Iba a dividir la guerra en diferents secciones, diferentes escenas. Iba a dividirlo en dos capítulos pero al final ha quedado uno sólo de 21 hoja (10110 palabras exactas, un número que me ha parecido apropiado, no sé por qué) y me ha parecido innecesario alargarlo de más.

Recomendación musical para este capítulo, en el siguiente orden:

Hometown Glory - Adele.

Skyfall - Adele.

Out of the woods - Taylor Swift.


Harry Potter es de Jotaká Erre


Flores para Narcissa

Veinticinco

Siguen esperando.

Esperan poder volver a casa pronto.

Esperan poder despedirse del dolor, la agonía, las dudas. Del constante "¿Cuando podré volver a casa?".

Casa. Hogar. Luchan por él pero han descubierto que hogar en realidad puede ser algo mucho más importante que una casa, un edificio. Mucho están exiliados, otros están fuera del hogar porque deben aprender a luchar, a crecer, a madurar. Muchos más esperan poder volver cuando las cosas se calmen, cuando la vida vuelva a ser vital.

Para Daphnee Greengrass hogar es la risa de su hermana, los dedos de su padre acariciando su pelo rubio, su madre escupiendo el té verde porque algo le ha hecho mucha gracia. Hogar es Draco viniendo a casa sin avisar. Es Theodore leyendo en una esquina, siempre atento a lo que dicen. Es Pansy quejándose de tonterías. Blaise haciendo bromas ridículas. Es un colgante que destrozó el día antes de marcharse de Hogwarts, con un tacón. Porque sentía que tenía que borrar su identidad si de verdad quería luchar. Luchar.

Por eso le tiemblan las manos cuando recibe el mensaje. Le tiemblan las manos, las entrañas, cada pedazo de su ser está siendo sacudido por una emoción terrible, una emoción rompedora.

―¿Daphnee?

Se da la vuelta para encararse con Blaise. La mira con una ceja enarcada, sujeta una tetera, esperando a verter su contenido en la taza de la rubia. Pero cuando la mira a la cara, cuando ve sus ojos verdes brillando, se le escurre de los dedos. Y sólo escuchan el sonido de la tetera estrellarse contra el suelo antes de que Thedore baje el periódico y Pansy deje de masticar la galleta de avena.

―Nos vamos a casa...

Deja caer la nota arrugada sobre la mesa de madera. Ocho palabras escritas con la pulcra caligrafía de Hermione Granger. Ocho palabras que anuncian el principio del fin.

Nos vemos en Hogwarts dentro de cinco días.

ººº

La magia negra recorre los pasillos como un ente más. Como si fuese una presencia eterna que los rodea a todas horas. Las paredes de piedra se han vuelto más oscuras, el aire más irrespirable. Harry Potter a penas reconoce la escuela a pesar de que lleva ahí encerrado varios meses.

Se ha encerrado, junto con toda la resistencia, en la Sala de los Mneesteres. Neville es un buen líder, ha decidido no quitarle ese papel a pesar de que ha regresado. Ya tiene bastante con dirigir a la Orden desde tan lejos. ¿Por qué no volver al Cuartel cuando terminaron con el penúltimo Horrocrux?

Voldemort los ha descubierto y protege a Nagini. Le envía constante imágenes para torturarlo. Ginny. Ginny y su risa. Lo bonita que era durante su primer año en Hogwarts a pesar del control que ejerció sobre ella. Sus ojos fieros, su pelo rojo desordenado. El rayo verde golpeando su pecho de frente... Una. Y otra. Y otra vez...

¿Cómo mantenerte fuerte cuando la única persona que suponía un consuelo se ha ido? ¿Cómo mantenerte fuerte cuando lo único que tienes son recuerdos que ni si quiera te pertenecen? Recuerdos de unos padres muertos, un padrino asesinado, un amor arrancado. Recuerdos de un hogar destrozado, una infancia diezmada.

―Harry.

Los ojos de Luna ya no son los mismos. Su voz ya no es ni la mitad de dulce de lo que era. Su postura es más rígida, su expresión menos soñadora. Pero, a fin de cuentas, es Luna. Luna Lovegood. De ojos cristalinos, sonrisa fácil y palabras sabias.

Sostiene en sus dedos blancos un pergamino. Un trozo diminuto que ha sido doblado varias veces. Se lo entrega sin dejar de mirarlo a los ojos.

―Estaba escribiendo en mi diario cuando, de repente, han aparecido estas palabras en una esquina.

Harry desdobla el diminuto pedazo de papel y deja caer la mirada en él. Al leer las escuetas palabras siente algo recorrerle todo el cuerpo. Una energía vigorizante que hace que le tiemblen las rodillas cuando se pone en pie. Se sube una mesa cercana y silba para llamar la atención de todos los alumnos presentes. Ron se acerca a toda prisa, sus ojos azules chispeando, sus labios estirados en una sonrisa confiada y segura.

Todos los ojos están clavados en El Elegido cuando toca el pergamino con su varita y las palabras que están ahí escritas se materializan en el aire.

Levantaos y preparaos, miembros del Ejército de Dumbledor. Vencedores serán proclamados dentro de cuatro días.

―¡Es la caligrafía de Hermione! ― exclama Seamus sin titubear ― ¡Me ha prestado sus apuntes tantas veces que podría reconocerla en cualquier parte!

―¡Hermione vuelve a casa! ― anuncia Neville con su profunda voz de barítono.

Harry salta de la mesa cuando todos estallan en vítores y gritos de alegría. Ronald abraza a su mejor amigo, lo aprieta. Se reconfortan por fin, aliviados de saber que la temible espera por fin tiene fecha de caducidad.

―Hermione regresa a casa, Harry. ¡Regresa!

―Regresa... ― murmura El Elegido con los ojos llenos de nebulosa alegría ― Regresa.

Los siguientes tres días no son más que un caos organizado. Los entrenamientos se hacen más duros, todo el mundo falta a clase más que decostumbre, todo el mundo se prepara. Madame Pomfrey acude con más regularidad a la Sala de los Menesteres para entrenar a unos cuantos alumnos en medimagia básica. Todos los libros robados de la sección prohibida vuelven a abrirse, repasarse, leerse. Las maldiciones y sus contrahechizos vuelven a practicarse. Puntería, memoria, rapidez. Todo se intensifica. Como si en realidad no hubiesen estado entrenando durante todo el curso. Ahora tienen fuerzas renovadas. Un objetivo más claro.

Harry sale de la Sala de los Menesteres escoltado por McGonagall y el resto de miembros de la Orden del Fénix el 2 de Mayo de 1998. Recorre los pasillos con la barbilla alzada, la varita en la mano, los ojos fieros clavados al frente.

Entra en el despacho de Severus Snape con un Bombarda, paraliza a los mortífagos ahí presentes antes de que puedan atacarlos y clava su mirada en la expresión serena de Narcissa Malfoy, sentada frente al director de la escuela.

―Es hora de terminar con todo esto, Snape ― anuncia El Elegido ― No dejaremos que la tortura siga estando presente en las aulas. Ni en ninguna otra parte de Inglaterra.

―¿Qué haréis cuando el Lord logre hacerse con el control de Europa? Ya han comenzado los ataques en otros puntos del continente, Potter.

―No podrá seguir controlando sus planes cuando sepa que he regresado.

―He avisado ― anuncia Narcissa con voz impersonal al separar su varita de su antebrazo izquierdo recientemente marcado ― Vendrán.

―Preparaos ― dice el director antes de desaparecerse.

Narcissa se levanta con tranquilidad de su asiento, alisa las arrugas del vestido azul que lleva y suspira pesadamente.

―No tardarán en llegar, Señora ― dice Ronald desde su posición detrás de su mejor amigo ― Sabemos que están en camino.

La mujer asiente brevemente al acercarse a ellos.

―Habéis de saber a lo que os enfrentáis. ¿Quien recuerda El Proyecto Salem?

Varios miembros de la Orden levantan la mano. La mujer sonríe de forma irónica y saca su varita lentamente, dejando clara su intención de no atacar a nadie. Con una floritura hace aparecer una especie de plano. Una máquina extraña que nadie ha visto nunca.

―El Proyecto Salem fue una idea del Lord durante la Primera Guerra. Consistía en secuestrar a magos y brujas para robarles su magia. A fin de que no se descubriera el pastel, en caso de ser detenidos antes de que pudiera llevarse a cabo, también se secuestraron muggles corrientes. Toda la magia fue drenada de los secuestrados, fuesen quien fuesen. Volvió a ponerse en marcha hace casi un año. La magia robada se acumula en viales. Y luego, una vez llenos, son suministrados al Lord. Pero hubo un cambio repentino de ideas hace unos meses. El Lord decidió no sólo convertirse en un arma, sino en crear un arma.

Cuando vuelve a sacudir su varita los planos se mueven, toman forma y pueden ver con total claridad el invento.

Arrasador lo llama. Toda la magia robada durante todo este año así como toda la magia que se robó durante la Primera Guerra se ha metido ahí dentro. Y su nombre es muy apropiado: un hechizo mal, o muy bien, dirigido lanzado por esta máquina podría arrasar media Inglaterra. La potencia es... Es prácticamente imparable.

―Tal y como lo describe, Señora ― interrumpe Bill ― parece totalmente imparable.

La mirada que la mujer rubia le dedica al joven hombre está llena de pena pero a penas pueden alcanzar a verla pues vuelve a hablar.

―Confío en que mi hijo y la Sangre Nueva sí podrán detenerlo.

―¿Cómo ha sabido de todo esto?

Narcissa Malfoy sacude la cabeza con una sonrisa resignada. Con su varita crea una firma en el aire, la suya propia, y junto a ésta, una muy parecida.

―Es la firma... ― dice Remus, atónito ― La firma en los documentos. Usted es Nauyaca.

―Yo soy la creadora de la poción drenadora que ha permitido todo esto.

Kingsley detiene a los aurores a su cargo cuando estos parecen más que dispuestos a detener a la bruja.

―¿Luchará? ― pregunta Harry sin dejar de mirarla a los ojos.

Narcissa se acerca y coloca una pálida mano sobre la cabellera espesa del muchacho.

―Tu madre me preguntó lo mismo la última vez que nos vimos a solas antes de una batalla.

―¿Mi...

―Claro que lucharé, niño. Tengo un hijo al que proteger.

Desaparece en una nube oscura sin decir nada más.

―¡Están llegando!

Neville acude a la sala a toda prisa. Corre sin aliento hasta pararse frente a los restos de la entrada al despacho del director. Mira con los ojos muy abiertos a todos las personas ahí congregadas.

―Han llegado.

―¿Ya?

―Es hora ― anuncia McGonagall ― Me haré cargo de las estatuas de la escuela. Potter, usted ordene todo lo que tenga que ordenar. ¿Qué sabemos de los refuerzos? Desde el ataque a París no hemos vuelto a saber nada del gobierno francés.

―Ayer recibí un Patronus de Daphnee Greengrass, todo el mundo está preparado. Llegarán de un momento a-

―Siento la espera ― habla una voz diferente de repente ― Pero he tenido que ir a recoger a toda esta maldita gente antes de llegar aquí.

―¿Maldita? Habla por ti.

―Cállate, Malfoy.

Hermione se aparta la capucha de la cara, su largo cabello cae por su espalda y una sonrisa extraña estira sus labios. Draco Malfoy está todavía agarrado a la cintura de la bruja, vestido enteramente de negro. Lleva en su mano una varita hecha de piedra. Cuando Harry se da la vuelta para mirar a su recién llegada mejor amiga se da cuenta de que todos los Slytherin están con ella. Y de repente, poco a poco, por los pasillos de la escuela, por las salas, por las habitaciones, van llegando todos los demás refuerzos.

―Vamos Potter, no me creo que te sorprenda nuestra entrada. ¿No te encanta que mi Sangre Nueva haya aprendido a controlar su poder hasta el punto de poder hacer aparecer a gente donde ella quiere? ¡Es incluso capaz de ver a través de las paredes!

―No seas mentiroso ― dice la castaña dándole un golpe al rubio ― No tengo rayos equis. Simplemente siento.

Una explosión terrible sacude los cimientos de toda la escuela de repente.

Harry Potter se escucha de repente en el aire Creo que es hora de que nos veamos cara a cara de nuevo, Niño Que Vivió.

―¿Sabes lo que tienes que hacer, Harry? ― pregunta Hermione cuando se quita la túnica negra revelando un fino vestido verde.

―Para nada.

―Bien ― concede ella levantando las manos poco a poco ― Draco.

El aludido asiente y respira profundamente antes mover la extraña varita en su mano. La energía que desprende Hermione por sus dedos envuelve al Elegido antes de hacerse invisible.

Protego ― anuncia Malfoy, pero nada ocurre.

―Intentará matarte, Harry.

―Esa es la idea, Mione.

―Esto te protegerá. El Protego de Draco está reforzado con mi energía. Siento algo más a tu al rededor. Te ayudará. Ahora, ve.

Harry asiente y se da la vuelta. Todos le abren paso sin despegar sus ojos de él. Cuando desaparece hacia la entrada del castillo todo el mundo vuelve a girarse hacia Hermione y Draco .

―Daphnee, ¿qué tenemos?

La rubia da un paso hacia delante para hacerse escuchar con más facilidad.

―Theodore y yo nos encargaremos de los ataques con la división de aurores franceses. Estaremos al Norte. Pansy y Blaise se encargarán de la parte Oeste del castillo con los griegos.

―¿Madame Pomfrey?

La mujer se acerca a Hermione, quien la ha llamado, con las manos ligeramente temblorosas.

―Puedo ocuparme de los heridos desde aquí. Cada grupo de doce tendrá a su disposición un medimago que es capaz de defenderse por sí mismo también.

Hermione asiente y clava sus ojos en Ronald.

―Tú te encargarás de dirigir los ataques y defensas del ala Este. Todos los demás... Luchad. Luchad y defendeos.

―¿Vosotros qué haréis, Herms?

Hermione mira de reojo a Draco que se cruje el cuello con una sonrisa gigantesca en los labios.

―¿Nosotros? ― el rubio estira los brazos como un gato y se cruje los nudillos ― Vamos a destrozar el juguete del Lord.

ººº

Entrada Norte del Castillo.

Harry Potter.

El silencio es ensordecedor. A pesar de que está acompañado de todas estas personas, a pesar de que todas ellas lo rodean y acompañan hacia la entrada del Castillo sabe que este momento es el más decisivo de todos. Sabe que este es el momento en el que todo termina.

Tom lo espera al final del puente. Lo mira con esos ojos rojos, esa satisfacción enfermiza en los labios. Sostiene la varita como siempre, con la punta de los dedos. Nagini está a sus pies, sin duda protegida por un hechizo.

―Volvemos a vernos, Tom.

―Harry. Potter ― sisea el Lord con extrema alegría en su tono ― Todo acaba hoy.

―No lo dudo. Veo que has decidido poner a Nagini a buen resguardo.

―No entiendo cómo no me di cuenta antes de todo lo que planeabas. Supongo que fue Dumbledor quien te contó mi secreto, no sé cómo lo descrubriría, pero sin duda es mucho más plausible que el que tú lo descubrieras por tus propios medios.

―Sin duda he contado con mucha ayuda durante todo este tiempo.

―Esos que te ayudaron acabarán por ser la razón de tu caída, Niño Que Vivió.

―¿No estás cansado de tanta lucha, Tom? ¿No deseas ponerle fin de una buena vez a todo esto?

Voldemort suelta una carcajada coreada por todos sus acólitos. Harry cuenta decenas y decenas de mortífagos. Tantos que a penas puede ver el fin del ejército tenebroso.

Cuando el Lord termina de reír hace un movimiento con la mano y todas las carcajadas terminan de repente. Como si lo hubiese ensayado durante mucho tiempo.

―El Niño Que Vivió ha venido a morir ― anuncia Lord Voldemort cuando alza su varita.

El hechizo es tan rápido, tan inesperado, que Harry no puede hacer absolutamente nada para defenderse. Pero a pesar de que el rayo verde lo alcanza, sólo rebota contra él y acaba desapareciendo en el aire.

Lord Voldemort no da crédito a sus ojos. Se queda ahí parado, atónito, con la varita alzada y los labios separados.

Harry alza su varita y hace un simple gesto. Entonces, decenas de personas salen de la escuela lanzando diferentes hechizos. Voldemort y muchos mortífagos desaparecen. Harry supone que el líder va a ocultarse mientras que los demás van a dirigirse a sus posiciones asignadas.

―¡Vamos! ― ruge a todas esas personas que lo siguen sin dudar ― ¡Luchad!

¡Petra Movilis!

Tras la orden de McGonagall todas las estatuas de piedra comienzan a moverse y a ponerse en marcha. La directora en funciones alza los brazos, su varita brilla con un fulgor intenso.

―¡Defended el honor! ― ordena la bruja con los ojos clavados en un mortífago que reconoce como uno de sus alumnos de hace ya unos cuantos años ― ¡Proteged el hogar!

Ala Este del Castillo.

Ronald Weasley.

Los mortífagos han aparecido a penas dos minutos después de que se posicionaran en su puesto de ataque. En un segundo han derribado la torre de Ravenclaw y asesinado a unas doce personas, pero Ronald no pierde la sangre fría y da órdenes a diestro y siniestro.

―¡Weasley!

Cuando se da la vuelta se da cuenta de que una pared entera ha caído, dejando vía libre al interior del castillo.

―¡Reparad eso como podáis! ¡Colocad hechizos desilusionadores! ¡No podemos permitir que entren, Hermione está ahí! ¡Ella es nuestra última baza!

Algunos alumnos de quinto se ponen manos a la obra y comienzan a colocar hechizos para distraer a los mortífagos. Los cuerpos se apilan en el suelo, hacen imposible que uno se desplace con normalidad. Ron se encuentra de frente con Luna, caída entre los cuerpos, su pecho cubierto de sangre.

―¡Luna!

El pelirrojo corre hacia ella sin perder de vista a sus al rededores. El cielo se ha llenado de oscuras nubes grises y el aire está electrificado. Cuando llega al cuerpo de su amiga la lluvia ya cae con intensidad.

―Esto es mil veces peor que las batallas anteriores ― murmura.

―Claro que lo es ― dice la rubia cuando la coge en brazos y se apresura en llevarla al medimago más cercano ― Esto es la batalla final. ¿Cuantos veremos el final de esta? ¿Cuántos podremos ver lo que queda del mundo después de esto...?

―Cállate, Luna. Tú lo verás. Y yo también. Y todos.

Se encuentra con una muchacha de séptimo curso. Lleva una chapa con una cruz azul sobre el pecho, indicando que está capacitada para curar.

―Tienes tres costillas rotas, Lovegood ― anuncia la joven con ojo crítico mientras que, sin dejar de observar la herida de su paciente, lanza un hechizo inmovilizador a un mortífago que se acerca a ella por la espalda ― Podré curarte con facilidad, con suerte incluso podrías seguir luchando.

Ronald no pierde detalle de todo lo que ve. De la eficiencia de esta joven que ha creado una especie de búnker protector al rededor de ellos en un sólo segundo con el fin de protegerse para poder trabajar.

―¿¡Qué haces aquí parado!? ¡Eres el jefe de nuestro pelotón! ¡Vamos, yo me haré cargo de ella y la llevaré con Pomfrey si algo sale mal! ― grita la muchacha de ojos grises ― ¡Vamos!

Ronald sólo mira sus ojos grises, su cabello negro recogido en una trenza eterna.

―¿Cómo te llamas?

Ella suspira cuando deja caer unas pocas gotas de alguna poción en los labios de Luna.

―Mireia Virmann ― contesta secamente.

―Más vale que sigas viva cuando esto termine, Mireia Virmann.

Ala Oeste del Castillo.

Pansy Parkinson.

¿Vamos a sobrevivir?

Observa a todos estos hombres luchar. Observa a todos estos hombres matar, morir, agonizar. Una lucha encarnizada entre personas que no se conocen, rostros sin identidad, nombres que no significan nada para nadie excepto para aquellos a los que han dejado atrás. Luchan porque tienen una patria a la que dar honor, un país al que defender. Familias a las que regresar en cuerpo y en esencia. A veces, incluso, sólo de una forma posible.

Pansy se pregunta, ahora que está en medio de la encarnizada última batalla, qué será del futuro cuando esto termine. No quiere saber si llegará a verlo, pero algo le dice que si quiere hacerlo no debería de estar tan pendiente de sus extrañas ideas.

Se encuentra con el cadáver de un muchacho de tercero cuando corre hacia Blaise para dar su reporte de todas las cosas que ha visto. También ve que a su compañero, su mejor amigo, le falta un brazo.

―Blaise... ¿Qué...? ¿Qué mierda te ha pasado?

―Este tío me ha pasado.

Fred Weasley está sentado sobre un montón de piedras. Su hermano Percival, uno al que llevaba muchísimo tiempo sin ver y cuya presencia en el colegio ni si quiera sabía, está a su lado.

―He tenido que apartarlo cuando una pared estaba a punto de aplastarlo. A cambio he perdido mi brazo.

Pansy se lleva las manos a la cabeza, un gesto apropiado, dado que una nueva explosión hace que otra pared, más lejana, caiga también.

―No puedes luchar en estas condiciones.

―Puedo.

―¡Es peligroso, maldito inconsciente!

―Esto siempre ha sido peligroso. ¿Quien va a cubrirte las espaldas si te dejo sola, Pansy Parkinson?

La bruja se deshace de un par de mortífagos con un sólo hechizo al hacerlo rebotar sobre un espejo perdido en medio de los escombros.

―Soy totalmente capaz de deshacerme de mis problemas.

―Por eso estás marcada y no sabes qué hacer con tu vida.

―Ni si quiera sé si voy a poder tener una vida, Blaise.

Madame Pomfrey llega corriendo y sin aliento hasta ellos. La mujer se arrodilla y saca Esencia de Díctamo de un bolsito que lleva atado al rededor de su cintura.

―Siento decirle que va a tener que regresar conmigo al interior del Castillo, Señor Zabinni ― anuncia la enferma con voz severa ― No puedo hacer nada aquí por usted. Hágale caso a su compañera.

El moreno sacude la cabeza y murmura algo entre los dientes pero se levanta igualmente para seguir a la enfermera, escoltada por dos aurores que se encargan de su protección hasta que regrese al Gran Comedor.

―¡Pansy! ― escucha a sus espaldas cuando se dispone a reorganizar su grupo ― ¡Si sobrevives te daré la vida que tú quieras, maldita bruja!

Despacho de Minerva McGonagall, Torre de Gryffindor.

Hermione Granger.

Puede sentir, con brutal claridad, todo lo que ocurre al rededor del Castillo. Concentrarse para encontrar el arma del Lord es una tarea mucho más complicada de lo que esperaba. Sí, tiene que encontrar un gran cúmulo de energía mágica, pero hacerlo cuando hay una batalla ahí abajo es prácticamente imposible.

―¿Alguna diferencia?

―Nada de nada. Tenemos que parar la batalla.

―Claro. Pidamos una prórroga para que podamos buscar el cachivache de mi madre sin problemas.

―Si no fueses siempre así de estúpido pensaría que Alisson te ha poseído.

Draco rueda los ojos y saca nuevamente la varita de piedra de su bolsillo. Fina pero densa, su peso es más magia que piedra en sí. El núcleo es ni más ni menos que Alisson, la vuelapluma maldita. Porque sólo un alma llena de ira podría ayudar al Maestro de una Sangre Nueva a controlar el poder de ésta.

¿No es irónico que haya dejado de odiarla y que por eso mismo necesite un alma viciada de rencor para poder controlar el poder de Hermione Granger? Quererla es, sin duda, de las decisiones involuntarias más extrañas que ha tomado jamás. Quererla le da el poder de ser quien es. Quererla es como ver amanecer en una habitación cerrada.

―Tendremos que salir. Podemos protegernos.

―No quiero que salgamos a menos que sea realmente necesario, Granger.

―Tenemos que encontrar esa cosa. Es de vital importancia. Lo sabes.

―También sé que estás loca.

―Me adoras ― contesta la bruja echando a andar hacia la puerta, dispuesta a encontrar a Harry para tratar de explicarle que necesitan retirarse ― ¡Y lo sabes!

Por supuesto que lo sabe.

Alguna parte del Bosque Prohibido.

Narcissa Malfoy.

―Severus ― dice el Lord con ese tono tan extraño que sólo él parece poder utilizar ― Siempre creí que de todos mis seguidores serías quien me traicionaría de la forma más vil.

―¿Mi Lord?

El Lord sonríe de forma extraña cuando se da la vuelta para mirar a Narcissa, tan recta como una varita.

―¿Cómo van los preparativos, querida Cissa?

―Perfectamente, mi Lord.

―¿Qué habría de pasar con mi pequeño juguete si algo te ocurriese, querida?

―Mis ayudantes podrían hacerla funcionar.

Una gota de sudor le recorre la nuca. Sudor frío. Sudor de terror, de agonía. Las palabras del Lord mandan un mensaje claro. Claro y siniestro. La promesa de una muerte dolorosa pesa sobre sus hombros de repente.

―Severus, ¿no sería una pena perder a tan valerosa servidora aquí?

―Sí, mi Lord ― susurra Severus sin despegar sus ojos negros de su amiga ― Sería una gran pérdida.

―Considero, Nauyaca, que si vas a morir deberías hacerlo junto a los tuyos. Aunque, pensándolo mejor, creo que podrías intentar volver a traicionarme. ¿No lo crees, Bella?

Bellatrix sale de las sombras y se acerca a su señor con paso tranquilo. Sus ojos destilan rabia y sus palabras, cuando se dirige a su hermana, son puro veneno.

―No tuvimos bastante con una traidora a la sangre, ahora resulta que tenemos dos. Y encima has engendrado a un maldito cobarde que se ha unido al enemigo. No vales para nada, Narcissa. No mereces el apellido Black. Sin duda naciste para ser una Malfoy. Apellido de cobardes.

Narcissa cuadra los hombros cuando se hermana tira al suelo todas las cartas que ha guardado durante años. Cartas de Lily. Cartas a Severus. El diario que redactó durante la Primera Guerra, ese en el que escribió todos los datos que podía recordar de sus misiones para luego darselos a Lily a fin de ayudar a la Orden. Todos los informes que ha copiado a escondidas durante los últimos meses para dejar constancia de sus actividades en caso de que el Lord decidiese deshacerse de todas las pruebas. Fotografías. Notas. Más fotografías.

Tallos. Todos los tallos de las flores que Draco ha enviado durante todos estos meses, este año y medio que han pasado separados. Contactando con flores teñidas de sangre pura y maldita.

Su hermana tiene razón. Nació para ser una Malfoy. Madre de un Malfoy. Uno lleno de agallas aunque no lo supiera. Uno capaz de entregar su vida aunque siempre haya preferido salvaguardar su vida y sus intereses.

―Pensaba acabar con tu vida cuando ganásemos, Nauyaca. Quería que vieras la destrucción creada por tus habilidades. Pero he decidido que quitarte tu voluntad y matar a los tuyos para luego obligarte a regresar a nuestro mundo es un castigo mucho más adecuado.

Cissa trata de huir. Se da la vuelta para intentar esconderse, pero Nagini es mil veces más rápida. Se enreda entre sus piernas y la hace caer de bruces al suelo. Se le llena la cara de barro y se le empapa el pelo porque, justo en este momento, el cielo decide descargar toda su ira sobre la tierra.

Cuando se da la vuelta, tratando de arrastrarse lejos del Lord y de su hermana, lo último que ve es un rayo de luz y lo último que escucha: Imperio.

Entrada Norte del Castillo.

Harry Potter.

―¡Harry! ¡Harry no podemos seguir!

Ronald logra llegar hasta él saltando por encima de un montón de cadáveres. Más lejos escuchan el grito desgarrador de una muchacha que presencia el asesinato de su mejor amiga. Pero no pueden oír nada. No pueden atender ninguna llamada de auxilio, no están en condiciones de socorrer a nadie. No pueden socorrerse a sí mismos.

―El puente se ha colapsado ― dice Neville al agacharse para poder hablar con Harry ― Han caído todos los carroñeros. También... También algunos de los nuestros.

El Elegido cierra los ojos y sacude la cabeza brevemente.

―Nada está saliendo como esperábamos. ¿Qué sabemos del Ala Oeste? ¿Cómo están los griegos?

―Muchos de ellos están en la enfermería, pero están resistiendo. Hace poco he recibido un mensaje de Parkinson, quien está a cargo de esa zona, me ha dicho que resisten como pueden, pero resisten al fin y al cabo. Aunque, a estas alturas, no descarto que necesitaremos retirarnos momentáneamente.

Harry asiente antes de levantarse torpemente. Observa a su al rededor todos los cuerpos desperdigados. Las varitas abandonadas, perdidas, destrozadas. Las paredes del castillo que se han derrumbado, las torres asediadas, el olor a azufre que impregna el aire. Cuando se da la vuelta tiene la sensación de ver a cada vez más miembros del ejército tenebroso. Tiene la sensación de que en su bando sólo hay niños. Niños temerosos, inexpertos. Niños aterrados que se enfrentan a la muerte como si esto fuese una estúpida broma.

―Nos retiramos.

―Iba a decirte ahora mismo que es lo mejor ― dice Hermione, que sale de entre las puertas de repente, seguida por Draco Malfoy ― No puedo encontrar el Arrasador con tanta actividad mágica. A pesar de que ya la controlo y tenemos la varita sigo teniendo mis limitaciones.

―Estamos perdiendo a demasiada gente de formas totalmente inapropiadas. Tenemos que volver a reunirnos. ¿Podrías hacerte cargo de ello?

―Gasté mucho poder al traer a toda esta gente aquí. Pero puedo hacer una especie de llamada, algo así como lo que hace el Lord hace un rato. Puedo decir que nos reunamos todos aquí.

―¡Bombarderos! ― grita Padma Patil señalando el cielo.

Al mirar hacia arriba se dan cuenta de que todos los alumnos de Slytherin se han subido a sus escobas, dispuestos a lanzar hechizos explosivos y bombas rudimentarias desde las alturas.

―¡Atrás!

Draco alza la varita y crea un escudo sobre todo el terreno que puede alcanzar. Alguno se quedan fuera de alcance. Algunos no tienen oportunidad. Los hechizos rebotan contra el escudo y mueren sin causar más daños pero los artefactos explosivos colisionan contra la escuela y los cimientos vuelven a temblar.

―No sé si el castillo resistirá ― dice Kinglsey, quien ha estado en silencio todo este tiempo ― Remus, ¿crees que sería posible salvaguardar los cimientos?

El antiguo profesor se mesa el bigote y sacude la cabeza.

―Podríamos bajar y reforzar los hechizo que ya están colocados. Llevan mil años ahí colocados, han soportado terremotos y muchas otras cosas, ¿crees que es realmente necesario?

―No podemos arriesgarnos a que parte de la estructura colapse.

Ambos hombres asienten y echan a correr hacia el interior de la escuela sin decir nada más. Harry los observa partir con el corazón en vilo.

―Tonks ha perdido el bebé ― le dice a Hermione sin despegar sus ojos verdes de la puerta.

―¿Cuando...?

―Me enteré hace poco. Algo salió mal, no sabemos el qué. Nació muerto.

La castaña deja escapar un suspiro entrecortado.

―La guerra no perdona a nadie ― murmura secamente, sus ojos clavados en el camino de piedra ― Pensaremos en ello más tarde, Harry. Es hora de que nos retiremos.

La Sangre Nueva recoge todo el aire que puede y cierra los ojos. Entonces, como si la conciencia de todos los que dirigen un pelotón o grupo de aurores de repente estuviera conectada, escuchan la voz de Hermione. Daphnee lo escucha cuando todavía trata de encontrar a su hermana entre las máscaras de plata. Theodore la escucha cuando se dedica a arrancarle la piel a tiras a su padre con un hechizo seccionador. Pansy lo hace cuando decide dejar de intentar sacar el cadáver de un hombre, recién casado, de los escombros. Ronald lo escucha cuando está seguro de haber visto el cabello de fuego de su hermana entre todas las personas que se matan a su al rededor.

―¡Retirada! ― exclaman todos a la misma vez, en diferentes puntos de la escuela ― ¡Retirada!

Hay que dejarlo todo atrás. Si puedes llevar contigo a alguien que a penas cojea, al que le falta un brazo, que está desorientado o simplemente histérico, hazlo. Si no respira. Si no se mueve. Si se desangra, hazle caso a tu instinto. Abandónalo. Aunque te duela en la jodida y maltrecha alma. Aunque puedas escuchar sus gritos de auxilio.

Consiguen entrar al castillo a través de diferentes entradas pero los dirigentes deciden reunirse en la entrada principal para poder encontrarse con Harry Potter más facilmente.

―¡¿Qué coño ocurre?! ― grita Theodore Nott con la varita y la camisa llenas de sangre ― ¡Todo va bien!

―Necesitamos encontrar el arma de Voldemort ― dice Potter con calma, tratando de ignorar el sadismo enfermizo en los ojos azules de Slytherin ― Hermione no puede encontrarla con tanta actividad mágica.

―Para que la encuentre tendría que desaparecer toda la actividad mágica que hemos creado ― dicta Pansy arrancándose la camisa sin molestarse en sentir vergüenza por mostrarse casi desnuda ante tanto desconocido ― Estúpida sangre y estúpida camisa ― murmura dejando caer la prenda desgarrada al suelo.

―¿Y Blaise? ― pregunta Daphnee mirando a su al rededor, alarmada ― ¿Está...?

―Está bien ― contesta secamente la morena ― Está en la enfermería. Ha perdido un puto brazo por ayudar a uno de los gemelos Weasley.

―¿Está bien? ― pregunta Ron.

―Sí.

―¿Y mi hermano?

Pansy se queda mirando al pelirrojo, asombrada, pues estaba segura de que preguntaba por su hermano desde el inicio. Sorprendida por que preguntara primero por su compañero se acerca un poco a él al ver la destreza en su mirar azul.

―Sí... ― contesta, casi sin aliento ― Sí, está perfectamente.

―No todo son buenas noticias ― dice Harry ― Hermos perdido a muchos otros. Hemos perdido a Katie Bell. Entre otros.

―Esto es la puta guerra, ¿qué esperábamos? ¿Que nos dispararan flores?

Las palabras de Pansy sacuden los cimientos de cada uno. Hermione sacude la cabeza y, de repente, la alza con los ojos muy abiertos.

―Dios santo... ¿Lo sentís?

―Sólo tú sientes cosas, Herms ― contesta su amigo pelirrojo como si fuese terriblemente estúpida ― No nos pidas que sintamos nada.

―Claro, ¿tú que vas a sentir? Si tienes la capacidad emocional de un ladrillo.

―¡Eh! ― Parkinson alza un dedo amenazante frente a la nariz de Hermione ― Cuidadito con lo que dices.

Hermione decide ignorar la repentina ola de afecto de Parkinson hacia su mejor amigo y se adelanta un poco hacia delante, mirando con ojos severo hacia las afueras.

Todavía hay gente entrando en el castillo. Todavía hay gente huyendo. Pero aún así puede percatarse de tres cosas. La primera, Astoria Greengrass está parada entre todo el gentío que viene corriendo hacia el castillo. Segundo, Narcissa Malfoy también se acerca, con paso lento, hacia ellos. Y tercero, pero no por ello menos importante, una enorme estructura de acero y madera se está acercando a paso muy rápido hacia ellos.

―¿Pero qué puta mierda es esta? ― suelta la castaña como si hubiese olvidado sus modales.

Todos los demás se asoman detrás de ella. Draco coge todo el aire que lo rodea en sus pulmones. Daphnee no se queda paralizada como él. No. Ella corre. Corre como si en realidad no tuviese que estar huyendo. Corre hacia esta niña que ni si quiera sabe quien es. Corre a merced del enemigo.

―¡Astoria!

―¡Daphnee, vuelve aquí! ¡Daphnee, es una trampa!

―¡Esto ― se escucha desde lejos, de repente ― es lo que he creado con toda mi ambición! ¡Con mi poder!

Lord Voldemort hace su aparición cuando ya no queda nadie fuera. Sólo Daphnee Greengrass, que sigue corriendo hacia su hermana pequeña, y Narcissa Malfoy, que mira al vacío sin expresión.

―¡Esto es lo que he creado para destronarte, Harry Potter! Es el arma que me asegurará la victoria si no consigo vencerte. Es el arma que lo arrasará todo si no puedo quitarte nada.

Daphnee le arranca la capucha a su hermana. El cabello rubio de la niña cae hacia atrás, cubre su espalda, roza su cadera. Tiene la piel blanca, los ojos verdes irritados, los labios secos, la piel cuarteada. Los pómulos parecen a punto de desgarrar su piel pero en esencia, en presencia, la reconoce.

―Astoria, ¿puedes oírme...?

La niña rubia parece enfocar su mirada por fin y clava su mirar en los ojos de su hermana.

―Sí.

La carcajada aliviada que la mayor de las rubias desgarra el aire tenso. Abraza a su hermana, la aprieta contra su pecho. Siente los febriles brazos de la niña agarrarse a ella, siente su pequeña nariz aspirar el aroma de su piel.

―Dijiste... Dijiste que te buscara... Dijiste que te encon- Que te encontrara...

―¡Daphnee, vamos! ¡Tráela aquí, no hay tiempo!

Daphnee agarra con más fuerza a su hermana y comienza a caminar a toda prisa hacia la entrada del castillo. Pero entonces Narcissa Malfoy, de quien nadie parecía acordarse (a pesar de que Draco lleva un rato peleando con Potter para ir a por su madre y ponerla a salvo) alza la varita. Alza la varita y clava sus ojos azules e impersonales al frente.

Avada Kedavra ― proclama sencillamente.

Las dos hermanas caen al suelo, una de ellas ha tirado a la otra. Hermione, que no pierde detalle de nada, no sabe a cual de las dos hermanas el hechizo mortal ha golpeado. Sólo escucha el sonido de los dos cuerpos desplomándose contra el suelo. Sólo ve la maraña de cabello rubio que se desparrama sobre las losas de piedra que están a pocos metros de ellos.

Draco aparta la mirada de los dos cuerpos desplomados para fijarse en su madre. Su madre, a la que lleva año y medio sin ver, a la que ha anhelado como un enfermo. Como sólo un hijo puede anhelar a su madre.

―Madre... ¡Madre, ¿qué haces?! ¡Madre!

―¡¿Quieres ver más muerte, Harry Potter!? ― la voz del Lord se alza sobre los gritos de la gente ― ¡Lucha, Harry Potter! ¡Enfréntate a tu destino!

―Tengo que ir.

Hermione se da la vuelta para lanzar otro hechizo protector sobre él como antes pero El Elegido alza la mano.

―Quiero hacer esto bien, Hermione. Sin trampas.

―¡Esto es la guerra, Harry! ¡En la guerra todo vale! ¡Tiene una jodida arma de destrucción masiva!

―Y nosotros te tenemos a ti si algo sale mal.

―Harry...

Pero Harry Potter decide hacer oídos sordos. Sólo quiere concentrarse en las experiencias que ha vivido durante todo este tiempo. Sólo quiere recordar la sonrisa de Sirius, el calor de Remus, las carcajadas de Ronald, las galletas de la señora Weasley, los consejos de Dumbledor, las miradas severas de Hermione, la presencia tranquilizante de Ginny, la lluvia cayendo sobre él todas las veces que quiso sentirse libre, la luz sofocante y cegadora del sol durante los días de primavera (aquellos que pasaban nadando en el lago, tratando de evitar los tentáculos del calamar gigante).

Trata de recordar por qué está haciendo esto. Trata de recordar si alguna vez sus padres le dijeron que tendría que ser así de fuerte siendo tan joven. Trata de discernir, lleno de pena, cuáles fueron las últimas palabras de su madre antes de marcharse. Trata de saber si las imágenes que tiene de su padre colocándolo sobre una escoba de juguete son invención suya o un recuerdo real. Uno al que aferrarse, uno en el que creer, uno que guardar para siempre para mantener a los dementores de su alma a raya.

¿Regresar a casa?

¿Qué es regresar a casa cuando lo único que has tenido siempre son personas? ¿Hogar pueden ser los rizos de Herms? ¿Las pegas de Ron? ¿Los ojos de su madre que lo miran desde el espejo? ¿El remolino desquiciante que no consigue peinar y que está seguro ha heredado de su padre? ¿Hogar es amar? ¿Hogar es físico? ¿Puede ser una emoción que te llene y te haga morir cada vez que dejas de sentirlo?

Cuando saca su varita no tiene respuesta para nada de eso. Sólo la certeza de que está haciendo lo que hay que hacer.

ººº

Lily,

Cuando muera espero que me estés esperando con los brazos abiertos y una sonrisa enorme. Porque el infierno que estoy pasando sin ti merece una eternidad contigo en el paraíso.

Cissa.

ººº

Lo veo.

No sólo en tus ojos. No sólo en su porte (aunque todo el mundo dice que su postura es la de su padre es totalmente falso, porque esa forma de cuadrar los hombros es puramente tuya), no sólo en los gestos cotidianos que podía ver en ti.

Simplemente lo veo.

Ese amor con el que lo proteges. Ese amor por el que te sacrificaste. Lo veo en la esencia mágica que lo rodea, en su testarudez tan similar a la tuya. Lo veo en todo. Debí pedirte perdón, debí hacer algo por recordarte que hubo una vez en la que creíste que era bueno para ti.

No lo has visto crecer, Lily, no lo has soportado. No has visto cómo cada día se parece cada vez más a su insufrible padre.

Pero tampoco has podido ver que, en el fondo, no es mal chico.

Severus.

ººº

No sé si me arrepentiré de esto antes de terminar con todo. No sé si al final encontraré las fuerzas para enfrentarme a un mundo sin mi hija. Sin mi pequeña.

Pero si no consigo encontrar las fuerzas, sólo tengo unas pocas cosas que deciros: os amo. No quiero que penséis que hago esto porque no os quiero y sólo la quiero a ella. No quiero que creáis que esto es culpa vuestra. Si de uno es responsable en esta vida es de su propio destino, de sus propias elecciones. Y a veces, a algunas personas, se nos acorta el camino antes de tiempo por voluntad propia.

Seguramente os enfadaréis mucho conmigo. Seguramente pensaréis que soy egoísta y que os abandono a vuestra suerte.

Y quizás sea cierto.

Pero no quiero que carguéis conmigo.

Os amo.

Mamá.

(Carta encontrada junto al cadáver de Molly Weasley).

ººº

(Inscripción tallada con una piedra en la pared de una mazmorra de Malfoy Hall)

Me llamo Veronica Bassnoff.

Me llamo Veronica Bassnoff.

Me llamo Veronica Bassnoff.

Me llamo Veronica Bassnoff.

Me llamo Veronica Bassnoff.

Me llamo Veronica Bassnoff.

Me llamo Veronica Bassnoff.

Me llamo Vernoica Basnoff.

Me llam-

ººº

¡Avada Kedavra!

¡Expeliarmus!

Rayo verde y rayo rojo colapsan. Las chispas saltan hacia todas partes y, sin duda, la varita del Lord no parece poder aguantar el contraataque. Hermione, vestida de verde, preparada para hacer grandes cosas (porque suponía que algo tendría que hacer) es mera espectadora al ver que su mejor amigo se juega la vida. Al ver que lucha con la fuerza de todo su amor, con toda la magia que le queda en las venas, por preservar un mundo lleno de paz. Por asegurar un mundo mejor para los suyos.

―¡Ríndete, Potter! ― escuchan al Lord ― ¡Porque yo tengo el poder de todos los magos y todas las brujas!

Voldemort rompe el contacto de ambos hechizos, deja que el Expeliarmus de Harry se estrelle contra un grupo de mortífagos y vuelve a lanzar un Avada Kedavra mucho más poderoso. De su varita maltratada saltan más chispas, pero nadie se da cuenta. Porque todos ven el cuerpo de Harry desplomarse contra el suelo.

―¡No! ― escuchan que grita Minerva McGonagall, el horror y la congoja apretando su garganta como un torniquete ― ¡No! ― vuelve a gritar la mujer echando a andar hacia su alumno, hacia el pobre niño en el que demasiados dejaron reposar sus esperanzas cuando ella sólo veía eso...

Un niño.

―¡Harry! ― escuchan que gritan muchos, aterrados, anonadados.

Nagini se acerca poco a poco a Harry, como si hubiese sido enviada para comprobar que el joven ha muerto. Pero antes de que pueda acercarse un poco más Neville aparece de la nada, espada en mano, y la decapita de un sólo movimiento. Malfoy mueve entonces sus manos y todos vuelven a ver.

―¿Que...?

El Lord da un paso hacia atrás al ver a su enemigo de pie, a sólo unos metros.

―Un hechizo desilusionador. Malfoy lo ha creado a fin de que todos me vierais caer muerto al suelo. Sabía que serías lo bastante arrogante como para acercar a Nagini hasta mi para comprobar que había muerto realmente. Por eso le dije a Neville que estuviera atento. Porque sabía que él sería quien podría matarla.

―Imposible...

―Has perdido, Tom.

Harry alza la varita nuevamente y lanza el hechizo. Lord Voldemort cae al suelo como un peso muerto. Pero nada más ocurre. El silencio que precede el gruñido del Lord cuando se incorpora no es nada ensordecedor comparado con los gritos de horror y la exclamación de sorpresa del propio Harry Potter.

El Lord se levanta con una sonrisa en los labios, sus ojos rojos lo miran con intensidad, maravillados.

―Olvidaste el más importante, Harry Potter.

Harry da un paso hacia atrás. La voz de Hermione se escucha a lo lejos, llamándolo, llena de histeria.

―Dado que mi varita ha quedado destrozada con mi segundo Avada Kedavra no me queda otra que utilizar mi pequeño juguete.

―¡Harry!

El aludido se da la vuelta y echa a correr a toda prisa cuando empieza a escuchar a los mortífagos poner en marcha la infernal máquina, un cañón gigantesco, y las ordenes de una muchacha de largo cabello negro.

―¡Todo listo, señorita! ― escucha que anuncia uno de ellos.

―¡Corre, Harry, corre!

El Elegido traspasa las puertas a toda prisa justo cuando una de las hermanas Greengrass recupera la conciencia. La rubia se tira entonces encima de su hermana, alarmada.

―Theodore.

Theo suspira pesadamente y echa a andar cuando Draco vuelve a increparlo. El joven se acerca a los dos cuerpos. El llanto descontrolado se le clava en el pecho, ver las temblorosas manos sacudir el cuerpo inerte de la otra hace que quiera vomitar. Pero no hay tiempo. No hay tiempo. Puede escuchar el extraño sonido que hace el cañón al cargarse de magia, dispuesto a arrasar con todo.

―¡Vamos, Theo, tráela! ― escucha que grita Pansy ― ¡Date prisa!

El joven se agacha, agarra la cintura de la rubia y la alza en vilo.

―¡No! ¡No, Theo, no, suéltame! ¡Mi hermana, mi hermana!

―Ya basta. Está muerta.

―¡No, no lo entiendes! ¡Tengo que ayudarla! ¡Theo, suéltame!

Empieza a patalear en el aire, pero consigue colocarla de pie en el suelo para encararla.

―¡Está muerta! ¡Muerta! ― le grita a la cara, clavando sus ojos azules en los verdes de ella ― ¿¡Lo entiendes!? ¡Todo lo que has pasado para llegar hasta aquí no sirve de nada si vas a morir aquí con ella!

La agarra del brazo y tira de ella hasta tirarla al suelo entre los demás. Pansy la acoge entre sus brazos, arrodillada. Aprieta su cabeza contra su pecho y deja que suelte todo su llanto.

Mira hacia la derecha, todavía consternada. Ahí, a unos metros y sin vida, está su mejor amiga.

―Está muerta, Pansy... Está muerta... Daphnee...

―Lo siento tanto, Astoria... Merlín... ― comienza a balancearse, meciendo a la niña, mirando hacia el techo, tratando de contener el llanto ― Lo siento tantísimo, tantísimo...

―¡Draco! ― grita Hermione una vez que está segura de que todos están detrás de ellos ― ¡Vamos!

Draco alza la varita sin apartar sus ojos de la figura de su madre. Nadie la ha apartado de la trayectoria del hechizo que amenaza con ser lanzado en a penas unos minutos. El cadáver de Daphnee sigue ahí tirado, a sólo unos metros.

―Puedo ir a por ellas en un momento.

―No hay tiempo ― dice Hermione con la mirada seria y la garganta apretada ― Mira el cañón, lanzará un hechizo en apenas treinta segundos. Tenemos que crear una barrera. Ya.

Lo mira a los ojos fijamente, le agarra las mejillas y habla con voz baja.

―No puedo devolverte a tu madre ni a la que ha sido como una hermana pero puedo prometerte que sus sacrificios son algo que estaban y están dispuestas a hacer. Por ti. Por esa hermana que ha podido liberarse Merlín sabe cómo de un Imperio. Por un hijo testarudo y pesado que en realidad es mejor persona de lo que cree. Algo ha pasado, algo ha fallado con Harry, no sé el qué pero sí sé que este es nuestro momento y que tenemos que parar esa cosa.

Draco la mira intensamente. Ha hablado tan deprisa que su discurso ha durado a penas quince segundos. Asiente débilmente y cierra los ojos.

―Haz que rebote.

Ella asiente y cierra los ojos.

Alza los brazos, toma todo el aire que puede y, de repente, todos pueden sentirla. Una energía electrizante que los recorre a todos y que se materializa, de alguna forma, en el aire. Cientos de agujas. Cientos de miles de agujas. Todas ellas creadas de puro aire, pura nada. Hermione se arquea hacia atrás, como si estuviera poseída, como la primera vez que creó esas agujas durante la prueba que pasaron los Slytherin para unirse a la Orden.

Draco se coloca detrás de ella en silencio y alza la varita de piedra. No despega sus ojos de Narcissa, ahí parada. En medio del camino que va a atravesar el gigantesco hechizo sin nombre. Puede jurar que esto es un burla hacia él. Puede asegurar que el Lord trata de provocarlo. Trata de humillarlo. Al fondo, muy al fondo, ve a su padre. Lo tienen apresado, como a un criminal entre criminales. Un cobarde que no ha salido en defensa de su mujer. Se ha escudado bajo el poder de Narcissa para no suscitar más burlas hacia su persona, pero sin duda preferiría que su padre fuese un bufón a ser el monstruo que ve en él ahora.

―¿Estarás conmigo, Granger?

Ella no contesta verbalmente pero cuando conecta su energía con él puede sentir que toda ella dice una sola palabra. "Eternamente" escucha dentro de sí mismo cuando el Arrasador lanza el potente hechizo. Un rayo de luz amarilla que sale disparado y que distorsiona todo el aire a su paso.

Draco escucha la voz de su madre gritando su nombre antes de ver cómo el hechizo la traga. Escucha la risa cristalina de Daphnee cuando su pequeño cuerpo queda reducido a la nada (también escucha el grito agonizante de Astoria al ver que nadie hace nada por traerle el cuerpo de su hermana). Escucha los pasos de Hermione en los pasillos de la casa de madera. Escucha todas y cada una de las palabras de amor que su madre le ha dedicado.

―¡Potter!

El Elegido se acerca y con sólo mirar al rubio sabe lo que tiene que hacer.

―¡Expeliarmus!

El rayo rojo sale disparado y con él todas las agujas de Hermione, que dirige con el poder de sus manos. Draco, gracias a la conexión entre Hermione y él, puede ver absolutamente toda la magia que hay frente a él. Puede ver los rastro de la maldición que ha matado a su mejor amiga, puede ver los restos de la que estaba controlando a su madre, puede ver toda la muerte y toda la rabia que ha quedado en todos los cadáveres regados por todas partes. También puede, con la varita de piedra, convertir la energía de Hermione en un arma o una barrera protectora.

Las agujas de la Sangre Nueva se convierten en un gigantesco escudo que para y devuelve el hechizo amarillo del Lord.

―¡Únelos! ¡Únelos, Draco!

Una vez se rompió la muñeca cuando era niño. Y por eso sabe que está a punto de ocurrir de nuevo. La energía es tan grande, el poder es tan inmenso que no cree imposible el que se le rompa el brazo entero al tratar de controlar tanta magia a la misma vez. No sólo canaliza la energía de Hermione para crear el escucho o para ver la magia, también tiene que meter el hechizo creado por la máquina dentro del rayo rojo para devolverlo con más intensidad.

Cuando ve ambas magias colisionar y fusionarse suelta el aire en un siseo. Hermione, a su lado, cae desplomada al suelo con la respiración agitada, pero sus ojos no pierden de vista el rayo naranja que está a punto de impactar contra los mortífagos, que huyen despavoridos. Muchos se han desaparecido otros tantos, presos del pánico, se olvidan de esa posibilidad y echan a correr, buscando refugio.

Lord Voldemort se queda ahí, confiando en el poder del último horrocrux que no ha sido destruido: Harry Potter.

Cuando el hechizo impacta la luz es cegadora, los gritos ensordecedores. Los cimientos del colegio tiemblan con inusitada fuerza, un terremoto que parece no tener fin. Los cascotes caen del techo y un par de paredes caen. Escuchan un estruendo más lejano y escuchan a alguien gritar que la cuarta planta, en el Ala Este, se ha derrumbado por completo. En Gran Comedor y toda la zona Norte, donde todos se han refugiado, queda intacta. Milagrosamente.

Todo lo demás, los terrenos de Hogwarts, el campo de Quidditch, el lago, y muchas más hectáreas, han quedado destrozadas con la potencia del hechizo. El escudo de Hermione cae como si fuese una cortina de agua cuando ésta mueve su mano hacia un lado.

―Quietos ― dice la Sangre Nueva cuando su Maestro la ayuda a ponerse en pie ― Todavía no sabemos qué ha ocurrido ni dónde ha impactado el hechizo. No sabemos nada. Hemos de ir a comprobar.

―Quédate aquí, con Pansy. Estás muy débil. No sé cómo coño has podido crear semejante escudo, tu sola, lo has colocado incluso por encima del castillo.

―No sabía si podrían desviar el ataque o crear otro en seguida. Tenía que protegerlo todo. Estoy bien, créeme. Iré con vosotros. ¿Has comprobado lo que me dijiste antes?

Draco le aprieta la mano y sonríe con suficiencia.

―Por supuesto que sí.

―Pareces muy satisfecho. ¿Hiciste algo al respecto?

―Puede.

―Malfoy...

―Comprobaremos si ha funcionado cuando vayamos a ver lo que ha ocurrido.

La castaña sacude su vestido blanco con cuidado y se pone en marcha detrás de Harry. Al pasar junto a Daphnee trata de arrodillarse pero Draco la detiende y la obliga a seguir caminando.

―Nos despediremos y la lloraremos cuando sepamos que es seguro hacerlo. No quiero llorarla cuando todavía tenemos la guadaña en el cuello.

Los ojos grises de Draco se vuelven de piedra cuando pasan a unos metros del cuerpo de su madre. Hermione desea hacerle saber que está bien que acuda a su encuentro pero también presiente que lo que él ha dicho es su forma de intentar asimilar el dolor antes de enfrentarse realmente a la realidad.

―¿Sientes algo, Mione? ― pregunta El Elegido con la varita alzada.

―No. Esto parece un apocalipsis zombie. ¿Recuerdas aquella película de los sesenta que vimos el verano anterior, Harry?

―Oh sí, esto me recuerda la escena en la que la protagonista se con-

―Todo lo que decís parece muy interesante ― interrumpe Malfoy con el ceño fruncido ― Pero dudo que estemos aquí para recordar cosas agradables. ¿Sientes algo? ― añade finalmente mirando a su compañera.

―No, ya lo he dicho ― contesta ella con los ojos entrecerrados ― Pero el aire parece mucho más denso.

―El rastro de magia no desaparecerá hasta dentro de mucho tiempo. Sea magia blanca o magia negra.

―¿Puedes ver algo?

El rubio niega brevemente con la cabeza.

―Al romper la barrera que nos ha protegido también has roto nuestra conexión. ¿Crees que podrás volver a hacerla?

―Esperemos que no sea necesario hasta dentro de un tiempo. Necesito recuperarme un poco.

Cuando ambos miran al frente se encuentran con la mirada curiosa de Ronald. El pelirrojo ladea la cabeza levemente, como si estuviera muy intrigado.

―Vuestra forma de hablar ha cambiado por completo.

―¿Sí?

―Si, Herms. Sois tan... Diferentes, pero sois los mismos. ¿Os ha pasado algo remarcable? ¿Es por eso que habéis tardado tanto en volver a casa?

Hermione sonríe brevemente y le da un tierno beso en la mejilla a su mejor amigo.

―Lo sabremos cuando sea el momento, Ron. Vamos, tenemos que comprobar cómo han acabado las cosas.

El grupo sigue su camino sin detenerse nuevamente. Cuando alcanzan el final del puente encuentran el cadáver de Tom Marvolo Riddle. Harry se apresura en comprobar si es cierto y unos minutos más tarde se hace llegar a Madame Pomfrey para que lo compruebe ella misma. La enfermera asiente secamente y delante de todos ellos, sin retenerse, se echa a llorar. A llorar a lágrima viva.

―Se acabó ― murmura la mujer, encorvada sobre si misma como si el alivio le pasara una tonelada sobre la espalda ― Ha terminado...

―Pero... ― dice Harry minutos más tarde cuando se reúne con la Orden nuevamente y el resto de Slytherin ― Pero al atacarlo directamente me dijo que yo el último Horrocrux era yo. Confirmó tu teoría, Malfoy. Y no pudo matarme, se supone que dentro de mi sigue una parte suya viva. Se supone que es inmortal. ¿Cómo es... posible?

Draco se pasa las manos por la cabellera rubia y suelta el aire. Contarle su teoría a Potter fue un movimiento sabio, el chico merecía saberlo.

―Mi teoría no era del todo mía. Snape me la hizo llegar de alguna forma. Mantuvo una conversación hace un tiempo con Dumbledor. Matar a tu madre te convirtió en un Horrocrux. Al parecer las sospechas de Dumbledor eran erróneas: el Lord sí sabía de eso. Al vernos nuevamente, gracias a la energía de Granger, pude ver el pedazo de alma en tu interior. Y entonces...

Deja caer las palabras pero nadie parece entenderlas.

―No. ¡Oh, no, Draco, no! ¡No hiciste eso!

Evidentemente, Hermione siempre tiene que entenderlo todo sin necesidad de explicaciones.

―¿Qué está pasando, Hermione? Explica.

―Ese hijo de puta

―¡Hermione! ― exclama Ron a lescucharla hablar tan mal ― Contrólate...

―... nos ha engañado a todos ― continúa ella ignorando las quejas del pelirrojo ― Ha creado un hechizo desilusionador dentro de otro hechizo desilusionador.

―¿Se puede hacer eso?

―Cuando eres el Maestro de la Sangre Nueva, sí. Dentro del hechizo desilusionador que creé para que todos te vieran caer después de recibir el Avada Kedavra creé otro cuya única victima fuiste tu. En todo momento creíste mantenerte en pie, pero en realidad sí recibiste el hechizo. En realidad sí caíste. Supuse que si el Lord se creía invencible todo lo del octavo Horrocrux se confirmaría. Y tuve razón, evindemtemente.

―Es la mayor estupidez que has hecho en tu maldita vida ― dice la castaña golpeandole el brazo ― Si el Lord no se hubiese creído invencible no habría usado el cacharro ese.

―Te equivocas, Granger ― habla Nott esta vez ― Seguramente al saberse acorralado habría activado el arma sin darnos tiempo a hacer nada. Entre la activación y el disparo hubo cuarenta y cinco segundos. Nos nos habría dado tiempo a meter a nadie, no habríamos podido crear el escudo ni nada de nada. Muchos más habrían muerto ― el joven saca un cigarrillo de alguna parte y lo enciende con la punta de su varita ― Habría empleado la muerte de muchos para crear más Horrocruxes. Más variados. Mejor escondidos.

Hermione se muerde los labios sin decir nada más. Es cierto. Habrían muerto muchos más. Muchísimos más.

¿Pero qué diferencia hay entre muchos y pocos muertos en una guerra como esta? Una guerra que ha durado cerca de cuatro años. Una guerra de guerrillas, de saqueos, de redadas, de violaciones, de horror, de terror, de exterminio... Una guerra en la que, a fin de cuentas, si no han perdido a alguien querido quizás se han perdido a sí mismos.

―Estoy tan cansada ― le dice a Draco al mirarlo a los ojos ― ¿Podemos descansar ya...?

Malfoy sonríe brevemente y coloca sus labios sobre la cabeza de la muchacha.

―Sólo si nuestros demonios nos lo permiten.


En un principio la batalla iba a desarrollarse en dos capítulos diferentes pero ha surgido. Soy pésima (malísima) para describir batallas. Ya sabéis que lo mío son las emociones, no las acciones, aún así espero que haya quedado algo presentable. He respetado cosas como el hecho de que es Neville el que acaba con Nagini porque damn, es magnífico. También he decidido cambiar ciertos aspectos como el hecho de que Tom sí sabe que harry es un Horrocrux más.

Aclaraciones:

-Hemione siente la magia y Draco puede verla. Es por eso que la Sangre Nueva necesita un Maestro: ella tiene mucho poder pero pese a ello no puede ver todas las energías. Al conectarse con su Maestro este es capaz de ver y por tanto de canalizar y controlar mejor el poder de la propia Sangre Nueva. Eso significa que están total y absolutamente conectados el uno con el otro.

-El siguiente capítulo explica por qué el núcleo de la varita es Alisson y cómo se ha creado la propia varita.

-Sí. Daphnee ha muerto. Y tengo que decir que la escena en la que Theodore agarra a Astoria y se la lleva es una escena que tengo en mente desde antes de que me pusiera a escribir esta historia. Así que sí: Daphnee Greengrass estaba destinada a morir desde hace mucho tiempo (¡Premio para Dal porque siempre lo supo aunque nunca se lo dije!). Y sí. Siempre quise que muriera de esta forma. Fría e impersnal, rara y traumática. Dije que no quedaría nadie vivo, incluso mi personaje preferido del fic.

-Muchas personas me vais a decir que la muerte de Narcissa es a) innecesaria y/o b) gratuita y sin afán. Es cierto. Cissa ha muerto sin pena ni gloria, sin ser consciente de lo que ocurre. Tened en cuenta que el Lord está convencido de que va a vencer y por eso la castiga de esta forma: la controla para que mate a su hijo y a todas las personas a las que considera queridas (por ello mata a Daphnee. ¿Una simbología? Una madre que mata, sin saberlo, a una de las personas a la que Draco más ama) para después liberarla del Imperio y así castigarla con la verdad: ha ayudado a que ganen los malos y, además, está sola por obra y gracia de su propia varita. Así que, en realidad, la muerte de Cissa tiene todo el sentido del mundo. No era algo que el Lord planea, pero tampoco algo que impide. Juega con las personas, no le importa las promesas que ha hecho anteriormente, no le importa los planes que tuviera anteriormente. A veces improvisa, juega sobre la marcha. Es un manipulador y eso es lo que hacen las personas manipuladoras. Sí, también podría haber hecho que alguien la sacara de ahí pero, y esto es algo que quizás no ha quedado muy claro, la distancia entre Hogwarts y el Lord es de, más o menos, un kilómetro. Si tenemos en cuenta que Narcissa estaba a mitad de camino (Daphnee y su hermana sólo estaban, al menos en mi imaginación al escribir esto, a unos cincuenta metros de la puerta del castillo) nadie podría haber recorrido unos quinientos metros, agarrado a la mujer y echado a correr nuevamente hacia el castillo en tan poco tiempo. Quizás sí, pero se habrían qedado a mitad de camino. Draco no podría haberlo hecho, desde luego, era necesario que se quedara atrás para ayudar a Hermione a usar su poder y crear el escudo. Espero que esté quedando claro porque parece una excusa barata, joder.

-El hecho de que Draco le explica la teoría de Snape y Dumbledor a Harryse verá en el capítlo siguiente.

Sí, bueno, no he podido evitar un poco de Blaise/Pansy/Ron. Soy terrible.

El siguiente capítulo estará hecho de cartas, escenas robadas en el tiempo (Primera y Segunda Guerra), pensamientos, más cartas, más cartas y más cartas. Porque me encanta. Evidentemente también estará el momento en el que se crea la extraña varita de Draco.

¿Y el siguiente capítulo?

No lo sé.

Pero a Flores para Narcissa le quedan dos capítulos (sin contar este) y un epílogo.

En todo caso gracias por seguir por aquí, leyendome y apoyándome. Cualquier crítica que tengáis, cualquier duda que os corroa, no dudéis en hacermelo llegar. Siempre os leo encantada de la vida y siempre es maravilloso saber lo que opinais y lo que queréis saber del fic en sí.

También quiero agradecer a quien sea que me haya nominado en los Amortentia Awards. Flores para Narcissa compite en muchas categorías: Mejor fic en proceso 2015, Mejor drama, Mejor autora (*lloro*), Mejor portada (Lawliiiiiiiet *heart*), Mejor pareja Principal (Draco/Hermione), Mejor Pareja Secundaria (Theodore/Daphnee, reconozco que me reí a carcajadas y me sentí fatal al enterarme. Pobre Daph), Mejor fic 2015 (a secas, y gracias, os lo juro). También se me ha nominado en Mejor drabble (Rubias y otras obsesiones), Mejor OS (Los otros GRANDES momentos de Draco Malfoy) y Mejor Comedia (Ser Vegana).

Muchos más fics han sido nominados en muchas otras categorías asique pasaros por el enlace de las votaciones (lo encontraréis en mi página de FB y en la página de FB oficial de los Amortentia Awards) para votar a vuestros preferidos. No os pediré que votéis por mi porque el simple hecho de estar nominada en tantísimas categorías para mi ya es más que sificiente. Nunca podré agradecer lo bastante a toda esta gran comunidad que somos el fandom español y latino de Harry Potter.

Creo que esta nota es más larga que el propio capítulo xDDDDDDD

Cuidaros mucho, bbz, os amo.

Miss Mante.