Disclaimer: Death Note pertenece a Tsugumi Oba y a Takeshi Obata.

Pairings: MxM ǀ BxA ǀ NeLi ǀ LxL.

Advertencias: AU ǀ Lenguaje vulgar ǀ Yaoi (Boy's Love) ǀ Hetero ǀ Conteniedo sexual ǀ OoC ǀ Presencia de OC's.

N/A: Estoy en las últimas del semestre. Ni yo misma sé de dónde saqué tiempo jajaja.


ǀ Drama Queen ǀ


Capítulo 15:

Dude, tendré resaca emocional

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Nunca te dejaré ir

Si prometes no desaparecer

Nunca desaparecer

Nuestras esperanzas y expectativas

Agujeros negros y revelaciones

Starlight Muse

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Aunque en un principio esto era lo que buscaba, ahora que veo a Matt de esta manera, deprimido y miserable, siento algo parecido a la culpa. Sé que no tendría por qué, yo no tengo la culpa de lo que le sucede; es más, incluso lo que hice debería considerarse como un acto de solidaridad o algo por el estilo. No obstante Matt ya va por su octava lata de cerveza y continúa dentro de mí la punzada de remordimiento.

Luego de que Matt descubriera lo que ocurría entre Linda y Near, nos saltamos las últimas clases que teníamos; Matt porque no tenía ánimos de continuar en la escuela y yo debido a que Roger me dio el sermón de mi vida; a pesar de que me ha costado una semana de suspensión, no me arrepiento de haber golpeado a Near, Lo volvería a hacer sin dudarlo.

Luego del regaño salí del colegio e intenté comunicarme con Matt, nlegué a casa y aún no respondía mis mensajes. No fue sino hasta cerca de las nueve de la noche que me mandó un mensaje diciendo que estaba afuera de mi casa. Salí rápidamente y en cuanto me acerqué él me dijo que traía algunas cervezas en la mochila y que fuéramos al lugar secreto. No iba a dejarlo solo en ese estado, parecía un perro callejero, además un poco de alcohol tampoco me caería mal. Tomé mi moto y ambos nos montamos en ella hasta llegar a nuestro destino.

Apenas llegamos Matt no perdió el tiempo y tomó una lata para luego sentarse en el sofá del lugar, ni siquiera esperó a que le sacudiera el polvo. Comenzó con sorbos pequeños para después tomársela como si de agua se tratase. Yo me limité a tomar una cerveza y a fingir que le estaba siguiendo el juego.

—Matt, estás bebiendo muy de prisa —comienzo a preocuparme cuando veo demasiadas latas vacías a su alrededor.

—Alex tenía razón y yo no quise hacerle caso. —La voz ya se le escucha diferente, por suerte aún logro entender lo que dice. No debe estar ebrio del todo —. Me lo dijo y yo la defendí, yo metía las manos al fuego por ella. ¿Y qué hace Linda? Abrirse de piernas a otro tipo, y no a cualquier tipo sino a Near, ¡a Near! ¡De todos los tipos que hay en el mundo tuvo que se Nate River, de quien menos lo imaginé!

Suene increíble, lo sé, pero así son las cosas y, por más que me deprima verlo así, no puedo hacer nada. Solo me queda hacerle compañía y darle algunas palabras de aliento, o al menos intentar darlas. Algún día entenderá que fue lo mejor.

No es que Alex y yo hayamos confabulado un plan digno de una película para que Matt se enterara de la verdad, lo único que nos limitamos a hacer fue a vigilar a Near y Linda detenidamente y percatarnos de sus actitudes sospechosas. Alex había notado que llevaban un par de días distanciados así que por eso se sorprendió hoy cuando los alcanzó a divisar caminando juntos por los pasillos. Los siguió hasta el armario del conserje en el cual se encerraron y sin tiempo que perder me mandó un mensaje para que llevara a Matt hasta ahí. No hubo necesidad de inventar la gran historia, usé un pretexto estúpido y Matt me siguió.

Y sucedió, Matt se enteró de la verdad. Vio a su novia junto a Near en una situación comprometedora y eso fue suficiente para abrirle los ojos. Me alegra un poco que por fin pudiera deshacerse de esa venda que Linda le puesto, Matt es un muy buen chico como para que ella y el imbécil de Near le vieran la cara de esa manera.

Esa es la razón principal por lo que hice todo esto junto a Alex. Esa… zorra —pienso adjetivos peores pero no quiero amargarme más con el asunto— necesitaba un escarmiento, que se le cayera el teatrito; después de esto nadie volverá a verla como la chica correcta y buena que siempre pretendió ser.

—Matt, ella no merece que estés así. —Nunca he sido bueno consolando pero por Matt estoy dando mi mayor esfuerzo —. Tienes qué reponerte. No le des el gusto de que te vea de esta manera.

—Yo la quería mucho… la quiero mucho. La quiero desde que tengo catorce. Es mi primera novia…

—Matt, sé que es tu primera novia, la única chica con la que has estado, tu primer amor y toda esa mierda cursi que siempre has dicho. Pero ella, sabiendo eso, hizo lo que hizo, te vio la cara de imbécil mucho tiempo, te pisoteó peor que a un perro, mandó al carajo esa relación a la que tú tanto le lloras. Así que deja de actuar como un idiota por una persona que no vale la pena.

Bien, no soy de palabras dulces, este tipo de vomito verbal me sale sin que pueda evitarlo. Espero que no me lo tome a mal; está ebrio y así como puede deprimirse más, también puede ponerse hasta violento.

Matt se me queda mirando, no lloriquea ni me provoca. Ante este tipo de reacción no sé cómo enfrentarle. Decido esperar unos segundos. Matt suspira, se acaba el contenido de la lata que tiene de golpe y me arrebata la mía para darle un trago largo. Va a acabarse todo el alcohol que trajo y lo único que va a ganar es una resaca de la cual va a lamentarse.

—Lo sé… —murmulla después de limpiarse la comisura de sus labios con la manga de su sudadera —. Soy un imbécil, Mello, por eso me pasan cosas así.

Intento recuperar mi lata pero él la pone fuera de mi alcance. Vuelve a beberse la cerveza en un suspiro mientras yo no puedo hacer más que observarlo.

—De todas maneras nadie se lo hubiera imaginado.

—Tú tenías tus dudas y Alex cumplió como amigo y me lo dijo. El idiota fui yo por creer tan ciegamente en ella.

—Bueno, sí, pero estás enamorado, y a lo que veo los enamorados actúan como estúpidos. Por eso le creíste a ella.

Matt guarda silencio, me preocupa que no diga nada. Ignora las dos latas de cerveza que nos quedan y pierde la mirada en un punto cualquiera del lugar.

—Creo que no soy suficiente.

—Matt…

—No, es en serio. Yo no soy suficiente razón como para que alguien se quede conmigo a pesar de todo. Ya ves a mi padre, me tiene por debajo en su escala de prioridades y aun así mendigo por su cariño. Y ahora está Linda, la chica que convertí en mi mundo y que me metió los cuernos con un tipo insufrible, ¡me cambió por alguien como Near! Debo ser muy poco como para que eso haya pasado

—Lo único que pasa es que estás borracho y ya no piensas con claridad —intervengo antes de que salga con más estupideces —. Lo de tu padre… ni siquiera viene al caso lo de él, y de Linda ya te he dicho que el problema es que ella no supo apreciar lo que tenían.

—Dices estas cosas porque eres mi amigo y me estimas.

—Yo nunca te diría algo así si las cosas fueran diferentes. Soy honesto y lo sabes.

Matt asiente, después mantiene la cabeza gacha. Palmo su espalda ya que no estoy seguro de si quiere vomitar o solo está dormitando. Espero que no sea ninguna de las dos, la primera opción es asquerosa y tampoco tengo ganas de lidiar con un borracho dormido a kilómetros de nuestras casas.

—No sé qué haría sin ti.

De la nada, se endereza y me mira a los ojos. En su rostro aparece lo más parecido a una sonrisa —eso o es una advertencia de que está a punto de vomitar—. Me le quedo mirando también, espero lo peor. Mas no sucede. Matt se acerca un poco más a mí y pasa su brazo por mis hombros en lo que parece un abrazo.

—¿Ya estás en la etapa en la que dices querer al tipo que tienes más cerca?

—Yo a ti te quiero. Te quiero mucho. —Su aliento me llega hasta las fosas nasales y me provoca arcadas, el alcohol combinado con el olor a todos los cigarrillos que debió fumar en el transcurso de la tarde —. Gracias por estar conmigo.

Pensé en hacer alguna broma o decir alguna frase sarcástica, pero lo mejor que puedo hacer en este momento es sincerarme con él. Total, quizá mañana ni se acuerde de lo que estamos hablando y, por sobre todo, soy un tipo más de acciones que de palabras.

Sin pensarlo demasiado, como muchas de las cosas que hago, lo abrazo. Mis discursos de aliento son mierda así que espero que por medio de este gesto entienda que estoy con él y no voy a dejarlo solo. Voy a ayudarlo a superar esta etapa y también a quitarle lo inocente —idiota— para que nadie vuelva a jugar con él de esta manera.

Siento como él se aferra a mí. Sé que está demasiado afectado, lo que le pasó no es cualquier cosa; Linda representaba muchas cosas en su vida y todo eso se ha esfumado en menos de veinticuatro horas. Y por si fuera poco, Matt es una persona sensible, podrá parecer indiferente a su alrededor pero si algo ha logrado ser importante para él es porque ha calado muy en el fondo de su persona. Detesto tanto a Linda en este momento por hacerlo sufrir de esta manera.

Cuando nos separamos lo hacemos de manera lenta, como no queriendo perder el calor que recién habíamos formado. No me importa lo que cualquiera pudiera pensar, me sentí muy bien cuando nos abrazamos. Por suerte parece que tuvo el mismo efecto en Matt ya que luce un poco más tranquilo. Al menos ya no parece que vaya a soltar el llanto. Eso es bueno. No quiero que llore por ella, no debe hacerlo. Ella no lo merece.

—Gracias —susurra tan bajo que solo puedo oírlo porque estoy a su lado.

—Aquí vas a drenar todo el dolor que ella te ha causado —me estiro para alcanzar una cerveza y se la paso —. Embriágate, maldícela, has un montón de idioteces, lo que quieras. Canaliza todo lo que sientes para que mañana puedas salir con la cabeza en alto. No le permitas ver que ella te pisoteó.

—Me gustaría ser como tú. No sé si pueda lograrlo.

—Tienes qué.

Matt asiente. Toma la cerveza que queda y me la da, se ha tamborileado un poco pero logra mantener el equilibrio.

—Entonces vamos a brindar por eso. Porque no voy a llorarle a una persona que no vale la pena.

—Y yo te ayudaré a ello.

Chocamos latas y damos un sorbo. Es cómico pero por alguna razón lo siento también definitivo. Cuando Matt trata de empinarse la cerveza de nuevo, el contenido se le escapa por las comisuras, manchando parte del cuello de la sudadera. Rio por lo bajo.

—Te prometo que nunca le diré a nadie de este momento. Nadie sabrá que tan deplorable se veía Mail Jeevas.

Él se ríe con ganas. Vuelve a limpiarse con las mangas y nos miramos a los ojos por quién sabe cuanta vez en todo el rato. No estoy ebrio pero juro que en este momento hasta lo veo guapo, dentro de sus propios estándares. Finaliza la carcajada con una sonrisa.

—Eres muy buen amigo. —Nos quedamos en silencio un rato, aún bebiendo nuestras cervezas respectivamente. Él rompe la calma un rato después —. ¿Sabes de lo que me arrepiento ahora?

—¿De qué? —pregunto solo por hacerlo. Sé que tal vez solo dirá alguna incoherencia.

—De no haberme acostado contigo aquella vez.

Retiro la lata de mi boca antes de que la derrame. Le miro fijamente, esperando que se retracte o que se suelte a reír de nuevo, a que suelte «era una broma, imbécil». Nada de eso sucede. Continúa serio dentro de lo que su propia borrachera se lo permite.

—No digas idioteces.

—Hablo en serio. Digo, yo me sentí miserable cuando eso pasó, en parte por ella. Y mira lo que ha pasado. Si nos hubiéramos acostado al menos podría pensar «bueno, yo le fui infiel también» y no me sentiría tan idiota.

Sigo sin dar crédito a lo que dice.

—Estás ebrio —declaro, como si de esa manera sus palabras dejaran de tener peso.

Comienzo a sentirme avergonzado, tal vez siento mis mejillas un tanto acaloradas debido a la cerveza. ¿A quién engaño? Ni siquiera he bebido. Matt está logrando descolocarme como pocas personas lo han hecho.

—Por suerte agradezco que al menos nos hayamos besado mientras aún estaba con ella. Eso sí cuenta como infidelidad, ahora lo hace. Sentir que le fui infiel también me hace sentir un poco mejor.

—Matt, por favor, esto es extraño —desvió la mirada, intentando que el pseudo bochorno se me pase.

—Es que es en serio, hablo en serio. Igual no es como si esos besos hubieran sido desagradables. Ambos los disfrutamos.

—¿Los disfrutaste? —me intriga. Él siempre ha dicho idioteces respecto a eso, que admita que le gustaron me hace sentir… mejor, por más extraño que pueda ser.

—Si hubiera estado más ebrio la primera vez, quizá me hubiera acostado contigo. Y sé que habríamos terminado en otro faje si mi papá no hubiese llegado esa vez.

Tal vez tiene razón. Si yo también hubiera estado más tomado, de seguro habría accedido a tener sexo con él aunque me hubiese arrepentido al día siguiente; y los besos que hemos compartido son de los mejores que he tenido a lo largo de mi vida.

Besar a Matt, tocarlo o acariciarlo es una sensación… agradable. Lo admito, me ha costado aceptarlo. Quiero decir, él no es delicado o suave, no es atractivo como me parecería una mujer y tampoco es que me guste como tal. No suspiro por él ni escribo su nombre en mis cuadernos, eso nunca lo he hecho por nadie. Pero no puedo negar es excitante el besarlo. Nuestros dientes chocan y nuestras lenguas batallan, ninguno cede, ambos reclamamos… quizá eso es lo que me gusta. Me calienta y logra ponerme de una manera que nunca me había sucedido.

Matt sigue mirándome. Antes de que diga algo, se adelanta.

—Dijiste que me ayudarías a superar esto y eso es justo lo que necesito: hagámoslo de nuevo, Mello.

Cuando noto que se acerca, mi primer pensamiento es aventarlo lejos. Pero no lo hago. Quizá porque me da curiosidad o quizá la poca cerveza que he tomado ya se me subió. Nuestros labios no tardan en chocar y el beso pronto se torna apasionado. Agradezco no tener que ir lento como lo haría con una mujer, Matt y yo estamos en la misma sintonía.

Sin embargo, pronto reacciono. No entiendo el por qué estoy cediendo porque, para empezar, a mí ni siquiera me gusta. No me refiero a Matt sino a los hombres en general. No es que me muera por besar a un tipo aunque por alguna razón con Matt sea diferente.

Matt entiende que no deseo continuar. Se aleja y baja la mirada, de nuevo enfocado en su cerveza. Sin embargo, pronto la deja de lado y saca de la mochila que trajo su cajetilla de cigarros y un encendedor. Eso hará que se le suba más el alcohol pero parece no importarle. De cualquier forma esto parece habernos bajado la borrachera.

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Duramos en el lugar secreto solo un poco más, pasada media hora comenzamos a recoger todo para poder salir del lugar. Nos montamos en mi moto como antes lo hicimos y partimos. Decido dejarlo en su casa, no quiero quedarme con el pendiente de si llegó entero o no, además Elsa me mataría si es que se enterara que yo dejé ir a su hijo solo en ese estado.

Cuando llegamos Matt baja sin perder el equilibrio. Me mira fijamente y aunque aún parece un poco fuera de sí creo que es más consciente de lo que sucede a su alrededor.

—Oye… —comienza pero su voz se pierde en un hilo.

En serio, estoy dispuesto a fingir que nada ha pasado. Solo necesito que Matt no mencione lo sucedido. Soy tan buen amigo que no permitiré que nuestra amistad se arruine con charlas que realmente son innecesarias.

—No te preocupes, estabas fuera de ti.

Matt parpadea, confundido. Me mira con una ceja alzada para después comenzar a rascarse la nariz. Creo que no iba a hablarme precisamente de eso. Mierda, el que la ha regado he sido yo.

—Solo iba a decirte que gracias. Me puse insoportable y, joder, acaba de pasar y ya me siento avergonzado.

Suelto una risa seca. En parte es cómico que ahora yo comenzaba a armar una tormenta en un vaso de agua y por otro lado creo que me siento un poco decepcionado. Tal vez sí quería tocar el tema del beso, ya fuera para dejar claro que era algo que no volvería a pasar o porque necesito saber que no fue un suceso absurdo para él y parte de una borrachera.

¿Desde cuándo me complico de esta manera? Bueno, siempre he pensado todo de manera detallada pero jamás había analizado nada que tuviera que ver con intercambio de saliva. Sé que no es cualquier beso pero, por Dios, necesito que Matt me diga algo. Lo que sea. Soy un puto caos contradictorio.

—Ya te dije que no te preocupes por nada. Para mí todo sigue igual. De verdad no importa.

No quiero quedarme con este asunto atorado dentro de mí. En el fondo deseo que él no zanje el tema e insista en hablar, solo que no quiero ser yo el que dé pie a ello.

—Entonces todo está bien.

—Bien. —No se me ocurre qué más puedo responder.

Matt asiente. Aferra el agarre de su mochila y hace un gesto con la mano en señal de despedida. Me quedo un rato viéndolo, tan pronto como vuelvo a reaccionar enciendo de nueva cuenta el motor de la moto. Cuando estoy a punto de colocarme el casco otra vez, Matt regresa a donde estoy. Me veo obligado a quitármelo otra vez.

—Mañana no quiero ir a la escuela —avisa como si nada.

Suelto un largo suspiro y me sostengo el puente de la nariz, algo exasperado.

—Matt, no huyas —sentencio.

—No es tanto por eso, bueno… tal vez un poco. Solo que mañana todo será reciente y no deseo enfrentarme a eso todavía. Todos lo sabrán y van a murmurar…

—¿Le tienes miedo a lo que los demás puedan pensar? —Ese tema es lo suficientemente interesante como para apagar de nuevo el motor de mi moto —. Son unos idiotas que no saben nada, solo ignóralos. No les des el gusto.

—Quiero descansar, Mello. ¿Acaso está mal que quiera escaparme un poco? Creo que estoy en todo mi derecho.

—Lo único que vas a ganar es perder clases. Ya estamos a finales del semestre y no puedes estar así. Enfréntalo.

—Yo no soy como tú. Necesito tiempo para prepararme mentalmente.

Suspiro de manera pesada, sé que no puedo ocultar mi mueca de desagrado. Matt no parece tomarlo a mal, ya me conoce, así que estas expresiones ya no surten efecto sobre él. Mierda, detesto que me perdiera el miedo.

—¿Qué propones entonces?

—Vamos a otro lado, a dónde quieras. Estoy dispuesto a cometer locuras si así lo quieres.

—¿Asesinar a alguien y ocultar el cuerpo?

—Bájale dos rayas a tus ideas —ríe, la broma ha surtido efecto.

—Supongo que está bien, de cualquier modo yo no iba a ir mañana, ni pasado mañana ni el día siguiente de ese. —Me mira, curioso, aclaro antes de que cuestione —: estoy suspendido porque golpeé a Near.

—Tengo mucho más por lo que agradecerte, entonces.

—Me debes la vida.

Cuando creo que está a punto de alejarse de nuevo, se acerca más todavía. No me pone nervioso, solo me ha tomado por sorpresa. Él, en cambio, sí parece alterado; diría que está incluso rojo pero eso puede deberse también al alcohol que ha consumido.

—Lo que te dije… no era porque estuviera pasado de copas. En verdad quería eso.

Me alegra que se decidiera a tocar el tema. Aunque como ya me había hecho a la idea de que no lo haría, no sé qué contestar con exactitud. Pasan varias opciones por mi mente pero ninguna me parece la más adecuada. Al diablo, no quiero complicarme con un tema como este.

—¿No pudiste resistirte a mis encantos? —Una broma no es la mejor opción pero, joder, ¡qué importa!

—Bueno, más bien es algo que ha quedado entre nosotros… como una espina. Siempre ha estado ahí. Quiero suponer que es debido a cómo nos conocimos.

—Tal vez. No es como si yo me la pasara haciendo cosas como estas con cualquier tipo que se me cruza enfrente.

—Menos yo. No conozco mucha gente además. Pero contigo es diferente, sabes.

—¿Cómo diferente?

Siento como si se me apretujara el estómago, algo parecido a la sensación de cuando tienes retortijones o qué sé yo. También se parece a la emoción. Por más extraño que sea, simples palabras han logrado emocionarme. Me sorprendo a mí mismo teniendo expectativas en una situación que continúa siendo confusa.

—Diferente y ya. No busquemos más explicaciones.

Antes de que pueda decir algo más, vuelve a despedirse. De seguro también huye de la situación. Ahora lo veo alejarse hasta que entra a su casa. Vuelvo a encender la motocicleta y emprendo marcha hacia mi casa.

Quiero tomar un baño, dormir y olvidarme de todo.

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Al día siguiente, finjo que me estoy vistiendo para ir a Wammy's House. Me despido de Halle y hasta de Giovanni y me pierdo un rato el tiempo en la calle. Cuando calculo que ellos ya debieron haberse ido, regreso a casa.

Debido a que soy un alumno destacado y que hace tiempo no doy problemas —además de que tampoco Near quiso hacer el asunto más grande—, Roger se abstuvo de llamar a mi hermana para hablar personalmente con ella; en su lugar me dio un comunicado para que Halle lo firmara y que tengo que entregar la próxima semana. Solo falsifico su firma y ya. Voy a fingir esta semana y así no tiene por qué enterarse. Es mejor de esta manera; yo no salgo regañado y ella tampoco hace corajes.

Me cambio el uniforme por algo más cómodo y me preparo algo. Por suerte la mucama no viene hoy así que podré estar como si nada; mañana que venga tendré que armar otro plan pero por el momento disfruto del ahora. Llevo una bandeja con unas galletas y un vaso de leche con chocolate a mi cuarto —estoy dispuesto a tener una mañana viendo películas—. Para mi mala suerte en ese momento llaman a la puerta. Desconfió un poco, estoy por ignorar he llamado, pero en eso mi celular vibra y ya tengo una idea de quién pueda ser.

Dejo la bandeja y reviso el mensaje que acaba de llegar. Por sobre el de Sayu preguntándome cómo llevo la suspensión, está el de Matt avisándome que está afuera de mi casa. No me molesto en contestar y voy directo a abrirle la puerta.

—Estaba a punto de no abrir —digo apenas lo veo. Matt suelta una risa e ingresa como si nada.

Tiene puesto el uniforme y también trae colgada su mochila. La baja y comienza a esculcar.

—Mira, traje la play y también algunos juegos. En la memoria traigo varias películas. Ah, y algunas chucherías y frituras que encontré en mi casa.

—Planeaba ver películas así que sigamos con ese plan.

—Hecho.

Ambos subimos a mi recámara. Dejo la bandeja en la cómoda y Matt comienza quitarse el saco del uniforme. Como no soporto verlo vestido así mientras yo me encuentro de nuevo en pijama, le lanzo una playera y un buzo al azar.

—¿Acaso solo tienes ropa negra? —señala.

—Sí, y nada de lo Beatles. Confórmate. Eso o nada.

Rueda los ojos. Comienza a desvestirse sin preocuparse que yo siga aquí, creo que ya hemos llegado a este nivel de confianza. Alcanzo a verlo en solo bóxer, su miembro marcado; me doy cuenta que aunque esa parte de su anatomía no debería llamarme la atención, la miro unos segundos más de los que he mirado el paquete de cualquier otro chico.

—¿Qué vamos a ver? —pregunta sentándose a mi lado en la cama. Yo rebusco en mi portátil la carpeta que tengo destinada a películas; todos mis archivos están desordenados a excepción de los escolares.

—Tengo estas —respondo cuando logro dar con la carpeta de películas —. Si no te llama alguna podemos ver de las que tú traes. Igual también tengo cuenta en netflix.

—Vaya, te das esos lujos —silba —. Conectaré mi memoria.

Al final terminamos viendo una película futurista de la onda de Matrix que Matt alega que está basada en una de esas cosas japonesas que a él le gustan. La película me deja esperando más y todo el rato que dura solo nos la pasamos haciendo comentarios de lo buena que está Scarlett Johansson; de vez en vez Matt hace algunas comparaciones con la original.

Después de la película, bajamos a la sala —donde está el televisor más grande— para que Matt conecte su consola y poder comenzar alguna partida. Como soy un asco en la mayoría de los videojuegos, pronto me enfado. Recogemos todo y vamos a la cocina por más comida para subir otra vez. Luego de atascarnos con frituras, galletas y queso, cada uno se toma un descanso. Me recuesto en mi cama mientras Matt se sienta en el alfeizar de mi ventana y comienza a fumar.

—Vas a lavarme esa ropa. No la quiero apestando a tabaco.

—Ajá.

El silencio vuelve. Observo como el cigarrillo se esfuma entre sus labios; es entretenido verlo fumar a pesar de que lo considero un hábito detestable. Está tan concentrado que no debe percatarse de mi mirada. De seguro como ya no estamos haciendo nada, debe haberse sumido de nuevo en sus pensamientos.

Puedo apostar a que se está quebrando la cabeza con el asunto de Linda. Intuir eso me incomoda. Ya le he dicho demasiadas veces que ella no se merece nada y me gustaría que a Matt le terminara de quedar claro. Me levanto de la cama para pararme junto a él.

Creo que es la primera vez que he hecho tanto por una persona. Me desconozco. Nunca he sido de los que pongan demasiado empeño en sus relaciones interpersonales; por eso antes no tenía amigos y las chicas se esfumaban en un abrir y cerrar de ojos. Pero Matt también es diferente. Quizá esto es a lo que se refería.

—¿Quieres ver otra película? —intento sacarlo de su burbuja. Matt niega con la cabeza.

—¿Tú quieres?

—Podemos recurrir ahora sí a netflix y ver más opciones. Vamos a la sala. Aunque alguien llegara de improviso, ya es hora en que hubiéramos llegado del colegio.

Matt vuelve a negar. Saca otro cigarro y lo enciende pronto. Suelta el humo hacia el exterior.

—Me gusta tu cuarto, es tranquilo. Y creo que necesito un rato de paz.

—¿Te soy molesto? —digo con falsa irritación —. Si quieres me largo de mi habitación y te dejo solo.

—No, me gusta tu compañía así no estemos haciendo nada.

Desvió la mirada hacia la cama. Quiero volver a recostarme, quiero tomar una siesta, quiero aparentar que no ha dicho ninguna de sus frasesitas raras que logran descolocarme.

—Solo no quiero que pienses cosas idiotas —me sincero, es como si fuera vómito, mi típico vómito; lo expulso porque no puedo contenerlo en mi boca —. Veamos una película o hagamos algo.

—Aprecio el gesto pero no estoy pensando en Linda si eso te preocupa. —Apaga el cigarro contra el alfeizar; espero no deje marca —. Eso pasó a segundo plano después de lo sucedido anoche.

—¿Ah, sí?

—Nos besamos, Mello —lo dice tan tranquilo que casi ni lo reconozco —. Y tenías razón, siempre tuviste razón: me gustó.

Por un lado, me siento bien de poder estar ocupando su cabeza en algo diferente a esa zorra y ese malnacido, pero por otro no es como si me fascinara la idea de saber que está pensando en mí de esa manera. Soy una puta contradicción, lo sé, hasta yo termino mareado de tanto enredo.

—Bebimos, eso pasó. La primera vez que nos besamos esas bebidas debían de tener algo más, la segunda no fue más que un reto y en esta última estabas deprimido y decidido a hacer lo que fuera para sentirte menos miserable.

—Pero las tres veces fueron buenas, ¿no? Quiero decir, me ha gustado.

—¿Desde cuándo tenemos conversaciones tan homosexuales?

Ese es el detonante. Me retiro de su lado y comienzo a caminar a mi cama. Me aviento en esta. Siento que el peso en el colchón varía y me doy cuenta que Matt se ha sentado junto a mí. Dirijo la vista hacia él.

—¿Por qué sales con esta mierda? —le reto. Si me ve realmente molesto, tal vez dé marcha atrás.

—Porque siento que nos atraemos de cierta manera —me echo a reír y a pesar de ello Matt continúa —. Mello, admítelo, hay cierto… roce entre ambos.

No voy a negar que, en efecto, sí hay cierta tensión… sexual nosotros. Supongo que se debe a la manera en que nos conocimos; él y yo compartimos un beso fenomenal y si alguno de los dos fuera mujer habríamos terminado follando como animales. A eso se le agrega el hecho de que nos sentimos bien el uno con el otro, que nuestras personalidades se complementan y que nos hemos hecho mejores amigos en muy poco tiempo.

Pero una cosa es que todas esas cosas siempre hayan estado ahí y nos empeñáramos en ignorarlas y otra muy diferente es que de la nada, de un día para otro, él fuera consciente de todos esos detalles cuando principalmente Matt se empeñaba en hacerlos a un lado.

—Lo único que tú buscas es una manera de desquitarte indirectamente de lo que Linda te hizo y como al parecer tienes una especie de naturaleza demisexual necesitas de alguien a quien estimes para poder jugar el mismo juego que esa tipa.

Matt se queda callado. Lo sé, di en el blanco. Tal vez mis palabras le calaron lo suficiente hondo y va a desistir de este juego. Por un momento me pregunto si quiero que esto acabe y me respondo que simplemente es lo mejor. Lo más conveniente es dejar las cosas como están.

No voy a ser la carne de cañón de Matt, mucho menos su títere para que pueda desquitarse. Ambos vamos a arrepentirnos y podemos arruinar lo que tenemos si permitimos que esto avance. Prefiero dejar las cosas tal cual en lugar de correr el riesgo de experimentar. Eso no suena nada propio de mí pero este es un asunto que no puedo tomarme tan a la ligera.

—Estás equivocado. —Joder, ¿Por qué insistes? —. Esto está aquí desde antes de lo de ayer.

—¿Y por qué lo traes a flote hasta ahora?

—Porque antes me detenía Linda y ahora que me di cuenta de la verdad sé que no valía la pena estarme deteniendo por eso. No quiero que su recuerdo sea un obstáculo para lo que pueda haber entre nosotros.

—No va a haber un nosotros.

—¿Por qué?

—No me van los hombres.

Es tajante, conciso y directo al grano. Mi contestación lo deja en blanco. Abre la boca un par de veces pero la vuelve a cerrar. Siento que técnicamente ya he ganado.

No es mentira lo que afirmo. No me imagino con un hombre de ninguna manera que no sea una amistad. Me gustan las tetas, los culos, el cabello largo y los gestos delicados; me gusta follarme a Sayu Yagami a pesar de que no la quiero ni un poco y me gustan las féminas en general. Imaginarme con un hombre es algo que ni siquiera puedo concebir. Mientras ese chico no sea Matt, no me veo besándome con ningún otro.

—Yo… en realidad tampoco lo he meditado —responde luego de largos segundos en silencio —. Solo has sido tú pero fuera de ti creo que nadie más.

—Eso es porque somos heterosexuales.

—Espera, espera, yo solo he dicho que no me ha atraído otro chico hasta ahora. No descarto que en un futuro…

—Yo tengo bien definidos mis gustos, Matt. Y no me gustan los penes ni por error.

Matt se levanta de la cama y va directo a la ventana otra vez. Lo veo sacar otro cigarro pero antes de encenderlo, lo tira y vuelve a donde estoy yo. Se aprovecha de que estoy recostado para colocarse sobre mí. Tardo en reaccionar. Forcejeamos, sé que puedo sacármelo fácilmente, pero antes de poder patearlo se acerca a mí y vuelve a besarme.

No permito que el beso se torne apasionado como en otras ocasiones. Lo empujo antes de que las cosas terminen peor. Cae en el piso, escuchándose solo el ruido sordo de su cuerpo caer. Me levanto y antes de que pueda terminar de sobarse las heridas, lo tomo del brazo para ayudarlo a levantarse. Lo encaro cuando ambos estamos de pie.

—Deja ese juego. No tiene sentido.

—No te estoy proponiendo nada que no hayamos hecho.

—¡No sabes ni lo que quieres!

Matt se queda pensativo pero pronto responde.

—Nos gustamos.

—Son ideas tuyas. Tú no me atraes en nada.

—Entonces vamos a besarnos y veamos qué pasa. Si no te gusta, no vuelvo a insistir.

Ha aplicado la misma táctica que yo le apliqué hace tiempo. Le aplaudiría el hecho de que hubiese aprendido algo de mí si no estuviéramos en esta situación.

Decido que es mejor ir rápido. Me acerco y vuelvo a pegar nuestros labios. Primero intento imaginar que estoy besando a una chica; pero nuestros dientes chocan, él también es exigente, pide por más y quiere llevar la delantera. Por más que trate de fingir es imposible olvidar que se trata de Matt. Lo peor del caso es que no es desagradable.

Nos separamos de apoco. Lo miro a los ojos, él también lo hace. Ambos estamos agitados. ¿Para qué negar lo innegable? Me gusta.

Al carajo la razón por la que hacemos esto. Quiero repetir.

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Lo que resta de mi suspensión nos la pasamos de una manera similar: en mi casa viendo películas, cuando vino la mucama salimos a perder el tiempo por la ciudad e incluso el fin de semana lo pasamos juntos también. Los mismos episodios que sucedieron al final de nuestra primera reunión vuelven a repetirse.

No hablamos de eso como tal, solo nos besábamos y después hacíamos como si nada, como si hacer eso fuera lo más normal que hacen los mejore amigos, algo así como compartir un intercambio de saliva apasionado para que cuando nos separáramos Matt me hablara acerca de la próxima serie que tenía contemplada ver o yo saliera con que me gustaría comprarme una nueva motocicleta para cuando entre a la universidad.

Estando juntos ya no hablamos de planes serios a futuro ni de anécdotas del pasado, hablamos cosas sin sentido y nos besamos como una manera de demostrar que sea como sea todo puede continuar su cauce. Yo dudo que será así pero quiero hacerme a la idea de que se puede. Es de esas pocas veces en las que deseo estar equivocado.

—No hay que pensarlo demasiado —menciona Matt, para él parece ser mucho más sencillo.

—Idiota.

Mi suspensión termina y con eso Matt y yo volvemos al colegio. Todo parece normal, aunque alcanzo a escuchar algunos murmullos de la gente que se encuentra en los pasillos. Los entiendo pero decido ignorarlos, espero que Matt pueda hacerlo de la misma manera en que yo lo hago.

Entramos al salón y ya la mayoría se encuentra ahí, entre ellos Near el cual todavía tiene el ojo de un bonito color morado además de algunas otras marcas en el rostro. No despega la vista de sus apuntes cuando nosotros entramos, de nuevo metiéndose en su burbuja y no prestando atención a lo que a su perspectiva no es relevante. Eso me confirma que todo esto no le dejó ninguna lección.

Me siento en el pupitre junto a Matt. Este suspira y se queda pensativo. Yo saco una barra de chocolate y me dispongo a comerla. Cuando Alex entra al salón me dirige el saludo; Matt se levanta inmediatamente y se dirige a donde él. Escucho que le dice algo acerca de que deben hablar, Alex asiente y se alejan a una esquina del salón.

—Las reconciliaciones son bonitas, ¿no lo crees? —escucho una voz detrás de mí. Volteo y veo a Beyond parado. Se sienta en la banca de atrás para poder conversar, supongo —. Mira, el geek y el idiota recuperarán su vínculo.

—Suenas tan animado —suelto con sarcasmo.

—Oh, vamos, así soy yo. Me es interesante ver cómo las cosas van acomodándose de a poco. Además Matt también me debe una disculpa, indirecta claro.

—Tú pudiste evitar que ellos pelearan si en primer lugar le hubieras dicho tú y no Alex.

—Ya pasó, no vale la pena desgastarse por eso.

No es como si hablar con Beyond fuera lo más agradable del mundo, pero volver a charlar con él me provoca algo parecido a la nostalgia. Después de todo gracias a él me acerqué a Matt y a Alex. Sea como sea, algo se siente diferente al volver a compartir palabras.

—Hasta podríamos estar los cuatro juntos otra vez. Ya sabes, limar asperezas, después de todo el semestre está por terminar y quizá ni nos volvamos a ver.

—¿Acaso te sientes solo?

Beyond niega.

—Me ha atacado la melancolía.

—Por qué será que no me lo trago.

—¡Mello!

Se oye un grito y de inmediato volteo en dirección a donde se escuchó. Es Sayu quien se acerca rápidamente, dejando atrás a Linda. Ella se para a un lado mío. Por el rabillo del ojo alcanzo a ver que Beyond se levanta y se aleja. Debe tener bien en claro que detesto este tipo de situaciones y quiere verme sufriendo de lejos.

—Me da gusto verte de nuevo —sonríe de manera dulce; desvió la mirada.

Normalmente me molesta el tenerla cerca. No tanto de que me sea insoportable pero no tolero el afecto que me da. Sé que busca algo que no puedo ofrecerle y, ahora con todo lo sucedido, menos sé que voy a hacer con respecto a Sayu.

—¿Te parece si hablamos después?

Ella asiente y se aleja para con Linda, a ella no puedo evitar el observarla. A diferencia de Near, la expresión de Linda es distinta, como si sintiera remordimiento. A final de cuentas eso no importa. Lo hecho, hecho está y obtuvo lo que merece.

Alex y Matt se separan en ese momento. Cada uno yendo a sentarse donde les corresponde. Miro como Linda se le queda viendo a Matt pero no hace ademán de seguirlo ni nada, solo lo sigue con la mirada. Matt se sienta y le susurro:

—Dime, ¿ya le pediste esa merecida disculpa a Alex?

—Algo así. Hablaremos con más calma después.

—Supongo que está bien.

El profesor Yagami entra en ese instante y cada uno va a sus lugares. Comienza con las clases con normalidad y así prosigue hasta el cambio de clase. El próximo profesor tarda más de lo esperado así que Matt y yo hablamos un rato.

Matt y Linda cruzan miradas pero él la ignora. Eso me hace sentir mejor. Más cuando él se gira hacia mí y me sonríe para ignorar la mirada de ella.

Esto solo reafirma la teoría que tengo sin embargo quiero seguir creyendo que nada puede salir mal.

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¡Hola!

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Gracias por leer. Ahora debo seguir estudiando :3