Muy queridísimos lectores,

¡He vuelto! Después de no-sé-cuánto-tiempo les traigo el noveno capítulo que he denominado como "mi mejor fic hasta ahora". No, en serio, es mi favorito y quiero terminarlo. Siento que tengo un deber conmigo mismo –y con ustedes, por supuesto- de terminar este fic.

He estado muy ocupado, pero logré traerles este corto –y aburrido- capítulo. Quizá no les guste, o quizá lo encuentren demasiado apresurado, pero… era necesario.

Este es un capítulo de transición. Cuando terminen de leerlo, entenderán por qué. Personalmente, me ha gustado bastante.

PD: He creado una página de Facebook de esta cuenta, la cual me encantaría que visitaran y siguieran. La idea es mantener una comunicación fluida con mis lectores. Por ahora no tiene NADA, pero sé que con su ayuda podremos comunicarnos mejor (: Aquí está: pages/Iuris-Doctor/1617649268488364?ref=hl

PD2: lean el fic que publiqué hace un tiempo "Entre comadrejas". Quizá les guste si les gusta el Dramione. Creo que esta maldita pareja me atrapó, maldición...

Un abrazo,

Iuris Doctor


El recuerdo de Nott

por

Iuris Doctor


La vuelta a clases después de las vacaciones de Navidad había sido tan lenta como siempre. Los rostros desganados, los quejidos generalizados y la abulia exagerada se habían apoderado de los alumnos del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

El retorno a las actividades normales había sido doblemente ingrato para Draco Malfoy: no sólo tenía que lidiar con el estrés de volver a enfrentarse a pilas de deberes y a interminables horas de estudio para los temibles TIMOs, sino que también debía aguantar las miradas de desprecio que le lanzaba Pansy Parkinson cada vez que podía. La morena, desde aquel incidente en la Mansión Malfoy, había dejado de dirigirle la palabra.

—Ya se le pasará —intentaba consolarlo Zabini durante el desayuno, antes de la primera clase de Pociones—. Nunca le dura mucho, ¿no?

La súbita empatía y buena voluntad de Blaise Zabini hacia Draco Malfoy generaba una sensación de incomodidad en el rubio. Si el chico estaba en lo correcto, Zabini había entendido a la perfección qué significaban aquellas iniciales grabadas en su mochila. Y si lo sabía… estaba haciendo lo posible por mantener el secreto.

A pesar de todo aquello, el vacío que había dejado Pansy –que ahora pasaba la mayor parte de su tiempo con su amiga Daphne Greengrass y su hermana, Astoria- fue rápidamente llenado por Theodore Nott. La incorporación de Nott al grupo no fue más que un efecto de la inercia de las relaciones sociales: desde aquella reunión en la casa de Draco, todo parecía totalmente natural. De hecho, cuando Theo ocupó un lugar junto a Crabbe en la mesa del desayuno, pareció un acto tan cotidiano que nadie demostró sorpresa.

—Buenos días —dijo Nott.

—Hola, Theo.

Zabini y Nott cruzaron miradas por un instante. Si bien la rivalidad seguía latente, podía sentirse en el ambiente que se había suavizado un poco. Incluso Nott obvió el gesto de desprecio que hacía cada vez que el moreno imprimía a su voz un tono nasal y burlón al decir su apodo.

—¿Qué hace Pansy con Daphne?

La pregunta de Nott hizo que Draco le dirigiera una mirada desconcertada a Zabini, clamando por auxilio. Crabbe y Goyle, que apenas se habían percatado de que Nott había llegado, seguían ocupados engullendo sendos pasteles de calabaza.

—Está molesta con Draco. —Nott volvió a mirar a Zabini, frunciendo la nariz—. Ya sabes, por lo de la mochila. Está celosa.

—Y si está celosa, ¿por qué está sentada justo al lado de Astoria?

Incrédulo, Nott alzó una ceja. Esta vez fulminaba a Malfoy con la mirada, casi exigiendo una explicación. El rubio abrió la boca, liberando un sonido gutural parecido a un eructo, pero nuevamente Zabini saltó al rescate:

—Ya sabes lo que dicen, Theo. "Mejor diablo conocido que diablo por conocer", o algo así. Pansy está intentando acercarse a su enemiga para luego, cuando menos lo espere, destriparla por la noche en los dormitorios de chicas. Siempre tan sutil, nuestra Pansy… ¿Pastel, Theo?

Zabini tendió un plato con el último pastel de calabaza, observado con deseo por Crabbe, quien había hecho un ademán de sacarlo antes de que fuera ofrecido a Nott. Theo, todavía con la nariz fruncida, negó con la cabeza.

—No, gracias. ¿En serio es por eso, Draco? —inquirió Nott, fijando esta vez su mirada en el rubio—. ¿De verdad dejó de juntarse con ustedes porque está celosa?

Draco asintió.

—Por Merlín, creo que se toma las cosas muy a pecho —comentó Theo finalmente, sirviéndose un poco de jugo de calabaza.

—No debería extrañarte —comentó Zabini, sonriente—. Ya sabes, las palabras "Pansy" y "pecho" están muy cerca en el diccionario... no sé si me entiendes…

El moreno hizo una mueca extraña y, acto seguido, llevó sus manos frente a sí y fingió que acariciaba unos enormes pechos imaginarios. Crabbe y Goyle se desternillaron de risa; Draco, quien estaba bastante nervioso, ni siquiera sonrió. Pese a todo pronóstico, Theodore Nott se rió con recato. Un insulto de ese calibre a la anatomía de la chica que le gustaba habría acarreado, como mínimo, un bufido, más aún si venía de Zabini. Pero las circunstancias actuales habían cambiado sus reacciones: al parecer, Nott se estaba amoldando al grupo.

—Creo que ya es hora de ir a clases —dijo Nott, mirando su reloj de pulsera—. Si llegamos tarde, Snape nos cortará las orejas. ¿Vamos?

—Vamos —asintió Draco, levantándose inmediatamente del asiento.

Zabini y Nott siguieron rápidamente a Malfoy, mientras que Crabbe y Goyle se demoraron un par de segundos más en alcanzarlos. Al parecer, habían extrañado tanto los pomposos desayunos de Hogwarts que no podían evitar llevarse uno o dos bollos de manteca para el camino hacia las mazmorras.

Cruzaron el Gran Salón conversando tranquilamente. Cuando pasaron junto a Pansy y las hermanas Greengrass, su amiga le dirigió una mirada cargada de odio al rubio quien, tragando saliva compulsivamente, apuró el paso y se perdió con su grupo tras la puerta de roble.

Sólo esperaba que Pansy no le contara a nadie sobre el verdadero significado de la inscripción de su mochila.


—Antes de que termine la clase… ya terminé de revisar sus ensayos.

Un murmullo recorrió el salón de clases. El profesor Snape logró acallar a los alumnos de quinto sólo con una mirada de reproche, para luego acercarse a su escritorio y tomar entre sus manos una enorme pila de pergaminos. Agitó lentamente los pergaminos frente a su ganchuda nariz y, posteriormente, los dejó caer con violencia sobre el escritorio. Se volvió hacia sus alumnos y, frunciendo el ceño, les dijo con tono amenazante:

—Sus ensayos estaban horrorosos. Si siguen así, sólo algunos —Snape detuvo sus oscuros ojos negros en Malfoy por un instante— lograrán aprobar el TIMO de Pociones. ¡No he dedicado cinco años de mi vida enseñándoles Pociones para que escriban porquerías como éstas! ¡Debería darles vergüenza!

Algunos muchachos intercambiaron miradas de preocupación, mientras que otros –mayormente alumnos de Slytherin- apretaban los labios para contener la risa. Las miradas de reproche de Severus Snape iban dirigidas, en su mayoría, a Harry Potter y Neville Longbottom. Por culpa de su mente atribulada, Malfoy no pudo saborear esos momentos de gloria a cabalidad.

—Quienes hayan obtenido una calificación menor a una «S» en este ensayo deberán hacer uno nuevo. Y esta vez tendrán que traer tres metros. Sí, Potter, ¡tres metros!

El bufido de Potter se hizo presente a lo largo y ancho de toda el aula, causando la ira de Snape. San Potter se hundió en la silla, intentando evadir las miradas que intentaban posarse en él.

—Creo que Snape tiene una obsesión con Potter. —El susurro de Zabini llegó a los oídos de Malfoy de forma muy débil—. ¿Crees que le exciten sus lentes de mierda? Es una opción…

Shhhh… —lo hizo callar el rubio.

La campana que anunciaba el fin de la primera clase de ese día se hizo notar con autoridad. Todos hicieron el ademán de levantarse de los pupitres, como si estuviesen propulsados por un resorte, pero Snape los detuvo únicamente con una mirada agria.

—Necesito que retiren sus ensayos, para que sepan quiénes deben hacerlo nuevamente. ¡Háganlo rápidamente y-en-orden!

La última indicación del profesor fue totalmente ignorada, pues la mayoría de los estudiantes se agolpó frente a su escritorio y comenzó a forcejear para sacar su ensayo. Snape, con la vena de la sien palpitante, hizo ondear su capa y desapareció en la oscuridad del salón, posiblemente con dirección a su despacho.

Malfoy y Zabini no se molestaron en correr hacia el escritorio. Esperaron a que la mayoría del grupo se disolviera; sólo ahí decidieron ponerse de pie y enfilar hacia la pila de pergaminos que los esperaba con el destino que les deparaba aquel comienzo de semana.

Malfoy se abrió paso entre Longbottom quien, torpemente, intentaba recoger su ensayo (Draco aprovechó de darle un codazo en las costillas para que se apartara), y Finnigan. Una vez estuvo frente a los pergaminos, apartó varias «D» y «T» (una de ellas era de Weasley, lo que le arrancó una sonrisa) para finalmente encontrar su nombre escrito en pulcras letras redondeadas y finas. Levantó el pergamino y se alejó del tumulto, contemplando, triunfante, la brillante y oscura «E» que se alzaba a la derecha de su nombre.

—Felicidades, Draco —le susurró Zabini al oído, dándole una suave palmadita en la espalda—. Un «Extraordinario» no te sienta nada mal, ¿eh?

—¿A ti cómo te fue, Zabini? —inquirió Malfoy, mientras se alejaban del tumulto de gente.

—Nada mal, tuve una «S». Vi que Potter tuvo una «I».

—Ajá —contestó Malfoy con voz queda.

En ese instante, Zabini le dio un codazo y le indicó nuevamente el tumulto de gente que se agolpaba frente a los pergaminos. Una mata de cabello castaño largo y enmarañado se abría paso entre sus compañeros, poniéndose de puntitas de forma nerviosa cada vez que alguien sacaba su ensayo. Luego de un par de segundos, Hermione Granger retiró su ensayo y, lentamente, su expresión cambió de la expectación a la decepción total.

Malfoy había olvidado completamente la existencia de Hermione Granger desde el incidente con Pansy. Era extraño: pese a que la castaña era la causante de todos sus problemas, no lograba materializarse en su mente. Era como si Granger fuese únicamente una densa nube de humo que se encargaba de entorpecer sus pensamientos, haciéndole la vida más difícil. Pese a ello, no había en aquella confusión en la que Malfoy estaba sumido ni rastro de su abundante cabello café, ni mucho menos de su extravagante y ridículo nombre. Era una especie de "presencia ausente".

—Veo que no está muy satisfecha —murmuró Zabini sin despegar los ojos de Granger, quien se había quedado parada frente al escritorio de Snape, observando con mirada perdida el pergamino con su calificación—. Creo que tuvo un ataque o algo así.

—Ya lo creo.

—A propósito… —El cambio de tema que hizo el moreno fue tan sutil que Malfoy ni siquiera logró detenerlo—. ¿Qué pasó con tu mochila? Si no me…

Pero Draco no dejó que Zabini terminara de hablar. Su mochila verde colgaba laciamente de uno de sus hombros, rozando la parte baja de su espalda. El rubio se volteó, dándole la espalda a Zabini, y señaló su mochila. Donde antes había una inscripción totalmente indeseada, ahora había un pedazo de tela de un tono verde más oscuro que el de la mochila. La tela parecía raída y cortada de forma poco meticulosa: un par de hilachas se engarzaban en la unión de la tela de la mochila con la que pretendía ocultar el mensaje de Granger.

—¿De dónde sacaste eso? —preguntó Zabini con curiosidad.

—Saqué un pedazo de una de mis túnicas viejas —contestó el chico, al tiempo que volvía a su posición original—. La pegué con magia. Creo que no está tan mal.

—Se ve horrible, Draco, pero cumple su función.

—Es lo importante, así que… ¡Eh!

Un gruñido arrancó de la garganta de Malfoy luego de que alguien le quitara el pergamino que sostenía con una de sus manos. Con la vista nublada, el chico enfocó trabajosamente a la silueta que, violentamente, le había arrebatado su ensayo. Su expresión se desfiguró en una mezcla de sorpresa y enojo al ver que una ceñuda Hermione Granger sostenía, indignada, el pergamino entre sus finos dedos. ¿En qué momento había cruzado el salón tan rápido…?

—¡Eh! ¡¿Qué mierda te pasa, Granger?! ¡¿Acaso tus asquerosos padres no te enseñaron a…?!

¡Shh! —lo calló la castaña con violencia. La respiración de la chica se había agitado por la rabia que le había causado ver la calificación de su interlocutor—. ¿Qué significa esto?

En ese momento, Granger giró los pergaminos que tenía en sus manos. El de Malfoy enseñaba la enorme «E» que tanto orgullo había generado en el rubio, mientras que el de Granger mostraba únicamente una «S» de «Supera las expectativas». Un cosquilleo de satisfacción electrificó la parte baja del estómago del rubio.

—¿Qué tiene? —la enfrentó, enarcando una ceja. Pese a lo nublada que estaba su mente, no tuvo tapujos en enfrentar a la castaña—. ¿No puedes soportar que alguien te gane, Granger? Sé que es penoso que en lo único que seas buena sean los estudios, pero…

—¡Esto es totalmente injusto! —se quejó la muchacha, bufando y agitando descontroladamente los pergaminos frente a los ojos grises de Malfoy—. ¡Yo hice casi todo el trabajo! ¡Yo te di toda la información! ¡Yo…!

—Calma, calma, Granger.

Zabini se había involucrado en el diálogo, alzando sus morenas manos entre los dos contendientes. Los ojos de Malfoy y de Granger echaban chispas, separados tímidamente por los dos pergaminos que la chica sostenía entre ellos. Zabini agitó sus manos e, intentando ser simpático, se dedicó a calmar los ánimos.

—No es tan importante, ¿verdad? O sea, todos sabemos que es deprimente que Draco nos gane en algo…

Granger desvió sus castaños ojos de Malfoy y los clavó en los negros de Zabini. Si la muchacha fuese una tetera, el moreno habría apostado a que el chillido del vapor habría destruido los tímpanos de cualquier ser vivo en cien kilómetros a la redonda.

—… pero hay que aceptarlo, ¿no? En serio, Granger, no hay necesidad de hacer este escándalo.

—Yo no estoy haciendo ningún escándalo —contestó ella con voz más calmada, bajando los pergaminos y respirando hondo—, sólo exijo una explicación.

―Pues el que pone las calificaciones es Snape, sabelotodo, no yo —se defendió Malfoy con vehemencia, para luego quitarle su ensayo de las manos. Granger no opuso resistencia—. Si tienes algún problema, ve a llorarle a él.

―Eres un…

Pero Granger no pudo terminar su inminente y punzante ataque verbal. Snape había reaparecido, iluminado por la débil luz de las velas, y se había plantado justo frente a ellos. Los miraba con expresión de sorpresa, como si no pudiese entender exactamente qué estaba sucediendo ahí. La sangre sucia, que tenía contraída la cara en una mueca de desprecio, alzó la vista y clavó sus ojos en el profesor. Él le devolvió el gesto, arrugando la nariz.

―¿Pasa algo, señorita Granger?

―Sí ―contestó ella, desafiante. Al parecer, la rabia contra Malfoy no sólo hacía que sus mejillas se ruborizaran: el tono con que se dirigió a Snape parecía ser una pésima elección, más aún para una Gryffindor―. No puedo entender por qué Malfoy sacó mejor calificación que yo. Es injusto.

Snape negó con la cabeza.

―¿Está insinuando que no califico sus deberes justamente, señorita Granger? Le recuerdo que el profesor soy yo y que solamente yo puedo calificar los trabajos de los estudiantes. ¿O acaso se cree lo suficientemente inteligente como para cuestionar mi manera de calificar su trabajo?

Las palabras que Snape pronunciaba parecían atropellarse entre ellas. El profesor tuvo que contener airadamente su respiración para enhebrar todas aquellas frases de forma elocuente y rápida, dándole un tono casi azulino a su piel pálida y cetrina. Malfoy contuvo una risita mientras Zabini intentaba alejarse del conflicto e infiltrarse en la última manada de Gryffindors que abandonaba el salón. Luego de una fulminante mirada recriminadora de Snape, decidió que era preferible quedarse ahí.

―Yo…

―Veo que no tiene argumentos, señorita Granger. Cinco puntos menos para Gryffindor por su insolencia.

―Pero, profesor…

―No insista, señorita Granger, o me veré en la obligación de quitarle más puntos a su Casa.

―¡Yo fui la que le dio la información sobre la poción multijugos! ―repuso la castaña con tono molesto, blandiendo su pergamino en el aire.

Snape, quien ya se había volteado en dirección a su despacho, giró sobre sus talones y puso su peor cara. Los músculos de su rostro se contrajeron amenazantemente y las fosas de su nariz se dilataron. Clavó sus oscuros ojos negros en Granger y, con voz autoritaria, escupió:

―Veinte puntos menos para Gryffindor, señorita Granger. Creo que no es necesario enrostrarle el por qué.

Granger guardó silencio, pero su rostro se había vuelto peligrosamente rojizo. Malfoy, que se regocijaba ante tal espectáculo, hizo el ademán de abrir la boca para decir algo, pero Snape lo detuvo en seco.

―Es preferible que no opine, señor Malfoy. La señorita Granger me ha puesto… ―Hizo una pausa, deteniendo su mirada en el rostro lleno de ira de la muchacha― de mal humor.

Después de terminar de hablar, Snape hizo ondear su túnica y desapareció en las sombras de su despacho, dando un sonoro portazo tras de sí.

―De la que me salvé… ―murmuró Zabini, totalmente aliviado.

―Eres un tarado, Draco Malfoy.

―¿Yo? ¿Yo? ¿Ahora yo soy el tarado? ―Visiblemente molesto, el chico dio un paso hacia atrás y negó con la cabeza―. Tus amigos son unos tarados. Potter y Weasley. Especialmente ese Weasley…

―¡No-te-atrevas! ―escupió ella, alzando un dedo amenazador en el aire. Sus ojos escupían fuego y de su nariz brotaba vapor hirviendo… o quizá eso imaginaba la mente de Malfoy―. Eres un imbécil. Imbécil. Eres un…

Granger dejó de vociferar cuando observó cuidadosamente la mochila verde que colgaba peligrosamente del hombro de Malfoy. Después de examinarla un segundo o dos, inspiró y blandió el dedo como si fuese una espada, para luego bajarlo y, agitando su larga cabellera castaña, salir a paso rápido del salón. Desconcertado, Zabini miró a Malfoy, como si el rubio tuviera alguna respuesta.

―Qué sé yo ―se encogió de hombros Malfoy, totalmente extrañado―. Por un momento pensé que me golpearía…

―…otra vez ―complementó alegremente Zabini, llevándose a Malfoy a la siguiente clase del día, a la que probablemente llegarían tarde.


Iluminados por la verdosa luz de la Sala Común de Slytherin, Malfoy, Nott y Zabini se habían apoderado de los mejores puestos de la sala, adueñándose del preciado lugar que daba justo al lado de la cálida chimenea. Mientras Theo terminaba los deberes de Encantamientos que Flitwick les había dado, Zabini y Malfoy estaban analizando el comportamiento de Granger de aquella mañana.

―Tenía envidia, nada más ―decía Malfoy de forma repetitiva, observando el elegante movimiento de la pluma de Nott―. Es Granger, Zabini, obviamente fue desagradable que yo obtuviera una mejor calificación que ella. Es así de simple.

―Creo que estás siento demasiado simplista, Draco… Además, ¿cuál es su fijación con la poción multijugos? Aún no termino de comprenderlo…

―Quizá la ha preparado antes ―intervino Nott sin despegar la vista de su pergamino―. O le parece muy interesante y la ha estudiado mucho. Me inclino por la segunda, la verdad. Es una poción tremendamente difícil de preparar.

―Y que lo digas. ¡Eh, Malfoy! ¿Recuerdas lo que Granger dijo ese día en la biblioteca…?

Zabini arrugó la frente, intentando recordar trabajosamente lo que la chica había dicho ese día. Sin entender nada, Malfoy se acomodó en su butaca y se encogió de hombros.

―¡Vamos, Malfoy! Tú hiciste el ensayo con ella, deberías…

Intentó cooperar, recordando lo que había ocurrido en la biblioteca hacía ya varios días. Recordaba lo insufrible que había sido Granger, el ajado y humedecido pergamino que le entregó, la conversación con Zabini… Su mente se iluminó por un instante… La conversación con Zabini… La voz de Granger, con su infaltable tono cargado de superioridad, comenzó a sonar dentro de su cabeza, como si la chica estuviera susurrándole al oído…

«…no es lo mismo escribir sobre una poción que uno ha hecho que escribir sobre una que ni siquiera han visto

―Dijo que era más fácil escribir sobre una poción que uno había preparado que escribir sobre una que uno no conocía ―musitó Malfoy, taciturno, como si recitara un poema de memoria.

Zabini alzó una ceja y se echó hacia adelante.

―Interesante, ¿eh? Nuestras sospechas se hacen más sólidas…

―Creo que están sacando conclusiones muy apresuradas ―los cortó Nott. Dejó su pluma a un lado y les dedicó una huesuda sonrisa―. Quizá ella crea que es una buena forma de discriminar sobre qué escribir y sobre qué no. No necesariamente significa que ella lo haga así.

―Pues yo creo que sí.

Malfoy, ansioso, había echado el cuerpo hacia adelante y se estaba frotando las manos.

―Cuando estábamos terminando el trabajo, le pregunté por qué tanta mierda con esto de la poción multijugos. Se puso toda nerviosa y no me dio una respuesta convincente. Creo que Zabini tiene razón, aquí hay algo raro. Lo presiento desde hace rato.

―Zabini nunca se equivoca, Draco

―Cállate ―le dijo Malfoy con brusquedad―. Si Granger ha preparado la multijugos, eso quiere decir que debió sacar los ingredientes de alguna parte.

―Sus padres son muggles, ¿de dónde podría sacar los ingredientes, Malfoy? ―Nott, aunque incrédulo, decidió seguir el juego.

―Esa es una buena pregunta ―concedió el rubio. Una tibia sonrisa se dibujó en su rostro, como si empezara a saborear buenas noticias.

―¿Quizá los consiguió con los Weasley en vacaciones? ―sugirió Zabini.

―No ―dijo Nott, acariciándose la huesuda barbilla. Entornó sus ojos castaños, mirando el techo, y luego asintió con la cabeza―. Son ingredientes muy caros. No podrían comprarlos…

―¿Y si los compró ella en el callejón Diagon?

―Difícil. ―Fue Nott nuevamente quien desechó la opción―. Los ingredientes más raros de la multijugos no pueden comprarse en el callejón Diagon… probablemente estén en el callejón Knockturn, pero en el Diagon, jamás.

―¿Y qué pasa con Potter? ―saltó Zabini, extrañado―. Él también quería hacer la multijugos, pero Granger lo convenció de que no.

―Weasley y Pansy también escribieron sobre la multijugos ―recordó Draco, ceñudo.

Se miraron con ojos cargados de extrañeza. La casualidad era demasiado grande como para ignorarla. Malfoy, por alguna razón inexplicable, estaba entusiasmado. Sabía que la información sobre la maldita poción multijugos le sería valiosa, de algún modo o de otro…

―¿Y si la preparó en Hogwarts? ―inquirió Zabini, también entusiasmado por las elucubraciones del grupo.

―Creo que es lo más lógico ―accedió Malfoy.

―Tiene sentido ―asintió Nott.

―Recuerdo que me pasó un pergamino viejo donde tenía escrito todo lo importante de la poción. Supuestamente lo había copiado de un libro de mierda… de la Sección Prohibida. El pergamino era tan viejo que estaba lleno de manchas de humedad. Eso quiere decir que la información, al menos, la sacó de aquí de Hogwarts.

―Eso es sospechoso ―aceptó Nott, sin dejar de lado su suspicacia―. ¿Cómo habrá conseguido permiso para entrar a la Sección Prohibida…?

―Dudo que la vieja McGonagall se lo haya dado ―dijo Zabini.

―Snape ni hablar ―remató Malfoy.

―Ehm… ―balbuceó Nott, pensativo.

Todos se miraron las palmas de las manos por un instante, en completo silencio. La mente de Malfoy trabajaba a toda máquina. Gracias a Granger había tenido unos últimos meses conmocionados y confusos. Por su culpa, Pansy ya no le hablaba. Por ella no entendía lo que le pasaba. Su corazón le decía que averiguar sobre eso era crucial para deshacerse de ella… y de paso causarle mucho daño.

―¿Alguien…? ―musitó Nott dudoso, sin mirar a nadie en particular―. ¿Alguien recuerda cuando en segundo Snape hizo un escándalo buscando a alguien que había entrado a robar a su despacho, sacando cosas de su armario?

―No ―negó Zabini.

―Yo sí. Yo sí me acuerdo. ¿Qué tiene que…?

―Robaron crisopos y piel de serpiente arbórea africana. Snape estaba furioso.

―¡Ahora lo recuerdo! ―exclamó Zabini, conteniendo la risa―. Crabbe y Goyle pensaron que era comida y se pusieron muy, muy nerviosos. Qué buenos tiempos…

Malfoy le lanzó una mirada que le exigía silencio.

―Esos…

―¡Son ingredientes de la poción multijugos! ―saltó Malfoy, con un brillo triunfante en sus ojos grises. Apretó un puño y lo golpeó contra su delgada rodilla, sintiendo un ardor en la parte baja de su estómago―. Lo recuerdo perfectamente, ¡miren!

Agarró su mochila con violencia, metió una mano temblorosa dentro de ella y sacó un pergamino levemente arrugado condecorado con una brillante «E» negra. Lo desenrolló con manos inseguras y, localizando la parte de la poción multijugos con un delgado dedo índice, le indicó al resto que se acercaran a su ensayo. Con voz grave y ceremonial, Draco comenzó a leer:

―"Los ingredientes de la poción multijugos son muy difíciles de encontrar. Según señala el Moste Potente Potions, dentro de los más preciados se encuentran la piel de serpiente arbórea africana, los crisopos y el antinomio crudo…" ―Hizo una pausa, mirando a sus interlocutores. Zabini había arrugado nuevamente la frente, forzando a su cerebro a trabajar, mientras que Nott asentía ceñudamente―. Fue ella. Granger entró al despacho de Snape y le robó esos ingredientes. Ella fue la culpable.

―Puede ser ―repuso Nott, poniendo la cuota de cordura―. Pero no estamos seguros de ello.

―Yo estoy con Malfoy. ¿Quién más robaría esas cosas…? Digo, no es por tirarle flores a Granger, pero creo que es la única persona en Hogwarts que podría preparar una multijugos en segundo. ¡No me mires así, Draco, es la verdad!

Dejó caer su ensayo sobre sus piernas para luego apretar los puños gracias a la emoción. ¿Qué podía hacer con esa incierta información? No entendía por qué estaba tan satisfecho, pero su corazón latía a mil por hora.

―Probablemente Potter y Weasley tengan que ver también. Ellos la ayudaron.

―¿Para qué la habrán preparado? ―se preguntó Theodore con un rostro plagado de dudas.

―Quién sabe ―contestó Malfoy―. La verdad es que no me interesa.

Malfoy se rió de forma extraña, lo que le valió un par de miradas de extrañeza de sus compañeros.

Su cuerpo se sentía cálido y satisfecho, como si hubiese ingerido muchos vasos de whisky de fuego, esta vez sin limonada. Sintió un cosquilleo agradable en su estómago, por lo que sonrió con alegría.

«La tienes», le dijo una voz dentro de su cabeza.

Y lo comprendió. Por meses, Hermione Granger lo había tenido controlado. Desde que vio sus braguitas infantiles bajo esa falda negra, su vida había estado dominada por ese esperpento del enmarañado y largo cabello castaño. Por semanas su vida había sido una maraña de mierda por ella. Ya ni siquiera le importaba que Pansy no le hablara.

Pero ya no. Ahora tenía cómo atraparla. Tenía cómo atacarla… pero… ¿cómo, precisamente?

Draco Malfoy ignoraba que, meses más adelante, esa respuesta llegaría en forma de una insignia plateada decorada con una brillante «I».

«Ahora es mi turno… Granger», pensó Draco maliciosamente.

El momento había llegado. Ahora sería él quien jugaría con ella.

El problema era que… probablemente… lo disfrutaría más de lo que le habría gustado.


Ok, ok, palabras al cierre:

(i) Vuelvo a disculparme por el atraso. Han sido meses cargados de cosas y lo siento. Intentaré actualizar más seguido, lo prometo.

(ii) Bien, el capítulo ha sido algo rápido y extraño. Sí, quizá. Pero creo que es un capítulo importante. ¡Por fin Draco tiene algo con qué atormentar a Hermione! Las cosas se pondrán interesantes. Por eso considero que este capítulo será un punto de inflexión en la serie y que, por ello, abre la "recta final" de esta historia. ¡No se asusten! ¡Todavía hay para rato! Sólo que… desde ahora nos acercamos más al final.

(iii) Muchos de ustedes se cuestionaban el tema de la multijugos hace rato. Y lo entiendo. ¿Por qué Malfoy estaba tan obsesionado con el tema? Bueno, viendo a este Draco Malfoy, tenía un presentimiento. Todo era muy "extraño" respecto de esa bendita poción. Era cosa de conversarlo con la aguda mente de Nott y su memoria infalible –bendito seas, Theo- y así atar cabos. Vale decir que solamente llegaron a una conclusión: quizá Hermione Granger entró a robar al despacho de Snape y preparó una poción multijugos. No saben nada más. ¿Servirá de algo…? Quién sabe.

(iv) Por último… me tomé una libertad hacia el final del capítulo. Les di un pequeño "adelanto" de lo que vendrá. Esto no quiere decir que el fic se salté un par de meses, ya que quedan muchos temas por tratar de ahora en adelante -no pensarán que iba a dejar el temita con Pansy de lado, ¿eh?-, pero… es una forma de "tentarlos" con lo que viene. Y les juro que lo que se viene está genial. Ya sabe… Malfoy + Poder = DIVERSIÓN. Así, con mayúsuculas.

(v) ¡Dejen reviews, por favor! Y sigan mi página en Facebook: pages/Iuris-Doctor/1617649268488364?ref=hl ¡Nos leemos!