El Fandom de InuYasha y sus personajes no me pertenecen.

Agradecimientos por los reviews a: Michelle-Taisho14, FiraLili, Onna Bugeisha T, mimato bombon kou, akiratechin, Raquel Cisneros Taisho Okumura, Mariana Gl, Sofy, Maria, Faby Sama, minidraculaura, Norarihyon Kou Taisho, Selajarg.

Dedicado a: ¡Sery! Hermana mía, la historia finalmente llegó a su fin. ¡Perdona el retraso!


Recuperándote.

VI

Día 5.

Se mantuvo sentado en aquella banca del parque, ese mismo día a la media noche se iría a otra ciudad para estudiar y aquel día Kagome y él habían prometido pasar todo el día juntos cómo despedida. Porque Kagome se había negado rotundamente a verlo partir en el avión y él la comprendía de cierta forma.

Escuchó unos pasos de alguien corriendo y sólo le faltó dar una mirada rápida a su celular para saber que aquellos pasos eran de su prometida. Suponía que se le había hecho tarde y en ese mismo instante se encontraba buscándolo con desesperación. Se levantó de la banca para que ella lo viera y fue cuándo zafiro y ámbar se encontraron que ella dejó de correr y le sonrió abiertamente.

Sesshōmaru nunca lo admitiría; pero extrañaría aquellas sonrisas. Esperó a que su prometida recuperara el aire perdido y entonces ambos empezaron a caminar.

¿Estuviste esperando mucho? —Él negó, pero Kagome no le creyó—. Se me hizo tarde, Akashi me estaba explicando un par de cosas —sonrió—. ¿A dónde vamos?

Sesshōmaru señaló la plaza que se mostraba enfrente de ellos.

Siguieron caminando hasta que él tomó la mano femenina entre las suyas. Ese era el último día que la vería hasta dentro de tres años y aunque se prometieron enviarse mensajes, un mensaje nunca podría compararse a la calidez del cuerpo de Higurashi. Las mejillas de Kagome se tiñeron de calor carmín, muy pocas veces su prometido era de esa forma con ella, pero apretó también la mano masculina con fuerza.

No quería que se fuera, había prometido tratar de asimilar la idea pero eso no significaba que la aceptaba del todo. Después de todo se trataba de Sesshōmaru, su prometido y, estaba segura, el amor de su vida. ¿Quién quisiera separarse por tanto tiempo?

No quería pensar en eso, se suponía que ese día era para que ambos se divirtieran juntos.

Llegaron a la plaza y Kagome se distrajo en un puesto viendo un collar cuyo dije era una luna menguante. Sesshōmaru se detuvo a su lado observando el rostro de la chica.

¿Has escuchado la canción de Hijo de la Luna*? —Preguntó, Sesshōmaru asintió—. La canción me recuerda a ti —confesó, con las mejillas rojas.

Yo no tengo los ojos verdes.

Kagome rió. —Pero si la piel blanca —dijo mientras volteaba y seguía caminando—. Cuándo vea la luna… te recordaré.

Taishō no dijo nada, pero él también solamente necesitaba mirar al gran cielo azul para recordar a Kagome; el zafiro de sus ojos era el mismo que recuerda cuándo ve el cielo estrellado y es por eso mismo que la vista nocturna es la que prefiere.

Jaló a la chica hacía sí y entonces la besó, deseando que ese no fuera uno de los últimos besos que ambos podrán darse.


Sesshōmaru se levantó cuándo los primeros rayos del sol daban en su rostro, era extraño que en ese momento tuviera aquel sueño que en realidad era un recuerdo de hace tres años atrás; justamente un día antes de irse. Sintió algo en su frente y enseguida se dio cuenta de que era un trapo con agua. Se tocó la frente y se dio cuenta de que ya no tenía fiebre. Al tratar de levantarse, observó que alguien le sostenía una mano e intuyó que sería su prima.

Se equivocó.

Kagome se mantenía arrodillada y su mano se mantenía entrelazada con la del peliplata. Sesshōmaru no la levantó, de hecho con mucha delicadeza apartó su mano y quitó la manta de la otra parte de la cama para cargarla y acostarla ahí.

Cambió la sábana y la cubrió con otra mientras él tomaba sus prendas para meterse en el cuarto de baño. La miró una vez más por el rabillo del ojo y se quiso grabar a fuego aquella imagen de Kagome en su mente.

Estaba decidido a dejarla ser feliz con Akashi si eso era lo mejor para ambos. Por eso se iría sin decirle nada a ella, le dejaría el camino libre a aquel castaño para que la hiciera feliz.

¿Cómo no había pensado que el accidente era una señal para darles a entender a ambos que no eran el uno para el otro?


Se sumergió en la tina mientras a su mente volvían las imágenes que había visto de Kagome y Akashi en todos esos lugares, rememoró también el día que fue a caminar al parque —a escondidas de su hermano— y los descubrió a los dos juntos riendo, pasándola bien.

Pudo observar de manera atenta el brillo en los ojos de Kagome al verlo, aquel era el mismo brillo que antes poseían los ojos zafiros al verlo.

Esa había sido toda la señal que necesitaba para darse cuenta de que había perdido el cariño de Kagome y Rin tenía muchísima razón al decirle que tenía miedo de que ella se alejara de él. Por eso no la presionó más, por eso se alejó.

No soportaría el hecho de escuchar las palabras "no te amo" de parte de ella.

Aquello le rompería el corazón.


Kagome despertó pasado el mediodía y se dio cuenta de que Sesshōmaru no se encontraba en la cama. Buscó por todos lados y encontró en el mueble al lado de la cama una nota escrita con un "gracias" que probablemente provenía del peliplata. Se extrañó un poco al leer aquella palabra, pero enseguida una sonrisa pequeña adornó la comisura de sus labios.

Se acostó de nuevo en la cama y entonces abrazó la almohada. Aquella almohada tenía el débil olor del champoo de Sesshōmaru. Palpó la zona contraria de la cama y entonces, su cabeza empezó a doler tanto que tuvo que llevarse ambas manos a los lados.

Poco a poco fue cerrando los ojos hasta que la imagen de ella recargada en el pecho de Sesshōmaru en esa misma cama se hizo nítida, ambos se encontraban viendo películas pero ella parecía cansada. Se estaba durmiendo y la calidez del cuerpo de Sesshōmaru al igual que los latidos de su corazón no ayudaba nada.

Pudo distinguir que él decía algo, pero no logró descifrar que era, después de eso sus ojos se cerraron y ella finalmente durmió.

Kagome ahogó un grito de dolor y después de que las imágenes habían cesado, se encontró sentada en la cama, mirando alrededor con verdadera admiración. ¿Aquello había sido un recuerdo mucho más nítido que lo antes presentados?

En aquel recuerdo veía a Sesshōmaru como una persona completamente distinta, sus ojos —ahora fríos e inexpresivos— se encontraban un poco cálidos, brillaban. ¿Qué era lo qué había provocado el cambio? Ella, se recordó.

—Kagome —Rin entró en el cuarto y corrió a su lado—. ¡¿Estás bien?! ¡Estás pálida!

Higurashi respiró un par de veces y sus ojos se encontraron con los de la menor. —S-Sí, estoy bien —le sonrió para tranquilizarla—. Rin, ¿dónde está Sesshōmaru?

La menor desvió la mirada y se mordió el labio inferior. Sabía que le había prometido a su primo no decir absolutamente nada, pero ella quería hacer algo para volverlos a juntar.

—Arreglando algunas cosas para volver —confesó finalmente mientras se dejaba caer en el lado contrario de la cama, dónde antes había estado Sesshōmaru—. ¿Sabes, Kagome? No quiero que se vaya.

—¿Por qué?

—Porque volverá a ser la misma persona —suspiró—, apuesto que se volverá a encerrar en sí mismo, tragándose todo lo que piensa y siente. —Rin apretó los puños—. ¡Quiero ayudarlo! Pero no sé cómo. ¿Cómo hago Kagome? ¿Cómo hiciste tú?

Ella se encogió de hombros, incapaz de saber cómo responder a aquello. ¿Cómo le había hecho ella para comprender a alguien con Sesshōmaru? ¿Qué había hecho exactamente? Deseaba tener aquellas respuestas, tal vez todo sería más fácil.

Apretó de nuevo la llave que colgaba en su pecho, sabía que era hora de abrir aquel diario, que debería dejar de pensar en quién iba a salir herido y mejor tener todo de manera clara para saber con quién era la persona que quería estar.

—Ustedes dos empezaron trabajando juntos en una cafetería —empezó a relatar Rin, llevándole la contraria a todas las órdenes dadas—. Trabajaban muchísimo, a veces hasta la medianoche. A veces mi primo te acompañaba a tu casa.

»No creas que era diferente —aclaró—. Siempre fue tan frío que pensé que se quedaría solo —rió—. A veces tú venías en las tardes cuándo les tocaba trabajar, decías que era como agradecimiento. Pero, no sé, ¿disfrutabas de su compañía? —Rin volteó a ver a Kagome, sabía que no tendría respuesta—. Seguramente no lo recuerdas. Mi primo seguramente sí disfrutaba de tu compañía…

—¿Por qué piensas eso?

—Son opuestos, ciertamente —aceptó—. Sin embargo, ¿acaso no es divertido tener desacuerdo de ideas con alguien? ¿Acaso no es divertido no tener siempre la razón?

Kagome lo pensó, tal vez tenía razón.

—P-Pero…

—No sé cómo empezaron a salir. Simplemente llegue un día y ambos estaban tomados de la mano. No sé quién fue el que se confesó a quién y mucho menos quién se enamoró primero —Kagome suspiró, si Rin hubiera sabido eso, sería más fácil todo—. Sin embargo ambos se veían felices, sus ojos brillaban y nunca vi a mi primo tan… feliz.

»Después de la separación de sus padres y del aparente abandono de su madre Irasue, no lo había vuelto a ver tan feliz —abrazó aquella almohada con fuerza mientras se mantenía sentada en la cama—. Sé qué a su manera se divertía con nosotros, pero no es lo mismo, ¿entiendes, Kag?

Ella asintió, por supuesto que entendía.

—Rin —la pelinegra volteó a verla—. Gracias.

—¡Te ves mejor! —Comentó para aligerar el ambiente—. ¿Vas a irte a tu casa? Puedo acompañarte.

Kagome asintió, la chica en verdad le agradaba.


Después de desayunar en la casa Taishō —por orden de Izayoi— Kagome caminó hacía su casa junto con Rin, pero la menor no aceptó la invitación a pasar diciendo que iría a buscar a su primo para convencerlo de pasar el día juntos en familia, después de todo ese era el último día del peliplata ahí.

Cuándo ella llegó a su habitación, se tumbó en la cama y revisó su celular, había varias llamadas de Akashi y uno que otro mensaje, pero simplemente no tenía ganas de saber nada del castaño por ese momento. Sólo quería saber qué tanto había pasado con Sesshōmaru y si estaba haciendo una buena elección al dejar que se fuera para siempre de su vida.

Sujetó la llave que colgaba en su cuello con fuerza y luego se lo quitó. Buscó en aquella caja llena de cosas que le había regalado Sesshōmaru y encontró el diario. Respiró un par de veces y después incrustó la llave en su lugar correspondiente.

La giró y entonces el diario se abrió.

En la primera página había un dibujo y las letras de "Diario" resaltaban. Kagome suponía que aquello era la portada. Seguramente conservada ese diario desde que era pequeña.

Se sorprendió de encontrar un ¿cuento? Creado a base de hechos reales. Higurashi se acostó de nuevo en la cama y se dispuso a empezar a leer y a no parar hasta que terminara la última página.

Cuándo llegó a la cuarta página, su cabeza empezó poco a poco a doler, pero no se detuvo hasta que los recuerdos se le hicieron más y más nítidos.


Lo que le había ofrecido InuYasha era justo, una guerra en la que ninguno de los dos tomara ventaja del otro, dónde fuera Kagome la que poco a poco se mostrara decidida por uno de los dos. Akashi era un hombre de palabra, por lo tanto cuándo se enteró que Kagome estaba cuidando de Sesshōmaru, no dijo absolutamente nada, de hecho cesaron sus mensajes y llamadas.

Se mantuvo al margen de la situación e hizo oídos sordos y ojos ciegos. Hizo de cuenta que no le importaba que Kagome estuviera con alguien más y, además, estaba completamente consciente de que no podía pedir nada, de que no podía reclamar.

El corazón de Higurashi pertenecía al mayor de los Taishō y él solamente la estaba confundiendo; siempre lo supo, igual que supo que sería el único que saldría herido.

Pero a pesar de eso siguió tentando al destino, yendo contra la corriente y aferrándose a la idea de que Kagome Higurashi lo llegaría a querer y a corresponder de la misma manera que lo había hecho con Sesshōmaru.

Akashi también comprendía que fuera InuYasha quién abogara por Sesshōmaru, debido a que el peliplata nunca le diría algo así, porque Sesshōmaru no era una persona de palabras, pero sí de acciones.

—En estos momentos debe de estar leyendo el diario —susurró el peliplata, al lado de él mientras miraban el cielo azul—. ¿Qué crees que vaya a hacer?

—No lo sé —el castaño sonrió—. Pero con lo que elija, le deseo la máxima felicidad.

—Eres buena persona —comentó Kikyō.

Sin embargo Akashi sabía que aquello no era cierto. Una buena persona no hubiera sido tan egoísta cómo lo había sido él. Se encogió de hombros.

—Keh —dijo InuYasha, cruzándose de brazos, aparentemente sufriendo un mini ataque de celos—. Es su primer amor, ¿qué esperabas?

—¡O-Oye! —Reclamó Akashi, pero fue ignorado olímpicamente.

»Aunque… —comentó, segundos después—… Me sorprendió cuándo me pediste aquellas fotos. ¿No lo empeoraste, InuYasha?

El aludido volteó a verlo. —No —aseguró, convencido—. Di un gran empujón.

—Pero… ahora Sesshōmaru se va a ir…

—Y Kagome sintió su rechazo —explicó la pelinegra—, ayer se sintió celosa.

—No creo que deje que Sesshōmaru se vaya. —Le dio un pal de golpes en la espalda a Akashi para alentarlo—. Lo sabes, ¿verdad?

Él castaño asintió.


Las lágrimas descendieron por sus mejillas poco a poco mientras abrazaba aquel diario contra su pecho, ¿cómo era posible que hubiera podido olvidar todo eso? Sesshōmaru le había mostrado solamente a ella su lado "tierno" —si es que a pequeños detalles se le podía llamar así— y ella lo había olvidado por completo.

¿Cómo era posible que no recordó que él le pidió/exigió matrimonio? ¿Cómo es qué olvidó aquella pelea por convencerlo de que fuera a estudiar en un lugar lejos? ¿Cómo era posible que olvidara que lo amaba con tanta intensidad?

Recordó la noche en la que lo cuidó y, por inercia, entrelazó su mano con la de él, sintiendo aquel tacto tan placentero y tan familiar. Aquella noche se sintió completa y pudo dormir sintiéndose segura. ¿Cómo era posible que no recordara en esos mismos momentos?

¿Por qué había tenido que esperar a que fuera el último día de Sesshōmaru y, además, que ya no la volteara a ver cómo antes? ¿Por qué tuvo que esperar tanto?

Tomó su celular y marcó el número de Rin para saber dónde se encontraban, pero aquel número la mandó a buzón. ¿Por qué? Miró la hora y se dio cuenta de qué tenía todavía mucho tiempo para buscarlos, pero primero tendría que arreglarse un poco.


Rin trató de alcanzar su celular brincando, en ese momento detestaba que su primo fuera más alto que ella. Trató de alcanzarlo, brincando cada vez más, pero no lo consiguió. Frunció el ceño cuándo la llamada se perdió, pero su expresión de aligeró al ver que su primo estaba más enojado que ella en ese momento.

—Rin. —Esa voz grave sólo indicaba que había descubierto lo que había hecho, o tal vez no al cien por ciento, pero sí tenía una idea vaga.

—¡Era por el bien de ambos! —Aclaró.

Sesshōmaru la fulminó con la mirada y ella supo que tendría que, no solo delatar a su primo, sino también, todo lo que había hecho. Se cruzó de brazos decidida a no decir nada hasta que vio cómo su primo le quitaba la batería a su celular y sabía que podía ser tan malo como para desbaratarlo.

Se rindió.

—Te diré en un lugar especial —indicó—, vamos.

A Taishō no le quedó de otra que aceptar.


Kagome terminó de alistarse a las 3:30 de la tarde y se apresuró salir de su casa para buscar a Sesshōmaru y a Rin, sin embargo ninguno de los contestaba su celular y eso hacía que se preocupara y que se sintiera más nerviosa.

¿Y si había apresurado el viaje? No, imposible.

Llamó a InuYasha y él le dijo que no sabía dónde estaban pero que deberían de estar cerca del aeropuerto o en los alrededores. No creían que fueran demasiado lejos, pero si Rin estaba con él posiblemente estarían dando vueltas por alguna plaza o irían a algún museo.

Pero Kagome sabía que sólo tenía hasta la media noche y era un tiempo muy reducido para buscarlos en todos esos lugares.

Primero fue al aeropuerto y se dio cuenta de que ahí no estaban, recorrió completamente el lugar para ir a la plaza más cercana pero no los encontró ahí. Su celular sonó y se dio cuenta de que solamente era Akashi, decidió finalmente contestarle y, de paso, darse un pequeño respiro.

Él le dijo que había estado preocupado por ella, pero que le habían explicado que estaba bien y cuándo Kagome estaba por colgar, él le dijo algo cómo: "Tus recuerdos te llevaran a encontrarlos" que la dejó aún más desconcertada.

¿Por qué le había dicho eso? Trató de volverlo a llamar pero él no contestó. El número la mandaba automáticamente a buzón.

Frustrada, siguió recorriendo la plaza y se dio cuenta de que su reloj marcaba las 5 de la tarde y eso era demasiado tiempo. Todavía le quedaban horas, pero… ¿Cuánto faltaba para que sucumbiera ante el cansancio, el hambre y la sed?

Se preguntó a dónde podía haber ido y escuchó a hablar a unas señoras sobre un jardín botánico que estaba a media hora de aquel lugar. ¿Acaso habían ido a aquel jardín? Recordó la sonrisa de Rin al ir al día de campo y una leve esperanza inundó su interior y le dio el valor para parar aquel taxi.

Su esperanza se esfumó cuándo vio el montón de tráfico.

¿Cuánto tiempo pasaría estancada ahí?


Sesshōmaru escuchó atentamente a su prima, no la culpaba de nada porque sabía que ella solamente quería su felicidad al igual que su hermano, pero él les había pedido que no dijeran absolutamente nada. Que no ayudaran a Kagome a recordar a menos de que ella lo quisiera.

Pero habían roto su promesa.

Rin no dejo de explicar en toda la hora que se mantuvieron ahí, ni tampoco omitió ningún detalle, dijo absolutamente todo, cosa que Taishō agradeció. Cuándo la menor terminó por completo su relato, él no dijo ni una sola palabra. Rin lo volteó a verlo muchas veces para tratar de entender lo que quería decir, pero sus ojos volvían a ser indescifrables.

La menor se recostó en el pasto, mirando con atención los árboles y el movimiento de las hojas de estos cuándo el viento soplaba.

—Perdón, Sessh.

Taishō no dijo nada y cómo único acto de consuelo, posó su mano sobre el cabello azabache con destellos castaños de su prima. Rin se dio por perdonada.

—¿Seguro que quieres irte?

Asintió.

A la casa habían mandado un sobre para él y lo abrió sin pensarlo dos veces, en ese momento observó muchas fotos de Akashi y Kagome juntos, ambos parecían felices y se dio cuenta de que su regreso solamente le traía amargura a la persona que amaba. Por eso era mejor que se fuera de la vida de Higurashi, que ella fuera feliz con Akashi y luego, tal vez, él podría buscar su felicidad con alguien más.

O tal vez se enfocaría en su trabajo hasta que su cuerpo pidiera a gritos un descanso.

—Te das por vencido muy rápido —recriminó, pero sus palabras no tuvieron efecto alguno en el peliplata.

Sesshōmaru se levantó y miró a Rin por el rabillo del ojo. —Andando

—¿A dónde vamos?

No hubo respuestas, pero sus labios formaron una mueca. Si ellos se movían de lugar, ¿cómo haría Kagome para encontrarlos? ¿O es que acaso su primo no deseaba ser encontrado? Miró hacía atrás, el lugar en el que estaban, se encontraba demasiado cerca del pequeño quiosco dónde su primo había obtenido la mano de la mayor de los Higurashi.

¿Acaso era por ese recuerdo que deseaba ir a otro lugar?

Sonrió levemente.

¿Quién iba a decir que dónde comenzó su compromiso iba a empezar de nuevo su relación?


Hora y media pasó hasta que finalmente se encontró en aquel jardín —que más parecía un parque— y rápidamente se apresuró a recorrerlo con la esperanza de encontrar a Sesshōmaru y a Rin. Eran las 6:30 de la tarde y faltaba muy poco para que se hiciera de noche y Sesshōmaru se marchara.

Sintió a su corazón agitado y poco a poco la desesperación empezó a invadirla, igual que la incertidumbre de no estar en el lugar correcto. Intentó llamar una vez más, pero el celular de Rin no contestaba y el de Sesshōmaru ni siquiera dejaba que su llamada entrara, inmediatamente la manda a buzón.

¿Dónde se habían metido?

Se detuvo cuándo encontró un quiosco que se le hizo familiar, tenía imágenes muy borrosas sobre él, pero inmediatamente un dolor en su cabeza se hizo visible y, minutos después, recordó que en aquel lugar se había comprometido con Sesshōmaru.

Avanzó sin pensarlo hasta aquel lugar.


Era la tercera vuelta que daban y Rin no tardó en darse cuenta de que su primo evitaba el quiosco, fue hasta que ella lo tomó del brazo y lo detuvo enfrente del lugar que pudieron apreciarlo.

Aquel quiosco no había cambiado nada, solamente estaba pintado de un color mucho más llamativo que antes.

—¿Por qué no vamos hacía él? —Propuso y se dio cuenta de que su petición sería rechazada—. ¿Vas a huir de los recuerdos?

Taishō empezó a caminar con una Rin sonriente a su lado.

Al llegar a aquel lugar, los ojos ámbares se encontraron de frente con unos ojos zafiros que eran completamente conocidos. Si él fuera más expresivo, habría sonreído, pero en ese momento sólo pudo mantenerse quieto y tratar de parecer calmado, aunque no lo estaba.

¿Qué hacía Kagome ahí y por qué?

Volteó a mirar a Rin y se dio cuenta de que ella no se encontraba ahí. Estuvo por dar la vuelta cuándo una mano en su brazo lo detuvo.

—Sesshōmaru, espera…

Él se detuvo unos pasos, pero no volteó a verla.

—Y-Yo… —No tenía idea ni siquiera que decir, lo único que había tenido en mente era que no quería que se fuera, no quería perderlo porque no lo soportaría. Porque le quería—. N-No quiero que te vayas —confesó—. Finalmente recupere casi por completo todos mis recuerdos —soltó su brazo y sonrió abiertamente, dio media vuelta para apreciar el lugar y dijo—: Sé qué en éste lugar me pediste matrimonio.

»En éste lugar nos comprometimos —sonrió de manera más abierta y sus mejillas tomaron un color rojo intenso—. Y recordé las razones por las que te amaba —negó con la cabeza, corrigiéndose a sí misma—: Las razones por las que te amo.

Sesshōmaru volteó finalmente a verla y sus ojos ámbares fríos e inexpresivos se clavaron en ella, pero Kagome pudo notar un brillo diferente, un brillo que le gustó.

—Akashi no se rendirá.

Higurashi rió cómo no lo había hecho desde la salida del hospital y olvidó la timidez, pasando sus brazos por el cuello del peliplata y colgando de él. Sesshōmaru puso una mano en su cintura, sosteniéndola.

—¿Celoso? —Rió con más ganas, pero después agregó—: Hablaré con Akashi.

Taishō no estuvo conforme y dejó de sostenerla e hizo que ella dejara de rodear su cuello con sus brazos. Kagome se desconcertó.

—Tal vez esto sirva para alejarlo —sacó aquella sortija.

—¡La recuperaste! —celebró la pelinegra—. Pero… ¿Cómo?

—Tu madre la tenía.

Kagome apreció la sortija que había tenido en su mano antes del accidente y que creyó perdida. Pero ahora se encontraba en las manos de Sesshōmaru en espera que fuera devuelta a su dueña. Ella acercó su mano y el peliplata entendió eso como un permiso para colocarle el anillo.

Así lo hizo.

—¿Y tú sortija? —Preguntó ella al observar la mano de él—. ¿Dónde está Sessh?

Él sacó la otra sortija de la misma bolsa del pantalón dónde había sacado la de Kagome y ella se la arrebató rápidamente.

—Dame tu mano —pidió y Sesshōmaru obedeció; finalmente se la colocó, sonriendo porque aquellas sortijas finalmente estaban en el lugar dónde deberían de haber estado desde el principio—. Ahora no te librarás de mí —bromeó.

Pero no pudo seguir riendo o diciendo algo más porque sus labios fueron apresados por los labios del peliplata y ella no dudo en corresponderle, sintiendo aquel tacto de labios tan conocido y a la vez tan anhelado.

Besar los labios de Sesshōmaru fue como si sus sentidos recobraran vida; las mariposas en su estómago volvieron y deseo fundirse con Sesshōmaru. Pasó sus brazos por el cuello del peliplata para atraerlo mucho más a ella; habían pasado alejados bastante tiempo y está vez se aseguraría de no dejarlo ir. Se aseguraría de grabarse a fuego en la mente cada detalle de él, todo lo que le atraía, porque no volvería a olvidar a Sesshōmaru nunca más.

Ahora era un hecho, finalmente estaban de nuevo juntos.

Y esta vez no habría nadie que los separara.


Epílogo.


"Cuándo te diga «te amo», no confíes en mis palabras porque no estaré amando, sólo lo estaré evocando y vociferando. En cambio, cuándo te esté mirando hazle caso a mi mirada, porque no sólo te estaré observando, también te estaré amando. Porque una palabra jamás reemplazará a una mirada, jamás reemplazará lo que se esconde en lo profundo del alma."

William Osorio Nicolás

Un día después de que Kagome se hubiera reencontrado con Sesshōmaru en aquel quiosco, descubrió que él no se había ido y de que había mencionado que debía volver, pero que le habían concedido un mes más. Un mes fue suficiente para que Kagome decidiera irse con él finalmente y, aunque él se fue primero, ella no tardó mucho en alcanzarlo.

Todos se emocionaron y les desearon la máxima felicidad cuándo las invitaciones a la boda llegaron, hasta Akashi había sido invitado y le había deseado lo mejor a Kagome; tiempo después ella quiso hablar con él, pero él le había mencionado que no era necesario, que él entendía que ella nunca sería de él.

No se equivocaba.

Sesshōmaru y Kagome habían logrado adaptarse bien al cambio de ciudad y eran felices de aquella forma. Higurashi sabía que su prometido no era una persona muy expresiva, pero no pasaba un día en que no le demostrara —a su manera— que la quería y ella lo agradecía infinitamente.


Los meses antes de su boda, Naomi, Rin y Sango habían llegado a la casa que ocupaban los futuros esposo para ayudar a Kagome con las preparaciones para la boda. La chica se disculpó muchas veces con su prometido por todo el alboroto armado y también por no estar tanto tiempo con él, pero Sesshōmaru no se notaba molesto.

En el fondo él también estaba feliz de poder finalmente unir su vida con la de Kagome.

Fueron los meses más agitados en la vida de Kagome, pero no se quejaba de nada, al igual que Sesshōmaru que tuvo que convivir con su padre y hermano para planear algunas cosas; y casi tuvo ganas de matarlos cuándo le pidieron que ensayara sus votos de boda.

Pero aguantó.

Todos sus esfuerzos se vieron reflejados el día de la boda cuándo Kagome y Sesshōmaru se encontraron frente a frente en el altar, diciendo sus votos, jurando hacer que aquel amor se mantuviera a pesar de los obstáculos y del tiempo. Ninguno de los invitados dudó de su palabra, porque lo habían comprobado desde que casi fueron separados.

Ellos dos estaban destinados a estar juntos, eso era lo que la mayoría pensaba cuándo los veía mirarse a los ojos y éstos brillaban. A pesar de ser opuestos se entendían bien y se complementaban.

Era como la luz en la oscuridad y viceversa.

¿Quién iba a decir que tendrían que pasar por una pérdida de memoria y una casi separación para darse cuenta de que se amaban con tanta intensidad que aquellos obstáculos no pudieron separarlos?

Cuándo terminaron de decir los votos y el sacerdote los unió en matrimonio, la mayoría aplaudió de verdadera alegría, fue mayor el entusiasmo cuándo ambos compartieron aquel beso que los unía definitivamente cómo uno solo.

El primer beso como marido y mujer al que le seguirían muchísimos más.

Antes de salir de la iglesia, Sesshōmaru se acercó al oído de Kagome para susurrarle aquellas palabras que la pelinegra siempre quiso escuchar de parte de él:

—Te amo.

Era increíble cómo una palabra tan pequeña encerraba tanto significado. Kagome se ruborizó y lo abrazó con fuerza, siendo su gesto correspondido.

—Yo también te amo, Sessh.

Algunos lograron capturar aquel abrazo, cuya foto colgaría después en la sala de ambos y otros se detuvieron a admirar a tan linda pareja.

Sesshōmaru volvió a besarla, transmitiéndole así todo lo que sentía: felicidad. Felicidad por recuperarla, por estar finalmente juntos, por saber que era correspondido, felicidad por todo lo que habían pasado.

Felicidad por saber que tenía una vida por delante junto con ella.

Fin.


Respondiendo reviews anónimos:

Sofy: Me alegra que te haya gustado c: Lo sé, eso no sucede en la vida real xD Lo sé, Rin es un amor con pies (L) A mi me encanta que te encante:3. Pues no sé si al cien cumplí tu favor(?) de todos modos espero te haya gustado :'D ¡Muchas gracias por el review y espero te guste el epílogo!

Maria: ¡Claro! Aquí lo tienes, disfrútalo (:


¡Oh! No tengo idea de qué decir, creo que la palabra gracias siempre queda muy corta. Debería de existir otra mejor, pero dudo mucho que eso encierre tanto sentimiento. Quiero agradecerles por haber seguido la historia conmigo, por sus ánimos, comentarios y sobre todo: apoyo. ¡Me alegra ver que otra de mis locas creaciones tuvo una aceptación cómo la que le dieron! No saben cuándo aprecio cada review, favorito o alerta. ¡Me hacen feliz!

Ahora, ¿qué más puedo decir? El fic completo es el regalo para mi hermana mayor/menor: Sery. Ella es una persona muy importante en mi vida cómo fanficker, no sólo es la persona que revisa mis fics cuándo estoy insegura, sino también una de las personas que me ha dado más ánimos. Sery, hermana mía, eres una persona genial. Hablo enserio cuándo digo que no he conocido gente cómo tú. ¡Eres una en un millón! Te adoro con el alma y con todo mi corazón (: ¡Aishiteru!

Cómo notas finales espero que les haya gustado el final. ¡Kag y Sessh terminaron juntos! Estuve demasiada tentada a plantearles otro final, pero al final me decidí por éste. El epilogo me quedó muy corto, por lo tanto decidí juntárselos. Akashi no murió cómo muchas querían, pero ahora que mi querido OC cumplió su cometido temo por su seguridad… posiblemente deberá cambiarse el nombre y nacionalidad ha, ha.

¡Gracias por leer hasta aquí! ¡Abrazos!

Breen.