cuidado de mí.

Un día, finalmente, me mira y sonríe. Y me roba el aliento.

¿Quién iba a pensar que podía existir una sensación tan cálida? Una sonrisa y hace que mi corazón de un vuelco. Y entonces me doy cuenta: ya había sentido esta calidez antes. Lo recuerdo, finalmente recuerdo este sentimiento. Recuerdo que la he querido toda mi vida.


Hola a todos. Espero que os haya gustado este pequeño fic.

Como ha generado bastante confusión y me habéis preguntado por ello, os comento que el fic está completo. Solo son 2 capítulos cortos. Un saludo.