Nota de la autora:

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Belleza negra – Capítulo 3

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Toco la puerta tres veces con vigorosidad.

—Soy yo, Wolfram.

El silencio dio a entender la duda del ocupante de la habitación, pero aunque el hijo menor tenía la costumbre de abrir y pasar por su cuenta siempre, esta vez espero un poco.

—Adelante.

Ahora si abrió contento y dio un paso dentro con el cabello flotando y una sonrisa en el rostro. Solo venía a visitar a su hermano porque sí, estaba contento de verlo durante el tiempo libre, pero a pesar de que se supone que fuera de las horas de trabajo debería estar más relajado el ceño de Gwendal estaba levemente fruncido.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó el menor mientras se asomaba simpáticamente hacia las cosas en la mesa con las manos a su espalda, los ojos verde claro estaban llenos de curiosidad. Wolfram era muy apuesto pero a veces algo infantil con sus actitudes, y eso ablandaba al primer hijo notablemente.

Con sus cejas mucho más relajadas comentó: —Hoy cumplen treinta días.

—Ah, me habían dicho que tenías nuevos. —Que Gwen rescatara animalitos era costumbre, nuevos o viejos, siempre tenía algunos—. ¿Ya les conseguiste casa a todos?

—Solo a tres.

Wolfram se apoyó sobre la mesa con una mano y con un dedo tocó muy suavemente la cabeza de uno de los gatitos. —Tres de cinco no está mal.

—Aun necesitan cuidado constate durante una quincena más.

—Pero te gusta cuidarlos, ¿verdad?

Los ojos de su hermano pequeño eran sinceros, no había necesidad de esconderle nada. Gwendal sonrió un poco torciendo la comisura de su labio hacia un lado y volvió a bajar la vista a los animalitos. —Sí.

En vez de sentarse, Wolfram observó alrededor en la habitación. —¿Quieres que sirva un poco de té? —preguntó pensando en conversar un rato con su hermano, pero cuando él estaba por responderle nuevos golpes en la puerta interrumpieron.

—Oh, Gwen, si estabas aquí —comentó Günter al asomarse inmediatamente luego de tocar.

—¿Necesitas algo? —preguntó el hombre de pocas palabras.

—Sí, hay algunas cuentas que no han quedado claras luego de revisarlas.

Gwendal miró a su hermano menor y luego a Günter que se aproximaba y esperaba que se decidiera. Odiaba dejar el trabajo atrasado, de hecho prefería dejar adelantado el trabajo de mañana de ser posible. Asintió suavemente con seriedad y volvió la vista al joven sentado en la silla.

—¿Puedes cuidarlos por un rato?

—¡¿Yo?! —se asombró Wolfram y se quedó callado—. ¿N-no tengo que darles de comer o algo, no?

—No, ya han comido.

—Mmm… Bueno. —No tenía muchas opciones, y solo sería por un rato.

Para cuando su hermano mayor y Günter dejaron la habitación Wolfram seguía pensando que no tenía idea de qué hacer con ellos. Apoyó los codos en la mesa y su barbilla en sus manos mientras miraba el interior de la canasta, de los cinco solo uno estaba despierto y bastante activo. Su cola se mantenía erguida como una pequeña antena y caminaba por sobre sus hermanos con las patas demasiado abiertas de manera graciosa.

Le ofreció sus dedos a la pequeña bolita peluda para entretenerlo y se puso a divagar sobre lo que Yuuri le había dicho la semana pasada.

Por un momento se preguntó: ¿Soy incapaz de ser cariñoso? No, no era el caso, pero no podía ni siquiera pensar en algo tierno que decirle aunque sabía que en su lugar Gwendal estando solo se desarmaría en palabras tiernas. Pero no tener palabras bonitas de sobra como las tenía su prometido no significaba que no le gustaran los animales, o que no le parecieran simpáticos esta clase de cachorros.

Era lindo. Pequeño, peludo, indefenso. No aprecia que fuera a dormir en ningún momento así que aprovecho para levantarlo frente a su rosto, el gatito le reprochó con un "meeeh" agudo y casi sordo al final sacándole una risa suave. Sin duda era muy lindo.

Reclinado sobre la mesa casi recostado lo acercó más a su rostro entre sus brazos, el pelaje suave le hizo cosquillas sobre las mejillas y la cercanía de un ser vivo fue bien recibida por el animal. La cría se acomodó y desplegó su armamento gatuno ronroneando con poca experiencia. Wolfram sonrió dulcemente de esa forma que a veces se le notaba cerca de Yuuri o Greta y acaricio su espalda muy suavemente.

Estaba disfrutando de restregar su rostro contra el pequeño gatito de la misma forma que lo hacia él cuando observo de reojo hacia la puerta y la sorpresa de verse observado mató el momento.

El inconfundible color negro se asomaba a medias, Yuuri espiaba tras el marco de la puerta abierta con solo un ojo y media sonrisa visible. Al ex príncipe se le subieron los colores con anticipación al saber que iba a molestarlo de alguna manera por esto, siendo él no le dejaría en paz.

Yuuri no dijo nada y se acercó a paso rápido a la mesa donde Wolfram se había sentado erguido rápidamente, en la canasta vio a los cuatro que dormían unos sobre otros y en las manos de Wolfram al último hermano.

Tras un leve momento de silencio observando a Wolfram que ahora miraba para otro lado decidió hablar sin dejar de sonreír. —Te lo dije.

—¿Q-qué? —preguntó Wolfram como si fuera una queja, estar avergonzado no mejoraba su actitud.

La sonrisa de Yuuri se agrandó, lo conocía lo suficiente para no verse intimidado por un ceño fruncido. —También tienes tu punto débil, ¿no?

—¿Nunca te dijeron que espiar es mala educación?

Los brazos de Yuuri rodearon sus hombros y el peso de su pecho se recargo en él aplastándole contra la mesa. Wolfram apoyó la mejilla en la madera y jugueteo con el gatito con las orejas y las mejillas aun encendidas mientras esquivaba la mirada de Yuuri, solo podía ver sus dedos yendo hacia la barbilla del cachorro.

Estaba un poco confundido sobre si aún se ruborizaba por haber sido atrapado en el acto, o por estar atrapado físicamente.

Yuuri notó el cambio en su propia conducta y se dio una bofetada mental, pero no cambio de posición. Sus actitudes simplemente iban en contra de sus pensamientos. Se entretuvo acariciando al cachorro de gatito mientras no podía evitar pensar que normalmente ellos no eran tan cercanos, el silencio y la situación no eran del todo normales.

—¿Qué vas a hacer ahora? —preguntó por preguntar. Sea lo que fuera que iba a decirle antes se le había olvidado.

El respaldo de la silla estaba de lado así que el cuerpo de Yuuri no tenía nada que lo detuviera, Wolfram sintió el movimiento de sus labios en su campo visual y su respiración moviendo tenuemente sus cabellos. La mejilla de Yuuri estaba reposada en su cabeza y sus manos entrelazadas no desaparecieron de su pecho.

—Nada —Tragó despacio, de repente tenía la boca seca—. ¿Quieres hacer algo?

—Mmn. —Sea lo que sea que pasaba, les pasaba a los dos. Wolfram intentó mirar de reojo pero no podia alcanzar a observar su rosto—. ¿Quieres acompañarme a montar? Me viene bien un poco de ayuda con eso.

El cuerpo de Yuuri se separó del suyo y el espacio extra fue bienvenido, hacía calor así que el ambiente fresco se hizo evidente de golpe. Wolfram no tenía el tacto suficiente para ponerse a pensar ahora en lo que pasaba, as que tomo la oportunidad que se le ofrecía.

—Seguro, un poco de aire me vendría bien.


¿Debería hacer un movimiento, o no debería?

Sentado a horcajadas en la espalda del caballo la mente del ex príncipe iba y venía entre dos ideas opuestas. ¿Qué estaba pasando entre ellos? Observó a Yuuri cabalgando a cierta distancia y él forcejeo con las riendas de una forma increíblemente obtusa, incluso para un principiante. Se lo quedó mirando. ¿Realmente estaba pasando algo entre ellos? Podía ser un error, y así lo parecía en este momento observando la tozudez e idiotez normal en su prometido por momentos.

Podría volverse viejo y morir aun comprometido a ese chico, o ese hombre, depende la perspectiva. Miró al frente mientras contemplaba un futuro no muy esperanzador y dejaba caer sus párpados sobre sus ojos cristalinos. Yuuri era raro, siempre fue raro y seguiría siendo raro. Era exagerado y bobo, demasiado confianzudo, lerdo, necio, enojadizo e inexperto. ¿Por qué demonios le gustaba alguien así?

—¿Qué estás haciendo Wolf? ¡Te estás quedando atrás!

Y Yuuri reía, su voz alegre, mostrando los dientes y entornando los ojos. Y le hacía sentir mariposas en el estómago.

A pesar de todo aun quería a su tonto rey.


Una copa para calmarse, una para reflexionar, una para decidirse, una para el coraje, una para la timidez, una porque quedaba poco en la botella… Ya no había vino, pero se tomó una más de licor para los nervios.

A esta hora normalmente comenzaba a sentirse cansado y se recostaba en la cama aunque no se durmiera, a veces a leer o a veces solo a reposar hasta cerrar los ojos y no levantarse de nuevo a menos que Yuuri lo despertara para tomar un baño. Pero hoy había estado dando vueltas en la sala de descanso esperando.

Yuuri había llegado hace un rato cuando abrió la botella, y le había carcomido por dentro el pensar si de verdad iba a enfrentarlo hoy o no. La gente decía que era más simpático bebido, así que pensó que era una buena idea tomarla toda. Un poco flojo, pero no había remedio, hubiera hecho lo que fuera para lograr soltarse. Era un poco triste tener que recurrir a la bebida, pero normalmente asustaría a Yuuri, como ya había pasado tantas veces, y tal vez de esta manera podría ser un poco más cariñoso.

Con el calor de la bebida revolviéndole el estómago camino hacia la cama pero notó las puertas abiertas del ventanal y las cortinas que se movían con la brisa. La noche era oscura y contra el barandal de piedra estaba la silueta negra de espaldas a él, Yuuri se apoyaba con los codos sobre el borde mirando el cielo. Era joven aun, peor muy apuesto. El rey volteó la cabeza un instante para observarlo parado en la salida y volvió a mirar hacia arriba como apuntando con la nariz al cielo.

—Esta noche hay luna llena —comentó de forma taciturna.

Wolfram avanzó sin pensar, cortesía del alcohol que poco a poco tomaba control sobre su cuerpo, y de improvisto rodeó la cintura de Yuuri con los brazos apoyando su rostro contra su nuca y su cuello. Él dio un respingo asustado y se enderezo esquivando sus caderas, pero Wolfram no lo soltó apretando el agarre y esperando. Era una extraña muestra de cariño, pero durante los últimos días el contacto físico había cambiado entre ellos.

—¿Qué estás haciendo? —le preguntó Wolfram a Yuuri mientras reclinaba la cabeza para apoyar la mejilla sobre la parte trasera de su hombro. Entornó los ojos y apretó las manos sobre la tela de su uniforme, envolver su cuerpo de esta manera lo calmaba. Era agradable pensar que ahora podía cuando veces anteriores le hubiera gustado pero no pudo. El alcohol nublaba sus sentidos un poco, pero estaba bien.

—N-nada, solo miraba… —Wolfram sonrió con los ojos cerrados al notarlo nervioso y se meció un poco sosteniéndolo mientras Yuuri siguió hablando—. Ahora está más agradable que durante el día, ¿no? …No puedo entender este clima, a la mañana está helado, durante el día el sol te cocina y por la noche está templado…

Yuuri trago saliva, aunque quisiera hablar sinsentidos para apagar su nerviosismo no parecía poder. Últimamente le costaba hablar cuando las cosas se ponían tensas y los silencios extraños se hacían presentes. Wolfram continuaba abrazándolo, lo había asustado al tomarlo desprevenido y su corazón latía con fuerza. Sintió el leve olor del alcohol cuando acercó su rostro y lo pegó contra su cuello de nuevo, tuvo un fugaz recuerdo de su padre cuando bebía demasiado. Pero la situación era diferente, y la respiración sobre su piel hizo que se ruborizara fuertemente.

—Mmmmnn… —ronroneó Wolfram, las vibraciones de su boca llegaron a su mandíbula.

Era extraño, y cálido, y sexy, y simpático. Yuuri se dio la vuelta de golpe separándose de él para enfrentarlo en una explosión de audacia.

—¿Q-que está haciendo Wol…?

Su pregunta se entrecortó cuando el cuerpo delgado del mazoku rubio se pegó de nuevo contra él sin importarle la cercanía de sus rostros. Ojos verde cristal lo observaban de cerca tan solo iluminados por la tenue luz de la noche.

—W-Wolfram-san.

El ex príncipe resoplo una risa por la nariz y se formó una sonrisa en sus labios, sus ojos se rasgaron un poco en una expresión de alegre tranquilidad que pocas veces tenia. La diferencia se notaba estando apaciguado por la bebida.

—¿Ya empezaste con los honoríficos? —preguntó divertido. Acercó su rostro un poco más y rozó su mejilla contra la suya, apoyando la barbilla nuevamente sobre su hombro—. ¿No me dijiste que tenía que buscar alguien con quien ser cariñoso?

Yuuri ni siquiera supo cómo responder. Wolfram lo tocó suavemente a la altura de las clavículas sobre la ropa y observó cómo pese a la oscuridad sus dedos contrastaban con la superficie negra de la tela. Embelesado con la oportunidad de tenerlo tan cerca acarició su mejilla con la nariz y rozó sus labios por su barbilla pensando en un beso. Cuando Yuuri ladeó el rostro buscando espacio aprovechó para besarle suavemente debajo de la mandíbula, pasó los dedos por la mejilla opuesta y delineó su labio inferior con el pulgar, observando, solo mirando con ganas de más, pero sin dar el paso.

Sus ojos verdes se clavaron en el joven japonés durante un breve momento que parecía demasiado largo, vagando entre sus ojos, el puente de su nariz y su boca. Se sentía flojo y se le notaba, aunque para él la situación era normal para Yuuri era evidente que se había pasado de copas esa noche, no recordaba haberlo visto tan mal desde… prácticamente nunca. Solo aquella vez en una fiesta, y era distinto, Wolfram solía ser jocoso y arrastrar palabras, pero no ponerse tan íntimo.

Y ahora lo miraba tanto. Yuuri rodó los ojos hacia las estrellas en el cielo fuertemente ruborizado y se llevó la mano al cabello. Wolfram no estaba haciendo nada desde hace un rato y dudaba de que clase de pensamientos rondaban su mente, no podía entenderlo. Y no sabía qué hacer en una situación como esa. "Esta borracho…".

El tercer hijo estaba en su propio mundo con la frente apoyada contra la barbilla de su prometido. Tenía sueño y los brazos que rodeaban su cintura y las manos que se apoyaban calientes sobre su espalda eran contenedoras. Podía ver muy de cerca la piel de Yuuri antes de perderse en el cuello de su uniforme, sus labios estaban cerca y al apenas levantar el rostro su boca reposó al lado de la suya, pero no se sentía bien continuar. "Tienes que decirle algo" se reprochó, "dile cómo te sientes".

Tomó un mechón de cabello negro entre la punta de los dedos y sintió su tacto sin moverse, sin estar satisfecho hundió los dedos en la parte trasera de su cabeza acariciándolo. "Dile algo… ¿por qué es tan difícil?". Se respondió a sí mismo la pregunta sin pensarlo, "porque si huye esta vez va a doler".

Las manos de Yuuri tocaron su cabeza y la distancia casi inexistente entre sus bocas desapareció. Su nariz presionó contra su mejilla y sus labios contra los suyos, los ojos de Yuuri estaban cerrados y luego de un momento cerro los suyos.

Wolfram se dejó caer un poco, no era necesario sostenerse ya que era sostenido, y la sorpresa le había aflojado las rodillas de repente. Tal vez las palabras simplemente no eran lo suyo. Ambos apretaron el abrazo, el olor a alcohol se mezcló junto con el calor de los cuerpos. No había un momento más perfecto.

Cuando Yuuri se había perdido en el beso y confiado de que el peso reclinado sobre él le daba algo de poder sobre su dominante prometido Wolfram lo levanto del piso. —¡¿Q-que…?!

Se desestabilizó por completo y se asustó al sentir que caía hacia atrás, pero con su trasero sobre la piedra se echó hacia adelante sin notar los brazos que lo sostenían fuertemente por la cintura y enganchó los pies en la baranda para no caer. Se aferró a los hombros de Wolfram con dedos y uñas por la sorpresa, pero antes de poder comprender las palabras del mazoku le interrumpieron.

—No te dejaré caer.

De un momento a otro el beso tranquilo de antes se convirtió en el reto de volverse a ver a los ojos. Yuuri se ruborizo y corrió la vista a un lado un momento, pero no había necesidad de esconder nada porque las orejas de Wolfram estaban rojas.

—No me distraigas y luego hagas cosas como esa —se quejó el rey—. Casi me matas del susto.

—Pero no te dejaría caer, no lo hubiera hecho si no estaba seguro de que no es peligroso.

El barandal de piedra era ancho, lo suficiente como para que se extendiera hacia atrás y apoyara las manos con tranquilidad para ver el cielo. De hecho, él solía hacer eso a menudo aunque ponía nerviosos a los soldados que custodiaban el patio. Recordó que abajo había gente de guardia observando y volteó para ver, pero la oscuridad y la inseguridad de antes hicieron que se replanteara la idea al marearse. No podía mirar otra cosa que no fueran los ojos esmeralda de Wolfram, y como no pudo aguantar hizo lo mismo que antes, tomo su cabeza por detrás y volvió a besarlo. Esta vez tuvo que encorvarse, pero abrazarlo de esta forma también era agradable, incluso si Wolfram era demasiado efusivo.

Antes de separarse se dieron una última caricia suave con los labios, Yuuri pudo sentir la sonrisa de Wolfram aunque no la viera y en su mente su rostro era claro aunque tuviera los ojos cerrados.

Sonrió un poco nervioso y avergonzado pero contento mientras se miraban durante un momento. Se cuestionó porque había esperado tanto para esto ya que desde el principio estaba seguro de como terminaría, pero también se preguntó si eso tenía que ver con todas las ultimas semanas juntos, o tan solo esta noche.

—¿Me darías una oportunidad? —le preguntó Wolfram con voz grave y suave aun cerca de su rostro.

Yuuri no quito la vista de sus ojos y lo cuestionó simplemente porque era lindo verlo cohibido. —¿De qué?

Los ojos de Wolfram vagaron un poco más abajo rompiendo el contacto. —De estar juntos.

El joven japonés estaba esperando algo más cursi por alguna razón, palabras como "de hacerte feliz" o algo como eso. "Pero Wolf es serio. Aunque es bastante afectivo físicamente". Y eso le gustaba.

—No hay ninguna razón para decir que no.

Mientras Yuuri sonreía pensó que habría tiempo en el futuro para poner en palabras todo lo demás. Tiempo para quererse y hablar. Tiempo que pasar juntos.

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Fin