Este fic participa en el minireto de enero para "La Copa de las Casas 2014-15" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.

Disclaimer: Potterverso perteneciente a J. K. Rowling.

Palabras: 400


Ernie Mcmillan estaba terriblemente ofendido, y esto era un hecho. ¿Cómo se había atrevido ese grandísimo idiota de Derrick a decirle que era un cobarde? ¡Y delante de Hannah, encima! Ella le había mirado con una mezcla de lástima y compasión que solo había conseguido que Ernie se sintiera miserable.

Caminaba (o más bien aplanaba el suelo a base de potentes pisotones) hacia el campo de quidditch, donde se celebraría un Slytherin/Hufflepuff. Y el imbécil de Derrick estaría allí, chuleándose con su bate y ensañándose con los compañeros de Ernie. ¡No lo soportaba!

"Sabía que todos los Hufflepuffs erais unos cobardicas, la casa de los débiles y todo eso, pero es que tú te llevas la palma, Mcmillan". Esas habían sido sus palabras exactas. ¿Se podía ser más estúpido? Y él, rabioso y humillado, había dado media vuelta y salido corriendo…

La mirada condescendiente de Hannah no se le quitaba de la cabeza. ¿Creería ella también que era un cobarde?

Ernie gimió con desesperación mientras subía a las gradas del campo. No quería ver el partido. Solo deseaba tirarse en su cama y pensar en alguna forma de demostrarle a Hannah que Derrick se equivocaba.

Pero ella estaba ya ahí, esperándole, coreando el nombre de los suyos: el partido había comenzado.

Ernie se posicionó a su lado, apenas atreviéndose a mirarla. Hannah le sonrió con cariño y después devolvió la vista al juego, el cual él observó con tedio, distraído.

Pero de pronto, Derrick vio a Ernie, y este se estremeció al sentir los ojos del bateador fijos en él. El Slytherin esbozó una mueca socarrona, y sujetándose a su escoba bateó una bludger con todas sus fuerzas en su dirección… pero la pelota desvió su trayectoria, volando velozmente hacia el Fraile Gordo, que contemplaba el cielo con aire abstraído.

Hannah soltó una exclamación ahogada, y Ernie no lo pensó un segundo. Salvaría al Fraile y demostraría que era un héroe valiente.

Así que cogió carrerilla, saltó para interceptar la bludger, calculó mal… y se precipitó por encima de las barandillas hacia el terreno de juego, donde cayó con un desagradable crujido que delató la rotura de varios huesos.

Arriba, los gritos alarmados de los estudiantes alertaron al Fraile Gordo, a quien la bludger había atravesado limpiamente. Pero, al no encontrar el motivo del alboroto, el fantasma se encogió de hombros.

Y volvió a sumergirse en su contemplación del cielo.