Nota de la autora:

Se que tengo otros fics en proceso, pero estuve escribiendo esto y no creo que pase de dos capítulos. Me gusta distenderme con historias que no están tan planeadas de vez en cuando, Diciembre me dejó de cabeza así que necesito aflojar los dedos para continuar con los demás. Nuevamente los invito a pasar por mi perfil y revisar los links a mi tumblr donde publico los fics, fanarts y traducciones de la novela de MaruMA|KKM.


Belleza negra - Capítulo 1

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—Awww míralo Wolfram, ¡es muy pequeño! Me alegro que saliera todo bien con el parto.

—Ao es una yegua fuerte, no iba a tener complicaciones.

—Hola~, ¿cómo estas bebé? —El animal recién nacido hacia unas horas temblaba al mantenerse en pie y se dejó acariciar suavemente, Ao estaba recostada en el heno y resopló simpáticamente ante la voz de su dueño—. Es muy lindo este ponicito.

—Se les llama potrillos, Yuuri.

—Dooh, ¿por qué tan serio Wolf? —se quejó Yuuri con mala cara mirando al noble mazoku.

—¿Serio? No estoy siendo serio —contestó Wolfram de lo más normal.

—Tsk —fue la única respuesta del rey—, estas actuando todo estirado otra ve- ¡Ay! ¿Por qué me pellizcaste?

—No pienses que porque eres el rey te lo voy a dejar pasar si me tomas el pelo. Ya te conozco bien.

Yuuri se arrepintió un poco de que ahora se conocieran tanto, antes Wolfram era un poco más ignorante acerca de sus idas y venidas con la lengua. Olvidándose un poco de eso volvió la atención al potrillo recién venido al mundo y lo acaricio un poco más haciendo un puchero.

—¿No te parece lindo el caballito? —insistió.

Wolfram continuaba mirando desde atrás de Yuuri que se encontraba arrodillado en el heno, estaba inclinado con ambas manos sobre las rodillas y hasta ahora no se había acercado demasiado a los animales. Apoyó una rodilla en el piso y pasó los dedos por la pequeña frente del animal donde había una mancha blanca del tamaño de un par de dedos.

—Su color es muy hermoso, es una lástima que salió manchado. Pero igualmente no importa, será un buen caballo, Ao es excepcional así que es lo lógico de su descendencia.

—Yo creo que ese lunar es lindo, parece un poco una estrella, ¿no?

Wolfram rio por la nariz brevemente. —Tienes mucha imaginación, Yuuri. Y no son lunares, esas marcas en el pelaje se llaman solo manchas.

El joven japonés le dio un golpe leve con el hombro mientras chistaba por lo bajo: —No seas amargado, decirle mancha suena un poco feo, no está manchado, no como si fuera algo malo.

El pequeño potrillo se sentó frente a ellos, una vez sobre el mullido heno parecía más cómodo y los observo con sus profundos ojos negros. Yuuri lo miró pensativo.

—¿Crees que a Greta le gustaría? Ella puede montar un pony, ¿verdad? Creo que ya está grande como para eso.

—Esta grande como para tener un caballo adulto, y no es un pony, es un potrillo. Y además, este es un caballo de guerra, parece un poco pequeño ahora pero la diferencia con otros caballos se hará notar en un par de semanas.

—No sé qué me suena más peligroso para ella, si el potrillo de un caballo de guerra, o un caballo grande…

—Ya no es una bebé, es una niña grande. Además ella no es tan débil como piensas, es una niña muy fuerte.

—No me lo recuerdes, está creciendo demasiado ra… —el animalito interrumpió su queja en modo papi masticando suavemente con los labios los dedos de Yuuri, conmovido por la muestra de cariño de su casi-sobrino animal lo miro enamorado—. Awww, bebé, eres realmente lindo, ¿verdad? ¿A que si~? Ah, ya se, quieres esta varita de paja, sí, eso quieres~. Jaja, eso hace cosquillas, oye, no muerdas, aunque seas bebé puede llegar a doler. Pero no me morderías, ¿verdad? No como los otros caballos malos…

Yuuri miró a Wolfram a su lado, él le observaba con los parpados caídos así que detuvo su charla. Le devolvió la mirada un momento con los labios entreabiertos y se le tiñeron las mejillas de un leve color rosado.

—Estás pensando que soy un idiota, ¿verdad? —preguntó avergonzado, aun sostenía la tira de paja y el potrillo la masticaba avanzando muy lentamente hacia sus dedos desde el extremo. Era más un juego que realmente ser alimentado.

Wolfram apretó los labios y miro hacia arriba recordando. —Deberías ver a mi hermano mayor. Él cree que se esconde bien, peor varias veces lo espié cuidando a los animales cuando era chico. ¿Tú piensas que pareces tonto? Pues, no tienes idea…

—Oye… ¿acabas de llamar tonto a Gwen? ¡Es la primera vez que te escucho decir algo así!

El chico lindo se sorprendió levemente al darse cuenta de que era verdad y formo una sonrisa divertida, pero igualmente evadió el tema. —No le he dicho tonto directamente.

—Ahora que lo pienso, nunca te he oído hacer algo como eso.

—¿Algo como qué? —preguntó Wolfram sin entender.

—Hablar así. No sé, a una mascota, a un bebé.

Los ojos negros de Yuuri se alinearon con los ojos negros del portillito cuando ambos miraron al ex príncipe a la vez. El escrutinio de parte de dos seres tiernos, en mayor o menor medida, lo puso notablemente incómodo y corrió la cara.

—No… —titubeó—. No haría algo como eso.

—¿Por qué? ¿Qué tiene de malo, por qué te avergüenzas? —gracias al desconcierto tan evidente de su amigo Yuuri comenzó a dejarse llevar y presionar. Puso una mano sobre su codo y tiró un poco de su ropa mientras el mazoku se echaba hacia atrás abochornado al adivinar cómo seguiría esto—. En serio nunca te oí hacer algo así, nunca le hablas ni siquiera a Greta tan cariñosamente.

—Greta es una niña grande, tú la mimas demasiado.

—Pero recién dijiste cosas lindas de ella con esa actitud de "yo superior" de siempre, ¡es demasiado serio!

—No soy así de serio… —Cuando Yuuri se acercó peligrosamente Wolfram se echó hacia atrás hasta que no pudo más y cayó de lado al lado del potrillo con un ruido suave y seco del heno. Las manos del rey se posaron en sus hombros mientras seguía presionando tanto física como psicológicamente al pobre mazoku.

—Si lo eres, o al menos últimamente haces más eso. Ponerte todo agrandado y adulto. Tienes 82 pero para un mazoku eso es aun joven, ¿verdad? No puedes andar comportándote como un vejete, Wolf. Antes eras diferente.

—¿A quién le dices vejete? Aprende a montar un caballo y luego hablamos, bebé.

—Tsk, pero si ya aprendí, tú me enseñaste —dijo Yuuri cruzándose de brazos y mirándolo desde arriba de rodillas.

Wolfram cerró la boca, Yuuri tenía un punto.

—Hazlo.

—¿Qué cosa?

—Háblale al caballito de forma tierna. Quiero verlo. Quiero oír como suena Wolfram siendo ridículo y no estricto como te haces ver últimamente.

El apuesto joven noble de cabello dorado abrió la boca para retrucar pero no se le ocurrió nada. La cerró haciendo una mueca exagerada marcando los pasillos a los lados de la comisura de sus labios. No iba a decirlo, no iba a decir nada. Demasiado orgulloso, ya no le importaban los tontos insultos de Yuuri.

El joven chico de cabello negro comenzaba a emocionarse más con la idea de ser quien tenía las de ganar. Se inclinó un poco más y le dio un apretón al hombro de su amigo con fuerza mientras sonreía divertido.

—Vamos, Wolf, no es tan difícil.

—No tiene nada que ver con eso, ¿cómo va a ser difícil? Yo no soy así, y ya está.

Punto final. Eso.

—¿Así cómo? ¿Cariñoso? Eso es una gran y apestosa mentira —rio Yuuri convencido, Wolfram solo pudo mirarlo con algo de asombro. ¿Por qué habría Yuuri de estar tan seguro de saber tanto sobre él?—. Míralo, es súper tierno. Y hasta Gwen lo hace, y ya viste como es Gwen.

Ante la insistencia miro los bonitos ojos del animalito ajeno a la discusión. El potrillo recién nacido lo miró con ojos negros brillantes tras largas y curvadas pestañas, con su figura desgarbada y enternecedoramente pequeña. Su pelaje estaba limpio y brillante, pelo nuevo de un potrillo recién llegado al mundo. Si, era muy bonito. De un majestuoso color negro a pesar de la pequeña falla en la frente parecía ser perfecto. Tal vez incluso ese defecto le proporcionaba cierto carisma particular.

Wolfram pasó saliva con un poco de dificultad y se dio cuenta de que al estar rígido se le había puesto la boca un poco seca. Las manos de Yuuri encima suyo no eran algo extraño del todo, pero le perturbaban un poco. Era esa sensación tan conocida de pensar las cosas dos veces que tenía siempre cerca de su rey.

—Sino, dile algo a ella —dijo Yuuri.

La madre primeriza de un puro color azabache no hacía nada más que descansar medio recostada, de vez en cuando hocicaba a su cría y los miraba como preguntándose: ¿Qué hacen amos, no van a prestarme atención?

Dos caballos negros. Cabello y ojos negros. Yuuri.

Wolfram se recompuso de repente, se cruzó de brazos y enderezó la espalda para sentarse correctamente. Ladeo la cabeza cerrando los ojos y bufo.

—Hump. ¿Por qué estás tan insistente con esto?

—Daah, vamos, es como si te estuvieras reprimiendo. ¿Qué es eso de "no soy así" —la voz de Yuuri cambio a una más grave y profunda imitando a Wolfram antes de continuar— y cosas como esa? Te lo he mencionado hace un rato pero no me has contestado, últimamente estás diferente. Cuando te conocí no eras tan serio como ahora, aunque aún dices cosas sentimentales a veces.

—La gente cambia. Y no soy así —repitió convencido, esta vez con una mirada fiera de las típicas de él—. ¿Qué sabes acerca de mí, Yuuri? Porque creo que en realidad no sabes mucho e igualmente te pones a hablar tan campante acerca de si me reprimo o no. No me agobies.

Intentando tener un mínimo de delicadeza Wolfram saco la mano del rey de su hombro y se levantó sacudiéndose las ropas un poco.

Yuuri hizo un puchero y se lo quedo mirando. El ceño fruncido de su amigo era decepcionante, pero no le intimidaba. A pesar de eso se tocó con suavidad la mano que recién había sido apartada.

—Si no te gustan los caballos, Gwen tiene gatitos tiernos.

La mirada que le dio Wolfram era complicada, sus ojos verdes estaban vacíos de emoción por la broma y la insistencia, y sus labios curvados hacia abajo por el mal humor. El cabello rubio ondulado flotó cuando se dio la vuelta, y aunque Yuuri solo lo estaba viendo de espaldas podía notar su barbilla demasiado en alto.

—¡Son recién nacidos! —gritó con las dos manos a los lados de su boca cuando él ya estaba lejos.

Suspiró y miró al potrillo y a Ao. Se agachó en cuclillas aceptando la cabeza de su caballo real en su regazo y la acarició detrás de las orejas mientras aun miraba la puerta. De repente se sentía solo.

—Aaahhh~ —suspiró de nuevo un poco triste.


Habían pasado unas horas desde el almuerzo y Yuuri se encontraba en el despacho. Continuaba con su trabajo y no le quedaba más que seguir con la cabeza metida dentro de papeles por el resto del día. Sus obligaciones de hoy no incluían reuniones con nadie, lo cual hacia que el ambiente fuera demasiado tranquilo. Incluso Gwendal y Günter lo habían dejado solo.

Wolfram apareció en la habitación de repente, desde la mañana en el establo que no lo veía y no sabía dónde había almorzado, no se había presentado al comedor. Estaba levemente preocupado al pensar que tal vez había algún problema y por estaba evitando verlo.

—¿No has almorzado hoy? —le preguntó casualmente.

—Si almorcé —su tono de voz y su actitud al acercarse eran las usuales, eso hizo que Yuuri bajara la guardia y alejara los pensamientos sobre malo entre ellos—, pero me quedé en el estudio.

"Estaba dibujando... Así que ahí es donde ha estado todo este tiempo". Hoy parecía ser un día relajado para ambos jóvenes.

—¿Por qué estás solo? ¿Dónde está Conrart?

Incluso el cabello dorado del tercer hijo se ondeó como siempre cuando movió la silla cercana para sentarse. La tetera frente a él aún tenía agua caliente, Yuuri lo observó servirse una taza. Parecía muy tranquilo.

—En la ciudad, tenía cosas que hacer.

Espero un momento en silencio mientras Wolfram tomaba un sorbo de su té y bostezaba profundamente. Sus parpados levemente caídos no indicaban aburrimiento, pero si se veía decaído. Yuuri se giró un poco en la silla y miró por la ventana. El día en sí mismo era sumamente tranquilizador, con un poco de destiempo bostezo también, se lo había contagiado.

La pluma ya estaba en el tintero y se quedaría así por un rato, el documento de turno ya había sido completamente leído, pero tendría que empezar de nuevo luego desde cero.

—¿Le vamos a dar el caballo a Greta? —le preguntó Yuuri a Wolfram intrigado por saber que pensaba sobre ello. Cualquier cuestión que tuviera mucho que ver sobre ese mundo se la dejaba a sus guardianes.

—Si no lo quieres para ti entonces sería adecuado que fuera para ella. Aún faltan años para su mayoría de edad, tiene tiempo para decidir qué hará de su vida, pero aunque no decidiera hacer el servicio militar no veo ningún problema en que conserve el caballo de guerra. No parece ansioso o asustadizo, no es peligroso.

Yuuri pensó un poco sobre las costumbres de los mazokus, muchos de los nobles y aristócratas acostumbraban a volverse militares, tal vez Wolfram esperaba que Greta decidiera algo como eso. De repente Gisela apareció en su mente. El joven rey pensó que tal vez un modelo como ese le daría menos escalofríos que uno como Lady Veneno.

—¿No necesitas un caballo de guerra? —le preguntó curioso—. Eres un militar después de todo. Aunque ya sabes que estoy en contra de la guerra y espero que no haya nunca más ninguna, ¿tal vez es más adecuado para ti? A mí no me importa quién de los dos se lo quede, tengo a Ao.

—Creo que no estás pensando a futuro. Pero está bien si no lo quieres, los sangre pura nunca pierden cualidades, así que no importa si decides conservar otro potrillo de dos o tres generaciones más adelante. Pero Ao algún día tendrá que retirarse.

—¿Cuál es la esperanza de vida de los caballos de dos corazones?

Wolfram rio por la nariz suavemente. —Lo dices como si fuera raro que tenga dos corazones, en tu mundo tenían solo uno, ¿verdad?

—Así es.

—Los caballo viven unos sesenta años, pero la vida útil ronda los cincuenta. Luego depende del animal se lo retira a un trabajo menos pesado para su salud.

Yuuri miró el techo un momento. —Si estuviera en casa no necesaria otro caballo para dentro de sesenta años.

Wolfram se lo quedó mirando, resulto algo incómodo cuando ambos encontraron los ojos del otro. Nunca habían hablado sobre la expectativa de vida de Yuuri, pero se había hecho evidente el cambio desde el día que llego a ese mundo. El japonés no se molestó en pensar acerca de eso de nuevo, no quería contemplar la idea todavía, por el momento aún era un poco difícil aceptar su rol en ese mundo.

—Si tú no lo quieres y yo aún no lo necesito, entonces está bien para Greta. Pero yo no sé nada de caballos, así que te dejaré a ti los detalles. Pero no sé si estoy cómodo pensando en que lo monte cuando sea adulto, será un caballo grande… Es macho a diferencia de Ao, ¿así que será aún más morrudo?

—Probablemente —dijo Wolfram mientras se servía más té y luego echaba más agua en su taza—. Pero ya te dije que Greta es una niña grande, incluso podría considerarse una adolescente y con tan solo unos pocos años más una mujer. Y el color negro es adecuado para la hija del Maou.

—No —dijo Yuuri trsitemente. Fue obvio para Wolfram que no estaba comentando sobre el color del pelaje.

Yuuri apretó los labios y entrecerró los ojos, aunque él creía que se veía enojado y severo solo resultaba simpático. Wolfram lo miró levemente sorprendido por la interrupción y mostró los dientes al sonreír y se contuvo de negar levemente con la cabeza.

—Ella está grande, si no es una adolescente ahora, tampoco es que le quede mucho tiempo para seguir considerándola una niña —remarcó el joven mazoku—. Y tú la mimas demasiado. Eres demasiado blando en general, no puedes con los niños. Necesitas más experiencia y cambiar un poco de actitud para ser un buen padre.

—Puedo ser severo cuando quiero.

—No lo dudo. —Las palabras de Wolfram lo sorprendieron, pero al mirarlo vio que lo decía en serio—. Te he visto ser duro con la gente, incluso con niños pequeños. ¿Necesito repetir siempre que tienes lo que se necesita? Es solo que aún no sabes usarlo. Digas lo que digas, aun eres un novato.

Esa sonrisa hizo que no tuviera comentarios para decir, Yuuri solo corrió la vista a otro punto de la mesa y tomo un sorbo de té.

—Como te decía, Greta está grande y me alegro, así puede defenderse sola cuando eres demasiado sobreprotector.

—Espera un momento, ¡tú también eres sobreprotector!

—Es diferente.

—Pero lo eres, y si vamos al caso, tal vez deberías aprender a ser más blando. O sino no sabrás tratar a un bebé cuando tengas hijos.

—Soy capaz de cuidar niños pequeños —dijo Wolfram con total seguridad de una forma muy resuelta y luego sonrió, el tema de conversación lo mantenía de buen humor—. Estoy preparado para cuando tengamos más niños.

—¡Uwa…! ¿Ni-niños? ¿Más…? ¿En serio estás planeado eso…?

—Por supuesto. Pero por favor no adoptes más niños, especialmente bebés. Te dejas llevar muy fácilmente, no vayas a adoptar uno sin mi permiso, tienes que consultarme ese tipo de cosas primero. He contemplado la idea solo como un plan a futuro y prefiero planearlo con tiempo.

La boca de Yuuri estaba ligeramente abierta mientras lo observaba intentando pensar como continuar con la incómoda conversación que surgió de repente.

—Pero nosotros no podemos tener bebes…

—¿No es eso obvio? ¿Pero no te parece mejor? Así no sucederá nada por accidente.

—Accidente… —murmuró Yuuri, sus ojos titilaron ante la incomodidad de los embarazos adolescentes no deseados y sus mejillas comenzaron a teñirse levemente de color rosa.

—Podemos planearlo con tiempo. Justamente por eso que ni se te ocurra adoptar más hijos sin pensarlo. —El dedo de Wolfram golpeo en medio de su frente con fuerza.

—¡Auch!

—¿Me oíste Yuuri? Tienes que avisarme. Al menos por ahora no pienses en ello porque hay otras cosas que tenemos que zanjar antes de pensar en tener más hijos. Ni siquiera puedo llamar a Greta oficialmente mi hija por culpa de que eres tan lento.

El enojo por el golpe había desaparecido, también la vergüenza, los labios de Yuuri volvieron a estar abiertos y se sintió perdido por todo este cambio de tema. Su corazón latió un poco acelerado.

—Umm… Am, ne-necesito continuar con este documento.

Wolfram sirvió otra taza de té con calma y sacó una pequeña edición de bolsillo de las novelas de Anissina de su chaqueta y la puso sobre la mesa.

—Avísame si necesitas ayuda con eso.

Fue imposible para el inexperto rey poder concentrarse durante un largo rato aunque su acompañante estuviera tan a gusto. Eso lo dejaría pensando por días.

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Continuará…