Notas al final del capítulo.


Capítulo 2


Castiel ni siquiera espera a que Gabriel termine de bailar esa noche, simplemente le envía un mensaje de texto diciéndole que tiene dolor de cabeza y que se va a casa mientras sale disparado por la puerta. No es una caminata larga hasta la estación BART más cercana, el tránsito regional de trenes que viaja bajo tierra a través de la ciudad, y tiene suerte de pillar uno de los últimos que salen de la ciudad e ingresan en el extenso suburbio que es Daly City, donde todas las casas lucen iguales, con dos buzones pintados en tonos pastel. Se dirige a la casa que está rentando con Meg, y entra, agradeciendo a cualquier deidad que existiera que ella aún estuviera en su trabajo de mesera calle abajo en un lujoso restaurant. Se ducha, lanzando el condón usado y sintiéndose instantáneamente enfermo mientras el recuerdo de lo que hizo le viene de repente.

No fue Dean quien lo hizo sentir enfermo, no fueron los ojos verdes ni la sonrisa arrogante, esa dulce voz diciendo su nombre casi sin aliento, eso lo tenía casi duro nuevamente mientras lavaba la esencia del club.

No, lo que enfermaba a Castiel era la idea de que acababa de engañar a su novia, y traicionado no solo su confianza si no que la de sus padres. Él era el hijo heterosexual, en el que ellos habían depositado todas sus esperanzas y sueños de un matrimonio exitoso y nietos. Y él acababa de tener sexo asombroso con la persona más hermosa que había visto, hombre o mujer.

Cas se va a la cama esa noche pensando en la mirada perdida en el rostro de Dean cuando él prácticamente corrió hacia la puerta, y preguntándose si alguna vez vería nuevamente al hombre.

morningteachmorningteach

El viernes en la noche se convierte en el sábado en la mañana, y Gabriel está llamándolo a pesar de solo ser las 8 am. Él se reúsa a tomar la llamada y se queda en la cama todo el día, diciéndole a Meg que tiene resaca cuando ella intenta convencerlo de llevarla de compras. Ella sale del apartamento y Cas se queda en la cama todo el día, pensando en una galaxia de pecas y en lisos músculos, y sintiéndose enfermo del estómago ante la idea de que quizás él simplemente no sea tan heterosexual como había pensado originalmente.

El domingo llega muy pronto, y él se pasa el día completo alistándose para el lunes, el primer día de escuela, y su primer día enseñando arte en la secundaria de la ciudad, algo para alumnos acomodados que no tienen otro lugar donde ir. El lunes viene demasiado rápido para su gusto, pero Castiel aún así está en el tren BART hacia el trabajo.

Se mete en su espacioso salón de clases con ventiladores desplegables en el techo, con largas ventanas que dejan entrar la luz de la mañana, y muy pocos artículos de arte para las cuatro clases que haría ese día.

Suspira y se pone a trabajar, enrollando las mangas de su camisa de botones y quitándose el suéter negro para colgarlo en su silla. Todo el salón debía ser barrido y limpiado, y él tenía una hora antes de clase, podía perfectamente hacer la mayor parte. Para el momento en el que ha finalizado, el pulcro cabello de Castiel está despeinado, colgando sobre su frente en puntas irregulares, y ha desabrochado los primeros dos botones de su camisa, abierto la puerta trasera para dejar entrar la brisa ya que está sudando ligeramente a pesar del viento matutino de otoño. Aunque el salón de clases luce mucho mejor. Las mesas altas ubicadas de manera uniforme para cuatro estudiantes cada una, con taburetes altos que a penas dejaría que los chicos tocaran el suelo si estuvieran sentados sobre ellos. Cada estación posee un mínimo de cuatro medios diferentes con los cuales experimentar, desde crayones y lápices pastel hasta lápices de colores, grafitos y acrílicos. Hay una larga fila de gabinetes llenos con implementos rotos o a medio uso, unidades utilizadas para el almacenamiento de pinturas en proceso de secado, y un escenario en la parte trasera cubierto con una alfombra azul raída para el dibujo en vivo. Castiel sonríe para sí mismo y se inclina contra su escritorio, cruzándose de brazos sobre su pecho.

Hoy va a ser un buen día, puede sentirlo. Por primera vez desde el viernes en la noche, puede respirar fácilmente.


Sabes que algo está mal cuando Dean Winchester se rehúsa a comer pie durante el desayuno.

Sam se queda de pie en el umbral de la puerta del cuarto de su hermano mayor, frunciendo el ceño profundamente ante la forma acurrucada sobre la cama. Quiere preguntar qué ha pasado, quiere descubrir cómo animar a su hermano, pero sabe tan bien como cualquiera que cuando Dean no quiere hablar, es imposible abrirse paso hacia él. Dean no ha sido él mismo en todo el fin de semana y Sam ha tenido un momento difícil convenciéndolo de dejar la casa el lunes por la mañana. A Dean no le importan demasiado las calificaciones pero incluso él no puede negar cuán increíblemente estúpido sería perderse su primer día de su último año de secundaria.

Así que cuando deja la casa, vestido con unos jeans ajustados, una camiseta polo blanca y una chaqueta de cuero que ha heredado de su padre, y siente la calidez del sol a través de la ventana de su Chevy Impala de 1997, se siente ligeramente mejor. Conduce el auto clásico hasta el estacionamiento de la secundaria, sale y asegura las puertas. Es un buen día y Dean odia el hecho de que vaya a pasar la mayor parte de él adentro, pretendiendo estudiar…

Llegó temprano, no hay demasiada gente alrededor del patio de la escuela así que Dean decide fumar antes de iniciar el día. Dobla la esquina, dirigiéndose a la parte de atrás del edificio donde no hay caminos, solo hierba verde y árboles, perfecto para esconderse de ruidosos maestros. Elige un sector retirado, justo al otro lado de lo que parece ser el salón de artes – su primera materia en el día, y mientras enciende su cigarrillo, camina hacia la ventana abierta para echar un vistazo al interior. Deja sus ojos vagar sobre los pulcramente organizados suministros, las sillas y las mesas en una perfecta línea, y la pizarra donde dice en una delicada letra: 'Sr. Novak'.

Dean frunce el ceño, preguntándose cuándo fue la última vez que había visto a un maestro escribir su nombre para una clase y sonríe, sacudiendo levemente su cabeza. Ahí es cuando sus ojos caen sobre la persona inclinada contra el escritorio en el frente del salón, y su respiración queda atrapada en su garganta.

"¡¿Cas?!"


Hay un leve atisbo de humo de cigarrillo en el aire, y Castiel frunce el ceño, esnifando, tratando de ubicar de dónde proviene. Voltea su cabeza hacia la puerta abierta y las ventanas a la altura del pecho justo a tiempo para escuchar una más bien indigna exclamación de un apodo que él no se había dado a sí mismo. '¡¿Cas?!', dijo la voz, y Castiel sintió su corazón detenerse tan pronto reconoció a la belleza de ojos verdes a través de la ventana sin siquiera tratar.

Los eventos de la noche del viernes volvieron apresuradamente, enviándolo dentro de un torbellino de emoción, lujuria y en primer plano, disgusto, haciendo tensarse y hundirse a su estómago y a su corazón al mismo tiempo. Castiel traga duro y se aproxima hacia la puerta y alrededor de ella, quedándose de pie sobre el rocío matutino que aún se encuentra sobre la pequeña porción de césped fuera del salón de clases, antes de que la tierra se convierta en el pavimento del estacionamiento de estudiantes.

"¿Dean? ¿Qu- Qué estás haciendo aquí?"

Frunce el ceño, sin entender, la cabeza ladeada y ambas cejas fruncidas en profunda confusión.

"¿Tú me… me seguiste?"

Era realmente increíble pensar que el hombre lo había seguido del club a su casa, que estuviera acosándolo fuera de su hogar, y luego se las hubiera arreglado para seguirlo aquí nuevamente, dos días completos después. Era un pensamiento estúpido, pero ¿qué más había ahí? San Francisco era una ciudad más que extensa, y las rarezas de este hombre mostrándose en su clase en su primer día de escuela eran astronómicas.


Dean deja salir una risa ante su comentario y toma otra calada de su cigarrillo antes de responder con un divertido: "Estaba a punto de hacerte la misma pregunta."

Hay un momento de silencio y Dean lo toma como una oportunidad para dejar que sus ojos viajen por el cuerpo del otro hombre. Puede decir con certeza que le gusta más el Castiel con jeans, aunque los pantalones que está usando ahora no están del todo mal. La camisa por otra parte, es una historia completamente diferente. Azul, jodido azul cobalto, haciendo juego perfectamente con los ojos del bastardo y poniendo a Dean imposiblemente duro solo de recordar cómo los ojos de Castiel habían literalmente brillado cuando se vino dentro de él, empujando y jadeando y… Se aclara la garganta, una sonrisa extendiéndose sobre sus labios mientras alza el cigarrillo hacia ellos una vez más.

"¿Así que eres mi maestro? Mi maestro… lo que son las cosas, ¿eh?"


Castiel mira boquiabierto a Dean, los ojos agrandándose a medida que registra lo que el hombre realmente acaba de decir.

"Espera, ¿qué? Estás- ¡¿Estás en la secundaria?!"

Castiel siente su pecho apretarse por el terror, la realización de que no tuvo sexo con un hombre el viernes en la noche, si no con un chico. Un chico adolescente. Se sonroja y retrocede un paso tembloroso, inclinándose lejos de Dean inconscientemente.

"¿Qué edad tienes? Por favor dime que tienes 18, por amor a dios…"


Dean suelta una risita ante la obvia sorpresa en el rostro de Castiel y lanza su cigarrillo al suelo, inclinándose hacia delante sobre el marco de la ventana y dentro del espacio personal de Cas.

"No te preocupes, profe, no hiciste nada ilegal."

Se lame los labios, observando una gota de sudor bajando por el cuello del hombre y desapareciendo bajo la camisa ligeramente abierta.

"E incluso si lo hubieras hecho… fue completamente consensuado, ¿recuerdas?"

Se inclina más cerca para susurrar sus últimas palabras sobre la piel del hombre, notando la piel de gallina formándose con un escalofrío de satisfacción.

"Te sentiste tan bien, Cas… ¿pero sabes qué? Te hubiera dejado follarme sin protección si lo hubieras querido."


Castiel se sonroja incluso más ante las palabras de Dean, su respiración quedando atrapada en su garganta mientras una respiración suave se roza contra su mejilla y oído. El aliento cálido trae recuerdos del cuerpo de Dean retorciéndose sobre Castiel, montándolo con entusiasmo, el cuerpo temblando con cada empuje de sus caderas sobre el miembro de Cas. Castiel retrocede un paso y aclara su garganta, sacudiendo su cabeza para librarse del recuerdo de los labios llenos gimiendo su nombre.

"Yo- D-Dean, no podemos hacer esto. Soy tu maestro."

Retrocede otro paso y se endereza con esfuerzo, y se voltea para volver a entrar. Se aclara la garganta, ajustándose discretamente los pantalones mientras rodea su escritorio y se sienta, tratando duramente de desvanecer esos pensamientos del viernes en la noche y cuán fantástico Dean se había sentido, desde sus labios hasta sus manos hasta su voz, mimando a Cas en todas partes.


Dean suspira y pasa una mano a través de su corto cabello antes de seguir a Castiel dentro y sentarse sobre su escritorio.

"Sabes, no eres muy buen mentiroso, Cas," dice, cruzando sus piernas e inclinándose hacia atrás, ladeando su cabeza para mirar a Castiel. "Dices que no me deseas, pero sé que lo haces. Lo que no entiendo es esto: por qué estás haciendo esto tan duro… palabras elegidas cuidadosamente, por cierto."

Alza una ceja ante la forma en la que Castiel se está tensando, sus manos apretadas sobre su regazo y sonríe ligeramente.

"Ya te acostaste conmigo, así que ¿cuál es el daño en hacerlo de nuevo?"


Castiel se queda quieto y fulmina con la mirada a Dean, sus ojos peligrosamente oscuros.

"Eso fue un error. No debería haber pasado… Estaba borracho, y no estaba pensando con claridad."

Se pone de pie y camina hacia el final de la sala de clases para ocuparse con un estante. Esto era una jodida pesadilla. Anoche Meg y él habían tenido sexo, y en la única cosa en la que Cas podía pensar cuando se corría era en ojos verdes y una sonrisa prepotente. La culpa se estaba amontonando en lugar de desvanecerse a medida que avanzaba el tiempo. Cas suspira ligeramente mientras abre un gabinete, mirando la pared. Mierda, aún quedaban quince minutos antes de clase. Con suerte, otros estudiantes comenzarían a llegar de a poco pronto y él ya no estaría solo con el objeto de su lujuria.


De acuerdo, si Dean es totalmente sincero – y casi nunca lo es – eso como que había dolido. No es como si Cas fuera el único tipo en el mundo por el que Dean se ha dejado follar, después de todo. Pero escuchar que él pensaba en ello como un error era un poco demasiado para su ego.

"No estabas tan borracho," dice, sonando más seguro de lo que se siente y dando un salto para bajarse de la mesa, caminando un par de pasos en la dirección de Cas, pero deteniéndose.

"Así que lo que dices es que tú no tienes interés en mí, ¿en absoluto?"

Frunce el ceño, inclinándose contra el muro cerca de la puerta y mirando al otro hombre con una expresión confundida. Eso realmente nunca había sucedido. Seguro, lo han dejado un par de veces antes pero nunca, nunca después de tener el mejor sexo de su vida.


Castiel detiene lo que está haciendo, el cuerpo quieto mientras piensa en lo que Dean acaba de decir. Si Castiel era honesto consigo mismo, y él siempre trataba de serlo, no había ninguna forma de que él no estuviera interesado en Dean. Su cuerpo lo traicionaba cada vez que el chico hablaba en voz alta.

"…Tengo una novia."

Mantuvo su espalda hacia Dean, pero su voz era silenciosa, como si estuviera tratando lo más duramente posible de salir con una razón, cualquier razón, de por qué no podían hacer eso. Por qué Castiel no podía dejar que sucediera de nuevo.


Auch. De acuerdo…

El ceño fruncido de Dean se intensificó y se mordió el labio inferior, observando al otro hombre trabajar, moviéndose alrededor, tratando lo más posible de lucir ocupado e inafectado.

"¿Entonces qué? ¿Ella no te deja follarla así que piensas que puedes simplemente ir y romper algunos corazones en un club gay?"

Su voz es burlesca, divertida, pero en su mente hay una voz gritando, gritándole a Cas cuan injusto, cuan cruel es. Ya lo ha tenido una vez y ahora lo vería prácticamente todos los días en la escuela. Saber que probablemente no tendría la oportunidad de sentir su perfecta polla dentro de él una vez más lo enojaba. Dean usualmente no está cómodo siendo 'el otro sujeto' pero por una vez en su vida, no le importaría tanto. Simplemente hay algo con este sujeto, algo de lo que parece no tener suficiente. Después de cómo había terminado su último encuentro, Dean había pensado que no volvería a ver a Castiel jamás – y ahora que está de pie a solo unos metros de distancia, Dean no está autorizado a tocar.

Hay un sonido abrupto cuando la puerta de la sala de clases se abre y un grupo de personas ingresa, algunos de ellos saludando a Dean antes de sentarse en medio de las hileras. Dean suspira con resignación y se da la vuelta, siguiendo su ejemplo y sentándose en una silla en la primera fila.


Castiel está a punto de responderle a Dean, de decirle que había sido arrastrado ahí por su hermano gay, y que Dean había sido el que había iniciado todo, el que había presionado y presionado a Cas hasta que había cedido. Aunque no habla, en parte porque se siente culpable de todas maneras, y en parte porque al minuto siguiente un grupo de estudiantes ingresa y Castiel se sobresalta ante la interrupción, antes de suspirar aliviado.

Camina de vuelta hacia el frente del salón de clases para sentarse y mirar como más y más estudiantes entran, y pronto suena la campana, unos pocos estudiantes de deslizan en el último segundo y le sonríen apologéticamente a Castiel.

"De acuerdo, todo el mundo, mi nombre es Castiel Novak - ustedes pueden decirme Sr. Novak, Castiel, o Profesor, si lo desean - y voy a ser el maestro de arte de este año."


Dean no pone real atención a la primera clase de Castiel. Seguro, a él le gusta el arte, escogió este curso en lugar de Español este año, pero no quiere darle a Castiel la satisfacción de rendirse tan pronto. En lugar de tomar notas y escuchar lo que el maestro está diciendo, Dean se inclina hacia atrás en la silla, observándolo insistentemente, sacando la lengua para humedecer sus labios cada vez que Cas mira en su dirección. Adora la forma en la que su maestro se sonroja cuando se da cuenta la primera vez y desde entonces intenta ocultar cuan frustrado la atención de Dean le hace sentir realmente. Cuando la campana suena, Dean está casi seguro de que oye un suspiro de alivio de su maestro. Mientras los otros estudiantes se levantan y dejan el salón apresuradamente, Dean se queda donde está, guardando sus cosas con provocativa lentitud.


Castiel se pasea por el aula, tratando lo más duro posible de ignorar a Dean y la ola de excitación ahora que ambos están solos nuevamente. El pequeño cabrón ha estado coqueteando abiertamente con él durante el período completo, pasándose la hora lamiéndose los labios y arqueando una ceja hacia Castiel. Ha sido increíblemente difícil no ponerse duro mientras daba la clase con Dean haciendo eso a cada oportunidad. Ahora, con Dean siendo el último en la sala, Castiel sabe que debe mantenerse ocupado, y espera que Dean capte la indirecta y se vaya. Comienza limpiando cada estación, devolviendo los utensilios a sus respectivos lugares. Se mantiene en movimiento, no quedándose mientras mueve papeles y lápices, su cabello aún más desastroso que antes a causa de que Castiel ha estado quitándoselo de la frente en un movimiento nervioso.


Cuando sus cosas están guardadas, Dean se levanta rápidamente, dejándolas sobre la mesa y moviéndose hacia la parte trasera de la sala de clases, donde Castiel está poniendo un rollo de papel en el armario. Deteniéndose justo detrás del mayor, Dean pone sus manos sobre el estante a cada lado del cuerpo de Cas, atrapándolo efectivamente y sonriendo ante al jadeo sorprendido que escapa de los labios de Castiel. El otro hombre no se voltea, no quiere que Dean vea cuanto le afecta esto – al menos Dean está seguro que se trata de eso – y la sonrisa de Dean se amplía mientras da un paso más cerca, presionando su cuerpo cálido contra el de su maestro, dejándole sentir el obvio bulto en sus pantalones.

"Te ves muy, muy sexy con tu cabello así, ¿sabes?" susurra en el oído de Castiel, aliento cálido posándose sobre la piel estremeciéndose. "He estado duro durante una hora hasta ahora, profe… ¿quieres hacer algo al respecto?"


"Dean… V-vas a llegar tarde a tu próxima clase."

El cuerpo completo de Castiel parece en sintonía con el de Dean, la cercanía afectando su respiración y enviando ráfagas de fuego directo a su entrepierna. Era intenso, esta cantidad de atracción por alguien. Cas nunca se ha sentido tan sofocado solo de estar alrededor de alguien, solo de oírlo hablar en su oído.

"Por favor- Necesito que te vayas."

Deposita los papeles en su mano sobre el estante enfrente de él y se aferra al borde, cerrando sus ojos y rogando silenciosamente que Dean lo escuche y aleje su hermosa sonrisa arrogante antes de que Castiel cometa otro error. Un error que nunca pensó que cometería alguna vez en su vida, mucho menos dos veces en una semana. Meg no se merecía esto, y sus padres… 'piensa en madre y padre, Castiel', piensa para sí mismo y aprieta incluso más sus ojos.


Dean chasquea su lengua en desaprobación, alzando una de sus manos para pasarla juguetonamente a lo largo de la espalda de Castiel.

"Esa debería ser en realidad la última de tus preocupaciones, profe," dice mientras roza sus labios sobre la piel del cuello de Castiel, siente al hombre temblar y apretarse contra el toque de Dean, a pesar de sus palabras.

Una sonrisa se extiende sobre los labios de Dean y él se inclina hacia delante, mordisqueando el lóbulo de Castiel por un momento antes de retroceder abruptamente y girar sobre sus talones, caminando de vuelta hacia la mesa en la que dejó su bolso y hacia la puerta.

"Lo veo mañana, Sr. Novak."

Cuando Dean sale del aula, siente los ojos de Castiel sobre él, y a pesar de aún estar duro como piedra y sin contacto, Dean se siente más satisfecho de lo que se ha sentido en un largo tiempo.


Castiel pasa sus clases matutinas tratando de ignorar el corrosivo deseo en la boca de su estómago, pensamientos acerca de Dean bailando en su cabeza. Su lóbulo se había sentido abrasadoramente caliente durante una hora después de que Dean se había ido, y su miembro se rehusaba a mantenerse laxo a lo largo de sus clases. Para la hora de almuerzo estaba agotado y hecho un lío, y estaba agradecido de que hubiera terminado por el día una vez que limpiara su salón de clases durante el almuerzo. Aparte del hecho de estar excitado prácticamente cada segundo del día, su primer día como maestro había ido bien. Había solo unos cuantos estudiantes difíciles en cada clase, y solo unos pocos de ellos iban a ser un problema real. Pero por sobre todo, estaba feliz. Los estudiantes habían parecido entusiasmados y felices, dibujando y pintando libremente luego de que Cas hubiera explicado cómo sería el año en su clase, y hablado un poco acerca de sí mismo para dejar que los estudiantes lo conocieran un poco más. Ahora estaba limpiando y ordenando todo para el proyecto de mañana, el cual requería varios objetos sobre cada mesa.


Dean decide saltarse su clase de matemáticas luego del almuerzo y deja a sus compañeros sin decir una palabra, vagando alrededor del edificio hacia la parte trasera, donde ha localizado a Cas a primera hora de esa mañana. El maestro aún está en su salón y Dean se inclina contra un árbol, observándolo arreglar algunas cosas sobre las mesas con una mirada de completa concentración en su rostro. Después de un momento, Castiel agarra su bolso y abandona el salón, cerrando con seguro la puerta tras él, y Dean se va también. Ve a Castiel dirigirse fuera del campus, pasado el estacionamiento y lo sigue rápidamente. Cuando ve al hombre bajando las escaleras de la estación de tren, Dean bufa con decepción. No puede arriesgarse a perderse todo el horario de la tarde solo para acosar a su rollo-de-una-noche/maestro.

El resto del día pasa sin mayores sobresaltos y cuando Dean vuelve a casa a eso de las cinco, Sam ya está ahí, preparando la cena.

"Así que, ¿cómo estuvo tu primer día de escuela?" pregunta en su típica voz de padre y Dean le rueda los ojos, desparramándose en la silla, abriendo una lata de cerveza y tomando un gran trago.

"Me follé a este chico el viernes en la noche," dice y Sam deja caer el cuchillo que había estado sosteniendo.

"Amigo, ¿¡en serio!?"

"Sam. Te va a gustar esto. Lo prometo."

Sam frunce el ceño, recogiendo el cuchillo y continúa cortando cebollas, encogiéndose de hombros, vencido.

"Ahora, adivina quién es mi nuevo maestro de arte."


Castiel se pasa la tarde evitando hablar acerca de su día con demasiados detalles, pero Meg no parece si quiera notarlo ya que está demasiado ensimismada con el último chisme de su trabajo: Una de las nuevas servidoras estaba acostándose con uno de los mozos, pero había encontrado a su mozo recibiendo una mamada de uno de los chefs.

"¡¿Puedes siquiera imaginarlo?! ¿¡Encontrar al chico con el que estás no solo engañándote, si no que haciéndolo con otro chico!?"

Castiel se tensa, volviéndose por primera vez completamente en la conversación. Traga y sonríe dócilmente.

"¿Es peor si fue un chico?"

Meg bufa y mira a Castiel como si fuera un imbécil.

"Duh."

"Pero, ¿por qué?"

Ella se queda mirándolo, como si no pudiera creer lo que está escuchando, antes de suspirar y lanzar su oscuro cabello por sobre su hombro.

"Porque eso es asqueroso. Significa que el chico es prácticamente un maricón-"

Los ojos de Castiel se agrandan y se queda mirando a Meg mientras ella trata desesperadamente de corregirse.

"Quiero decir- él es, es simplemente tan incorrecto…"

Castiel duerme en su lado de la cama esa noche, pretendiendo ya estar dormido cuando Meg se mete e intenta tocarlo y moverse hacia él para hacer el amor. Ella conocía a Gabriel, y sabía que mientras que los padres de Castiel odiaban que Gabriel fuera gay, a Castiel por sí mismo no le importaba; él aún amaba a su hermano.


Como lo había esperado, Sam no toma demasiado bien las noticias. Está la cantidad usual de regaño, de advertirle a Dean cuán peligroso e incorrecto era esto, aunque Dean simplemente hace oídos sordos. Miran algún juego en la televisión y Sam se excusa a eso de las 10 pm, dejando a Dean solo con sus pensamientos en la oscura sala de estar. Su mente viaja de vuelta al último viernes, hacia la forma en la que Castiel había sido todo tímido e inseguro, aunque abriéndose a él tan pronto como sus labios se tocaron. Dean apaga la televisión y se dirige al baño, desnudándose y metiéndose bajo la ducha. Inclinando su cabeza hacia atrás contra los fríos azulejos, finalmente se toca, liberando la tensión que ha construido durante todo el día. Cuando cae sobre la cama esa noche, está exhausto pero motivado. Va a hacer que Castiel se de cuenta de lo que se está perdiendo, aquello que su novia obviamente no puede darle.

No tiene clase de arte al día siguiente, pero se pasa una gran cantidad de tiempo buscando y siguiendo a su nuevo maestro por los alrededores. Durante el receso del almuerzo, Dean encuentra a Castiel en la parte de atrás del salón de arte, desenvolviendo un sándwich de atún y mirando hacia abajo, hacia algún artículo de alguna revista de arte. Caminando hacia él tan silenciosamente como es posible, Dean se las arregla para acercarse sin ser notado y cuando se inclina hacia abajo y su cálido aliento roza el cuello de su maestro, lo ve estremecerse.

"Buenas tardes, Sr. Novak."


Gabriel lo ha llamado hoy nuevamente durante uno de los recesos entre clase, y Castiel finalmente le ha explicado que en realidad solo había tenido dolor de cabeza, y que se había ido a casa esa noche, pero que había disfrutado, y que Gabriel era un buen hermano, a pesar de lo que el dramático hombre al otro lado del teléfono estaba proclamando en una voz quejumbrosa. Se habían reído un poco y Castiel le había prometido que lo vería más tarde esa semana, y Gabriel estuvo satisfecho.

'Es triste lo fácil que es ocultarle algo como esto a la gente…", piensa Cas para sí mismo mientras come su almuerzo. Es perturbador que puedas traicionar a todos en tu vida en menos de una hora, y nunca nadie te dirá nada si simplemente mantienes tu boca cerrada. 'Solo tengo que asegurarme de no tener otro desliz. No puedo hacerle eso a Meg, y a mis padres. Es simplemente incorrecto'.

Entonces hay una voz en su oído y él se sobresalta, sacado de sus pensamientos por un cálido aliento y una sedosa voz profunda. Castiel se aleja de Dean dando tumbos, casi botando su taburete en el proceso.

"J-Jesucristo, Sr. Winchester. No puede hacerle eso a la gente."

Intenta restarle importancia riéndose, sosteniendo una mano sobre su pecho, una sonrisa vacilante mostrándose sobre sus labios. Cas se acerca nuevamente a la mesa y se sienta de vuelta en su taburete, bajando su almuerzo y haciéndole un gesto a Dean para que tome asiento en la silla frente a él.

"…No tienes clases conmigo hoy, ¿qué te trae por aquí? ¿Tienes preguntas sobre la asignación?"

Había sido una tarea sencilla, solo escribir sobre tus artistas favoritos, y por qué te habían influenciado o inspirado. Algo para saber no solamente dónde estaban sus alumnos en su historia del arte, si no también dónde estaba el gusto de cada estudiante.


Dean sonríe ante la reacción de Cas y acepta su invitación de sentarse en el otro extremo de la mesa.

"Mmh… no, no realmente, profe," dice aparentemente reflexionando y luego se encoge de hombros. "Anoche me masturbé pensando en ti."

Castiel se ahoga con su sándwich y Dean se inclina hacia atrás sobre su silla, dejando su vista viajar alrededor del salón ausentemente. Cuando mira nuevamente a su maestro, las mejillas de Castiel están sonrojadas y Dean realmente comienza a adorar esa apariencia en él. Inclinándose hacia delante sobre la mesa y captando la mirada de Castiel, Dean aprieta sus labios y levanta una ceja hacia él.

"¿Qué tal si dejas de pretender que el viernes pasado no ocurrió y me dejas mostrarte cuánto te he extrañado?"

Alza una mano entonces, tomando la de Castiel y bajando sus labios para succionar uno de sus dedos, la lengua paseándose sobre la cálida piel, los ojos cerrados.


Los ojos de Castiel se abren en demasía cuando Dean toma su mano, aunque en el minuto en el que la boca del chico se cierra alrededor de su dedo, una ola de placer le recorre todo el camino desde la columna hasta su miembro, endureciéndose rápidamente en sus pantalones. Un gemido sorprendido escapa de sus labios antes de que pueda frenarlo, sus ojos se cierran mientras Dean hace trabajar su talentosa boca sobre su dedo. El roce de sus dientes por su piel hace a Castiel removerse, sus pantalones mucho más ajustados que hace solo un momento, y cuando Dean levanta la mirada y sostiene esos hermosos ojos verdes con los de Castiel, todo lo que puede hacer Castiel es tragarse el gemido gutural que quiere escapar tan desesperadamente.

'Va a matarme', piensa Castiel mientras se lame los labios, y habla en una voz baja y ronca.

"Dea- Sr. Winchester."

Se aclara la garganta y tira de su mano, escondiendo cuánto tiembla presionándola en un puño sobre su regazo, contra su erección y tratando de esconder el escalofrío que corre por su cuerpo.

"Nosotros- A pesar de lo que haya pasado el viernes en la noche, no podemos- No puedo hacer esto. Ahora eres mi estudiante."

Aunque la voz de Castiel es débil, silenciosa como si estuviera haciendo un esfuerzo por dar siquiera una voz a sus protestas.


Dean escucha a medias las excusas de Cas, sus palabras tan débiles como su resistencia física. Cuando el maestro termina, Dean asiente y alza su mano hasta sus propios labios, trazándolos con el dedo que había estado dentro de la boca de Castiel solo segundos atrás. Su lengua aparece, lamiendo a lo largo del dígito, sus ojos nunca dejando al otro hombre. Puede ver cuán excitado está Cas y como cada movimiento que hace Dean lo empeora, y lo disfruta. Finalmente devuelve su mano a su regazo, palmeando gentilmente su propia erección y mirando hacia Castiel mitad frustrado, mitad divertido.

"Lo que sea que te ayude a dormir por las noches, profe…"

Se levanta en ese momento, dándose la vuelta e inclinándose para agarrar su bolso, así Castiel puede tener la mejor vista posible del trasero de Dean.

"Te veo mañana."


En el segundo en el que Dean abandona el salón Castiel se ajusta a sí mismo, dejando salir un jadeante sollozo ante el dolor de su miembro siendo presionado fuertemente contra su cremallera. Era una locura como Dean Winchester, su estudiante masculino, adolescente, le hacía sentir. Estaba constantemente en el borde, y había pasado la mayoría del día tratando firmemente de no pensar en Dean, y fallando. Cas suspira y pasa una mano sobre su rostro, decidiéndose que va a tener que inventar algo, porque esto no está yendo bien. Se siente incómodo, sabiendo que todo lo que Dean tiene que hacer es encarar una ceja y su cuerpo respondía ansioso.

El resto del día pasa rápidamente, alistándose para otra tarea de dibujo, luego yendo a hacer las compras al mercado calle abajo de su hogar. La culpa de Castiel le estaba carcomiendo, y de alguna forma había racionalizado aquello en que ser extremadamente atento con Meg ayudaría. Al menos un poco. Así que compró los ingredientes para la cena, su mente constantemente encontrando su camino de vuelta a Dean y sus pecas, su sonrisa presumida, la forma en la que parecía poner total atención mientras Cas contaba a la clase acerca de sus pasiones personales por la historia del arte, la escalada, y una hamburguesa bien hecha.


Dean se pasa el resto de la semana procediendo justo como había empezado. Cada vez que él y Cas se encuentran 'accidentalmente' en los pasillos, Dean se asegura de demostrarle justo lo que se está perdiendo y las clases están rayando en la tortura. Dean había ocupado la silla en la fila del medio de la última parte del salón en cada clase, un lugar en el que Castiel tenía una visión directa de las nuevas formas en las que Dean había pensado para seducir a su maestro casi todos los días. Después de un largo y exhaustivo fin de semana, lleno con largas horas de masturbación y sueños húmedos, Dean está de vuelta en el salón de arte de Castiel, sentado en su silla, esperando a que su maestro mire en su dirección. Ha decidido ir un paso más lejos el día de hoy. La semana pasada había comenzado a tocarse a través de sus jeans pero Castiel no había cedido – así que cuando Dean abre el botón de sus pantalones y desliza una mano para agarrar su erección a través de sus bóxer, estudia el rostro de Castiel atentamente. Sus propios ojos se cierran cuando empuja su mano bajo los bóxer, los fríos dedos rozándose sobre la piel caliente y provocando un pequeño jadeo.


Los ojos de Castiel se ensanchan por un pequeño momento y se lame los labios nerviosamente antes de aclararse la garganta y continuar con su lección, su voz solo ligeramente más profunda y ronca que antes. Camina a un lado de Dean mientras se está paseando alrededor del salón, hablando, y deja una nota en frente del chico, teniendo cuidado de no tocarlo cuando se aleja. La nota es simple, escrita en la pulcra manuscrita de Castiel: 'veme después de clases'. El resto de la clase pasa rápidamente y cuando la campana suena y los estudiantes se enfilan hacia la salida uno por uno, Castiel sabe que Dean se quedará, así que no se molesta en mirar hacia la parte trasera del salón para asegurarse antes de cerrar la puerta de su salón y ponerle llave. Castiel se voltea, los ojos oscurecidos y su corazón habiendo abandonado su pecho y decidido vivir en la mitad de su garganta, haciendo casi dolorosamente apretado y difícil hablar.

"Sr. Winchester."

Gesticula hacia el chico para que se una a él en el frente del salón, quien se inclina sobre su escritorio, los brazos cruzados sobre su pecho. Castiel no luce así de relajado, su rígida postura haciendo juego con sus pantalones negros, su camisa gris de manga larga y su chaqueta negra.


Cuando Cas le pasa la nota, Dean sonríe para sí mismo, alejando su mano y enfundándose nuevamente, esperando impacientemente por el final de la lección. La campana suena, el salón se vacía y Dean siente su pecho apretarse cuando Castiel se levanta y asegura la puerta tras el último estudiante. Sigue su orden, poniéndose de pie y caminando por el pasillo entre las mesas lentamente, manteniendo la vista fija en la rígida postura de su maestro, sus ojos azules fijos en los verdes de Dean. Se detiene a un poco menos de un metro de él, ladeando su cabeza ligeramente, esa sonrisa provocativa aún sobre sus labios.

"¿Quería verme, Sr. Novak?"


Castiel entrecierra los ojos hacia Dean, tratando arduamente por lucir molesto, aún cuando ha comenzado a sentir que Dean está comenzando a ser capaz de ver justo a través de sus fortalezas.

"Dean, no puedes seguir haciendo esto. Tu coqueteo es inapropiado, y nos va a meter en problemas a ambos."

Frunce el ceño hacia Dean y se inclina con los hombros ligeramente caídos contra el escritorio.

"¿Por qué estás haciendo esto, si quiera? Eres un chico atractivo, podrías haber elegido a cualquiera de tus compañeros en esta escuela."

Castiel deja sus brazos caer a sus costados, los hombros hundiéndose visiblemente, una expresión cansada cayendo sobre su rostro mientras se acaricia el puente de la nariz.

"Dean, no quiero expulsarte de mi clase, pero alguien va a notar tus… travesuras."


Dean escucha las palabras de Cas, entonces baja la cabeza mirando su cuerpo donde sus manos están empuñadas. Puede ver sus brazos temblando ligeramente y cuando vuelve la vista hacia arriba, puede ver el labio de Castiel temblar también.

"Oh, créame, profesor, sé de el… efecto que tengo sobre las personas, y sé que usted no es una excepción."

Mantiene sus manos para sí mismo esta vez, su mente situada en el objetivo de urgir a Castiel a hacer algo, cualquier cosa por su cuenta.

"Sabes, no tengo problemas con que me expulses. Pero eso no va a librarte de mí. Te lo dije antes, Cas – Te deseo. Y yo siempre obtengo lo que quiero."


Castiel boquea ante Dean, la profunda confianza que exuda el chico es más allá de pretenciosa, casi rozando en la arrogancia. Frunce el ceño, lame sus labios y luego se levanta y se aleja del escritorio, las manos sobre sus caderas mientras levanta la vista una corta distancia para mirar fijamente a Dean a los ojos.

"¿Y si me doy por vencido? ¿Qué pasa entonces? ¿Logro follarte de nuevo?"

Castiel da otro paso hacia Dean, luego otro y empuja con sus manos, lanzando al chico hacia atrás con cada paso, hacia el muro más cercano. Acorrala a Dean ahí, las manos sobre sus hombros, afirmando apretadamente.

"¿Te cansarías de mí entonces? Si me doy por vencido y te tomo aquí en mi salón, duro y rápido como en el club, te follo hasta que estés abierto y tembloroso- ¿Estarías satisfecho entonces?"

Castiel frunce el ceño, el rostro distorsionado por la rabia mientras gruñe hacia Dean, en el límite luego de una semana de constante flirteo, soñar despierto e inapropiadas fantasías. Cada una de ellas combustionada por la pecosa amenaza frente a él, en diferentes lugares y posiciones, pero siempre complaciente, siempre ansioso, siempre gritando el nombre de Cas cuando se viene. Su corazón está corriendo, la respiración viniendo en temblorosas inhaladas mientras sus ojos buscan los de Dean. Cas duda por otro momento, y entonces se apresura hacia delante y besa a Dean, su cuerpo pegado al otro, las manos a cada lado del rostro de Dean, sosteniéndolo firmemente.


¿Hablar sucio, eh? Quien lo diría…

Dean deja pasar a Cas, le permite follarse su boca como si ambos supieran que lo habían deseado durante semanas. Sus propias manos recargadas quietas y planas contra el muro tras él mientras la lengua del otro hombre se desliza dentro de su boca y profundiza el beso. Le toma un momento, minutos incluso, hasta que Cas retrocede, jadeando y temblando y luciendo absolutamente radiante, sus labios hinchados y enrojecidos por el beso.

"No," exhala Dean finalmente, sus párpados entrecerrándose cuando siente la excitación a través de su cuerpo, siente como un simple beso puede afectarlo. "No, no lo haría, y tú- no querrías que lo hiciera tampoco, profe, ¿no es así?"

Esta vez no hay sonrisa pretenciosa, no hay presunción, ni comportamiento superior. En este preciso momento es evidente cuanto desea Dean a este hombre y cuánto está dispuesto a hacer por ello, y eso lo asusta. Es la primera vez que Dean se da cuenta cuán perdido está, cuán desesperado de conseguir que Castiel lo toque, de que lo desee.

Se inclina un poco hacia delante, sus labios rozando sobre la cálida piel de la mejilla de Castiel, su lóbulo, cuando susurra:

"Nadie tiene que saber…"


Castiel también está perdido, perdido en los pensamientos que están tomando el control de su cuerpo con cada respiro, con cada inhalación que está llena de la esencia de Dean. Lo hace sentir fuera de control, el cuerpo temblándole más de lo que alguna vez había sentido, más excitado de lo que había estado nunca. Cas gime contra el cuello de Dean y oprime sus caderas contra las del chico, sus ojos apretándose mientras sus manos se cierran contra el muro, arañando la pintura amarilla con uñas despuntadas. "Dean-"

La campana suena en el momento siguiente, y hay un fuerte golpe en la puerta cuando la siguiente clase de estudiantes intenta entrar al salón cerrado y no son capaces de hacerlo. Cas se aparta de Dean , sonrojándose furiosamente mientras se ajusta rápidamente y camina hacia la puerta.

Revisa para asegurarse que Dean se ha arreglado también y entonces abre la puerta para dejar entrar al grupo, sonriendo y asintiendo a todos mientras entran en grupos de a dos o tres personas para tomar sus asientos. Cas levanta la mirada hacia Dean y asiente cortante, una vez, y luego camina hacia el frente de la clase y anota a los estudiantes que han comenzado a entrar.

"De acuerdo, todo el mundo, tomen asiento, no tenemos mucho tiempo en este periodo, ¡tenemos que pasar mucho material hoy!"

Levanta la mirada hacia Dean mientras el chico deja el salón, tragando duramente alrededor de la ola de excitación que le recorre cuando saborea a Dean sobre sus labios en el momento en el que se los lame.


Dean gime en decepción cuando la campana suena y Cas abre la puerta para su siguiente clase. Hace su camino hacia la salida, deteniéndose una vez que está de pie en el umbral de la puerta y volteándose una vez más. Su mano está sobre su cadera, solo centímetros lejos del centro de su cuerpo. Sus ojos están entornados cuando gesticula con la boca: "Te veo luego," y abandona el salón.


N/T: ¡Oh-por-dios! Adoro a este Dean tan descarado y amo profundamente toda esta tensión sexual sin resolver... en algún momento la bomba va a estallar. En fin, solo quería actualizar esta historia para que supieran que:

1. Sigo con mis traducciones.
2. Sigo actualizando todo lo que tengo incompleto (lento pero seguro...)

Espero que este capítulo haya llenado un poquito a las personas que siguen esta historia, y que sea un alivio para aquellos que pensaron que había dejado de escribir/traducir (que son más de los que pensé en un principio, si los PM no me mienten). ¡Que tengan una linda semana llena de cosas positivas! ¡Un abrazo gigante a todos!