Hola, hace tiempo que no lograba escribir algo decente y este es mi intento de fic de hacer un Helsa con el típico cliché de: Se casan y luego se enamoran.

Disclaimer: Ningún personaje de Frozen me pertenece, por que si por mi fuera Hans y Gastón harían equipo y tendrían su propio programa haciendo maldades en el mundo Disney.

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Capítulo I

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Salió corriendo a toda velocidad del hall principal del castillo de Arendelle hacía su habitación, entrando con brusquedad para encerrase a llorar desconsolada sobre su cama lamentándose una y otra vez, la desgracia que causo con su imprudencia y que su hermana mayor pagaría con creces. Las lágrimas empañaban sus orbes azules, en tanto, aún resonaba en su cabeza la cruel realidad que le había dicho el príncipe Hans de las islas Sur.

Gracias princesa Anna ―dijo en tono arrogante y cruel― nada de esto estaría pasando, sin su maravillosa necesidad de actuar y hablar sin pensar.

―Lo siento tanto Elsa ―susurro entre gemidos de dolor abrazando su almohada de plumas de ganso verde.

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7 horas antes…

Ella abrió la puerta de la habitación donde se hospedaba Hans con una fuerte patada para hacer notar su molestia, iba directa hacia él con los brazos en jarras y el ceño fruncido. Estaba decidida a enfrentarlo y sacarlo de la vida de su hermana y ella de una vez por todas, esta era la última oportunidad que tenía para evitar que la desgracia azotara a su pequeña familia.

Anna miro su espalda y como se colocaba una sonrisa de lado en el rostro de Hans, que la miraba por el reflejo del espejo frente a él. Mientras se ponía sus guantes de gala blancos con toda la tranquilidad del mundo sin siquiera inmutarse por la insignificante princesa que fue una vez su prometida, y esta a su vez encogió sus párpados para mirarlo con genuino odio.

Tenía tantas ganas de romperle la nariz y patearlo en la entrepierna sin piedad, para enviarlo con todo y su barco de vuelta por donde venia ¡A las malditas Islas del Sur! Con sus condenados doce hermanos cargados de influencias y pactos políticos repartidos por todo el mundo.

―Debería arreglarse su alteza ―menciono Hans terminando de acomodarse sus guantes y corbata roja― la boda comenzará en un par de horas y no quisiera que llegara tarde a tan importante evento.

En el momento que en el que termino aquella frase la princesa ahogo un grito de frustración en sus entrañas, y un par de puños crispados se formaron en sus delicadas manos. Se acerco hacia él con pasos pesados que se escuchaban por todo el cuarto, obligando a Hans a voltear a verla con fastidio.

―¡No te casaras con mi hermana! ―Señalo Anna al punto del grito a unos cuantos pasos del príncipe.

―¿Oh, enserio? ―Pregunto con sorpresa fingida―, porque las invitaciones que se enviaron hace un mes a todos los reinos vecinos dice lo contrario ―decía en tanto sacaba una de su chaqueta de gala blanca del bolsillo interior―. Ves, lo dice aquí claramente ―señalo con su dedo índice como si Anna fuera tonta, mientras leía con voz solemne y entonada:

La casa real del reino de Arendelle en conjunto con la casa real de Las Islas del Sur tiene el honor de invitarlo a usted y su familia a la boda real entre:

La reina Elsa de Arendelle

y

El príncipe Hans Westergard del las Islas del Sur.

―Todo está muy claro y con membrete, el cual lo hace muy oficial ―informo severo, pues ya se estaba cansando de soportar a la mocosa princesa que tenía enfrente―. Ahora tú deber como hermana menor de su majestad es ir a la boda, saludar a los invitados y sonreír con cortesía ―remato serio con una mirada cruel a un par de centímetros del rostro de Anna.

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Elsa suspiro cansada y con tristeza enfrente el espejo donde observaba su hermoso vestido de boda, de strapples en forma de corazón con corte godet de seda blanco, que incluía transparencia y aplicaciones de pequeñas flores de encaje en los escotes y manga de tres cuartos. Era un vestido de ensueños muy elegante que iba perfecto con la forma de su cuerpo, tenía que reconocer el buen gusto de su futuro esposo que había elegido el atuendo que portaba. Porque ella con franqueza no poseía la menor intención de escoger nada, odiaba tanto el vestido en este momento. Tenía tantas ganas de arrancárselo del cuerpo y quemarlo en la chimenea a su espalda.

Miro con desprecio el anillo de compromiso que portaba en su dedo izquierdo del corazón, con forma de copo de nieve con pequeños diamantes, que le había dado Hans cuando se vio obligada aceptar su propuesta.

Y el muy maldito tuvo el descaro de decirle que lo había mandado hacer especialmente para ella, y que tenía prohibido quitárselo ¡Hasta lo había puesto como clausula en el contrato prenupcial que firmaron hace un mes!

El recordatorio continúo de su nueva prisión en la que estaba le ponía mal.

La buena publicidad, relaciones y alianzas políticas, eran ahora sus cadenas.

Entonces sus manos comenzaron a temblar, al recordar cómo es que él de forma muy lenta y suave deslizaba la argolla en su anular y comenzó a sentir su poder de hielo fluir en su cuerpo tratando de salir.

Se encontraba frustrada e impotente, sentía tanta pena por estar en esta horrible situación en la que no había encontrado más salida que en esta farsa de boda.

―Todo sea por evitar la guerra y procurar el bienestar de mi pueblo ―dijo Elsa tratando de darse valor para continuar con esta tortura―. No sientas Elsa, no sientas. Esto es por un bien mayor, vale la pena el sacrificio ―se convencía al decir esto último en voz alta, mirando su reflejo en tanto se colocaba su máscara de frialdad y se ponía unos guantes transparentes que complementaban su atuendo de novia.

Su traje de batalla estaba listo y sus escudos de hielo están fortificados para lo que venía.

Esta preparada para casarse.

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Hace unos meses atrás…

La inalcanzable Elsa.

Tan esquiva. Introvertida. Fría…

La que se escapaba una y otra vez de los cortejos y pretendientes que tuvo desde que sus padres fallecieron, y, esperaba la mayoría de edad para que fuese coronada reina. Nadie había podido acercarse a ella y rechazaba con tanta diplomacia a los candidatos de los reinos vecinos que no se formaba ninguna enemistad, sino al contrario, generaba admiración por su madures a tan temprana edad.

Todo el mundo lo decía: La princesa Elsa será una gran reina.

Incluso su doceavo hermano fue rechazado por ella, en persona argumentando que era demasiado mayor para aceptar su comitiva.

Fue ahí cuando pensó que tendría su oportunidad, pues él era más cercano a su edad. Pero tanto su padre como hermanos mayores le negaron el apoyo que su anterior hermano había tenido.

Hans si yo falle con ella, que soy más guapo e inteligente ¿Qué oportunidad vas a tener tú? ―le dijo su hermano burlándose de él enfrente de toda la familia.

"Para empezar 9 años menos" pensó Hans molesto tragándose sus palabras, pues solo era 2 años mayor que la princesa. No quería comenzar otra discusión donde todos se levantarían en su contra y saldría perdiendo.

Hace mucho había aprendido a poner su mejor sonrisa falsa, fingiendo que aceptaba dócilmente sus mandatos.

"Ya pagaran todos algún día por estas humillaciones que me han hecho pasar, solo esperen y lo verán" susurraba una voz llena de rencor en su mente.

Y así era, el momento en que se tragarían sus palabras era este mismo sino.

Después de un poco más de tres años, una de sus muchas virtudes era la paciencia.

¿Quién pensaría que todo esto era gracias al molesto Duque de Weselton y a la imprudencia de la princesa Anna?

Sí, fue justo después de que llegara a su tierra natal deshonrado y expulsado del reino de Arendelle por sus crímenes. Era muy consciente de las consecuencias si fallaba, sin embargo no se arrepentía por haberlo intentado y asumiría las consecuencias con la cara en alto; ya que nada de lo que hizo le avergonzaba. Si tuviera la oportunidad de repetir el pasado, lo único que habría cambiado era el dejar viva a Anna en la biblioteca encerrada; fue un error fatal no haberla eliminado con sus propias manos.

¿Pero eso ya que importaba? Sus hermanos lo trataban como la mierda de sus caballos e incluso puede que peor. Tal vez con esto podría generarle algo humillación a la reputación "inmaculada" de la "grandiosa" familia real de Las Islas del Sur ―nótese el sarcasmo con mucho desprecio, por favor―.

Y vaya cual fue la sorpresa de ser llevado ante su padre y hermanos, encontrarse con el repelente Duque de Weselton hablando a su favor. Desacreditando todo lo dicho por el emisario francés que lo llevo en su barco encerrado para irlo acusar con la familia real.

―La reina de Arendelle es una bruja con poderes de hielo ¡Que casi me mata con su temible poder! Es capaz de crear monstruos gigantes y con sus manos lanza picas de hielo ―decía el duque con su molesta voz, moviendo sus brazos y manos para darle más énfasis a su relato―. Mis hombres casi mueren en ese castillo que hizo con su brujería ―continuaba su relato buscando con la vista a Hans, señalándolo con su largo y huesudo dedo―. Entonces el valiente príncipe Hans salvo sus vidas luchando contra esa terrible bestia de hielo escabulléndose entre sus pies, para que perdiera el equilibrio y cayera al barranco. Le hizo frente a la reina también y pudo contenerla lo suficiente para que el terrible invierno que lanzó sobre su propio reino cesara. El príncipe Hans no es un traidor, es un héroe.

Entonces Hans se sonrió por dentro alegrándose por comprender las intenciones y hacia donde quería llegar el hombre.

Debido a que había sido expulsado, humillado y le habían cerrado las puertas del reino de Arendelle, el pequeño hombre buscaba venganza; además podía notar que estaba aterrorizado de los poderes de la reina. Podía trabajar con eso y poner el juego a su favor si jugaba bien las cartas sobre la mesa.

Su padre menospreciaba a los franceses, les creía un pueblo altanero y pomposo, en cambio conocía al Duque desde hace años ya que era el lazo de comercio en su reino natal. El pequeño hombre tenía muchos contactos en muy buenos terminos con varios reinos, tenía el poder de hacer que le cerraran las puertas del comercio exterior a la reina Elsa.

―Eso no fue lo que paso ―replico el francés.

―¡Va usted a negar que los hombres que mando con el príncipe Hans no fueron amenazados por un monstruo de hielo! ―exclamó Weselton enojado dando un salto que causo que su peluquín quedara en evidencia por lo brusco del movimiento.

―No, pero…

―¡Ajá! ―Señalo sin dejar que el otro hablara―. También va a negar que si no fuera por el príncipe, no estarían todos muertos o congelándose haya en el cima de la montaña.

―No, pero…

―Y responda ¿Quién fue el que se encargo de atender a toda la gente del pueblo de Arendelle para que no pereciera de frío?

―El príncipe Hans, pero…

―Entonces no hay más que decir, como ve su majestad su hijo es un héroe, no un traidor ―concluyo el Duque ante su padre, impidiendo que el francés hablara más y omitiendo el detalle de que había estado a punto de matar a toda la familia real de Arendelle.

Lo que paso después fue relativamente rápido y fácil. Su padre y hermanos lo interrogaron minuciosamente, y se apoyo en lo dicho por el Duque que le había dando toda la entrada a contar "su versión" de los hechos, al francés solo lo ignoraron. Y este a su vez entendió muy rápido de qué lado ponerse en esta ocasión. No era buena idea enemistarse con su familia, que aún que la odiaba podía aceptar los beneficios de tener en esta ocasión doce hermanos mayores de los cuales siete estaban casados con hijas de la nobleza extranjera y tres de ellos con princesas que tenían muy buenas posibilidades de ser reinas en su país natal. Los otros cinco tenían rangos diplomáticos como relaciones exteriores y comercio en los reinos circundantes que eran el lazo con su casa mater.

Él era la única oveja negra de la familia que solo tenía el titulo de Almirante, pero él no obstante se había ganado ese puesto con su propio merito y era él era el único además de su primer hermano mayor que tenía experiencia militar. De eso sí estaba muy orgulloso, el mar lo llamaba y él respondía.

Era la primera vez que su padre y sus hermanos lo miraron diferente, dándole el visto bueno ante lo que contó apoyado por Weselton. Fue una sensación vigorizante sentirse apoyado por la familia por primera vez en su vida, fue algo reconfortante en cierta forma y lo hizo sentirse por primera vez feliz un mucho tiempo. No le intereso que esa alegría fuera producto de una falacia.

Ahora que tenía de su lado a su familia y no lo iban a llevar a prisión o peor a la horca por máxima traición, era el momento de conseguirse un reino propio, y esta vez tenía todas las cartas a su favor para hacer que la reina de las nieves no pudiera ignorarlo, ni mucho menos rechazarlo.

Le tomo unos cinco meses volver a pisar la tierra que pronto sería suya, esta vez iba acompañado por una comitiva diplomática para presentarse ante una muy molesta y estresada Elsa, que todavía no podía creer que Hans tuviera el descaro de presentarse ante ella con toda esa confianza, fingiendo ser el encantador hombre que llego a seducir a su hermana menor.

―Reina Elsa vengo ante usted para presentarle una oferta que no podrá rechazar ―dijo Hans con voz segura y un toque de arrogancia.

―¿Y qué es lo que yo querría de usted? ―pregunto en tono gélido que se reflejaba en su azules ojos, y la habitación donde se encontraban bajo un poco la temperatura.

Hans sintió el cambio drástico de clima y se alegro por ser el responsable de eso.

―Vengo a resolverle los problemas de relaciones exteriores que ha tenido últimamente ―señaló culpado indirectamente al Duque de Weselton, que se la había dedicado a darle mala fama a ella y al reino haciendo que muchos países se retiraran de hacer negocio con Arendelle― y financiero también por lo que escuche.

Esta muy bien enterado de que gracias a la gran helada que causo se estropeo la cosecha y muchos granjeros perdieron a su muy valiosos animales de granja que no soportaron el frío y que eran el único sustento de muchas familias. Y ni que decir de las casas que se destruyeron a causa del hielo que fracturo tanto la madera que ahora estaba podrida y no era posible seguir viviendo ahí.

Pagar por todos los daños que causo y mantener a su pueblo alimentado estaba acabado con las arcas reales, además de que la venta y compra de productos venidos del reino de Arendelle no era bienvenidos en la gran mayoría de los puertos.

―La economía va muy mal por acá ¿No cree su majestad? ―pregunto Hans con fingida aflicción.

Elsa entrecerró los párpados analizando la situación, el maldito tenía razón. Las cosas no pintaban nada bien para ella y su gente. El invierno estaba presente y aún que usaba su poder para mitigar la crudeza de la estación, no podía ganarle a la madre naturaleza y algunos pueblos déjanos al reino estaba teniendo graves problemas para conseguir alimentos.

Había dejado salir su poder en bruto sobre Arendelle, desequilibrando la esencia del verano solo un día y esto basto para fastidiar toda la armonía natural de las cosas. Ahora estaba pagando las consecuencias de su arrebato, su poder era hermoso pero muy peligroso.

Las puertas de muchos aliados se estaban cerrando una a una cada vez que tocada, le tenían temor y la veían con una mezcla de cosas que no sabría muy bien que pensar al respecto. Era un conjunto de emociones entre miedo, admiración, respeto y curiosidad. Lo único que le causaba a ella era incomodidad, sin embargo con Anna a su lado podía soportarlo todo, ella la hacía sentir segura. Ella era su ancla en este mundo.

Hans sonrió abiertamente cuando vio a la reina pensando con mucho cuidado lo que iba a decir, estaba analizando todas las posibilidades.

―Lo que sea que quiera en este lugar no lo va a obtener príncipe Hans ―dijo finalmente ella.

―¿Es que acaso no desea recuperar el respeto y cariño de su gente? O… ¿Volver a tener buenas relaciones con los países vecinos? Porque déjeme decirle que no todos están felices…desde el incidente del verano pasado ―hizo una pausa para dejar que sus palabras se colaran en Elsa― usted ya sabe, sé que no lo hizo de mala intención, pero no todos lo saben. Ciertas personas aún no comprenden la belleza de su poder y le temen.

―¡Oh! Y usted si la comprende alteza ―dejo caer con un marcado sarcasmo saliendo de su suave voz, dejando ver lo mucho que le molestaba la presencian del hombre sentado frente a ella.

―Por supuesto que no majestad, yo no sé de magia. Sin embargo yo no le temo ―contesto con gran confianza, pues era sincero al respecto de ese tema en particular. No tenía ni idea de dónde venía su poder, pero de lo que si se había dado cuenta enseguida era que su magia dependía de sus emociones, y que su hermana era la clave para que los tuviera bajo control.

En el fondo era solo una niña perdida, solitaria y asustada, que pedía a gritos ser libre para bien o para mal, sin importar las consecuencias. Porque toda la vida había estado encerrada en su castillo, apartada del mundo, temerosa de su poder y teniéndose que reprimir constantemente, obedeciendo sumisa sin dejar salir a la verdadera Elsa.

La cual debía admitir era muy sensual, detrás de toda esa facha de muchachita estirada y correcta se encontraba toda una mujer que ardía en deseos de soltarse y dejarse llevar.

―No le creo ni una sola palabra, se que usted no tiene buenas intenciones y lo único que lo mueve es el amor por el poder que "no" tiene –Elsa remarco ese "no" como una daga en el orgulloso príncipe―. Y no sé qué clase de mentiras habrá contado para hacerse quedar como un héroe ante sus hermanos y padre, pero aquí en este reino y ante mí no es más que un despreciable, doble cara, embustero, trepador.

―Es agradable no tener que fingir frente a usted que soy una buena persona, es muy… ¿Cuál es la palabra? A sí… liberador ―contesto Hans con una sonrisa de lado. Él sabía lo que era y ella también así que iba a dejar las formalidades y la falsa amabilidad de lado―. Entonces seré directo con mis intenciones, reina Elsa de Arendelle vengo a pedir su mano ―declaro desde su asiento con toda calma, esperando el grito en el cielo de Elsa.

―¡Como se atreve a venir a decir eso! ―se levanto de su silla molesta a punto de llamar a los guardias para que lo sacan a patadas de su palacio y reino.

―Antes de que llame a su escolta personal, le advierto que si no acepta mi generosa oferta, Arendelle se verá sumida en la mayor depresión financiera que haya visto este reino. Y si acaso está pensando en que podría conseguir un mejor partido que yo, le recomiendo que lo reconsidere. Su reino se queda sin aliados políticos y comerciales, además no está preparado para detener una invasión a gran escala y si usted es la persona inteligente que creo que es, sabrá a lo que quiero llegar…

Hans sonrió de forma inocente, dejando al aire su frase, esperando que Elsa conectara los puntos.

De inmediato los ojos azules de ella se abrieron en señal de alarma.

―Me está amenazando con declarar una guerra ―afirmo con fría voz.

―Yo no he dicho eso, sin embargo se tiene que ser realista. Esta es una tierra muy deseable y en un estado tan vulnerable, es fácil pensar que otros reinos más grandes y poderosos quieran tenerlo para expandir las fronteras de la patria.

Elsa se dejo caer en su silla de cedro blanco, la tenia acorralada.

―¡¿Y qué va hacer después de que me case con usted?! ¿Asesinarme como trato de hacer no una, sino dos veces ya?! ―Reclamo Elsa tratando de contener su don para no lanzarle una ventisca en la cara y congelarlo― va a quedarse con el reino para usted solo como siempre quiso.

El príncipe miro con detenimiento a la reina disfrutando el momento.

La manera en como lo miraban ese par de ojos azules tan fríos y duros como un tempano de hielo le decía lo mucho que odiaba aceptarlo como marido. Pero eso le traía sin el menor cuidado, en tanto lo aceptara, le diera el título de rey y la corona que venían con el puesto que tanto ansiaba; el resto daba igual.

―No, por supuesto que no. Un rey debe tener a una reina a su lado, es parte del paquete.

―Como si fuera a creerle ―salió el sarcasmo a relucir en todo su esplendor mientras alzaba su ceja izquierda, dándole un aspecto más rudo del que tenían sus suaves rasgos de siempre.

Estaba lista para negociar.

―Harémos un contrato prenupcial, en el que indique que si muero antes que usted, mi hermana Anna princesa de Arendelle se convertirá en reina soberana. Mientras usted abdicara el puesto de rey gobernante de forma inmediata y permanente.

Era una mujer muy inteligente y astuta, tenía que concederle eso.

Él también tenía unos cuantos puntos que poner en el contrato y no iba a ceder terreno tan fácilmente.

―De acuerdo, a cambio su majestad me dará un heredero al trono de Arendelle que tomara mi puesto cuando ambos lo hayamos decidió en vida, y los futuros hijos de la princesa Anna no podrán acceder al trono sino abandono la corona de manera voluntaria.

Elsa maldigo a en su mente, el tema de los hijos era algo difícil. No podía soportar ver la ególatra cara del príncipe, mucho menos dejarse tocar por él. Eso le revolvía el estomago, tenía que pensar en un contraataque.

―Le daré un hijo, solo uno, y será cuando yo así lo decida. No importa si es niño o niña, yo lo criare dejos de su influencia y él o ella accederán al trono solo si así lo desea. Además si nace como yo y tiene poderes, no será recluido.

―Tendrá a mi descendencia antes de los treinta y cinco, eso le dará suficiente tiempo para acostumbrarse a mí y ambos lo criaremos.

Los dos se quedaron en silencio midiéndose, esperando a ver quien cedía primero.

―Anna será libre de casarse con quien ella decida, no será parte de ningún tipo de trato o alianza política.

―El único hombre con quien estará de forma intima será conmigo ―dijo no porque fuera un hombre particularmente celoso o posesivo. Lo que hacía era por mero pragmatismo, tenía que asegurarse que el ser que desarrollara dentro del vientre de la reina sería suyo. Su legado comenzaba y nadie se lo quitaría.

La reina de las nieves se estremeció por dentro al pensar en eso, debido a que no conseguía hacerse a la idea de estar con alguien de esa forma en particular. No por miedo a no estar lista, sino por falta de interés, para ella era mucho más importante tener una conexión emocional y a decir verdad no sentía la necesidad de reproducirse. Lo cierto es que nunca había pensado en los hombres como lo hacía Anna desde que entro a la pubertad, era como si se hubiera saltado esa parte de su crecimiento. En aquella época se preocupaba más por contener su poder y alejar a su hermana para mantenerla a salvo.

―Si usted comete adulterio se me concederá el divorcio, renunciara a la corona y a todos los bienes adquiridos dentro de este matrimonio.

Debía admitir que ella le estaba dando la batalla en este arreglo, en lo que iban del acuerdo había puesto dos clausulas que lo dejaban fuera del trono bastante aceptables que no podía rebatir. Era dura de pelar, sin embargo todavía faltaban muchos puntos que afinar y poner sobre la mesa para que ambos quedaran satisfechos.

Esto iba para largo, seria tedioso y cansado pero bien valía la pena. Estaba en proceso de tener un lugar propio como siempre soñó.

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N/A: Bueno, ¿qué les pareció? Hans regreso como conquistador, sin arrepentimientos y en plan el padrino "haciendo una oferta que Elsa no podría rechazar" –léase con voz a lo Marlon Brando.

Ha logrado hacer que la hermosa Elsa acepte ser su esposa y sus sueños de princeso se hagan realidad *A*

Solo espero que no me haya quedado muy tedioso o rebuscado la forma en cómo Hans quedo como un héroe y Elsa como la terrible reina de las nieves, dejando muy mal parado a Arendelle. Ya saben Hans es encantador cuando quiere y sabe sacar partido de cualquier situación XD

Flores, tomatazos, bolas de nieve o muñecos de Hans en la caja de comentarios ;D

Gracias por leer.